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L9

EL HOMBRE DE LAS RATAS

MARCELA MARTINELLI

 

 

 

Si siempre volvemos a Freud es porque él partió de una intuición inicial, central, que es de orden ético.

Jacques Lacan

 

Este caso escrito por Freud en 1909 y titulado A propósito de un caso de neurosis obsesiva “el Hombre de las Ratas” contiene en su presentación diversos aspectos clínicos importantes. Se pueden tener variadas lecturas, según lo que se destaque de él. Por esto ha habido heterogéneos abordajes al paso de los años. Una de ellas ha sido la que Lacan realiza en el Seminario 0 titulado: El mito individual del neurótico: Poesía y verdad en la neurosis en 1953. En este apartado se retomará la presentación de Freud de su material clínico y las nuevas aportaciones que Lacan dio de este en el seminario citado, así como en algunos otros textos.

Freud: A propósito de un caso de neurosis obsesiva

En la primera parte titulada Del historial clínico se expone detalladamente el caso de este hombre llamado Ernest Lorenz, abogado de 29 años que visita Freud en 1907. Llega al consultorio por la transferencia a un texto del psicoanalista: Psicopatología de la vida cotidiana; el análisis tuvo una duración de un poco menos de un año (11 meses), en el cual, según Freud, cedieron algunos de los síntomas del sujeto, sobre todo las representaciones obsesivas que lo atormentaban.

Se propone que desde los 6 ó 7 años este hombre tenía ya definida y establecida su estructura: su neurosis obsesiva. La cual, en resumen, consistía: “una pulsión erótica [mirar] y una sublevación contra ella; un deseo (todavía no obsesivo) [ver a mujeres desnudas] y un temor (ya obsesivo) [algo malo le va pasar al padre] que lo contraría; un afecto penoso y un esfuerzo hacia acciones de defensa: el inventario de la neurosis está completo”(1). La instauración de la neurosis la encontramos en la infancia del Hombre de las Ratas ligada a su sexualidad y a todos los avatares que ésta conllevó.

En su segunda sesión el paciente habla de su gran temor obsesivo (así lo nombra Freud). Este es el conocido temor-fantasía de la penetración por el ano de ratas. Dicho temor-placer resurge al escuchar al capitán Nemeczek (el capitán cruel) contar acerca de una tortura practicada en Oriente, que consistía en que ratas penetraran por el ano del torturado. A las nalgas se fijaba un orinal (tubo) en que se agitaba previamente una rata, la cual era excitada con una varilla al rojo vivo, el animal trataba de evitar la quemadura y penetraba por el recto del supliciado provocándole heridas sangrientas. La rata, al cabo de más o menos media hora, moría asfixiada, al poco tiempo el torturado también.

Al escuchar el relato, a Ernest se le impone que la tortura le podría suceder a dos seres amados por él: la dama (su amada) y a su padre. Ante la anterior fantasía viene la sanción de estos deseos y un deber que tiene que cumplir, y hace las veces de un mandamiento-juramento, que consiste en pagar por la devolución de los lentes que olvidó, pero justamente a un Capitán que no se había encargado de la devolución. Convierte una deuda en algo impagable, elevó un mandamiento a modo de juramento “Tú debes devolver al Teniente Primero A las 3.80 coronas” lo imposible de cumplir con esta imposición es que se basa en un error sabido, por lo que el juramento se le convierte en un martirio, presente en todo momento como representación obsesiva. Entonces siente angustia por lo que podría pasarle a sus seres amados (por lo que él les desea) y a la vez lo atormentan (como al torturado) pensamientos, actos, delirios, en fin, significantes obsesivos ante lo impagable. Aquí surge la pregunta obvia ¿Qué será lo impagable en este sujeto? Qué tanto horror y placer le provoca. Continuemos para poder responder más adelante.

