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DISPOSITIVOS DE PODER
Y SUBJETIVIDAD EN ENTREDICHO


SANDRA MARCELA UICICH *

suicich@uns.edu.ar

 

Resumen: La experiencia de una cultura es, para Foucault, epocal, histórica, situada y singular; está constituida por la correlación de tres elementos: campos del saber, tipos de normatividad y formas de subjetividad. En cada momento histórico, los campos de saber delimitan un tipo de sujeto de conocimiento y un modo específico de relación con la verdad; los tipos de normatividad regulan la relación de unos sujetos que actúan sobre otros; y las formas de subjetividad implican una relación de los sujetos consigo mismos. Foucault estudia las prácticas concretas rechazando la idea de un sujeto constituyente y adoptando un escepticismo sistemático ante los universales antropológicos. Señala que la “sujeción” del sujeto está atada a las fluctuantes relaciones de poder, pero no en forma determinista. Porque ahí donde el poder cree fundar verdades y legitimar saberes operando una fijación de modos posibles de ser sujeto, se abre también el campo de la creación de otras formas de subjetivación. El trabajo aborda la perspectiva de Foucault, Deleuze y Guattari sobre la subjetividad, en la que la resistencia es invención: constitución del soi même como pliegue de las fuerzas sobre sí, para crear eso impensable e impensado por los saberes y los poderes establecidos.

Palabras clave: Foucault, subjetivación, invención, relaciones de poder, Deleuze.


La experiencia de una cultura es, para Foucault, epocal, histórica, situada y singular; está constituida por la correlación de tres elementos: campos del saber, tipos de normatividad y formas de subjetividad (Cfr. Foucault 2006b: 8). En cada momento histórico, los campos de saber definen un tipo de sujeto de conocimiento y un modo específico de relación con la verdad; los tipos de normatividad en tanto conjunto de reglas que separan lo normal de lo anormal, lo permitido de lo prohibido, etc., regulan la relación de unos sujetos que actúan sobre otros, estableciendo normas y ejerciendo el poder de determinados modos; las formas de subjetividad, por su parte, implican una relación de los sujetos consigo mismos que se configura epocalmente: no será la misma subjetividad la de un estoico que la de un epicúreo o la de un cristiano de los primeros siglos, por tomar algunos ejemplos analizados por este autor. En definitiva, el ejercicio del poder es uno de los modos de objetivación del sujeto, y como señala en El sujeto y el poder: “no es el poder, sino el sujeto, el tema general de mi investigación” (Foucault 2001: 242).

Algunas precauciones metodológicas sostienen las reflexiones y análisis foucaultianos: primero, mantener un escepticismo sistemático ante los universales antropológicos; segundo, sospechar de todo aquello que se presente como verdad sobre una naturaleza humana dada; y tercero, abordar el estudio de las prácticas concretas, de las experiencias, de lo que “se hace”, rechazando la idea de un sujeto constituyente, en tanto las prácticas son modos tanto de obrar como de pensar (Cfr. Foucault 1984: 943).

Conocemos gran cantidad de pasajes en los que Foucault se ocupa de los microejercicios de poder (sujeción, disciplinamiento, dominación) sobre el cuerpo y, por ende, sobre la subjetividad. Sabemos que la “sujeción” del sujeto está atada a las fluctuaciones de las relaciones de poder. Sin embargo, el ejercicio del poder “sobre” el cuerpo no es determinista.
Señala Foucault:

  (...) una relación de poder sólo puede articularse sobre la base de dos elementos que son cada uno indispensable si se trata realmente de una relación de poder: ese ‘otro’ (sobre quien se ejerce una acción de poder) debe ser enteramente reconocido y mantenido hasta el fin como una persona que actúa; y que, ante una relación de poder, se abra todo un campo de respuestas, reacciones, resultados y posibles invenciones (Foucault 2001: 253).

Pretendo detenerme en esta última afirmación, porque creo que ahí donde el poder intenta fundar verdades y legitimar saberes operando una fijación de modos posibles de ser sujeto, se abre también el campo de la creación siempre renovada y nunca agotada de otras formas de subjetivación.

En este sentido, creo que los procesos de subjetivación liberan las potencialidades; y este carácter rebelde e indominable de la constitución del sí mismo (soi même”) es el eje entorno al cual se pueden situar los análisis de las prácticas sociales contemporáneas en las que irrumpen modalidades novedosas de la subjetividad. En este trabajo, en particular, haré un análisis conciso de los procesos de subjetivación en el marco de los actuales dispositivos pedagógicos.

