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LA PREGUNTA DEL NIÑO COMO CLINAMEN: POÉTICA DE LAS TURBULENCIAS DEL CUERPO

OCTAVIO PATIÑO GARCÍA

 

¿Qué es el nacimiento, nuestro nacimiento? Las aguas enfurecidas han arrojado en la costa al marinero. Recordemos, según se ha visto anteriormente, cómo funciona la tempestad: ruptura del equilibrio, trombas y precipitaciones en un plano inclinado. El náufrago llega al final de su caída. Es fácil pensar, al leerlo, en Ulises arrastrado por la resaca, tendido desnudo en la orilla y esperando a Nausicaa; o en Sisifo al pie de la colina. Así yace el niño. lacethumi, sobre la tierra. En las partes bajas. Está echado. Caído desde arriba y hacia delante, profudit, arrojado a la luz desde el alveolo materno en donde se hallaba estable como un oscuro navegante en aguas tranquilas. Tempestad en las aguas amnióticas, ruptura, naufragio. El río Nilo arrastrando a Moisés.


Michel Serres

Si nos propusiéramos realizar una posible historia del cuerpo, de sus orificios, de sus agujeros, nos encontraríamos, seguramente con la prominencia de una historia de su ascesis. El cuerpo con membranas que se abren a la vida desde la vida, por donde el flujo vital descarrila sus emanaciones, sus caudales, es también lo que se purifica, se sutura. Un juicio moral cae sobre los huecos, los vigila, los nutre, los silencia, los vehiculiza.   Los orificios del organismo muestran las costuras de su paso por la cultura. La boca que traslada los ecos del vibrato interno, es capturada por una ortopedia del sonido, por una estilística de los acentos, por una manufactura del cántico. Los cantos poéticos terminan sistematizados  por La Gramática.

La boca del niño, ese agujero incesante que pregunta, que fascina, que problematiza; daña el campo sonoro de las orejas estratificadas. Niño explorador, nómada, mapeador del cosmos, el niño corta con su lengua de papalote la sonoridad de los saberes. El niño dice continuamente lo que hace o lo que trata de hacer: explorar unos medios, mediante trayectos dinámicos, y establecer el mapa correspondiente. Los mapas de trayectos son esenciales para la actividad psíquica.1

La pregunta del niño es tormentosa, quiebra la quietud del falso infinito que el adulto ha creado para amansar las aguas de huracán. La pregunta del niño es quiebre, angulación, caída, resonancia de cascabel que es derivada de la serpiente interna que danza con el tambor del corazón,…los ruidos de las profundidades se convierten en voz cuando encuentran en ciertas superficies agujereadas (boca) las condiciones de su articulación.2

¿Pero desde dónde pensar el quiebre, la desviación sonora, la perturbación martilleante, la turbulencia de la pregunta del niño? Intensémoslo con Lucrecio en las voces  de Deleuze y Serres.

  La existencia, el tiempo, el sentido y el lenguaje descienden juntos por el plano inclinado.Y también lo hace el propio poema, que lenta y escalonadamente se va inclinando y rueda hasta la peste de Atenas entre relámpagos, esos rayos que el sol dispersa. Son trazos inclinados que dictan, con el tiempo, una nueva pendiente. El poema echa a rodar su versificación seudocircular, sus torbellinos de palabras conjuntas sobre un talud atravesado por catástrofes. El texto declina, deriva como el mundo. Sigue la ley de la pendiente extrema. Como se decía antes, la ley de la creación. 3  

La creación está en el poema, la pregunta del niño surge como poema, intempestivamente emanada de una boca que es todo cuerpo, cuerpo abierto que fulgura ante la emanación de los cuerpos que rodean al niño-poeta. La materia del cuerpo, la materialidad de la palabra son atómicas, y la variación del átomo se encuentra en el clinamen.

  …los átomos, en caída libre en el vacío, se desvían de su trayectoria rectilínea "sólo lo suficiente para que pueda decirse que su movimiento ha variado". Lucrecio lo repite un poco después, redefiniendo esta desviación: nec plus quamminimuin, estrictamente la mínima. El mundo no es en principio ese movimiento abierto compuesto de rotación y traslación. Este último resulta del flujo y la caída, de la cascada laminar.4  

El lenguaje desciende como la lluvia, el átomo es lluvia laminar, cascada significante que sólo en su desviación produce sentido. Un movimiento mínimo, el mínimo sensible que produce un torbellino.

