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L1

FUIMOS VALIENTES

Isaura Leonardo

 

Fuimos valientes cuando caminamos por las calles y las avenidas de una ciudad trazada siempre a destiempo. Sobre tiempo, a desnivel, con desfases. De una ciudad que se ha caído no una, sino dos veces, según se ha dicho. Tal como muestran las fotografías en sepia con maríaluisa blanca o más o menos más café que el resto de la impresión.

Fuiste valiente cuando te atreviste a cruzar corriendo el puente peatonal, a sabiendas incluso (vaya qué eres valiente) de que sin barandales sueles tener miedo y de que yo llevaba las agujetas de los tennis desamarradas, desanudadas, sueltas, tiradas... peligrosas para una huída.

FUERON VALIENTES ellos también que alimentaron al gato cuando los vecinos salieron de viaje y regaron las plantas en las macetas. Fueron acaso heróicos cuando pagaron la cuenta de los cafés.

Fuimos valientes, sí que lo fuimos, cuando intentamos soñar que estabámos actuando una historia de fantasía, de ésas que no tienen consecuencias. Fuimos valientes al retar así, desaforadamente, al autor de las películas con final feliz... Fuiste valiente, lo reconozco, al retar así, desaforadamente, al alma de las cosas, que por taciturna y extravagante, peca de rencorosa y acaso vengativa, fantasmal.Y fuiste valiente, porque aun frente a la inminente ausencia, el alma de las cosas no habrá de tocarte... sonríe. 

FUERON VALIENTES ellos también, lo suficientemente atrevidos para tutear al corazón de una ciudad que ha perdido sus orillas. Para llevarse a la almohada el nombre de una historia que no les pertenece. Hay que ser valiente para hacer eso, para tener guardada bajo la cama la Caja de Pandora.

Fui valiente al guardar el secreto, dejarte pasar, abrirte la cancha, jalarte la marca, del otro lado de la banda, viéndote anotar el gol. Fui valiente cuando hice eso, lo sé, o eso quiero pensar.

Fuimos valientes desde antes, me refiero a muy antes, mucho antes, cuando todavía ni habitábamos aquí, este espacio pequeño y reducido de mundo. A ver si me explico, eso me preocupa... digo que fuimos valientes cuando todavía sin pensarlo nos atrevimos a tocar esta ciudad con los pies descalzos. Sólo de haberlo pensado, fuimos valientes. Es decir, de invocar el preludio, el pensamiento antecedente de estarnos aquí diciendo nada, sintiendo nada, tocando nada, contando nada, pero con la certeza de que fuimos valientes en intentar lo que muchos ni siquiera se atreven: encontrarnos. Y no hablo de amor, yo no hablo de amor y no volveré a insistir en eso, encontrarnos de esa manera que tiene la palabra de ser cuando es escrita desde otro ángulo (que lo hay, las palabras tienen otro ángulo), desde el estómago pasando por el corazón y a la cabeza, para luego descender a las manos.

Fuiste valiente cuando sólo por curiosidad dejaste venir al pensamiento dubitativo, escéptico de quiénsabequétalque... la poesía, oh sí, la poesía ha levantado arcoiris de acasos. Fuiste valiente, porque en eso de inventar ilusiones, de construir pantallas de humo, hay que mirarse mucho los dientes, arrimarse al propio fuego y contarse los propios cuentos de las hogueras.

FUERON VALIENTES ellos también cuando no supieron qué hacer ni cómo seguir contando la historia.

Fuimos valientes cuando imaginamos que este territorio era posible para caballeros alados y cosmogonías resplandecientes. Lo hicimos con mucho arrojo, y fuimos tremendamente temerarios cuando nos antrevimos a imaginar una explanada iluminada por fuegos artificiales y una mezcla de sonidos de fondo, para no hacer nada más que habitar ahí, donde la ciudad está construida sobre sus restos.

Fui valiente cuando imaginé que se podía... así, sin verbo ni nada, que se podía nomás. En eso me gratifico un poco este resabio de añoranza extraña. Lo hice con bastante alma, eso de imaginar, eso de creer que una palabra invocada vale más que mil imágenes.

FUERON VALIENTES ellos los que imaginaron también, porque tal vez creyeron algo o tal vez dejaron de creer otra cosa.

Fuimos valientes en el ocaso y al amanecer... lo hubiéramos sido, quizá. Eso no lo sabremos ahora que la rueda termina un ciclo. Porque tampoco, tampoco fuimos valientes en exceso: nunca demasiado, ni en valentía. Pero imaginamos el sueño, nos queda eso. Una base casi patidifusa... por ninguna razón en particular, sólo porque la palabra es bonita, resuena, suena adecuada. ¿Lo habríamos sido? ¿Habríamos sido valientes al despuntar el alba? ¿Habríamos continuado siendo valientes si todo estuviese claro desde el principio? No digo claro de esa claridad antepuesta a ciertas cosas que decimos o hacemos, no esa forma de tenerlo claro... Fuimos valientes en la mudanza de las cosas, en las vueltas y revueltas.

