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EL ASESINATO EN SERIE
Y SUS RELACIONES CON EL ASESINATO DEL PADRE DE LA HORDA PRIMITIVA
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VICTOR ENRIQUE SOLÍS SOSA

 

Resumen: Se busca llevar a cabo una lectura de la fenomenología del asesinato en serie, a partir de algunas coordenadas psicoanalíticas, como el mito freudiano de la horda primitiva, el significante del Nombre-del-Padre, los tres tiempos del complejo de Edipo en Lacan, y la interpretación psicoanalítica sobre las fobias infantiles, para ello, comenzamos llevando acabo una descripción del fenómeno del asesinato serial, para después recopilar algunas teorías que intentan dar cuenta del fenómeno, finalmente, brindamos una interpretación psicoanalítica  del asesinato en serie, a partir de su analogía con el asesinato del padre de la horda primitiva.

 

Palabras Clave: Tótem y tabú, Asesinato en serie, Padre de la horda primitiva, Psicoanálisis, Ley.

 

Un proceso como la eliminación del padre primordial por la banda de hermanos  no podía menos que dejar huellas imperecederas en la historia de la historia de la humanidad y procurarse la expresión en formaciones sustitutivas tanto más numerosas cuanto menos estaba destinado a recordarse el mismo”.

(Sgimund Freud, 1913)

Este trabajo puede ser cuestionado desde distintos frentes, contra él puede alegarse que es un ensayo de psicoanálisis aplicado, que es especulativo, puede decirse además que acude innecesariamente al oráculo de la “bruja metapsicológica”, al phantasieren teórico (Freud, 1937),  en lugar de acercarse al saber producido por la clínica; por nuestra parte nos adelantamos a estos reclamos  y los tomamos como nuestros, pero sostenemos al mismo tiempo que, aun cuando las “informaciones de la bruja nunca sean muy claras ni detalladas” (Freud, 1937), el psicoanálisis y su corpus puede arrojarnos cierta luz sobre ese particular fenómeno que se inscribe en el marco del malestar en la cultura y que puede ser reconocido bajo la rúbrica del “asesino en serie”.

Lo que nos proponemos entonces en este texto es vincular algo del campo la fenomenología asociada a aquello que vagamente se reconoce bajo esta rúbrica, “asesino en serie”, con el mito científico producido por Freud en 1913 para dar cuenta del inicio de la cultura y sus instituciones, nos referimos al mito del asesinato del padre de la hora primitiva y el banquete totémico.

Nuestro primer esmero se dirigirá a describir la riqueza fenomenológica del “asesinato en serie”, para después intentar hacer un esbozo de las hipótesis que buscan explicar, diagnosticar y clasificar el fenómeno, y que, como es común en las materias que intentan dar cuenta de lo concerniente al sujeto, nos dejan insatisfechos, confundidos y con la sensación de que, aún a pesar de sus esfuerzos, son incapaces de describir la lógica que subyace los fenómenos y que por lo tanto son incapaces de articular sus múltiples manifestaciones en un (no)todo más o menos coherente.

