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EL PENSAMIENTO POLÍTICO
DE SADE *

ALBERTO PINZÓN LEÓN **

 

apinzonleon@hotmail.com

 

Resumen: Sade surge en el corazón del acontecimiento fundador de nuestra modernidad política: la revolución francesa. Desde 1790 el Marqués se hace artífice de su propia leyenda y se presenta como profeta e inspirador de la Revolución. Hoy la polémica sigue abierta. La obra sadiana alcanza una dimensión política e histórica. Con perspectiva histórico-política analiza los acontecimientos que se avecinan para irrumpir con su obra contra ellos. Si hay una brecha entre la obra literaria y la obra política de Sade esto se debe a que sus escritos políticos están ligados con la historia de la Revolución y su obra novelesca con la imaginación. Estos escritos parecen establecer un puente de unión entre un acontecimiento político y la obra literaria la cual parece tener vida propia y, escapar a toda forma de historicidad. 

Palabras clave: goce, cuerpo, derecho, política, república, interés particular, interés general, asesinato, incesto, costumbres, crimen, violencia, transgresión, revolución, ley, deseo.

 

“Si la manera en que he descrito el crimen os aflige y os hace gimotear. Vuestra conversión no puede estar muy lejana, y he operado el cambio que deseaba en vos.Pero si esta verdad os molesta, si os lleva a maldecir al autor…¡Desafortunado de vos! ¡Os habéis reconocido y nunca cambiaréis!”.

SADE. Los crímenes del amor.

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La reevaluación de los textos políticos sadianos se inicia con los surrealistas, pero a partir de los años 50 se interrumpe con la «psiquiatrización» de Sade, en los tiempos en que está en boga el «sadismo» como precursor de los regímenes totalitarios; pero es recientemente cuando se rescata su concepción del cuerpo en relación con el derecho y la política: la introducción del campo abierto de la reflexión política al campo cerrado del Tocador, del campo político al campo de la lujuria, del goce, del deseo, en fin del cuerpo.

 

Sade y la revolución Francesa

El pensamiento político de Sade no se puede reducir a sus escritos políticos, escritos de circunstancias en los que intenta difundir su celo patriótico. Él mismo aclara, su posición en una carta del 5 de diciembre de 1791 a Gaufridy: ¨Para empezar, en calidad de literato, la obligación que tengo de trabajar a diario tan pronto por un partido, tan pronto a favor de otro, exige una movilidad de opiniones de la que se resiente mi manera de pensar¨. No puede haber mayor honestidad que ésta ya que reconoce que su papel como literato le exige moverse de un bando a otro; como escritor registra los acontecimientos de su tiempo, pero como hombre político siente que su manera de pensar resulta afectada por las circunstancias del momento.

Sade surge en el corazón del acontecimiento fundador de nuestra modernidad política: la revolución francesa. Desde 1790(1)¿La adhesión de Sade a la revolución era sincera? Gilbert Lély, Maurice Lever y J-J. Pauvert, tres de sus más famosos biógrafos, creen que no lo era.

La obra sadiana alcanza una dimensión política e histórica. Con perspectiva histórico-política analiza los acontecimientos que se avecinan para irrumpir con su obra contra ellos. En Aline y Valcour por ejemplo, una obra escrita antes de la revolución(2) Zamé le dice a Sainville: “¡oh, Sainville! Una gran revolución se prepara en tu patria; los crímenes de vuestros soberanos, sus crueles exacciones, sus orgías y su ineptitud han lacerado a Francia; se halla saturada de despotismo, se halla en vísperas de romper sus cadenas. Cuando vuelva a ser libre, esa parte altiva de Europa honrará con su alianza a todos los pueblos que se gobiernen como ella…”.(3)

La Revolución le ofrece el comienzo de una carrera política al margen de su actividad literaria. Desde 1790 hasta 1793 cuando vuelve a ser encarcelado, Sade vive al ritmo de la Revolución. Unos meses después de ser puesto en libertad, el marqués se hace otorgar la carta de ciudadano activo de la sección de la Place Vendôme, la futura sección de Piques, la más radical de París, a cuyas asambleas asistirá regularmente.

Si hay una brecha entre la obra literaria y la obra política de Sade esto se debe a que sus escritos políticos están ligados con la historia de la Revolución y su obra novelesca con la imaginación. Estos escritos parecen establecer un puente de unión entre un acontecimiento político y la obra literaria la cual parece tener vida propia y, escapar a toda forma de historicidad. 

 

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Pero sus textos políticos nos muestran que hay una conexión entre la imaginación sadiana y la revolución, en otras palabras, que la relación entre el hecho histórico-Sade y el hecho histórico de la Revolución no es fortuita.

En junio de 1791 aparece el primer texto impreso que se conoce, Carta de un ciudadano de París al rey de los franceses.(4) Es un texto político de ocho páginas, publicado unos días después de la huida del Rey a Varennes. Sade está con la Revolución y su pluma se coloca al servicio de las tesis más radicales. El 2 de noviembre de 1792, después del 10 de agosto y de las masacres de septiembre, el ciudadano Sade lee ante la Asamblea de la sección su texto Idea sobre el modo de sanción de las leyes(5), inspirado en El Contrato social de Rousseau y a favor de una especie de democracia directa.

Sade en Juliette invierte los términos de El contrato social: “Nada es más contradictorio al interés general que el interés particular y nada es al mismo tiempo más justo que el interés particular. Pues nada es menos justo que la ley que sacrifica todos los intereses particulares al interés general”(6). En Justine Sade propondrá una lectura inédita de El Contrato Social: “Un ser verdaderamente sabio es aquel que retoma a riesgo el estado de guerra que reina antes del pacto, se rebela rabiosamente contra ese pacto, lo viola tanto como puede”.

En julio de 1793 llega a ser presidente de la Sección de Piques. El 9 de octubre de 1793 pronuncia el Discurso por las almas de Marat y de Le Pelletier(7), homenaje lírico y de simpatía por ¨dos mártires de la libertad¨. El pensamiento político de Sade responde a las circunstancias, las ideas que desarrolla son las más representativas del momento.

