home.jpg

 

L1

TOPOLOGÍA Y ESCRITURA

EN EL PSICOANÁLISIS *

HÉCTOR FRANCH

 

Resumen: Este trabajo se propone situar el lugar de la escritura y de la topología en el psicoanálisis y el vínculo entre ambas. Se privilegia en primer lugar el trabajo analizante por sobre el "ser" del analista en tanto que inexistente. S. Freud explicita las condiciones de esta tarea en el método de lectura del sueño desarrollado a principios del siglo XX y en el que destaca el trabajo del sueño. Este método da lugar a una concepción de la escritura que se halla borrada en nuestra tradicional escritura alfabética. Por otra parte, con el fin de mostrar lo que se oculta en la nuestra, Lacan recurrió a la escritura japonesa. Se revela así una función litoral de la letra a la que es posible aproximarse por la topología, como Lacan también indicó.

 

La topología en el contexto de la ciencia moderna nos permite abandonar la medida a favor de las relaciones de orden, con el fin de tratar la instancia de la letra descubierta por Freud. Una escritura que no debe nada a la medida hace referencia a los matemas que Lacan instituyó para orientarse en la práctica del psicoanálisis. Este recurso resulta comparable a la producción de nuevas escrituras como ha ocurrido en la historia de las matemáticas a través de la técnica de adjunción simbólica. El conjunto de estos desarrollos han logrado revalorizar a los sofistas tan degradados por la filosofía oficial y por algunas concepciones de ciencia. De todos modos, aunque no exista aún una escritura específicamente psicoanalítica, esta línea de investigación avanza en el sentido de hacer existir una.

Palabras clave: escritura, topología, psicoanálisis, matemas.

"La formación del analista" es una expresión habitual entre nosotros y connota la preocupación por el resguardo del descubrimiento del inconsciente y de la invención del psicoanálisis por parte de Freud. Se trata, entonces, del problema de cuáles son las condiciones de formación para que haya analista pues se entiende que aunque sólo hay analista a partir de un análisis, al mismo tiempo, si no hay analista, no hay análisis. Este tema ha sido tratado muchas veces y de distintas maneras y hemos visto también que suele conducir a problemas morales del tipo de determinar si tal o cual, es o no analista. Sabemos que esta no es una buena vía, especialmente a partir del momento en que Lacan establece que no se trata de "ser" analista que no hay "ser" del analista. Propongo entonces leer la expresión de otro modo. "La formación del analista" puede ser leída de dos maneras, si tomamos el sentido objetivo del genitivo, se trata como ya hemos dicho, de la formación del analista, es decir, cómo el analista debe formarse; en cambio el sentido subjetivo del genitivo, nos lleva a tratar la formación que viene del analista, la formación de la que el analista es causa. En este último sentido, la formación del analista será tanto el sueño como el olvido, tanto el acto fallido como el chiste, es decir, todas aquellas formaciones que hasta ahora hemos tratado como formaciones del inconsciente. Se perciben inmediatamente las ventajas de esta lectura posible, la primera es abordar el tema a partir de la transferencia y la segunda es poner el acento en el trabajo del analizante. Tal vez, además, esto traiga un alivio a nuestras preocupaciones, pues para empezar, sólo es necesario que haya analizantes; analizantes, como todos nosotros, interesados en reflexionar sobre la condiciones del trabajo analizante.

En "Observaciones sobre la teoría y la práctica de la interpretación de los sueños" de 1923, Freud comienza el texto diciendo que como ya estaban hechas las planchas para la impresión de "La interpretación de los sueños", no pudo incluir estas nuevas observaciones en la versión original de 1900. Se trata de un texto dividido en varios apartados, todo el texto es muy interesante pero aquí nos interesa sólo una de las cuestiones que trata Freud. Vamos a tomar el apartado VII, donde Freud parte de una pregunta relacionada con el tipo de objeciones propias de los críticos o detractores del psicoanálisis. Freud se pregunta, ¿hasta dónde llega la sugestión de la transferencia en la práctica del análisis? Efectivamente, la transferencia tiene un claro parentesco con la sugestión, si bien la transferencia no se reduce a esta última. La transferencia es condición necesaria para que haya análisis, pero al mismo se presenta como uno de sus obstáculos. Freud trata en este texto los límites de la sugestión de la transferencia, pues si todo lo que ocurre en un análisis - los sueños incluso- son un efecto, o están influidos por la sugestión de la transferencia, entonces ¿a qué debemos atenernos?. Freud se pregunta por la referencia, se pregunta por el punto sobre el que podemos apoyarnos para dar por segura la interpretación. La pregunta es, ¿qué confirma nuestra interpretación respecto del sueño? Es natural entonces que Freud se vea llevado a tratar los sueños confirmatorios de la interpretación. Entonces, si el sueño es producto de la sugestión que la transferencia ejerce en el analizante, ¿cómo vamos a tener que tratar al sueño para decir que es una de las vías regias al inconsciente y que lo producido a partir de él concierne al sujeto y a su deseo? Cuando Freud comienza este análisis, lo primero que va a decir es que es tan evidente que el contenido manifiesto de los sueños es influido por la terapia analítica que casi ni haría falta demostrarlo. Dice Freud:      

