home.jpg

 

P9

RAZÓN ILUSTRADA Y BARBARIE.

VIGENCIA CRÍTICA DE LA ESCUELA
DE FRANKFURT DESDE UNA LECTURA
DE LA DIALÉCTICA DE LA ILUSTRACIÓN
DE MAX HORKHEIMER
Y TEODOR W. ADORNO.


OCTAVIO PATIÑO GARCÍA

 

En su obra Dialéctica de la Ilustración, (DI), Max Horkheimer y Teodor Adorno, exhiben y denuncian las ambiciones del proyecto ilustrado, sobre todo la pretensión de dominio en todas las esferas de la vida por el engañoso camino de la Razón. Trastocados por la barbarie del Holocausto, en el que ellos veían una consecuencia del programa ilustrado, realizan no sólo la crítica a la Ilustración, sino a la modernidad misma.

Sabemos que en Alemania Kant fascinado por la luz que se veía destellar  intentó articular  las pretensiones del proyecto ilustrado para acabar con las sombras, con el oscurantismo propio del encantamiento del mundo.

 

“La Ilustración consiste en el hecho por el cual el hombre sale de la minoría de edad. La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la ayuda y dirección de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad, cuando la causa de ella no yace en un defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y de ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro. ¡Sapereaude! ¡Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí la divisa de la Ilustración.”1

Sin embargo, los propósitos ilustrados padecerían de su propia paradoja. Podemos decir que tanto Kant como los pesadores ilustrados, en menor o mayor medida, y con sus justas divergencias y similitudes ya sea de Francia, Alemania, Inglaterra ( Voltaire, Diderot, ´Alembert, Hume, Darwin, Rousseau, Montesquieu, etc.), el mundo fuera del ámbito del entendimiento racional era considerado inferior en el rumbo del progreso de la humanidad esa minoría de edad era una inferioridad ante Dios, el cual  por medio de la emancipación religiosa procurada progresivamente por la iglesia durante los últimos siglos había encantado el mundo. Los mitos que fungían como reguladores sociales y sobre todo como discursos de verdad explicativos del origen del mundo y sus avatares, inundaban todas las esferas del saber, de las prácticas; el mundo era la consecuencia del tiempo del sueño, en el origen estaba el mito.  El combate de las luces contra las sombras, el develamiento del ocultamiento que existía bajo el encantamiento implicaba que la luminosidad de la Verdad de la Razón por fin podría guiar al hombre al progreso. El entendimiento por sí mismo podía acabar con las tinieblas y hacer crecer al hombre. Podemos pensar el proyecto ilustrado como el propósito desencantador del mundo. La posterior escalada del conocimiento científico, que ya desde La Enciclopedia Diderot había impulsado en su lucha intestina contra la Iglesia, se vería consumada con su consecuente revés, la ciencia no pararía hasta efectuar  el autoaniquilamiento de su propio motor, el proyecto ilustrado.  

Horkheimer y Adorno vieron en este programa ilustrado una gran paradoja. Ya desde el prólogo de DI exponían: “La aporía ante la que nos encontramos en nuestro trabajo se reveló así como el primer objeto que debíamos  analizar: la autodestrucción de la Ilustración.”2 Pensar en una autodestrucción de la Ilustración es ya de sumo complejo, pero habría que incidir en el análisis hacia la paradoja misma.

Hablábamos arriba de la experiencia del Holocausto, DI fue escrita en el contexto de 1944, publicándose en Ámsterdam alrededor de 1946. Circuló clandestinamente ante la amenaza del todavía hirviente nacionalsocialismo alemán. Es en el primer capítulo de esta obra donde se cohesionan los elementos para la tesis importante del libro, a saber, el mito es ya Ilustración, la Ilustración cae en la mitología. Pero vayamos desarrollando esta tesis.

