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C15

DERRUSIÓN

ABRAHAM PÉREZ ARAGÓN

 

 

Se abre la brecha

violento presagio de la lumbre
súbita ruptura del cristal
desmoronero

Se desborda el arenal de su silencio

Se asoma el velo
al fondo de la ruptura

Inminente trazo
del aparto desgarrante

solitaria estatua
movimiento de las sombras

Solvencia de la cumbre
desladrillamiento de la memoria
carne de piedra en el derrumbe

 

Derrusión
Indómita lejanía

Lóbregas y tiernas
anaranjaduras

Húmedos y henchidos
los ocres

Catarata de los siglos
despuntando los rincones
estertóreo torrente
de arcilloso rampar

Se estiran las horas
se abren como tierno botón
como tajo de fulgor en la noche
como una oscuridad herida
en el corazón de su negrura

 

Derruida transcurrencia
de creciente escarpadura
abisal serranía
sulfuroso firmamento
ferrosa la caída

 

Transcurso pleno de vacíos

embargo

desamueblado el cuerpo

clausurados los sentidos

va sistolando el nacimiento
al quiebre de la edad primera

exhaladas las figuras
en perpetua voluta

despedazados los silencios

Me proscribo

Abro los ojos
salgo del arenal

y el oleaje de cuerpos
se enterrece
se hace cordillera que circula
en perpetuo redondel

Breves existencias
de anonimato mineral

alzándose como bocas de piedra
alzándose con esa sed de nombres
raspando el gargantal del agua
mezclando borboteos salobres

efímeros espejos
quebrados en la brisa

danza de turgencias
que se miran restallar

resuello de obsidiana
de bruñidos párpados
y sombra de cristal

Todo se derrumba

Se escapa el tiempo
como gigante en lomos de un enano
como mar de arena entre aguazal
como montaña que se hunde en los abismos

pájaro de latidos
afiladas plumas de quetzal
aspas alegres del primer aullido

Canto de mamífero volante
que muerde el agua y la fractura

pájaro de energía
gorjeando sequedad

carroñero de la sed
que apura el trago de la vida

Y busco el ritmo de los signos
prolongarme en su avidez
pero al músico no alcanzo 
a la entraña voz de las cenizas

Básteme con estirar las hebras
y diafanar los sabores dulces
diafanar a gritos las tumefacciones
encarnar en el soporte vaporoso

de la caída

liquidecer la arcilla,
y transparentar lo demasiado rojo

Así con la cabronadura
como con el mar de hocicaderas

sacar el alma de la rabia
reubicar el rabial

ser transitado
por una marejada de sonidos

beber del vino
raspar la herrumbre
abolir la culpa

destrozar al hombre y volverlo a armar

como se arma una bronca
o un corrosible andamiaje
manojo de deseos
que es el hombre

Iluminando el hierro sanguíneo
crepitando los rastrojos de azafrán
mordiéndonos la dentadura hasta escupirla
ahuyentando el bermejeo de  la gotera
atendiendo al mismiseo de la sierpe
que renuncia a la opostura

remismadora

silenciera

En el primitivo polvo de esa brisa

en el más elemental grano de aquella niebla
es donde yace el brote
el otro grano
el otro canto

Fiebre de gorrión cantando  por la noche
cuando ya no quedaron días

encarnado tristar
nuestro lunario en el oído

dérmica la voz del árbol
derritiendo sus texturas

apajarada diastolación

síncope

 

 

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