Pensemos con Bartra que ese sutil aleteo de la mariposa en los Pirineos del que los meteorólogos piensan tiene la capacidad de desencadenar una multiplicidad de consecuencias llegando a provocar, posteriormente, una tormenta sobre el río Main, nos remite no sólo al aleteo sino en la conjugación de efectos que parecen contradictorios, los “extraños atractores” que tocan desde azar las turbulencias de la naturaleza misma… por un lado atraen los acontecimientos hacia trayectorias cercanas que convergen hacia ellos, por otro, tienen una dependencia sensible a las condiciones iniciales, como la nube de la que no se puede prever la forma posterior que tomará, o el humo del cigarro, o el vuelo del papalote. La mano que arroja el dado nunca podrá hacerlo de la misma manera.5 La pregunta del niño, como aleteo de mariposa, no alcanza a prever sus efectos, puede provocar una tempestad, por ello resulta muchas veces desdeñada, clausurada.

La no predictibilidad la proporciona el clinamen del átomo. La cascada de flujo laminar repentinamente produce una turbulencia, una pequeña desviación mínima que provoca una angulación. Ello no es un asunto propiamente de la libertad del alma, tal como interpretaron muchos pensadores la física de Lucrecio, sino el clinamen de la propia materia, el movimiento angular del átomo. …el clinamen es la condición mínima que podemos concebir para la formación primigenia de una turbulencia.6  La voz del niño se produce como caudal laminar, la materialidad atómica de la palabra provoca la turbulencia, que en el adulto terminó por ser entubada, encausada en el sistema de administración de flujos, de desagües, como ocurre en la práctica educativa misma.

  La máquina de enseñanza obligatoria no comunica informaciones, sino que impone al niño coordenadas semióticas con todas las bases duales de la gramática (masculino-femenino, singular-plural, sustantivo-verbo, sujeto de enunciado-sujeto de enunciación, etc.). 7  

La máquina de enseñanza impone coordenadas, confecciona una ortopedia de las enunciaciones. Las emanaciones de los cuerpos, de las cosas, que llegan al niño como soplo, que lo hacen preguntar, decir “¿por qué no se cae la luna?” “¿Quién la sostiene?” “¿Sí se cae, por qué no se cae en mi casa?” O “Ya sé porque no tenemos sombra, se la lleva el cielo” O cuando después de un espacio de dispersión al observar que alguien tira basura nos dice, “el suelo es bueno, es para nuestros pies, la gente no”. Esa preguntas, esas palabras rompen el flujo laminar de los átomos, son el resultado de la turbulencia ocurrida en la cascada. 

Pero no se piense que 8 todo surge de la Unidad y se diversifica por el acto del clinamen. Este debate se da entre estoicos y epicúreos. Deleuze responde al respecto: Los epicúreos afirman la independencia o la pluralidad de las series causales materiales, en virtud de una declinación que afecta a cada una; y es sólo en este sentido objetivo que el clinamen puede ser llamado azar.

Todas las series causales son afectadas por el clinamen, que es su propiedad, por esta razón se parte de la multiplicidad de los átomos, y por el clinamen se encuentran.

  Y, una vez más, ¿qué es el clinamen? Es el ángulo mínimo de formación de un torbellino que aparece aleatoriamente en un flujo laminar. Así pues, imaginemos un haz de paralelas. En un punto cualquiera del flujo o de la catarata aparece un ángulo muy pequeño y, a partir de él, una espiral. En el seno de este movimiento, los átomos, hasta entonces separados, se encuentran. 9  

Encuentro atómico, reacomodos de la materia, flujos, fluidos, fluxiones, agua lustral que niega al Dios único. El orificio boca es tensado por los hilos del corazón. El líquido amniótico del mundo se desplaza, declina en volutas que producen ecos de oleajes. Ahí la consigna pretende acallar el canto ritornelo, Deleuze denunciará la manera en que el lenguaje se ha trastocado en consigna, consiga que es una sentencia de muerte sobre el hijo, el niño es condenado a morir, pues la interrogante heterogénea del clinamen es capturada, el fluir del agua se congela.

  Más que el sentido común, facultad que centralizaría las informaciones, hay que definir la abominable facultad que consiste en emitir, recibir y transmitir las consignas. El lenguaje ni siquiera está hecho para que se crea en él, sino para obedecer y hacer que se obedezca… En toda consigna, aunque sea de padre a hijo, hay una pequeña sentencia de muerte. 10  

¿Cómo pensar entonces en la fuerza de una pregunta, en la proliferación de sentido? La policía de las familias opera desde la estratificación, primero subjetivando el grito, luego conduciéndolo con los códigos de la cultura, amordazando la fuerza del torbellino. La familia primero, luego la escuela, terminan por administrar los flujos de deseo. Porque el clinamen coincide con el deseo, es la angulación del plano de inmanencia que tiende a la demolición, su pequeña variación, el deseo está del lado de lo heterogéneo. Y como la declinación puede calcularse si se quiere a partir de la vertical, se da el caso de al menos una figura en la que ambos esquemas se vuelven idénticos. Al deslizarse un momento por el clinamen mínimo, los átomos toman la mayor pendiente. El nacimiento y el origen de las cosas manan de la misma fuente. 11

Porque una mínima desviación produce la divergencia en la verticalidad. La fuente de donde emanan las cosas entonces, es la declinación. El enderezamiento es la rigidez laminar, el paralelismo, si bien en la multiplicidad, pero no produce la desviación que provoca el conato.