Seguimos con Horkheimer y Adorno

 

“Creemos que con estos fragmentos contribuimos a dicha comprensión, en la medida en que mostramos que la causa de la regresión de la Ilustración a mitología no debe ser buscada tanto en las modernas mitologías nacionalistas, paganas y similares, ideadas a propósito con fines regresivos, sino en la Ilustración misma paralizada por el miedo a la verdad. Ambos conceptos, el de Ilustración y el de verdad, han de entenderse aquí no sólo en el sentido de la historia delas ideas, sino en sentido real. Así como la Ilustración expresa el movimiento real de la sociedad burguesa en su totalidad bajo la forma de su idea encarnada en personas e instituciones, del mismo modo la verdad no significa sólo la conciencia racional, sino también su configuración en la realidad.”3

Es decir el modo en cómo funciona el mundo, la realidad del mundo estaba determinada por la verdad ilustrada, pero advierten los autores un temor al interior mismo de la Ilustración, temor a la verdad que no sea vista sólo como la falsa claridad dada por la ciencia, su cálculo, su predictibilidad.

Hay que tener claro que Horkheimer y Adorno no sólo intentaban producir la crítica misma a la Ilustración, sino reivindicar una cierta positividad del proyecto, entendiendo esto como un intento de liberarla del atavismo del dominio. Pero el dominio tenía un fundamento que es de igual manera paradójico, un miedo a regresar al temor de la humanidad. El temor reducía a los hombres a ser objeto de las fuerzas sobrenaturales, la religión comandaba las almas en el mundo. Por ello la Ilustración buscaba liberar al esclavo de la magia para convertirlo en amo del conocimiento. “La Ilustración, en el más amplio sentido de pensamiento en continuo progreso, ha perseguido desde siempre el objetivo de liberar a los hombres del miedo y constituirlos en señores…El programa de la Ilustración era el desencantamiento del mundo. Pretendía disolver los mitos y derrocar la imaginación mediante la ciencia.”4

Como veíamos anteriormente, el proyecto ilustrado era totalitario, desencantar el mundo era pretender un cambio radical no sólo al interior de los sistemas de pensamiento, sino sobre la vida misma, en todos sus planos. La imaginación era arrinconada a los espacios de lo privado para erigir un monumento a la Razón instrumental, como reina y señora del progreso humano. Proyecto pretendidamente liberador, que formulaba sus aparentes “propios métodos” para desarrollar toda una maquinaria de cientifización del mundo.

El objetivo más visible y contundentemente proclamado era la reapropiación de la naturaleza, y digo reapropiación puesto que esta había sido ya capturada y animada por el pensamiento mágico. El dominio y control de la naturaleza implicaba ponerla al servicio de los hombres, así, por fin la razón instrumental triunfaría sobre el mundo natural, explotándolo con los procedimientos derivados de la ciencia. La ilustración declaraba con la expropiación de la naturaleza la muerte del animismo, la demolición de los mitos. Pero ello no fue sin violencia. La intención y consumación  de dominio tras  el desencantamiento del mundo, sería una especie de colonización de la vida, ahora bajo la égida del conocimiento racional. Sólo con  altos montos de violencia podría lograrse el proyecto, la lógica del funcionamiento del mundo arrasó incluso con la resistencia mítica, subsumiéndola en el mismo paradigma de análisis racional.   “Lo que no se doblega al criterio del cálculo y la utilidad es sospechoso para la Ilustración… Cualesquiera que sean los mitos que ofrecen resistencia, por el solo hecho de convertirse en argumentos en tal conflicto, esos mitos se adhieren al principio de la racionalidad analítica, que ellos mismos reprochan a la Ilustración. La Ilustración es totalitaria.”5

Los procedimientos de la Ilustración implican la racionalidad analítica, el cálculo, la matematización. El principio matemático irriga todas las parcelas de la realidad, se introduce la geometrización del entorno, la predictibilidad de los fenómenos, la reductibilidad al número, el Uno es el principio. El mito como propuesta explicativa contraria a la Ilustración es devorado por ella, dado que termina por adoptar el modo argumentativo lógico en su explicación. Dios, debe ser racional, la historia debe encaminarse al triunfo de la razón, vía la razón se llega al  progreso, el Siglo de las Luces es siglo del conocimiento, todo lo que escapa a estas consignas o es ilusión o es literatura. “La sociedad burguesa se halla dominada por lo equivalente. Ella hace comparable lo heterogéneo reduciéndolo a grandezas abstractas. Todo lo que no se agota en números, en definitiva en el uno, se convierte para la Ilustración en apariencia; el positivismo moderno lo confina en la literatura. Unidad ha sido el lema desde Parménides hasta Russel. Se mantiene el empeño en la destrucción de los dioses y las cualidades.”6