  “En efecto, esto está implícito en la intelección de que el sueño se anuda a la vida de la vigila y procesa incitaciones de esta. Lo que sucede dentro de la cura analítica también pertenece, desde luego, a las situaciones de la vida de vigilia y aún a la más intensa entre estas. No cabe maravillarse pues, que el paciente sueñe con cosas de las cuales mantuvo plática con el médico y cuya expectativa éste le ha despertado.” (1)

 


 


Establecida la sugestión y, por ende, la influencia sobre el contenido manifiesto prosigue Freud el análisis diciendo:

  “Pero nuestro interés no cesa aquí; también nos gustaría saber si también los pensamientos oníricos latentes, que se averiguan por interpretación, pueden ser sugeridos, influidos por el analista. La respuesta tiene que ser, de nuevo: Desde luego que sí, pues una parte de esos pensamientos oníricos latentes correspondientes a formaciones de pensamiento preconciente, enteramente susceptibles de conciencia, con las que llegado el caso del soñante habría podido reaccionar también en la vigilia frente a las incitaciones del médico - ya sea que las réplicas del analizado a esas incitaciones vayan en su mismo sentido o las contraríen- .”(2)

 

 

 

 


Vemos entonces que para Freud no sólo el contenido manifiesto del sueño sino también el contenido latente del mismo pueden ser influidos por la sugestión. ¿Dónde encuentra, entonces, la sugestión de la transferencia un límite? Freud contesta que: “Sobre el mecanismo de formación del sueño como tal, sobre el trabajo del sueño propiamente dicho, nunca se ejerce influencia. Es lícito tener esto por seguro." Entonces el único punto sobre el que nos es lícito apoyar la interpretación del sueño es sobre el mecanismo de su formación, sobre el trabajo del sueño. El trabajo del sueño no es sino el trabajo de traducción entre un contenido y otro, entre el contenido manifiesto y el contenido latente. En el capítulo iv de la ya famosa "Interpretación de los sueños" titulado en una traducción "La Elaboración Onírica" y en otra "El Trabajo del Sueño" Freud dice que:

  "Las ideas latentes y el contenido manifiesto se nos muestran como dos versiones del mismo contenido, en dos idiomas distintos, o, mejor dicho, el contenido manifiesto se nos aparece como una versión de las ideas latentes a una distinta forma expresiva, cuyos signos y reglas de construcción hemos de aprender por la comparación del original con la traducción. (...) El contenido manifiesto nos es dado como un jeroglífico, para cuya solución habremos de traducir cada uno de sus signos al lenguaje de las ideas latentes. Incurriríamos, desde luego, en error si quisiéramos leer tales signos dándoles el valor de imágenes pictóricas y no de caracteres de una escritura jeroglífica."(3)

 

 

 

 



Además se lee más adelante la frase que Lacan supo elevar a la categoría de aforismo freudiano: "el sueños es exactamente uno de estos jeroglíficos."(4) Al desglosar pacientemente todos los elementos involucrados en el trabajo del sueño Freud destaca dos mecanismos principales en su formación a los que da la categoría de "obreros", dice Freud. "El desplazamiento y la condensación son los dos obreros a cuya actividad hemos de atribuir principalmente la conformación de los sueños. Destacar el "trabajo" del sueño conduce a Freud a tratar a esto mecanismos de "obreros", trabajadores ideales.