El origen de la cosas, su creación, emana de la turbulencia. El lenguaje que surge originariamente como grito del orificio, es grito que evoca los ruidos del mundo colados por la membrana de la placenta y la placenta es ese amboceptor que no pertenece ni al niño, ni a la madre, pero que además les toca a ambos, esa membrana es placentera, el plano de inmanencia total. Algo de ello transitará en el niño en su re-encuentro con el mundo, la voz de las rocas, el beso del árbol, la musicalidad de las estrellas,  la risa del fuego. Ese efluvio cósmico de la materia que se hace pregunta, que se encarna poesía. 

Sin embargo la estratificación tiene muy bien trazados sus territorios, sus circunscripciones. El canto del niño, el ritornelo, la pregunta, son tragadas por la enorme bocina del tráfico y la educada oreja del hombre de Razón.

  Un niño en la obscuridad, presa del miedo, se tranquiliza canturreando. Camina, camina y se para de acuerdo con su canción. Perdido, se cobija como puede o se orienta a duras penas con su cancioncilla. Esa cancioncilla es como el esbozo de un centro estable y tranquilo, estabilizante y tranquilizante, en el seno del caos. Es muy posible que el niño, al mismo tiempo que canta, salte, acelere o aminore su paso; pero la canción ya es en sí misma un salto: salta del caos a un principio de orden en el caos, pero también corre constantemente el riesgo de desintegrarse. 12  

El niño canta y se sostiene en su vaivén, logra arrinconar la noche de sus monstruos, les canta para devenir monstruo y enfrentarse a monstruos, deviene monstruo cantor contra el caos de la sorda madrugada.  El canto como pregunta, ¿a quién? al sonido mismo. El canto es otro flujo laminar que vibra en turbulencia. Espiral que se eleva en la atmósfera plana, intenta producir sentido.

Pero también la membrana boca se abre y cierra, pregunta o repite la consigna. Habla desde su muerte anidada en la materia, lo flujos buscan también su abolición. Mi alma misma, el mundo, los objetos y los cuerpos están, en el momento de su nacimiento, en su declive. Lo que significa, en sentido ordinario, que son mortales y están destinados a la destrucción. Pero quiere también decir que se constituyen y se forman. La naturaleza declina: tal es su acta de nacimiento y de estabilidad.13

Perder la placenta es declinar, perder la palabra mítica originaria. Por ello sigue el deambular, el erranzar, la vida nómada. Pero esta vida hace pregunta, hace poesía. Es deslizarse en la pendiente, la pregunta es una pendiente, el niño pende de un fluir de cosas, hace el remolino de colores. La pregunta deja el saber pendiente.  El niño pregunta “papá, ¿por qué nos sigue esa torre?” y mira el movimiento de perspectiva de la geometría circundante, se siente perseguido por la torre. El niño cuestiona “¿cómo es que dios hizo los huesos, cómo los metió en la carnita?” Cuestionamiento al Juicio de Dios, a su omnipotencia. El niño se percata de que no es posible, a menos que haya algún artificio, meter huesos en la carne sin causar estragos.

Pregunta imposible de acallar, pues en cada niño resurge, como infinita repetición de lo heterogéneo. Y es heterogéneo como lo es el clinamen. Lucrecio partió de lo heterogéneo. Es un modelo de devenir y de heterogeneidad, que se opone al modelo estable, eterno, idéntico, constante.... la famosa declinación del átomo proporciona ese modelo de heterogeneidad, de paso o de devenir a lo heterogéneo.14

El átomo es palabra, letra, pregunta. Siendo fluido, caudal, produce turbulencia. Heterogeneidad en la multiplicidad. El aleteo de la mariposa es el clinamen, las fluctuaciones del río que llevó a Moisés en su travesía.

La insistente pregunta del niño es contra-efectuación frente a la estratificación. Es pregunta atómica, destruye en su construcción, parte de la multiplicidad a la heterogeneidad. No es un asunto sólo metafórico, no es que se use la metáfora hidráulica, de los fluidos para pensar asuntos que tocan lo cotidiano; el átomo es la vida, o mejor, es el clinamen del átomo lo que produce el sentido.

