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L4

HOMOPARENTALIDADES:
NUEVOS PERFILES PARENTALES,
NUEVOS PERFILES PSIQUICOS

María Pia Costa Santolalla

 

Resumen: En los últimos tiempos los valores sexuales han cambiado sustancialmente. Si hace cien años sexualidad, reproducción y amor aludían a una misma realidad, hoy son términos bastante diferentes. Una de las nuevas realidades es la que permite que padres del mismo sexo puedan tener hijos; habría que preguntarse entonces por la cualidad de las modificaciones internas que acompañan a esta evolución en el orden social.

Palabras clave: Paternidad posmoderna, sexualidad, cuerpo, identidad, reproducción, amor, procreación, clonación.

La evolución de la sexualidad que hemos presenciado en Occidente durante el siglo XX ha sido tan sorprendente que ha ido transformando las costumbres y prácticas sexuales, constituyendo una verdadera modificación de valores, un cambio en la percepción del propio cuerpo, una renovación significativa en los comportamientos y en las identidades. Estos cambios han derivado en la separación tanto entre sexualidad y reproducción, como entre sexualidad y amor. Papel importante ha jugado el acelerado desarrollo científico, que ha revertido las condiciones de procreación y generado una ilusión de triunfo omnipotente sobre las limitaciones antes existentes a la fecundación.

En palabras de Ráphael-Leff [1] "la escena primaria se desplaza del dormitorio parental a un recipiente de laboratorio". Así tenemos el caso de embriones que se descongelan selectivamente produciendo gemelos idénticos que pueden nacer con años de diferencia; o la concepción con espermatozoides de un hombre ya muerto o con células basales cultivadas de un feto abortado; mujeres postmenopáusicas que dan a luz; niños que nacen de madres vírgenes; parejas de lesbianas que intercambian sus óvulos de manera que una gesta el óvulo fertilizado de la otra, recreando artificialmente un vínculo genético; parejas de hombres homosexuales que impregnan in vitro a la misma mujer con los respectivos bebés "mellizos" de cada uno. Por último la clonación, procedimiento aún no aplicado a los humanos pero ya presente en nuestro imaginario, que supone la eliminación de cualquier tipo de unión sexual, la destrucción del esquema de la complementariedad masculino-femenino en la procreación y la posibilidad de reproducción sin esperma.

La consecuencia es una variedad de prácticas que resultan subversivas del orden edípico y generacional, que dan como resultado múltiples alteraciones en el sistema de atribución del apellido, en los roles padre-madre, en las formas de paternidad y de crianza de los hijos. A la figura de los padres adoptivos, se ha añadido la de los padres artificiales, el padre único y los padres y madres homosexuales.

Lo cierto es que la realidad de los hechos, una vez más, se nos adelanta, cuestionando la exclusividad de la familia tal y como la conocemos, cuestionando el poder del padre como jefe del grupo familiar, la complementariedad como eje de la pareja, la diferencia de los sexos como base de la sexualidad parental. La familia contemporánea, horizontal y "en redes", se desenvuelve en una extensión de tiempo relativa, ya no es el modelo "hasta que la muerte nos separe" sino más bien una familia signada por las separaciones, los divorcios y las recomposiciones familiares. En una familia así, la atribución de la autoridad se vuelve problemática, el acento recae sobre todo en la vida privada y en la libertad de las personas, tanto de ambos padres como de los hijos, de manera que la claridad de la figura paterna se desdibuja como encarnación de una ley única e incuestionable. Ya no es patriarca legendario o jefe del clan. Desaparece el perfil del padre de la horda primitiva a favor del padre posmoderno, democrático, generoso y preocupado.

Habría que preguntarse entonces por la cualidad de las modificaciones internas que acompañan a esta evolución en el orden social. Quiero ocuparme de las parejas homosexuales con hijos. Se estima que el 10% de los homosexuales estadounidenses y canadienses son padres, ya sea por haber procreado con parejas heterosexuales anteriores, por reproducción tecnológica asistida, por madres portadoras o por adopción. El resultado estadístico, exclusivamente en el continente norteamericano, va entre uno y cinco millones de madres lesbianas, de uno a tres millones de padres gays y de seis a catorce millones de niños criados por padres homosexuales [2] . El panorama en Europa arroja cifras bastante menores, pero la homoparentalidad es ya un hecho social. En Francia, sólo la Asociación de Padres y Futuros Padres Gays y Lesbianas cuenta con 1,200 miembros que tienen alrededor de 200 hijos [3] .

