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L10

NEOLIBERALISMO,
PERVERSIÓN INSTITUCIONAL
Y TRANSTORNO DE DEFICIT DE ATENCIÓN

JESÚS NAVA RANERO

 

“He aquí un principio fundamental para todo hombre de Estado: el soberano no es sino el jefe de Estado; no tiene en manera alguna derecho para gastar el producto de los impuestos en sus placeres personales; al contrario, debe emplearlo en obras útiles: tampoco le es lícito entregar a sus favoritos los empleos públicos, que debe confiar en manos de hombres instruidos y honrados que se consideren servidores del Estado. Por eso trata de disminuir los gastos de la corte, de hacer más eficiente y soportable la administración, y de aumentar la riqueza de los súbditos. La sociedad y el gobierno estaban organizados, todavía a fines del siglo XVIII, con arreglo a antiguas costumbres que se habían ido formando poco a poco desde la Edad Media. Cuando los naturales del país se pusieron a pensar en las cuestiones políticas, la mayor parte de las instituciones les parecieron abusos contrarios a la razón y a la humanidad. Para acabar con ellos, hicieron la revolución. El principio fundamental de la revolución es que la nación es soberana, que todos sus miembros poseen los mismos derechos, y que todos deben ser libres y estar protegidos, tanto en sus personas como en cuanto a sus bienes, aún contra el poder público. Su divisa es: Libertad, Igualdad, Fraternidad.”

Ch. Seignobos Compendio de la historia de la civilización.

En México el deterioro de las relaciones sociales y del nivel de vida económico- emocional de las personas, ocasionado por la desmedida corrupción de la clase gobernante y de las instituciones responsables de hacer valer la Ley, así como por la delirante acumulación de riqueza en manos de unos cuantos, el ilimitado avance de la inseguridad, del crimen organizado, de las desapariciones forzosas que ya suman montón, incluyendo los 43, los incontables feminicidios, la criminalización de la protesta, el asesinato de periodistas, de líderes que luchan por el respeto de sus comunidades y el resguardo de sus bienes naturales, han echado al suelo toda perspectiva real de cumplimiento de los más elementales derechos humanos, de quienes padecen la desgracia de vivir en un medio corrompido y corruptor como este. 

Más allá de todo principio ético-político quienes se tienen por dueños del país y de cuanto en él existe, que puedan traducir en Capital, lo han llevado a los mercados internacionales de la oferta y la demanda.

Como mexicanos estamos siendo arrojados a las insaciables fauces del capitalismo neoliberal.

Sin el menor asomo de mesura los tecnócratas en el poder han privilegiado vender aquello que queda por vender y saciar su personal provecho. Solamente a los fieles, que recurren a un abanico de adicciones para calmar sus síntomas, incluyendo ansiolíticos, antidepresivos, somníferos, realidad virtual, telenovelas y las más diversas formas que producen el olvido de sí, les parece imposible aceptar como inaceptable lo que sus ojos ven y el vacío de sus bolsillos hace evidente.    

La perversión que dejó de ser oculta no parece tener freno, ni las dramáticas consecuencias que a todos alcanza o alcanzará. El reparto de esta infamia sólo deja afuera a quienes la promueven y sacan provecho de ella; es decir, a aquellos que más tarde o más temprano acabarán por largarse del país a gozar de los frutos de su desmedido ascenso económico y su inigualable ausencia de mesura en el manejo de la tranza y la finanza.

La enorme acumulación de riqueza en manos de minorías privilegiadas, a contrapelo del empobrecimiento de la mayoría de la población, resulta un mal menor si ponemos el acento en el incremento de las diversas formas de suicidios reales o simbólicos, a través de las diversas formas de enajenación, alienación y adicción, o en la emergencia de los más diversos síntomas, como la mortal indiferencia de gran parte de la población ante todo lo que como sociedad nos destruye; el desdén, el tedio, la apatía, el insomnio, la angustia, la ansiedad, la depresión, la perdida de toda dignidad, la huida, el escape de la realidad hacia la realidad virtual, suman día a día la existencia de personas, ajenas a las circunstancias que las hacen callar, caer en la apatía y estallar.

El sistema político día a día ha probado su eficacia para sacrificar el bienestar de bastos sectores de la población a los intereses económicos-políticos de la economía neoliberal; con ello no ha hecho otra cosa que aflojar y destruir, paulatina y eficazmente,  los lazos socialmente necesarios a la convivencia y la continuidad de la vida social del país; el Estado arroja y pone al filo de la confrontación a los grupos que integran lo que aún conserva el insuficiente nombre de sistema democrático y el de sociedad civil organizada; la desconfianza es un factor común, lo que estamos viviendo no es otra cosa que la incubación de un huevo de serpiente que preludia, aún más, inéditas e insospechables consecuencias.