Freud plantea que las acciones obsesivas, así como las representaciones, se las puede plantear en dos tiempos y en secuencias invertidas. Se presentan como compulsiones: contar, comprender, proteger. También como pensamientos y hasta delirios. A lo que se remiten es a una pulsión sexual irrefrenable. Lo siguiente lo demuestra:

  • Su dama se va a cuidar a la abuela enferma, Ernest refiere un impulso muy grande de matarse. Al analizar la situación se presenta lo siguiente: ante la imposibilidad de satisfacer el deseo de estar con la dama, piensa: debo ir a matar a la abuela que me lo impide e inmediatamente aparece la culpa y el autocastigo: yo me debo matar. Lo que el sujeto trae: impulso de matarse vendría a ser el segundo tiempo, ya que el primero sería matar a la abuela, y eso le provoca culpa y angustia. Las cuales ya venían desde los deseos sexuales que sentía ante la dama.

 

Podemos decir el primer tiempo de este pensamiento obsesivo queda plasmado inconscientemente y, aparece el segundo tiempo en primer lugar, sin un aparente sentido y sin conexión con la realidad externa ya que obedece a la verdad del inconsciente.

 

¿Un pobre padre?

La relación con su padre forma parte importante de sus pensamientos obsesivos y de sus compulsiones repetitivas. Tiempo después de la muerte de su padre (muere en 1898, cuando Ernest tenía 20 años), habla de él como si siguiera vivo. Se reprocha no haber estado en el momento de su muerte, las recriminaciones llegan hasta sentirse un criminal. Lo anterior se enlaza con por lo menos tres veces que deseó la muerte de su padre:

  • La primera se presenta a los 12 años, relacionado con la obtención del amor de una niña. Su pensamiento es: la niña me corresponderá (al amor) sí me ocurre una desgracia, que puede ser la muerte de mi padre.
  • “Por la muerte de mi padre yo sería tan rico que podría casarme con la dama” esto lo pensó medio año antes de que ocurriera el deceso.
  • Por último el día anterior de la defunción dijo: “Ahora es posible que pierda al ser que más amo.”(2)

El paciente se sorprende de haber tenido estos pensamientos como deseos, ya que representa lo más temido. Se puede decir lo más temido es lo mas añorado, la culpa-angustia que se genera es ante este deseo de muerte, pero si vamos más allá encontraremos la ligazón que presenta con la excitación sexual y cómo el padre se posiciona como quien puede poner un límite a esto, una ley. Lo anterior, conlleva algo ambivalente amor-odio que se le impone en sus representaciones obsesivas. Por ejemplo: pensar que algo malo le puede pasar a sus seres amados. Freud dice: “ese amor intenso es la condición del odio reprimido.”(3)

El padre también se encuentra en el origen de la manifestación de la enfermedad. La elección que Ernest debe hacer entre la prima que ama y la mujer rica que le propone su madre por “convenirle”; lo remite a la elección que su padre debió afrontar entre casarse con la amada (pobre y linda) o la fea y rica esposa propuesta. El padre renunció al amor al escoger la mujer rica; para el hijo se presenta como insoportable estar ante la disyuntiva, pero sobre todo el dilema es: repetir al padre o forjarse su propia historia, afrontando lo que eso implica.

La identificación con este padre tironeado por un entre dos: su deseo y su conveniencia, es para el Hombre de las ratas una parte del conflicto ante su progenitor y lo que le representa.