Nos encontramos frente a realidades que no sólo cuestionan los fundamentos de nuestro conocimiento psicoanalítico, sino que nos colocan en la incertidumbre de lo desconocido. Tal como lo plantea Roudinesco, esto constituye una "enorme mutación histórica que representa el hecho de ya no fundar el orden familiar en la diferencia sexual" [4] . Los trabajos de investigación hasta ahora realizados parecen coincidir de manera bastante contundente en que no existe mayor riesgo de patología en los hijos de padres homosexuales, ni diferencias significativas en el ejercicio de las funciones parentales en relación a las familias heterosexuales. Tampoco parece afectar la identidad sexual de los hijos, que en su gran mayoría se manifiestan heterosexuales.

Pero en su mayoría son estudios psicológicos –se registran por lo menos cincuenta de ellos [5] - algunos incluso estudios de opinión, no clínicos sino fundamentalmente experimentales y utilizan como método básicamente la entrevista a padres, profesores y cuidadores adultos. A partir de cuestionarios se limitan a categorías de clasificación a nivel consciente y definen áreas como identidad, tipificación y orientación sexual, relaciones sociales con compañeros y adultos, autoestima, problemas de conducta, niveles cognitivos, habilidades y competencias sociales, trastornos psicopatológicos, riesgo de abuso sexual y riesgo de negligencia. No exploran el mundo interno de estos niños ni dan cuenta de los procesos psíquicos y carecen de una proyección longitudinal en el tiempo.

El trabajo más importante y serio es una tesis doctoral del año 2000, presentada en la Universidad de Burdeos por el paidopsiquiatra Stéphane Nadaud, que consiste en el seguimiento de 58 niños de una cuarentena de parejas homoparentales que ejercían la tenencia legal. El estudio obtuvo amplia cobertura periodística por su publicación en Le Monde y tuvo gran influencia en el debate político en Francia sobre el tema de la legalización de la adopción por parte de parejas homosexuales. A pesar de ser el estudio más extenso y que describe en detalle las situaciones a las que están confrontados los niños, ninguno de ellos fue evaluado por el autor, ni siquiera entrevistado, observado directamente, ni sometido a tests psicológicos. Las conclusiones fueron obtenidas a partir de cuestionarios y escalas de "temperamento" completadas por los padres que, en su mayoría, pertenecían a la Asociación de Padres y Futuros Padres Gays y Lesbianas. Es decir, padres comprometidos con el movimiento, a menudo militantes, deseosos de legitimar la adopción que han realizado y de calmar los temores relativos al futuro de los niños [6].

El riesgo de estos estudios es el peso ideológico que los atraviesa y las presiones políticas en medio de las cuales se desarrollan. El tema enfrenta dos grupos fuertemente ideologizados: por un lado los grupos homosexuales que, luego de haber sido objeto de segregación y maltrato, reclaman su derecho a la paternidad y a la familia. Por otro lado los sectores más conservadores de la sociedad, iglesia incluida pero no exclusivamente, que hacen uso -ahora sí- de conceptos psicoanalíticos como "función paterna", "Nombre del Padre", Edipo, para rechazar rotundamente la paternidad homosexual con el argumento del daño psicológico en los hijos.

El psicoanálisis está llamado, inevitablemente, a tomar posición. Los que están en contra de estos nuevos modos de procreación alertan sobre los peligros psíquicos a los que el niño estaría sujeto frente a una no diferenciación sexual de los padres, o frente a la ausencia o negación de uno de los sexos. Los niños quedarían expuestos a los "fantasmas delirantes" de sus padres en relación con su propia identidad, su sexualidad y la procreación. Inciden en la necesidad de la función paterna, la diferencia sexual anatómica de los sexos, la necesidad de triángulo y denuncian los riesgos de una especularidad en la que los niños quedarían en la posición de objetos fetiche de los padres. En la orilla opuesta están quienes, como Cecarelli, alertan "contra una forma de arrogancia psicoanalítica que se ve como portadora de una verdad que la autoriza a determinar las condiciones ideales para un desarrollo psíquico normal [7]" .

Se insiste en la importancia de la identificación primaria, anterior a la percepción de las diferencias sexuales anatómicas, identificación con unos padres anteriores a la sexuación, momento en el que el sexo o la elección sexual de los progenitores carece de interés para la subjetivación del hijo. La discusión tendría que estar centrada exclusivamente en la eventual psicopatología de los padres, sean éstos hetero u homosexuales, y no en su elección sexual. Lo importante sería la idoneidad de la función parental como sostén psíquico, su capacidad de desear un niño, de comprometerse afectivamente con su desarrollo. Lo que cuenta son las investiduras, la construcción de los vínculos paterno-filiales. En síntesis, la subjetivación del niño.