En el campo de los saberes, los científicos de la salud, la sociedad y la conducta; psiquiatras, neurólogos, médicos, pedagogos y sociólogos, se afanan en buscar y establecer las etiquetas que permiten ordenar y clasificar los más recientes síntomas, con el propósito de calificar y descalificar, estadísticamente, a quienes los padecen desde su propia incapacidad de adaptación, su resiliencia en crisis, o su propio trastorno intelectual o emocional; el mal, se les hará decir y argumentar a estos profesionistas, son los sujetos y no la patológica estructura que los produce en serie. De esta forma las resistencias y las oposiciones a las inhumanas y antisociales políticas gubernamentales también encuentran clasificación y tratamiento; oponerse a la lógica económico-político-ideológica de la sociedad de los mercados, es mostrar perturbación o conflicto con la economía globalizada, que ofrece como ideal a los consumidores posmodernos, consumirse consumiendo en los mercados, en-drogados y endeudados.

“La deuda, tanto privada como pública, parece representar hoy una gran preocupación para los «dirigentes» económicos y políticos. lejos de ser una amenaza para la economía capitalista, anida en el corazón mismo del proyecto neoliberal; la deuda es, ante todo, una construcción política, y el vínculo entre acreedor y deudor es la relación social fundamental de nuestras sociedades, una técnica securitaria de gobierno y control de las subjetividades individuales y colectivas. Cada vez somos más deudores del Estado, de los seguros privados y, en general, de las empresas, y para respetar nuestros compromisos se nos incita a ser los «empresarios» de nuestra vida, de nuestro «capital humano». De ese modo se reconfigura y se desquicia todo nuestro horizonte material, mental y afectivo. ¿Cómo escapar a la condición neoliberal del hombre endeudado? Sin una salida simplemente técnica, económica o financiera, debemos poner radicalmente en tela de juicio la relación social fundamental que estructura el capitalismo: el sistema de la deuda.” (1)

Para quien haya cerrado su espíritu y comprensión a esta perspectiva, han de serle enteramente extraños e ininteligibles los grandes problemas que en el psiquismo humano está gestado nuestro tiempo y, con ello, en la estructuración de los lazos sociales.

Los señores en el poder han olvidado que la industria y la economía de mercado no son fines en sí mismos, sino medio para asegurar a los pueblos y las naciones su subsistencia material, el progreso y desarrollo que asegure y consolide los beneficios, radicalmente humanos, de una más alta cultura.

Donde la economía de los mercados es todo, y los pueblos nada, comienza el dominio de un despiadado despotismo económico, que no es menos desastroso en sus efectos que un despotismo político cualquiera. Ambos despotismos, económico-político, se fortalecen mutuamente y son alimentados por la misma fuente.

La dictadura económica de los monopolios y la dictadura política de los Estados deshumanizados, se alimentan de los mismos propósitos antisociales; sus directores procuran subordinar la diversidad de expresiones de la vida de los sujetos, y de la sociedad, a un modelo de producción y consumo unidimensional, globalizado, y constreñir la vida de los seres humanos a las más diversas formas de interés y utilidad rentables, a manera de mercancías.

Mientras carezcamos de valor, como sujetos y como sociedad, para oponernos a esta dirección que nos esta llevando, irremediablemente, a agudizar la profunda catástrofe social; los derechos de los ciudadanos, legalmente garantizados, perderán su más profunda humana significación, y la confrontación brutal, entre unos y otros, como consecuencia y síntoma de la más aguda pérdida de credibilidad en todo y todos, hará implosión y saltará a la vista.

Necesario decir que el desempleo, la inseguridad laboral, la pérdida de identidad, y la incertidumbre generalizada, ante el desmedido avance de lo inmundo, generan angustia a la manera del más profundo desasosiego e inestabilidad emocional. Para Freud:

“Cuando no hay una disposición particular que prescriba imperiosamente la orientación de los intereses vitales, el trabajo profesional ordinario, accesible a cualquier persona, puede ocupar el sitio que le indica el sabio consejo de Voltaire. En el marco de un panorama sucinto no se puede apreciar de manera satisfactoria el valor del trabajo para la economía libidinal. Ninguna otra técnica de conducción de la vida liga al individuo tan firmemente a la realidad como la insistencia en el trabajo, que al menos lo inserta en forma segura en un fragmento de la realidad, a saber, la comunidad humana. La posibilidad de desplazar sobre el trabajo profesional, y sobre los vínculos humanos que con él se enlazan, una considerable medida de los componentes libidinosos, narcisistas, agresivos y hasta eróticos le confiere un valor que no le va en zaga a su carácter indispensable para afianzar y justificar la vida en sociedad.” (2)

