home.jpg

 

L5

¿POR QUÉ LACAN DESCUBRE
QUE LA PSIQUIS NO EXISTE?

MARCELO AUGUSTO PÉREZ

 

 

 

«Admitimos que la vida anímica es la función de un aparato al que atribuimos extensión en el espacio y montaje en varias piezas. Nos lo representamos entonces a la manera de un telescopio, un microscopio, etcétera. La construcción coherente de una tal representación, a pesar de alguna aproximación ya intentada, es una novedad científica.»

Sigmund Freud; Esquema del psicoanálisis, primer capítulo: “El   aparato psíquico”. 1938.

 

«… los psicólogos son sordos.  Esa cosa que sólo existe en el vocabulario de los psicólogos –una psique adherida como tal a un cuerpo. ¿Por qué diablos, cabe decirlo, por qué diablos el hombre sería doble? Que haya un cuerpo ya de por sí encubre suficientes misterios (…) ¿Por qué diablos no limpiar de nuestra mente toda esa psicología defectuosa y no intentar deletrear lo tocante a la Bedeutung del falo?»

Jacques Lacan; El síntoma, Conferencia pronunciada en el Centro R. de Saussure, Ginebra. 1975.

 

«Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos; los microbios, como causa de enfermedades, son unas pobres causas.»

Ramón Carrillo; Primer Ministro de Salud Pública de la República Argentina.

El término “psiquis” (y sus derivaciones tales como “psíquico”, “aparato psíquico”, “psiquismo”, “psicosomático”, etc.) aparece en el hablante como un acople a la cuestión de lo que ya Lacan ha planteado como “falla epistemosómatica”.(1)  La falla sigue vigente: lejos de distinguir dos disciplinas con campos específicos (el psicoanálisis y la medicina), el mote de “psiquis” o “psíquico” no hace más que trasladar esa falla al siglo XXI heredando, al modo más cartesiano y barroco, la tradición escolástica y filosófica de más de dos mil años.

 

Un poco de historia

Cito: “Las representaciones primitivas del «alma» son muy varias, pero se destacan tres rasgos comunes a muchas de ellas. El alma es concebida a veces como un soplo, aliento o hálito, equivalente a la respiración; cuando falta tal aliento, el individuo muere. A veces es concebida como una especie de fuego; al morir el individuo, este «fuego» –que es el «calor vital»– se apaga. A veces, finalmente, se concibe como una sombra, presentida o de algún modo «entrevista» durante el sueño. En los dos primeros casos, el alma es más bien como un principio de vida; en el último caso, más bien como una «sombra o un simulacro». La idea del alma como aliento, hálito, exhalación, soplo, etc., es acaso la más común. E. B. Tylor ha indicado que puede hallarse en «las principales corrientes de la filosofía universal». Los términos usados para designar tal «alma» en diversas culturas muestran cuán difundida se halla esta idea. Así, en los vocablos nefesh (hebreo), nefs (árabe), atman (sánscrito), pneuma (griego), animus y anima (latín), todos los cuales significan de un modo o de otro «aliento», aun cuando luego vayan adquiriendo el significado de un cierto principio o de una cierta realidad distintos del cuerpo. En algunos casos los términos usados para designar el «alma» son distintos de los empleados para referirse al «aliento». Así ocurre con el sánscrito prana –a diferencia de atman–, con el hebreo neshmah –a diferencia de nefesh–, con el árabe ruh –a diferencia de nefs–, etc. Un origen «material» puede hallarse, sin embargo, en los citados vocablos, lo mismo que en los términos psyche (griego), duja (ruso), Geist (alemán) –este último, usualmente traducido por 'espíritu', tiene la misma raíz que el inglés ghost, comúnmente vertido por 'fantasma'–. A veces se distingue entre el «alma» como «principio de vida» y el «alma» como «doble» por medio de dos distintos vocablos. Ejemplos son kra y chraman (antiguo egipcio), zymos [thymos] y psyche (en griego). Esta última distinción es sobremanera importante, aunque no siempre se expresa mediante uso de distintos términos. Así, psyche designa en Homero por igual «la vida» (la vida como «aliento») y la sombra incorpórea o imagen (a veces, sin embargo, designada mediante el vocablo eidolón). Puede decirse que la idea del «alma» se va precisando –y, si se quiere, purificando– a medida que los términos empleados para referirse a ella tienden a describir menos un principio vital general que una especie de «doble» propio de cada uno de los hombres.” (2)