Otra parte, a lo mejor la central en esta neurosis, es la que se relaciona con la sexualidad. Freud plantea: el lugar del padre como perturbador del goce sexual. El trabajo analítico permite plantear una construcción en el análisis, es decir, a partir de lo relatado por el paciente acerca del onanismo en su vida se hace una reconstrucción analítica de lo que sucedió. Su vida sexual comienza en la temprana infancia, a los 4 ó 5 años y se manifiesta en la pulsión de ver, la cual al igual que las erecciones que tiene son sofocadas y después de muchos años se presenta la masturbación – a los 21 años- posterior a la muerte de su padre. Llama la atención la gran represión que se vivió en los años de adolescencia. “Quedaba muy avergonzado tras cada satisfacción y pronto volvió a abjurar de ellas. Desde entonces el onanismo sólo afloró en raras y muy singulares ocasiones. Lo convocaban momentos particularmente hermosos que vivenciaba…”(4) Como ejemplo, cuando releyó el texto de Goethe “Poesía y verdad” en donde relata cómo se salvó de una maldición amorosa. Lacan este pasaje lo retoma, de allí el título que tiene el seminario dedicado a este caso. Freud en lo que marca una puntuación que le permite proponer la construcción es que ante la masturbación, en el sujeto se presenta la prohibición y el sobreponerse a un mandamiento. A saber, la prohibición ante la satisfacción que dicho acto le producía y el tener que acatar un mandamiento que se imponía de no masturbarse. La construcción que hace Freud es: “de niño a la edad de 6 años, él ha cometido algún desaguisado sexual entramado con el onanismo, y recibió del padre una sensible reprimenda…”(5) Dicha construcción fue confirmada por el paciente al recordar que ante un acto incorrecto hecho por él (es cuando muerde a su Nana), su padre le pegó, a lo cual él respondió con una gran ira que expresó gritándole diferentes significantes que ocupaban el lugar de insultos. El padre expresó una frase que para el paciente fue una sentencia, un destino que cumplir: “¡Este chico será un gran hombre o un gran criminal!”(6)

Aquí se presentan varias disyuntivas, que llevan a decisiones que el sujeto debe tomar, a veces se presentan como imposiciones y como dudas obsesivas. Decidir su satisfacción o reprimirla, ejemplo ante el viaje de la amada a ver a la abuela; ser él un gran hombre o un cobarde, ejemplo como vive la muerte de su padre: el no haber estado con él el día de su muerte lo lleva a sentirse un criminal, esto aunado con la ambivalencia que sentía ante este deceso. Acá también vemos a un sujeto tachado por el lenguaje, en falta, o se es una cosa o no se es. La dificultad es ¿qué es ser un gran hombre, para un padre, que en algún lugar traiciona su deseo? ¿Será el también traicionarse, o ponerse diversas encrucijadas, como la deuda impagable hacía el teniente A? En las compulsiones, dudas, representaciones obsesivas estaba la posibilidad de vida de este sujeto hasta antes de llegar análisis. Ya que después tomó decisiones que cambiaron su destino-sentencia (¡Este chico será un gran hombre o un gran criminal!), como casarse con su amada-prima y concluir la carrera de abogado.

 

Ratas: mordida, cuotas, dinero, rabo, pene, hijo, matrimonio; Significante

El gran temor obsesivo es hacía lo que representa el significante rata (Ratten), en tanto se relaciona con otros significantes que remiten a diversas situaciones que conforman el psiquismo de este sujeto. Freud tituló este caso: El hombre de las ratas, ya que ese fue el significante que lo atormentó y del cual se aferró durante largo tiempo. “La representación del castigo consumado con las ratas había estimulado cierto número de pulsiones, despertando una multitud de recuerdos, y por eso las ratas… habían adquirido una serie de significados simbólicos…”(7)

En Ernest se remonta la existencia de este significante mucho antes del encuentro con el Capitán cruel que cuenta el tormento. Específicamente se presenta en la reprimenda que le hace el padre por morder a alguien, esto sucede a sus 3 ó 4 años. Él como una rata que muerde a alguien cercano (Nana) y que merece un castigo, y esta reprimenda la ejerce el padre, quien encarna la ley. Desde ese tiempo este significante acompañó la obsesión de este sujeto de diversos modos. De chico tuvo parásitos-lombrices, las cuales se sentían como algo que hurgaba por el ano, esto lo asocia con las ratas, asimismo está implícita una excitación anal, algo que se siente en el ano, con forma de lombriz, lo que nos acerca a una excitación homosexual –erotismo anal-, donde la ecuación es lombrices-ratas-pene. También comenta de las lavativas que le hacían, de nuevo algo que se introduce por el ano, lo cual remite a la fantasía-fantasma del tormento contado por el Capitán Cruel. Lombriz-rata que excita por el ano; de allí esa manera gozosa de contar tanto el tormento como las asociaciones.

