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LA MUERTE EN TIEMPOS DE LA POSMODERNIDAD

ALBERTO SLADOGNA (*)

 

sladogna@gmail.com

 

El tema de la muerte ocupó a Sigmund Freud y a otros analistas, entre ellos, a Jacques Lacan quien se ocupó de dar por muerto al “psico...análisis”, aceptando que se trataría ahora solo de análisis(1). El análisis se ocupa de los interrogantes desplegados ante la presentación de la muerte a quienes están haciendo su análisis. La muerte en análisis no es de un orden general, se trata de aquella que afecta a quien sostiene una experiencia en el diván. En ese lugar no solo está el analizante sino que esta su hermano, el analista, ambos cuerpos resultan afectados por ese suceso anómalo: la muerte se presenta sin previo aviso, pese a sus múltiples anuncios.

En análisis se presenta un hecho: cómo son afectados el analizante y su analista ante la muerte de un ser querido o incluso por qué no, odiado por el analizante. Ocurre que esa afección conduce a tal o cual sujeto a buscar un análisis pues no sabe qué, cómo y dónde desplegar el afecto que circula por su cuerpo, se abre así la posibilidad de transitar su forma de hacer  su duelo, afecto que toca el cuerpo, la imagen y las palabras. Los afectos, indicó Freud, no se reprimen, solo se desplazan por la superficie corporal. Lacan añadió un dato: solo cuando el analista queda afectado por lo que le ocurre a su posible analizante, se dan las condiciones para efectuar una análisis.

Convendrá subrayar que esa circunstancia no es del orden de “un trabajo del duelo”, por el contrario, si hay “trabajo”  no hay duelo posible. El duelo que nos aqueja se impone, sin que el doliente lo haya buscado, y quizás, por eso, no es un horizonte que requiera efectuarlo bajo el dominio obligatorio de un trabajo llamado “psíquico”.

Los estudios analíticos se han ocupado de otras formas de la muerte, por ejemplo, aquella que es convocada por la guerra, una actividad sólo desempeñada por los humanos, como bien ya lo indicó Sigmund Freud en Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte (1915). Artículo  donde Freud es tocado por los efectos de la Primera Guerra Mundial (1915-1920) pues tenía un hijo en el frente de batalla, allí vuelve a citar una frase: Cada uno de nosotros debía a la naturaleza una muerte (Henry IV, Shakespeare). Para nuestro estudio conviene destacar que Shakespeare escribió algo un poco diferente: Debes a Dios una muerte. Añadimos un hecho que nos concierne: el México se despliega desde hace varios años una guerra genocida so pretexto de la guerra contra el narcotráfico, quizás sea más pertinente indicar, un trazo racista de esa guerra: una guerra contra el nacotráfico, en particular contra los jóvenes que son la mayoría de quienes mueren en el curso de esa guerra.

En la actualidad vivimos la época del despliegue de la muerte de una forma de Dios, sus consecuencias, no sólo como una toma de posición de Nietzsche sino como el espacio y el tiempo de su realización en la vida cotidiana. Hacer frente a la muerte de un ser querido en estos tiempos carece del apoyo que otrora brindaba una forma previa de Dios  para el creyente  y los no creyentes(2). Esa mutación del Otro llamado Dios tiene efectos: el presidente Felipe Calderón bajo cuya conducción se produjeron más de veinte mil muertos declaró sin inconvenientes que durante su llamada guerra contra el narco existió abuso por parte de corporaciones policiacas “pero sólo como excepción” y lamentó la muerte de cerca de 70 mil personas durante su gestión; sin embargo, dijo que ahora duerme más tranquilo porque “tengo menos problemas”. Si, en efecto, la posmodernidad formula el tema de la muerte forzada de los ciudadanos como parte de la pareja: problema /solución: Al calificarse al narco y sus “integrantes” como un “problema” se les da una “solución”: son muertos pues sus muertes ya no cuentan, ni siquiera como un crimen, pues son una “solución” a un “problema”.