  Ocurra lo que ocurra, todo deriva de los átomos originarios como capa de fondo. Todo deriva de las raíces elementales: así sucede con las palabras, esos agregados variables de átomos-letras. Este es el origen del sentido, el relámpago que atraviesa el telón de fondo y que es un ruido de fondo. El sentido no es más que su pendiente, es el sentido de la pendiente. Él mismo es una deriva.15  

Mucho puede decirse aún de lo que dicen los niños, pero el decir sobre los niños, la interpretación de su palabra ya es presa de la estratificación. Nosotros difícilmente hablamos con los niños, les imponemos consignas. Es interesante ver como a medida que vamos creciendo, la fuerza domesticadora termina por introducirnos en el falso infinito. El clinamen del átomo-letra, quizá es vehiculizado en la utilización del discurso como sometimiento. La pregunta se torna consigna. Es tal la eficacia de los aparatos de captura que manufacturan su propia ortopedia desde una atomicidad asesina. Porque en efecto, la fuerza atómica del clinamen, también se ha magnificado en bomba atómica. La pregunta deviene historia  a ser contada, la historia está anudada en la física, canta con el rayo y el torbellino.

  La historia es una física, y no al contrario. El lenguaje está ante todo en los cuerpos. La caída no tiene memoria, no tiene código. La naturaleza no codifica lo universal. Sean cuales sean las condiciones iniciales, la caída se produce. El clinamen opera la primera codificación, introduce un tiempo nuevo, el escrito, la memoria, lo reversible y la neguentropía. Y el espacio está sembrado de tablas de la ley. La física local se regula por los foederanaturae. Nuestra historia es un flujo en los límites extremos de estos cuerpos-circunstancias, un flujo aún más lábil que retenemos gracias a las leyes civiles, a nuestros contratos y a nuestros textos.16  

Quisiera concluir este breve ensayo reivindicando lo intempestivo, la turbulencia del niño y su pregunta, el clinamen del átomo; convocar a una poética de las turbulencias, al ejercicio de la contra-efectuación, a la guerrilla contra la consigna para alimentar el fuego de las vibraciones. En ello es posible pensar una historia del cuerpo y sus orificios que preguntan, que interrogan, el flujo del amor por la carne que invita a pensar la materia en la vibración del polvo enamorado de Quevedo. Pensar al niño, como al pequeño Lucrecio, jugando en la arena, escuchando los murmullos del mar, zigzagueando pupilas con las angulaciones que las gotas de lluvia dibujan en el horizonte que está por venir.

 

Bibliografía.

Serres M. (1994) El nacimiento de la física en el texto de Lucrecio. Caudales y turbulencias. Editorial Pre-textos, España

Deleuze, G. y  Guattari, F. (2002) Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Editorial Pre-textos. España

Deleuze, G. (1996). “Lo que dicen los niños.” En Crítica y clínica. Editorial Anagrama, Barcelona, España.
pag. 98

Deleuze, G. (1989) Lucrecio y el simulacro, En Lógica del sentido. Edición Electrónica de www.philosophia.cl / Escuela de Filosofía Universidad ARCIS. pag. 194

 

 

REFERENCIAS

1 Deleuze, G. (1996). “Lo que dicen los niños.” En Crítica y clínica. Editorial Anagrama, Barcelona, España. pag.98
2 Deleuze, G. (1989) Lucrecio y el simulacro, En Lógica del sentido. Edición Electrónica de www.philosophia.cl / Escuela de Filosofía Universidad ARCIS. pag. 194
3

Serres M. (1994) El nacimiento de la física en el texto de Lucrecio. Caudales y turbulencias. Editorial Pre-textos, España, pag. 55

4 Ídem pag. 22
5 Bartra, Roger, (2004)  “El duelo de los ángeles. Locura sublime, tedio y melancolía en el pensamiento moderno”, Valencia, Pre-textos.
6 Ídem pag. 22
7

Deleuze, G. y  Guattari, F. (2002) Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Editorial Pre-textos. España.  pag. 81

8 Deleuze, G. (1989) pag. 192
9

Serres, M. Op. Cit.  pag. 23

10

Deleuze, G. y Guattari F. Op. Cit. p. 82

11

Serres, M. Op cit. p. 53

12 Deleuze, G. y Guattari F. Op. Cit. pag. 318
13 Serres, Op. Cit. pag.  54
14

Deleuze, G. y Guattari, F. Op. Cit. pag. 368

15 Serres, M. Op Cit. pag. 54
16

ídem pag. 177

 

 

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