No es sencillo sistematizar toda la fenomenología asociada al asesino en serie, nosotros nos contentamos con destacar los siguientes rasgos, que han sido extraídos por autores vinculados con la psicología intuicionista e incluso fenomenológica: un asesino serial es definido como un delincuente que ha matado entre 3 y 5 víctimas, con un periodo de tiempo entre un crimen y el siguiente, el asesino no tiene relación con las víctimas y, en apariencia, el crimen ocurre al azar o sin conexión con los otros; el perfil clásico de un asesino en serie es un es un hombre blanco de apariencia y comportamiento “normal”, proveniente de la clase social media-baja, generalmente en sus 20 o 30 años, por lo común sufrió abuso físico, mental o ambos desde niño, algunos de ellos resultan muy inteligentes y elevaron grandes expectativas entre sus familiares, también se sabe que muchos tienen admiración por la policía y otras figuras de autoridad;  los asesinatos reflejan el sadismo del criminal, y su necesidad de tomar el control de la víctima, en la mayoría de los casos presentan un componente sexual y/o un componente de canibalismo, el asesino raramente obtiene una ganancia material, ya que el motivo siempre es de orden “psicológico”;  en general, su conducta es irracional y carente de propósito, en ellos predomina la “falta de conciencia”, el  “vacío emocional”  y la falta de empatía, lo que los hace incapaces de comprender los estados afectivos de otras personas;  son personas que  buscan  “emociones fuertes” y que no experimentan miedo; el castigo casi nunca da resultado, porque su impulsividad “no tiene límite” y no temen a las consecuencias de sus actos; las víctimas del asesino por lo general tienen un valor "simbólico", cuestión que se deja ver en el método específico para matar y en la elección de la víctima del asesinato, la cual es por lo general una persona vulnerable; el asesino, por lo común, sufrió abuso físico, mental o ambos desde niño, algunos de ellos resultan muy inteligentes y elevaron grandes expectativas entre sus familiares, también se sabe que muchos tienen admiración por la policía y otras figuras de autoridad, al investigar la biografía de estos personajes es común que su infancia esté marcada de forma casi invariable por una triada sintomática, a saber, el zoosadismo, la piromanía y la enuresis (MacDonald, 1963; Norris, 1990; Douglas y Olashker, 1997, Godwin, 2000; Ressler, 2004):.

Otro elemento que nos gustaría destacar es el llamado “ciclo del asesino en serie” (Norris, 1999), que a continuación enunciaremos: el ciclo comienza con la fase del aura, momento en el cual el sujeto comienza  perder contacto con la realidad; en un segundo momento, se presenta la fase de búsqueda, caza y captura, que consiste en determinar quién será la siguiente víctima, salir a su encuentro y capturarla; en el tercer momento, la fase del asesinato, durante el cual se puede someter a la víctima a tortura, canibalismo o cualquier otro tipo de trato que por lo demás, suele ser agresivo, humillante o degradante; la última fase es el momento depresivo, durante el cual el asesino experimenta una sensación que puede ir desde la culpa, al remordimiento o a la insatisfacción.

Para finalizar nuestra breve exposición acerca de lo que distintos autores exponen sobre  la fenomenología de los asesinos en serie hemos de mencionar, al menos de pasada que, la mayoría de ellos intentan derivar el fenómeno de alguna de las siguientes causas:

A) Abuso Infantil: sostienen fundamentalmente que en el terreno de la realidad fáctica, el pequeño ha sido sometido a abusos de todo tipo por parte de las figuras parentales; los abusos son tan disímiles que incluyen la franca agresión por parte de alguna figura parental, el abandono, la crianza estricta y rígida, sobreprotección y comportamiento seductor por parte de la madre, etc
B) Genéticas: De acuerdo con estas perspectivas existe una configuración genética particular que provoca serios desordenes de la conducta, mismos que pueden desembocar en la violencia extrema y en el homicidio.
C) Desequilibrio neuroquímico: de acuerdo con estas teorías, el sistema nervioso central de algunos asesinos en serie presenta diferencias importantes respecto del resto de la población, como ejemplo se menciona una disfunción de los neurotransmisores a nivel del sistema límbico, lo que origina una deficiencia en la capacidad del individuo para experimentar sensaciones de culpa y temor, otra disfunción que se ha intentado hacer pasar como una de las posibles causas del fenómeno es la disfunción cerebral mínima en la corteza orbitofrontal, misma que daría lugar a la fenomenología del así llamado  “asesino desorganizado”.
D) Daño cerebral: desde el punto de vista de estas hipótesis, el asesino en serie ha sufrido un traumatismo craneoencefálico en algún momento del desarrollo temprano, o bien, durante el periodo desarrollo intrauterino ha sido sometido a teratógenos que afectan la formación del sistema nervioso.
E) Desordenes psicológicos: desde esta perspectiva, lo asesinos en serie presentan una serie de trastornos, clasificados como tales en el Disordes Stadistic Manual, dentro de los desórdenes referidos se encuentran el trastorno de control de impulsos, la necrofilia, el desorden antisocial de la personalidad, el trastorno delirante y la esquizofrenia.
F) Injusticia social: de acuerdo con esta lectura, el asesino en serie carece de habilidades sociales o bien presenta algún tipo de defecto real o se encuentra atormentado por una percepción distorsionada de sí mismo lo que lo lleva a suponer imaginariamente un terrible defecto físico o psicológico, lo que lo hace susceptible desde pequeño a ser sometido a abuso por parte de sus pares, generando así un importante monto de resentimiento hacia las personas.