Propongo al lector ubicar en el horizonte de cada duelo efectivo las consecuencias de la muerte de una forma de Dios, consecuencias sobre el contenido, la expresión y el componente real de vivir la pérdida de algo en esa muerte, perder un algo del que “no se sabe” a ciencia cierta, qué se perdió con él, o si con esa pérdida gana algo el doliente.

 

Un caso: fulminar la experiencia de la muerte

Alberto a los 50 años de edad recibe la información de que su madre se encuentra en delicado estado de salud. Al arribar a la casa materna, comprueba que no sólo es delicado sino que ella está viviendo el desenlace de  una enfermedad calificada como “terminal”(3).

Su primera dificultad provenía de esa calificación médica que genera una singular expectativa en el entorno, en particular, a aquellos, que como él tienen un monto de libido que ella les dirige, sea el que sea: el destino de su madre no le era ajeno(4). La dificultad consiste en que un diagnóstico médico -cuya pertinencia y exactitud no está en discusión- coloca a ese hijo y a otros, ante la demanda  de esperar únicamente la muerte de ese ser. Ante la muerte nadie tiene asegurado ningún futuro ¿A título de qué se obliga a dar un trato singular a alguien pues se lo considera terminal? En esas condiciones la vida que le resta a su madre, queda alterada por un diagnóstico objetivo y pertinente; en este caso Alberto debe enfrentar una situación donde ella estaba viva y se trataba de obligarlo a “pensar”(5) en su próxima e inevitable muerte.¡¡¡Que infierno!!!

El diagnóstico apunta a darle un carácter “terminal” a la vida lo cual no es lo mismo que si el diagnóstico fuera el de una “enfermedad terminal” pues allí es la enfermedad la afectada y no necesariamente la vida. Ese “infierno”  era un  obstáculo a salvar si quería  vivir –como se pudiera- sin someterse a una muerte por venir. Si alguien está atormentado por la muerte anticipada, la cura analítica revela que ese alguien tiene su vida hecha a cuadritos, entonces no puede vivir(6).

En este caso, el sujeto se atrevió a vivir ese momento de manera agradable y hasta  cómica por momentos. Tal comicidad compartida con ella,  era la vía que les permitía dar lugar a la tristeza que los habitaba, ésta  no requiere necesariamente de la soledad para hacer acto, quizás, por el contrario, solo se está triste cuando ese sentimiento, ese goce, se comparte(7). Respecto al estado físico de su madre se  ubicó sólo como hijo, ya que los médicos no requerían de otro profesional.

Así las cosas Alberto llegó al momento de hacer frente al hecho cruel y absoluto de la muerte de su madre, un ser querido. Hacer frente al hecho no es lo mismo que pensar en que ese hecho va a ocurrir.  Ahí, en ese punto debió  vivir su singular experiencia de la muerte en la actualidad. Tardó poco tiempo en darse cuenta de que el merecido funeral cobraba un ritmo vertiginoso, la funeraria(8) establecía los tiempos y los hacia obligados. Una vez que el rito queda a cargo de una empresa ella impone los tiempos, los espacios e incluso dispone del cuerpo del fallecido. Cuando eso ya está instalado y circula en el lazo social no siempre es factible encontrar una manera de impedir, posponer o modificar sus alcances.

El sujeto que tenía en su horizonte un funeral desplegado en el tiempo y compartido por la comunidad –en una época los vecinos tenían un lugar quizás más importante que los familiares en ese rito, claro se trataba de amigos del fallecido-; ese sujeto veía como los días de guardar se reducían a una cuantas horas, incluso en un descuido debió discutir con los empleados de la funeraria que se disponían a cerrar la caja fúnebre sin dar aviso a los familiares y amigos  de la fallecida. La cuestión se tornaba semejante al trato que dedican los medios de comunicación a la muerte: Es necesario “pasar ya a otra cosa”, se intenta borrar u obturar el tiempo lógico de la tristeza mediante la “obligación de aceptar” la lógica del tiempo sin memoria, sin congoja, sin dolor, sin homenaje  a los antepasados queridos. Es un impedimento para darse color de que algo se comenzó a perder. El lector tomará nota de que en la actualidad,  el cine de los EEUU, insiste en la producción de filmes sobre el retorno de los muertos, ese hecho del arte subraya que en esa sociedad , y quizás, en el resto de Occidente, al no dejar descansar a sus muertos , por la vía del cine, un arte, se hace un lugar a una solicitud de los fallecidos: “Ya déjennos descansar en paz”, “¿Por qué nos condenan al estado de almas en pena?”(9).