  "[las ideas latentes] Pertenecen a nuestro pensamiento preconsciente, del cual surgen también, mediante cierta transformación, las ideas conscientes. Pero estos enigmas, por muy interesantes y oscuros que sean, no presentan una relación especial con el sueño y no tenemos por qué tratar de ellos en conexión con los problemas oníricos. En cambio, la segunda función de la actividad mental que transforma las ideas inconscientes en el contenido latente es peculiar a la vida onírica y característica de la misma. Esta elaboración onírica propiamente dicha se aleja del modelo del pensamiento despierto mucho más de lo que han opinado los investigadores que menos valor han concedido a la función psíquica en el sueño. No es que sea negligente, incorrecta, olvidadiza e incompleta en comparación con el pensamiento despierto; lo que sucede es que constituye algo cualitativamente distinto y, por tanto, nada comparable a él. No piensa, calcula, ni juzga; se limita a transformar. Puede describírsela por entero, teniendo en cuenta las condiciones a las que su producto tiene que satisfacer."(5)

 

 

 

 

 

 

 


Y en la nota que se intercala en esta extensa cita, nota agregada en 1925, Freud dice que primero le resultó difícil que se comprendiera que el contenido manifiesto del sueño era diferente del contenido latente del pensamiento onírico. Más tarde, cuando esto fue aceptado, se intenta hallar la esencia de los sueños en el contenido latente olvidando el papel que le cabe al trabajo del sueño. Y concluye Freud que, "los sueños no son más que una forma particular de pensar, hecha posible por las condiciones del dormir. Es la elaboración onírica la que crea esta forma y ella sola es la esencia del sueño." (6)

Tenemos con Freud un método que conduce a la práctica de un discurso. Este método consiste en la comparación de dos o más versiones de un mismo texto. Tiene su antecedente en los trabajos de J. F. Champollion cuando logra resolver el enigma de los jeroglíficos egipcios a partir de las tres versiones de un mismo texto presentes en la piedra Rosetta. Vamos a llamar a esta comparación, una traducción, entendida en un sentido amplio, haciendo observar que las primeras propuestas de aparato psíquico por parte de Freud -Carta nº 52 a Fliess y, más tarde, el modelo óptico de la Traumdeutung funcionan en términos de traducciones o transcripciones.

La reflexión sobre estas cuestiones condujo a Lacan a tener en cuenta lo que ocurre con la escritura en la lengua japonesa. Como dice Shin’ya Ogasawara en su artículo L’instance de la leerte dans l’inconscient japonais, el on-yomi y el kun -yomi son dos maneras de leer un caracter chino en la lengua japonesa. En esta lengua, yomi quiere decir lectura. El on-yomi de un carácter chino conserva el fonema chino de este carácter, por ello, no quiere decir nada en la lengua japonesa. El kun-yomi del mismo carácter es su traducción japonesa determinada históricamente y dice en japonés lo que quiere decir, lo que significa.

Dice Ogasawara, por lo tanto, que en el on-yomi se trata de un cifrado mientras que en el kun -yomi la cuestión es la de un descifrado. El descifrado del kun yomi se dirige al Otro como palabra, en cambio, el cifrado del on-yomi es del Uno como letra, como síntoma. Ahora bien el sujeto, en todos los casos, está dividido por el lenguaje en referencia a la escritura por un lado y a la palabra por el otro.(7) Y agrega que el sujeto japonés experimenta esta división en su misma lengua en la cual existe una correspondencia ya establecida entre el registro del onyomi y del kun-yomi. Se constata, entonces en este caso, una traducción permanente del registro de la letra (on-yomi) al de la palabra (kun -yomi) que tiene como consecuencia un descifrado automático. Lacan en el Avis au lecteur japonais de los Écrits dice que en la lengua japonesa la distancia del inconsciente a la palabra es tangible y que esta diferencia es muy difícil de despejar en las otras lenguas. La duplicidad, entonces, de los registros del lenguaje, de la letra y la palabra, y de la mirada y la voz correlativas a ellos, manifiesta en la lengua japonesa, necesita en otras lenguas del descubrimiento del inconsciente freudiano para poder ser despejada.

Se revela aquí una función de la letra que Lacan denominó la función litoral de la letra y que, borrada en nuestra escritura alfabética, es orientadora en la clínica psicoanalítica, así como de un método de lectura propio del psicoanálisis. De este modo el texto leído y los enunciados del analizante pueden ser interrogados en términos de la estructura propia del campo freudiano, hasta adquirir la dimensión del discurso psicoanalítico. Y como el psicoanálisis tiene como condición de existencia la constitución de la ciencia moderna, es decir, de la ciencia lógico- matemática, esta estructura es topológica pues la topología encuentra su fundamento en esa ciencia.

