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LA FASCINACIÓN NARCISÍSTICA
EN LA SOCIEDAD DE CONSUMO.

ALGUNAS REFLEXIONES.


MIRIAM PARDO FARIÑA

 

Resumen: El desborde de la insensatez que ha configurado diversas versiones de Amo en el transcurso de la historia, se puede ver reflejado en el consumismo de nuestra época actual que bajo un manto de ilusión empuja constantemente al goce esclavizante. El énfasis puesto en el privilegio del “yo” se puede ver trasuntado en el consumo de objetos ante los cuales el consumidor se orienta con una especial pregnancia en la elección que hace de los mismos. El auge de las redes sociales en el ámbito virtual se enlaza con este cambio epocal propiciando el consumo constante de Facebook, Whatsapp, Instagram, YouTube, Twitter u otras aplicaciones que promueven la satisfacción narcisística. Por su parte, el consumismo, de la mano con las patologías del vacío, devuelve al sujeto la pregunta insistente acerca de su lugar en el Otro y su reconocimiento, pese al consumo de objetos y a la acumulación de los mismos que fascinan al consumidor recubriendo su narcisismo a partir del engaño.

 

Palabras clave: Narcisismo, estadio del espejo, yo imaginario, deseo, consumismo.

La sociedad de consumo interpela al ser humano a partir de distintas aristas, siendo una muy importante aquella relacionada con el narcisismo y la completitud imaginaria que conlleva.  En 1954, Jacques Lacan plantea la importancia del estadio del espejo como un hito que no se trata tan solo de un momento del desarrollo; cumpliendo con una especificidad central relacionada al sujeto, su imagen brindará a este último la posibilidad de dominar imaginariamente su cuerpo reconociéndose en la imagen:

  “Es ésta la aventura imaginaria por la cual el hombre, por vez primera, experimenta que él se ve, se refleja y se concibe como distinto, otro de lo que él es: dimensión esencial de lo humano, que estructura el conjunto de su vida fantasmática.”(1)

El privilegio de la satisfacción narcisística propicia que el campo de la publicidad contemporánea promueva el consumo hedonista como un ámbito destinado al autoerotismo en donde se pierde el lazo social. La obtención de los objetos de consumo, constituidos en fetiches para el sujeto, va imposibilitando el tender hacia la otredad generándose un vacío existencial imposible de colmar aunque las imágenes, a partir de las cuales el sujeto se reconoce, se establezcan como señuelos engañosos. Autores contemporáneos, tales como Zygmunt Bauman, un estudioso de las problemáticas sociales, se remitirá en varios de sus libros al constructo de lo líquido como aquello descartable y frágil tendiente a desvanecerse, tal como acontece con los vínculos o “relaciones debolsillo”(2), lo que posibilita plantear la deshumanización de los vínculos en función de los propios intereses que hacen de los lazos sociales un entramado funcional.

  “En la posmodernidad se exalta el “narcinismo” dado que se tiende a entronizar la impostura de las apariencias, a disolver los lazos sociales solidarios y a debilitar el reconocimiento responsable de la alteridad.”(3)

Retomando el estadio del espejo, en el Seminario 1 Lacan subrayará la importancia de que el ojo se ubique en una determinada posición, al interior del cono, para que se produzca la ilusión:

 

Experiencia del ramillete invertido. Lacan, Seminario 1. (4)

 

Si el ojo no se encuentra dentro del cono, entonces no podrá ver lo que es imaginario, ya que nada de lo que proviene del cono de emisión le impactará.(5)

¿Qué es lo que atrae al sujeto que consume?

Sabemos que las imágenes y los objetos de consumo se constituyen en tales en cuanto el sujeto, integrado al sistema simbólico, hace conjugar lo simbólico y lo imaginario en la constitución de lo real.(6) Lo anterior permite transitar por la cultura a través del intercambio propio de la función simbólica; sin embargo, cuando el énfasis sólo queda puesto en la imagen como si ella misma aunara la razón de ser para la existencia humana, el objeto pierde su condición de intercambio para constituirse en lo petrificado que se fija en su calidad mortuoria, al recortarse como una extensión del “yo” tendiente a generar una considerable fascinación narcisística. Cuando las grandes tiendas y el comercio en general organizan los llamados Outlet, ventas nocturnas, promociones especiales, Black Friday en Estados Unidos, etc., no es extraño constatar que lo que queda en el cono del ojo que mira, continuando con el esquema de Lacan acerca del ramillete invertido, es el objeto per se, destinado a ser sólo para mi desplazando despiadadamente al semejante constituido en un rival posible de arrebatarme el preciado tesoro. Empujones, caídas, atiborramientos, largas filas para pagar, serán parte de un escenario escindido en donde no interesa el lazo social salvo por razones estrictamente funcionales y siempre y cuando el semejante no se interponga en mi camino.

