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COMO LOS ERIZOS, YA SABÉIS… *

JOCELYN PANTOJA 1

 

 

 

Como los erizos, ya sabéis, los hombres un día sintieron su frío. Y quisieron compartirlo. Entonces inventaron el amor. El resultado fue, ya sabéis, como en los erizos.
¿Qué queda de las alegrías y penas del amor cuando éste desaparece? Nada, o peor que nada; queda el recuerdo de un olvido. Y menos mal cuando no lo punza la sombra de aquellas espinas; de aquellas espinas, ya sabéis.
Las siguientes páginas son el recuerdo de un olvido.”

Luis Cernuda

 

Me gustaría hablar de lo extraordinario que fue conocer a Max Rojas, al poeta, pero sobre todo, al hombre cabal y coherente en su palabra y acción. Un hombre íntegro, moral, que siempre estuvo consciente de las realidades terribles de la injusticia y del desastre que implicó el fracaso de los sistemas libertarios y de izquierda por los que luchó desde su juventud y hasta el final.  En ese sentido nuestro encuentro, el compartir su escucha y consejo fueron sin duda un privilegio.

Conocí a Max Rojas en mayo del 2007, en sus palabras en “una tarde espléndida”, la poeta nicaragüense Gema Santamaría y yo fuimos invitadas a compartir una lectura con él, desde esa tarde y durante varios de los siguientes años, lectura de poesía y Max siempre estuvieron en la misma frase. Max decía que nunca había conocido tantos poetas hasta que me conoció, hace sentido, tanto porque me dedico a editar poesía, como porque por aquellas épocas y junto a Iván Cruz, Gabriela Astorga, Benjamín Morales y otros más organizamos el primer “Vértigo de los aires” Encuentro de poetas jóvenes en el Centro Histórico, que en sus tres emisiones reunió un total aproximado 200 poetas jóvenes y unos 15 poetas mayores. Así que lo pasamos nuevamente palabras  de Max: “maravillosamente”.

Es necesario mencionar que si bien Max disfrutó mucho la compañía de los poetas, él mismo admitió que su autoexilio del mundillo literario fue voluntario.  Tanto ello como el silencio que guardó durante 30 años, son enigmáticos; pero cuando se le cuestionaba al respeto, decía que durante ese tiempo fue tan feliz que no necesito escribir poesía, con ello se refería sin duda a lo mucho que lo lleno su hermosa familia: Tere, Pablo y Marcela.  Lo del “mundillo” es cosa aparte, y probablemente se debe a qué lejos de encontrar ambientes propicios que compartieran, no sólo su estética si no su ética, los tiempos represivos que corrían en el momento de su primera obra, lo obligaron a volcarse más a la camaradería de la lucha política.

Anécdotas y recuerdos tengo muchos,  pero quiero compartir uno de los más queridos: el 6 de octubre de 2007 en un Hotel de la Zona Rosa Max, el poeta chileno Raúl Zurita y el poeta y editor cubano Luis Marré discurrían una larga conversación (mientras yo me apresuraba a dejar, no recuerdo que tantos asuntos resueltos), la plática versó sobre los proyectos poéticos de Max y Raúl. Después de que Max narrará su propuesta con Cuerpos, Raúl  siempre atento y amable le tomó el hombro y le dijo: “Sabe Max, yo creo en esas apuestas de vida”, Max sonrió, sabía que en verdad había apostado por una vida indisociable de la poesía y que esos Cuerpos lo reencarnarían en cada lectura. Y así lo escribió:

Dictar oráculos en medio del vacío,
Trasmigrar de cuerpo muerto a cuerpo vivo
Y proclamar que ha vuelto
que es posible reencarnar sin muchos tratamientos médicos;
mucho sufrimiento en el tránsito que hay de lo mortal
a lo inmortal de la carne entendido como una gloria excelsa,
un modo de morir y renacer de cualquier modo,

(Cuerpos cinco “Las escrituras del silencio”, CONACULTA, 2012)

 

El Max de Cuerpos

El mecanismo infalible de Max ante el olvido era una libreta Scribe que le acompañaba indefectiblemente a cualquier sitio: a los cafés en donde nos citábamos, o como él confiesa acerca del cómo escribió Ser en la sombra al transporte público. Siempre que tenía un momento Max escribía en ella. También y así lo imagino durante las madrugadas, al despertar y todo tiempo, en el caso de Cuerpos, su hija Marcela le auxilió a transcribir la mayor parte.