Si bien a veces puede resultar conveniente adicionar el prefijo “psico” a determinadas cuestiones para darse a entender rápidamente; ya desde la filosofía, ya desde otros ámbitos (sin excluir la psicología) el término viene aparejado con una proximidad de lo consciente y no como Freud lo ha querido diferenciar.   Resulta pues sorprendente que visitando motores de búsqueda en la web (y páginas tan atractivas y comprometidas como la Wikipedia), se lea totalmente ignorado el aporte freudiano al “real psiquismo” que es lo inconsciente.

Sí: porque hay otra cuestión: el psicoanálisis no es ningún tipo de psicología, y mucho menos “profunda”.  Como expresó Lacan: “La psicología es vehículo de ideales: la psique no representa en ella más que el padrinazgo que hace que se la califique de académica. El ideal es siervo de la sociedad.” (3)

¿Resultará “políticamente correcto” seguir informando a las generaciones futuras que “lo psíquico” viene de la psicología conductual, del cognitivismo, de las alianzas terapéuticas e, incluso, de la psiquiatría?

¿Cómo es posible seguir incluso homologando lo “psíquico” (que no existe) con lo “mental” (¿sabe alguien por favor qué es lo mental?) y éste con el cerebro?  ¿No se ha caído en la cuenta que Freud ha analizado que “lo mental” está en lo que hoy puede ser un cáncer, una parálisis motora o simplemente un tartamudeo? ¿Desde dónde surge el disparate de pensar que el sistema nervioso es lo psíquico? En todo caso ¿por qué no decimos que puede serlo el sistema urinario o el digestivo?  No teman colegas: el disparate aún se sigue enseñando en las Facultades de Psicología; paradoja increíble: se pretende separar y se vuelve a unir “lo neuro” con “el alma” … Quizás ahí esté el problema: ¿por qué separar? (Al menos yo no puedo entender por qué se dictan clases de “neurofisiología” y no se dictan, por ejemplo, de “gastroenterología”.) Seguir pensando que pensamos con el cerebro es descreer de algo que se llama Fantasma; es no haber leído a Freud en sus orígenes cuando expresó que lo inconsciente son Gedankes, pensamientos; y que puede estar en una astasia-abasia. La realidad se percibe con el Fantasma, no con el cerebro; de allí que Lacan expresó “yo pienso con los pies, no se ustedes…” Obviamente que sin cerebro no hay cuerpo, pero tampoco sin corazón.

La idea no es hacer acá filosofía ni “traducir” etimologías: si “alma”, si “espíritu”, etc.  Este sería ya un campo en donde podría sonar a delirio hasta el término “psiquiatría”: ¿es posible acaso, curar-el-alma? No menos ilusorio que “estudiar-el-alma”; quizás por eso la psicología hoy se defina como el “estudio de la conducta” y, a partir de ahí, ya nada puede vincularla con el psicoanálisis; praxis que nada puede decir a partir de la conducta de un sujeto y que, por otro lado, no tiene ese objetivo sino simplemente –trabajosamente- darle al síntoma menos carga de padecimiento.  Praxis definida por Lacan como “…la acción humana que da la posibilidad de tratar lo real mediante lo simbólico,”(4) real traumático que pulsa (a)trapado por lo simbólico enunciado.

 

Lacan con Freud sin Psiquis

Las actuales herramientas informáticas nos permiten saber que Psiquis es una palabra que Freud ha usado en su Obra más de mil quinientas veces; conjugadas de otras cientos de maneras posibles.  No hay duda de que su postura fue separar éste término de su concepción clásica y, a la vez, hacerlo propio en el marco de su invento.  (Cuando digo “invento”, obviamente me estoy refiriendo a lo inconsciente que aún muchos colegas –y no simplemente pensadores ajenos a este discurso- siguen postulando que es un descubrimiento; olvidándose que lo inconsciente “se inventa” en el dispositivo analítico al igual que el síntoma; y que la “fábrica permanente” de ese invento se actualiza, bajo transferencia, con la lectura de un analista. En definitiva, estoy diciendo –recordando a Lacan- que quien no se analiza no tiene inconsciente.) 