A finales de 1791, el Journal de France registra la aparición de Justine, ou les malheurs de la vertu, en estos términos: “Todo lo que es posible a la imaginación lo más desordenado de inventar, lo más indecente, sofístico, repugnante, se encuentra amontonado en esta novela extraña…”. Sí, esta novela es extraña y diametralmente opuesta a los escritos políticos. Concebida sobre el modelo de Candide, Justine es un cuento filosófico cuya heroína es una joven huérfana inocente y virtuosa que resulta víctima de la voluptuosidad criminal de los libertinos con que se encuentra en su camino. Ella, como Cándido, cree que finalmente encontrará reposo pero no cuenta con la voluntad del Cielo que la fulmina con un rayo, prueba última de la superioridad del vicio sobre la virtud.

Ya desde agosto de 1789 la libertad de prensa permite la aparición de una literatura licenciosa, pero a partir de 1791 el Código penal eleva a rango de delito: “la enseñanza y manifestación política de las doctrinas inmorales”. El 8 de diciembre de 1793 Sade es vuelto a encarcelar en virtud de la “ley de los sospechosos”, votada por la Convención en el mes de septiembre. Todos los enemigos de la Revolución confesos o presuntos, serán arrestados y encarcelados. Bajo el régimen de Robespierre la república emprende un combate contra el ateísmo y la corrupción de las costumbres. El Incorruptible ha decidido que “en el sistema de la Revolución francesa, lo que es inmoral es impolítico, lo que es corruptor es contrarrevolucionario”. Condenado a muerte  el marqués(8) debe la vida a la caída del Incorruptible. Sade es una víctima de la época del Terror. En el siglo XIX se manifestaba que el Terror tomaba su fuente en la violencia del texto sadiano y que la guillotina encontraba su razón en los delirios sadianos. Nada más alejado de la realidad; el ciudadano Sade luchará por su abolición.

 

Sade frente a la ley

Los verdaderos monstruos, para Sade, son los juristas que disocian la ley del goce. En su obra literaria será implacable contra los magistrados, tomará el aire de venganza más que el de rebeldía que caracteriza el resto de su obra. “…era un tal señor Fontanis, presidente del parlamento de Aix,…es una especie de bestia de la que se ha hablado a menudo, pero sin conocerla a fondo, rigorista por profesión, meticuloso, crédulo, testarudo, vano, cobarde, charlatán, y estúpido por carácter, estirado en sus ademanes como un ganso, pronunciando las erres como un polichinela; enjuto, largo, flaco y hediondo como un cadáver por lo general”(9). El presidente Curval “…parecía un esqueleto: Era alto, enjuto, delgado, de ojos azules de apagado mirar, boca lívida y malsana, mentón saliente y nariz larga. Cubierto de vello como un sátiro, de espaldas recta y nalgas blandas y colgantes, que parecían dos sucios paños de cocina oscilando encima de sus muslos, cuya piel aparecía magullada a fuerza de latigazos y tan curtida que no notaba cuando se la pellizcaban”(10). Sólo un magistrado recibe cálidos elogios del Marqués. En Grenoble cuando Justine es condenada a la horca junto con otros falsos monjes que la habían secuestrado Sade lo describe así: “…Famoso magistrado, honor de este tribunal, juez íntegro, ciudadano querido, filósofo iluminado, cuya inteligencia y bondad grabaron para siempre en el templo de Themis su célebre nombre en letras de oro…

 

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¡Oh gran hombre! Te debo mi respeto, el reconocimiento de una infortunada no será en absoluto oneroso para ti, y el tributo que te ofrece, al hacer conocer tu corazón, será siempre el goce más dulce del suyo”(11).

Este magistrado famoso, cuyas iniciales aparecen en el texto M. S***, es Michel Antoine Servant, abogado del parlamento de Grenoble; pertenece a una minoría de magistrados que en la mitad del siglo XVIII intentan denunciar las fallas de la justicia del Ancien Régime y preparan la reforma del aparato jurídico y de las instituciones penales. Esta anotación es extraña, generalmente el Marqués no mezcla la ficción literaria con la realidad, pero ello muestra como el prisionero de la Bastilla -en una nota al final del texto- estaba al tanto de la reforma del derecho penal. Sade aportará de una u otra forma a esa gran reforma de la justicia criminal alcanzada en el código penal del 25 de septiembre y 6 de octubre de 1791. No en vano se encargará de las honras fúnebres de Marat y Le Pelletier, este último el artesano de la reforma de las instituciones penales que presentó ante la Asamblea constituyente el proyecto del Código. Con este homenaje Sade ratifica que sigue estando presente en el acontecimiento revolucionario.

Sade no escribió un tratado de filosofía política, a excepción de sus opúsculos políticos sino que utilizó la vía indirecta de la ficción. Es en Aline y Valcour (12), donde podemos encontrar su contribución al debate sobre la reforma del código penal. Aquí Sade tiene como centro de su reflexión la ley. Comparte con sus contemporáneos la desconfianza frente a quienes elaboran la ley, y confía en la ley grabada en la conciencia de los individuos porque es la única que puede asegurar la armonía en el cuerpo social. La solución a lo arbitrario de la justicia criminal, es una ley clara y simple que no dé lugar al equívoco sino que responda a una finalidad política y social. La ley debe ser hecha para ser aplicada y no para ser interpretada, en la misma dirección de Beccaria. Zamé explicará qué es una ley y qué utilidad puede tener para el Estado. “Por muy pura que sea la ley, ¿no comienza a ser abusiva desde el momento en que es susceptible de ser interpretada por el juez? ¿Era el objeto del legislador que se puedan atribuir a su ley tantos sentidos como lo permitan la fantasía o el capricho del que la aplica?”(13). Aunque no se muestra partidario de la ley, sino de la propiedad de los bienes por parte del Estado para que desaparezca el crimen, Zamé dirá a Sainville más adelante: “Suprimid, en una palabra, vuestra gran cantidad de leyes y disminuiréis a la fuerza la de vuestros crímenes. Si no tenéis más que una ley no habrá más que un único crimen. Si esta ley está inscrita en la naturaleza, tendréis pocos criminales”(14).