En México los muertos y los desaparecidos acompañan a la llorona en su recorrida de las noches urbanas tratando de dar paz a las almas de los muertos.  José Guadalupe Posada dio a la luz los padecimientos de la llorona con su Calavera Garbancera, La Catrina que hacía de  la muerte una crítica política, económica, social de las injusticias que no dejaban en paz a las almas afectadas.

Regresemos a la situación de Alberto, las sorpresas no terminaban aún para este sobreviviente, acompañó al cuerpo de su madre al cementerio, y allí vivió  una tensión suprema, su madre de origen judío fue cremada, y luego, sus cenizas recolectadas en una urna, ya no son los tiempos ni hay lugar para las tumbas ni para la lápida(10) , tampoco hay tiempo para indicar esa atroz coincidencia, de someter el cuerpo de su madre, de origen judío, al fuego de un horno crematorio.
El cuerpo en la muerte

El análisis se ocupa de la muerte en la medida de que un cuerpo es el objeto de ella, sólo afecta a un cuerpo –el del sobreviviente-, incluso cuando a  un analizante la diagnostican una “muerte inminente”, es un cuerpo el que está afectado; más allá del éxito de metáforas desplegadas para indicar otras formas de “muerte”- verbg.: “la muerte de un sistema político”. Las metáforas conducen a una imagen, y subrayamos las imágenes no son afectadas por la muerte, así como tampoco es posible ocasionar la muerte del sistema simbólico o de unos de sus elementos. El cuerpo afectado por la muerte es el sostén de una imagen especular(11). Esa característica se muestra en la experiencia  acompañada de otro hecho singular: la muerte de un ser querido afecta, durante largo o corto tiempo, el cuerpo de quien resulta afectado por ese duelo. El afecto desplegado en el curso de un duelo no está reprimido, ese afecto  se asienta en el cuerpo en forma directa, por ejemplo, en ciertos casos los sujetos se retiran de la vida sexual, en otros entran en una práctica sexual casi ininterrumpida. En ambos casos el cuerpo está afectado.

El cuerpo  y su muerte dieron origen a estudios de filósofos griegos respecto del alma, misma que en ciertas condiciones se llama “psique”(12); ese cuerpo es consustancial a cada muerte acaecida. Convendría precisar que en la actualidad, en forma silenciosa y continua asistimos, vivimos un cambio en el estatuto libidinal del cuerpo; cambio visible dado al cuerpo humano en el trato que éste recibe cuando lo alcanza la muerte. Se descubrió la biopolítica, a la cual Foucault dedico varios estudios; luego se instaló la necro política: administrar la muerte de los ciudadanos

El psicoanálisis fue inventado por Freud en condiciones precisas, situadas en un lugar y en un tiempo, la Viena que era parte del Imperio Austro-Húngaro, la Europa de aquella época. Ese cuerpo que las histéricas le mostraron a Freud tenía una singularidad: era un cuerpo recubierto por la libido y como tal estaba sometido al régimen del deseo; esa energía singular del deseo le otorgaba a cada cuerpo su condición humana. El cuerpo de un humano que representaba ante otro humano a un cuerpo humano recubierto por la libido, era el resultado de un singular régimen libidinal. La libido se aposenta en las zonas agujereadas del cuerpo, sus zonas erógenas. Esas zonas son erógenas y por tal condición permiten a  un montante biológico entrar en contacto con Otro humano, sin esa articulación, vivida bajo el régimen del amor, del odio o de sus extrañas y muy particulares proporciones provocan el milagro de que una carne neoténica(13) se transforme en un cuerpo humano.