Ciertamente el trabajo debiera ser algo parecido a un punto de partida y de retorno productor de bienestar y seguridad social; radicalmente diferente a la persecutoria pesadilla en la que ha sido convertido por los megavoraces señores que administran el poder y el Capital. El sistemático atraco de los derechos laborales y sociales, históricamente conseguidos a través de la lucha sindical organizada, toda vez que el sindicalismo y las organizaciones políticas han sido cooptadas y desmovilizadas, no puede tener otro nombre que no sea el de genocidio gradual. El goce que produce la explotación y el exterminio del otro, en quienes hoy regulan e imponen las condiciones laborales, hace ver el sadismo en el que está fundada la sociedad de los mercados.

El sujeto de la producción, antes temido como sujeto histórico, ha sido colocado, tal como los objetos al momento de producirlos, en función de su fecha de caducidad, en el lugar del deshecho.

La complicidad de los Estados colaboradores en la orquestación y ejecución de este genocidio, deja ver, a todas luces, el nivel de perversión que también los constituye; todo sea, dirán, por ayudar a erradicar los restos de las teorías socializantes y a quienes, por su condición social, les vaya a dar por revivir al muerto y poner su fantasma, nuevamente, a recorrer el mundo.   

La descalificación del oponente señalándolo como enfermo, loco o enemigo de la sociedad, sumado a la desconfianza generalizada y la pérdida de credibilidad en las instituciones, agudizarán, aún más, los imparables síntomas de la descomposición social;

La desconfianza sembrada y cosechada a granel entre los ciudadanos, más temprano que tarde rebasará el control del Estado y ninguna droga podrá frenar el despliegue de sus consecuencias.

Día a día aumenta el índice de niños medicalizados no solamente dentro del sistema escolar; los procesos de desestructuración psíquica manifiestos a nivel emocional en la niñez son cada vez más visibles; la desestructuración de la llamada célula de la sociedad salta a la vista; la familia, en su función como estructura estructurante, ha sido convertida en el espacio por excelencia de la frustración y el desarreglo de las relaciones interpersonales.

Desarraigados y sin la posibilidad de ejercer las funciones que permiten la estructuración psíquica y emocional de los hijos, el padre y la madre, metidos en los ritmos que la sociedad de los mercados establece, elevan suplicas no a Dios, sino a médicos y maestros con la esperanza de que estos “iniciados” transformen a su melancólica, desorientada prole, en mujeres y hombres bien formados capaces de agarrar camino por los rumbos de la producción y la reproducción de Capital.

La carencia de límites que tan claramente se hace patente en niños y jóvenes, acusados de padecer el Trastorno de Déficit de Atención, solamente es una de las manifestaciones más visibles del entallamiento de los límites de toda mesura y racionalidad que distingue la lógica que funda la sociedad de los mercados y las ilimitadas operaciones de corrupción realizadas sin ningún escrúpulo por quienes debieran gobernar en beneficio de las mayorías.

Sin la menor idea de lo que está empezando, las instituciones educativas no advierten, y poco o nada quieren saber, de las insuficiencias estructurales en la constitución subjetiva de sus educandos, manifiestas a través de la carencia de límites y de principio de realidad; eso que se nombra el TDA –trastorno de déficit de atención- y los síntomas que lo caracterizan, dejan ver lo que no alcanza a taponar el medicamento, es decir, las fallas a nivel de la estructura psíquica.

Ahí donde el padre y la madre, sacados de lugar en función de las exigencias de la sociedad de los mercados, y sin suplencia, no ejercen su función y nada o poco les queda hacer para anudar a sus infantes a los tres registros, algo en ellos se suspende y se muestra inconcluso.    

Es evidente que el neoliberalismo, una vez diluidas y controladas las oposiciones, se ha dado la tarea de sustituir los imaginarios colectivos por realidad virtual y referentes mercantiles, y también es evidente que los ideólogos neoliberales, en su tarea de globalizar la sociedad de los mercados, realizan progresivamente la destrucción de todo aquello que a manera de identidad y arraigo pudiera hacerles obstáculo.