Sade está claramente contra las crueldades del Ancien Régime, las ha padecido y cree que debe buscarse una legislación criminal, cuyo objetivo no sea castigar el crimen sino prevenir la aparición de nuevos crímenes. En esto también sigue a Beccaria.

Sade conoce los textos de Montesquieu, Voltaire y Beccaria, relativos a una reforma de la justicia criminal. Se coloca con Beccaria, Le Pelletier y Robespierre entre los que se oponen a la pena de muerte por considerarla un castigo cruel e ineficaz. El 1 de junio de 1791 la Asamblea constituyente decreta que la pena de muerte será mantenida en la categoría de penas previstas por el nuevo código, poniendo un límite a la reforma del derecho penal. Terminada la época del Terror, la Convención adopta el código de 1795 que retoma y precisa las disposiciones del código de 1791. (15)

Para Sade la ley es un engaño, que surge de la complicidad entre tiranos y súbditos, la ley permite el ejercicio del poder. El tirano se somete a la ley; pero por otra parte es la ley la que eleva al tirano a dicho rango; el tirano “florece con la ley” (16)

La propuesta política: Franceses, un esfuerzo más si queréis ser republicanos.

En el año de 1795 se publica La philosophie dans le boudoir(17), La madre prescribirá la lectura a su hija(18). Este libro es el más alegre y menos cruel de los libros de Sade (a excepción de la última escena). En él las imágenes no disimulan la extrema crudeza, no hay pudor ni moderación. En medio del “Quinto diálogo” Eugénie expresa este deseo inquisitivo: “Me gustaría saber si las costumbres son verdaderamente necesarias a un gobierno, si su influencia tiene algún peso sobre el genio de la nación”(19). Dolmance menciona un folleto que ha comprado en el Palais-Égalité y que puede satisfacer la curiosidad de Eugénie. Saint-Ange lee el título: Franceses, un esfuerzo más si queréis ser republicanos. Su lectura interrumpe la instrucción de Eugénie a fin de completar su enseñanza y hacer de ella una alumna perfecta. Saint-Ange afirma que es bueno que un poco de teoría suceda a la práctica. Este folleto introduce de una manera sorprendente el discurso político en la intimidad del Tocador.

 

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En julio de 1794, la caída de Robespierre ha liberado al país del Gobierno revolucionario. Los termidorianos, después de los excesos de la época del Terror, pretenden sacar a Francia de la anarquía y darle una Constitución a la República, basada en las leyes adquiridas en 1789. Sade no permanece distante de esta empresa refundadora de la República. Es hora de preocuparse por el porvenir: “Vengo a ofreceros grandes ideas. Escuchadlas y meditadlas. Aunque no todas agraden, por lo menos aceptaréis algunas y con esto habré contribuido en algo al progreso de las Luces y quedaré conforme. No lo oculto en absoluto: observo con tristeza la lentitud con que nos aproximamos a la meta y presiento con inquietud que estamos una vez más al borde del fracaso”(20).

Realmente hasta este texto de 1795 no se ha preocupado verdaderamente de política. Su participación en la política –en la Sección de Piques- es sin mucha convicción y por oportunismo como afirma Lever; es la búsqueda de un lugar en la sociedad por parte de un antiguo prisionero de la Bastilla, pero ello no lo ha convertido automáticamente en un sans-culottes. Sade está muy alejado de las tesis de la Revolución. El 19 de mayo de 1790, le dice al abogado Reinaud: ¨A propósito, no vaya, sin embargo, a tomarme por un enragé(21), protesto yo no soy más que un imparcial…¨. Aquí aparece como tributario de sus orígenes sociales: aunque no tiene buenos recuerdos del Ancien Régime que lo ha mantenido encerrado, se siente aristócrata y unido a la monarquía y a la persona del rey y preocupado en preservar su posición y sus intereses, pero con respecto a la Revolución que lo ha liberado, permanece como un ¨moderado¨. Cercano al partido de los monárquicos, cuyas ideas son representadas en la constituyente por Stanislas de Clermont-Tonnerre, que se declara partidario de una reforma ilustrada de las instituciones, odia a los Jacobinos, desconfía de los movimientos revolucionarios y es admirador del modelo británico. Para él, sólo la monarquía constitucional permite sellar definitivamente la alianza entre el rey y la nación a través de un régimen parlamentario con dos cámaras.

Con el panfleto Franceses, un esfuerzo más si queréis ser republicanos, el tono cambia. El ciudadano Sade quiere aportar sus ideas y los principios que deben gobernar la República ¨según su corazón¨. Pero él no se inmiscuye en el debate constitucional. El debate jurídico que se plantea en el momento es el de la organización y las relaciones entre los poderes públicos, Sade pretende fundar la República sobre la base de las costumbres: ¨Franceses, sois demasiado ilustrados para no sentir que un gobierno nuevo va a necesitar costumbres nuevas; es imposible que el ciudadano de un Estado libre se comporte como el esclavo de un rey déspota; las diferencias de sus intereses, de sus deberes, de sus relaciones entre sí, determinan esencialmente de un modo del todo distinto su comportamiento en el mundo¨(22).

La República no se define solamente por la consecución del equilibrio entre los poderes a la manera de Montesquieu, sino que hay algo más profundo que la determina, las costumbres, los comportamientos que suscita y que la mantienen. Son las costumbres las que sirven de motivos a las leyes; el debate sobre la esencia de la República se desplaza del derecho constitucional al derecho penal. Si la República es asunto de costumbres y de comportamientos, es en el marco de las relaciones entre los particulares, regulados por el derecho privado que deber ser pensado el devenir de la cosa pública, y no en el marco de un derecho público en el cual los debates revolucionarios estaban encerrados. La verdadera Constitución de la República es su código penal.

