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ADICCIONES:
LA VIDA ENTRE PARÉNTESIS

ESTELA SAGREDO

esagredo@2vias.com.ar

 

El tema de las adicciones es uno de los temas más enigmáticos que se presentan en la clínica. Este enigma, además de lo que implica encontrarse con uno de ellos a nuestro paso, nos enfrenta con algo aún más complicado.   A lo que no tiene palabras para ser dicho, lo que aparece como un hacer, más que como un decir. Hay coincidencia en ubicarlas "No como síntoma, No como estructura". Plantear un interrogante de la clínica desde la negatividad quizás ya nos esté diciendo algo acerca de lo que nos ocupa.

No es síntoma en el sentido freudiano del término, ya que no pertenece al plano de la metáfora vía represión. "La drogadicción no es una formación de compromiso sino una formación de ruptura con el goce fálico" nos adelanta Eric Laurent.

No es estructura si nos atenemos a las formulaciones que hace Lacan en cuanto a las estructuras, neurótica, perversa o psicótica. En cada una de ellas es particular la posición del sujeto frente al consumo, tanto como lo es frente al goce del Otro.

Las adicciones deben ser pensadas por lo tanto, a partir de la estructura en la que se insertan. Tienen la categoría de una acción, nos enfrentan a aquello que hace cortocircuito con la palabra. La denominación adicto o toxicómano, que usamos a los fines de ubicar el tema, es una denominación anonimizante que sujeta y repite algo de lo que le ocurre al que hace uso de las "sustancias". Pero alude también a la degradación de un "nombre propio" y la sustitución por otro que le otorga un lugar particular. Esta denominación social usada reinstala un tema central al hablar de adicciones: la aniquilación subjetiva. Aniquilación propuesta por este mundo desmañado que propone una única verdad: el goce como objeto de mercado.

Voy a tratar de recortar algunas cuestiones que podemos pensar en relación al consumo. En primer lugar ubico a esta "relación" en el arco que se despliega entre dos ejes, el discurso social y la particularidad de cada sujeto.

 

El Discurso Social
Las sustancias adictivas han existido como acompañantes desde tiempos antiguos vestidas con diferentes ropajes de significación. Aunque uno de ellos se ha mantenido vigente, el opio es la religión de los pueblos. (A. Huxley, 1960) me refiero a la relación con un Amo-Sustancia que pide todo para sí y del que se espera todo.

Quiero decir con esto que algo es tomado de manera indiscutible con la fidelidad de la creencia religiosa, atribuyéndole la capacidad dadora de una "satisfacción" y un "saber" del que no se duda.

Dije que diversas han sido las significaciones de esta relación particular a sustancias. El ajenjo de los poetas "malditos" del siglo XIX. Los intelectuales del siglo XX que esperaban vivir con ella una experiencia inédita. Surge en los /50 el movimiento Beatnik, con Jack Kerouac, Allen Guisnberg, William Burroughs, entre otros. Se relacionan con los anteriores en resaltar la condición dramática de la vida y cierta fascinación por el fracaso, aunque este movimiento enuncia una posición de rechazo a los órdenes canónicos, a la "burocratización de la vida".

Hacia los/60 surge el movimiento Hippie en el cual la droga es usada como "medio de conocimiento", remarcando el sentido místico (Castaneda) y la rebelión frente a las guerras, había empezado el ataque a Vietnam.

Hasta allí las sustancias diversas eran usadas por grupos claramente diferenciados en "movimientos" con un discurso que los sostenía. Es a partir de los/70 que se instala definitivamente como parte de la "economía" de los países productores y distribuidores.

Los discursos contradictorios han caracterizado la relación de los Estados gobernantes con la droga. Mientras se establecen discursos censuradores, se las usan de manera arbitraria y se estimula su consumo.

En los Imperios musulmanes surgió la figura del Haschischim, súbdito al que en posición devocional con el gobernante le era impuesto el consumo de haschis para asegurar la ausencia de autonomía. Tanto le era indicado matar como matarse en muestra de obediencia. De allí deriva la palabra asesino, assassini o assissini, en latín tardío.

El Imperio japonés indujo, a principios del siglo XX, la adicción al opio a la esposa del Emperador de China como deliberado acto político destinado al dominio de una potencia y con el interés económico de difundir el consumo.

