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C5

"EPISODIO DE UNA VIDA PASADA"

XAVIER ILICH CARBALLIDO NARANJO

 

 

El erotismo en el amor solo se sostiene por el deseo.  ¡Y el deseo angustia...!

 

Alma Beltrán

Ella solo repetía una y otra vez “ya lo intentamos una vez y no funciono”

Ella lo decía para sus adentros, para evitar el deseo, necesitaba escucharse una y otra vez esas palabras para no ceder; en cada movimiento en el que ella hacia todo lo posible por acercarse salían esas palabras, como una escena cursi de película para chicas de 14 años, ese querer más y detenerse.

Veía la expresión de su mano, buscando la mía, sus ojos puestos sobre mí, la mirada de esas que aparecen mientras las personas imaginan alguna cosa, algo que quisieran que pasara, volvía a mirarme, se quedaba en silencio, tome su mano, me dijo gracias, después expresó que era raro tomar mi mano después de tanto tiempo (la realidad solo habían pasado 4 semanas desde la última vez que tome su mano y más que eso), igual no nos soltamos las manos, y ella acariciaba la mía y yo la suya, una o dos horas de estar platicando mientras tocábamos nuestras manos, pasaba mi mano por su rostro, mientras recorría su cabello, eso siempre suele ser un escarceo, uno va sintiendo como se excita el cuerpo al tocar a la persona que deseas, esa tensión de ir poco a poco.

Ella me pregunto si salía con alguien más, le respondí que no, que me seria difícil y me tomaría tiempo olvidarla, que ella era una persona difícil de olvidar para mí, por su pregunta supuse que ella ya había encontrado a alguien más, no me intereso preguntar, la realidad es que no quería saber. Para mis adentros, siempre he sabido que yo no puedo brincar de una relación a otra sin pasar por un mínimo duelo, al fin de cuentas, soy de esos tipos que cuando dejan entrar a una mujer en su vida se dan por entero, y no me gustan las distracciones que ofrece el tener a alguien metido en el corazón cuando alguien más quiere entrar y quedarse, prefiero hacer la mudanza completa, drenarme de la persona a la que ame y sentir esas ganas de volver amar. Claro que eso jamás implica no tener por ahí una libreta negra a la cual siempre recurrir en tiempos de sequía y de una cama vacía y fría.

Después de beber dos cervezas pedimos la cuenta, el tiempo entre traer la cuenta, pagar, esperar el cambio, fue un juego de miradas y silencios, ese esperar que alguno de los dos hiciera el primer movimiento, seguía lloviendo, jamás nos importó la lluvia, tome su mano, y antes de emprender el camino, bese su boca, su cuerpo decía que sí, seguimos caminado rumbo al metro platicábamos como si el tiempo no hubiera pasado, como si el amor todavía siguiera ahí, el deseo empujaba, y a cada empujón, ella se repetía esas palabras, pero era claro, no invitas a alguien que te despierta el deseo, a beber, no estas dos o tres horas hablando con esa persona mientras la miras y esperas que te toque sabiendo que la cerveza hará lo suyo, llegamos al metro, seguíamos bromeando, era hora pico, los vagones venían vomitando gente, un inmenso gusano naranja que vomita personas y las devora, quieren ser devorados, el metro era lento, logramos entrar, no sin antes quedar muy juntos y apretados con las manos donde tenían que estar, tocando nuestros cuerpos perdidos en esa masa compartida de humanidad en un vagón, seguimos besándonos, tocándonos, con ganas de mas, con ganas de bajarnos e irnos al primer hotel que uno pudiera encontrar, el metro iba muy lento, nos bajamos tres estaciones después, decidimos tomar el metrobús, lo abordamos, ella se posó sobre mi cuerpo, la abrace, la bese y la tuve entre mis brazos mientras le acariciaba el cabello, ya hablábamos menos, ella como muchas veces a mi lado sentía mucho sueño, casi se queda dormida parada mientras yo la abrazaba, llego el metrobús después de 20 minutos o más, logramos abordar y alcanzar asientos, ya no hubo más besos, ella se aclaró las cosas, decía que ella había pensado en que nos reuniéramos como amigos y que ella no solía estar besándose con sus amigos; casi rio, le dije que estaba bien, llegamos al punto de destino donde nuestros caminos se separarían, la bese en la mejilla como a una amiga, me despedí y cada quien siguió su propio rumbo, de ahí en adelante jamás nos volvimos a ver, cumpliendo la sentencia que ella repetía una y otra vez "ya lo intentamos una vez y no funciono"