Sade recuerda que el teísmo no conviene a un gobierno republicano. Hay que destruir los antiguos ídolos de la religión católica y evitar la tentación de instalar nuevos. Los recuerdos del culto al Ser supremo están vivos en los espíritus y Sade no deja de señalar que la República debe iniciarse con la proclamación de la muerte de Dios. “No, no queremos más un dios que perturba la naturaleza, que es el padre de la confusión, que mueve al hombre en el momento en que el hombre se entrega a los horrores: tal dios nos hace estremecernos de indignación, y lo relegamos por siempre al olvido, del que el infame Robespierre ha querido sacarlo”(23). La rebeldía sadiana ante Dios es una rebeldía dirigida por la razón, el ateísmo de Sade es una refutación lógica de la existencia de Dios, inspirada en los materialistas como Holbach, Diderot y de La Mettrie e influye en sus reflexiones políticas. Sade no exige únicamente que la República secularice las relaciones sociales. No se trata solamente de replantear la religión en los límites de la esfera privada; su ateísmo es un rechazo a toda forma de trascendencia y en esa medida la subversión de la trascendencia de la ley y la afirmación del goce como principio inmanente de regulación social.

Pero una República no es suficiente, es necesario abordar la cuestión de las costumbres y dar a la libertad el sentido y la extensión que le devuelve la República: la libertad de acción no debe de ahora en adelante conocer límite, el hombre no debe temer cumplir los actos que la moral reprueba y el derecho incrimina. La República permite la eliminación de toda trascendencia, debe también liberar al hombre de toda prohibición. En ocasión de la redacción de un nuevo código Sade pide a los franceses un esfuerzo suplementario. La República debe encontrar su verdadera razón de ser en el crimen, en todas sus formas; la proposición puede parecer monstruosa, pero Sade se dedica a justificarla cuidadosamente. Por ejemplo el incesto es necesario a la República porque hace perder su singularidad a la comunidad familiar y hace prevalecer una comunidad política uniforme. ¨Los hijos deben abandonar la casa paterna desde que ya no necesiten los cuidados de la madre; la educación que reciben es nacional; ya no son hijos de tal o de cual, son los hijos del Estado… gracias a esta solución ya no hay interés particular, ya no hay espíritu de familia, siempre fatal para la igualdad, en algunos casos peligroso para el Estado¨(24). El incesto debe ser la ley de todo gobierno que tenga como base la fraternidad, afirma Sade.

El acto monstruoso de Eugénie al final de la obra tiene una significación política. Después de haber introducido a la mamá en la alcoba y haberla someteido a toda clase de vejámenes, la joven pide aguja e hilo: ¨Separad vuestros muslos, mamá, para que os cosa a fin de que no me deis más hermanas ni hermanos¨(25). Es un intento por borrar toda relación entre la madre y la hija; de esta manera Sade coloca los primeros principios de su República incestuosa y criminal.

La República que surge del panfleto Franceses, un esfuerzo más… es opuesta a La República puritana de Robespierre que intenta colocar el culto de la virtud como principio del gobierno republicano. Recordemos la tipología dada por Montesquieu, la monarquía debe conservarse por medio del honor, el despotismo por medio del temor y la república por medio de la virtud. Sade propone que la República no debe ser una comunidad virtuosa, sino más bien que debe conservarse por medio del vicio y de la corrupción de las costumbres: “La altivez del republicano exige un poco de ferocidad; si se ablanda, si su energía se pierde, será pronto sojuzgado… una nación que comienza a gobernarse como república sólo se sostendrá por las virtudes porque para llegar a lo más hay que empezar siempre por lo menos; pero una nación ya envejecida y corrompida que valerosamente sacude el yugo de su gobierno monárquico para adoptar uno republicano sólo se mantendrá mediante muchos crímenes porque está ya en el crimen. Si quisiera pasar del crimen a la virtud, es decir, de un estado violento a un estado suave, caería en una inercia cuyo resultado sería muy pronto su ruina cierta”(26).

Sade formula de un modo nuevo su oposición a la pena de muerte. Hasta ahora le ha causado horror este castigo atroz. Pero si Sade mantiene la pena de muerte por inaceptable no lo hace movido por las razones avanzadas de sus contemporáneos, sino retomando la argumentación de Beccaria. Sade considera que el Estado no puede conceder el derecho de matar que por otra parte ha negado al ciudadano. Pero va más allá de Beccaria retomando el argumento y reinvirtiéndolo: este derecho de matar, es necesario concederlo al ciudadano republicano y rechazarlo si lo ejecuta el Estado. “…y, sobre todo, de acabar para siempre con la atrocidad de la pena de muerte, porque toda la ley que atente contra la vida de un hombre es impracticable, injusta e inadmisible. Y no es, como diré en seguida, que no haya infinidad de casos en que los hombres, sin ultrajar a la naturaleza (y eso es lo que demostraré), puedan haber recibido de esta madre común la total libertad de atentar contra la vida de otros, sino que es imposible que la ley pueda obtener idéntico privilegio porque la ley, fría por sí misma, no podría acceder a las pasiones que pueden legitimar en el hombre el acto cruel del asesinato; el hombre recibe de la naturaleza impresiones que pueden hacer perdonar esa acción, mientras que, por el contrario, la ley, siempre en oposición a la naturaleza y sin recibir nada de ella, no puede ser autorizada a permitirse los mismos extravíos: sin tener los mismos motivos, es imposible que tenga los mismos derechos”(27).

Paradójicamente, la institución del asesinato es inseparable de la abolición de la pena de muerte y a la inversa. Pretende destruir los fundamentos del derecho y reconsiderarlos a partir del deseo. El centro de la argumentación sadiana es el deseo y su satisfacción. La pena de muerte es injustificable porque es un asesinato contra la razón, cometido a sangre fría; es la aplicación de una regla que excluye toda posibilidad de goce. Es legítima cuando se hace por placer, en provecho del propio cuerpo. Al sufrimiento de un cuerpo responde el goce de otro cuerpo, y no la fría razón de la ley y del juez. Sade encuentra un nuevo equilibrio dirigido por el cuerpo y no por un principio abstracto de justicia.