El pasaje a la condición humana no sólo requiere de los ritos de nacimiento, del despliegue de las formas de inserción en la vida social –ritos de pasajes- también incluyen las formas humanas de la muerte y la particular vivencia de los sobrevivientes, que permiten distinguir entre un fallecido, un cadáver humano y la carroña. Allí está el grito acuciante de Antígona, quien a pesar de reconocer que su hermano como ciudadano había sido un traidor, no por eso, para ella dejaba de tener su lugar de hermano, y por consiguiente, enfrentando las leyes de la ciudad, se arriesgó, pone  en juego su vida para darle una sepultura humana. Los ritos de nacimiento, pasaje y funerarios serán lo que pueden ser, sólo que ellos, son una de las formas de recubrir con libido el bios,  a partir de la Segunda Guerra Mundial, en particular  las experiencias de los Campos de Concentración y la Cámara de Gas, esos ritos fueron alterados, modificados y en el extremo borrados por nuevas prácticas. En México tenemos tristes y escabrosas experiencias del trato nuevo dado al cuerpo de los humanos: Un albañil conocido como El Pozolero disolvió en ácido cientos de cuerpos, en el año 2009 confesó haber deshecho de al menos trescientos, se trata de la fabricación en pequeña escala de fábricas de la muerte ¿Qué nos dice su nombre, El pozolero?

Desde de la Segunda Guerra Mundial el estatuto “sagrado”, “libidinal”, “erótico” del cuerpo sufrió un cambio de régimen. Se pasó de ese cuerpo libidinal al régimen extendido del cuerpo de la ciencia y la tecnología, un cuerpo donde predomina el despliegue de la biopolítica.  Ese cambio  originó, por un lado el nacimiento de una nueva concepción del cuerpo – el biopoder y además el cuerpo modificado por la tecnología, el cyborg; y por el otro introdujo una serie de transformaciones que alteran, suprimen y, en ocasiones, resuelven algunos de los interrogantes e “inconvenientes” que el régimen anterior implicaba. Señalo uno relativo al tema de la muerte: se pasó del sistema de la muerte “natural” proporcionada por Dios (“Dios se lo llevo”; “Dios así lo quiso”) acompañada por el régimen de la culpa a cargo del doliente (“Se murió por mi culpa, no hice lo suficiente para evitarlo”; “ No lo cuide como merecía”),  al régimen de la muerte asistida y “decidida” por aquel que la va a sufrir, eso es un nuevo y legal régimen de eutanasia(14).

Un costado singular de la muerte humana resultó afectado por la instalación de las fábricas de la muerte: el sistema de los campos de concentración nazis y sus maquinarias de exterminio extendido: las cámaras de gas y los hornos crematorios. Estas actividades industriales se nutrían del bios –el cuerpo biológico de los prisioneros- sometidos al gobierno, en un espacio cerrado –el campo.- gobernado por las ciencias y sus prácticas(15).

La transformación operada a partir de Eichmann y sus coterráneos afectó la muerte humana en los campos y en la modernidad. Desde ese momento se puede morir a consecuencia de una estructura impersonal, junto con ello el duelo por la muerte dejo de recibir un trato personal, como lo fueron los ritos fúnebres, cada día más reducidos en el tiempo, por la prisa de conducir el cadáver a un horno crematorio, perdón, son conducidos a un “lugar para la incineración de sus restos”. El Ingeniero Prüfer capturado por el ejército americano al terminar la Segunda Guerra Mundial, fue liberado pues los “convence” de la utilidad “no criminal” de los hornos construidos por su compañía; les señaló el “alto interés” que tendrían para “el porvenir”.