En la constitución del narcisismo, cuando se produce el paso del narcisismo primario al secundario, siempre hay algo que se pierde, vía castración, produciéndose el sujeto del inconsciente continuamente en falta. Tal condición, propia del ex-sistir a partir de lo que se perdió de una vez y para siempre, intentará infructuosamente ser colmada desde lo imaginario como si esto último fuera posible aunque funcione como engaño.

El sujeto que consume tiende hacia la acumulación de objetos, los cuales pierden la movilidad propia del intercambio. En el afán de reecontrar la perfección narcisista, no se hallará el objeto que venga a colmar la falta en la estructura; sin embargo, el consumidor insistirá en atiborrarse de cosas a poseer y que, probablemente, quedarán olvidadas o postergadas en un lugar de la casa. Tal satisfacción narcisística será en el aquí y ahora, para desvanecesrse rápidamente hasta buscar un nuevo objeto a obtener.

Para Lacan, el Yo es de naturaleza paranoica y se forma a partir de la imagen del otro reconociendo su propia perfección en el semejante quien es exterior. Esto produce un movimiento de constante competencia en donde el campo del odio reflejado en el otro como mi rival desplaza la importancia del amor para centrarse en los propios afanes narcisísticos. Así, por ejemplo, cuando se inicia una campaña publicitaria tendiente a generar consumidores ávidos de poseer lo que no tienen, pero que debieran tener por la perfección y completitud presentada a través del objeto de consumo, se genera la ilusión marcada por la igualdad imaginaria de poder obtener lo que el otro también ya posee o está por arrebatarme. Los niños y adolescentes, en numerosas ocasiones, se encontrarán compitiendo con su semejante para obtener el mismo Iphone o superior, así como el mismo juego de videos o mejor iniciando una escalada sin fin. Las campañas publicitarias elegirán muy bien a su público para crear necesidades acordes al fin perseguido en función de vender mientras el consumidor quedará alienado en lo que considera como propio y mejor que lo del otro, aunque, al final de cuentas, sólo se trate de un movimiento tendiente a continuar rivalizando para obtener el producto que no se podría obviar debido al mandato implícito de su adquisión.

A través del pasaje por el estadio del espejo, dirá Lacan, el niño quedará fascinado con la imagen, aunque se trate de una imagen ideal de sí mismo que nunca logrará alcanzar. “(...) el estadio del espejo es un drama cuyo empuje interno se precipita de la insuficiencia a la anticipación; y que para el sujeto, presa de la ilusión de la identificación espacial, maquina las fantasías que se sucederán desde una imagen fragmentada del cuerpo hasta una forma que llamaremos ortopédica de su totalidad (...).”(7) Así es como el consumidor quedará atrapado en la imagen como modelo totalizante, espejismo de perfección, al cual es posible igualar quedando relegado al lugar del desconocimiento.  Encontrándose su perfección realizada en el otro, la rivalidad se hará sentir.

El yo imaginario, que no se corresponde con la conciencia de sí, se va configurando por medio de sucesivas identificaciones imaginarias.(8) Siguiendo a Lacan, cuando Juan David Nasio (2000) hace referencia a la identificación imaginaria del yo con la imagen del otro, señala que las imágenes que constituyen el yo no se trata de cualquieras, ya que requiere de una estratificación ordenada de imágenes sucesivas “siendo cada una de ellas percibida con la pasión del odio, del amor y de la ignorancia.”(9) Lo anterior implica que la identificación yoica es selectiva con las imágenes con las cuales se reconoce, a saber, “con imágenes pregnantes que con mayor o menor proximidad evocan apasionadamente la figura humana del otro, su semejante.”(10) Y, precisamente, lo que vincula afectivamente al yo con estas imágenes que se eligen es la zona agujereada de la imagen del semejante: “La única cosa que cautiva, atrae y aliena al yo en la imagen del otro es precisamente aquello que no se percibe en la imagen, a saber, la parte sexual de eseotro”(11) o lo negativizado de la imagen.