Fuiste valiente no lo dudo ni un segundo, en eso de enfrentar la ola incluso cuando no llegó, en eso de caminar junto al que lanza las flechas, fuiste valiente ahí donde muchos no asoman ni la cabeza. Imaginaste, lo que sea que haya sido, fue un impulso bravo: eso de arremeter contra lo dado e imaginar una salida posible, una entrada otra, una escapatoria personal. En eso de imaginar que te dabas, por ejemplo. En el juego, fuiste valiente ahí.

FUERON VALIENTES ellos cuando imaginaron que jugaban detrás, a cuestas con su propia valentía de pisar un territorio conocido de oídas, de habladas, de imaginadas.

Fui valiente para arrancar las palabras del espacio de lo impronunciable y llevártelas a la puerta de tus bolsillos. También lo fui cuando intenté decir tu nombre en diez mil acentos diferentes; cuando exploré las lenguas buscando la palabra, el guiño, la sonrisa, el regalo. Fui valiente y me descolgué del perchero para sacarme de mi puerta en invierno, abrigada de un caudal de objetos imaginarios e historias que alguien imaginó para mí. Percibo como de mucha valentía el hecho de haberte contado alguno de mis sueños y casi forajida cuando, sin que tú lo notaras o quisieras, me agarré de tu mano para recorrer esta ciudad que se ha caído no una, sino dos veces, según se ha dicho y consta en ciertas fotografías.

¿Habríamos sido valientes al despuntar el alba? ¿Habríamos sido valientes antes?, ¿después? ¿Habríamos sido valientes en otro tiempo, en otro espacio, en otros cuerpos, por otros, para otros, por si las dudas?

Fuimos valientes cuando tuvimos miedo de cosas distintas, de angustias diferentes, de preocupaciones que nada tienen que ver. Fuimos muy valientes cuando nos tuvimos miedo el uno al otro, por las razones equivocadas, inexplicables, incomparables. Sobre todo por eso de temer preguntar, hablar, revelarnos lo que de cualquier manera queda claro para los dos; por razones distintas, por motivos diferentes, por preocupaciones que nada tienen que ver.

Fuiste valiente cuando tuviste miedo de romper el cristal, de apretar con más fuerza de la necesaria; fuiste valiente en el momento justo en que vino la duda, la recanija duda de saber si estabas haciendo lo correcto, lo mejor. Fuiste valiente cuando tuviste miedo de tocar los huesos de las cosas, cuando cierta cosa incierta te tocó los huesos: ¿que sería?, ¿la música?Fuiste valiente cuando tuviste miedo de romper tu silencio, de tocar la fibra clara de la memoria, de recuperar los pasos perdidos, el dulce olor de qué... ¿de los duraznos?, de aquello que seguiste alguna vez; por eso fuiste un alma pirata, porque temiste salirte del guión.

FUERON VALIENTES ellos cuando tuvieron miedo de la ola que regresa, cuando se perdieron en el intrincado juego y temieron estarse equivocando. Fueron valientes el día que tuvieron miedo de sentirse culpables.

Fui valiente cuando tuve miedo, miedo frío, miedo poético y científico; miedo en la carne y en el cerebro. Cuando tuve miedo de ti, sí, claro; pero también cuando tuve miedo de saber que me entregaba. Fui jodidamente valiente cuando tuve miedo de quedarme sin nada, de quedarme vacía, de estar escarbando el pozo de los tesoros y soñar la noche del destierro. Fui valiente cuando tuve miedo de un verso, de una risa. Cuando supe que me acercaba a la ausencia, al meollo de lo abstracto; cuando llegué, incluso.

Fuimos valientes cuando tuvimos miedo de cualquier asunto externo, de otra cosa que en nada le pertenece a esto. Acaso fuimos más valientes cuando tuvimos miedo de que fuera verdad, de que un día simplemente nada de esto pasó y no nos volviéramos a ver. Por las razones equivocadas, por motivos distintos, por preocupaciones que nada tienen que ver. Ah, pero qué inigualablemente valientes fuimos cuando tuvimos miedo de decir la letanía de los arrepentimientos: “y si sí” “y si no” “y si hubiéramos hecho esto” “y si no hubiéramos hecho aquello”... qué valientes, pero qué temerarios fuimos, ¿te das cuenta?, con el tiempo. Lo afrentamos con una pequeña vara mágica en las manos, pero el tiempo SÍ pasa y no fuimos tan valientes al despuntar el alba. Para cosas distintas, por razones diferentes, por asuntos y cuestiones ajenas, cada cual en su cuerpo, en su mente, en su corazón: porque el corazón es el órgano de la memoria, el resto, el resto son puras recapitulaciones.