Auschwitz cambió la posición de Occidente ante la muerte y el duelo; ese cambio produce más que una “simple” dificultad para la erótica desplegada en el curso de tal o cual duelo singular. Philippe Ariès subrayó la fecha  de 1939-1948  como reveladora para los cambios producidos ante la muerte, la aparición de su rechazo y el intento de suprimirla (escribiríamos su eliminación definitiva). Ariès pese a las fechas no tomó nota de la coincidencia de esos años con la maquinaria nazi. Los Funeral Homes americanos distribuidos a escala planetaria tienen un origen preciso: la fábrica de cadáveres del campo de concentración y su horno crematorio base y estructura de la incineración ejecutada en las funerarias o cementerios posmodernos(16).

Esta modificación de los funerales y del trató dado al cuerpo del muerto, introduce en el horizonte del duelo en la actualidad una escisión entre el cuerpo del ser querido que ha fallecido y el cadáver que es un objeto del sistema empresarial que se ocupa del mismo. Esa escisión rompe la articulación anterior que ofrecía al doliente un rito funerario que daba lugar a la muerte como un elemento más de la vida; mientras la empresa funeraria se inscribe en el horizonte actual dibujado por la ciencia: postergar e incluso “terminar” con la muerte; algunas fantasías desatadas por la clonación así lo indican. La reencarnación del ser querido estaría, según la biotecnología y sus expectativas a la vuelta de la esquina para cualquier habitante de este mundo. Una demostración por el absurdo de tal horizonte fue la secta de Rahel, comunidad “científica” uno de cuyos objetivos es clonar a los “seres queridos” que hayan muerto. Esa secta obtuvo sus fondos económicos a partir de unos padres cuyo hijo único murió debido a una mal praxis médica, misma que juzgada por los tribunales los hizo “beneficiarios” de una cuantiosa indemnización. Esa suma de dinero la donaron a Rahel y su comunidad, quienes les indicaron que a partir de los cabellos del niño era factible su clonación y entonces ellos recuperarían a su hijo único y querido. 

Los cabellos de ese niño en el régimen anterior serían una reliquia, un trozo de cuerpo – un objeto metonímico- que acompañaría a los padres en la realización de esa vida infantil perdida, con la consiguiente carga de culpa y el probable despliegue de un duelo. Hoy, la secta absurda de Rahel, no por absurda deja de esta alejada de la ciencia, esa secta les ofrece a esos padres otro camino para a encarar su “duelo”: la sustitución de un hijo muerto por un clon de un muerto, si así fuera, ese niño ¿estaría vivo? ¿Cuál de ellos sería la congelación de una muerte? Ante esa opción quién formularia a esos padres alguna crítica por querer a su hijo y quererlo de esa manera, allí está un límite para el análisis. Este caso nos muestra la condensación entre los cambios actuales producidos por el avance del biopoder y su conjunción con la ciencia, y nos muestra además, como los humanos hacen frente, en esas nuevas condiciones, por ejemplo, a la pérdida de un ser querido, pues si algo queda claro es que esos padres querían al hijo que falleció a temprana edad. Se puede argumentar que ellos lo querían con ellos y preguntar si ¿lo querían a él? Y entonces deducir que ellos no aceptaban la pérdida, sólo que estas no fueron ni sus argumentos, ni sus preguntas y por ende el analista no las puede formular desde fuera de las preguntas e inquietudes de ellos.

Veamos ahora otro paso singular que conjuga el “arte” crematorio de los campos de concentración nazi, la orfebrería y los restos, las cenizas de un ser querido. Notará el lector que las joyas, el arte orfebre, y el arte funerario son dos formas en las que una cosa es elevada, para algunos humanos al estatuto de un objeto, llegaremos al extremo de afirmar que se trata de un objeto del deseo, o de un objeto causante del deseo. Convendría estudiar con más detalle el auge del arte funerario desplegado por las bandas de narcos y sus jefes que pinta de manera intensa el filme de Luis Estrada: El infierno.