Pero ¿qué es la topología?, de modo que podamos hablar de una topología del sujeto al tratarse del sujeto del inconsciente, es decir, el sujeto sobre el que operamos en el psicoanálisis según Lacan en el escrito "Posición del inconsciente". Analicemos una cita del célebre matemático Poincaré extraída de un texto dirigido a los legos:

  "Comúnmente los geómetras distinguen dos clases de geometrías, la primera de las cuales califican de métrica y la segunda de proyectiva; la geometría métrica está fundada en la noción de distancia; en ella dos figuras se consideran equivalentes cuando son "iguales" en el sentido que los matemáticos dan a esta palabra; la geometría proyectiva está fundada en la noción de línea recta. Para que, en ella, dos figuras sean consideradas equivalentes, no es necesario que sean iguales, basta que podamos pasar de una a otra por medio de una transformación proyectiva, es decir, que una sea la perspectiva de la otra. A menudo este segundo cuerpo de doctrina se ha denominado geometría cualitativa; lo es, en efecto, si se la opone a la primera: es claro que la medida, la cantidad, desempeñan en ella un papel menos importante. Sin embargo, no es enteramente así. El hecho de que una línea sea recta no es puramente cualitativo; no se podría asegurar que una línea sea recta sin realizar mediciones, o sin deslizar sobre esta línea un instrumento llamado regla, que es una especie de instrumento de medida."(8)

 


 

 

 

 

 


Tenemos entonces inicialmente una geometría llamada "métrica". Se trata de una geometría en la que el discernimiento, es decir, el criterio por el cual dos objetos son equivalentes se basa en la cantidad y en la medida. En esta geometría, por ejemplo, un cuadrado de 1 cm. de lado es semejante a otro cuadrado de 1 cm. de lado, pero desemejante a un cuadro de 2 cm. de lado. Esta geometría haciendo honor a su nombre se funda en lo métrico. Existe también otra geometría llamada "proyectiva". En este caso el discernimiento varía, la proyección autoriza alguna transformación de la figura que afecta las medidas de la misma, no obstante permanece un criterio de identidad. Si coloco una fuente de luz delante de una figura, un cuadrado, por ejemplo, este se proyecta en una pantalla detrás cambiando sus dimensiones. A pesar de la variación de la medida del cuadrado ambas figuras, la inicial y la proyectada, es decir, su sombra, son equivalentes. En esta geometría el criterio de equivalencia se amplia y además de ser iguales dos cuadrados de 1 cm. de lado, también lo son un cuadrado de 1 cm de lado y otro de 2 cm. pues uno es la proyección del otro. Ahora bien, si la geometría métrica es considerada básicamente cuantitativa, el abandono de este criterio, su depuración, nos incitará a considerar como cualitativa a la geometría proyectiva. Como dice el texto que citamos, la geometría proyectiva sólo es relativamente cualitativa. Todavía es posible dar un paso más en la huida de la cantidad y la medida, en este camino encontramos un tercer tipo de geometría.

  "Pero hay una tercera geometría, en la cual la cantidad está suprimida por completo, y que es puramente cualitativa: el Analysis situs. En esta disciplina, dos figuras son equivalentes, siempre que podamos pasar de una a otra por medio de una deformación continua, cualquiera sea la ley de esta deformación, a condición que se respete la continuidad. Así, un círculo es equivalente a una elipse o también a una curva cerrada cualquiera, pero no es equivalente a un segmento de recta, porque tal segmento no es cerrado; una esfera es equivalente a una superficie convexa cualquiera pero no es equivalente a un toro, porque en un toro hay una abertura que la esfera no posee. Supongamos un modelo cualquiera y la copia de este modelo realizada por un dibujante poco diestro; las proporciones están alteradas, las rectas, trazadas por una mano temblorosa, han sufrido importuna s desviaciones y presentan curvaturas malhadadas. Desde el punto de vista de la geometría métrica, y aun desde el de la geometría proyectiva, las dos figuras no son equivalentes; por el contrario, lo son, desde el punto de vista del Analysis situs. El Analysis situs es una ciencia muy importante para el geómetra. Da lugar a una serie de teoremas tan bien enlazados como los de Euclides, y Riemann ha construido sobre este conjunto de proposiciones una de las teorías más notables y más abstractas del análisis puro.”(9)