Alicia, una adolescente de 14 años, llega a la consulta por pegarle insistentemente a sus padres, especialmente a su madre que queda sin recursos para defenderse a diferencia del padre “que la reduce”, en palabras de su propio progenitor. La paciente quiere tener todo lo que tiene su madre, esta última nada nuevo se puede comprar sin que su hija también lo tenga debiendo soportar una serie de maltratos si descubre que su madre tomó una decisión de compra nueva sin hacerla participar. Entra a su habitación, se pone la ropa de la madre, le saca sus perfumes y si puede el teléfono celular que la madre ha debido esconder eficazmente para conservarlo. En la consulta sucede algo similar, Alicia pregunta por todo, lugares en donde se adquirió tal o cual objeto, precios, marcas, nunca está tranquila y sus preocupaciones se relacionan con el objeto de turno que quiere adquirir buscando la mejor de las opciones y explicitando a la analista  las razones de sus nuevas elecciones.

Ciertamente, en el colegio ya no la quieren porque tiende a robar los objetos de sus compañeras que ella no posee o que quiere retener para sí aunque ya tenga alguno. Gomas, lápices, sacapuntas, libretas llamativas, espejos, etc., son para ella objetos irresistibles para dar rienda suelta a su compulsión de repetición en el cometido de robarlos y acumularlos. Si la descubren en casa, entonces ella los devuelve dejando los objetos en alguna parte del colegio, pero sin hacerse cargo de devolverlos personalmente a quienes les extrajo algo y, por supuesto, sin ningún atisbo de sentimientos de culpa. Cambiada varias veces de colegio porque la situación se hace insostenible, ¿qué enlaza a Alicia con estas imágenes pregnantes? No hay para ella un principio regulador, tal como funciona el Ideal del yo que medie entre el yo y el semejante. El narcisismo se encuentra sostenido a partir del orden del lenguaje que es simbólico y “para que se establezca una relación con el objeto del deseo, es preciso que haya relación narcisista del yo con el otro”.(12)

Para el logro de la constitución del yo además de la imagen del otro se requiere de algo más para la constitución de la imagen del propio cuerpo.

 

“Lo importante para que la imagen se consolide es la existencia de un agujero en dicha imagen: puedo ver mi imagen en el espejo, pero lo que no puedo ver es mi propia mirada. Correlativamente, la imagen que el otro me devuelve no es completa, está agujereada ya que también el otro es un ser pulsional.”(13)

Lo anterior implica la dimensión simbólica que nos remite al deseo de la madre del niño del espejo y que es deseante en cuando es un sujeto en falta. Como la imagen no puede recubrir la libido en su totalidad, tal agujero será lo que Lacan denomine falo imaginario. “Por lo tanto, la imagen contiene siempre una parte real, es decir, una parte de lo sexual que ella no recubre y sobre este agujero vienen a ubicarse los objetos pulsionales, sobre este agujero en la imagen viene a alojarse el objeto a, causa del deseo”.(14)

Alicia intenta robar lo que recubre la imagen y que ella jamás podrá tener, en su caso, a partir de una patología de acuerdo a su diagnóstico psiquiátrico y psicodinámico. El sujeto que consume acumulando objetos pregnado a la imagen busca en aquello lo que le falta pero que nunca logrará colmar, ya que el objeto de la pulsión siempre se encontrará enmascarado por las efigies de allí la importancia de las campañas publicitarias, cuyo énfasis en el concurso de muchas imágenes, logran enlazar el producto a ser consumido recubriendo el agujero que genera angustia. De esta manera, a modo imaginario, el consumidor saldrá satisfecho de una tienda por su nueva adquisición a la que comenzará a restar importancia desde el momento mismo que abandone la tienda, la consesionaria, el mall o el outlet.

Lo que acontece entonces en el mundo imaginario nos remite necesariamente al registro simbólico que preexiste al sujeto. “Para que se produzca una inserción de la realidad simbólica (el lenguaje, la ley...) en la realidad del sujeto son indispensables el yo y la relación imaginaria con el otro (...) Y la imagen del cuerpo proporciona el marco de las inscripciones significantes del deseo del otro” (15), por lo que al comprar busco el reconocimiento del Otro.