 

Portar en el dedo los restos de un ser querido

Trascribo a continuación una información difundida por una joyería singular, pues se trata de joyas funerarias o fúnebres. Esa empresa toma a su cargo las experiencias de los hornos crematorios, más las novedades localizadas por la ciencia y la tecnología en el tratamiento de los desechos industriales y su transformación en otra cosa(17). La transformación es la operación salvaje, absoluta que cada muerte impone a quienes sobreviven al muerto: a ellos se les impone el pasaje de una vida a la muerte de esa vida.  La información es producida por una empresa instalada en nuestro país y que ofrece sus servicios a la población:

  "Transformación en Diamantes-Diamantización. El razonamiento más lógico al tratar de encontrar relación entre un diamante y un ser humano es que ambos contenemos un mismo elemento: el carbono. La tarea que se ha dado en resolver Algordanza, con el más alto nivel de ética y respeto en cada parte del proceso; es el purificar y obtener dicho carbono de las cenizas de nuestros seres queridos para después hacer lo que la naturaleza tarda millones de años y formar un diamante de calidad SI ó superior. El proceso estudiado y analizado por nuestros científicos desde hace 20 años consta de 7 patentes internacionales y consiste básicamente en la obtención de carbono puro de las cenizas de nuestros seres queridos dando como resultado la esencia de quien amamos; así se podrá obtener y pulir una hermosa y única joya que es para siempre… un Diamante Azul esencia de nuestro ser querido. ALGORDANZA LE PERMITE TRANSFORMAR EL RECUERDO DE UN SER AMADO EN UN SIMBOLO DE AMOR CUAL MAS ETERNO, YA QUE EL CONTACTO, LA BELLEZA Y LA LUZ QUE TRASNMITE UN DIAMANTE JAMAS PUEDEN SER ENCONTRADAS EN UNA URNA Ó UN CEMENTERIO. Para las personas que optan por la cremación, desprenderse posteriormente de las cenizas reaviva los sentimientos de culpa y acentúa el dolor ya que el acto mismo viene a convertirse en una segunda pérdida. Para quien busca perpetuar el recuerdo de su ser querido, Algordanza es una opción sana y positiva. Le permite la continuidad y contemplación de su recuerdo desde una perspectiva de belleza y cercanía.”

La empresa con oficinas y servicios ofrecidos en México, DF, es una funeraria de la posmodernidad y su inserción en nuestra sociedad es parte de la modificación radical que estamos viviendo en las formas subjetivas de hacer frente a la pérdida de un ser querido. Ya no habrá cementerios, tampoco lápidas, sino simplemente un mercado de joyas donde la poesía fúnebre encuentra realizados sus objetos. El sujeto de los mismos ya no se hace, frente a un objeto que le faltó o un a un objeto que falta a partir de la muerte, ninguna de esas operaciones parecen requerirse, pues el sujeto llevará pegado en el dedo  los restos de su ser querido.  La antigua tradición popular y religiosa permitía conservar en una urna depositada en la casa familiar los restos de un muerto, a veces, pasado un cierto tiempo, la urna era llevada a la Iglesia de la comunidad o el contenido de la urna era depositado en una tumba o  era esparcido en el aire o era vertido sobre el curso de un río u ofrecidos al mar. Estas operaciones implicaban una transformación subjetiva para el doliente. Él participaba de la operación de desprenderse de ellos y ese corte provocaba algunos efectos subjetivos y subjetivantes para él.

La oferta de esta empresa de joyería fúnebre qué nuevas preguntas lanza a la clínica y la doctrina del psicoanálisis. Si el psicoanálisis se caracterizó en su existencia por abandonar el terreno de las normas del “deber ser” y dar albergue a las formas raritas de la subjetividad, quizás tenga ante estos avatares la posibilidad de relanzar su apuesta ¿O no?

 

Re-escritura, 10/02/2016.

 

 

 

REFERENCIAS

* Miembro de l’école lacanienne de psychanalyse. Este trabajo apreció en una primera versión en: el sitio http://www.revista.unam.mx/vol.7/num8/art61/ago_art61.pdf. Revista Errancia... agradece a Alberto Sladogna el haber realizado una nueva versión para este número.
1 El 9/10/1967 Lacan formulo una proposición a su école freudienne de Paris para acceder al título de “analista de la escuela”, del texto hay varias versiones solo subrayó que se trataba de un título sin psique: analista de la escuela.
2

Sostener un ateísmo o dejar de suponer a Dios sólo es posible en un marco de “existencia” de esa deidad, de allí que los afectados por su muerte   no sean sólo los creyentes, como lo revela la muerte caída del cielo sobre las Torres Gemelas de la ciudad de New York: para los “suicidas” nadie inocente de los que estaban en esas Torres.