Múltiples impases se dejan ver desde estas perspectivas, el más señalado por los conocedores del tema es que  prácticamente no hay sujeto que no cumpla con alguno de estos criterios, por lo cual es imposible señalar a alguna de estas condiciones como un factor que determine per se el fenómeno en cuestión (Ressler, 2004).

No se puede dejar de señalar y, no deja al mismo tiempo de sorprender, el hecho de que ninguna de estas hipótesis considere que el asesinato no puede ser considerado como un fenómeno natural, sino como un fenómeno cultural y que conlleva de forma ineludible una  dimensión legal, el asesinato guarda un vínculo ineludible con la Ley, y tanto la Ley, como el crimen solo encuentran un lugar en el registro de lo Simbólico, no tiene sentido hablar de crimen si no se tiene en cuenta que éste solo cobra importancia dentro de este registro.

La Ley, es indisociable de la Cultura, siempre y cuando ésta sea vista como una cuestión de la existencia del Nombre-del-Padre y la no-existencia de La-Mujer, podemos decir que la cultura es la con-secuencia de estos significantes funcionando en lo Real (Menassa, 1997), en otros términos, tanto la Cultura como la Ley, son consecuencia de un único y mítico evento: el asesinato del Padre de la horda primitiva que introduce la dimensión del Nombre-del-Padre y a su vez hace imposible la captura de algo así como La-Mujer en el campo de lo Simbólico; por ello, nosotros hemos elegido este punto, el mítico asesinato del Padre de la horda primitiva, para arrojar cierta luz sobre la fenomenología del asesinato en serie.

El mito es bien conocido: en la horda primitiva, hay un padre violento, celoso, que se reserva todas las hembras para sí y expulsa a los hijos varones cuando crecen; un día, los hermanos expulsados se aliaron, mataron y devoraron al padre, y así pusieron fin a la horda primitiva. Unidos osaron hacer lo que individualmente les habría sido imposible, después de matarlo, devoraron al padre muerto, mismo que era la Imago de lo temido y envidiado por cada uno de ellos,  por lo que con el acto de la devoración, se consuma la identificación con él, apropiándose de una parte de su fuerza, y así, en este mítico banquete totémico, se posibilita el desencadenamiento de todas las pulsiones y la licencia de todas las satisfacciones.

No obstante, los hermanos aun cuando odiaban a ese padre al mismo tiempo lo amaban y admiraban, por ello, tras eliminarlo, se abrieron las mociones tiernas que despiertan el arrepentimiento, así nace la conciencia de culpa, el muerto se volvió aún más fuerte de lo que era en vida, por lo que después del asesinato, revocaron su hazaña declarando no permitida la muerte del sustituto paterno (el tótem) y renunciaron a sus frutos denegándose las mujeres liberadas. El acto se convierte en una hazaña memorable y criminal, con la que se inauguran las organizaciones sociales, las limitaciones éticas y la religión: la Cultura y la Ley.

Ahora bien, demos un paso adelante, y a partir de esta breve reseña, comencemos nuestro comentario acerca de los asesinos en serie por donde mejor podamos articularlo. Un hecho que llama particularmente la atención sobre la biografía de los personajes que habrán de ser llamados “serial killers”, es que desde su infancia, tienden a demostrar particular crueldad hacia los animales; si hemos de revisar esto desde una perspectiva estructural que concierna a la dimensión del sujeto, nos parece indisociable de otros fenómenos que la psicopatología nos deja ver: la fobia infantil hacia los animales y el fetichismo.