Considero que éstas son condiciones necesarias, fundamentales, más no suficientes para el desarrollo del individuo. Corremos el riesgo de escamotear temas centrales que, si bien no deben ser tratados con a-prioris, deben ser indispensablemente abordados.

Plantearé algunos de ellos.

 

El deseo de hijo

Se ha achacado a la homosexualidad su carácter contrario a la naturaleza por su imposibilidad de reproducción de la especie. Con la procreación tecnológica asistida se revierte esta limitación y se permite la materialización de un deseo frustrado de hijo que, por las cifras evocadas, parece ser muy extendido. Me parece que el deseo de hijo representa la aspiración a desarrollar un proyecto identificatorio hacia el futuro. Es un impulso de vida, de creación, de proyección. En palabras de Arnaldo Smola [8], "la parentalidad auxilia al individuo a luchar contra la pulsión de muerte. Frente a la tremenda congoja de la propia desaparición, el ser padre o madre permite que se genere un sentimiento de continuidad existencial en los sucesores".

Nada, más que el prejuicio, nos debería llevar a poner en cuestión la validez del deseo de hijo en las familias homosexuales, más allá de la patología propia de las personas. Sin embargo, creo que es necesario insistir en un punto central: dado que las parejas homosexuales tienen la imposibilidad natural de concebir un hijo, es fundamental cuidar la narrativa sobre las peculiaridades acerca de su origen. Y de manera especial el conocimiento del niño de la necesaria existencia de los dos sexos para la concepción.

 

La omnipotencia de lo materno

La concepción tecnológica asistida, que ofrece la superación de las limitaciones biológicas naturales, puede permitir la fantasía omnipotente de la exclusividad de lo femenino, en la que el hombre queda absolutamente limitado al papel de anónimo donador de esperma... o tal vez ni siquiera eso. La partenogénesis es un modo de reproducción de algunos animales y plantas que consiste en la formación de un nuevo ser por división reiterada de células sexuales femeninas que no se han unido previamente con gametos masculinos. Actualmente se ha logrado activar por primera vez óvulos humanos sin requerir espermatozoides lo que podría permitir obtener células madre sin formar embriones.

El vocablo partogénesis, que significa literalmente nacimiento a partir de una virgen, es aplicado para describir el nacimiento no precisamente a partir de una virgen, sino de un hombre. Zeus, temeroso ante la amenaza de que un hijo pudiese arrebatarle el trono del Olimpo, y enterado del embarazo de su esposa Tetis, decidió tragársela. El dolor de cabeza que le produjo tal ingesta provocó que Hefestos se la abriera con un hacha, permitiendo que emerja Atenea, totalmente desarrollada y enfundada en una especie de armadura. Con este mito, se abre la comprensión de la fantasía omnipotente de engendramiento masculino sin intervención femenina.

Me parece interesante resaltar la tentación de excluir al género opuesto, de prescindir de la complementariedad de géneros, de obviar la importancia para la creación de la vida de las diferencias sexuales anatómicas. Esta exclusión no se limita a la procreación y a la gestación, está presente en los comportamientos y las fantasías de quienes actualizan una verdadera fobia del género opuesto y que vemos con frecuencia en la clínica de parejas homosexuales, aunque no exclusivamente en ellas.

 

La abolición de la diferencia

La elección de un igual de sexo y de género como pareja es fácilmente equiparada con la eliminación de la diferencia. Como si la diferencia sexual anatómica, y la subsiguiente diferencia de identidad de género fueran fundamentales en el conocimiento simbólico de las diferencias en general. Se limita así esta adquisición a la percepción de la anatomía de los padres, y a la adjudicación de roles en ellos, como si el niño no partiera de la propia experiencia con su cuerpo. Y como si no se tratara más bien de una construcción simbólica en la que no sólo intervienen la propia experiencia corporal, sino también los modos erógenos y de libidinización que se dan en el vínculo, los postulados de origen e identificatorios aportados por los padres y, no menos importante, una transmisión sobre lo masculino y lo femenino recibida desde los códigos de la cultura que trasciende la exclusiva influencia inconsciente de los padres.

 

La ley del padre

El Edipo, entonces. El padre ha caído. La madre recupera su poder omnipotente para apropiarse de la procreación, del hijo y de la ley. Sucede sin embrago que las parejas homosexuales buscan más bien constituir una familia, buscan una organización socialmente aceptada y legalmente protegida. Después de haberla rechazado, buscan justamente la Ley.

El sentido del Edipo radica fundamentalmente en la necesidad de un "corte simbólico" que separe a la madre y al bebé de la ligazón primordial que los une, y que impida justamente la omnipotencia de ella, denunciando un goce en el cuerpo de su niño, que lo atraparía e impediría la salida exogámica. Esa es la función del padre, la de ofrecer una castración simbólica, castración que se aplica a la madre para separarla de su hijo y proscribir el goce de ella en el cuerpo de él. La contraparte es la promesa del padre de acceder a lo simbólico haciéndose miembro de la cultura.