Varias cosas me resultan hoy sorprendentes de Max, la primera de ellas la constancia. Él mencionaba que Cuerpos lo había poseído, es decir que el poema lo había tomado a él y constantemente lo refería como un “otro”, decía “el poema no me admite más que comas”, “el poema se va a seguir escribiendo cuando yo me muera”, y así, Max lo humanizaba todo, de ahí que su propio poema fuera en su aventura escritural su principal interlocutor.

Lo más cautivante del tiempo en que el poema estaba en proceso quizá fuera que efectivamente era un permanente fluir, como si Max hubiera dado con la fuente de la poesía misma, a él también lo asombraba y decía “quién me iba a decir que de tener una obra casi anoréxica fuera yo a estar escribiendo este poema que no me deja”. Y efectivamente no lo dejaba, hasta que él mismo dijo ¡hasta aquí!: “para mediados del 2009 el libro terminó por hartarme, así que lo abandoné, lo que no quiere decir que esté terminado”.

En la ocasión de la presentación del cuarto título de cuerpos publicado hacia el 2009 Prosecusión de los naufragios,  en presentación que realizó el maestro González Rojo Arthur, a quien Max admiraba profundamente y lo consideraba un amigo. El maestro González Rojo Arthur mencionó, un asunto con el que estoy absolutamente de acuerdo: “Max y él son los únicos poetas en México que han escrito lo que el propio poeta denomina “poemas de nunca acabar”, el de González Rojo Para deletrear el infinito y Cuerpos de Max ambos son dos ríos que fluyen que fluyen…”, González Rojo le reconoce a Max su originalidad y muy personal estilo que “no se sujeta a modas o tendencias y crea su propia estética”. Cito esto no sólo para valerme de la autoridad del maestro González Rojo, sino para hablar del fin último e interés de Max sobre la poesía: él en su coherencia siempre fue muy claro: construyó una lógica poética en donde exploró sus obsesiones. Estas, me parece, son nítidas a lo largo de  obra de Max y se intuyen desde su primera obra: el amor con su consecuente dolor en el desamor, el silencio y la pregunta permanente sobre la existencia, una permanente reflexión sobre el inexpugnable correr del tiempo, pero también  el volcar la angustia existencial en una fuerza que recrea la contingencia que lo devora todo:

“A mi me duele el silencio
con que resguardo mis penas;
mucho más me duele el grito
con el quiero acallarlas:
que si el silencio me quema,
el grito me desbarata,
y entre la lumbre y el miedo
me están matando a pedazos:
que a mí me duele el silencio
bajo el que escondo mis penas,
pero más me duele el grito
con el que quiero acallarlas”

Canciones para espera la muerte, (Obra primera, Malpaís, 2011.)

 

para cumplir las devociones que hacen falta
para que amor integre su pasión de esfera y se dé entero,
cuerpo en movimiento desplegado al aire
en viaje hacia una luz que magnifica la intensidad rabiosa
que despide un cuerpo cuando ama y extiende su potencia
hasta colmar a todo espacio que pudiera
haber quedado  hueco
sin llenarse.

Prosecusión de los naufragios, CONACULTA, 2012.

 

Desde el minuto que lo escuché en aquella lectura donde nos conocimos, hasta ahora que lo releo, en esperanza de seguir escuchando su  portentosa voz, me pareció que estaba frente a un fenómeno poético irrepetible. Max es una fulgurosa singularidad dentro de la poesía mexicana, no sólo porque haya escrito – y habrá que decirlo fuerte y alto  al fin que logremos pronto tener los próximos volúmenes de Cuerpos, (19 de ellos inéditos)– el poema en español más extenso de todos los tiempos y en ese sentido monumental , sino porque, como el auguró, ese será un poema que se seguirá escribiendo a sí mismo gracias al mecanismo fractal de sus versos y su posibilidad combinatoria de lectura aleatoria, siempre ante la relectura encontraremos nuevos Cuerpos y en ellos a un poeta de voz amplía y fuerte: telúrica. Un poeta que tuvo la capacidad de recomponer su silencio en grito y dejar que este lo devorará y lo regresará una mil y veces al círculo infinito del genio creativo que construye máquinas del tiempo, así que hay Max Rojas para rato, de nuevo él lo dice:

“como mundo circular que vuelve siempre al punto de partida,
eternidad de los regresos cuando se está en la duermevela
y son los mismo cuerpos los que llaman a la misma puerta,
idéntico el recurso que usa la memoria
para quedarse quieta
justo antes de que lleguen los olvidos y se lleven todo”.