La tan popularizada Coca-Cola, surgió, en Estados Unidos, como tónico estimulante para los soldados de la primera guerra. Todas las guerras y los movimientos de guerrilla han hecho uso de las drogas para evitar el dolor y la duda al momento de matar o morir. En cada guerra y en cada cultura se ha hecho uso de diferentes drogas "pensadas" para la ocasión que los grupos de investigación médica militar buscan perfeccionar para hacer del soldado un "soldado químico" tal como los llama Alain Ehrenberg, una máquina eficaz de matar o morir sin miedo. A esto ha "ayudado" la guerra a distancia, la que hace uso de armas que alejan la imagen del semejante.

Pero no sólo vayamos a la guerra para pensar esta acción de los Estados. En todo el mundo "democrático" el perfeccionamiento de los psicotrópicos, los ansiolíticos, los antidepresivos, ocupan la mayoría del presupuesto de los laboratorios por la necesidad de los países de mantener a los empleados productivos, con capacidad de soportar las responsabilidades sociales, las exigencias de la vida cotidiana, las frustraciones, manteniendo de la manera mas "eficaz" los lazos sociales. La economía así lo exige. Las drogas, entonces, dejan los márgenes para integrarse a lo social aceptado y peor aún, necesario.

El mundo ha avanzado hacia una individuación, una des-agregación en lo social, una exaltación de cierta condición "autista" de existencia que tiene sus consecuencias. Las condiciones de trabajos preferidas son las que se efectúan bajo contratos temporarios breves y removibles a voluntad del empleador. El trabajo "para siempre", aquél que llegaba hasta la jubilación avanzando en el mismo empleo, ha pasado hace mucho tiempo a ser un modelo anacrónico e impensado por lo "antieconómico". Ya nadie esperará el reloj de oro de los 50 años de pertenencia a una empresa, ¿hay alguien que se acuerde de ello? Se requiere al empleado trabajando en la soledad de su estudio enviando su producto vía e-mail.

Eso lo lleva a Giorgio Agamben a pensar en la predominancia de un proceso mortífero de utopía individualista que estimula las adicciones con el intento de desembarazarse de toda experiencia, buscando el "vaciamiento".

Estamos inmersos en un mundo que propone una globalización anonimizante, alentando una virtualidad que reemplaza el encuentro de los cuerpos, y proponiendo, como decía en un trabajo anterior, "un consumo desmedido que instala el malestar permanente de la insatisfacción. Cuanto más, menos. Sosteniendo lazos efímeros mientras propone a la droga como comodín, jocker de la muerte que se apuesta ante la aparición de la vivencia de vacío". (Levy, B.; Sagredo, E. 2000).

En la Argentina se establece la droga cuando estalla el sistema democrático en los finales del /70. Crisis sociopolítica profundísima en la cual crecieron y se multiplicaron los "hijos de la droga". Caída estrepitosa de la función paterna, aparece el Padre de la horda, no tocado por el orden de la castración. Padre gozador, reservorio del total del goce. Padre Todo, dueño de los cuerpos. ¿Qué puede generar sino querer matar al Urvater, el que se erige en un antes del Padre? Pero lejos se está de su asesinato simbólico para que el padre muerto retorne como Nombre. Queda la escena en el plano de la realidad, el peor de los lugares para que esta se despliegue. Así, ausente lo simbólico, quedan los hijos a merced de la ferocidad de la droga, entre otras ferocidades.

Se ha hecho la noche sobre el mundo, este eclipsamiento de los simbólico no es un hecho aislado, es la marca de la época de esta modernidad tardía o post-modernidad. La caída de ciertos cánones nos exige reinventar un destino.

Jano bifronte, este desleimiento de la Función Paterna hace aparecer tanto al padre hordálico como al inconsistente para efectuar la operación de corte.

 

Hijos de "La" droga sin apellido pate

  Sé que el opio agiganta lo que no tiene límites, que hace lo ilimitado mayor aún, profundiza el tiempo, los deleites ahonda, y de placeres negros, melancólicos llena el alma hasta hacer que rebose de excesos.
Charles Baudelaire, ("El veneno", Las flores del mal)

Cuando el padre en tanto Nombre, designa, nombra a un hijo y lo aleja de "La" madre, función de corte que da ingreso al orden simbólico. Hace corte al goce primordial y desde allí la madre quedará afectada por la barra que separa su cuerpo del cuerpo del hijo. Cuando falla esta inscripción en los registros de lo real, lo simbólico y lo imaginario falla la estructuración subjetiva. Reflexiona Zizek, "Vivimos una época de desfallecimiento de la función simbólica del padre en las que no ocupa el lugar del Ideal del Yo, portador de la autoridad simbólica, aunque siempre con fisuras, sino que aparece como yo ideal, en la figura del competidor imaginario". Sabemos entonces que esta posición relanza a lo peor del encuentro con "La" madre.