Como recordamos, la fobia infantil se encuentra íntimamente vinculada con la constelación paterna; el objeto fóbico, el animal, es un significante asociado a la constelación paterna,  que sirve como metáfora que se sustituye en cierta medida al significante Deseo de la Madre, así las cosas, la fobia es en cierta medida un intento de metaforizar el significante del Deseo de la Madre, razón por la cual, en la fenomenología de la fobia infantil hacia los animales, el animal, transformado en significante, encarna esa función paterna que no es otra que la castración; el objeto fóbico, suple a un padre carente en su función, suple a la palabra del padre que no tiene lugar en el discurso de la madre y constituye una posibilidad de vehiculizar al  Padre simbólico, cuya función,  de acuerdo con Lacan, solo puede realizarse en tanto que el Padre sea un padre  muerto.

¿Nos arroja esto cierta luz acerca de la tendencia al llamado zoosadismo que se presenta en la infancia de los asesinos seriales? No se trata aquí de emplear una carta forzada, únicamente de abrir la posibilidad de dar cuenta de estos hechos en un registro que vaya más allá de lo imaginario; queda el hecho de que el zoosadismo, en el registro fenomenológico es exactamente lo inverso de la zoofobia infantil, ya que si en la fobia, la presencia del animal fóbico evoca la angustia y el terror del niño, en el zoosadismo, el animal es objeto de los más cruentos tratos, llegando a comportamientos tan diversos como el desmembrarlos, ahogarlos, degollarlos  y, en no escasas ocasiones la presencia de algún componente sexual durante el acto.

Si tomamos en serio a Lacan cuando afirma que la constitución de un objeto fóbico “tiene la función de suplir al significante del Padre simbólico” (Lacan, 1957), no podemos menos que ver con cierta desconfianza aquellas posturas teóricas que formulan que la crueldad hacia los animales  constituye “a reproduction of a gross parental abuse” (Ascione, 2010) y designarlas como teorías que intentan explicar este fenómeno tomando únicamente en cuenta la dimensión imaginaria  y especular del problema; nosotros preferimos proponer que el asesinato de animales tiene una función análoga que la constitución del objeto fóbico, a saber, suplen la función del signifícate del Nombre-del-Padre, en un intento por metaforizar el significante del Deseo-de-la-Madre (1957) el pequeño asesino de animales no hace otra cosa que emular la muerte del Padre de la horda primitiva (que en ese estado no puede ser llamado Padre simbólico, dado que el Padre simbólico solo lo es en tanto muerto) y, como podemos observar, en el caso del zoosadismo, la función del animal es incluso más transparente que en el caso de la zoofilia.

Así, como primera generalidad, podemos decir que el acto de matar a un animal, constituye un intento de suplir una deficiencia en la función paterna y, como Lacan no se cansaría de insistir (1956), esta carencia no tiene que ver con la ausencia del padre en el terreno de la realidad, sino con la ausencia de la palabra del padre en el discurso de la Madre, esta madre no es otra sino una madre devoradora, insatisfecha, insaciable, fauces abiertas de un Otro que legisla a capricho; así, el asesinato del animal puede ser leído como una hazaña criminal que busca dar comienzo al registro de la Cultura, de lo Simbólico y de la Ley.

Lo mismo podemos decir acerca de otra manifestación que se presenta con cierta regularidad en la infancia de los “asesinos en serie”, a saber la enuresis, que como es sabido, no constituye otra cosa sino el intento de escapar del universo materno en el cual el pequeño no cuenta como sujeto; o bien, la piromanía (otro síntoma frecuente en estos sujetos) que emula otro de los mitos que intenta dar cuenta del inicio de la cultura, recordamos que Prometeo, Titán adorado por la inducción del fuego y el invento del sacrificio,  le roba el fuego a los Dioses, y se lo regala al humano, acto trasgresor que ha quedado registrado en la mitología griega como el primer crimen de la historia, por el cual es condenado a vivir encadenado en una cueva; la piromanía también recuerda al famoso Erostráto, pastor de Efeso que, según cuenta la leyenda, en su intento por hacerse de un nombre, acude a al Templo de Artemisa y lo incendia.