(Prosecusión de los naufragios, CONACULTA, 2012)

 

El primer libro que Max me regaló fue el Turno del aullante en su edición de Claves Latinoamericanas de 1983, me gusta mucho su anécdota sobre el poema X, sin duda uno de los más leídos de su obra y que lo convirtieron en el hito del under de la poesía mexicana, cito el inicio para que lo recuerden “Caidal mi pinche extrañación vino de golpe…” y continuó con la anécdota: él decía que al final de una huelga de trasporte público para levantar el ánimo de los huelguistas que después serían reprimidos lo leyó, y que recibió además de su primera  ovación como poeta, la crítica más aguda y sincera que jamás nadie le había hecho, la hizo un tranviario, éste se acercó y le dijo “no le entendí ni madres, pero me llegó el chigadazo”. Así explicaba Max, que debía ser la poesía y así la escribía, siempre buscando mover, remover y jugárselo el todo por el todo, de ahí que el fuera lapidario en sus opiniones con los jóvenes poetas, o había poesía o no la había, nunca gusto de formalismos que engolaran o de falsos recursos, todo aquello que no implicará una apuesta y una batalla en el poema mismo, donde la fibra se pusiera al límite de la tensión y se descarnará la intención de la emoción, no valía. Su faceta como crítico de la obra de los entonces jóvenes que nos reuníamos con él, o a las lecturas a las que asistía , era sencilla, decía que era bueno si lo merecía y callaba y pedía otra cerveza si no. Ello no le impidió prologar, o presentar a muchos, en verdad muchos poetas jóvenes. Quiero llegar con ello a la deuda que mi generación guarda no sólo con la obra de Max si no con su persona, solidario como ninguno, pasaba largas tardes llenándonos con sus vivencias y compartiendo obras clásicas y contemporáneas, externando sus opiniones poéticas y políticas entre tequilas y cigarros Delicados sin filtro. Asistimos lo mismo a la Casa del Poeta que al Alicia o las fiestas en la Pirámide, o al bar o cantina en turno que obligara el seguir transnochando en el goce de la compañía y la fiesta. En eso creo que vale recordar que Max disfrutaba enormemente la vida, y la vida como es: con la alegría y la pena. A veces creo que en realidad era el gemelo de Max como él decía el que escribía, esto lo  decía porque era Geminis de ahí que los temas de  su obra contrasten con lo que en realidad era un carácter afable y de un humor denso pero humor.

La deuda entonces con el poeta y con el hombre está contraída, generoso como era nos ha legado además de un ejemplo de vida, su obra, tenemos la responsabilidad de seguir difundiendo su originalidad , al fin de trasmitirla íntegra a nuevas generaciones, en ello nos queda camino por andar, él soltó las amarras y nos dejo un poema para la eternidad:

Y los círculos
se estrechan de tal modo que la distancia
se angosta demasiado
y no se puede ni mover un dedo para encender un cigarrillo
y esperar,
por si pasa el círculo que si le pertenece a uno,
no el prestado,
aunque uno cree que es el de uno no sea del todo
si no un préstamo del todo involuntario
y suelte el equipaje cuando quiera prestar su circularidad
a cualquiera que pase por la calle
o a otra soledad enmarañada que se encuentre
otro medio de trasporte que lo lleve y lo traiga
lo distraiga haciéndole sentir que es persona de importancia
y que su círculo se encarga de moverlo un sujeto
que transciende su existencia fáctica
y lo lleva más allá de verdad inolvidable,
ser en la perpetua memoria de la especie
un accesible objeto rutilante,
Casi un cuerpo que se instala en la perenidad.

“Separación de los amantes” (p. 564), CONACULTA, 2012.

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* Texto leído en el homenaje póstumo a Max Rojas realizado en la Sala Manuel M. Ponce, del Palacio de Bellas, el 02 de junio del 2015.
1 Jocelyn Pantoja. (México, 1978). Poeta, editora y gestora cultural. Estudió la carrera de Letras Clásicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Directora del Proyecto Literal desde el 2003. Fue miembro del Comité Organizador de Estoy Afuera. Encuentro Iberoamericano de poetas jóvenes (ciudad de México, octubre 2005) y de El Vértigo de los aires. Encuentro Iberoamericano de poetas en el Centro Histórico (2007, 2009  y 2011). Ha publicado los poemarios: Geografías y Fronteras (2007), Amor X (2009), ambos en Generación espontánea, La verdadera Historia de las Kitties, Honda Nómada 2010 y Baile del Sol 2012 y Tránsfuga por L.E.A., México, 2013.  Actualmente es directora editorial de Literatura y Alternativas en Servicios Editoriales responsable del proyecto www.libroalacarta.com y presidente de la Asociación de Escritores de México, A.C., que este año celebra su L aniversario.

 

 

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