Inscripto el goce fálico, regulado por el significante fálico, no todo goce, se barra el campo del Otro. Es lo que da lugar a la escena fantasmática y permite advenir al sujeto del lenguaje.

Desde lo real el Nombre permite la transformación de un puro cuerpo biológico en un cuerpo pulsional marcado por el deseo. Así, la pulsión va haciendo mapa con estaciones capitales. Ahora hay cuerpo y hay simbólico, el falo y su incorporación ha dejado su marca, a esta incorporación Lacan la llama, entrada del Espíritu Santo. (Sem.4, Las relación de objeto).

Es muy interesante pensar esta operación, que aparece fallida en las adicciones, como una des-metaforización, literalizada en los nombres de santos que poseen muchas sustancias, "Honguitos Santos", "estado santo", "Santa María", "San Pedro", etc.

En el plano de lo imaginario vemos aparecer al Nombre en "la identificación como la exteriorización mas temprana de ligazón afectiva a otra persona,…el niño toma a su padre como su ideal" (Freud, Psicología de las masas, 1921). Hablar de los Nombres del padre, implica hablar de una instancia ordenadora, una imagen para la identificación, una dimensión imperativa.

Para que el sujeto sea parlante, lenguajero, parlètre, deberá haber soportado el asesinato de la Cosa, Das ding advendrá representación (representación de cosa), que insistirá en encontrar representaciones palabra que den cuenta, aunque siempre infructuosamente, del reencuentro con ella. Algo se habrá perdido para siempre. Habrá una distancia con lo deseado que nos convoca, una ausencia siempre presente, una "Ítaca" como en el poema de Konstantino Kavafis que nos llama a seguir navegando. Así cada uno escribirá su Odisea, y oirá y oirá mil veces a las sirenas cantar. Al mástil al que tendremos que atarnos será el sexo, la muerte, la normativización, la espera, la resignación a no ser todo para alguien, a nunca conocer como goza el otro, aunque lo cortemos en pedazos y ni aún así…dice Lacan. Y hablando de las adicciones dice: "Ha roto el casamiento con el hace pipí", retomando la enunciación de Freud acerca de Juanito.

Por eso el adicto en un mas acá del sexo, no hace dar un paseo a su goce por el cuerpo del semejante, el goce del cuerpo propio no se dispone a ser metaforizado por el cuerpo ajeno y sus diferencias. Se detiene antes de plantearse la diferencia sexual. Con quien hace pareja es con la sustancia.

Claudio, 30 años, consumidor de alcohol y cocaína. La novia lo "conmina" a que se trate cansada de sus borracheras, su consumo y que no pueda trabajar. Lo deja finalmente. Después de varios intentos de tratamiento que no puede mantener retorna solicitando una consulta. Conmocionado relata que ha vuelto al consumo que en un momento había disminuido. "Estoy sin control, le robo a mi madre para comprar "papeles", juego a los jueguitos todo el día, no puedo trabajar", al promediar esa entrevista relata al fin lo que verdaderamente lo conmueve, se enamoró de Jane, a la que conoció buscando a un nuevo puntero. "Jane es especial, nunca conocí a nadie así, ni que me quisiera tanto, es prostituta, por supuesto a mi no me cobra". Tiene además una cualidad que demora en referir, Jane es travesti.

Es interesante recordar que las adicciones siempre están "en pareja", al menos de a dos. El alcohol, especialmente la cerveza, para bajar el efecto de la cocaína, la marihuana y el cigarrillo de tabaco, la comida y el alcohol, así en innumerables y personales combinaciones.

Goce autoerótico, un mí con mí, sin pasar por el otro. El super-yo exige un goce autista alejado del lazo de amor."My wife, my life"le canta Lou Reed a la heroína.

Goce cínico lo llama J.A. Miller, a ese goce que radicalmente nada quiere saber de normativas ni pérdidas, esta posición cínica se despliega con todo su poder mortífero en los llamados por Eric Laurent: verdaderos toxicómanos.

