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C7

DESEADA E INOLVIDABLE

XAVIER ILICH CARBALLIDO NARANJO

 

 

 

Nietzsche dijo:


En realidad amamos nuestro deseo más que aquello que deseamos...

Ella murió en el quirófano, él no lo sabía, claro la historia había empezado más atrás, se conocieron estudiando, ella tenía 24 él tenía 27 aunque se veía más cascado por la vida, una vida apagada, de esas que no brillan, que parece que solo pasan el tiempo, que solo están frente a las arenas del tiempo, esperando concluir.

El flechazo entre ellos fue inmediato y accidental, ella le había derramado café encima un día que no lo vio, después de eso ella se propuso quedar grabada en la vida de él,  él no hacía nada por intentar o aproximarse a ella, desde ese momento ella encendió una llama en él, un chispazo a la hierba seca de su existencia fue suficiente para incendiarle la vida.

Poco a poco se fueron aproximando, con sus avatares y sus humanidades a cuestas, ella era evanescente y volátil, el monolítico y pasivo. Al parecer solo había un terreno en el cual se entendían, el sexo, la pasión los desbordaba, se comían con la mirada cada que se veían, Las manos todo el tiempo jugueteaban sobre esos cuerpos encendidos, ella despertaba en este hombre el deseo, la flama que durante tanto tiempo se había apagado, los dos temblaban y no sabían qué hacer con esos temblores, los hacían sentir inseguros, con miedo, con ganas de salir corriendo, varias veces los dos se remontaron a sus infancias, la clásica escena donde el chico llega torpemente con la niña y le pide ser su novia, segundos después hecha a correr sin esperar la respuesta, ya que sabe que cualquiera de las dos respuestas es terrible, es por ello que echamos a correr ante la abrumadora presencia de lo que deseamos y anhelamos secretamente.

Por todo lo demás estos dos no sabían cómo acomodarse uno frente al otro, ese vértigo que da el horizonte de posibilidades, el vacío a construir, todo aquel que ha estado parado frente a las posibilidades sabe del terror que despierta el campo abierto, la excitación que en el cuerpo se siente cuando hay posibilidad de todo. Pero estos dos tenían un destino a cumplir, él tenía el deseo de que quizás, por un accidente, por una suerte del destino, el final fuera diferente.

Ante tal horizonte surgieron las demandas, las exigencias del que quiere sentirse amado, deseado, ni uno ni el otro pudieron con esto, con este quedar atados, ¿tal vez  en su deseo no sería más importante para ella sostenerse en el deseo de él que acceder al suyo? y que así sea como accede a su deseo; para quedar tal vez como éter, jamás olvidada, siempre deseada.

El final fue trepidante y concluyente, el decidió terminar, ya no podía acompañarla más, veía el rumbo que las cosas tomaban, decidió simplemente desapare-ser, borrar toda evidencia de su existencia junto a ella, cual ladrón saco sus cosas, procurando que ella no se diera cuenta, poco a poco fue distanciándose, hasta solo quedar el silencio, así pasaron 4 semanas, ella tuvo un accidente al bajar las escaleras de su casa, por un instante ella pensó en él, y esto la distrajo y fue rodando escaleras abajo, hasta pegarse en la nuca de manera rápida y sin dolor, su cuerpo quedó tendido, tenía signos de vida cuando llegaron los paramédicos, la trasladaron inmediatamente a urgencias, pero este es México, uno de los paramédicos ya le había robado cosas de su monedero, la entrada al hospital fue algo lenta, ese día había jugado la selección y el país se encontraba paralizado, en ese momento todo el mundo estaba pegado frente a sus televisiones, viéndolos jugar como nunca y perder como siempre, se había formado dentro de su cerebro un coagulo de sangre, el cual no permitía la libre circulación, poco a poco su cerebro se iba asfixiando en el trámite lento de un seguro social poco eficiente, por un error en el papeleo y una pequeña distracción de la enfermera, que estaba viendo apasionadamente el partido, llenó la cedula de entrada sin darse cuenta muy bien de lo que escribía, escribía la sentencia de muerte de ella, la mandaron a traumatología de manera inmediata, pero olvidando el pequeño detalle del golpe en la cabeza, aunque los signos eran claros, los médicos de turno, chicos recién desempacados de la escuela hicieron su mejor esfuerzo en el quirófano, ella ya estaba muerta cerebralmente, el coagulo no había permitido la oxigenación de su cerebro.

Años después él se enteró del evento por gente común que conocían, él se había desaparecido del mundo, conoció a una chica, se casó con ella, vivían juntos, tenían dos hijos, un perro y una pareja de gatos gordos. Ya se había olvidado de ella, para él fue claro que el destino de los dos se cumplía a cabalidad, ella quería ser éter, siempre deseada jamás olvidada, y la entrada a la muerte le aseguraba la eternidad en él, todavía guardaba secretamente el último mensaje que ella le envió, poco antes de rodar por las escaleras, “Te amo, quiero verte, no desaparezcas de mi mundo, dime ¿dónde estás?, él había enviado la dirección donde se encontraba como respuesta a ese mensaje, y ella al leerlo se volvió éter e inolvidable, rodando por las escaleras…

 


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