En este mismo sentido, son las asociaciones con la infección sifilítica del padre. Sería de esta manera: las ratas representan algo mugroso, portadoras de posibles infecciones; asimismo la enfermedad del padre conlleva una conducta sexual dudosa, una conducta mugrosa, una conducta de rata. Aquí rata lleva pensar en pene pero también en dinero, en alemán cuotas se dice raten, es decir se pronuncia igual que ratten (ratas). Además de la similitud de pronunciación y de escritura, para este hombre al pensar en dinero, en los florines, inmediatamente asociaba, tantos florines tantas ratas, lo cual se relaciona con el pago a las prostitutas y a su analista. Ante una conducta reprobable (tanto de él y de su padre) ¿no queda más que pagar con ratas (cuotas-raten) o ser una rata (ratten)? Ambas cuestiones están involucradas, ya que se es como una rata despreciable que paga y que puede tener deseos homosexuales o se queda en deuda al no pagar la cuota.

El dinero se vuelve algo inmundo y problemático. Como en el caso del padre, elige la mujer rica (prefiere el dinero) que el amor. El dinero encierra una deuda, la deuda con el deseo, con el amor. Deuda que es instalada por un Otro: el padre, el Capitán Cruel, en tanto el deseo es siempre deseo de Otro; por esto también el paciente hace todo el enredo de deber pagar alguien que no es, un dinero que no se debe, quedándose con la deuda perpetua del dinero, que lo que revive es la deuda perpetua con el deseo y la culpa de sentir este deseo, y asimismo ese deseo queda pujando en el inconciente. Como él y el padre, hombres endeudados con su deseo, por sentir algo más por otras mujeres o por otros hombres.

Una vuelta más en lo concerniente al dinero y al padre. La deuda con respecto al dinero no tan solo fue en lo simbólico, sino también en lo real. Su progenitor por apuros de juego, pidió dinero a un amigo, al cual no se supo si le pagó; para Ernest quedó el enigma de la deuda. Su padre permaneció como una rata de juego (jugador empedernido) en deuda, que en alemán se dice Spielratte. ¡Bueno más obsesivo, ni las ratas!

Freud plantea que todas las representaciones obsesivas se revivieron a partir de la actualización que tiene el significante rata que evoca el Capitán Cruel.

Todavía hubo más asociaciones hechas por este hombre con respecto a las ratas. Ya planteamos: él como una rata que muerde, su padre como roedor mugroso, dinero, lombrices, pene… ratas.

 

Otras asociaciones: casamiento, hijo.

En alemán casarse se escribe heiraten, lleva la palabra rata al final, podemos decir en este sujeto lleva todo el tiempo la representación obsesiva de la duda e indecisión que traía consigo tomar la decisión de un matrimonio, desde sus padres hasta él mismo. La incertidumbre ante casarse con su Dama se planteaba por el hecho de que ella no podía tener hijos y para él ese era un anhelo. El obstáculo mayor es que ella era su prima y no era querida por el padre de Ernest. Por lo tanto la decisión estaba entre quedarse con la dama sin hijos o dejar a ella, con la posibilidad de sí tener descendencia con otra mujer. Freud plantea que heiraten viene a ocupar el lugar de una ocurrencia encubridora de esta indecisión que lo atormenta y que al tiempo le genera culpa. Culpa de nueva vez ante el deseo, de procrear hijos.