El límite del deseo lo ve Sade en la ley que impone una violencia que le es propia a la libre expresión del deseo. La ley enfría el deseo. Aquello que la define es un estado de inercia y de inmovilidad inconcebible con los movimientos desordenados del placer libertino. La ley no puede nacer en el corazón del hombre dotado de energía. Sólo el crimen es capaz de activar esta energía y conducir a la felicidad. El acto del juez es una violencia infligida al deseo en virtud de la inercia constitutiva de la norma. Para Sade la ley posee la autoridad de un principio universal fijo que violenta el deseo y el goce. En el corazón de la ley y del derecho existe la violencia, un principio universal que subyuga a la particularidad deseante. La inaceptable crueldad de la ley reside en esta violencia propiamente inhumana que hace sufrir a lo que constituye propiamente la naturaleza humana: el deseo. Frente a la superioridad de la ley que impone una violencia debe responderse con la transgresión y el crimen ya que sólo la utopía jurídica permite borrar este círculo vicioso.

De ahí la viene la confrontación de Kant con Sade. La verdad o mejor lo impensado de la Crítica de la Razón pura, la universalidad de la ley moral (imperativo categórico), se entiende como un dejar afuera la naturaleza sensible del sujeto. Planteando la separación irreductible del placer y del deber, Kant hace de la obediencia a la ley una experiencia dolorosa.

Ya Nietzsche lo ha dicho: en el viejo Kant, el imperativo categórico tiene un resabio de crueldad. En Kant, la ley ocupa el lugar de un incondicionado; Sade ubica en este lugar al libertino y su placer. Lacan lo dice de esta manera: El agente de tormento impone la ley de su placer a la víctima reduciéndola a la categoría de objeto y de conciencia sufriente. El imperativo sadiano está dado de este modo: “Tengo el derecho a gozar de tu cuerpo, puede decirme quienquiera, y ese derecho lo ejerceré, sin que ningún límite me detenga en el capricho de las exacciones que me venga en gana saciar en él”.

El deseo libertino toma el lugar de lo incondicionado ocupado por la ley en la moral kantiana, el deseo toma la forma y el lugar de la ley y se impone a su víctima con el mismo rigor que la ley moral en la experiencia kantiana. La blasfemia remplaza la experiencia moral del respeto. Lacan verá en Kant y en Sade la verdadera significación de la relación entre el deseo y la ley; la ley en ellos implica un dolor infligido al sujeto, una crueldad que exige de aquel que se somete a ella un renunciamiento a su bienestar y a su placer. Sade revela la división interna del sujeto que tiene que sacrificar a la ley la parte sensible de sí mismo.

Las leyes dulces de las que habla el Marqués son el intento, no tanto de humanizar la legislación criminal, como de conciliar el deseo con la ley. En la Historia de Sainville y Leonore, Zamé lo dice así: “El gran arte sería combinar el crimen con la ley y hacerlo de tal forma que el crimen, cualquiera que sea, no ofenda más que mediocremente a la ley, y que la ley, menos rígida, insista en muy pocos crímenes… La mejor de todas las leyes sería aquella que se transgrediera menos, sería aquella que concediera lo mejor a nuestras pasiones…”.

La República nace de la sangre y se conservará con la sangre; la República nace del asesinato del rey y se conserva con la insurrección permanente. La culpabilidad pasada funda una legitimidad por venir, la del crimen republicano. Esta insurrección no es un estado moral, sino que debe ser un estado permanente en la República. El régimen republicano no tiene por vocación fijar el marco constitucional definitivo para la paz y la seguridad de los ciudadanos. La República es más bien un estado inmoral llamado a mantenerse en perpetuo desequilibrio.

Firme en su ateísmo, Sade lucha contra toda forma de trascendencia. Un siglo que trata de liberarse, no debe tratar de transferir a la ley los atributos de la divinidad. Zamé define la ley: La ley es un freno; ahora bien la mejor cualidad del freno es la de no poder romperse. La imagen de freno quita a la ley su carácter de principio y la integra como simple elemento de una mecánica social dirigida por el deseo; la ley es a la vez indispensable y secundaria con relación al deseo. A la ley dura la sustituye una ley dulce, que limita por naturaleza las posibilidades de su transgresión. El proyecto utópico de Zamé termina con las conclusiones de Franceses, un esfuerzo más… es decir, el abandono de todo principio de realidad: “Seamos justos: toleremos el crimen”. La dulzura de las leyes conduce a la supresión de las leyes y a la instauración del crimen. Puesto que la ley engendra actos criminales es necesario que ella autorice el crimen. La despenalización del crimen lejos de hacer desaparecer el crimen lo amplia y sirve para definir las costumbres de la República sadiana.

Franceses, un esfuerzo más… es la reductio ad absurdum de la teoría revolucionaria y la negación más radical de la filosofía jacobina. El pensamiento de Sade, por supuesto, es un intento de subversión, pero ella debe entenderse como la introducción de la política en el Boudoir, es decir, como el encuentro entre el teatro de la perversión y el discurso revolucionario. Este encuentro impensable ha hecho que se edite separadamente este texto, que se intente disociar estos dos mundos que para Sade son indisociables. No es un texto insertado arbitrariamente, es el desplazamiento del campo de la reflexión política al campo cerrado del Tocador. El discurso político abandona sus lugares tradicionales como la asamblea y la calle y se encierra en un lugar de lujuria. Al mismo tiempo que se hace este desplazamiento, el libertinaje surge en la escena revolucionaria, Dolmance ha comprado el folleto en el Palais de L´Égalité, un lugar de alto debate público que durante el Directorio ha devenido en un lugar de libertinaje.

La República inmoral de Sade encuentra su origen en la sustitución de los lugares tradicionales del debate político. Sade hace estallar el marco tradicional del discurso de la filosofía política, que debe incluir ahora el cuerpo, el deseo, el goce. Trasladada a la Alcoba, la filosofía debe abandonar su retórica vaga sobre las pasiones y enfrentar el vicio en toda su dimensión monstruosa; plantea, así, la terrible realidad del cuerpo, su obra es una búsqueda minuciosa y detallada de los mecanismos de placer sexuales analizados sin pudor.

Con Sade descubrimos que el problema de la filosofía política es el olvido del cuerpo. El marqués nos muestra que la política y el derecho no se construyen sin el cuerpo o contra él, sino con él. Lo inaceptable del código penal sadiano es el intento de colocar a prueba el discurso jurídico que habla del cuerpo sin saber de lo que habla.