Desde ya, ese sí mismo no debe asimilarse al sujeto racional consciente y libre que pensó la filosofía moderna sino al modo nietszcheano de un quantum de fuerzas dinámicas, modo ampliamente pensado, descrito y usado por Deleuze y Guattari. Es esta última perspectiva la que describo para pensar los sujetos actuales.

Aun cuando siga siendo fundamental la crítica y deconstrucción de los mecanismos sociales de poder que funcionan modelando subjetividades e imponiendo identidades, se trata de tomar en cuenta la constitución subjetiva como una reapropiación creativa, como el pliegue de las fuerzas sobre sí mismas, es decir, la constitución subjetiva como tarea propia.

 

SUJECIÓN

  “Hay dos significados de la palabra sujeto: por un lado, sujeto a alguien por medio del control y de la dependencia y, por otro, ligado a su propia identidad por conciencia o autoconocimiento. Ambos significados sugieren una forma de poder que subyuga y sujeta”

         (Foucault 2001: 245).

El sujeto fue tamizado en distintos momentos históricos por diversos mecanismos, procedimientos y tecnologías de poder usadas “para actuar sobre el comportamiento de los  individuos considerados individual o colectivamente; para formar, dirigir o modificar su manera de comportarse, para imponer fines a su inactividad o para inscribirla en estrategias de conjunto, múltiples, por tanto, en su forma y lugar de ejercicio; diversas, del mismo modo, en los procedimientos y técnicas que ejecutan: esas relaciones de poder caracterizan la manera en que los hombres son ‘gobernados’ los unos por los otros” (Foucault 1984: 944, traducción propia).

En varias obras, Foucault repiensa el ejercicio de un poder que no es sólo ni en primera instancia represivo, sino exitosamente productivo, capaz de crear una verdad en el marco de un cierto “juego de verdad”: es un conjunto de acciones sobre otras acciones(1). Explica, además, diversas formas de experiencia del sujeto en relación con la verdad. Define un proceso de subjetivación como “el modo en que el sujeto hace la experiencia de sí mismo al interior de un juego de verdad en el que está en relación consigo (à soi)” (Foucault 1984: 942-943, traducción propia).

En su conferencia “Las redes del poder” de 1976, Foucault describe dos experiencias desplegadas en suelo europeo a partir de los siglos XVII y XVIII: la anátomo-política y la biopolítica. Sus mecanismos de poder respectivos son el disciplinamiento de los cuerpos individuales a partir de su constante vigilancia y la regulación de las poblaciones por medio del control estatal (sobre su natalidad, mortalidad, calidad de vida, etc., y a partir de datos estadísticos). Hacia el final de la conferencia, Foucault plantea que el sexo es la bisagra o eje (charniére) entre ambas tecnologías políticas del poder, ya que es a través del control de las conductas sexuales individuales que se asegura la reproducción de las poblaciones y se cambian las relaciones entre natalidad y mortalidad: en la encrucijada entre las disciplinas individualizantes del cuerpo y las regulaciones de la población, el sexo se transforma a fines del siglo XIX en “una pieza política de primera magnitud para hacer de la sociedad una máquina de producción” (Foucault 1994:247).

Sin embargo, como él mismo señala, ese dispositivo de sexualidad “no tiene como razón de ser el hecho de reproducir, sino el de proliferar, innovar, anexar, inventar, penetrar los cuerpos de manera cada vez más detallada y controlar las poblaciones de manera cada vez más global” (Foucault 2006 a:130). No se trató en esa época de la simple aplicación de una serie de tecnologías a una forma de regulación del deseo ya dada, sino de la puesta en funcionamiento de mecanismos que producen, activan, desencadenan o hacen emerger el deseo en una forma delimitada socioculturalmente: se produce así una verdad sobre la sexualidad y un determinado modo de subjetivación(2).

