home.jpg

 

L1

EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL DIABLO… APUNTES SOBRE LOS MALESTARES
DEMONIACOS ACTUALES

Octavio Patiño García

 

Primera parte

 

IMAGINARIOS DEL DIABLO:
UN RECORRIDO POR EL DISPOSITIVO DEL EXORCISMO Y LAS DISPUTAS POR EL CUERPO

"El que lucha con monstruos, debe tener cuidado de no convertirse a su vez en monstruo. Si miras durante mucho tiempo al fondo del abismo, el abismo terminará por entrar en ti"

F. Nietzsche

Nota introductoria

Este ensayo es la primera parte de un trabajo conformado por dos dimensiones de pensamiento; en esta, la primera, estructurada desde una perspectiva periodístico-arqueológica, se aborda una forma de aparición del Diablo dentro del imaginario religioso en un correlato referido al exorcismo como dispositivo terapéutico. La segunda, aborda, desde una posición concerniente al psicoanálisis y el bello texto de Freud “Una neurosis demoniaca del siglo XIX”, la presencia del Diablo como suplencia del Nombre del Padre, disertando en las proliferaciones de los semblantes que desfilan en los malestares contemporáneos.

Resumen: Imaginarios del Diablo es un intento de recuperación de una dimensión poco estudiada en los terrenos del pensamiento sociológico, como fenómeno religioso y cultural, el dispositivo de exorcismo reviste toda una ideología mesiánica velada con una “tecnología curativa” que se suma a los procedimientos históricos del control de la corporalidad desde la operaria eclesiástica. Las posesiones demoniacas articulan toda una justificación para ordenanzas persecutorias con el pretexto de la salvación de las almas. Las prácticas son documentadas por periodistas y legitimadas bajo la pesada mandíbula de los exorcistas, quienes son “capacitados” divinamente para formar grupos de guardianes contra una de las más temibles potencias que amenazan el corazón del hombre, el Diablo. Desde la actividad de Jesucristo referida en la Biblia como exorcista, pasando por los suplicios inquisitoriales y las tentaciones carnales y de saberes, el Diablo o Demonio se renueva en nuestros días para justificar una labor que se ha tornado pálida, la necesaria presentificación del Dios judeocatólico en las entrañas del Mundo. 

Palabras clave: diablo, demonio, padre, exorcismo, cura, terapéutico, dispositivo, salvación, Dios. 

 

Infestaciones iconográficas: las raíces del Diablo

 

Gritos, maldiciones, lenguas extrañas y oraciones surgen todos los viernes por la noche del interior de la Parroquia de San Miguel Arcángel. Es un concierto de ruidos que ya tiene acostumbrados a los habitantes de este pueblito veracruzano: son los famosos exorcismos del sacerdote católico Casto Simón Arcos, quien se enfrenta a espíritus malignos con el auxilio de un pequeño ejército de seglares y de Jesucristo... 

El sol estaba ocultándose en el horizonte cuando la gente comenzó a ocupar los cientos de sillas que se colocaron en el patio de la Parroquia San Miguel Arcángel. Desde el inicio de la celebración eucarística parece una misa ordinaria, con la diferencia de que hay reunidos aproximadamente mil personas. Las 2 primeras partes transcurren entre oraciones, cánticos, predicación del padre y mucha espiritualidad. Ya estaba oscuro cuando la gente empezó a ofrecer sus testimonios por el micrófono de ambiente. Los relatos se refieren al cambio interior que han sentido durante la tarde. Minutos antes de la ceremonia, al ingresar al templo de San Miguel Arcángel a todos los asistentes les habían entregado un rosario y las instrucciones fueron muy claras: “No lo suelten, no dejen de rezar y es preferible que no se muevan de sus lugares. Ah, y no los miren a los ojos”. La incertidumbre cala hondo ante lo que está por venir. Se puede palpar la tensión general.

A las 21:03 horas se les informa a los asistentes que pueden pasar al interior del templo, por la única puerta abierta al público. Muchos se quedaron afuera. Los que tuvieron preferencia en el acceso fueron los presuntos poseídos y sus familiares, además de un centenar de fieles. Frente al altar, en las primeras bancas de madera, fueron sentadas 12 personas de diferentes edades, todas adultas y sujetadas con vendas de sus brazos, cuerpo y piernas. Era obvio que preveían las intensas reacciones físicas. A los asistentes, varios jóvenes les repasaban las instrucciones que ya se habían dado en la entrada. -Oye ¿y porqué no mirarlos a los ojos?- se le preguntó a uno de ellos. -Es por tu propia seguridad, el espíritu maligno que posee a la persona podría dominarte a ti, meterse en tu cuerpo-, respondió. Al entrar el padre Casto Simón Arcos caminó hacia el altar y alzó con sus manos la imagen del Santísimo. Entonces el templo se inundó de gritos escalofriantes, llanto, maldiciones y forcejeos entre seglares y poseídos. Aquello semejaba una sucursal del infierno, todo ocurría simultáneamente.Parecía un hospital psiquiátrico con crisis de histeria colectiva o las imágenes más impactantes de una película de terror.

En el interior del templo, los enfermos o poseídos lanzaban ofensas a quienes trataban de sujetarlos a las bancas de madera; sus familiares estaban hincados rezando con intensa devoción, algunos asistentes lloraban asustados, impresionados por las escenas. Era el punto culminante de una tarde y noche de oración. En ese momento la única persona que demostraba total concentración y serenidad era precisamente el padre Simón. Y no se había equivocado al advertirle al reportero que las imágenes que vería serían realmente impactantes. Había que girar la vista de un lado a otro para no perder detalle ni imágenes para este reportaje.

Las personas amarradas estaban como enloquecidas y amenazaban con librarse de sus ataduras. Se requería de varios hombres para detener a cada uno de los presuntos poseídos. Lo extraordinario fue que, entre el resto de los asistentes hubo personas que comenzaron a tener los mismos efectos y tuvieron que amarrarlas también a las bancas. Lo más difícil para el reportero fue controlar el intenso escalofrío en la parte baja de la nuca y realizar el trabajo, luego de orar hincado frente al Santísimo: “Señor, sea lo que sea esto que está sucediendo, te pido que protejas a todos los presentes. Si en verdad están poseídos libéralos y si están enfermos sánalos”. Con cámara, libreta y rosario en mano se trató de estar lo más cerca posible de lo que muchos conocen como exorcismos.

 

El exorcismo se concreta

Cada instante, cada escena, eran más impresionantes que las anteriores. El sacerdote, armado con agua bendita, bajó del altar y se dirigió hacia Marcos, un joven de 1.90 metros de estatura que lanzaba groserías a quienes lo veían y lo sujetaban.

-¡Marcos, yo te exorcizo en el nombre de Jesucristo!-, manifestó el sacerdote. Las convulsiones del fortachón joven aumentaron considerablemente mientras Casto Simón hacía su trabajo. Luego, de la boca comenzó a brotar líquido espumoso. Era ya un exorcismo en plenitud. A su alrededor, como si se tratase de una danza demoniaca, el resto de los amarrados gritaban y trataban de soltarse. Las manifestaciones eran diferentes, algunos se retorcían de aparente dolor, otra joven se carcajeaba y una más imploraba auxilio: “¡Quítenmelo porque me va a matar! ¡quítenmelo por favor!” Sin dejar de rezar, el religioso y sus ayudantes se acercaban a cada uno de los afectados para rociarlos con agua bendita. Una joven rubia, quien había ingresado aparentemente normal, le hacía pasar apuros a varios hombres que la trataban de sujetar. Mostraba una fuerza inaudita para su edad y su rostro infundía temor. Cuando el reportero la fotografió, la chica le recetó una serie de insultos: “¡No me tomes fotos hijo de tu chingada madre! ¡Suéltenme pinches cabrones, jodidos de mierda!”. Hubo que regresar al caso más difícil, el de Marcos.

Entre 5 hombres lo sujetaban en la banca, mientras él se retorcía. Uno de los auxiliares del padre dijo que identificaba a 30 espíritus malignos y un capitán. Con un Cristo en su diestra, Casto Simón le ordena: “A los 30 espíritus malignos yo les ordeno, en nombre de Jesucristo, que abandonen el cuerpo de Marcos ¡con todo y capitán! Se los ordeno en nombre de Jesús de Nazareth”.