El psicoanálisis (el que Jacques Lacan ha sabido leer de Sigmund Freud) plantea una versión de trazo único.  Trazo único quiere decir cero dualismo. La tesis es directa: el psiquismo no existe: lo psíquico no existe o, en todo caso, si se pretende homologarlo a algo -a modo de oportunidad y de forzaje-, debemos decir que el psiquismo es el cuerpo; acotando sin demora que ya estamos planteando un pleonasmo lingüístico: ya que todo cuerpo –para ser tal- fue de hecho “encapsulado” dentro de la Cultura y –por ende- todo “germen” natural está perdido. 

Decir Cuerpo es decir que la Cultura lo ha creado: primero la Cultura (primero la estructura del lenguaje agujereado, de lalengua), después el Cuerpo. Plantear la existencia de un sujeto previo al lenguaje o el origen del lenguaje a partir de un proto homo sapiens original es de hecho una ficción mítica. Por eso Umberto Eco habló del lenguaje como “la estructura ausente”.

Hay que diferenciar el hecho de que el cuerpo no es el soma.  El “cacho de carne” no es el cuerpo de un sujeto.  El “cacho de carne” es un a priori biológico que necesita de otro a priori para existir como cuerpo.  Pero demos primero un pequeño rodeo.

La genialidad del Maestro vienés ha vislumbrado que “el psiquismo” no es un espacio neuronal, ni “mental” sino, digámoslo rápidamente, una instancia virtual.  Hoy quiero ensayar que esta instancia no es tanto virtual –en el sentido de lo imaginario- sino simbólica –en el sentido de lo real-, sin dejar de ser virtualmente existente, pero dicha existencia se “corporiza” en el único “aparato” con que cuenta el sujeto: su cuerpo.

Mi propuesta es no a la psicosexualidad, no a la psiconeurosis, no a la psicosomática.  No, porque simplemente toda sexualidad, toda neurosis, todo síntoma (en el sentido más freudiano del término) es “psíquico”.  Pero habíamos dicho que “lo psíquico” no existe; entonces -nobleza obliga- re-definamos para salvar el pleonasmo: toda sexualidad, toda neurosis, todo síntoma es del hablaser; es de la Cultura.

En el mismo pseudoerror acabaríamos si dijéramos que el sujeto es un sujeto psíquico: no hay otro sujeto que el sujetado a lo que Lacan escribió en un solo vocablo: lalengua.  Porque tampoco “el lenguaje” existe: el lenguaje es una mera construcción de la ciencia de la lingüística.  Lacan ha hecho clínica no lingüística, es decir que nos invita a hablar de lingü(h)isteria; por tanto existe la lalengua: la del habla-ser, la del caso por caso; la que ha hecho que la laringe cierre su columna de aire y que el infans comience a pronunciar solamente fonemas de su Otro primordial: sí, a veces corporizado en su Madre, pero también –y ante todo- de su lalengua de origen. (El Otro no es una persona; el Otro es un lugar desde donde se origina un sujeto.)

En todo caso -en referencia anterior a lo real- y permitiéndome tomar un término que Roberto Harari ha desplegado últimamente, podemos hablar del realenguaje.(5)   Por eso el lenguaje no existe; sino que “no es más que lo que el discurso científico elabora para dar cuenta de lo que yo llamo la lalengua”(6) y porque, fundamentalmente, lo inconsciente no pertenece al campo lingüístico sino al de la lalengua con la cual un sujeto, goza.

 

Estoy enunciando –en definitiva- que no hay enfermedad más que en la Cultura.

