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C5

MAX ROJAS ENCAJUELADO
AFUERA O TIRITANDO
ADENTRO DEL POEMA
*

SOFÍA RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ

 

¿Cómo se escribe poesía en un mundo del simulacro, donde los hechos y las palabras se han convertido en un enorme basurero? ¿Cómo se escribe la poesía necesaria para llegar a develar lo humano? Cuando las palabras ya no dicen lo que deben decir, hay que preguntarle a Max Rojas.

 

Esto del palabreaje humano es cosa mala, Perro. ¿De qué carajo sirven las malditas palabras?; tanto que nos costó aprender a hablar, para decirle hurañas palabras de ternura, y nada, Perro, sólo pedazos de trozadas palabras de ternura nos quedaron. Esto del palabreaje humano es cosa mala, Perro.

La poesía de Max nos lleva a un lugar donde no existe ningún código para interpretarla.
¿Entonces qué queda? La poesía arrancada a la poesía misma. La poesía como la única capaz de romperse a sí misma para nacer de nuevo, para volver a decir. Y en este volver a decir no hay ninguna consideración, ya que, como bien nos dice el poeta: “sé que estoy ladrando a falta de lenguaje”. Desde El turno del aullante, su primer libro, publicado en 1983, nos encontramos ya sin referentes, sin memoria, a la intemperie.

  No he podido llegar, pero no importa;
han sucedido cosas a todo esto: nacieron gentes
y vinieron visitas y pasaron tranvías largos como la noche;
mi único traje se volvió ceniza, mi triste hueco
se largó a paseo, me atardeció de pronto,
no sé, sin enterarme; luego empezó a llover y no hubo tiempo,
no hubo manera de llegar a parte alguna; me encontré
de repente sin memoria, y olvidé todo aquello que me hería.

¿Cómo reparar cada día si está irremediablemente roto? Su poesía nos desarma, nos desnuda, nos saca de cauce; uno no se explica cómo el lenguaje puede golpear tanto y tan adentro:

  Olvidé tantas cosas desde anoche
que olvidé que mi cuerpo estaba roto y ahora está
no se dónde, cayéndose de olvido; de esto, a veces,
me acuerdo con nostalgia: salgo por él gritando
como un loco, y acabo sin remedio tropezando

En Ser en la sombra, su segundo libro publicado en 1986, la búsqueda prosigue, desde un lenguaje más contenido que en El turno... y se profundizan ciertas rutas por las que desembocará su obra posterior: el tema del cuerpo, la búsqueda del poeta en el cuerpo de una mujer.

 

Esta búsqueda atroz que ya termine;
este mordisco, no, que me desgarra.
Ven. Mi sombra no te hará nunca más daño.
Se ha ido ya, sobre cristales rotos:
Se ha ido ya, pero ha dejado las guitarras
Vuelve. Es un clamor. Regresa.

[...]

Pero ya: que esto termine;
este irse apenumbrando entre el olvido,
este yacer entre herrumbrados fierros,
esta batalla atroz por hallarme en tu cuerpo,
que terminen.
—¡Adiós!
(Cuánta tristeza, amor, cuánta tristeza.)

Así, lleno de agujeros, como queda testimonio en Memoria del perro, Max vuelve a su guarida y guarda silencio poético durante casi treinta años. Cuando Max creyó que había exorcizado al demonio de la escritura, la poesía lo llamó y le exigió cuentas. Ya en 1990 se prometió que, si volvía a escribir, escribiría un poema titulado Cuerpos, pero es hasta el año 2003 cuando comenzó a fluir, no sólo su poema más largo, sino —sin duda— uno de los más extensos poemas de la historia. Cuerpos arranca, bajo la premisa de que el poeta revise sus culpas, a la luz de todos los rostros y cuerpos de mujer que de alguna manera le han enseñado algo y que él, en la imposibilidad de abrirse del todo, dejó pasar. Culpas ya manifiestas en su obra anterior:

 

La culpa, Perro, la culpa, ese animal que a dentelladas me ha sajado las entrañas, ese aullido que adentro me alarida. Perro, ¿cómo puede uno expiar sus culpas?