En cuanto a la asociación de las ratas con los hijos se presenta algo esencial en la constitución de este sujeto, ya que lo que nos muestra esta asociación es la vivencia encarnecida y padecida de él como una rata: inmunda, roedora y que puede ser castigada, azotada y matada. Lo anterior se plasma al hecho de que en sesión tiene un recuerdo lejano. Un día visitando la tumba de su padre ve que por atrás se escapa un animal grande, que supuso era una rata. Pensó que la rata se estaba dando un banquete con su padre, la cual merecía castigo y la relaciona con él Freud dice: “Y él mismo era un tipejo así de asqueroso y roñoso, que en la ira podía morder a los demás y ser por eso azotado terriblemente. Real y efectivamente podía hallar en la rata ‘la viva imagen de sí mismo’”(8) Se nos refiere que la asociación ratas-hijos viene del flautista de Hamelín que así como atrajo a las ratas al río,  también sedujo a los niños.

Una última y contundente asociación: la madre al peinarse, llamaba a sus cabellos rabo de rata. Con todo lo anterior no le quedaba más que ser una rata, en tanto hijo de padre y madre ratas.

Hasta aquí se han planteado las cuestiones clínicas fundamentales del caso, las representaciones obsesivas, las dudas y los miedos. Continuaremos con las puntualizaciones e interpretaciones teóricas de Freud ante su caso.

 

Relato, tortura

Es en el orden del lenguaje donde se ubican las vueltas de esta representación obsesiva (la tortura de occidente), lo plasman: el relato y las asociaciones.

Una propuesta: el personaje más importante en este relato es el padre; aunque parezca el sujeto o el Capitán, desarrollemos por qué. 

Dos cuestiones fundamentales. El lugar del torturador lo tiene el padre así como el de quien se verá afectado en un futuro por el quehacer de su hijo, recordemos que el padre había muerto 15 años antes, es decir es ante lo que representa éste que se le asignan estos lugares, de nuevo estamos en el campo del lenguaje. Planteémoslo con detalle: al oír al Capitán Cruel, el paciente hace una conexión entre él (el Capitán) y su padre, ya que ambos pueden ubicarse como castigadores; el primero que cuenta la tortura y el progenitor que lo castigó más de una vez, años antes. Como un Otro, una ley que detenta un saber sobre lo que está bien y mal (en el caso del padre este saber se refiere a la sexualidad de él) y después que pueden ejercer un poder violento (ejemplo pueden leer sus pensamientos). Algo esencial es que el padre tiene el lugar de torturador pero en falta, es decir un torturador sifilítico. Entonces, si el deseo de Ernest está en relación con el de su padre, su deseo está podrido, en falta, que denota una sexualidad prohibida-homosexual-escondida-enferma.

La segunda cuestión: Ernest después de escuchar el relato, tiene inmediatamente el pensamiento de que podría sucederle algo malo a su padre o a la dama amada, lo que muestra en términos freudianos una moción de deseo “ojalá y le suceda algo malo a mi padre por castigador y mi amada por no darme un hijo”, ambos detentan un poder abrumante ante este sujeto, poder que tiene que ver con el ejercicio de su sexualidad, una gran culpa ante la satisfacción, que se conectará más adelante con la posición ante el amor ¿realmente alguno de ellos me ama?, ¿alguien me amo? Dudas que lo atormentan, como el tormento de la rata, ante el primer tormento sobreponer o más bien imponer este segundo, formación de compromiso, salida dolorosa ante la peor incertidumbre ¿tiene el amor de alguien?