(Para “enfermar” se necesita algo más que un conjunto de bacterias o algo más que un oncogen.)  El animal –el animal logrado (¿hay algún mamífero así en este mundo actual?)- no enferma.  Ni hablar que el vegetal-logrado tampoco lo hace. (Podríamos buscar lo “logrado” a nivel zoológico en los animales inferiores -reptiles, cucarachas, moscas- animales que, justamente, no son el campo del veterinario. Aunque sin ir demasiado “bajo” podemos pensar que nadie pudo ver un cachalote engripado o un delfín con gastroenteritis.)

Si hablamos de lingüs(h)histeria es porque existe un cuerpo bañado de “lo inconsciente”: es porque la verdadera “creadora” del psicoanálisis es la histérica, en cuyo cuerpo-simbólico-erogenizado (ya veremos que todo cuerpo lo es –que es otro pleonasmo decir cuerpo erógeno-) se encuentra el misterio del síntoma que Freud pudo escuchar.  No por nada fue el mismo Freud que comenzó a pensar “lo psíquico que no existe” en un marco virtual; quebrando la concepción médica que pretendía un lugar “glandular” o mental para esto imposible de localizar más que no sea como una especie de Aparato.

Tratemos de introducir el “psiquismo que no existe” dentro del campo de la óptica y de la topología (a decir verdad, de la “topologuería” para hacer notar que no se trata de hacer ni física ni geometría no-euclidiana sino clínica freudiana; así como hay lingüs(h)isteria hay topologuería.)

Resulta interesante notar que –en el vocabulario freudiano- la palabra «aparato» se encuentra articulada a términos tales como «pieza» o «parte» (Stück) elemento (Bestandteil), montaje (Zusammensetzung) y operación (Leistung); así como en francés la palabra «appareil» (cuyo primer significado es apparat: «pompa, solemnidad, magnificencia») se distribuye en el conjunto de las ciencias y de las artes con una significación general: montaje de piezas, de instrumentos propios para una operación (Littré). 

Jacques Lacan intenta demostrar a través de un aparato óptico cómo un sujeto necesita construir su cuerpo.  También lo va a demostrar a través de figuras topológicas como la del Toro.  Sería muy técnico extenderse aquí en este desarrollo, pero precisemos –en principio- que el Cuerpo tiene que quedar inmerso dentro de ciertas imágenes que lo coagulan, de cierto real (real sexual) que lo atrapa y de una matriz simbólica que lo Dona. Sin estos 3 registros (Imaginario, Simbólico y Real) no se construye un cuerpo.

El cuerpo no es algo que viene desde el vamos: así como tampoco la sexualidad que –como bien expresó Oscar Masotta- es un “punto de llegada y no de partida”.

Tanto el Cuerpo como la Sexualidad; el sujeto “la organiza” –o, mejor dicho: al sujeto se le organiza- en lo que se ha bautizado Complejo de Castración, que muchos colegas siguen llamando Complejo de Edipo: Edipo no tuvo complejo alguno. Edipo es el mito hecho acto: se acostó con su madre y mató a su padre.

Esta “organización” (que, repetimos, el sujeto no busca sino que le llega) tiene un camino a recorrer bañado de avatares, identificaciones y obstáculos. Este trayecto se construye dentro de un marco: el del Deseo.  El Deseo tomado como un real que también llega desde a-fuera: un sujeto no tiene un deseo, el deseo tiene al sujeto; y ahí radica todo drama neurótico.

El nombre de ese “haber sido deseado” o de ese “Aparato-Simbólico que desea” Lacan lo ha nombrado con un matema: A.  Este “tesoro de los significantes” que esperan al sujeto-por-venir, hace que, justamente, el “cacho de carne” se convierta en un “cuerpo”; atravesamiento fálico mediante.  ¿Y qué es el falo? En términos simples, es lo que hace que lo biológico pierda su estatuto de tal y el organismo (poseedor de agujeros) se transforme en un cuerpo (poseedor de zonas erógenas; es decir: erogenizado.)  El falo es lo que opaca cualquier necesidad que queda metamorfoseada en demanda y en innombrable deseo inconsciente.  Es, como dirá Lacan, la “marca en que la parte del logos se une al advenimiento del deseo” (7).