Veintitantos años después, Max escribirá La lujuria, Cuerpos, la espléndida lujuria, ritmo que recuerda al fragmento anterior, pero ahora la lujuria ha vencido a la culpa, y esa mujer de cuerpo entero, tantas veces evocada, es también la interlocutora largamente esperada, con quien el poeta dialoga para entender y entenderse:

  Se huye.
Uno se vuelve sombra fatigada
y se disloca,
se cuartea la huesumbre,
el alma se acongoja y pierde su condición
de almario
donde las penas y el amor que se extravió
hace mucho
custodian su vigilia permanente
a la espera del sueño,
del regreso corpóreo de lo ido

El amor y desamor como aprendizaje a través de los cuerpos, donde el cuerpo femenino es el que llama a ese encuentro. El camino de cada poeta, el único posible, es él mismo. Max sabe que regresa, lo sabe desde El turno del aullante. También sabe que cuando uno regresa, siempre es de la muerte:

  No estaré mucho tiempo porque es tarde
y aún tengo que juntar ciertos recuerdos,
despedirme de aquellos que me olvidan
y volver, otra vez, donde mi muerte.

Por eso su camino regresa al cuerpo: nacemos y morimos con el cuerpo, única certeza del principio y el fin. Aparentemente transitamos con el mismo cuerpo, aunque todo nos indique que se vuelve otro, se rebela y, en esa paulatina capitulación y abandono, seguimos con un poco de ironía para aguantar, para no dejar de presenciar el derrumbe.

  [...] vivir la desazón
que causa un cuerpo visto como antesala del infierno,
vestíbulo de los achicharrados que cargan su alma a cuestas,
su muerte volteada de cabeza y con los pies
desgañitando al aire,
grite y grite los pies la traqueteada muerte
que se trae a cuestas
como un armario en desvencije [...]

Max viaja a través de su cuerpo para encontrar a los otros y viceversa. Nos recuerda que pensar es pensar siempre desde el cuerpo, desde la memoria de otros cuerpos o desde la transmutación de éstos, en estufas pensantes o melancólicas. Donde los sentimientos humanos se evaden del cuerpo y se esconden en un mundo de objetos semiderruidos que, sin embargo, los contienen con mayor ternura que el propio cuerpo. Las emociones han sido expulsadas del cuerpo, porque los hombres ya no les dan cabida.

  [...] las paredes que de repente se desploman
con ciertas ansias
de aplastar a alguien
en la tremenda confusión causada por los mapas
que no saben
a dónde dirigirse,
geógrafo extraviado a la mitad de todos los caminos de este mundo,
las sórdidas callejas donde la misma noche presiente
que está a punto de perder la línea horizontal
que le sirve como báculo para no errar su paso titubeante,
su cansante función de cuidar que lo nocturno
no pueda dormitar [...]

Puedo tal vez, seguir algunas rutas por las cuales transitó el poeta. Pero el poema es otra cosa, y más aun un poema como Cuerpos, que parece emerger siempre de las cenizas, estar hecho de ellas. Un poema fundido con el autor, como si fuera su sangre, su cuerpo mismo. Un poema al que se cae como a un abismo que parece no tener fin, y no lo tiene.

Cuerpos se hace constantemente, no puede detenerse. “Mi reino no es de estemundo”, me dice Max en broma, pero lo cierto es que Cuerpos no es algo que puedaescribirse en siete días —ni en setecientos—, y su lectura nos sugiere que podemosagregar los ceros que queramos, que este poema no se acabará nunca porque terminará escribiéndose solo. Las libretas acompañan al poeta a todos lados, la gente le pregunta qué es eso que escribe sin parar, de dónde sale ese torrente sin fin. El poetacontesta que no lo sabe. ¿Sabe alguien de dónde surge la poesía? El misterio se confirma. Por fin un poeta nos habla con absoluta sinceridad. Atrapa esa sustancia,juega con ella y declara sin empacho que ni siquiera está seguro de si es un poema: “No era [Cuerpos], pues, ni lo sigue siendo, un poema, sino una especie de diluvio universal de palabras, imágenes, conceptos, furias y ternuras, obsesiones, ensueños y pesadillas que jamás imaginé que existieran es ese caldero hirviente que los poetas tienen en algún lugar de la sesera y que es de donde —yo supongo— los poetas extraen sus poemas, el que cayó sobre mí y amenazó aún más el desquicio del que, por fortuna, he disfrutado toda mi vida.”