Pasados los años parece una escena de Hemingway, esa mujer que no asume una responsabilidad con respecto a lo que desea, pero quiere que el otro la tome, le calle la boca, y la haga suya, para después en algún punto intentar detener la acción, el deseo, dejarlo insatisfecho, bajarle la intensidad antes de sentir que se hace pedazos ante eso que desea, que el hombre que la tome insista, siga ahí, sin hacerle caso, que la siga tocando, manoseando, deseando que ante cualquier freno que ella intente poner el solo siga sin detenerse, sin parar, aunque esto la asuste o la espante, sabiendo que al final ella se sentirá satisfecha de haber despertado el deseo en ese hombre, claro que el cumplimiento de las fantasías es de las cosas más espantosas del mundo, hay fantasías que deben quedarse en ese plano y no cruzar más allá.

Años después nos reencontramos, ella tenía 30 años, se veía bien, unas pocas canas por ahí, pero sus ojos y sus labios no cambiaban, seguían siendo esa delicia de mi boca, fue curioso el encuentro, ella se había casado, vivía con un tipo desde hace 5 años, de la misma manera que la última vez nos sentamos sobre una mesa, pero ahora en lugar de cerveza había café, cuando hay café de por medio no hay sexo, platicamos, reímos, bromeamos como cuando nos amábamos, el tiempo había pasado y ella solo era un breve destello de esa mujer que ame durante 9 meses, con sus días y sus noches.

Nos pusimos al día en nuestras vidas, me conto la segunda parte de esa escena, ella esa tarde 5 años atrás, se había quedado de ver en la noche con el que sería su actual esposo, para ella, ese momento solo fue una despedida, un adiós a una vida pasada, jamás entendí por que huía, porque se traicionaba, pero 5 años después lo hacen a uno poner las cosas en perspectiva, ella era muy joven, 25 años, con un momento de su vida complicado, con muchas cosas por decidir y toda una vida que re-direccionar, le pregunte si seguía yendo a eso del psicoanálisis, me dijo que no, que solo aguanto un año, que las cosas empezaron a ponerse de miedo en el diván, vaya se espantó y decidió no seguir adelante en su análisis, se le veía un poco atormentada, pero al parecer algo satisfecha, él la trataba bien, le daba lo que necesitaba, la mantenía ocupada y a la vez tranquila, en sus ojos se veía la traición de la vida, jamás haber hecho o disfrutado eso que hacía o que tanto amaba y quedarse con las ganas de ir más lejos, a donde ella quería ir, igual que en otras ocasiones el tiempo paso y empezó a llover, de inmediato la vi con una mirada de complicidad como invitándola a caminar bajo la lluvia, solo nos reímos, su vida ya era otra, su luz se había consumido en la rutina de un hogar sin vida, la lluvia escampo, pedimos la cuenta, pagamos, y nos retiramos, llegamos al metro, solo le di un beso en la mejilla y por un instante su rostro se ilumino como hace 5 años, todavía existía una pequeña chispa de ese deseo en ella; durante 3 segundos, en su cuerpo, su mirada y su boca, se incendiaron, para después apagarse nuevamente y decirme:

- ¡No!, ya lo intentamos una vez y no funciono...

 

 

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