José Milmaniene, en su libro Iuminaciones freudianas (el psicoanálisis en la sociedad de consumo) y al cual ya se ha hecho alusión, propone una visión tripartita para comprender la crisis de la época actual: la declinación de la figura del Padre de la Ley, la supresión de la dimensión de la falta y la exclusión de las cosas del amor, siendo este último punto interesante para integrarlo con el desarrollo de este artículo.

Tal como se ha señalado, el ser humano, alienado en la fascinación narcisista que le ofrecen los objetos de consumo hace más patente aún el agujero generador de angustia. Así como Alicia ingresó en la vorágine de lo que Milmaniene denominó patologías del vacío(16), el ser humano también ingresa en los aspectos socioculturales que remiten a vacíos insoslayables, carentes de amor. De esta manera, nos encontramos con muchos adolescentes y jóvenes sumergidos en los juegos virtuales que han desplazado a la familia como un lugar válido para establecer lazos, prefiriendo permanecer horas en el cometido hedonista del juego virtual o de las salidas recurrentes a fiestas y con el consecutivo consumo de alcohol muy esperado para quienes recurren a lugares de diversión. Algunas pacientes señalan en la consulta: “¡Cómo no voy a tomar si todas lo hacen!”, “Me siento como fuera de foco si no tomo y me preguntan qué me pasa”, para luego, tras haber sido muy “disciplinada” en la ingesta de alcohol en el momento que sus pares denominan “la previa” (momento previo al lugar de diversión al que concurrirán),  la adolescente continúa bebiendo en la fiesta hasta encontrar nuevamente el vacío angustiante que se traduce en una escena de llantos a la cual concurren sus amigas para consolarla. Lo anterior, al menos en mi práctica clínica, mucho más recurrente en mujeres, aparece en los varones a través de recriminaciones posteriores referidas a no recordar la fiesta y sus momentos al encontrarse francamente bebidos.

 

“A diferencia de las “relaciones”, el “parentesco”, la “pareja” e ideas semejantes que resaltan el compromiso mutuo y excluyen o soslayan a su opuesto, el descompromiso, la “red” representa una matriz que conecta y desconecta a la vez: las redes sólo son imaginables si ambas actividades no están habilitadas al mismo tiempo. En una red, conectarse y desconectarse son elecciones igualmente legítimas, gozan del mismo estatus y de igual importancia.”(17)

El neurótico hace frente entonces a su vacío subjetivo por medio del consumo, también de relaciones humanas entendidas como hic et nunc, sin mayores proyecciones de buscar un compromiso existencial con la alteridad. El neurótico sujeta lo imaginario para recubrir el agujero, lo que se traduce, por ejemplo, en el excesivo tiempo destinado a chatear en el whatsapp lo que genera dificultades a nivel familiar, porque cuando los padres intentan establecer normas y/o castigos a través del retiro del teléfono celular, las dicusiones entre padres e hijos aumentan sin resolverse tampoco las razones de esta lejanía y “desconexión” en la dinámica familiar.  Inclusive, muchas parejas amorosas recurren a este tipo de comunicación para “hablar” los problemas cruciales respecto a ellos mismos y a sus hijos, aludiendo en sus sesiones de análisis a las interminables conversaciones con su partener transformadas ahora en coloquios sordos, antagónicos y agresivos que evaden la angustia del encuentro amoroso.

 

“(...) cuando uno patina sobre hielo fino, la salvación es la velocidad. Cuando la calidad no nos da sostén, tendemos a buscar remedio en la cantidad. Si el “compromiso no tiene sentido” y las relaciones ya no son confiables y difícilmente duren, nos inclinamos a cambiar la pareja por las redes (...) Seguir en movimiento, antes un privilegio y un logro, se convierte ahora en obligación. Mantener la velocidad, antes una aventura gozosa, se convierte en un deber agotador.”(18)

El consumo de whatsapp interpela la naturaleza paranoica del yo, al saber que su escrito ha quedado visto o no por el semejante dejando en la incertidumbre o no la respuesta inmediata, tardía o simplemente la no respuesta, se torna persecutorio. Lo anterior se transforma en un sin cesar de cantidades de información y que se espera transmitir velozmente en la medida de lo posible, debiendo recibir la sanción correspondiente si no se responde a los requerimientos o si se cierra la aplicación.