Entonces, el joven gritó con mucha fuerza “¡El capitán nooo!, ¡el capitán nooo!”. Pero las sorpresas no se detenían. Un asistente del cura, quien tiene el don del discernimiento de lenguas, le indica que estaba presente un espíritu burlón y ahora a éste fue a quien le dirigió las palabras en nombre de Jesús. Como respuesta, de la boca del muchacho surgían alocadas carcajadas, como si se tratase del personaje del Guasón.

A las 22:10 horas, al fin, la calma retorna al templo católico. Misteriosamente los demonios se marcharon tal y como habían llegado. Los presuntos poseídos lucen extenuados, empapados de tanto sudor en sus cuerpos y son reconfortados por sus padres y hermanos. Todo indicaba que había concluido una batalla más del soldado de Cristo contra las fuerzas de Satanás." [1]

 

El oficio del exorcista entraña un ritual en donde se pretende consumar el vaciamiento del cuerpo poseído por un ente demoniaco, a partir de un procedimiento que actúa como dispositivo “liberador”, y “salvador”; como una “terapéutica” que “cura”“la enfermedad” causada por la acción del Demonio sobre los cuerpos. Tal dispositivo es un mecanismo que hunde sus raíces en los tiempos históricos de los Evangelios, y que a pesar de las metamorfosis del Diablo, no es algo que se haya escondido en los rincones de lo fantástico o que se haya patentado sólo para los filmes de terror. En el gran epicentro de las sensibilidadescontemporáneas, aunque en ocasiones se confiesen escépticas, no deja de mostrarse el asombro, la sorpresa el espanto o la fascinaciónante algunos fenómenos que leseducen, que le absorben y le llevan a padecer las posibilidades del rumbo que puede tomar el cuerpo en el mundo. En todo ello, el ritual del exorcismo muestra un rostro inquietante y estremecedor; atrayente y extraño; tentador y temible. 

Hace algunos años se difundía en noticieros que, en Roma, se iniciaría el segundo curso sobre exorcismo y satanismo, organizado por el Ateneo Regina Apostolorum, de los Legionarios de Cristo y por el Grupo de Investigación e Información Socioreligiosa. El curso iba dirigido a sacerdotes, médicos, psiquiatras y abogados. El motivo se justificaba a partir de algunos casos de posesiones demoníacas y actos satánicos ocurridos en localidades italianas, difundidos en los medios periodísticos que así, como en el fragmento de la crónica escrita párrafos arriba, se trataba de acontecimientos que preocuparon a la comunidad eclesiástica y extrañaron a la población italiana. Como muestra de ello se leía en un diario italiano que "Las bestias de Satanás", una banda de jóvenes de Milán, bailaban en un bosque, pisando fuerte sobre la improvisada tumba de dos amigos a los que acababan de asesinar brutalmente. En otra nota se informaba que en la vecina población de Chiavenna, tres adolescentes habían decidido apuñalar y golpear hasta la muerte a una monja como parte de un macabro rito satánico. "Estábamos aburridas y quisimos hacer algo diferente", dijo una de las niñas más tarde a la policía.” 

Más allá del efectismo y mercantilismo que conocemos de los medios informativos, unos meses más tarde, la agencia mexicana de noticias (NOTIMEX) [2] difundía palabras de algunos de los 120 sacerdotes, laicos y estudiantes de teología que asistieron al curso de exorcismo en Roma. Andrea Gemma, un reconocido exorcista italiano, comentaba que el objetivo del curso era expresar una visión clara del fenómeno, ya que el exorcismo... es una oración importante de la Iglesia para ayudar a aquellos que creen, o que realmente padecen, de una infestación diabólica. Por su parte Gabriele Nanni, exorcista y disertante en el curso, decía que hay cuatro indicios aceptados de posesión como hablar en idiomas desconocidos, exhibir una fuerza física desproporcionada más allá de la capacidad natural, manifestar repulsión por objetos sagrados como el crucifijo y las plegarias, y conocer hechos muy distantes, tanto en el tiempo como en el espacio. Criterios que, como veremos más adelante, trazan una dirección a la mirada sobre esta peculiaridad humana atribuible, según la iglesia, a la infestación diabólica.

No deja de llamar la atención, en el ámbito delsentido religioso, la mirada que se asoma a partir de estos acontecimientos sobre el imaginario diabólico y el cuerpo poseído. La crónica de Roberto Aguilar sobre los casos de exorcismo en Veracruz, nos presenta el fenómeno de la posesión demoníaca como un asunto de alienación por la ocupación que hace el demonio de un cuerpo y la siguiente recuperación del mismo vía el exorcismo. Es interesante, entonces, descifrar la significación que entrañan los retorcimientos, arrebatos, improperios, blasfemias, que para la Iglesia católica no podrían ser otra cosa que un momentáneo uso del cuerpo por un ser diabólico.

El fenómeno no es nuevo, los casos de Veracruz e Italia, los ritos satánicos y la posesión demoníaca, así como lo que los asistentes al curso de exorcismo exponen tiene que ver con la visión histórica del mal y la invasión del cuerpo por los demonios, que ya tenía presencia en los Evangelios. [3] Sobre esto, podemos acudir a la tradición sobre la actividad de Jesús como exorcista, cuyos pasajes más representativos se leen en:

 

a) Cinco relatos de exorcismos: el del poseso de la sinagoga de Cafarnaún (Mc 1,21-28 par); el del endemoniado de Gerasa (Mc 5,1-21 par); el de la hija de la mujer sirofenicia (Mc 7,24-30 par); el del muchacho que era arrojado al agua y al fuego (Mc 9,14-27 par); y el del endemoniado ciego y mudo (Mt 12,23-23 par.)

b) Una agrupación de dichos de Jesús en respuesta a las acusaciones de sus adversarios (Mt 12,22-30 par.);

c) Los resúmenes de la actividad de Jesús elaborados por los evangelistas (Mc 1,32-34; 3,10-12...)

d) También se encuentra en Mateo y Lucas, en la composición de sus respectivos evangelios, un breve relato de exorcismo, el del endemoniado sordo (Lc. 11,14 par.) y diversos dichos relacionados con la actividad de Jesús como exorcista (Lc. 11,19-20. 23. 24-26 par.; Lc. 10,18) [4]

 

En los Evangelios podemos rastrear el dispositivo del exorcismo como una manera de recuperación del cuerpo poseído:

 

También, a la sazón había en la sinagoga de ellos un hombre bajo el poder de un espíritu inmundo, y este gritó, diciendo: “¿qué tenemos que ver contigo, Jesús Nazareno? ¿Viniste a destruirnos? Sé exactamente quien eres, el Santo de Dios”, pero Jesús lo reprendió diciendo: “¡Calla, y sal de él!”. Y el espíritu inmundo, después de convulsionarlo y gritar a voz en cuello, salió de él. (Mc. 23-26) [5]

 

En otro pasaje se puede leer:

 

...”Maestro te traje a mi hijo porque tiene un espíritu mudo; y donde quiera que lo prende lo hecha al suelo, y (el muchacho) hecha espumarajos y hace rechinar los dientes y pierde la fuerza... de modo que se lo llevaron. Pero al verlo el espíritu en seguida convulsionó (al muchacho), y este cayendo al suelo, se revolcaba, espumajeando... Jesús notando ahora que una muchedumbre venía corriendo en masa hacia (ellos), reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: “Espíritu mudo y sordo, yo te ordeno: sal de él y no entres más en él. Y después de clamar y hacer muchas convulsiones, salió y (el muchacho) quedó como muerto, de modo que la mayor parte de ellos decía: “¡Está muerto!”. Pero Jesús tomándolo de la mano, lo alzó, y él se levantó. (Mc. 9: 17, 18, 20, 25, 26, 27) [6]

No hay que olvidar que en el mundo en que vivieron Jesús y sus discípulos la gente pensaba que había, al menos, tres niveles de existencia: en el inferior habitaban los hombres, en el superior la divinidad, y en el intermedio una serie de espíritus, que tenían acceso al mundo de los hombres y podían influir en sus vidas. Este influjo podía ser benéfico o perjudicial, y por esta razón a los espíritus se les atribuían tanto las capacidades extraordinarias, como las enfermedades y otros estados anormales. Para luchar contra el influjo negativo de estos espíritus, los hombres tenían que recurrir a la divinidad, que era quien tenía poder sobre ellos. [7]

 

La recuperación del cuerpo despojado de su “propietario” por un demonio, por el enemigo de Dios, vendría a ser una especie de “curación”. La labor de Jesús como exorcista se situaba como una labor de salvación del alma y del cuerpo. De hecho la Iglesia Católica en voz del el Cardenal Jorge Medina Estévez (quien es prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos y que presentó el nuevo rito de exorcismos en enero del 1999), expone que el nuevo ritual de exorcismo (que es una edición actualizada de la versión del texto de 1614), atribuye a las oraciones oficiales el reconocimiento de la realidad del demonio "en su forma substancial, como el maligno, el enemigo de Dios". En este contexto el exorcismo es una antigua y particular forma de oración que la Iglesia emplea contra el poder del Diablo.

