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PRESENTACIÓN Y CONVOCATORIA
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ANDAR DE ERRANZAS
Jesús Nava Ranero


“La importancia de un texto no es su significación, lo que quiere decir, sino lo que hace y hace hacer. Lo que hace: la carga de influencias que detenta y comunica; lo que hace hacer: las metamorfosis de esta energía potencial en otros cauces, otros textos; y también pinturas, fotografías, secuencias de film, acciones políticas, decisiones, inspiraciones eróticas, rechazos a la obediencia, iniciativas económicas; estos ensayos no esconden nada. Contienen, o no, la fuerza con la que el lector hará, o no, alguna cosa. Este contenido no es una significación sino un potencial.”

 

Jean Francois Lyotard: A partir de Marx y Freud.

 


Atar la espuela al instante que va/ andar al filo que interroga el hartazgo/ apostar al murmullo donde empieza el silencio/ salir/ entrar/ atrever el desborde/ el desliz de lo absurdo/ desoxidar el mapa/ la atadura/ la lengua/ decir el cuerpo liberado el morfema/ soñar el sueño que nos vuelve a soñar/ rodar los cantos/ y bailar/ y alegrar/ y celebrar sin prisa/ el momento que alcanza la deriva puntual/ erranzar/ comenzar/ retornar a las huellas/ y de vuelta a huellear…/ inquietud de la errancia por la fe de los nómadas.

 

Errancia

 


Errar, desear, nombrar, cantar, bailar, pintar, escribir, poetizar, huellear, fallar, diablar, lilithar, dionisiar, brujear, derivar, lengüejear, rebeldear, anarquiar, transitar, vaguear, nomadar, transeuntar, transfugar, desatar, construir, realizar, actuar, erotizar, sensualizar, celebrar, fiolosofar, literaturar, flamencar, gitanear, jazzear, blusear, rockear, punkear, serestar; liberarse del amo y el esclavo que habitan en mandatos y vetos que clausuran los tránsitos, incesar las andanzas del lenguaje en lo real sin dejarse entrampar por los cantos que ofrecen silenciar la carencia que sostiene el deseo de escrituras errantes tan al pie de la huella de su borde inconcluso.

La palabra inconclusa

Queridos lectores y lectoras, desde ya amigos y compañeros nuestros, reciban con esta invitación a rodar vuestros textos por el viel de la errancia, un fuerte abrazo y toda nuestra simpatía y deseos de salud y regocijo para ir tirando juntos.

Han de saber que este espacio fue abierto para que los textos, traídos a exponer y compartir, atrevan la deriva de su letra en la errancia, y que el nombre de errancia nos parece puntual por ser una palabra escrita por los bordes del goce femenino, goce Otro "no todo" y "más allá".

Decimos con Lyotard que el potencial de un texto no radica en lo que dice sino en los llamados que provoca: desear, andar, buscar, cantar, bailar, soñar, tejer otra escritura, erotizar la lengua, apasionar el cuerpo, hacer una caricia, declarar el amor que es declarar la falta, interrogar el ser, develar los mandatos que atraviesan al Yo, ir más allá del otro, romper el ojo (cegarle la ceguera para ver), hacer arder la ley, la palabra inconclusa. Las metamorfosis, se sabe, nos revelan y sorprenden por insospechadas.

Walter Benjamin, ese extraordinario personaje errante nacido en Alemania en el ocaso del siglo antepasado, aconsejaba, ante aquello que amenaza el porvenir, no cesar de mirar hacia lo extraordinario como lo único que puede aportar la salvación. Lo que importa es el porvenir dirá Lacan.

Sostener una apuesta que convoca a erranzar la palabra inconclusa es algo que anudamos a las insistencias y las persistencias de lo porvenir por el rumbo de lo extraordinario.

Es la letra que muestra la palabra inconclusa la que causa la errancia del que intenta escribirla y hace errancia al nombrar; es la falta que causa la palabra inconclusa la que prende el deseo de la letra que borda lo que escapa al nombrar.

Lo que causa la errancia, a partir de los trazos de la huella del otro, se pronuncia del lado que se dice mujer, libre albedrio, anarquía, voluntad de poder, goce Otro, ser siendo, rebeldía, inquietud de sí, autonomía, arte, devenir, porvenir, no todo, lo más allá del otro… atreverse a desear y atreverse a vivir.