3

“Terminal” es una de los “eufemismos” difundido a partir de cierto momento por la medicina y sus agentes, los médicos, para indicar que tal o cual paciente ya está fuera de cualquier posibilidad médica de sobrevivencia a su padecimiento. “Terminal”, al menos, en castellano no deja de evocar y convocar a los trenes u otros medios de transporte que salen de su Terminal y/ o que llegan a la terminal, p.e., como los muestra la película “Amén”, que no deja de mostrar una circulación de trenes que salen de una terminal, la ciudad de Viena dirigiéndose a otra terminal, el campo de concentración de Auschwitz.  Algo semejante muestra el filme “Garaje Olimpo”, una terminal aérea de donde parte un vuelo terminal para los transportados en esos aviones, eran luego arrojados vivos al rio y/o al mar, quizás algunos eran previamente  sedados.

4 En los medios “psi”, a veces, incluido y patrocinado por el “psicoanálisis teórico” se obliga a los “analizantes” a tener que estar “en duelo” ante la muerte de una madre, un padre o un hermano. Esto es  abusivo, es una violación, en la medida de qué de antemano no se puede obligar a nadie a estar en duelo por la muerte de alguien por ser un familiar. Tal o cual analizante entran en duelo cuando esa muerte los afecta, si no, no hay duelo posible.
5 “Pensar” la muerte exigida por el diagnóstico lo obligaba, y quizás a otros también, a ponerse en la cercanía de terminar “deseando” esa muerte ¿Eso es necesario, será así en todos los casos? ¿Por qué? Para la Iglesia  pensar algo es ya el pecado, Freud y Lacan no se alejaron mucho de esa  visión del  pensamiento.
6

En ciertas ocasiones eso se presenta bajo la forma de una “psicosis” de duda permanente: Si se vive se corre el riesgo de no pensar en la muerte por venir, y a la vez, cómo vivir pensando, a cada instante, en ese por venir.

7 La tristeza es un sentimiento singular, puede desplazarse pero no cuenta con los beneficios de quedar sometida a la represión, como ya los estudios la cura analítica y la doctrina desprendida de esa cura.
8

El sujeto de este caso había vivido en una tradición anterior, allí el tiempo estaba dado por el dolor compartido con los amigos, los vecinos y algunos familiares del fallecido. A partir de 1945 las “empresas” fúnebres hicieron, de manera creciente y avanzada, de la muerte de alguien, la ocasión para la fabricación de un nuevo objeto del capitalismo: el cadáver industrial y comercializado, un objeto más, como cualquier otro, del plus valor capitalista.

9

Edgar A. Poe escribió al respecto El extraño caso del Señor Valdemar, y años más tarde Jacques Lacan indicó que un trato semejante al señor Valdemar - un muerto obligado a conservarse con vida a pesar de su muerte- le daba el movimiento psicoanalítico a  Sigmund Freud, lo cual no ha impedido que semejante trato hoy se extienda al mismo Jacques Lacan. Poe parafraseado por Jacques Lacan nos dejó la siguiente imagen: “Es un hombre al que, por haber permanecido bajo la hipnosis durante el tiempo de su agonía, le sucede que fallece sin que su cadáver deje por ello de mantenerse, bajo la acción del hipnotizador, no sólo en una aparente inmunidad a la disolución física, sino en la capacidad de atestiguar por medio de la palabra su atroz estado. Tal metafóricamente, en su ser colectivo, la asociación creada por Freud se sobreviviría a sí misma, pero aquí es la voz la que la sostiene, la cual viene de un muerto. Sin duda Freud llegó hasta hacernos reconocer el Eros por el que la vida encuentra como prolongar su goce en la prórroga de su pudrición. En semejante caso sin embargo la operación del despertar, realizada con las palabras tomadas del Maestro en una vuelta a la vida de su Palabra, puede venir a confundirse con los cuidados de una sepultura decente.” Cfr.:, Jacques Lacan, Escritos,1Situación del psicoanálisis y formación del psicoanalista”.