En el Seminario 11, “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”, Lacan argumentará que “el fantasma es el soporte del deseo, no el objeto.”(19) Esto implica que el sujeto se mantiene como deseante según la relación con un conjunto significante y que es más complejo.

 

“Esto se ve a las claras por las formas de libreto que asume, donde el sujeto, más o menos reconocible, está en alguna parte escindido, dividido, habitualmente doble, en su relación con ese objeto que las más de las veces tampoco muestra su verdadero rostro.”(20)

La sociedad de consumo obtura entonces al sujeto del inconsciente al instaurar señuelos que no permiten generar intervalos de intercambios por dónde transitar debiendo someterse, sin saberlo, a los mandatos de las leyes del consumo; de este modo, el sujeto queda con pocas posibilidades de romper las cadenas que lo atan como esclavo hacia el egocentrismo con sus consecuentes derivados impregnados de fascinación hacia el autoerotismo que corta el lazo social (goce) incluyendo, en muchas ocasiones, “excesos pulsionales mortíferos, como el alcoholismo, las adicciones y la promiscuidad.”(21)

 

Bibliografía

Lacan, Jacques, “La tópica de lo imaginario”, En: Seminario 1, Paidós, Buenos Aires, 2004

Bauman, Zygmunt, Amor Líquido, Fondo de Cultura Económica, México, 2010.

Milmaniene, José E. Iluminaciones freudianas. El psicoanálisis en la sociedad de consumo. Biblos, Buenos Aires, 2014.

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Lacan, Jaques, “El estadio del espejo como formador del yo [je] tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica”, En: Escritos 1, Siglo XXI, Buenos Aires, 2005.

Nasio, Juan David, Enseñanza de 7 Conceptos Cruciales del psicoanálisis, Gedisa, Barcelona, 2000

Lacan, Jacques, “La pulsión parcial y su circuito”, En: Seminario 11, Paidós, Buenos Aires, 2005.

 

 

 

NOTAS

1 Lacan, Jacques, “La tópica de lo imaginario”, En: Seminario 1, Paidós, Buenos Aires, 2004 (p. 128).
2 Bauman, Zygmunt, Amor Líquido, Fondo de Cultura Económica, México, 2010 (p. 38).
3

Milmaniene, José E. Iluminaciones freudianas. El psicoanálisis en la sociedad de consumo. Biblos, Buenos Aires, 2014 (p. 38).

4

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En la Tópica de lo imaginario, Lacan menciona que si los rayos de luz impresionan al ojo en sentido contrario, se forma una imagen virtual, situación que sucede cuando se mira una imagen en el espejo, se ve allí donde no está. En este caso, la imagen se ve donde ella está, siempre y cuando el ojo se encuentre en el campo de los rayos que ya se han cruzado en el punto correspondiente. Más adelante, señala: “(...) el ojo es aquí el símbolo del sujeto (...) Significa que, en la relación entre lo imaginario y lo real, y en la constitución del mundo que de ella resulta, todo depende de la situación del sujeto. La situación del sujeto (...) está caracterizada esencialmente por su lugar en el mundo simbólico; dicho de otro modo, en el mundo de la palabra. De ese lugar depende que el sujeto tenga o no derecho a llamarse Pedro. Según el caso, estará o no, en el campo del cono” (Lacan, “La tópica de lo imaginario”, En: Seminario 1,Op. Cit., pp. 126 y 130).

5 Cfr. Ibídem, p. 129.
6 Cfr. Ibídem, p. 121.
7

Lacan, Jaques, “El estadio del espejo como formador del yo [je]tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica”, En: Escritos 1, Siglo XXI, Buenos Aires, 2005 (p. 90).

8 Cfr. Ibídem, pp. 92 y 93.
9

Nasio, Juan David, Enseñanza de 7 Conceptos Cruciales del psicoanálisis, Gedisa, Barcelona, 2000 (p. 160).

10

Ibídem

11

Ibídem

12 Ibídem, p. 81.
13 Ibídem, p. 83.
14

Ibídem, p. 84.

15 Ibídem, 81.
16

Milmaniene, Op. Cit. p. 40.

17 Bauman, Op. Cit. p. 12.
18 Ibídem. 13.
19 Lacan, Jacques, “La pulsión parcial y su circuito”, En: Seminario 11, Paidós, Buenos Aires, 2005 (p. 192).
20 Ibídem.
21 Milmaniene, Op. Cit. p. 33.

 

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