 


 

 

 

 

 

 

 


"Analysis situs", como se observa, al mismo tiempo que nos alejamos de la medida abandonamos la denominación de "geometría" en un intento, tal vez, de evitar la contradicción de proponer una geometría no métrica. Ampliamos una vez más el criterio de equivalencia y en el "analysis situs" o "topología" además de incluir las identidades válidas para las otras geometrías, un cuadrado es equivalente a un círculo en tanto una deformación continua nos permite pasar de uno al otro. Es importante hacer notar que la ampliación del criterio de identidad no conduce a una pérdida de criterio. Existen en esta "geometría" leyes de deformación y condiciones, el respeto de la continuidad, por ejemplo. No hemos abandonado el terreno de las restricciones, estas existen aunque cambie su índole. El hecho de que aquí se autorice la deformación ha conducido a considerar esta geometría como la geometría de la figuras de caucho. Como se sabe el caucho es un material elástico que tiene la posibilidad de ser deformado sin romperse, es decir, respetando la continuidad. Tenemos la impresión entonces de haber dado un paso más en el alejamiento de la medida y la cantidad y nos parece, por oposición, tratar los objetos en un campo más puramente cualitativo. Pero, ¿es esto tan seguro? Existen, sin lugar a dudas, otras interpretaciones. Para JC Milner, por ejemplo, la aparente presencia de la cantidad y la medida en el número alrededor del que se ha constituido la ciencia moderna no ha sido sino un obstáculo para aprehender su carácter literal, de pura literalidad. En ese caso la adquisición que implicó esta última geometría no tiene el sentido de una aproximación a la cualidad sino a la literalidad. Al carácter de la letra implícita en el trazo mismo.

Es posible introducir el rigor con la matemática y gracias a la lógica. El matema consiste en la introducción de un juego de letras y una escritura algebraica sin tener que medir. Las letras van entonces al lugar de la medida. Al introducir un nuevo carácter de escritura todo el texto se transforma. Lacan introduce nuevos caracteres de escritura en el discurso analítico. El A barrado, el a, el matema del nudo borromeo.

P.V.Grosjean parte de la teoría de los tipos de B.Russell para introducir lo que llama "el cuerpo de ruptura de las paradojas". Russell ha querido resolver cierto tipo de paradojas de la lógica que se presentan a propósito de la manipulación del metalenguaje distinguiendo entre enunciados bien formados y enunciados mal formados. La evitación de estos últimos tiene como consecuencia la eliminación de las paradojas que tanto molestan a los lógicos. Pero Grosjean cuestiona esta actitud pues no encuentra que esta haya sido la metodología utilizada en la historia de las matemáticas cuando se ha dado el caso de situaciones antinómicas. Por esto se ve llevado a tratar dos casos de extensiones algebraicas en la historia de las matemáticas.

Los ejemplos de la historia de las matemáticas presentados son: la paradoja de los irracionales y del número imaginario (i).

Veamos primero el caso de la paradoja de los irracionales. El teorema de Pitágoras, uno de los teoremas básicos de la geometría clásica dice así: "En todo triángulo rectángulo la suma de los cuadrados construidos sobre los catetos es equivalente al cuadrado construido sobre la hipotenusa". Una de las consecuencias inmediatas de este descubrimiento fue que la diagonal del cuadrado es inconmensurable con respecto al lado. Esto produjo una tremenda sorpresa entre los pitagóricos. El nombre dado a las cantidades inconmensurables fue el de alogon,(10) carentes de razón o sin explicación. Señalamos como una curiosidad el que ya se utilizara la a como prefijo negativo de logon que deriva de logos, palabra o razón en griego. El descubrimiento de las cantidades inconmensurables determinó el advenimiento de los números irracionales, término indudablemente emparentado con el de alogon. La prueba dada por Euclides de la inconmensurabilidad de la diagonal del cuadrado con su lado es del tipo de reducción al absurdo. Si cada lado se toma como unidad y la medida de la diagonal se designa con x, el teorema de Pitágoras reduce el problema a la solución de la ecuación de segundo grado,

x 2 = 1 2+1 2 o sea x 2 = 2

Si fuera posible satisfacer esta ecuación con un número racional p/q´ entonces la diagonal y el lado serían conmensurables pero esto no es así. En este caso es imposible hallar una solución con números racionales a esta ecuación.