Por un extraño camino su adhesión a las ideas revolucionarias sobre la reforma de la legislación penal lo llevan a proponer su propio código: un giro del discurso revolucionario al discurso libertino. Sus teorías penales se encuentran contaminadas por un discurso que quiere introducir a todo precio el cuerpo, el deseo y el goce en el debate político y jurídico, pero que conllevan el peligro de construir un orden normativo aceptable. El problema que se plantea es: ¿qué permanece del derecho cuando entra el deseo en escena?, ¿qué permanece de la ley cuando se considera el goce como elemento constitutivo de la naturaleza humana?

El deseo y el goce en Sade excluyen toda forma de relación contractual. En Masoch, por el contrario, el deseo de sumisión encuentra su cuadro jurídico en un verdadero contrato en forma escrita. La relación masoquista se piensa y se construye en el marco de la esfera privada. La relación -o mejor la no relación- sádica se concibe, al contrario, sobre el modelo de una institución pública. La propuesta de la prostitución universal se origina en un pensamiento político que no se limita a una simple apología de la transgresión.

Sade se distancia de los reformadores ilustrados con respecto a la arbitrariedad de la justicia parlamentaria. La introducción del goce y del deseo cambia el rumbo; se debe olvidar el régimen de las incriminaciones, el principio de proporcionalidad y de humanidad de las penas, olvidar el código penal de 1791; ahora el juicio sadiano no condena en virtud de una prescripción legal, sino del abuso del poder a fin de satisfacer un deseo perverso.

A pesar del esfuerzo Sade no alcanza a salvar la ley. El discurso jurídico de Sade, su voluntad de proponer soluciones políticas aceptables fracasan, al disimular una concepción del hombre que no puede conceder ningún lugar al derecho sino más bien minar las condiciones de su posibilidad. Franceses, un esfuerzo más… alcanza una extraña configuración: mientras que tradicionalmente el derecho se empeña en crear condiciones que hagan posibles relaciones estables y durables entre las personas, el orden sadiano reposa sobre el fundamento frágil de una relación sin porvenir. El instante del goce reúne a los individuos, sin verdaderamente unirlos, en una relación que jamás esta llamada a durar: “De ello mismo se deriva que tenemos [el derecho] de obligarla [a la mujer] a someterse a nuestros deseos, no exclusivamente, porque me contradiría, sino momentáneamente”(28). Si el derecho sadiano autoriza la obligación, ésta no puede ser mantenida más allá de lo que exige el placer.

Parece que al final de esta empresa de deconstrucción, el marqués se decide a ir contra el derecho ya que cree imposible la construcción de un orden normativo. Sade se ha decidido por hacer prevalecer el estado anárquico sobre el estado de derecho. La República del marqués de Sade impone el silencio a la ley porque piensa que debe esforzarse por mantener el estado de insurrección permanente y no ceder a la tentación del derecho.

 

CRONOLOGÍA

Hacemos un recorrido cronológico – para ubicar nuestro escrito en la época en que se desarrollan los acontecimientos- desde la entrada del marqués a la Bastilla –el 29 de febrero de 1784-, hasta la publicación de su novela Justine, o las desventuras de la virtud –el 12 de junio de 1791-.

29 de febrero de 1784. El Marqués de Sade es trasladado de la prisión de Vincennes a la Bastilla, junto con otros dos prisioneros que eran los únicos que quedaban en dicha prisión: el conde de Solages, internado por su familia y el conde de Whyte de Malleville, víctima de demencia. Lo instalan en la torre llamada “Libertad”, en el segundo piso, que junto con la torre la “Bastide” constituyen el bloque de celdas de Saint-Antoine. - Para la descripción de la celda ver: LEVER, Maurice. D.A.F. Marqués de Sade. Barcelona, Seix Barral, 1994, p. 320.

22 de octubre de 1785. Inicia la puesta en limpio de los borradores de Los 120 días de Sodoma. Para evitar la confiscación los escribe de manera microscópica en hojitas de 11 centímetros pegadas por los bordes, que forman una banda de 12,10 metros de largo, por ambas caras.

27 de noviembre de 1785. Termina la versión inacabada de Los 120 días de Sodoma en 37 días, la que conocemos con posterioridad a su pérdida en 1789 después de ser editada entre 1931 y 1935 por Maurice Heine y vuelta a editar por Michel Delon en 1990.

Otoño de 1786. Aunque no se puede precisar la fecha es por esta época que inicia su trabajo sobre Aline y Valcour. Para ello se documenta sobre España y Portugal.

5 de octubre de 1786. A las once de la mañana se presentan el maestro Thomas Gubert y Toussaint-Charles Girard, en nombre del comendador de Sade, tío paterno del marqués, para que éste firme los poderes para conceder a su tío la administración durante su cautiverio de sus bienes y sus negocios junto con los de su esposa así como la responsabilidad de la educación de sus hijos. El Marqués se niega.

8 de julio de 1787. Termina las 138 páginas de su cuento filosófico Los Infortunios de la virtud, escrito desde el 23 de junio. Escribe en la última página. “Me han dolido muchos los ojos al hacerlo”.

21 de junio de 1787. Haciendo caso omiso de la negativa del Marqués, un consejo de familia asume por orden escrita del Châtelet de París, la gestión de sus bienes y la educación de sus hijos. Sade es desposeído de sus bienes y de sus derechos paternos.

7 de julio de 1787. El comendador de Sade, que tiene 84 años presidente del consejo de familia (por su alto rango en la Orden de Malta) otorga la citada responsabilidad a Mme de Montreuil, la suegra del marqués, como consta en carta de esta fecha.

1 de marzo de 1788. Inicia su cuento “Eugenia de Franval” y lo termina en 6 días.

22 de septiembre de 1788. El Marqués de Sade es trasladado, a petición suya, a la celda seis de esta torre llamada de “Libertad”.

1 de octubre de 1788. El marqués compone una bibliografía de sus obras que suman 15 volúmenes hasta esa fecha, sin contar sus manuscritos clandestinos.