Despojar al mundo de sus dioses para erigir una Razón encantadora, más poderosa que los sueños, con alas más grandes que la paloma del Espíritu Santo para cubrir las tierras más inhóspitas donde el Satanás ya no tenía tanto sentido, pues Dios había palidecido; el mal se trasformaba en ignorancia, las mentes ya no debían temer a los espectros, a las brujas, pero tampoco a la venganza del Dios judeocristiano, sino a su propia ignorancia, a su incapacidad de comandarse por el entendimiento. Se difunde como propaganda el principio de igualación, todo remitido a lo Uno, a su equivalente, contrariamente la divergencia y lo cualitativamente singular era desplazado al desierto de lo irracional. El déspota era el sujeto de Razón, gobernante de las cosas en la medida que sabía su instrumentación.

 

“La Ilustración se relaciona con las cosas como el dictador con los hombres. Éste los conoce en la medida en que puede manipularlos. El hombre de la ciencia conoce las cosas en la medida en que puede hacerlas. De tal modo, el en sí de las mismas se convierte en para él. En la transformación se revela la esencia de las cosas siempre como lo mismo: como materia o substrato de dominio. Esta identidad constituye la unidad de la naturaleza. Una unidad que, como la del sujeto, no se presuponía en el conjuro mágico.”7

El mundo de la magia, de las ánimas no podría acceder a la esencia de las cosas, el mundo de la ciencia sí, así puede transformarlas, poner la naturaleza a sus pies, sin embargo siendo el hombre también naturaleza, lo propiamente natural en él tenía que ser controlado, domesticado. El mundo animado, encantado parecía quedar enterrado en los sueños de la infancia de la humanidad, en las pesadillas, en los delirios, en la locura. Sólo recordemos a Kant en su crítica virulenta dirigida Emmanuel Swedenborg, en Los sueños de un visionario8, que si bien la realiza denunciando los vicios de la razón caída en la Metafísica (así quedando asentada su posterior etapa crítica) también reivindica a la Razón como camino de la filosofía.  La Razón comenzó a afilar sus dientes con procedimientos cada vez más precisos, la cabeza de  la Ilustración tenía una bocaza enorme, capaz de devorar hasta a los más temibles Titanes y Dioses juntos,  con discursos elocuentes, enciclopédicos, científicos podía triturar mejor los huesos del cadáver hechizado. La enciclopedia se tragó al cíclope.

 

“El principio de la necesidad fatal por la que perecen los héroes del mito, y que se desprende como consecuencia lógica del veredicto del oráculo, domina, depurado y transformado en la coherencia de la lógica formal, no sólo en todo sistema racionalista de la filosofía occidental, sino incluso en la sucesión de los sistemas, que comienza con la jerarquía de los dioses y transmite, en permanente ocaso de los ídolos, la ira contra la falta de honestidad como único e idéntico contenido.”9

La fatalidad del juicio recae sobre la Ilustración misma, los héroes tienen que morir, ¿por qué? Porque hay un destino que es advertido, trazado por el oráculo, así como la regla lógica traza el destino y la verdad al concepto, la verdad de la ciencia es la de la realidad humana. El hocico ilustrado se muerde la lengua, no advierte que sigue la misma contundencia del mito como discurso explicativo que entraña cierta fatalidad. Quizá sin dioses, la Ilustración se asemeja a la Fortuna trágica de manufactura griega, en el sentido de que el despojo Ilustrado parece recaer sobre los dioses judeocristianos y sus obras redentoras, donde la Justicia celeste contenía los códigos de la salvación,  más que sobre los resabios de los dioses griegos, cosechados en la tragedia. Quizá esta vena se trasladó al Absoluto Trágico del idealismo alemán.

Sigamos con Horkheimer y Adorno.