Ahora bien, si el caso de la diagonal de un cuadrado de lado unidad no tiene solución numérica en el dominio de los números racionales, se puede determinar la diagonal geométricamente mediante construcciones elementales utilizando regla y compás. Existen también las aproximaciones racionales para los irracionales como √2 u otros números no racionales que permiten resolver la mayoría de los problemas prácticos, pero no todos los problemas son de este tipo. Tengamos presente al matemático que consideró en algún momento al dominio de los números racionales como una totalidad, como un conjunto ordenado que se extiende al infinito. Para él, este dominio es denso pues entre dos números racionales siempre puede insertar un tercero, lo trata entonces como una masa compacta y continua, aparentemente sin intersticios. Se intenta, entonces, establecer una correspondencia entre el dominio de los número racionales y los puntos de una recta esperando poder hacer corresponder a cada número racional, un punto de la recta y viceversa. Pero la diagonal del cuadrado, que habíamos sabido construir con regla y compás, al ser proyectada sobre la recta cae en un punto al que no corresponde número racional alguno. La consecuencia es simple, a cada número racional le corresponde un punto de la recta, pero hay puntos de la misma a los que no les corresponde número racional alguno. Se encuentra entonces la necesidad de extender el concepto de número. Este concepto debe ampliarse más allá del concepto de número racional. El número racional se revela insuficiente o fracasa en la solución de una gran cantidad de problemas que se presentan en el campo de la matemática.

Veamos ahora el caso del número imaginario. Se trata de la resolución de la ecuación,

x . x = - 1

Si se rechaza abandonar el dominio de los números considerados hoy en día "reales" entonces, la x deberá ser positiva para el primer factor de "x . x" y negativa para el segundo y por lo tanto la misma "x" a la vez positiva y negativa. En este caso también la antinomia se resuelve por la adjunción, al conjunto de los números reales, un símbolo anotado "i", el número imaginario y declarado raíz de la excepcional ecuación. Este nuevo número no sólo fue integrado al conjunto ya existente de los mismos sino que además demostró ser muy útil en el progreso de las matemáticas y de las ciencias en particular.

Grosjean observa que estos elementos a los que llama significativamente "sofísticos", han recibido en la historia de las matemáticas, nombres como "irracional" o "imaginario". Nombres negativos e incluso peyorativos. "Irracional" opuesto a "racional" o "imaginario" opuesto a "real".

Dice el autor: "En los dos ejemplos matemáticos de partida, las ecuaciones en cuestión no son sino casos particulares de ecuaciones de dos variables, definiendo relaciones perfectamente inocentes, a saber x .y = 2 y x .y = -1, satisfecha por cantidad de pares (x .y) formados por racionales en el primer caso, y por reales en el segundo. La paradoja surge a partir de que, sin querer abandonar el conjunto numérico sobre el que se ha definido inicialmente la relación, se quiere al menos dotarla de reflexividad aplicándola al caso en el que x = y."

Ahora bien, como en el caso de las antinomias de la lógica las cosas ocurren de la misma manera pues existe una fuerte presencia de la reflexividad, Grosjean pregunta si la técnica de adjunción simbólica que funciona en los casos matemáticos no funcionará en el caso de las antinomias lógicas. Ya no se trata, como proponía Russell, entonces, de rechazar los enunciados mal formados sino de integrarlos en un cálculo. Esto conduce a una "lógica de las estructuras complejas" que reemplaza el cuerpo binario de la lógica clásica por una extensión algebraica: el cuerpo de rupturas de las paradojas. Esta última es una lógica plurivalente, tiene 4 valores, a saber, falso, verdadero, alfa y omega como extensión del cuerpo binario de la lógica clásica.

El Witz freudiano, el chiste o la agudeza compromete también elementos que podrían considerarse "sofísticos". Freud parte, como toda la tradición filosófica y no filosófica, de una exigencia aristotélica de sentido. Tanto los síntomas como los sueños, los lapsus, los actos fallidos y los chistes tienen para Freud, en última instancia, un sentido. Ahora bien, para Barbara Cassin, Freud al hacer entrar en el dominio del sentido lo que fue siempre considerado como insensato, "lleva hasta tal punto el aristotelismo que en ello deviene sofista, o, por lo menos, obliga a reconsiderar, por completo, la delimitación de los territorios."(11) En su completísimo ensayo sobre los sofistas, Cassin, se refiere al Witz(12) freudiano exclusivamente como sofisma que interviene en la razón clásica o canónica, interrogándola. Este texto gira en torno a "las razones por las cuales la sofística forcluida por Aristóteles retorna en la lógica freudiana".(13) Realiza, de este modo, una pormenorizada lectura de Freud a partir de la cual trata de discernir si el sofisma es: "nosentido en el sentido o sentido en el no- sentido".