 

En el Catecismo No. 1673: se expone que Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del maligno y sustraída a su dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó (cf. Mc 1:25s), de Él tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar. (cf. Mc 3:15; 6:7.13; 16:17). En forma simple, el exorcismo tiene lugar en la celebración del Bautismo. El exorcismo solemne sólo puede ser practicado por un sacerdote y con el permiso del obispo. En estos casos es preciso proceder con prudencia, observando estrictamente las reglas establecidas por la Iglesia. El exorcismo intenta expulsar a los demonios o liberar del dominio demoníaco gracias a la autoridad espiritual que Jesús ha confiado a su Iglesia. [8]

 

La expulsión del demonio mediante los exorcismos implica el reconocimiento de la capacidad del hombre de acoger a Dios, dicha capacidad "es ofuscada por el pecado, y a veces el mal ocupa el puesto en el que Dios quiere vivir.” Por tal motivo, para la Iglesia “Jesucristo ha venido a liberar al hombre del dominio del mal y del pecado. (...) Jesucristo expulsaba los demonios y liberaba a los hombres de las posesiones de los espíritus malignos para hacerse espacio en el hombre... En suma, según el Catecismo de la Iglesia Católica No. 395, el exorcismo tiene como punto de partida la fe de la Iglesia, según la cual existen Satanás y los otros espíritus malignos, y que su actividad (de Satanás y los otros espíritus malignos) consiste en alejar a los hombres del camino de la salvación. [9]

Pero en la posesión pareciera acontecer una “doble violencia del cuerpo”. Sí Dios no puede habitar al hombre, hacerse un espacio en el cuerpo del hombre, sería por culpa del Demonio, quien le ha ganado la partida invadiendo ese cuerpo primeramente, poseyéndolo. Es decir, el cuerpo en última instancia, no pertenece ni al sujeto, éste tiene que ser ocupado por Dios para la salvación, y no obstante, tal cuerpo está constantemente amenazado por el Demonio quien busca apoderarse de él. En consecuencia, tendría que realizarse un trabajo exorcizante para recuperar el cuerpo. Será entonces constante la lucha de Dios contra el Demonio, para apropiarse de un cuerpo que desde su nacimiento, incluso antes de él, será motivo de disputa.

 

El Diablo y la destrucción del cuerpo: el suplicio inquisitorial.

No es ocioso pensar que en las entrañas de la tradición judeocatólica el demonio ocupa un lugar fundamental. Ya Roland Villeneuve lo exponía en su libro La Génesis de la Angustia Diabólica: esta angustia diabólica decía Villeneuve, de la que tanto se ha hablado a propósito de la miseria psicológica y moral de las épocas revueltas no es, ni tiene porque serlo, un descubrimiento contemporáneo... ¿Qué religión puede existir sin demonios, ni genios empeñados en nuestra perdición que magnifican así, a contrario, la bondad y la grandeza de las divinidades tutelares. [10]

El argumento resulta contundente y claro sobre la naturaleza binaria de Dios. El Diablo y Dios son uno mismo, o mejor dicho son la escisión histórica de la humanidad y es aquí donde existe un anudamiento, una tejedura entre el demonio y la divinidad, pero Satán el adversario, se convierte en tentador desde el día en que Yahvé, renunciando a concitar a Abraham, a lanzar plagas sobre Egipto, a exterminar a los idólatras, le permite pasear sobre la tierra. Deviene así en instrumento de venganzas y ejecutor de los altos designios divinos. [11]

El Demonio, el Diablo, compone así toda una arquitectura imaginaria donde se sitúa la perdición humana, la tentación, la sospecha y la muerte. En este espacio oscuro de las mentalidades es donde el Demonio sitúa su predominio, la lucha entre Dios y el Diablo acontece como medio de extirpación de la miseria humana, como medio de reinstauración del Reino de Dios. El Demonio es utilizado, según Villeneuve, para instaurar el poderío eclesiástico a partir del miedo. 

Y es sobre todo, en el cuerpo humano donde se sitúa la posible morada del Diablo, a este respecto, el pensamiento cristiano –tanto católico como protestante– considera que el propósito fundamental que persigue el Demonio, a la hora de establecer algún vínculo con el hombre, es el de apoderarse de su cuerpo y de su alma. Conjuros, belleza eterna, placeres carnales, clarividencias, pactos, prestidigitaciones, riquezas materiales, seducción, saberes ocultos, magia, etc., todo un amplio despliegue de poderes y encantamientos culmina con la posesión demoníaca. De ahí que, durante la Edad Moderna, se considere a Satanás como un personaje cotidiano que, mediante la astucia, consigue dominar no sólo el alma, sino también todos los miembros de un cuerpo humano o animal, en su defecto. [12]

Cuerpo y demonio se fusionan para “amenazar” la vida humana encaminada a ser divina, desde la doctrina teológica sobre el Diablo que Santo Tomas de Aquino plasma en su Suma Teológica, donde se desarrolla una necesidad de conocer profundamente el mundo demoniaco, se comienzan también, a generar toda una serie de mecanismos y procedimientos para la protección y defensa del cuerpo. Obras de demonología, compendios para entender el amenazante y complejo universo demoniaco comienzan a diseminarse para la práctica liberadora y curativa de inquisidores, teólogos y jueces. Tales tratados y compendios recuperan toda una tradición que encuentra su germen en las diversas escenas donde el Diablo entra en acción.

Si bien ya recorríamos un momento histórico de la aparición del demonio en los Evangelios y exponíamos el papel de Jesús como exorcista, en necesario aclarar que la figura del Demonio ha padecido diversas metamorfosis, no obstante, pareciera conservar una cualidad reconocible en el imaginario diabólico, y esta es la posibilidad de ocupar un cuerpo, de poseerlo y así encarnarse para hacerse un lugar “visible”. Robert Muchemblet explora un su libro La Historia del Diablo que Lucifer, "ángel caído, pero ángel al fin", debía ser un espíritu incorpóreo; sin embargo, se lo representa como una especie de macho cabrío con rostro humano, lúbrico y horrendo, que preside los Aquelarres, versión europea de las Salamancas locales. También se cree que puede encarnarse en un cuerpo humano, de ahí la necesidad de los exorcismos. Pero el Diablo no sólo puede apoderarse de los cuerpos, sino también de las almas, especialmente de las mujeres, a las que se considera "seres imperfectos e inquietantes." [13]

La amenazante presencia del Demonio, acechando la carne es algo que preocupó las mentalidades y la espiritualidad de épocas antiguas y pareciera, no haber dejado de hacerlo en nuestros días. El Príncipe de este Mundo, continúa Muchemblet, "Satanás, entra en escena en los siglos XII-XV", la figura del Demonio va adquiriendo relevancia y va ganando terreno en el imaginario social de Occidente. Sus intenciones, no sólo son de índole religiosa sino también de carácter político y económico. En Europa triunfa el cristianismo agustiniano, donde el Bien y el Mal, Dios yel Diablo luchan como dos grandes potencias que se disputan el dominio del mundo. La figura de Satán se agiganta: ya es el "Príncipe de este mundo" y su nombre es "Legión". Pero esta lucha cósmica se produce también en el corazón del hombre, que toma conciencia de su lado oscuro y se angustia al pensar en el castigo divino. El Aquelarre y el Infierno son símbolos que comienzan a tomar fuerza en la comunidad. [14]

Esta tormentosa amenaza del Demonio fue padecida incluso por miembros de la misma escena religiosa. La figura del hereje ha representado, desde hace mucho tiempo, un claro ejemplo de la desviación provocada por el demonio. En este grado de acusación y rebeldía, el cuerpo debía ser reencauzado a partir del suplicio inquisitorial. Leonar George en su Enciclopedia de los Herejes y Herejías rastrea los tormentos aplicados a los divergentes de la religión en turno, los primeros cristianos ortodoxos, también fueron acusados de adorar una deidad maléfica. [15]