Los dispositivos biopolíticos conformaron una forma de domesticación propia de la máquina humanista, al subsumir los aspectos naturales de la especie humana bajo mediciones estadísticas y medidas jurídico-sanitarias, y repeler esa salvaje e incontrolable naturaleza mediante una normalización social homogeneizante que impone criterios de conductas. ¿Qué se regula mediante el ejercicio del biopoder sobre la población? La irreverencia de los sujetos a los límites impuestos al cuerpo y a la sexualidad. Por eso la sexualidad es la bisagra entre las tecnologías individualizantes de la disciplina (la anatomopolítica) y las biopolíticas. Aún hoy quedamos presos de “lo que el miedo al ridículo o la amargura de la historia impiden relacionar a la mayoría de nosotros: la revolución y la felicidad; o la revolución y un cuerpo otro, más nuevo, más bello; o incluso la revolución y el placer” (Foucault2006a: 13).

Siguiendo a Deleuze en su conocido “Poscriptum sobre las sociedades de control” de 1991, aunque hoy estaríamos un poco más allá del disciplinamiento anátomo-político (con la consiguiente crisis de las instituciones de encierro, su tradicional escenario) no podemos afirmar que haya desaparecido como forma de ejercicio del poder. Pero su persistencia, la infatigable audacia de su despligue, su presencia cotidiana, no logran detener la constante emergencia de la novedad, de otras formas y nuevos “otros” que resisten, de este modo, a los poderes instituidos y su funcionamiento hegemónico.

 

INVENCIÓN

  “Y en nuestros días, las luchas contra las formas de sujeción, contra la sumisión de la subjetividad, se vuelven cada vez más importantes, aun cuando las luchas contra las formas de dominación y explotación no han desaparecido. Todo lo contrario”
         (Foucault 2001: 245).

El humanismo definió la subjetividad desde lo natural, subsumida bajo un régimen identitario que la organiza a partir de una imagen fija y estable y la ata a una identidad como si fuese una unidad cerrada, impermeable a un “afuera” cambiante. En Micropolíticas, Félix Guattari propone “la idea de una subjetividad de naturaleza industrial, maquínica, esto es, esencialmente fabricada, modelada, recibida, consumida” a contrapelo de una concepción tradicional del sujeto como "un être-là, algo del dominio de una supuesta naturaleza humana” (Guattari y Rolnik 2005:39). Apuesta así a los procesos de subjetivación singular que disloquen la estabilidad y la determinación universal de las identidades(3).

En la misma línea, Deleuze apuesta a las potencialidades irreductibles de los procesos de subjetivación que implican siempre un resto inalcanzable por la dominación ideológica, intratable para el marketing, incontrolable por los saberes y los poderes dominantes al rebasar al sistema capitalista y a los dispositivos disciplinarios(4). La subjetivación consiste para Deleuze “en la invención de nuevas posibilidades vitales, como dice Nietzsche, en la constitución de auténticos estilos de vida” (Deleuze 1996: 148). La creación de nuevas imbricaciones con las formas dominantes de producción material y social implica una multiplicidad latente de nuevos modos de ser sujetos. La creación de otras posibilidades vitales hace naufragar esas formas simbólicas y materiales en lo inesperado, espontáneo y rebelde.

Los procesos históricos nos muestran un doble juego en la construcción de la realidad social: por un lado, las realidades sociales son objetivadas, remiten a tramas de relaciones, normas e instituciones legadas por generaciones anteriores que, a través de distintos mecanismos o dispositivos, condicionan las prácticas individuales y colectivas; y a la vez, esas tramas se vuelven sus puntos de apoyo porque las realidades sociales se inscriben en mundos subjetivos e interiorizados, constituidos por formas de sensibilidad, percepción y representación.

Si bien las representaciones sociales contribuyen a construir las realidades sociales, no las agotan: existen diversos mecanismos de objetivación, materialización y fijación de “lo real” y a la vez, lo que aquí nos importa, azarosas o creativas fugas de esos mecanismos. Es decir, los modos de aprendizaje y de socialización permiten interiorizar las tramas sociales, y como contraparte las prácticas individuales y colectivas de los actores objetivan las formas de sensibilidad, percepción y representación. En esos universos exteriores y su orden establecido (dispositivos, instituciones, mecanismos de diversos tipos) hay toda una producción de subjetividad estandarizada, que pone a disposición de los “consumidores” una serie de subjetividades prét-a-porter: en esos procesos de subjetivación hay una simple individualización, una “elección” o “adopción” individual de uno de estos modos de ser sujetos disponibles en el seno del propio sistema. Sin embargo, hay otros procesos de subjetivación que implican una singularización subjetiva, como explica Guattari: “El modo por el cual los individuos viven esa subjetividad oscila entre dos extremos: una relación de alienación y opresión, en la cual el individuo se somete a la subjetividad tal como la recibe, o una relación de expresión y de creación, en la cual el individuo se reapropia de los componentes de la subjetividad, produciendo un proceso que yo llamaría de singularización”(Guattari y Rolnik2005:48).