Este espíritu rebelde e inconforme puede hablarnos con toda verdad, entre otras cosas, porque su compromiso no está en ser ejemplo de nada. La libertad necesaria para seguir escribiendo como le venga en gana vale por todas las carreras literarias donde tarde o temprano el escritor hace concesiones. ¿Por qué habría de vender su letra, que es su sangre? Su bandera de lucha: la vida disoluta, esa vida con la cual se puede escapar de tantas cárceles, leyes no escritas con las que siempre acabamos estrangulados.

  [...] y se propone escriturar un poema en que hable de los muertos
y las cartas que dejan los suicidas
y de los cuerpos vivos,
dichosos cuerpos vivos algo ausentes como ángel de la guarda
que sufre de jaqueca y padece por nosotros, pecadores [...]

Nunca como en este poema se hace tan evidente que lo que escribamos hoy no podrá ser lo mismo que mañana. Estamos continuamente en un río que no es el mismo. Pero la memoria nos da ritmos y frecuencias conocidas para sostener nuestra precaria voluntad. Poema inscrito en el cuerpo, se atiene a sus sobresaltos, sus mañas, sus íntimos sonidos, desvaríos o formas. Su escritura es, lo que no termina nunca, como la sangre. La sangre que cierra el paso a la muerte que nos acecha cada día en un mundo donde tomar un trago de cerveza te convierte en un criminal, pero se permite asesinar a un pueblo. Para seguir vivos construimos refugios. Max, con palabras, construye una trinchera de salidas y entradas imposibles.

  Como el sentido de la pérdida que aqueja al poeta
que consideracomo muy posible estar metido, en este instante,
como lo ha querido muchas veces sin lograrlo
estar adentro de su poema
que, en ocasiones, se escritura solo
pero, en otras, se espantan las palabras
y dicen no lo que el poeta considera
que debieran decir
sino otras cosas que no tienen nada que ver
con lo que el poeta quiere que se diga
y por eso —entre otras causas—, el autor de este poema interminable
no acaba de saber si está ya adentro,
en el caso que pudiera de verdad entrarse al interior
del poema
o sigue, como siempre,
encajuelado afuera,
tiritando adentro
o a la mitad, según costumbre

Un refugio a toda prueba donde la vida aún puede ser vida, aunque casi siempre lo es en las emociones de los muertos, objetos o animales. Una vida que crece y echa ramas con la sencillez de un árbol, una bisagra puesta a prueba o un manatí que aplaude.

En Cuerpos, Max se asoma a un mundo que, como el nuestro, ha perdido toda cordura. Sobrevive la ironía a manera de esperanza. Un mundo dentro de otro, que otro mundo contiene; abolido el espacio, los escenarios convergen y se contienen mutuamente. El tiempo, la cronomanía de nuestra época también se ha diluido, como parte no esencial, ni siquiera necesaria, para hablar de lo que sin detenerse sucede, sucede y sigue por suceder.

  [...] los muertos
concursaban a ver quién se llevaba como premio la más abstracta forma condensada
en una luz violeta,
a la manera de un líquido espinal que saca la vida por los ojos
y la pone a contemplar el paso de los cuerpos que discurren
en lo frío del alba,
lo aterido de los huesos que resguardan de lo cálido
a las estufas calcinadas que bloquean el pasadizo que permite que los huecos
ocupen todo espacio que no se encuentre por completo lleno[...]

“¿Cómo estás?” me pregunta Max. “Tengo gripa”, contesto. “¡Cuánto me alegro!; te lo digo para levantarte el ánimo.” Inmediatamente me siento mejor. El poeta desarma con la autoridad que le da la práctica de no tomarse en serio; además, él viene siempre de la poesía y ahí, también los hallazgos duelen:

  que a mí me duele el silencio
bajo el que escondo mis penas,
pero más me duele el grito
con el que quiero callarlas.

 

 

* Este teto fue publicado por primera vez en el número 45 de Alforja: Revista de Poesía, en el verano del 2008. http://www.alforjapoesia.com/monografico/contenidos/monografia_45.pdf. ERRANCIA agradece a Sofía Rodríguez Fernández su escritura y a la revista ALFORJA su publicación.

 

 

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