  "El niño no se identifica al objeto real, sino a los modos representacionales con los cuales lo captura, y en esto opera no sólo la imagen, sino el discurso del otro significativo. Por eso no me parece central si eso ocurre en el orden de lo heterosexual o de lo homosexual, sino en la circulación que reconoce la alteridad… En este momento, mi preocupación central no pasa por la sexuación del adulto sino por su capacidad de renuncia al goce, tanto erótico como narcisista… La interdicción del goce es el modo en que cada cultura pauta los límites de apropiación del cuerpo del niño como lugar del goce del adulto, y no la banalización de que el niño quiere casarse con su mamá o con su papá" [9].  

Lo importante entonces es el tercero y su función de separación. En nuestra sociedad patriarcal, el rol ha correspondido, hasta ahora, al padre. Entonces, como lo señala Glocer [10] "si la denominada ley del padre es una función de corte y separación, se tratará por lo tanto, de una operatoria simbólica que contingentemente está colocada en el padre desde una concepción patriarcal de la ley, pero que la trasciende". Si se ha homologado la autoridad patriarcal a la ley en nuestra sociedad, la pregunta es si esta función está ligada al género del padre. Mejor aún, a un cuerpo que sostenga el género acorde al padre. O sería más bien una función que, por ser simbólica podría ser ejercida por cualquiera de los miembros de una pareja homosexual?

Queda pendiente aún otra interrogante. Estrictamente hablando, si la función de padre es la de corte, corremos el riesgo de reducir el Edipo al aspecto de la ley. Pero dónde queda el deseo? El deseo por el padre del mismo sexo, el deseo por el padre del sexo opuesto? Y qué hay con la identificación secundaria, aquella que lleva al niño a acercarse al padre del mismo sexo y al padre del sexo opuesto? Qué hay con la sexdualidad?.

Estas son reflexiones iniciales en torno a un tema que representa la crisis de nuestras certezas científicas e ideológicas. Necesitamos más investigación y tiempo para ver la evolución del estado de las cosas. Le compete al psicoanálisis hacerse las preguntas e intentar acoger los hechos sin prejuicios. No nos toca juzgar ni utilizar la teoría para establecer una norma. La realidad está ahí y nos sobrepasa. No nos ha pedido permiso. No podemos decir si los hijos de padres homosexuales serán más felices, más patológicos, más homosexuales. Sólo podemos seguir desarrollando la teoría capaz de comprender los procesos en juego.

 

Referencias bibliográficas:

1

Leff, Raphael, J., Paradojas de la reproducción en el siglo XXI, Conferencia dictada en la SPP, Lima, 2005.

2 Dube, Julian y Gordon, citado en Roudinesco, Elisabeth La familia en desorden, Ed. Fondo de Cultura Económica, Bs. As ,2003.
3 Derrida, Jackes y Roudinesco, Elisabeth., Y mañana, qué…, Ed. Fondo de Cultura Económica, Bs. As, 2005.
4 Roudinesco, Elisabeth., La familia en desorden, Ed. Fondo de Cultura Económica, Bs. As, 2003.
5 Pedreira Massa J.L., Rodríguez Piedra, y R.Seoane Lago, A., Parentalidad y homosexualidad.
6 Denis, P. "De la dificultad de estudiar la homoparentalidad" en Homoparentalidades, nuevas familias, Compilado por Eva Rotemberg y Beatriz Agrest Wainer, Lugar Editorial, Bs. As., 2007.
7 Cecarelli, P.R., "Configuraciones edípicas contemporáneas. Reflexiones sobre las nuevas formas de paternidad" Pulsional, XV, 161, 88-98, 2002, p.5.
8 Smola, A. "Homoparentalidades" en Homoparentalidades, nuevas familias, Compilado por Eva Rotemberg y Beatriz Agrest Wainer, Lugar Editorial, Bs. As., 2007.
9 Entrevista de Eva Rotemberg a Silvia Bleichmar., "Las nuevas cuestiones ponen en crisis viejas teorías" en Homoparentalidades, nuevas familias, Compilado por Eva Rotemberg y Beatriz Agrest Wainer, Lugar Editorial, Bs. As., 2007.
10 Glocer Fiorini, L. "Parentalidad en parejas homosexuales" En Homoparentalidades, nuevas familias. Compilado por Eva Rotemberg y Beatriz Agrest Wainer, Lugar Editorial, Bs. As., 2007.

 

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