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CAIDAL PALABRA DE LA ERRANCIA
(Presentación)

Octavio Patiño García

 

Caidal, sonante y andante, movimiento sin retorno que sin embargo regresa para no ser lo mismo, sino siempre diferente, vuelta re-vuelta en la revuelta. Caidal es la palabra de la constante errancia, no es la caída en el estado de quedarse en el suelo, caído, muerto, pétreo, estatuado, tornillo sin corazón, sino es el siendo de la caída, estar siempre deslizándose, a la manera en que Yván Silén escribe el deslizamiento

Caidal es

C
a
i
d
a
l

Y es Caidal de un montón de cosas, de un chingo de cosas de chinguirito en chinguirito dice Max rojas. Y es también el yendo de la caída, ca-yendo, de suyo propio yendo y ca-yendo en los asuntos del mundo.

Caidal, es como un “madral”, como un caudal, una caída-cayendo, suerte de caída original que inauguró lo humano, la caída de un Luzbel repitiéndose en la surte del mundo de los ángeles rebeldes.

Caidal es repetición. ¿De qué? De la misma suerte de caer, de caer en y por la palabra, de la palabra que cae, y que es palabra que cae porque yerra.

Caidal mi pinche extrañación, en la moridera, en el almaje, de la otra palabra que quiere decir otra cosa que lo mismo pero siempre diferente, que parece nunca y parece siempre pero fuga y vuelve sobre sus pies letrosos, letra por letra a empujar el grito, a desanclar el hueso, a catapultar la rabia besando las orillas del viento, a empapar epidermis mujermente, vagabundamente, nómadamente, errantemente, equívocamente, verdaderamente abierta y abismal, carnal y terrestre, inalcanzable torbellinamente.

Extimidad

Caidal es el yerro del decir…

En ese yerro del decir está Caidal, que es decir lo dicho de otra manera. Es estar nombrando en la errancia, porque la palabra que surge de la ruptura, de una trozadura que decidió en la tensión de ser raíz o ser nube es una suerte de empuje ciego, tentador y prominentemente pasional. Caidal, es la palabra rebelde, es la rajadura en el SER.

No SER el SER. Renunciar a ser categoría coagulada de lo estático. Caidal es testimonio de la ruptura de la forma, el quebranto de la imagen, el tropiezo del concepto, volcadura de la trayectoria. También es resto y rastramiento de rastro. En el rastro se hierra. Y el rastro es la marca, es la huella del errante y el resto es lo caído en el cayendo.

Desintegrando la forma, Caidal, es la escritura de una huella que dejó una herrancia para luego de ahí comenzar a errar, como palabra errante en el mundo y errada en la parafernalia de la Razón, porque la Razón ignora que hay un resto que se resiste a ser razonado, que está siempre cayendo, resto de rastro, errante y caidalero. Caidal es la palabra de la errancia, es el error, que dice no a lo cierto que se presenta como cosa arreglada de la Razón. Somos errantes porque hablamos, erramos cuando hablamos y la palabra que se hundió en lo humano, herraje y marca, es el tránsito del rostro por el mundo. Y es rostro que dice rastros de aquello que el poeta sabe, sin saber que sabe. Es la obra en la intemperie infinita. Porque la palabra del poeta es obra, y lo trascendente, de haberlo, está en la obra que es el rostro de lo humano. Porque no está creada para regresar a ser lo Mismo sino que en su trayecto está lo radicalmente Otro como lugar del infinito, que no sólo es llegada sino estación donde pita el tren anunciando otra partida sin destino. O hacía el agujero del mundo. O hacia la inevitable hoyancadura.

Caidal palabra errante que convoca a errar, a vagar, a ser sendero en el mar, a arrojar una estrella en la noche para arruinar al Astro que se dice Amo, escritura des-astrosa que derrumba con rumba y que por ello no intima con la nada, no es nihilismo porque en Caidal hay MOVIMIENTO, DESEO, VAGABUNDEO, ENCABRONAMIENTO y RISA. Caidal en Vida y Filo, brazo por brazo, huesumbre por huesumbre, ala por ala, sin más de una en uno, almajes copulando en la tras niebla. Caidal yerro que yerra, errante y amante. Luna pasajera en acto de alumbrar la tierra.

Caidal es intromisión, clímax y ocaso que vuelve sobre sus pies borrando las pisadas pero dejando huellas. Es un brote convocante a la trama escritural del mundo. Ahí donde la palabra del poeta nos llama a engendrar posibles es donde invitamos a sumar los restos. Esta habitación caidalera se ofrece como techo, posada, estación y estadio para la danza de la pluma y la tinta, para la trenza que trama y brama.

Bienvenidos sean a esta morada caidalera, esperando que la multiplicación de los aullantes pueda dejar rastros de encuentros errantes y amorosos

 

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