Esa reapropiación creativa, ese pliegue de las fuerzas sobre sí mismas, es la constitución subjetiva como tarea propia.

  Franquear la línea de fuerza, rebasar el poder, ello significaría plegar la fuerza, conseguir que se afecte a sí misma en lugar de afectar a otras fuerzas: un “pliegue”, según Foucault, una relación de la fuerza consigo misma. Hay que “doblar” la relación de fuerzas mediante una relación consigo mismo que nos permite resistir, escapar, reorientar la vida o la muerte contra el poder. (...) A esto llamó Nietzsche la actividad artística de la voluntad de poder, la invención de nuevas “posibilidades de vida” (Deleuze 1996:159-160).

En la perspectiva de Foucault, Deleuze y Guattari, la resistencia no es (sólo) oposición, crítica o denuncia, sino invención, es decir, reconstitución del pliegue de las fuerzas sobre sí mismo para crear eso impensable e impensado por los saberes y los poderes establecidos. Sin embargo, ese pliegue de fuerzas no es acción consciente de un sujeto soberano al estilo del que mentó la modernidad, sino despliegue azaroso de las fuerzas mismas. A propósito de la concepción del sujeto en Foucault, Deleuze señala en una entrevista:

  De acuerdo con la manera en que se pliega la línea de las fuerzas, se constituyen modos de existencia, se inventan posibilidades de vida (...): no ya la existencia como sujeto, sino como obra de arte. Se trata de inventar modos de existencia, siguiendo reglas facultativas, capaces de resistir al poder y de hurtarse al saber, aunque el saber intente penetrarlas y el poder intente apropiárselas. Pero los modos de existencia o las posibilidades vitales se recrean constantemente, surgen constantemente nuevos modos... (Deleuze 1996:150).

Hoy, diversos procesos de singularización escapan a la fijación de identidad es a pesar de que se naturaliza continuamente el juego de reducir la alteridad a la mismidad, juego en el que lo otro es tamizado por matrices y estereotipos que lo ajustan a lo mismo, que lo condicionan a la identificación con lo conocido.

 

SITUACIÓN

  “Quizás el más importante de todos los problemas filosóficos es el problema del tiempo presente y de lo que somos en este preciso momento”
(Foucault 2001: 249).

A continuación propongo pensar, desde el bagaje teórico descrito, la configuración de las subjetividades dentro de los dispositivos educativos actuales, en particular en Argentina. Tomo el caso del Programa ConectarIgualdad en el sistema educativo nacional que, de  algún modo, intenta aggiornar y subsanar las fallas de una escuela estancada en el tiempo -que no propone "nada interesante", en la que lxs alumnxs "se aburren"- a través de la distribución gratuita y masiva de netbooks entre alumnxs y docentes, la utilización crítica y comprensiva de nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en procesos de enseñanza-aprendizaje, y la capacitación de lxs docentes (en algunos casos, directamente una alfabetización informática)(5). Se presenta como una política de inclusión digital de alcance nacional, con el objetivo de reducir las brechas digitales, educativas y sociales y ampliar las posibilidades de acceso democrático “a recursos tecnológicos e información sin distinción de grupo social, económico ni de las más diversas geografías, tanto rurales como urbanas”.
Entre sus fundamentos señala que

Educación con TIC no es solamente el uso instrumental de las nuevas tecnologías. Implica también el aprendizaje de competencias de gestión de información, comunicación, intercambio con otros en un mundo global, capacidad de innovación, y actualización permanente. Estos objetivos exceden aunque incluyen las habilidades informáticas. Deben incluir, por lo tanto, un conjunto de propuestas didácticas que apunten a formar a los estudiantes para un escenario en el que existe cada vez mayor información disponible.