Así, podemos extraer como primera conclusión en este comentario que venimos realizando, que en la constitución psíquica de este sujeto (el “asesino en serie”), el Padre Simbólico no es del todo impensable, no hay un Padre Muerto, o si lo hay, es un muerte que se encuentra forcluida del registro Simbólico, así, la respuesta a la pregunta ¿Qué soy? Que desde lo simbólico se le asigna este sujeto no es un “Tu es celui qui tuais” sino un “Tu es celui que tu es”.(1)

Lo que proponemos es que algo del orden de “esa hazaña memorable y criminal con la cual tuvieron comienzo tantas cosas” (Freud, 1913), a saber, el asesinato del Padre primitivo, no ha sido del todo inscrita en estos sujetos, si se nos permite, este sujeto nunca fue (del todo) “un pequeño criminal” (Lacan, 1957), él, no carga sobre sí “el arrepentimiento por la muerte del Padre” (Freud, 1913), situación que impide que en el segundo tiempo de la dialéctica del Edipo el padre aparezca, intervenga como privador de la madre, la demanda que el pequeño dirige a la madre no es “reenviada al tribunal superior”, no hay un otro para la madre que dicte sobre ella su ley (Lacan, 1957)

Es aquí donde introducimos nuestra hipótesis fundamental, el asesino en serie es ante todo un no-criminal, sujeto que no formó parte con el resto de los hermanos del banquete totémico, no mató ni incorporó al padre y por lo tanto no comparte el arrepentimiento por su muerte, y precisamente por no haber formado parte junto con el resto de nosotros de este asesinato, se encuentra condenado a estar a merced de un Otro sin ley, y a intentar hacerse de un nombre, inscribiéndose en el registro de la Ley una y otra vez, a partir de una tentativa de reeditar la mítica trasgresión del asesinato del padre, del robo del fuego, del primer sacrificio o del incendio del tempo de Artemisa, toda la fenomenología del asesino en serie nos habla de eso.

Recordemos que el asesino en serie, para la mayor parte de las personas que conviven con él, luce como una persona “normal” (en buena parte esa es la razón de su éxito), algunos pueden ser tímidos recepcionistas o exitosos hombre de negocios, aislados o con una vida social activa, no obstante, al momento del asesinato, pareciera que se abandonan al desencadenamiento pulsional, siendo capaces de llevar a cabo actos como la necrofilia, el sadismo, el mismo asesinato y el canibalismo, sobre esta serie de fenómenos, no cabe sino llevar a cabo el mismo abordaje al que nos vimos orillados a hacer acerca de la muerte de los animales como el sustituto paterno, es decir, el asesinato de la víctima, no hace sino emular al mítico crimen del banquete totémico, y la víctima es elevada a la categoría de significante paterno, cuya función es metaforizar al significante del mortífero Deseo-de-la-Madre, posibilitándole al asesino hacerse un lugar como sujeto; esto podría explicar por qué el asesino busca un seudónimo para hacerse llamar, e incluso, en ocasiones, en el cuerpo de la víctima o en la escena del crimen, inscriben este nombre.

No obstante, si esto es como lo venimos planteando, el asesinato le restituirá su lugar al sujeto en la cadena significante, permitiéndole asumirse como un criminal y participando del arrepentimiento por el asesinato del padre, y esto en parte sucede así, prueba de ello es el periodo depresivo por el que pasa el asesino después del acto, y el periodo de normalización y aparente tranquilidad que sobreviene después del asesinato, no obstante, al parecer algo del orden de la inscripción falla, en algún sentido el crimen no fue del todo consumado para el sujeto, e incluso puede llegar a olvidar por completo el episodio, lo que lo lleva nuevamente a buscar a una víctima que pueda ser elevada a la categoría de sustituto del significante paterno; esto recuerda al carácter ritualista que tiene en los pueblos primitivos el sacrificio del tótem en ocasiones específicas, y cuya función consiste en conmemorar la muerte del padre con toda la ambivalencia que esto implica, a saber, el orgullo por haberse deshecho de él y la culpa que esto trae consigo, así, en el desarrollo de las distintas religiones, la hazaña sacrificial se demuestra indestructible, a pesar de todos los empeños por olvidarla, algo de este orden se encontraría en juego en el asesino serial.