Fui valiente cuando tuve miedo de esto y sucedió así tal cual. Fui valiente al creer en mi propia red de atrapasueños, en andar por entre las valentías a mi manera, a mi torpe manera; fui valiente cuando tuve miedo de que ante esta posibilidad de los azares perdiera el arrojo y algo más, ese algo más de las cosas que las dota de un mágico valor; valor de anticuario, de coleccionista, de compositor, de remendador de zapatos. Y lo perdí, ¿tú crees?

Fuimos valientes por intentar salir andando de esta línea; cada cual a su modo y a su ritmo ahí lo vamos llevando. Fuimos valientes por intentar esto que no tiene definición porque las versiones ni son ni se parecen; porque nada significa lo mismo ni lo significó nunca. Y no porque no significara, sino porque tenemos dos modos de hablar. Fuimos valientes por eso, ¡ja!, por intentar la traducción. ¿Ves cómo arremetimos contra el idioma?, de la traducción nace el amor... pero yo no hablo de amor.

Fuiste valiente por intentar lo que sea que hayas intentado, lo tuyo, tu parte; por hacerte comprender, fuiste valiente por intentar hablarle a las sombras y caminar ahí donde se transliteran los sentidos, las visiones, la realidad. Hay que ser valiente para intentar un color, una aurora, un cambio de tono... una infiltración de nuevos significados. De eso, te lo digo yo, está hecho el pensamiento; de eso están hechos los libros que yo leo, de eso se hicieron los gigantes sobre cuyos hombros levanto mi voz infantil y anodina para tocar las nubes, aunque sea por un instante.

FUERON VALIENTES también ellos por intentar una palabra que ni era suya ni habían pensado, por atravesar un mar, por invadir una tormenta a su paso.

Fui valiente por intentar la travesía en mis transportes de locura, fui valiente por mi silencio, por mi palabrería. Fui valiente por intentar el intento equivocado, por confundirme. Cuán ingenuamente valiente fui por jugarme el físico, el físico sutil y delicado que da cuerpo a mi lenguaje, a mis apacibles horas de angustia. A mi edad sin edad, a mi tiempo sin tiempo, a mi cuerpo extraviado.

Fuimos valientes por intentar llegar a tiempo, antes del “demasiado tarde”, para lo que sea, para cada quien lo suyo. No hablo de nosotros, no es a ese plural al que me refiero. Fuimos muy valientes por intentar que nos estábamos entendiendo, por intercambiar la posibilidad de un algo que por cosas del azar vive al filo de “cambiarnos la vida”.

Y seguimos siendo valientes por caminar este trazo urbano reinventado tal vez o exactamente igual a como estaba antes de que las calles desembocaran en un mismo punto. Antes de que la ciudad se abriera en dos para dejarnos pasar hasta el momento asombroso de hallarnos frente a frente. No es igual ni será lo mismo; las cosas tienen la capacidad de ser transformadas en lo mínimo o en la superficie. Y sigues siendo valiente por la posibilidad de creer, de alumbrar, de mirar aunque sea de lejos. Y por un montón de otras razones que desconozco. Por la espera, por un algo que pueda serte pedido y lo des, quizá.

Y SIGUEN SIENDO VALIENTES ellos también por un resarcimiento, por la incertidumbre, por descubrir que en eso de saber de cierto hay pocas cuestiones claras.

Y sigo siendo valiente por caminar este atrevimiento; las historias colectivas no pueden ser escritas en una sola versión. Por cada vez que canto en medio del silencio o del griterío, con la timidez de quien sonríe al mar antes de beberlo. Y lo sigo siendo porque aun sin tener ánimo de acero, forjo llavecitas, cucharas de café, monedas de a centavos para vender o regalar en un bazar de dudas. Porque sigo, a veces, recogiendo flores de rodillas.

Y seguimos siendo valientes por caminar a la vera de “esto pudo no haber pasado”, de esa variante de los sucesos, del hecho incontrovertible de que pudieron no suceder y nada de esto estaría ocurriendo ni estaríamos aquí. Lo somos por seguir caminando y ya, te lo digo yo que me canso de la vida, que dejo, que abandono, que olvido, que no perdono hasta que simplemente pasa, y que a veces sano heridas grandes lamiéndome la piel.