2 de julio de 1789. El alcalde De Launay, gobernador de la Bastilla, informa al ministro de Estado Villedeuil, sobre el escándalo que el Marqués ha producido en la torre gritando: -con un recipiente para orinar en forma de megáfono- que van a degollar a los prisioneros y que los carceleros son unos asesinos. El alcalde pide el traslado del prisionero. 4 de julio de 1789. A la una de la madrugada seis hombres armados sacan desnudo al marqués con destino a Charenton.
13 de julio de 1789. Llega un documento a Charenton en que se autoriza a Mme de Sade a retirar los papeles de la Bastilla. Unos 600 volúmenes, los manuscritos de Sade y sus trajes, muebles y retratos han sido destruidos y saqueados.

14 de julio de 1789. Días después del traslado del marqués a Charenton, la Bastilla es tomada por asalto. De Launay, el mayor de Losme-Salbray y un ayudante, Miray, son arrastrados hasta la place de Grève y degollados. Mme de Sade visita al comisario Chénon para ir a la Bastilla por los enseres del marqués. Un principio de insurrección les retrasa la visita hasta la tarde y este incidente tal vez le salva la vida a ambos.

19 de julio de 1789. Mme de Sade le escribe al comisario Chénon que declina toda responsabilidad en los asuntos de su marido. Ésta es la primera vez que la esposa del marqués asume esta actitud.

18 de marzo de 1790. Sus hijos Louis-Marie y Claude Armand van a visitar a Charenton a su padre, -que hace unos 14 años nos los ve- para comunicarle que la Asamblea Nacional ha abolido dos días antes, el régimen de las lettres de cachet.

2 de abril de 1790. Sade es puesto en libertad a punto de cumplir cincuenta años. Tiene los cabellos escaso y canos y está harapiento y tan gordo que apenas puede moverse. Ese Viernes Santo llega a París “…con tres colchones gastados, su levita de ratina negra y un luis de oro en el fondo del bolsillo, sin saber adónde ir, dónde comer, dónde encontrar dinero”. Al convento de Saint-Aure va en búsqueda de quien había sido por 27 años su esposa, la cual se niega a recibirlo y le envía una nota en la cual le manifiesta no querer volverlo a ver jamás.

3 de abril de 1790. Mme de Sade le escribe a Gaufridy: “Monsieur de Sade está en libertad desde el día de ayer, Viernes Santo. Quiere verme pero le respondí que todavía deseo la separación; es la única solución”.

5 de abril de 1790. Pide a Gaufridy unos mil escudos hasta el verano próximo. Los necesita para pagar deudas. Para su propio mantenimiento le pide dinero a su suegra quien se lo presta. Recurre a M. de Milly, su representante comercial en París, quien le presta dinero y lo aloja; luego, el marqués se trasladará al Hotel du Bouloir.

17 de abril de 1790. Anulación de la sentencia de Châtelet; puede disponer de nuevo de sus bienes.

9 de junio de 1790. El Châtelet concede a Mme de Sade la solicitud de cuerpos y de domicilio. 25 de agosto de 1790. Conoce a Marie-Constance Renelle, que lleva el apellido de su Marido Quesnet; éste la había abandonado con un hijo, Sade le dará el sobrenombre de Sensible. Ella tiene, al conocerla, treinta y tres años. A ella le dedicará su novela Justine. 23 de septiembre de 1790. Después de arduas discusiones, sobre todo por la devolución de 160 mil libras a su esposa para restituir la dote, se firma un acuerdo.

1 de noviembre de 1790. El marqués rompe con la presidenta de Fleurieu, de la cual es inquilino en la rue Honoré-Chevalier, para trasladarse a la Chaussée d´Antin.

Enero de 1791. Constance se traslada a la pequeña casa del número 20 de la rue Neuve-des-Mathurins en la Chaussée d´Antin, donde ya vivía el marqués.

Primeros días de marzo de 1791. Anuncia a Reinaud una novela filosófica que piensa imprimir en Pascua, Aline y Valcour, obra de la cual estará siempre muy orgulloso.

12 de junio de 1791. Anuncia a Reinaud la aparición de Justine, o las desventuras de la virtud: “…quemadla y no la leáis si por casualidad cae en vuestras manos: reniego de ella”. Esta obra marcará el nacimiento de la mitología sadiana, en la cual el epíteto sadiano será el símbolo del mal absoluto.

 

REFERENCIAS

siete
*

Este texto fue publicado por primera vez en AntroposModerno en la siguiente dirección:  http://www.antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=700 Errancia agradece a Alberto Pinzón León su escritura y a AntroposModerno su publicación.

** Doctor en Filosofía; Universidad Javeriana. Bogotá Colombia.
1

El 4 de julio de 1789 el Marqués es conducido de la Bastilla al asilo de Charenton, luego que la Asamblea Nacional suprime el régimen de las Lettres de cachet. Es liberado el 2 de abril de 1790.