En las adicciones el tóxico, la sustancia es usada como comodín frente a la falla, ante el enigma de la castración con cualquiera de los rostros con que aparezca. Aparece el "yo soy" que equivale al "yo no pienso". A esto me refería con el peligro de cristalizar el nombre de adicto desde lo social convalidando la evitación que hace el adicto de reconocerse sujeto de desconocimiento.

El neurótico, marcado por el significante fálico, responde al enfrentamiento a la castración con la inhibición, el síntoma, la angustia. También puede responder con el "yo no pienso" hasta que algo "no anda bien". Cuando algo del contrato social se conmueve y los "saberes"se fisuran, entonces, consulta. El consumo es una "verónica" que lo pone al abrigo del encuentro con el deseo del Otro y la consecuencia de ese encuentro: la angustia. Pero si bien no quiere saber de la falta, algo incomoda siempre. Algo pulsa por ser dicho. En su lugar y hasta que la demanda se establece vemos, por ejemplo, a innumerables adolescentes abrazados a la botella frente al embate pulsional en noches de vino, "pero no de rosas".

En la estructura perversa, los que "poseen el saber del goce del Otro"y de la certeza acerca de cómo producir ese goce, la identificación con el falo sostiene esa suposición. Se ubica en el lugar del que sabe, mientras que es el Otro el que porta el no saber acerca del goce del consumo. Esta posición perversa la vemos aún en estructuras que podemos pensar neuróticas, quizás como rasgo perverso. La droga es un saber sobre el deseo y no sobre el deseo propio. Quizás sería más adecuado ubicar al "dealer" en la posición perversa, el que induce el consumo en los otros, el que oferta goce. En general el "dealer verdadero" no consume. Sí pueden hacerlo los "punteros", los que venden droga como una manera de conseguirla gratis o a más bajo precio.

En el psicótico, a la deriva por la forclusión del Nombre del Padre, el consumo funciona a modo de suplencia, de estabilización. Por una parte refuerza los debilitados lazos sociales y además opera de límite a ese goce que ha quedado por fuera de la regulación, acotándolo entonces a una ubicación corporal.

No hay significantes que ubiquen una pregunta, la droga es una respuesta, por eso es que el elemento consumido está tan cerca de la cualidad del fetiche. Pero aquí hace falta hacer una diferenciación. Si en la perversión lo buscado es la escena y es intercambiable el partenaire, en las adicciones hay fijeza de partenaire. "Yo no soy pastero, yo soy de la blanca no me confundas" decía Roberto. (Pastero: adictos a las pastillas, anfetaminas, hipnóticos, etc. ).

Capturado en la ilusión de lo lleno y de la ausencia de falta, el adicto reemplaza la metonimia de los amores por esa bastardización de lazo que implica la circulación de la tuca, la jeringa, la línea, la pipa. Los intervalos que propone el camino del deseo son reemplazados por la monotonía propia de la elección de un único objeto proveedor de satisfacción. Es "objeto" de la sustancia. La pasividad dependiente nos retrotrae a la imagen de los Haschischin. La droga se oferta para ocupar el lugar vacante de una angustia que no logra constituirse plenamente. Retomaré más adelante ese punto.

 

El infinito, la muerte, el dolor…

 

“sostener el infinito en la palma de la mano y la eternidad en una hora.”

William Blake, "Cantos de inocencia"


El gobierno sobre el tiempo es la ilusión del adicto, como dice el poeta, hacer existir la eternidad en una hora, o el tiempo del efecto de la ingesta. Como si el tiempo no fuera una coordenada que nos circunscribe sin que podamos decidir sobre ella. Cuerpos pensados más allá de la muerte. No sorprende, dice Zizek, S. que en los actuales relatos de la ciencia ficción de horror, desde Alien en adelante, abunden las imágenes de esa sustancia de la vida informe y sin muerte. ¿No es acaso la fantasía sadeana de la inmortalidad del cuerpo? Cuerpos que apelan al consumo de diversas sustancias en la búsqueda de sensaciones nuevas, en los/90 y su precaria economía no es fácil pertenecer a élites de consumo de una sustancia determinada, esa experimentación queda para los grupos adinerados. En las ferreterías o en los quioscos de cada esquina hay sustancias que permiten "limar", anestesiar. Aerosoles, pegamentos, nafta, kerosén, productos de limpieza, todo sirve para dejar la vida entre paréntesis, al menos por un rato. La edad de consumo se ha acortado sobre todo en las clases de menor poder adquisitivo. "Y que quiere que haga, decía una madre de un niñito de 8 años, a veces prefiero verlo pasado con el pegamento porque no tiene hambre y no tengo con qué darle de comer". (El 70 % de los niños de la calle son adictos a estos productos inhalables)