Hubo un momento en la historia del Demonio que su poderío, era bastante para la oración liberadora del exorcista, esos tiempos son los de La Santa Inquisición, es ahí cuando el exorcismo tiene que ser acompañado por los suplicios inquisitoriales. Además, en los primeros siglos no existían fórmulas y modalidades precisas para el exorcismo, incluso porque al principio casi todos los fieles, por un don extraordinario, tenían el poderde expulsar a los demonios (poder carismático): se tendrá una aclaración cuando, al disminuir la frecuencia del don carismático, la Iglesia comunicará su poder a determinadas personas. [16]

Es sabido que la presencia del demonio el en cuerpo también toma forma en los procesos inquisitoriales, pero parece ser que la apuesta de la Inquisición era la recuperación del cuerpo vía su destrucción. En otras palabras, ese cuerpo poseído y convertido a la herejía no podía haber sido obra más que del Diablo. Recordemos que durante mucho tiempo los herejes y las brujas fueron el blanco hacia donde apuntaban las poderosas armas de la iglesia. El suplicio, procedimiento eficaz en la época inquisitorial, pudo significar la posibilidad de recuperación de lo perdido vía el desgarramiento y tortura de la carne. Si asumimos como dice Balducci que la naturaleza del Demonio es ser puro espíritu. [17] emerge la necesidad de corporeizarse, de invadir un cuerpo donde las manifestaciones derivadas pueden ser de diversa índole. Como ejemplo existe un caso datado en La Nueva España, en el año 1600, es el caso de Simón de Santiago; episodio rescatado de nuestra historia, digno de ser recordado ya que puede significar una “prueba” de que el demonio judeocatólico llegaba a La Nueva España para quedarse para siempre y en correspondencia la Santa Inquisición maquinaba sus ejércitos de verdugos para enfrentarse a él:

 

El 26 de noviembre de 1599, el doctor Martos de Vohorques, fiscal de la Inquisición Novohispana, pidió a los jueces que arrestaran a un hereje calvinista conocido en Nueva España con el nombre de Simón de Santiago. Vohorques explicó que Simón de Santiago era un alfombrero soltero de 36 años de edad, que trabajaba en la Ciudad de México después de haber emigrado de Vildeshusen un distrito de Bremen en el norte de Alemania, donde lo habían educado y criado los calvinistas; decían, “su madre era luterana”. El fiscal aseguró que había evidencias de que Simón se reunía con los herejes en la Ciudad de México. El 7 de diciembre de 1599, después de varias persecuciones, se inició el largo juicio, con interrogatorios confesionales que se realizaron primero a personas que trabajaron con él cuando fue capataz en un estado del sur de México, a quienes hicieron afirmar que Simón era sospechoso de herejía. El 31 de diciembre de ese mismo año, el fiscal de la Inquisición, tras un interrogatorio tormentoso, acusó a Simón de Santiago de nueve delitos importantes, entre otros de ser hereje, apóstata y calvinista, además lo acusaron “con evidencias”, de negar el poder del Papa y rechazar la facultad del clero de absolver los pecados. Condenaron su negación de la presencia real de Dios en la eucaristía y su violación del precepto de la abstinencia los días viernes. Declararon herejías las ideas de Simón sobre la veneración de las imágenes religiosas, los milagros y su negación de la existencia del purgatorio. Habría que someterlo a tortura judicial para obtener la verdad. Durante los meses de enero a diciembre de 1600 se reanudó el juicio, después de haber sido interrumpido por averiguaciones sobre su vida privada, Simón empezó a enfermar extrañamente de “inestabilidad emocional” y “locura”. Los inquisidores decían que era “un pillo tramposo”, pues su actuar era extraño. Al no aceptar Simón de Santiago que fingía locura los inquisidores firmaron una orden de que torturarían al acusado y le dijeron que él mismo sería culpable si quedaba mutilado o lisiado por este procedimiento.

A las 9:30 de la mañana del 13 de enero de 1601, a Simón de Santiago lo enviaron a la cámara de tortura y le ordenaron que se desvistiera. Cuando sólo quedó en calzoncillos le ordenaron que se colocara sobre el potro y le ataron los brazos con unas correas de cuero. A medida que continuaba el interrogatorio, retorcían fuertemente las correas. Simón gritó invocando el nombre de Jesús y dijo al interrogador que había sufrido ataques de locura, pero que en ese momento estaba cuerdo. El 15 de enero de 1601, Simón de Santiago repitió su confesión donde aceptaba los cargos y su deseo de reformarse ante la corte del Santo Oficio, firmó el documento ante testigos. Posteriormente en el Tribunal de la Inquisición Simón se arrepintió, la “locura” nuevamente le hizo desistir de su declaración. Dijo que seguía firme en sus convicciones, que no podía aceptar como verdaderas todas las enseñanzas de la Santa Iglesia Romana.

A las 6:00 de la mañana del 25 de marzo de 1601 comenzó la procesión. Su ejecución sería en la Ciudad de México. Primero para la sentencia, se construyó una plataforma frente al edificio del ayuntamiento para que la ceremonia se viera mejor. El Zócalo estaba decorado con las insignias y las cotas de armas del Santo Oficio de la Inquisición. Después de la ceremonia, en la plaza de San Hipólito deberían quemarlo vivo “hasta que su cuerpo se dispersara en cenizas y no quedara huella de él”. Algunos dicen que pesar de sus súplicas y su arrepentimiento, el verdugo le colocó una cuerda alrededor del cuello y la fijó al cadalso (castigo menor para el arrepentido era el ahorcamiento), pero Simón al tratar de alejarse de las llamas se estranguló con la cuerda. En otro documento el Inquisidor Peralta afirmaba que Simón de Santiago “dejó que lo quemaran vivo”.

El auto de fe del 25 de marzo de 1601 arrancó el 80 aniversario de la práctica Inquisitorial en la Nueva España. Ciento cuarenta y tres herejes desfilaron en esa ocasión, a cuatro de ellos los quemaron en la hoguera. [18]

 

El procedimiento policiaco de persecución, tortura y asesinato, se pueden examinar como tejedura de una trama que desembocaría en la final destrucción del cuerpo poseído. Ritual de exterminio que se enfocaba en el cuerpo del condenado; un condenado que había convulsionado, que se había transformado a la herejía por obra del Mal, un condenado que había sido “víctima del demonio”, que debió haber enloquecido [19], pues “una persona cuerda” sería incapaz de semejante atentado moral contra la Iglesia. El pago obligado, realizado por Simón de Santiago por “ser un hereje”, fue hecho a través de su cuerpo; un cuerpo perseguido, torturado, quemado y muerto. “Hasta que su cuerpo se dispersara en cenizas y no quedara huella de él”, fue la sentencia, es decir, habría que desaparecer un cuerpo que albergaba una amenaza para la razón y la fe de ese tiempo. Un cuerpo que enloquecía, que enfermaba, que amenazaba; un cuerpo peligroso que para ser recuperado tuvo que sufrir, tuvo que ser torturado, tuvo que perderse. Un cuerpo que albergó la maldad, que fue poseído por las ideas divergentes tenía que ser silenciado, borrado. Solo destruyendo el cuerpo podía ser salvada el alma.

El caso de Simón de Santiago es un antecedente histórico de lo que vendría a convertirse en una sofisticación del dispositivo inquisitorial para extirpar el mal del cuerpo del hereje o la bruja. Recordemos que Michel Foucault en Vigilar y Castigar, recorre la experiencia de Damiens, “un gran maldiciente” condenado el 2 de marzo de 1757, por parricido (matar al Rey significaba matar al padre). 150 años después del caso de Simón de Santiago, Damiens fue condenado y asesinado ante la puerta principal de la iglesia de Paris. Por medio de un procedimiento minucioso fue desollado, desmembrado y quemado en la hoguera, luego destazado, para que sus miembros en cenizas fueran arrojados al viento. [20]

Para la Iglesia, la tortura y la muerte, tanto de Simón de Santiago, como de Damiens, se trataba de un procedimiento de salvación, disociar alma y cuerpo que en la resurrección se volverían a unir, y serán reintegrados para el gozo sin fin que Dios ha reservado para sus hijos, es la verdad de la resurrección de los cuerpos al fin de los tiempos. [21]

La terapéutica religiosa de expulsión del Demonio se recrudecía, la oración del exorcismo no bastaba, habría que eliminar al cuerpo, la mejor manera de salvarlo, era destruyéndolo. Mientras tanto las plegarias de liberación, el ritual del exorcismo, la “cura” [22] irían renovándose, tomando nuevas fuerzas, ya que el Demonio también se transformaba. [23]

 

Demonio y cuerpo: las tentaciones que atormentan.