A partir del análisis de la agudeza o chiste del salmón con mayonesa y en un primer momento, Freud concluirá que el sofisma es un hecho ilógico que se disimula tras una fachada lógica. "La sofística juega sobre el pseudos... para hacerse pasar por lo que no es: lógica y sabiduría."

Pero en el siguiente ejemplo de agudeza, el del artillero Itzig, Freud avanza en otro sentido y reencuentra la definición canónica de la agudeza como "sentido en el no- sentido". Constatamos en esto una ambigüedad porque se presenta, a la vez, como el envés del sofisma y como una especie o forma del mismo. Dice Cassin que en la primera taxonomía Freud retoma todos los elementos tradicionales de desvalorización de la sofística pero que luego, el introducir el sentido en el no- sentido, le va a permitir una vacilación que lo llevará a otra parte. De ese modo Freud va a ser conducido a "el sofisma como intermediario de la verdad".

El aspecto lógico que adquiere el sofisma y que no alcanza a disimular del todo sus fallas argumentales, toma entonces otra función, la de distraer del hecho que se dice, de este modo, "algo prohibido o no permitido". Dice Freud: "No creemos engañarnos al suponer que todas estas historias de fracaso lógico quieren verdaderamente decir lo que pretenden decir con argumentos voluntariamente erróneos. Es precisamente este empleo del sofisma como intermediario de la verdad que le da el carácter de agudeza".

El sofisma, que en un inicio se había considerado ajeno a la verdad, resulta ahora su mediador, e incluso su instrumento en tanto es capaz de aufhebung , no solamente la represión aristotélica, sino también la represión a secas, así como ocurre en el lapsus o en el sueño, dejando hablar al deseo. Puntúa entonces Cassin: "Una agudeza sofística no puede más analizarse ni como nosentido en, o bajo, el sentido, ni únicamente como sentido en el no- sentido: es el no-sentido hecho sentido·"

Es muy interesante encontrar que Freud al proseguir esta lectura del inconsciente se ve llevado a considerar todas las escuelas no ortodoxas de la antigüedad: luego de la sofística, el epicureismo, luego el cinismo e incluso, más adelante, el escepticismo. Este punto es importante porque en cuanto a la necesidad de preservación del descubrimiento freudiano, Lacan creó, en referencia explícita a la noción de la "escuela" antigua el concepto de Escuela Freudiana.

 

Dice finalmente Barbara Cassin con respecto a Freud: "Señalemos al final el llamado al escepticismo como 'búsqueda de un criterio de verdad' (...) Porque, de la sofística al escepticismo, no únicamente, de manera negativa, la tendencia seria encuentra la tendencia de la agudeza sin tendencia: 'socavar/trastornar el respeto debido a las instituciones y a las verdades', haciéndose crítico de la razón crítica. Sino que, por otra parte, y de manera positiva, celebra, por medio del levantamiento de la inhibición, por desplazamiento y contradicción, en el lugar de la "verdad filosófica" esta verdad más verdadera que es la expresión del inconsciente, reuniendo así, bajo el nombre de las escuelas antiguas, los topoi de la sofística: naturaleza y ley, placer, goce, medida subjetiva."

Y agrega para concluir:

"Todos los elementos de una interpretación positiva de la sofística son así presentados en Freud: sobre el fondo de la atención prestada al decir, pertinencia de lo que él no nombra juego del significante, y pertinencia de las fallas de la lógica. Pero se está forzado a constatar que está excluido, de facto, que este análisis tan nuevo del placer de hablar se efectúe fuera de la valorización aristotélica del sentido. ...: del Witz como último Traité du non- être. Para Freud, el valor del no- sentido, es su sentido; para Lacan, el valor del no- sentido, es aún el no- sentido: el Witz, no- sentido en el sentido por lo tanto, atestigüa, porque sólo el uso del significante crea la significación, el "foncier (fundamento?) no-sentido de todo uso del sentido" (14)