Nuestra apuesta es la errancia del deseo de saber realizado en los textos que pronuncia él que busca. Queridos lectores, es de desear que el deseo por las rutas que nos hacen deseantes prolifere y transmita el deseo de desear.

Invitamos a que ustedes hagan letra la errancia de su propia escritura y que participen con sus textos en lo que haya de ser la deriva de erranzas que pronuncien los rumbos.

"Del sedentario será el tiempo de la monotonía. Del mapa en mano será el tiempo de la rutina. Vivir. Vivir muchas vidas. Ahora mismo. Desconfiad de la vida pospuesta para después." 1

El decir en cada uno se pronuncia al momento que suspende y devela el discurso del amo que calcula su ser y su razón de ser anudado a su lógica; razonar no es pensar, razonar es el cálculo, el interés que resta la voluntad de ser y dispara la flecha para dar en el blanco, blanco previo, por cierto, que establece sanciones toda vez que el disparo hace errancia al fallar.

Pensar-nos duele, ser-nos duele, desear-nos duele, amar-nos duele, crear-nos duele.

Ahí donde el sujeto se afirma colocado al servicio de aquello que se le impone hacer, impidiéndole ser, el errante confirma la presencia del ser que establece su causa más allá del mandato de entregarse al deber.

Si herejía tiene que ver con elección, el errante es un hereje en las veredas de la incompletud.

Pero si afirmamos que en cada uno insiste una singularidad irreductible a manera de potencial, no queremos hacer de este piropo una impotente y seductora invitación a morder manzanas o graffitear hojas de parra; a cada quien, es de desear, se le llega el tiempo de dejar de dorar su píldora y de intentar ser otro que la pálida sombra de su pálida sombra.

Invitamos, eso sí, con Jorge Juanes2, a degustar, a rumiar certezas, dudas, alegrías, desesperaciones, iras, amores, ternuras, el golpe del enemigo, la piel de la amante o aquello que en el trabajo diario va adentrándose en el cuerpo y el espíritu como un momento o un instante confundido con la eternidad.

Si rumiar es ensayar convocamos a rumiar, a ensayar siempre; pongamos en cuestión las baratijas que intentan saciar nuestro deseo, compensar deudas o colmar carencias.

Seamos errantes, errancemos por todos los lugares sin serestarnos en ningún lugar, sin cedernos a nada como lo verdadero o lo definitivo, seamos tránsfugas, nómadas en viaje sin brújula en el sin fin de lo cotidiano. Trazar rutas, abandonar la condición de errantes, conduce a la petrificación de la vida y del pensar.

La palabra errancia posee la virtud de negar aquello que hace dogma, se impone o establece como lo Verdadero.

Erranzar también significa deshacerse de posiciones cerradas, acabadas, determinadas; si algo existe para un errante es el misterio de lo propiamente humano tocando incesantemente el misterio del mundo y de lo propiamente humano.

Necesario defender y afirmar lo irreductible singular, necesario ir más allá de aquello que promete colmar la falta o el acceso a la completud, necesario no cederse al tener no ser y apostar a vivir cada uno conforme a su deseo. Necesario hacer arder aquello que va siendo y haciendo los pasos de la errancia, la diversidad de perspectivas, la celebración de lo inédito, el hallazgo, el retorno de lo no dicho, el saber que se sabe no sabido; necesario volver a la existencia como andar de errantes que erranzan huellas.

Erranzar nos convoca porque aquel que no erranza ignora lo inmediato.

Erranzar es causar, retornar en la apuesta que transita insistiendo al pasar a otra cosa.

Por la errancia el inicio que origina el retorno de la erranza en caminos que nos falta causar.

No hay errancia final, ni palabra ni texto que clausure el deseo que retorna en la apuesta de volver a la errancia.

Ser ser-pientes errantes, insistir por la falta de la mujer que ausenta la palabra innombrable, desacertar la espera, el discurso del amo que enceguece al que lo ama y le invierte el anhelo de colmar la carencia en su propio interés, deambularse, golfearse, desvariarse, vagarse, ir por esos mundos, recorrerse, desviarse, despistarse, diferenciarse, singularizarse, descaminarse, erranzarse.

Vaya y sea: Que la errancia haga texto y devuelva a la letra la palabra inconclusa.

Cd. De México. Mayo 2011.

 

 

 Nava Jesús.

 Ibid.

1 Juanes Jorge, Hölderlin y la sabiduría poética (la otra modernidad) México, Ed. Itaca, 2003.

2 Ibid.