Y sigues siendo valiente por caminar a tu paso, eso de verdad que es seguir siendo valiente; asumir la propia música, el propio ritmo y no dejar que la ola sacuda las piernas. Y lo sigues siendo por mirar serenamente, por caminar esta ciudad, por guardar los datos y las palabras para cuando me vaya a abrir en dos otras ciudades y vuelva, o no. Y lo sigues siendo porque no te quitas, inmóvil, deteniendo la ola... hay que serlo, ahí me quito el sombrero.

Y SIGUEN SIENDO VALIENTES ellos también por caminar esta ciudad con señas que les dieron en un mapa, por descubrir lugares escondidos.

Y sigo siendo valiente por tomar café caliente aunque la duda. Por caminar con la memoria abierta en el corazón, el órgano de la memoria, ya te dije. Y sigo siendo valiente porque aprendí de ti a quererte, porque puse de cabeza mis esquinas para ver desde abajo las líneas rectas, y tal vez no pude ver nada, pero sigo siendo valiente por andar a ciegas y en silencio esto de encontrar la calma. Porque aprendí de ti a no quitarme, aunque no lo haya logrado aún.

Y seguimos siendo valientes por caminar el todavía.

Y seguimos siendo valientes por recordar los lindos momentos —lo continuamos siendo incluso en este cliché—, los detalles rutilantes y hermosos; uno no siempre escoge lo que lo marca, por eso seguimos siendo valientes, por la masa contundente de los detalles felices. Por eso y también a causa del gracias que vive entre lo que sí hubo y lo que no. Lo seguimos siendo, valientes con todas sus letras, por recordar que fuimos mágicos y que por instantes nos acompañamos.

Y sigues siendo valiente por recordar lo que afirmas que se te olvida, por recordarte siempre y en todo momento; eres valiente por tenerte presente y contigo sin importar si el paso es rápido o lento. Por ser enteramente tú incluso si unos ojos de niña que escribe te refractan. La escritura, oh sí, la escritura ha levantado arcoíris de acasos.

Y SIGUEN SIENDO VALIENTES ellos por recordar los números telefónicos, las direcciones, las citas y las fechas en los calendarios.

Y sigo siendo valiente por recordar esta música de fondo y el preciso instante en que los trayectos de mi pequeño nomadismo me condujeron a ti. No sé cuándo fue, no llevo cuenta de las fechas, no celebro aniversarios, pero lo recuerdo. Sigo siendo valiente, según mis consideraciones, por preservar ese flashazo, ¿tú qué crees? Pensamos tan distinto que no aventuro más ninguna opinión al respecto, sólo sé que sigo siendo valiente por recordar lo que otros olvidarían.

Y seguimos siendo valientes por recordar algo que, como a muchas cosas, se llevarán los próximos noviembres. Somos navegantes de esta valentía, apuradamente valientes, increíblemente osados por echar de menos la pequeñez de los segundos y el pequeño recurso de caminar de noche el supuesto andar tranquilo, entre omisiones y mentiras. Seguimos siendo valientes por recordar las caminatas.

Y seguimos siendo valientes por creer que la ciudad es infinita, juguetona, llena de secretas descargas eléctricas de luz y opio; plena de arquitecturas lúdicas y árabes, musical y seductora. Lo seguimos siendo por creer siempre (y de distinta manera) que puede ser... lo que sea, lo algo, lo otro, lo más, lo aquello, lo allende, lo mientras, lo quién sabe, lo ojalá.

Y sigues siendo valiente por creer que no es asunto normal ése de hablar con las cosas; te lo digo yo, intentar hablar con las cosas puede traerte complicaciones de comunicación. Y sigues siendo valiente por creer en tu camino y en tus palabras, que son ligeras como hojitas de otoño, amables y duras como los cantos de los chamanes.

Y SIGUEN SIENDO VALIENTES ellos por creer que es posible, que hay quienes se lo merecen.

Y sigo siendo valiente por creer en ti, así tal cual, para lo que sea que sirva; por creer en la verdad desnuda aunque no siempre pueda con ella. Soy jodidamente temeraria por creer que mis palabras recobran su soplo, que se harán acuáticas y reverberarán de azul y violeta, de verde y rojo. Y sigo siendo valiente por soñar que cabalgo un orgasmo revolucionario, como el amor... pero yo no hablo de amor y nadie quiere oírlo en tiempos de lúcida esquizofrenia.

Y seguimos siendo valientes por creer que nos sacudiremos el polvo, que sanaremos nuestros cuerpos, que atraparemos la calma, que moriremos viejos, tranquilos, lúdicos, extravagantes y locos; llenos, felices quizá. Y ¿sabes qué?, nos lo deseo.

Noviembre 2010.

 

 

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