La generación de nuevas competencias para un escenario cambiante pondría a lxs alumnxs en mejores condiciones de acceso al mercado laboral(6). Pero ahí donde la escuela pretende captar al alumno mediante la seducción de la netbook para asimilar saberes de tipo enciclopédico y conducirlo al mundo del trabajo, se topa con su evasión. Lxs alumnxs encuentran otros usos, se “escapan” del encierro accediendo a las redes sociales en medio de una clase, “buscan” la respuesta a la consigna “cortando y pegando” lo que encuentran con un buscador, se apropian de lo escrito por otrxs, resuelven la exigencia del docente a través del atajo de “bajar” la monografía de algún sitio en el que, paradójicamente, se comparten los trabajos escolares burlando las normas de propiedad privada o generando una circulación libre del producto intelectual de otrxs.

De esta manera, lxs alumnxs despliegan sus competencias de comunicación, de gestión de la información, de intercambio con otrxs, y sobre todo la actualización permanente y la innovación postuladas como fundamento del Programa ConectarIgualdad. Sin embargo, todas estas prácticas confrontan con la función del dispositivo escolar, de formar al buen ciudadano y al buen trabajador...

Si la escuela encierra para disciplinar, ¿por qué las nuevas tecnologías serían usadas por los sujetos para mantener ese encierro? ¿Cómo podría autodisciplinarse el alumno con conocimiento enciclopédico mediado por una nueva tecnología, si existe la alternativa de evadirse de él, de crearlo él mismo (Wikipedia), de reproducirlo de modo fácil (monografías.com), etc.? La (falsa) dicotomía que se plantea se resume en la pregunta de Paula Sibilia: “¿redes o paredes?”(7). La  respuesta es obvia.

El funcionamiento de mecanismos de poder configura subjetividades, pero el poder es sólo uno de los modos de objetivación del sujeto; y toda forma de poder exige un contrapoder que a contraluz lo defina(8). Ese contrapoder forma diversas figuras que parecen escapar al poder hegemónico arrebatando a los dispositivos la primacía en la constitución del sujeto y apostando a la siempre posible y nunca acabada potencia de la invención, de la creación por parte del sujeto. Prestar atención a ese contrapoder implica, como señala Foucault,

  (...) otra manera de ir más allá hacia una nueva economía de las relaciones de poder, (...) consiste en tomar las formas de resistencia contra diferentes tipos de poder en su momento inicial. Para usar otra metáfora, consistiría en usar esta resistencia como si fuera un catalizador químico que ilumine las relaciones de poder, ubique su posición, indague su punto de aplicación y los métodos que usa. (...) Y con el propósito de comprender qué son las relaciones de poder, quizás podríamos investigar las formas de resistencia y los intentos de establecer relaciones disociadas (Foucault 2001: 243-244).

Los dispositivos pedagógicos actuales intentan, nuevamente, una y otra vez, reconducir a la estandarización de relaciones entre los sujetos, a la fijación de usos permitidos y la prohibición de otros usos de nuevas herramientas informáticas/virtuales, a la determinación de modos canónicos de ser sujeto. Frente a ellos, nuevamente, una y otra vez, emergen otros modos posibles, intratables, inadaptables, imposibles de captar, rebeldes, maravillosos.

 