Ahora bien, recordemos a Muchemblet quien refiere que el triunfo del cristianismo agustiniano en Europa, trajo a la mentalidad de esos tiempos la condena de la eterna lucha entre el Bien y el Mal disputándose el dominio del mundo, Dios y Diablo configuran la escena de la contienda eterna, que entre otras cosas se manifestaba en las tentaciones del cuerpo. Esto fue algo que atormentó a San Agustín, fundador de la Iglesia cristiana. El fundador del cristianismo que sacudió la Europa medieval fue un hombre atormentado por las tentaciones de la carne: [24]

 

...dándome tirones de los ropajes, mi carne mis dulces alegrías del pasado, murmuraban en voz queda: “¿estás abandonándonos?... Desde este momento, ¿nunca te permitirás hacer esto o aquello?”. Y, hay Dios mío, qué era aquella que sugerían las palabras “esto” y “aquello”... Quiero ahora recordar las fealdades de mi vida pasada, las corrupciones carnales de mi alma; no porque en ellas me complazca, sino porque te amo a ti, mi Dios... Durante algún tiempo de mi adolescencia ardía en el deseo de saciar los más bajos apetitos y me hice como una selva de sombríos amores. Se marchitó mi hermosura y aparecí ante tus ojos como un ser podrido y sólo atento a complacerse a sí mismo  y agradar a los demás. [25]

 

Esa angustia manifestada por San Agustín, estaba precedida por su vivencia juvenil, cuando tenía 18 años. En ese tiempo San Agustín conoció a una mujer con la que vivió durante 13 años, hasta el año 385. De esa relación nació Adeodato, hijo que murió tiempo después. Las relaciones que San Agustín estableció con su concubina fueron cada vez menos frecuentes. Según Peter Brown [26] Agustín disfrutaba más que otra cosa cuando se acostaba con una mujer. Sin embargo, siendo eso obra del pecado, de la tentación, de la corrupción carnal del alma, del placer mundano, de la tentación obra del demonio, San Agustín se arrepentía en sus confesiones, atormentado por su cuerpo concupiscente:

 

Ninguna de ellas (las palabras de Dios) sin embargo, me llegó al corazón para ponerlas en práctica. Ella (su madre) no quería que yo cometiera fornicación y recuerdo cómo me amonestó en secreto con gran vehemencia, insistiendo sobre todo en que no debía yo tocar la mujer ajena. Pero sus consejos me parecían debilidades de mujer que no podía yo tomar en cuenta sin avergonzarme... ¿Por dónde andaba yo, lejos de las delicias de tu casa, en ese año decimosexto de mi edad carnal, cuando le concedí el cetro a la lujuria y con todas mis fuerzas me entregué a ella en una licencia que era indecorosa ante los hombres y prohibida por tu ley? [27]

 

No es ocioso recordar que San Agustín estaba profundamente influido por la idea del mal derivada de los maniqueos, quienes sostenían que no podía existir nada semejante a una sexualidad inocente: una sexualidad cuyo uso quedara convalidado por sus funciones dentro del matrimonio. Toda actividad sexual, en cualesquiera circunstancias, ayudaba a las fuerzas de Reino de las Tinieblas. [28]

Satanás, del hebreo satán, significa adversario, perseguidor, acusador, calumniador, diablo. Literalmente satán deriva del verbo diábolo, que significa separar, dividir; de ahí la preocupación y justificación de la Iglesia contra Satanás que intenta dividir, separar al hombre de Dios. Esa cualidad de Satanás de ser, además de tentador, calumniador, es el peligro que acecha los saberes. En el caso de la tentación la intencionalidad del Diablo es clara: usar el placer de la carne para penetrar en ella. [27] Por ello sostiene Balducci, que cuando algunos teólogos atribuyeron, no sólo al Demonio, sino a los ángeles un cuerpo, Satanás comenzó a tener amores. Si Satanás tiene (posee) un cuerpo, también debe sentir las necesidades de las funciones humanas, sin excluir la del amor sexual... el amor sexual no sólo era considerado posible entre los demonios (y así se pensaba en demonios masculinos y femeninos), sino también entre demonios y hombres y mujeres; si un demonio masculino se unía con una mujer se lo llamaba íncubo, si se trataba de una mujer demonio con un hombre se le decía súcubo. [30]

Ahora bien, toda la obra de San Agustín, dice Ramón Xirau, es una confesión, palabra viva que nos revela un constante anhelo de verdad, de conocimiento y fe. [31]. Pero aún ese anhelo pretendidamente inquebrantable estuvo amenazado por la tentación, el Mal que siempre preocupó al obispo de Hipona. No solamente en la perdición de la carne, sino en el ámbito de los saberes, la presencia del Mal estaba en acecho.

Esta faceta del demonio como tentador de saberes ocultos, es algo que ha preocupado, en gran medida a la Iglesia, los saberes propuestos por el Demonio terminaban por encarnarse en figuras perseguidas como la bruja y los herejes. Esther Choen realiza un estudio en este sentido. En su libro Con el Diablo en el Cuerpo, Cohen da voz a la bruja y al judío medieval del Renacimiento. La brujería y la magia popular fueron silenciadas y marginadas por la Inquisición, cuyo momento de esplendor fue aniquilado por la Contrarreforma católica y protestante. Esa magia popular fue cercenada en el momento más importante de la cultura moderna occidental, en el que también se descubrió cierto temor por las artes, por la cultura, por la arquitectura, pero de manera paralela estaba la Iglesia católica que va a perseguir a las brujas. [32]

La figura de las brujas era simbolizada por mujeres viejas, representadas por esa sexualidad sin fruto, mujeres obscenas que realizaban pactos carnales y orgiásticos con el Demonio. De la figura del judío medieval que mataba niños y envenenaban pozos, se pasó a la figura de la bruja como encarnación del Mal. La bruja, ese aliento del Diablo, infinita noche de aquelarres y ciencias ocultas que dislocan la era de la Luz en los negros y húmedos parajes de la carne y la locura. De lo que se sabe es que, en efecto, había una relación orgiástica; ellas pensaban que tenían relaciones con el diablo, degustaban sustancias alucinógenas, entonces había todo un ritual, pero todo era aceptado por la Iglesia hasta el siglo XV, después hay un reajuste de los saberes en el que la bruja queda fuera. [33]

Reacomodo que segregará la alteridad incómoda, la diferencia. El demonio se convierte en un tentador y acosa las mentalidades y la corporalidad humanas, su grado último es la posesión de un cuerpo. En este sentido ¿Cual puede ser la distancia entre el tormento padecido por San Agustín por tener un cuerpo amenazado por los placeres mundanos, por el pecado que sólo podría ser obra del Demonio, y los jóvenes italianos presa de los ritos satánicos? ¿Cual puede ser la relación entre Simón de Santiago el hereje del año 1600, Marcos el poseído veracruzano y Damiens el “gran maldiciente”? Me parece que no puede ser muy grande dicha distancia, en todos los casos, se trata de una corporalidad invadida por algo que se presume más allá de la propia voluntad humana. El cuerpo de San Agustín, caído en la concupiscencia por obra de la tentación originada en el Reino de las Tinieblas, el cuerpo de Marcos el joven veracruzano poseído por “los 30 demonios y un capitán”, la “locura extraña” de Simón de Santiago, “la maledicencia” de Damiens, proceden del mismo fenómeno, la lucha permanente que a justificado a la Iglesia por tantos siglos, la lucha entre el Bien y el Mal.

El imaginario diabólico, por tanto, proporciona una elaboración de sentido para algunos fenómenos del cuerpo, donde la corporalidad va estar acechada permanentemente por espíritus malignos que harán de dicho cuerpo la morada donde se “objetivará” la presencia del Demonio en el mundo del hombre. El cuerpo, entonces, se convertirá en el espacio preferido del Mal para alejar a los hombres en el camino salvación.

Inclusive en la lectura del Génesis, ya habíamos hablado un poco de ello, es la serpiente la encarnación del demonio, la causa de la caída, es la serpiente la encarnación animal de Satanás quien hace sucumbir la carne humana. La tentación, obra del mal, atormenta la corporalidad humana, es por ella que el hombre adviene a la muerte, es por el cuerpo tentado que el pecado y los sufrimientos inextinguibles del pozo de Dios existen. La salvación por lo tanto tendría que suscitarse a partir de la purificación del cuerpo, del alejamiento del cuerpo de los terrores carnales auspiciados por el Demonio, hacer del cuerpo, una incorporeidad divina.