¿Pero entonces cómo? ¿Cambiamos “la psiquis” por “el falo”? ¿Estamos otra vez en lo virtual?  En absoluto no.  El falo es lo que aporta el A desde su lugar imaginario y desde su “experiencia en lo real”.  Porque quien representa el A para el proto-sujeto es, ya, un sujeto-del-lenguaje que, castración mediante, dona una falta.  El falo es el significante de esa falta.  El falo es lo que permite que el ser, sea o no sea.  Enlazado a esa premisa, el sujeto-a-advenir podrá estar impregnado de un cuerpo que ya tiene “la herencia” de “lo psíquico que no existe”.

Ahora podemos entender por qué el problema planteado por la histérica es el del encuentro entre lo biológico –que ha quedado divorciado de lo Natural- y el «representante pulsional», que es del orden del realenguaje

Sólo a través de la palabra-hablada, viniendo de A, que se “libidinizarán” los agujeros biológicos para transformarlos en zonas erógenas.  Nada de “límite entre lo psíquico y somático”; nada de quántum físico, nada de “energía”: la palabra –la lalengua- es lo que transforma un organismo natural –eso que ni siquiera las madres médicas pueden llamar “feto” cuando ellas mismas están embarazadas- en un sujeto.

Aclarando, para ciertos espíritus mal entendidos, que nos estamos refiriendo al habla (diferenciando malas traducciones “pro-lacanianas” debemos aclarar que parole no es mot y por ende se trata –para un analista- de la palabra-hablada); habla-materna que no puede ser “operativa” o “mecánica”, sino que debe estar –permítanme una adjetivación- amorosa y tiernamente anudada.  Diríase más: eróticamente anudada por la voz de la madre y el eco de un padre que resuene en ella. Y, también aclaremos, que los sordomudos de nacimiento no están ajenos a esta palabra, así como los ciegos transitan perfectamente el “estadio del espejo” que es sólo una metáfora óptica para mencionar la alienación del sujeto al Otro.

Entonces, ¿por qué Lacan descubre que “lo psíquico” no existe? Porque, sencillamente, existe un cuerpo y no un soma. El soma es lo que queda reprimido (Uverdrangung) para siempre, “por debajo de la caja” en el Modelo Óptico de Lacan. Cuerpo es ya una construcción del Otro, creado por los Significantes del Otro, por la Pulsión y el Deseo que aporta el Otro del Lenguaje. Cuerpo implica ya un constructo cultural. El soma es orgánico, el cuerpo es cultural. El soma atravesado por el Lenguaje genera un Cuerpo.

(Ciertos autores siguen publicando libritos sobre “psicosomática” y en nombre de Freud pretenden apartarse de “lo médico”; otros analistas siguen hablando de somatizaciones… ¡pleonasmos por doquier! A lo sumo podríamos admitir la existencia de ciertos “fenómenos de holofrase” pero de ahí a seguir planteando el dualismo cartesiano me parece técnicamente nefasto.)

Hay un cuerpo con significantes y atravesamiento fálico.  No puede haber otro cuerpo que ese.  El verdadero “aparato psíquico” es el aparato de lalengua (el A-parato) o, si se quiere, el aparato-del-cuerpo que, en el peor de los casos, puede resultar un cuerpo-aparato: he ahí el marasmo o el autismo; pero ese es tópico de otro ensayo.

Lo psíquico, el psiquismo, no existe porque hay un Cuerpo de lalengua: hay un encordado [corps = cuerpo (fr.) / en-cords = encordado (fr.)]  Real, Simbólico e Imaginario (los tres registros del Aparato – Sujeto creados por J. Lacan).  A partir de este (a)nudado RSI; el psicoanálisis (¿cómo llamarlo para no caer en la “erotología” de Jean Allouch; ni usar el prefijo en cuestión? ¿Quizás análisis-del-discurso, análisis-de-la-lalengua? Admito que suena rebuscado. En honor a nuestro Maestro, no hay duda que debemos seguir llamándolo psicoanálisis, por más negro que algunos lo pinten), el psicoanálisis –decíamos- trabaja bajo una clínica de lectura porque es justamente una letra (la primera de nuestro abecedario) que Lacan ha inventado para que la praxis realice su operatoria –transferencia mediante- en el plano del discurso. 