Se ha operado el movimiento reflexivo, vuelta carnero hacia atrás, la sustancia es la que consume al sujeto, el Amo pide cada vez más de su esclavo, como "buen" Amo cada vez promete menos. Hasta que el cuerpo tenga que poner un límite y diga basta. El basta de la muerte. Mientras tanto buscando un más allá de todo límite se darán una vuelta por lo terrenos de la muerte con la idea de volver para contarla. "Morí sin morir y me abracé al dolor", canta Charly García. Muerte domesticada. El infinito es un horizonte que se puede tocar, entonces la muerte es un accidente que está apenas calculado. La muerte no acontece sino por añadidura.

Sí, en cambio, es un riesgo a tener en cuenta las ideas suicidas en los momentos de falta de sustancia o aún en los momentos de abstinencia decidida. En ese tiempo el vacío representacional, la ausencia de significantes que bordeen la falta constituyen un momento delicado de alto riesgo. No hay palabras para ir bordando la trama de significaciones. La angustia, entonces sí, hace su aparición en escena con la cara del horror, la que hace desviar la mirada.

Podríamos ubicar una primera muerte en lo que luego será sujeto: la caída de la imagen narcisista. Alguna respuesta se enunciará acerca del lugar que ocupamos para el Otro, ¿qué somos para él?, ¿qué quiere de nosotros? En resumen, ¿en qué lugar de una falta del Otro podemos encontrar razón de ser?.

 

Pérdida original que nos priva de la identificación con el falo materno.
En la clínica de las adicciones observamos una complicación en este punto. "Para mi madre, nada", decía Oscar. Su lugar parece ser el de la "tuca", resto que pasa de mano en mano. ¿No es acaso Oscar el adulto que, en el mejor de los casos, quiero decir si vive para contarlo, llegará a ser el niñito que mencioné antes?

El adicto se enfrenta a una ausencia siempre presente, pero no la que empuja a la búsqueda en el derrotero desiderativo, sino una ausencia de lugar en el Otro. Queda para sí el lugar de resto que lo precipita al pasaje al acto del consumo. Sólo resta entonces nombrarse "drogadicto", "drogón", "falopero", inscripto en una filiación mortífera.

La complicación en el proceso de alienación-separación da como resultado esta caída en una alienación adictiva. Entre ser Todo o Nada para el Otro, la droga da cobijo a semejante desierto.

El envión más decidido hacia el consumo lo ofrece el dolor. Entiendo como dolor a todo monto de excitación que se encuentra sin posibilidad de ser cualificada.

Decía en un trabajo anterior que podemos conocer mucho acerca de una cultura según el tratamiento y el valor que se le da al dolor. Mientras actualmente se estimula excesivamente el cuidado de la imagen, vemos una creciente presencia de cuerpos sacrificados, desganados, anestesiados, muchas de las veces como figuraciones de la depresión.

El dolor físico no es una sensación temida, lo vemos por la frecuencia de tatuajes y de piercings. "Mientras más duela más vale", decía una joven tatuada en casi la totalidad de su cuerpo y en las zonas más sensibles. Creo que podemos ubicar en esta relación con el dolor físico una negociación propia de la época: Dolor físico en lugar de dolor psíquico.

El dolor viene de afuera, ¿eso lo hace previsible, anticipable? ¿Y por qué no controlable?. ¿Es que quizás le ofrece figuración, una representación? Para el dolor psíquico parece no haber dispositivos suficientes capaces de producir sentido. Las adicciones están allí, entonces para "volar la cabeza" y dejar que el cuerpo se las arregle. Pero sin recursos para simbolizar, es pura carnicería. El adicto lleva al extremo el lazo con el Super-Yo, radicaliza su devoción religiosa a Él. Divinizando en su acción, su mandato.