En este sentido, la corporalidad poseída es también una “espiritualidad enferma”, desde los tiempos de los Evangelios la salvación puede referirse como “La Curación Permanente”, la cura a la enfermedad no sólo es espiritual, sino también corporal Mt. 4:23; Isa. 1: 4-6; 6: 10; Jn. 6:63; Lu. 4:18. Esta recuperación, esta cura, esta salvación del cuerpo poseído diabólicamente, se realizará por medio de la oración exorcizante. 

El exorcismo como dispositivo terapéutico: el cuerpo tormentoso se recupera atormentándolo.

Un ejemplo más:

 

¡Malditos!', gritaba hace unos días Heidi, una joven de 20 años que se retorcía atada de pies y manos con unas vendas y que con una mirada amenazadora retaba a Dios (...) "¡Noooo!", aullaba Diana, una adolescente que no podía ser controlada por tres hombres en otra esquina del templo. El sacerdote explica ante los presentes en qué consiste su tarea: "Vamos a tener unos exorcismos tanto mayores como menores (...) El exorcismo menor es cuando el diablo prácticamente los molesta por fuera y el exorcismo mayor es cuando ya la persona está realmente poseída". Antes de sacar los demonios a Diana, Heidi y a otras personas, el padre Casto advirtió que "Satanás anda como león rugiendo", queriéndose comer a los asistentes. [34]

 

La explicación breve que proporciona el padre Casto sobre la diferenciación de los exorcismos es el resultado de la sofisticación del discurso eclesiástico sobre la posesión. Recordemos que el origen del ritual de exorcismo data de 1614, las transformaciones de dicho ritual derivan en nuevas elaboraciones sobre la presencia del demonio en la posesión. Aunque no existe un patrón claramente definido para determinar que una persona está poseída por el demonio, la Iglesia Católica señala diversos indicios que permiten llegar a la “convicción” de que se está ante una “posesión diabólica.” Solamente entonces, es cuando “el sacerdote autorizado” puede realizar el “solemne rito del exorcismo.” El Vaticano expone 8 criterios fundamentales:

1.-

Hablar con muchas palabras de lenguas desconocidas o entenderlas.

2.- Develar cosas escondidas o distantes.
3.- Demostrar fuerzas superiores a la propia condición física.
4.- Revelar hostilidad vehemente hacia Dios y las sagradas imágenes de la Iglesia.
5.- Actitudes de orden inmoral, vulgares y carentes de paz espiritual.
6.- Manifestaciones de intervención del diablo.
7.- Apartarse bruscamente de ritos sacramentales.
8.- La relación de todos estos signos se sopesa diligentemente en la vida espiritual cristiana con la fe y la lucha. [35]

La clasificación enarbola una condición de extrañamiento referida fundamentalmente al la vida espiritual cristiana, siendo algo demasiado minucioso y extenso no le dedicaré mucho tiempo, me limitaré a exponer los ejes más significativos que sirven a la iglesia para “diagnosticar” una posesión diabólica. José Antonio ForteaCucurull quien es sacerdote y teólogo especializado en demonología, ha llegado a desarrollar aún más estos puntos y establece “criterios diagnósticos” de una posesión de entre los que destacan:

1.-

Ante lo sagrado o lo religioso se da una gama de sensaciones que van, según el sujeto, desde el fastidio hasta el horror, desde la leve expresión de molestia hasta la manifestación de ira y furia.

2.- En estos casos más extremos, el horror lleva a accesos de furia, acompañados normalmente de blasfemias o insultos dirigidos hacia el objeto religioso que se ha situado en la proximidad.
3.- El poseso en los episodios agudos de manifestación de ira furiosa, pierde la conciencia. Cuando vuelve en sí no recuerda nada. La amnesia es total y absoluta. Sin embargo, aunque no recuerde nada el sujeto durante el episodio ha padecido un cambio de personalidad mientras ha durado esa crisis de furia. Durante esa crisis una segunda personalidad emerge.
4.- Esa segunda personalidad siempre tiene un carácter maligno. Es frecuente que durante esos momentos las pupilas se vuelvan hacia arriba, o hacia abajo, dejando los ojos en blanco. Los músculos faciales se ponen frecuentemente en tensión. También las manos muestran crispación. En esos momentos de crisis, la persona articula la voz llena de odio y rabia.
5.- Acabada la crisis furiosa, la persona vuelve lentamente a la normalidad, el tránsito de vuelta a la normalidad es prácticamente similar en cuanto al tiempo y al modo al tránsito que se observa de la vuelta del estado de hipnosis al estado normal de conciencia.
6.- Fuera de las crisis furiosas en que emerge la segunda personalidad, la persona lleva una vida completamente normal, sin que esta patología afecte para nada ni a su trabajo ni a sus relaciones sociales. El sujeto aparece como una persona perfectamente cuerda. En todo momento distingue perfectamente entre la realidad y el mundo intrapsíquico, no observa una conducta delirante.
7.- En algunos casos sí exponen cosas que parecen alucinaciones sensoriales (concretamente exponen que, esporádicamente, ven sombras, sienten una difusa sensación extraña en alguna parte concreta del cuerpo u oyen crujidos). Por el contrario no oyen voces internas, ni sienten que algo les corre bajo la piel.

Según ForteaCucurull en la mayoría de los casos los fenómenos de posesión se producen tras participar en algún tipo de rito esotérico: ouija, práctica de espiritismo, santería afrocubana, macumba, vudú, etc.Dichas personas se ven afectadas por un tipo de delirio. En caso de que asistan al médico, no se percibe una construcción patológica y puede que “el paciente” mantenga un razonamiento claro, y se muestre sumamente crítico respecto a los síntomas que él mismo describe al médico. Es frecuente, continúa Fortea, que comience su exposición al especialista médico o al sacerdote con las palabras "va a pensar que estoy loco", "no me va a creer" o "no sé por donde empezar".

En una combinación de nomenclatura psiquiátrica y religiosa, Fortea expone que el factor predominante, será la furia que hace percibir a la persona un orden disociativo de su personalidad. La presencia de una identidad distinta que toma control sobre la conducta de la persona entra plenamente en la descripción de esta patología de la disociación. Aclara que la doble identidad siempre aparece con unos rasgos muy reconocibles: hablará con furia, con rabia, exhibiendo un gran rechazo y repulsión hacia todo lo concerniente a la religión, además su expresión facial manifestará descomposición y una gran tensión. En ocasiones en estas personas existe en su vocabulario procacidad y expresiones blasfemas. En otros, la doble identidad es casi muda, hablando en contadas ocasiones y de un modo extremadamente lacónico, sus intervenciones cargadas de odio y tensión tienen en común con el tipo anterior en que la voz cambia por efecto de esa ira contenida. En suma, se reconoce una desestructuración de la personalidad y el raciocinio. Sin embargo Fortea es categórico al afirmar que el cuadro “sintomatológico”, es un fenómeno que no se puede encuadrar en algún apartado de la patología psiquiátrica, al contrario es un cuadro morboso que se repite de un modo milimétrico en los pacientes que lo padecen y cuya simultaneidad en la concurrencia de esos rasgos (antes descritos) llevan a la perplejidad a los especialistas que los atienden.

Esta iconografía de la posesión denota una apropiación exclusiva del ámbito religioso, la correspondencia Dios-cuerpo-Demonio, parece estar íntimamente entrelazada y cifrada. El consecuente desciframiento será obra de una plegaria liberadora, de una “terapia” específica que fue gestada, precisamente como dispositivo liberador. La corporalidad amenazada, atormentada por ser “sustancia corrompible” extiende su permanencia hasta el lugar del autocastigo, ¿quién no ha sido testigo de flagelaciones, de “mandas”, de feligreses que avanzan de rodillas o sacerdotes que se castran; de entregas a la abstinencia en “las fiestas de guardar”; de abluciones con agua fría para que el demonio no haga avanzar la temperatura corporal? Estos hechos que han inspirado muchas historias no son sólo cuestión de fantasías, la historia de la humanidad está plagada de acontecimientos que constituyen toda una imaginería del Diablo corruptor. 