 

“La universalidad de las ideas, tal como la desarrolla la lógica discursiva, el dominio en la esfera del concepto, se eleva sobre el fundamento del dominio en la realidad. En la sustitución de la herencia mágica, de las viejas y difusas representaciones, por la unidad conceptual se expresa la organización de la vida ordenada mediante el comando y determinada por los hombres libres. El sí mismo, que aprendió el orden y la subordinación en el sometimiento del mundo, identificó muy pronto la verdad en cuanto tal con el pensamiento ordenador, sin cuyas firmes distinciones aquélla no podía subsistir.”10

Predomina el orden y el dominio, sobre todo dominio conceptual, la definición certera, científica. El comando es el concepto, todo debe regirse ordenarse según el concepto. El orden haría libre al hombre. El hombre sometiendo al mundo se somete a sí mismo, pues su libertad es una libertad determinada por la verdad científica, el hombre también está comandado por el concepto científico.

Sacar la utilidad de la naturaleza en provecho del hombre, ya no como individuo aislado sino como parte de la especie emancipada, el hombre libre, el sujeto de la Razón. Inclusive el arte debe ser útil, la instrumentalización de la vida mediante la ciencia se vigila con fauces matemáticamente trazadas, cuya mordida y masticación producen utilidad. La fe religiosa se traslada a la ciencia, en el proceso de secularización el mundo encantado se torna certeza sostenida por una fe ciega en la ciencia. “La paradoja de la fe degenera al fin en vértigo, en el mito del siglo xx, y su irracionalidad se transforma en una manifestación racional en manos de los enteramente ilustrados, que conducen ya a la sociedad hacia la barbarie.”11

Horkheimer y Adorno sitúan aquí el resurgimiento de la barbarie, la racionalidad ahora impulsada y mantenida con la fe deja asomar un hocico más poderoso, la ciencia en su forma deductiva deja ver la jerarquía y la coacción, el orden lógico regula la realidad social y la división del trabajo. Las jerarquías y el dominio naturalizan las relaciones sociales y el trabajo mismo. Este alcance acomoda al burgués según Horkheimer y Adorno en el lugar prototípico del hombre libre, el hombre de la ciencia, el hombre ilustrado. “Finalmente, la Ilustración ha devorado no sólo los símbolos, sino también a sus sucesores, los conceptos universales, y no ha dejado de la metafísica más que el miedo ante lo colectivo, del cual ella nació.”12

El devoramiento alcanza el mismo futuro, lo que vendría ya estaba servido a la mesa, los conceptos universales pasarían por el tamiz de la racionalidad analítica, la filosofía misma tornada en positivismo irradiaría las academias, el progreso que sería, anunciado con bombo y platino corría la cortina para presumir que el hombre cumplía su mayoría de edad y en ello preveía su declive, su autodestrucción pues no podría escapar de las dentelladas que su hocico totalizador lanzaba hasta contra sí mismo. “Pues la Ilustración es totalitaria como ningún otro sistema. Su falsedad no radica en aquello que siempre le han reprochado sus enemigos románticos: método analítico, reducción a los elementos, descomposición mediante la reflexión, sino en que para ella el proceso está decidido de antemano.”13Anticipación y predicción calculable, matematizando el mundo se extrae la consecuencia lógica. La verdad absoluta del número es atemporal, sólo habría que descubrir la esencia oculta en la entraña del fenómeno, las cosas del mundo son para el hombre de ciencia, dejan de ser cosas en sí. 

Con elevación de las matemáticas a instancia absoluta parece no haber escapatoria al cálculo, es la mejor defensa contra el regreso del mito; ante la magia responde la fórmula. “El modo de procedimiento matemático se convirtió, por así decirlo, en ritual del pensamiento. Pese a la autolimitación axiomática, dicho procedimiento se instaura como necesario y objetivo: transforma el pensamiento en cosa, en instrumento, como él mismo lo denomina.”14

La instrumentalización del pensamiento se consuma en el paradigma matemático cuyo carácter se postula necesario. La cosificación del pensamiento implica a la vez la cosificación del hombre que se convierte en esclavo de la misma instrumentalización, es aquí donde resuena más fuerte la paradoja, el hombre que se vería liberado, emancipado por vía de la racionalidad científica, está sometido a ella, no será libre si no es mediante ella. El atavismo del dominio está enraizado, el hocico avanza y en cada dentellada se lame las heridas.  No sólo el individuo está sometido al comando de la instrumentalización, también lo están las relaciones sociales. La reificación de las almas, de los cuerpos, de la naturaleza, del espacio íntimo del hombre en su proceso reflexivo, hace de los hombres sujetos previsibles, programados en la fórmula de la racionalidad, el mismo discurso presupone cierta lógica presta a ser verificada, el hombre “…se convierte en un nudo de reacciones y comportamientos convencionales, que objetivamente se esperan de él. El animismo había vivificado las cosas; el industrialismo reifica las almas. Aún antes de la planificación total, el aparato económico adjudica automáticamente a las mercancías valores que deciden sobre el comportamiento de los hombres.”15