En la acción del consumo, se consume el pensamiento, el contacto con la realidad interna y externa que se ha tornado insoportable. "No puedo pensar, no puedo vivir, no puedo sentir si amor es un pensamiento", sigue cantando Charly (García)

Sigo aquí los lineamientos de Freud en "Un Proyecto…" (Freud, 1895), en el Manuscrito "E", Manuscrito "G" y mantenidos aún en su "Más allá del Principio del Placer"(1920).

Decía Freud en el Manuscrito "E" que la excitación sólo por encima de cierta intensidad es procesada psíquicamente y entra en relación con cierto grupo de ideas que organizan la acción específica. En Más allá del principio del placer diferencia las excitaciones que provienen del interior y se las tratará como si viniesen desde fuera. Toda elevación de excitación es procesada como trauma. Ese estado que aún no podemos llamar en sentido estricto "angustia" es sólo acumulación libidinal al que el neurótico respondería con un síntoma y el adicto con el consumo.

La acción específica, ligada a la experiencia de satisfacción, en las adicciones la ubicamos en el "flash". Momento de encuentro inicial con la sustancia que inscribe una "respuesta" a ese estado que no sale del cuerpo y que no tiene palabras para ser dicho. Resta constituirse la angustia señal. Entonces mientras se esté "tomado" por el consumo la angustia no aparece. Me parece muy oportuno el concepto de "grado cero de las neurosis", entendiendo como tales a las neurosis actuales (neurosis de angustia, neurastenia) tal como lo toma Lidia Matus (Lidia Matus, 2000) ubicando entonces a la adicciones en la categoría de neurosis actuales cronificadas.

Después de un momento de intensa alegría cuando registra un cambio significativo en la cualidad de un vínculo muy importante para ella, dice una paciente: "Era demasiada alegría para mí, no pude soportar y empecé a fumar otra vez. Hacía tres años que había logrado dejar de fumar, muy cercana al enfisema. "…la luz se apodera de mi seso/causándome frenético dolor", dice William Blake, en su Canción loca.

"Cuerpos martirizados sin palabras para contarse…borde gozoso, fronteras entre el cuerpo y el lenguaje. Aplastamiento de los discursos que serán grito y desmesura pero no apelación o llamado". (Sagredo, E. Cuerpos Mutantes, 2000).

Nos encontraremos en la clínica con sujetos desabonados de su Incc., que caerán al abismo del pasaje al acto queriendo ir un paso más allá, o en el mejor de los casos con un grito mudo, desplegado en un acting–out. De esa manera estará más cerca de poder deponer la ilusión de saber para otorgárselo a un analista en posición de S.S.S. iniciando el largo recorrido del encuentro con el no saber del síntoma.

 

Bibliografía

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Ehrenberg, Alain (Dir.) Individuos bajo influencias, Ed. Nueva Visión, 1994
Freud, Sigmund; “Manuscritos”, Tomo I, Ed. Amorrortu, 1979
Freud, Sigmund; “Más allá del principio de placer” Tomo XVIII Ed. Amorrortu, 1979
Freud, Sigmund; “Inhibición, síntoma y angustia” Tomo XX Ed. Amorrortu, 1979
Freud, Sigmund; El malestar en la cultura Tomo XXI Ed. Amorrortu, 1979
Geberovich, Fernando; Un dolor irresistible Ed, Letra viva, 1998
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Matus, Lidia; El grito suprimido (Los quitapenas) Ed. Eudeba, 2000
Miller, Jaques Alain; Dos dimensiones clínicas: síntoma y fantasma Ed. Manantial, 1986
Miller, Jaques Alain; “Teoría de los goces” (Recorrido de Lacan) Ed. Manantial, 1986
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Lacan, Jaques; “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” Seminario XI,
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Laurent, Eric; “Tres observaciones sobre la toxicomanía” (Sujeto, goce y modernidad), Ed. Atuel 1994.
Levy, Beatriz; Sagredo, Estela; La toxicomanía y sus marcas, Revista Punto Fijo, 1997.
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Sagredo, Estela; Cuerpos mutantes Revista III Ateneo psicoanalítico, 2000.
Sinatra, Ernesto; “La existencia del goce y la del toxicómano”(Sujeto goce y modernidad), Ed. Atuel, 1994
Tarrab, Mauricio; “La heroína” (Sujeto, goce y modernidad) Ed. Atuel, 1994.
Zizek, Slavoj; El Espinoso sujeto, Ed. Paidós, 2001.

 

 

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