10

Jacques Lacan en su estudio pionero, Los complejos familiares, (1938), estudió el lugar que ocupa en ciertas condiciones la inscripción en una lápida del nombre y apellido del muerto.

11 En el estudio de Jacques Lacan del estadio del espejo en la constitución del Yo quedó claro un hecho: el cuerpo tiene una imagen, pero la imagen no es el cuerpo; el cuerpo es el objeto opaco que permite al estar ubicado ante el cono especular mostrar una imagen pero no se confunde con ella; el cuerpo y la imagen de él son dos elementos distintos; en el llamado “estadio del espejo” - en sus sucesivas elaboraciones- Lacan insiste, quizás siguiendo a Bolk, en que el cuerpo no está en la imagen, es aquello que no está en ella. Cfr.: Alberto Sladogna, Epílogo. El “Estadio del espejo” de Lacan: diálogos con el Espejo, el Surrealismo, la Fotografía y la Locura en Dany- Robert Dufour en Dany-Robert Dufour,  Lacan y el espejo sofiniáco de Boehme, con epílogo de Alberto Sladogna, Funda, Universidad Autónoma de Querétaro, Querétaro, México, 2005, pp.47-85
12 Edwin Rhode, Psique: la idea del alma y la muerte entre los griegos, FCE, México, 1949. Este libro según los corrillos  era uno de los libros de cabecera de Jacques Lacan.
13

Louise Bolk en su mítica conferencia dictada en la Sociedad de Anatomía de Freiburg, 1926: La “humanización” del hombre, publicada en la Revista de Occidente, 1927/1928, él definía a la neotenia como un organismo inacabado, fetal, dotado de un desarrollo sexual; el neóteno no es descendiente del chimpancé, sino del feto de un chimpancé. Para medir las consecuencias de estas hipótesis en el psicoanálisis desplegado por Jacques Lacan en México se puede leer el ensayo de Dany-Robert Dufour,  Lacan y el espejo sofiniáco de Boehme, con epílogo de Alberto Sladogna, Funda, Universidad Autónoma de Querétaro, Querétaro, México, 2005. La obra de Bolk acompañó a Jacques Lacan desde sus primeros textos hasta sus últimos seminarios.

14 Sigmund Freud tomaba nota en  El malestar en la cultura de los cambios producidos, según él, a partir del momento en que Prometeo robó el fuego a los dioses: el hombre toma a su cargo las tareas divinas, la muerte es una de ellas, y cada hombre se ubica como un dios. Los dioses griegos reaccionaron enviando la caja de Pandora a los humanos, misma que fue abierta por el hermano gemelo de Prometeo, una caja cuyo contenido es la ciencia. La fecha del texto de Freud no deja de indicar la cercanía de sus premoniciones con la actualidad de Austria y Alemania en esa época.
15

Deadly Medecine. Creating the Master Race, United Status Holocaust Memorial Museum, Washington, EEUU, 2004

16 Philippe Ariès, El hombre ante la muerte, Taurus Humanidades, Madrid, 1987.
17 Respecto de este tema se cuenta con un estudio detallado de los concursos  de empresas alemanas durante el nazismo; ellas dotadas de la ciencia y la tecnología de esa época competían entre sí ofertando al Estado Nacional Socialista, un producto especial: los hornos crematorios y cada una indicaba los “beneficios” que su producto  ostentaba: limpieza, eficacia, ahorro de combustible, transporte de los desechos para entrar y para salir; capacidad de producir mayor cantidad de desechos en menos horas, etcétera. Ver: Jean- Claude Pressac, Les crématoires d’Auschwitz, CNRS Editions, Paris, 1993.

 

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