Según el teólogo y demonólogo Balducci la defensa en contra de Satanás tiene que ser por medio de una “terapia” muy particular, el motivo por el que adopta este término se debe, según él, a los ataques manifiestos y evidentes, y esto porque en su actuar representan un disturbio a la persona humana o a cuanto le pertenece y la ponen forzosamente en una condición de incomodidad y de turbación, independientemente de su voluntad y tal requiere, para poderlo quitar, para salir de él, para curarse, el uso de adecuados remedios... ¿A caso no representan ellas (las posesiones, los maleficios y las tentaciones demoniacas), en caso de caigamos en ellas, la enfermedad más grave que le puede suceder a un ser viviente? ¿Esto más todavía cuando terminan con un alejamiento de Dios, eventualmente llevado hasta su rechazo y a sustituirlo con el demonio? [36]

Nada más claro que esta cita de Balducci, en relación a la sofisticación del discurso y la práctica del exorcismo. Más aún, Balducci llega a clasificar entre “terapia preventiva” y “terapia curativa”, y es precisamente en ésta última donde se sitúa la actividad del exorcista. Con respecto a la primera, se trata de “vivir cristianamente”, es decir, la “terapia preventiva” consiste en una creciente formación de la propia conciencia, en el ejercicio de las virtudes y en la oración; una vida profundamente cristiana es la mejor garantía y es prenda segura de la protección celestial aún contra cualquier asalto demoniaco. [37]

Acudimos a la ideologización del Mal, donde el Demonio adviene como la mayor potencia oscura. Esa defensa a priori a partir de la comunión en Cristo representa una actividad de entrega eterna a la “gracia de la santidad”. Confesión, comunión, señal de la cruz, objetos bendecidos, entre otros, constituyen la arquitectura de protección que se erige contra el acecho del Demonio. Esta “terapéutica” anticipada, supone un escudo ante el Mal, pero también un maridaje a priori con la Iglesia Católica, que viene a legitimarse en el bautismo.

Por otra parte, la “terapia curativa”, distingue entre actividad maléfica ordinaria y extraordinaria. Según Balducci, la actividad maléfica extraordinaria está constituía por los exorcismos que representan la curación directa y más propia contra las influencias maléficas. [38]

Sobre el exorcismo como tal conviene decir que el término proviene del griego exorcismos, el cual se conoce principalmente por el lenguaje eclesiástico. El verbo correspondiente exorxiso, tiene tres significados: hacer jurar, conjurar o pedir con insistencia y liberar del espíritu del mal. Es éste último el que goza de más significación en la práctica religiosa.

 

Del rito que hay que seguir

Transcribo a continuación lo que se expone como ritual de exorcismo en la Iglesia Católica, el texto es proporcionado por la Congregación del Culto Divino y Disciplina de Sacramentos, el texto es a su vez tomado del Vaticano y publicado en internet por la Arquidiócesis de Miami.

1.-

En el rito de exorcismo, hay que prestar una atención especial, además de a las oraciones del exorcismo, a los gestos y a los ritos, que ante todo tienen lugar y sentido por que se usan en el camino de preparación de los catecúmenos en el tiempo de purificación. Son tales como la señal de la cruz, la imposición de manos, soplar y la aspersión con agua bendita.

2.-

El rito empieza con la aspersión con agua bendita, puesto que vista como símbolo de purificación en el bautismo, el vejado se siente defendido de las insidias del enemigo.

Se puede bendecir el agua junto con la mezcla de sal, antes del rito o en el mismo rito antes de la aspersión, según sea oportuno.

3.- Siguen unas letanías, con la que se pide para el vejado, con la intercesión de todos los santos, la misericordia de Dios.
4.- Después de la letanía, el exorcista puede recitar uno o varios salmos, que imploran la protección del Altísimo y alaban la victoria de Cristo sobre el Maligno. Los salmos se leen seguidos o de modo responsorial. Terminado el salmo, el exorcista puede añadir una oración sacada del salmo.
5.- Después se proclama el evangelio, como signo de la presencia de Cristo, que por medio de su propia palabra en la proclamación de la Iglesia, pone remedio a las enfermedades de los hombres.
6.- Después el exorcista impone las manos sobre el atormentado, para lo que se invoca la fuerza del Espíritu Santo a fin de que el diablo salga de él, que por el Bautismo fue hecho templo de Dios. Al mismo tiempo puede también exhalar hacia la cara de atormentado.
7.- Después se recita el Credo o se renueva la promesa de fe del Bautismo con la renuncia a Satanás. Sigue el Padre Nuestro, en el cual se le pide a Dios, como Padre nuestro, nos libre del Malo.
8.- Acabado todo esto, el exorcista enseña al atormentado la cruz del Señor, que es fuente de bendiciones y gracias, y hace la señal de la cruz sobre él, a través de lo que se indica el poder de Cristo sobre el diablo.
9.- Después dice una oración de petición, por la que ruega a Dios y una oración imperativa por la que, en nombre de Cristo, se le manda claramente al diablo que deje al atormentado. No se debe usar la oración imperativa si antes no ha sido precedida por una oración de súplica. Pero se puede la oración de petición y no hacer la oración imperativa.
10.- Todas las cosas dichas antes, cuando se necesiten, se pueden repetir, o en la misma celebración, o en otro momento, hasta que el atormentado quede completamente liberado.
11.- El rito concluye con un canto de acción de gracias, una oración y la bendición.

El oficio del exorcista hace uso de un despliegue sofisticado de recuperación de la carne, contiene dentro de sí una tecnología que la iglesia llama “curativa”. Dicha “terapia” se inscribe dentro de los procedimientos religiosos para la salvación de las almas contaminadas. La oración liberadora, que intenta despojar al Demonio del cuerpo poseído se disemina en el imaginario diabólico. Es ese cuerpo que atormenta al hombre por estar en constante acecho por el Demonio el que termina siendo atormentado, sujetado, bañado por agua bendita, convulsionado por la omnipotencia del exorcista, “el enviado de Dios”. Es ese cuerpo el que está destinado desde un principio a Otro, ese otro que puede ser Dios o el Diablo. No sería extraño pensar que la función del bautismo sea la reservación del cuerpo a Dios. Pero en el trayecto de ese cuerpo en el mundo, el Demonio puede sustraerlo para sí, “enfermarlo”, poseerlo. Es por ello que la figura del exorcista se vuelve fundamental para la iglesia católica, que tiene que reencauzar a los hombres que han extraviado su cuerpo en el camino de la salvación.   

El exorcismo como “terapia curativa” es para la iglesia una realidad así como lo es la existencia de Demonio. No es extraño por lo tanto que en México se exhiba una práctica cotidiana de exorcismos. No hace mucho en notas periodísticas se leía que había un “revival” del exorcismo en México. En marzo del 2004 se difundía el incremento de posesiones diabólicas que alcanzaron a 400 casos documentados en los últimos cinco años, lo que empujó a crear el Ministerio del Exorcismo, en la diócesis de Querétaro, encabezado por el vicario general, Salvador Espinosa. Según voceros de la nueva institución, el ministerio se creó como resultado del crecimiento de los fenómenos relacionados con las personas víctimas de maleficios, posesiones, obsesiones y presiones. [39]

En ese contexto, el obispo de Querétaro estableció en una circular que si los sacerdotes detectan algún caso deberán reportarlo de inmediato para que personas autorizadas realicen su labor en el Ritual del Exorcismo. Alberto Piedra Ulloa, consultor para la Atención de Supuestos Posesos en Querétaro, explicó que los casos suceden generalmente cuando se ha practicado la hechicería o el curanderismo, la lectura de cartas, jugado la Tabla Ouija o incurrido en el espiritismo. En la misma nota periodística decía Agustín Sánchez, exorcista chileno, quien habló del fenómeno en México. No todos están conscientes de la necesidad del exorcismo y puede extrañar a muchos, pero una de las necesidades más grandes de la iglesia es convencerse de que existe el demonio, un ser pervertido y pervertidor, espíritu corrompido y corruptor, una realidad misteriosa y temible.

La intención para la iglesia parece consistir en hacer necesario al Demonio, en este sentido el resurgimiento del miedo al Demonio está preñado por una necesidad de intervención de la iglesia en dispositivos curativos que entrañan un llamamiento a la comunión con Cristo. En este sentido los pasos del ritual de exorcismo parecen representar un procedimiento para la salvación, una terapéutica disciplinaria para curar el cuerpo enfermado por Satanás dentro de un código establecido y gestado desde las intimidades de la Iglesia Católica, pero sobre todo, una echar mano de una de las técnicas publicitarias más exitosas de todos los tiempo, el uso del miedo a través del Diablo.            