2 No tenemos la fecha exacta de la redacción de esta obra. Gilbert Lély la supone escrita entre el 28 de noviembre de 1785 y el primero de octubre de 1788. El mismo Sade afirma que este texto fue “escrito en la Bastilla un año antes de la Revolución”. El 12 de junio de 1791 Sade anuncia la publicación de esta obra a un amigo Reinaud, pero la impresión no se terminará hasta el 8 de diciembre de 1793, fecha de la nueva encarcelación del Marqués. A la salida de la prisión en diciembre de 1794, su impresor Girouard ha sido condenado a muerte y ejecutado el 8 de enero de 1794. Después de todos estos obstáculos se publican cuatro volúmenes en agosto de 1795, bajo la firma del ciudadano S***, en Girouard. Existen pues dos ediciones del manuscrito. El autor modifica muchos pasajes, de una edición a la otra en este largo período de impresión: la de 1793 tiene una tendencia revolucionaria, la de 1795 es una versión republicana.
3 MARQUÉS DE SADE. Historia de Sainville y Leonore. Madrid, Espiral/Fundamentos, 1985, p. 191. La obra Aline y Valcour comprende dos obras: los trágicos amores de los prometidos Aline y Valcour novela relatada a través de 72 cartas. Al comenzar la carta XXXV, el autor introduce la Historia de Sainville y Leonore que es la narración del viaje de Sainville alrededor del mundo en la búsqueda de su esposa Leonore y las aventuras de esta joven expuesta en cada país a la codicia de los libertinos.
4 MARQUÉS DE SADE. Carta de un ciudadano al rey de los franceses. En Escritos filosóficos y políticos. Barcelona. Grijalbo, 1975, p. 78. Sade, en este texto, le reprocha a Luis XIV que tratara de huir y fuera apresado en la frontera así como su cobardía y su desatención a las cosas del pueblo. Propone una monarquía popular en la que el poder sea transferido no por generación sino por voluntad popular: “...el imperio francés no puede ser gobernado más que por un monarca, pero hace falta que éste, elegido por un pueblo libre, esté fielmente sometido a la ley...a la ley hecha por los representantes de la nación, pues sólo a ellos corresponde el derecho de promulgarla, ya que el poder sólo puede residir en el pueblo en tanto que el poder que vos tendríais sólo debería ser usado para la grandeza y la gloria de quienes os lo confían.
5 “Idea sobre el modo de sanción de las leyes”. Escritos filosóficos y políticos. Barcelona, Grijalbo, 1975, p. 68. “Conozco todas las artimañas del despotismo. He estudiado a los hombres y los conozco: sé que renuncian sin pena al poder confiado y pronto se colocan en el marco del poder delegado. Amo al pueblo. Mis obras prueban que quería el sistema actual antes de que los cañones vueltos contra la Bastilla lo anunciasen al universo. El más glorioso de mis días fue aquel en que creí ver renaciente la dulce igualdad de la edad de oro, donde vi al árbol de la libertad cubrir con sus ramas bienhechoras los restos del cetro y el trono…”.
6 Juliette/1. Madrid, Espiral/Fundamentos, 1998, p. 131.
7 Escritos filosóficos y políticos. Barcelona, Grijalbo, 1975. Discurso pronunciado en el acto por la sección de Inconformidades para las honras fúnebres de Marat y Le Pelletier, por Sade, ciudadano de esta Sección y miembro de la Sociedad popular. “Los oigo anunciar la aurora de los días serenos y tranquilos en que París, más fastuoso que nunca lo fuera Roma, será el asilo de los talentos, el terror de los déspotas, el templo de las artes, la patria de todos los hombres libres de uno a otro polos de la Tierra. Todas las naciones envidiarán el honor de ser aliadas del pueblo francés y remplazando las costumbre frívola de ofrecer a los extranjeros nuestras modas y costumbres, enseñaremos las leyes, los ejemplos, las virtudes y los hombres que hemos de dar para bien de la Tierra”.
8 El 22 de septiembre de 1792 se da inicio a la época que se conoce como el Terror. El año quedó dividido en doce meses de treinta días cada uno, completado por cinco o seis (en los bisiestos) días, que se denominaron sans-culottides. Los meses fueron bautizados por Fabre d´Englantine el 24 de noviembre, en función de las estaciones.
9 MARQUÉS DE SADE. Cuentos, historietas y fábulas completas. “El presidente burlado”. Madrid, La Fontana Mayor, 1976, p. 146.
10

Las 120 jornadas de Sodoma. Madrid, Espiral/Fundamentos, 1985, p. 24

11 Justine. Madrid, Espiral/Fundamentos, 2000, p. 295-296
12 Esta novela es la menos sadiana, escrita a la manera que recuerda Las Cartas persas o algunos cuentos de Voltaire, utiliza un género popular en el siglo XVIII, la novela epistolar. Es también una novela de aventuras que hace posible el relato utópico. Sainville, el héroe principal, viaja por los reinos de Mutua y de Tamoé, permitiéndole al Marqués desarrollar sus ideas sobre la política al darles a los personajes las distintas posiciones políticas que estaban a la orden del día en la palestra pública.
13 MARQUÉS DE SADE. Historia de Sainville y Leonore. Madrid, Espiral/Fundamentos, 1985, p. 175.
14 Ibid., p. 180
15 Luego de la adopción del Primer Código Penal de 1791, los representantes de la Nación deciden inscribir en la Constitución el proyecto de establecer un código de las leyes civiles unificadas y comunes al conjunto del reino. Paralelamente, la Asamblea constituyente vota la laicización del estado civil, la creación del divorcio y la abolición del régimen funcionario feudal. Un primer proyecto de Código es presentado por Cambacérès el 9 de agosto de 1793 del cual algunos artículos son votados. Siguen otros tres proyectos en 1794, 1796, y 1799 que por problemas políticos no son adoptados. Es necesario esperar a 1804 y a la voluntad política de Bonaparte para ver promulgado el proyecto de la codificación civil.
16 Ver DELEUZE, G. La presentación de Sacher-Masoch. Madrid; Taurus, 1974, pp.88-89.
17

Es una serie de siete diálogos en el transcurso de los cuales dos instructores inmorales –Dolmance y Saint-Ange- corrompen a una adolescente –Eugénie-, es una exploración sistemática de todos los vicios de los que es capaz la naturaleza humana. El marco temporal de la obra mezcla rasgos del Ancien Régime y el Directorio; menciona la constitución de 1795 y el respeto de la propiedad propio del Directorio. Menciona el Palais-Royal de París, centro de la actividad política y erótica como Palais-Égalite, nombre que se le dio en 1795.

18 Es una referencia jocosa al panfleto de 1791 titulado Los Furores uterinos de María Antonieta, esposa de Luis XVI, que dice: “La madre prohibirá a su hija la lectura de este libro”.
19 MARQUÉS DE SADE. La filosofía en la alcoba o los preceptores inmorales. Bogotá, Gerardo Rivas Moreno, 1996, p. 165.
20 “Franceses, ¡un esfuerzo más!...” Escritos filosóficos y políticos. Barcelona, Grijalbo, 1975, p. 127.
21 La facción más radical de los sans-culottes.
22 MARQUÉS DE SADE. La filosofía en la alcoba o los preceptores inmorales. Op. cit., p. 184.
23 Ibíd., p. 175.
24 Historia de Sainville y Leonore. Op. cit., 1985, p. 158.
25

La filosofía en la alcoba o los preceptores inmorales. Op. cit., 1996, p. 265.

26 Ibíd., p. 224.
27 Ibíd., pp. 189-190.
28 Ibíd., p. 202. 

 

BIBLIOGRAFIA ESPECÍFICA.

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