  REFERENCIAS
* Centro de Estudios del Siglo XX; Depto. Humanidades; UNSur Universidad Nacional del Sur
1 “En sí mismo, el ejercicio del poder no es violencia, ni es un consenso que, implícitamente, puede renovarse. Es una estructura total de acciones dispuestas para producir posibles acciones: incita, induce, seduce, facilita o dificulta: en un extremo, constriñe o inhibe absolutamente; sin embargo, es siempre una forma de actuar sobre la acción del sujeto, en virtud de su propia acción o de ser capaz de una acción. Un conjunto de acciones sobre otras acciones” (Foucault 2001: 253). 
2 La sexualidad fue definida “por naturaleza” como “un dominio penetrable por procesos patológicos, y que por lo tanto exigía intervenciones terapéuticas o de normalización; un campo de significaciones que descifrar; un lugar de procesos ocultos por mecanismos específicos; un foco de relaciones causales indefinidas, una palabra oscura que hay que desemboscar y, a la vez, escuchar. Es la ‘economía’de los discursos, quiero decir su tecnología intrínseca, las necesidades de su funcionamiento, las tácticas que ponen en acción, los efectos de poder que los subtienden y que conllevan es esto y no un sistema de representaciones lo que determina los caracteres fundamentales de lo que dicen” (Foucault 2006a: 86).
3 “A esa máquina de producción de subjetividad opondría la idea de que es posible desarrollar modos de subjetivación singulares, aquello que podríamos llamar ‘procesos de singularización’: una manera de rechazar todos esos modos de codificación preestablecidos, todos esos modos de manipulación y de control a distancia, rechazarlos para construir modos de sensibilidad, modos de relación con el otro, modos de producción, modos de creatividad que produzcan una subjetividad singular” (Guattari y Rolnik 2005:29).
4 “Puede, en efecto, hablarse de procesos de subjetivación cuando se consideran las diversas maneras que tienen los individuos y las colectividades de constituirse como sujetos: estos procesos sólo valen en la medida en que, al realizarse, escapen al mismo tiempo de los saberes constituidos y de los poderes dominantes. Aunque ellos se prolonguen en nuevos poderes o provoquen nuevos saberes: tienen en su momento una espontaneidad rebelde. No se trata en absoluto de un retorno al ‘sujeto’, es decir, a una instancia dotada de deberes, saberes y poderes” (Deleuze 1996:275).
5 La información oficial respecto del programa se puede consultar en www.conectarigualdad.gob.ar.
6 Recordemos una de las tantas descripciones de Foucault del dispositivo escolar: “la disposición de sus espacios, la meticulosa regulación que gobierna su vida interna, las diferentes actividades que se organizan en ella, las diversas personas que viven o se encuentran allí, cada una con sus propias funciones, su carácter bien definido –todas estas cosas constituyen un bloque de capacidad-comunicación-poder-. Esta actividad, que asegura el aprendizaje y la adquisición de aptitudes o tipos de conducta, se desarrolla por medio de un conjunto total de comunicaciones reguladas (lecciones, preguntas y respuestas, órdenes, exhortaciones, signos codificados de obediencia, marcada diferenciación del ‘valor’ de cada persona y del nivel de conocimiento) y por medio de una serie total de procedimientos de poder (encierro, vigilancia, recompensa y castigo, la jerarquía piramidal)” (Foucault 2001: 251).
7

Cfr. la entrevista en La Nación a propósito de su nuevo libro.

8

“(...) la libertad puede aparecer como la condición para el ejercicio del poder (y al mismo tiempo su precondición, dado que la libertad debe existir para que se ejerza, y también como su soporte permanente, dado que sin la posibilidad de la resistencia, el poder sería equivalente a la determinación física)” (Foucault 2001: 254).También: “no hay relaciones de poder sin medios para escapar o sin luchas posibles” (ídem, p. 258).

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

DELEUZE, G. (1996) Conversaciones 1972-1990. Valencia: Pre-textos.
FOUCAULT,M. (1984) “Foucault”en: HUISMAN, D., ed., Dictionnaire des Philosophes. Paris: PUF.
--------------------(1994)“Las redes del poder” en: FOUCAULT, M., Estética, ética y hermenéutica. Obras esenciales. Volumen III. Barcelona: Paidós.
--------------------(2001) “El sujeto y el poder” en: DREYFUS, H. y P. Rabinow, Michel Foucault: Más allá del estructuralismo y la hermenéutica. Bs.As.: Nueva Visión [1982].
--------------------(2006a)Historia de la sexualidad. “Vol. 1: La voluntad de saber.” Bs.As.: Siglo XXI [1976].
--------------------(2006b)Historia de la sexualidad. “Vol. 2: El uso de los placeres”. Bs.As.: Siglo XXI [1984].
GUATTARI, F.y S.Rolnik(2005)Micropolítica. Cartografías del deseo.Madrid: Traficantes de Sueños.
LAZZARATO, M. (2006)Por una política menor.Madrid: Traficantes de sueños.
PAPONI, M. S. (2012) “Pensar lo humano: un nuevo montaje”en: Ponce de León, A. y C.
Krmpotic, Trabajo social forence. Balance y perspectivas.Bs.As.:Espacio.
SANCHEZ, F. (2012) “Multiplicidad y devenir: más allá del principio de identidad. Foucault-Deleuze-Guattari-Rolnik” en: Sánchez, F., coord., Gilles Deleuze: diez lecturas en torno...Gral. Roca: PubliFADECS.
SIBILIA, Paula(2014)"Para la moral contemporánea, no es evidente que la escuela sea una institución legítima", entrevista en www.lanacion.com.ar.

 

 

 

 

 

 

 

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