A través del habla (único medio del dispositivo) el síntoma modificará su acción mortificante.  Síntoma que no puede estar alojado en otro sitio que en el Cuerpo; goce mediante (cuando enunciamos “goce” queremos decir, básicamente, un placer extremo que el sujeto experimenta en el umbral del displacer y –a la vez- un usufructo que el sujeto realiza de ese Otro que le ha dado su estatuto de sujeto).

Si el “psiquismo” todavía lo concebimos como el Alma y si, como pide Aristóteles es una sustancia a modo de función («si el ojo fuera un animal, la vista sería su alma, pues la vista es la substancia o forma del ojo») entonces ese psiquismo es el mismo Soplo que hace –lo digo en términos bíblicos-  del barro un humano hablaser

Ese Soplo, por ende, no puede ser otro que la Palabra: “…en el principio era el Verbo.”  Lacan nos lo grita para que lo escuchemos: “…el alma es lo que se piensa a propósito del cuerpo, del lado del mango.”(8) siendo “el mango” (de la sartén) nada menos que el Habla (lo que permite “sostener” la sartén/hombre).

Lo inconsciente (Gedakens) desde Freud son pensamientos; y pensamos con Palabras. (¿Hace falta aclarar que soñamos con Palabras? ¿O vamos a creer que soñamos con imágenes?) Esas Palabras están ¿y dónde sino? en nuestro Cuerpo; porque nos han llegado de Otro Cuerpo también formado por Palabras: el sujeto nace en A.  De este natalicio (o quizás de estas nupcias, porque lo que en realidad se presenta es una intersección de S con A), cae la letra-a que es la falta misma por dónde la pulsión hará su recorrido. 

Un sujeto agujerado, un Otro (A) agujereado, un Cuerpo agujereado, una lalengua agujerada… Todo hace suponer que por esos agujeros se ha ido “el psiquismo” que alguna vez los griegos han intentado recuperar. Lo sorprendente que aún hoy se siga hablando de él como un concepto harto más concreto que diferencial. La pregunta sigue: ¿por qué separar?

Empecinarse en hacerlo es lo mismo que declarar la existencia de un psiquismo; es el mismo empecinamiento que se comete al querer saltar de lo Cultural a lo Natural.  Es, en definitiva, no entender que así como la mosca o la rata nunca desearán “salmón ahumado”; o que no existe el águila que viola, el hipopótamo fetichista ni la tortuga torturadora; tampoco el parlêtre comerá, beberá, ni se acercará a lo sexual por mero instinto; así como no se enfermará sólo porque un grupo de bacterias haya enloquecido.  He aquí, creo, la falla epistemosomática que muchos analistas todavía no han capturado para su diván.

.

  NOTAS
1 Lacan J.; Intervención en la mesa “Psicoanálisis y Medicina”; Colegio Medicina Salpêtrière, 16-02-1966.
2 Ferrater Mora J.; Diccionario de Filosofía. Tomo I. Alianza Editorial, Madrid 1979, p. 101-9.
3 Lacan J.; Posición de lo Inconsciente; Congreso de Bonneval.  Escritos II. Siglo XXI; Bs. As., 1987, p. 811. 
4 Lacan J.; Seminario XI; Cuatro Conceptos…, clase del 15 de enero de 1964.  Ed. Paidós; Bs. As., 1987; p. 14.
5 Harari R.; “Acerca de lo real del lenguaje en la clínica psicoanalítica” en: Actualidad Psicológica nro. 326; Bs. As.; 2004.
6 Lacan J.; Seminario XX: Aún; última clase: 26 de junio de 1973. Ed. Paidós; Bs. As., 1992, p. 166.
7

Lacan J.; La Bedeutung del Falo; Conferencia del 9/5/1958.  Escritos II. Siglo XXI; Bs. As., 1987, p. 672.

8

Lacan J.; Seminario XX: Aún; clase: 8 de mayo de 1973. Ed. Paidós; Bs. As., 1992, p. 134.

 

 

REGRESAR