En este contexto la familia tenida como un lugar de arraigo, lazo, identidad, pertinencia y pertenencia, generadora de límites y sentimientos contrarios al desarraigo, tuvo que ser estallada. Al otrora molesto residuo de las demandas laborales feministas se le subió el volumen y, en este nuevo contexto, la “liberación” de la madre del esclavizante hogar fue sustituido por la esclavizante atadura a la cadena laboral. A la vez, con la pérdida del poder adquisitivo, la autoridad del padre fue puesta en cuestión por el lado de su “tenencia”; insuficiente para satisfacer y hacerse cargo de las demandas económicas de la familia, pasó a ser, uno que, sin capacidad para sostener a la familia, minado el sustento, no logró sostener su autoridad.

Ciertamente el replanteamiento de la familia como institución y, con ello, de la dimensión, en los territorios de la suplencia, de las funciones materna y paterna, puede mostrar los rumbos de otros modos de hacer operar tales funciones; sin embargo, lo que la sociedad de los mercados deja ver no da pie para poder pensar que, además de productor-consumidor-desechable, el sujeto este siendo pensado como un sujeto anclado en su nombre y su deseo; la sociedad de los  mercado sostiene el goce que convoca a gozar a un sujeto cedido al goce, al goce de consumirse consumiendo, en un contexto, recordemos, que proclama, como triunfo y fundamento, el fin de la historia y la muerte de las ideologías; es decir,  la diversidad de lo común, lo diverso reducido a lo Uno como denominador común, opuesto radicalmente al “sinsentido” de lo singular toda vez que lo singular no puede convertirlo  en mercancía.

Dice Jorge Alemán: “hay que admitir que el neoliberalismo como formación específica de la lógica del capital es la primera formación histórica que intenta tocar ese núcleo ontológico, que intenta verdaderamente apuntar a lo que es la producción misma de subjetividad. En otras palabras, el botín de guerra del capitalismo actual es la subjetividad. El neoliberalismo es la primera formación histórica que trata de tocar la propia constitución del sujeto y que ha colonizado ese territorio del sujeto; lo ha colonizado de una manera histórica, instalando al sujeto en un lugar que está siempre más allá de sus posibilidades y todo el tiempo confrontándose con lo que no puede. Hay una larga línea, una secuencia, podríamos decir, que une las reflexiones de Gramsci, Althusser, de un modo específico las de Foucault, en tanto estos pensadores han intentado mostrar cómo el poder se invisibiliza, cómo no se reduce sólo a la coerción, cómo no se puede solamente pensar desde una lógica puramente represiva, sino que resulta imprescindible pensar al poder como productivo, como biopolítico, como productor de subjetividades. Una producción de subjetividades del estilo del “empresario de sí”, como lo logró vislumbrar Foucault, o la producción del “deudor”, como lo vislumbró Deleuze siguiendo la trayectoria de Nietzsche de la relación “acreedor-deudor”, aunque también muy bien formalizada por el propio Freud en El malestar en la cultura. Pero creo que es muy importante hacer la distinción entre la captura del sujeto y las lógicas de la dominación para comprender el modo en el que el neoliberalismo intenta –y vamos a decir que ésta es su gran diferencia histórica con otros momentos del capitalismo– ir a la captura misma del sujeto y disputar lo que es el ser humano. Es decir, entrar verdaderamente en una teoría del hombre nuevo, produciendo verdaderamente subjetividades.”(3)

Las consecuencias derivadas de la actual situación de incertidumbre, ante un presente que se muestra turbio y un futuro que se muestra trágico, comienzan a verse y a mostrarse, sin embargo, sólo son la punta de un iceberg del que, al parecer, no tenemos ninguna idea lo suficientemente clara de sus repercusiones en el campo de la descomposición o de la tan urgente e imprescindible recomposición del tejido social, por ahora bastante desgarrado. 

No obstante esta problemática de fondo, los señores del Mercado y sus aliados aparecen diariamente en la televisión muy puntuales y sonrientes, amparados en la certeza de que aún es posible continuar simulando que vivimos en un país maravillosamente maravilloso, de igualdad y bonanza para todos.

 

NOTAS

1

Fragmento extraído de la reseña realizada por Fumero Mauricio Renato, al libro de Lazarato Mauricio La fábrica del hombre endeudado. Ensayo sobre la condición neoliberal Buenos Aires-Madrid, 2013, Ed. Amorrortu.

2 Freud, Sigmund; El malestar en la cultura; obras completas tomo XXI, Argentina, Ed. Amorrortu, pág. 80.
3

Blanco, Ana Belén-Sánchez, Maria Soledad  “El neoliberalismo es la primera formación histórica que trata de tocar la propia constitución del sujeto” Entrevista a Jorge Alemán; en: http://ampblog2006.blogspot.mx/2016/01/el-neoliberalismo-es-la-primera_22.html

 

 

 

 

 

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