No solo el asesinato emula la banquete de la horda primitiva, también otros hechos nos remiten con una precisión casi taquigráfica al crimen que según el “mito científico” de Freud, inaugura a la cultura, el canibalismo del cuerpo de la víctima, escenifica la incorporación del Padre y de la Ley que le permite al sujeto consumar la identificación con él y apropiarse en parte de su fuerza, la excitación sexual y la necrofilia que se consuma casi por regla general después del asesinato no puede más que traernos a la mente el desenfreno y “el ruidoso jubilo festivo, así como el desencadenamiento de todas las pulsiones y licencia de todas las satisfacciones” (Freud, 1913)  del primitivo cuando en el clan totémico se permite matar a su tótem; el tomar partes del cuerpo como trofeo recuerda la actitud del primitivo que conserva dientes y huesos del tótem cuando éste ha sacrificado en conmemoración del crimen originario, o incluso del religioso que conserva reliquias como el Santo Sudario, para conmemorar la muerte de Cristo, incluso existen asesinos seriales que toman partes de la piel de la víctima, para usarlas sobre su cuerpo.

Otro punto a destacar en este comentario que venimos realizando, es la particular relación del asesino serial con la Ley y la autoridad, recordemos que el asesino, por regla general, busca o ha buscado estar cerca de los cuerpos policíacos, muchos incluso han intentado ingresar al cuerpo de policías y otros incluso lo han logrado, parecería que estos sujetos tienen una particular admiración por aquello que concierne a ley y a la autoridad. Abordemos esto desde un sesgo lógico, recordemos que para que haya ley es necesario que exista crimen, una ley sin crimen no tiene ningún sentido; tal parece que la pregunta de estos sujetos en torno a este asunto fuera la siguiente ¿cómo relacionarme con una Ley que prohíbe un crimen del cual no soy culpable?, pero esta fascinación por la ley va más allá de esto, implica una búsqueda del Padre Simbólico que la sustenta, en otras palabras, implica la búsqueda de ese Padre muerto que pondría un alto a ese Otro que no conoce otra Ley que la suya, a ese fantasma de la madre devoradora cuyo capricho es Ley, así, el asesino lo que al final busca no es otra cosa sino su reintegración el  registro de la Ley.

Para continuar con nuestra disertación, tenemos que atajar un escollo teórico, que ha dado lugar a orientaciones que juzgamos desviadas respecto a nuestro tema. Como hemos mencionado, por regla general (aunque no en todos los casos), las víctimas de los asesinos en serie son mujeres, y en muchos casos prostitutas; en esta evidencia fenomenológica, se ha sostenido el imaginario, tanto a nivel teórico como a nivel de lugar común, de que el acto del asesino tiene como fundamento una especie de venganza contra una madre terriblemente exigente y mortífera, o bien que el asesino en serie intenta aniquilar a su propio “lado femenino”.

Abordemos este asunto desde una perspectiva dialéctica. No podemos olvidar que la cuestión de la horda primitiva, el banquete totémico y el padre primitivo en Freud es un mito que intenta dar cuenta del inicio de la cultura. Antes de el acto criminal que se describe en este mito es impensable algo como un padre, incluso es impensable algo como la sexuación, antes bien, el padre primitivo y el continente sexual al que este pertenece son tales solo con efecto de posterioridad, es decir, solo después de la muerte de ese ser celoso y violento es que podemos pensar en él como un padre muerto que en tanto muerto deviene Padre Simbólico.