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 



El 1 de noviembre de 1974 decía Lacan en el VII Congreso de Roma: "Me he deslomado durante esas pseudo-vacaciones sobre el Sofista. Debo ser muy sofista, probablemente, para que eso me interese."(15)

B. Cassin considera que en el seminario Encore, Lacan habla como sofista. Porque se da, y da al psicoanálisis frente a la filosofía un lugar semejante a aquel que tuvo en su momento la sofística. Toma esta posición crítica con respecto a la filosofía en referencias explícitas a los fundamentos de la ontología con Parménides y Aristóteles. Dice esta autora: "Cara a la ontología, la tesis sofística y la tesis lacaniana no hacen sino una: el ser es un 'efecto del decir', 'un hecho de dicho'." Y agrega: "...es siempre a disgusto que Lacan constata que no es parmenidiano, platoniano, aristolélico, heideggeriano, filósofo."(16)

Esto es decir que Lacan y los sofistas comparten el mismo otro: la filosofía oficial, el aristotelismo por ejemplo.

Se reconoce en esto que, al fin y al cabo, esta estructura depende del significante en tanto que se trata de la estructura del lenguaje. Leer, escribir. Ha sido históricamente una cuestión la decisión del filólogo con respecto a la determinación del texto definitivo de un escrito cuando por muchas razones el escrito se ha convertido en indecidible. Dice Cassin: "...pero la vacilación se redobla en aporía cuando el escritor 'moderno' la integra de derecho a su práctica de escritura".(17) Y concluye con la propuesta de un nombre nuevo para una estrategia aún no inventada pero que propone la escritura de lo que aún no la tiene. Llama Cassin a esta estrategia, "la estrategia filográfica" componiendo evidentemente este término a partir de la ya clásica, filología.

Lectura del inconsciente, corte interpretativo, estrategia filográfica, topología del sujeto, en fin, todos hitos de una escritura por venir. Como dice el psicoanalista J.M.Vappereau, la enseñanza de Lacan se puede dividir en tres capítulos topológicos que duran aproximadamente 10 años cada uno. Ellos se denominan grafos, superficies y nudos respectivamente. Cada uno de estos capítulos se deja traducir al otro haciendo hincapié en la operación descripta por Lacan como involución significante. Ahora bien, estamos acostumbrados a hablar de una escritura psicoanalítica pero, en verdad, ésta no existe aún. Éste ha sido, sin lugar a dudas, el proyecto de Lacan pero ha quedado inconcluso. Tenemos, sí, un método de lectura puesto en práctica por Freud desde la interpretación de los sueños. Tenemos, incluso, un método de lectura del nudo explicitado por Jean Michel Vappereau en una de sus últimas obras pero no tenemos aún una escritura específicamente psicoanalítica.

 

 

 

 

REFERENCIAS

* Psicoanalista. Fundador e integrante de la Comisión Directiva del Ciclo Claves del Psicoanálisis. UNR. Universidad Nacional de Rosario Argentina.
1 Freud S. Observaciones sobre la teoría y la práctica de la interpretación de los sueños., O.C. T.XIX, Amorrortu, Bs. As., 1979, pag. 116.
2 Ibid.
3

Freud, S. La interpretación de los sueños. O.C. T.I., Biblioteca Nueva, Madrid, 1981, pág. 516.

4 Ibid.
5 Freud, op. cit., pág. 655
6 Ibid . Nota de 1925.
7 Lacan, J. Lituraterre, 1971.
8 Poincaré, H. Ultimos pensamientos. Bs. As., Espasa Calpe Argentina, 1946 pág. 57
9 Ibid.
10 Dantiz Tobias, Número. El lenguaje de la ciencia pág.121 Edit Librería del Colegio, Bs As 1947.
11

Cassin, B "L'effet sophistique" Gallimard 1995. pág. 387 Traducción nuestra.

12 Witz como "mot d'esprit" en francés, que no siempre coincide con nuestro término, "chiste" en español. Así el término "agudeza" utilizado por B. Gracian se revela mucho más pertinente.
13 Cassin, op cit., pág. 390.
14

Ibid. pág. 397.

15 Lacan, J. La tercera. Actas de la Escuela Freudiana de París, Petrel, Madrid, 1980, pág. 161.
16

Cassin, op cit., pág. 400. 17 Ibid. pág. 406.

17 Ibid . pág. 406.

 


 

 

REGRESAR