Quisiera concluir con otro fragmento de la entrevista realizada al exorcista chileno Agustín Sánchez, dicho fragmento constata la intencionalidad que ha alcanzado el ritual del exorcismo en el ámbito de las llamadas terapéuticas del cuerpo.  El octogenario comentaba su último caso de exorcismo el 18 de agosto del año 2005.

 

- El último exorcismo que realizó usted fue el 18 de agosto, ¿Qué pasó?

- El hombre tenía heridas en sus órganos sexuales. Sentía dolores intensos cuando veía a ciertas personas que odiaba. En el proceso para liberarlo comenzó por perdonar a personas que actuaron en su vida: su padrastro había abusado sexualmente de él.

- Pero eso es un trauma, un caso psicológico, ¿no cree?

- En su origen sí, pero ¿quién le saca el odio a esa persona? Dios. El odio es signo de la presencia del mal que está actuando. Por eso –concluye con convencimiento-, era necesario un exorcismo. [40]

 

 

1

Aguilar Grimaldo, Roberto, “En Veracruz: historias de exorcismos, posesiones y lucha contra el maligno” Diario Hora Cero, Veracruz, 2003.

2 Agencia de Nocticias NOTIMEX, Expertos advierten sobre aumento de fenómenos del satanismo.  Reportaje de Roma, Italia, 14 de octubre, 2005.
3 Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se puede encontrar la presencia del Demonio como persona de la región espiritual (2Ti 2:26; Mt. 4:1, 11; Job 1:6, Snt. 1:13-15), como gobernante invisible del mundo, ( 2Co. 4:4; 1Jn. 5:19; Rev. 12:9; Éx. 9:16; Jn. 12:31; Rev. 20:2, 3, 10), como ángel rebelde (Gé. 6:1, 2; 1Pe 3:19, 20; 2Pe 2:4; Jud. 6; Lu. 8:27-29; Rev. 16:13, 14; Mt. 25:41; Lu. 8:31; Rev. 20:2, 3, 10.
4 Guijarro Oporto, Santiago, Los exorcismos de Jesús, artículo publicado en internet para la Biblioteca Católica Digital. 2005.
5 La Biblia
6 Ibidem
7 Ibidem
8 Fuente: El Vaticano
9 Ibidem
10 Ronald, Villeneuve, El Universo Diabólico. Felmar, Madrid. 1972. “Nacidas del miedo y a la vez de la necesidad de reconocer una causa suprema, las religiones no abandonaron jamás a los demonios, a los que tanto debían... Es indiscutible que la Iglesia se sirvió del miedo para levantar su reino, su poderío. Sin embargo, no ha inventado al Diablo, que pertenece a todos los sistemas filosóficos, puesto que simboliza nuestras ansiedades y repulsiones, nuestros deseos inconfesables.” 
11 Ibidem
12 “...el pensamiento renacentista se hace eco de conceptos e imágenes demoniacas (algunas de ellas, gestadas durante la Edad Media; y otras, heredadas de la Antigüedad), a las que se les da una coherencia, un relieve y una difusión nunca antes alcanzados. Los habitantes de la Europa Moderna creen en Satanás como un ser real, al que acusan de todos los males, las dolencias, las enfermedades, los infortunios, en definitiva, de las crisis que padecen. El temor desmesurado al Demonio se asocia, en la mentalidad común, con la sermoneada llegada del fin del mundo. Pero, sin duda alguna, esta opinión no calaría tan profundamente en la sociedad, si el teatro y, sobre todo, la imprenta, no se dedicaran a difundir tanto el pánico como la atracción hacia lo satánico.” El trabajo completo se encuentra en Zamora Calvo, María Jesús, Posesiones y exorcismos en la Europa barroca, Universidad de Valladolid, España, 2004.
13 Robert Muchemblet, La Historia del Diablo. Siglos XII-XX, F. C. E., México, 2002. La correspondiente imbricación Diablo-Mujer, reclama un estudio a parte que intentaré realizar posteriormente, sólo aquí baste decir que desde Lilith, pasando por la Bruja y las histéricas de Freud se puede trazar una línea de pensamiento sobre la feminidad como un eterno retorno.
14 Ibidem
15 Leonar George, Enciclopedia de los herejes y herejías, Océano, México, 1995
16 CorradoBalducci, El diablo, Ediciones Paulinas, Colombia, 1990.
17 Ibidem
18 Greenleaf, Richard, La Inquisición en Nueva España del Siglo XVI, F. C. E., México, 1981
19 Michel Foucault ha realizado un desciframiento de la relación entre la locura, la enfermedad y lo demoniaco en su libro La historia de la locura en la época clásica, Primera parte, F. C. E., México, 1980
20 Foucault, Michel, Vigilar y Castigar: Nacimiento de la prisión, Siglo XXI, México, 1976.
21 Balducci C, Op, Cit.
22 Balducci C, siendo un teólogo dedicado a la demonología realiza un recorrido histórico del ritual del exorcismo y las plegarias de liberación. En su libro, ya citado aquí, dedica un capítulo a lo que él denomina diagnóstico de la actividad demoniaca extraordinaria, donde se ocupa en descifrar los rasgos de identificación de la actividad del demonio en el cuerpo. En otro capítulo, del que hablaremos más adelante, aborda lo referente a la terapia, que se convierte en un código de comportamiento ante las presencias maléficas de Satanás, ya sea para tenerlas alejadas, ya sea para salir de ellas eventualmente. 
23 “En los siglos XVI y la primera mitad del XVII, la obsesión demoníaca llega a su culminación. Las hogueras se multiplican, el horror y la angustia conmueven las conciencias, surge un nuevo género literario, las "Historiastrágicas", donde abundan los demonios, las brujas, los monstruos y los fantasmas. En el arte, las pinturas de Bruegel, de Hyeronimus Bosch y más tarde, de Goya, son ejemplos de esa complacencia en el horror.” Muchemblet R. Op Cit.
24 Nuevamente Balducci expone que la mayor parte de la actividad demoniaca se concreta en la tentación. “Que el demonio tiente está fuera de duda; en efecto, su existencia está caracterizada por un odio terrible contra Dios... su acción está toda y únicamente dirigida hacia las personas para alejarlas de Dios”. La frase de San Pablo es clara en este sentido “Fortaleceos en el Señor y en la fuerza de su poder. Revestíos de las armas de Dios para poder resistir las acechanzas del diablo” (Ef. 6:10-11).
25 San Agustín. Las Confesiones. Porrúa, México, 1970.
26 Brown Peter, El cuerpo y la sociedad: los cristianos y la renuncia sexual.Muchnik Editores, España, 1988.
27 San Agustín: Op. Cit.
28 Brown también sostiene que para San Agustín el sesgo sombrío de la voluntad caída de Adán y Eva en el Génesis, obra del Demonio, había consistido en un deterioro que iba del “estado angélico” hasta la perdición por la condición física. Es decir, había sido el cuerpo el origen de la caída, y la muerte del hombre.
29 La faceta tentadora del Demonio en su escrito Amor humano, divino amor, es el relato del monje agustiniano que tiene que controlar todos los orificios de su cuerpo, para evitar ser penetrado por cualquiera de ellos por el Demonio. Cagar y comer son acciones humanas siniestramente condenadas por la imaginería judeocatólica. Recomiendo la espléndida novela de Ana Ortiz Angulo Amor humano, divino amor, Xólotl, México, 1984.
30 Balducci C. Op. Cit. 
31 Xirau, Ramón. Introducción a la historia de la filosofía, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1968.
32 Esther Cohen, Con el diablo en el cuerpo: filósofos y brujas en el renacimiento. Taurus, México, 2003.
33 Ibidem
34 “Realizan exorcismos masivos en Veracruz”, El Universal 13 de octubre del 2004.
35 Tomado de una publicación de la Congregación del Culto Divino y Disciplina de Sacramentos, El rito de exorcismo, Publicado por el Vaticano en Enero de 1999 y difundido por la Arquidiócesis de Miami, Artículo en internet.
36 Balducci, C. Op. Cit
37 Ibidem
38 Ibidem
39 Bravo Carmen E. y Valencia Antonio, “La batalla por reducir al demonio se está quedando sin guerreros: Exorcistas en peligro de extinción”. Diario La Nación. Chile. 2005.
40 Ibidem

 

REGRESAR