En el comando del objeto, de la mercancía en la oferta y la demanda capitalista, que ya se preveía con la industrialización como germen del progreso, la ciencia irá aportando sus conocimientos para la sofisticación técnica de las relaciones humanas y en la división del trabajo. La fórmula para llegar a la verdad científica se camufla en manuales procedimentales de conducta, dado que habrá que tener consonancia en el dominio de la naturaleza. El dominio se traslada coercitivamente a una especie de naturalización del comportamiento guiado por la utilidad social. “A través de las innumerables agencias de la producción de masas y de su cultura se inculcan al individuo los modos normativos de conducta, presentándolos como los únicos naturales, decentes y razonables. El individuo queda ya determinado sólo como cosa, como elemento estadístico, como éxito o fracaso. Su norma es la autoconservación, la acomodación lograda o no a la objetividad de su función y a los modelos que le son fijados.”16

El hocico ilustrado muerde con fuerza sus correas, trata de liberarse pues ya se ha dado cuenta de su atadura, de su mordaza,  pero advierte que trabajó para ello,  la correa parece virtual pues le permite desbocarse; su trabajo es seguir devorando y sin embargo a cada mordida la correa le aprieta más.   Pareciera que existe un equilibrio pero en el fondo el hocico aunque reflexione que no podrá salir del oxímoron, tiene fe,  y sabe que quién tira de las correas es su propio movimiento, que ese tirar no es para detenerlo sino para que siga adelante aunque le lastime, pues ya es esclavo de su ímpetu, de su fe, ama la cadena que, piensa, lo liberará.

 

El progreso ha reservado la misma suerte a ambas cosas: a la adoración y a la inmersión en el ser inmediatamente natural. Ha cubierto de maldición al olvido de sí tanto en el pensamiento como en el placer. El trabajo social de cada individuo está mediatizado en la economía burguesa por el principio del sí mismo; él debe restituir a unos el capital acrecentado, a otros la fuerza para trabajar más. Pero cuanto más se logra el proceso de autoconservación a través de la división del trabajo, tanto más exige dicho proceso la autoalienación de los individuos, que han de modelarse en cuerpo y alma según el aparato técnico.”17

Una renuncia a la subjetividad, ésta queda en el terreno de la utilidad, del hacer para otro, de producir para la burguesía, pero sólo así sobrevivirá, dándose en cuerpo y alma a la maquinaria industrial. La Ilustración confecciona los aparatos de la guerra mediante la ciencia, el avance del progreso no puede detenerse porque al descubrir la esencia de las cosas con sus fórmulas matemáticas la naturaleza debe continuar siendo dominada, explotada, puesta a servir. El gran organismo productivo funciona, produce y hace ver el progreso inevitable.

 “La razón sirve como instrumento universal, útil para la fabricación de todos los demás, rígidamente orientado a su función, fatal como el trabajo exactamente calculado en la producción material, cuyo resultado para los hombres se sustrae a todo cálculo. Finalmente se ha cumplido su vieja ambición de ser puro órgano de fines.”18 La reducción del hombre a mero sustrato  de dominio que termina por dominarse a sí mismo y en consecuencia a estar bajo el dominio de la naturaleza, es decir, de no escapar de la pretensión de dominio cualesquiera de sus vertientes, lo conduce nuevamente a ese periodo de encantamiento donde todas las esferas de la vida respondían a la fuerza explicativa del mito.

