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ERRANCIA

Josué Vega

 

erradero

muladar

escuinclerío lleno de nervios

y correrías y versos medio vacíos

de emoción

y presuntos remedios y remedos

camino sin bordes

me voy o me quedo

resbaladilla y tobogán si me equivoco, columpio y resortera y catapulta

la frente enlodada con nudos y preocupaciones

y medicamentos sin receta

todo en el arenero de mi hijo que no tengo

en su cuchitril y su amigo imaginario

estoy en su sábana orinada

en sus pesadillas del día

como si lo viera aquí mismo en el deseo que no tengo

de cambiar pañales y castrar mi viaje

a nunca jamás

el severo ojo de mi niño endulzado

que le duele un piecito

se muerde el labio

le asusta mi violencia enmascarada de palabras

y buenas maneras

¿por eso quieres irte?

¿y a dónde vas? si lo llevas agarrado de la mano

a la otra esquina del ¿diluvio?

si sólo frente frío 23 y tú ya estás ahogando a todo el mundo,

me digo,

con mi cocodrilo encerrado en la gota

con la gota ensuciando la lágrima

eslogan, pedazo de calentamiento global

porque estoy caliente hace rato

y la fiebre me arde desde el arrullo sin niño

sin trompo ni tropo ni chasquear los dientes con la lengua

como incendiando lo que digo porque lo digo

y porque quién carajos lo dice sino yo

si no sé amarrarme aún las agujetas del pensamiento

si mi niño no es niño o diablillo o pellizco artritis

en ese tobogán del que hablaba como recitar la fórmula de las trais

y escuinclerío

y jauría de peditos y eructitos –el bebé que está muy ansioso–

como darle golpecitos en la espalda

para que vuelva mi niño sin niño

porque en el otro cuarto estoy dormido

y no quiero ir a cambiar la ropita

por un dolor encuadernado

ni por una regañiza marca diablo o la cuna dando

vueltas pintas

rayas fintas

sin entronque

te equivocas si crees que te estoy hablando

te engañas si ves que tuerzo la boca

es mi manera de no reírme

de acariciarme la tuna y la púa y el enchufe

de dejar de ver un niño que nunca ha estado

ni cerquita

sino adentro

desvelado

cagarla, pues,

aceptar la desgana del siglo y la del feminismo

y el macho cabrón que se me enreda en la garganta

y pinche escuincle revoltoso

sáquese de acá

pal revoltijo

que usté no vino a ramalear ni a sacarse la rendija

pa la herida abierta

sino solo

de soledad o de solamente me revienta el ánimo

aquella rubia de ojos cacarizos

pero nada de eso es viaje

o boleto redondo

es darle vueltas a la cuerda

enrollar el yo yo

desenredar el memorama

para volver a cantarle al niño canciones suavecitas

o sopas enraizadas en el plato

de la hondura

herradero erradura cárgame la erre que suena fuerte

a gárgamel o a gato enfurruñado

y todo en la esquina

la comisura apenas entreabierta

con niños o sin uno solo en pantalones cortos

la pelota siempre rueda

y ya estará cualquier canijo

corriendo a alcanzarla

o raspándole un trallazo al lustro del zapatito o del suelo

porque a veces anda más mugroso el aire

aventando sus tenazas de sonsonete

que este niño que me equivoco en llamar mío

porque me lleva de la mano a quién sabe dónde carajos

 

 

 

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