Intentemos abordar esto en términos de Lacan. Recordemos que él distingue tres padres y tres distintas dimensiones de la falta; en primer lugar se encuentra el Padre Simbólico, que solo es pensable en tanto padre muerto, y que solo interviene en la dialéctica de la constitución del sujeto a través del Padre Real; al Padre Real, le concierne la inducción de la falta simbólica de un objeto imaginario, es a través de él que se ejerce la castración o la deuda simbólica; por su parte el Padre Imaginario induce la falta real de un objeto simbólico, es el padre que priva a la madre del hijo, y al hijo de la madre, por medio de él es aprehensible el agujero Real;  finalmente, la Madre Simbólica, induce la falta imaginaria de un objeto real, es decir la frustración o el daño imaginario. (Rabinovich, 1995)

Como podemos observar, toda esta dialéctica es solo pensable si el padre es un padre muerto, es decir, pensar en términos de padre y madre o de femenino y masculino, solo tiene sentido a partir de la dimensión del crimen originario, y por lo tanto de la castración, sin éstas dimensiones no hay dialéctica posible que permita situar la diferencia entre padre y madre u hombre y mujer. Es en este sentido que el asesino serial no mata a un hombre o a una mujer, lo que mata es a un ser que ha sido elevado a la categoría de significante, y así como el fóbico no distingue entre animales hembras y machos para situar su angustia, el asesino no distingue entre los dos campos de la sexuación al elegir a su víctima, antes bien la elige siempre y cuando ésta pueda ser elevada a la categoría de significante paterno.

Nos gustaría abordar una dimensión más del fenómeno que venimos comentando, y se refiere a la relación entre Muerte y significante; como sabemos, la muerte es un límite absoluto, dimensión radical del sujeto, que es condición absolutamente necesaria del registro Simbólico, la muerte, como aquello que es irrepresentable, abre la posibilidad para que el significante se constituya como aquello capaz de aniquilar a la Cosa, para  hacer de ella una representación, así, la relación de los asesinos en serie con la muerte, nos permite vislumbrar el constante intento que estos sujetos llevan a cabo para hacer de ella un límite a partir del cual puedan tener un lugar en el registro Simbólico.

No queda más que decir que nuestro comentario ha quedado corto en lo que se planteaba y ha dejado de lado muchos otros aspectos que abordar, no obstante, nos sentimos aliviados al arrojar cierta luz sobre el fenómeno en cuestión, dejando abierta la puerta para nuevas contribuciones, y no nos queda más que citar a Freud “el originario sacrificio del animal era ya un sustituto del sacrificio humano, del parricidio solemne; y cuando el sustituto del padre recobró su figura humana, el sacrificio del animal pudo también mudarse en sacrificio del hombre” (1913).

 

 

REFERENCIAS

* Un ejemplo de los aportes del psicoanálisis a la criminología.
1

No es un “tú eres el que matabas” sino un “tú eres el que eres”. Para mayores referencias consultar la clase doce del seminario III de Jaques Lacan del 6 de Marzo de 1957, “Del Complejo de Edipo”.

 

 

BIBLIOGRAFIA
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Douglas, J y Olshaker, M (1997). Journey into Darkness. Pocket Books: Estados Unidos

Freud, S (1937). Análisis Terminable e Interminable. En Obras Completas de Freud. Ed. Amorrortu Volumen 23.

Freud, S. (1913). Tótem y Tabu. Algunas concordancias en la vida anímica de los salvajes y de los neuróticos. En Obras Completas de Freud. Ed. Amorrortu Volumen 13.

Godwin. (2000). Hunting Serial Predator. CRC. Press: Estados Unidos 

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Lacan, J (1956). De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis. En Escritos 2. Siglo XXI: México D.F. (1975)

Lacan, J. (1957). Seminario IV: La Relación de Objeto.  Buenos Aires (1995) Ed. Paidós.

Lacan, J. (1958). Seminario V: Las Formaciones del Inconsciente  Buenos Aires (1995) Ed. Paidós.

Lacan, J. (1970). Seminario XVII: El Reverso del Psicoanálisis.  Buenos Aires (1995) Ed. Paidós.

Menassa O. (1998) Los Nombres del Goce . Real, Simbólico, Imaginario. Madrid: Grupo Cero

MacDonald, J. M. (1963) The threat to kill. American Journal of Psychiatry 120

Norris, J (1989). Serial Killers: The Growing Menace. Arrow Books: Estados Unidos

Ressler, R (2004). Asesinos en Serie. Ed Ariel: México.

Rabinovich,D (1995). Simbólico, Imaginario y Real.  Disponible en red: http://www.psi.uba.ar/admin/materias/francesa)teoric.html

 

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