La Ilustración en su pretendido delirio totalizador optó por someter a los hombres a la mera autoconservación como partes del programa. Por ello la barbarie sería necesaria para no sucumbir ante la amenaza siempre latente de la magia, de la irracionalidad, de lo divergente. “A través de la subordinación de toda la vida a las exigencias de su conservación, la minoría que manda garantiza con la propia seguridad también la supervivencia del todo.”19 Se deja ver nuevamente la paradoja de la Ilustración y por qué no, de la modernidad, el estancamiento del programa en la mera reproducción, sostener la instrumentalización a consta de la violencia, ocuparse más por cuidar el proyecto dominando, ordenando lo existente bajo la racionalidad, bajo el concepto. “…la Ilustración recae en la mitología, de la que nunca supo escapar. Pues la mitología había reproducido en sus figuras. La esencia de lo existente: ciclo, destino, dominio del mundo, como la verdad, y con ello había renunciado a la esperanza. En la pregnancia de la imagen mítica, como en la claridad de la fórmula científica, se halla confirmada la eternidad de lo existente, y el hecho bruto es proclamado como el sentido que él mismo oculta.”20

Despojado el hombre de toda esperanza, reducido a no ser más que un instrumento para el sostén del sistema, se debate entre la conservación de sí mismo y la conservación de la clase, entre el dominio de la naturaleza y la revancha de la misma a manera de sujeción contra él. El hocico ilustrado se muerde la cola, gira en círculos que parecen geométricamente perfectos, deja ver en cada nueva mordida la repetición de la barbarie misma de la que queriendo escapar contrariamente se infecta para infectar; se inyecta con ello la fuerza para continuar el embate y escuchar el regreso de la ignominia como carcajada, de la barbarie como pesadilla, como aquellos monstruos que Goya advertía en el sueño de la Razón, que Freud mostró en sus hallazgos clínicos como manifestaciones del inconsciente, en ese siempre malestar-en-la-cultura, que sería retomado por Hebert Marcuse en sus trabajos; como las ruinas del huracán del progreso que desorbitan la mirada del Ángel de la Historia en la Tesis IX de Walter Benjamin; como ejercicio de la biopolítica en la lectura del último Foucault; o como insistencia de ese Real que no cesa de no inscribirse desde la lectura de Lacan que opera como discursos, donde el sujeto del psicoanálisis es lo forcluído del discurso de la ciencia.   

La barbarie no desapareció con el ánimo desencantador-encantador de la Ilustración, al contrario, llegó transmutado en Modernidad con la Razón Instrumental,  exhibiendo así sus dimensiones en la producción tecnológica del Holocausto. La Ilustración terminó encantada con el canto de las míticas sirenas que le dieron origen,  el hocico ilustrado al mirarse en el reflejo del espejo manufacturado por la ciencia, se dio cuenta que pertenecía a una especie de monstruo también mítico, un tal Uróboros.

La vigencia de la crítica en el trabajo de Horkheimer y Adorno es la vigencia de la Escuela de Frankfurt, que a pesar de que, como dice Stefan Gandler, ya no está en Frankfurt, está diseminada en pequeños resquicios que se resisten a caer en los nuevos encantamientos.

 

Bibliografía

Kant Immanuel (2004) Qué es la Ilustración/Filosofía de la Historia. Terramar Ediciones. Argentina

Kant Immanuel, (1987) Los sueños de un visionario explicados por los sueños de la Metafísica. Alianza Editorial, Madrid.

Horkheimer M y Adorno T. W.  (1994) Dialéctica de la Ilustración, fragmentos filosóficos. Editorial Trotta. España

.

1

Kant Immanuel (2004) Qué es la Ilustración/Filosofía de la Historia. Terramar Ediciones. Pag.33

2 Horkheimer M y Adorno T. W.  (1994) Dialéctica de la Ilustración, fragmentos filosóficos. Editorial Trotta. España p. 53.
3 Ídem p. 54
4

Ibídem p. 59

5 Ibídem p. 62
6 Ibídem p. 63
7 Ibídem p. 65
8 Kant Immanuel, (1987) Los sueños de un visionario explicados por los sueños de la Metafísica. Alianza Editorial, Madrid.
9 Horkheimer M y Adorno T. W. Op. Cit. p. 66-67
10 Ídem p. 69
11 Ibídem p. 74
12 Ibídem p. 77
13 Ibídem p. 78
14 Ibídem p. 79
15 Ibídem p. 81
16 Ibídem p. 82
17 Ibídem p. 83
18 Ibídem
19 Ibídem p. 84
20 Ibídem p. 80

 

REGRESAR