Regresemos un poco. Este deseo de que algo malo le pueda suceder a sus seres amados le genera mucha culpa y se impone un castigo como mandamiento, que versa así: debe pagar al Capitán A por la devolución de sus anteojos, aun sabiendo que la deuda no es con él, no sin consecuencias la deuda la tiene con una mujer, la encargada de la oficina postal. Pero se impone la deuda ya que quien se lo dice –El Capital Cruel- está en el lugar del padre. Podemos ir amarrando hilos, la posición del hijo se vuelve totalmente vulnerable ante la palabra de Otro (y ante este deseo otro terrible de no satisfacción) que detenta un poder ante él, hasta el extremo de no contradecirlo ante un error. Frente a los errores del padre, -que hubo muchos y terribles: deudas de honor y de ética ante el deseo- se presentan como formas de vida estas representaciones obsesivas (mandamientos, dudas, compulsiones) que conforman lo insoportable de su obsesión. Podemos plantear la neurosis de la siguiente forma: expiar la culpa que engendra tener un padre como el que tuvo y el odio que esto conlleva y por otro lado, se crea una deuda impagable –con el deseo-, quedando en falta. Freud plantea un doble movimiento de negación, primero niega saber que el Capitán está en un equívoco y segundo niega su primer pensamiento: no pagar la deuda, es decir, no pagar por la devolución de sus anteojos. Esto último lo pondría en el mismo lugar que a su padre, en deuda y efectivamente fue el lugar que ocupó por un tiempo en deuda con la encargada del servicio postal. El castigo ante todo lo anterior fue imponerse un juramento imposible de cumplir: pagar una deuda no contraída por él sino por su padre. Deuda ante el deseo, el amor, la mujer, el hombre, no queda más que decir deuda de ser un pobre padre, en todos los sentidos de la frase.

De allí que nos aventuremos en la propuesta de que el personaje central de la representación obsesiva del sujeto sea su padre, su síntoma es su progenitor.

Hace unas cuartillas se planteó una pregunta ¿Qué será lo impagable? Una respuesta: la posibilidad de tener otro lugar que el de ser una rata. Él se siente una rata inmunda, roedora que hay que aniquilar. Obvio: rata venida de rata, es decir con ratas como padres. Lugar heredado por la posición del padre ante el amor y el deseo. No hay precio para salirse de ello, más que una deuda perpetua de saldar; eh allí lo impagable, eh allí que hace de las suyas la neurosis. Después del análisis con Freud puede hacer frente a su deseo: titularse, casarse y también por qué no, morirse (recordemos que poco tiempo después muere en la guerra).

 

Puntualizaciones teóricas

El sujeto obsesivo está dolido de un texto que se impone como ajeno. Las representaciones obsesivas –pensamientos- se presentan totalmente desfiguradas de su contenido inconsciente, Freud plantea: “lo que deviene consciente son formaciones de compromiso entre las representaciones reprimidas y las represoras.”(9) La represión, pilar de la teoría psicoanalítica se presenta en la estructura de los neuróticos obsesivos como diferente que en la histeria, en la cual se produce por anamnesis –lo inconsciente está olvidado-, en cambio en la obsesión se origina por ruptura de los enlaces de las causas originales, por la sustracción del afecto que conlleva (excitación sexual). Estos nexos –enlaces- aparecen después proyectados al exterior y es allí como se da la vivencia de extraños, ajenos al sujeto. A veces como admonitorios, otras como pensamientos sinsentido.

A pesar de lo anterior, las representaciones obsesivas llevan en su desfiguración las huellas del texto original, por ejemplo en las asociaciones que se realizan ante un pensamiento y en las fórmulas protectoras que utilizan los obsesivos.

A continuación algunos pasajes vividos por el Hombre de las ratas que muestran las diferentes formas de los textos obsesivos.

Al presentarse la excitación sexual, “ver a una mujer desnuda”, inmediatamente viene el temor obsesivo que debe ser cancelado a través de una medida protectora, ésta generalmente es una imposición compulsiva: rezos, plegarias interminables. O esta otra representación “si me caso con la dama, a mi padre le ocurrirá una desgracia en el más allá”, entonces aparece la duda si casarse con la dama amada o con la mujer que le proponen.

Freud nos muestra un ejercicio genial del manejo de los significantes. Lleva a cabo un análisis escrupuloso de lo que conllevaba para este sujeto una palabra protectora, que tenía lugar como un ensalmo. Esta era GlejSamen: se origina como medida protectora, que no le suceda nada a su prima por su masturbación, es decir frente a sus impulsos sexuales que como el Hombre de las ratas lo señala empezaron muy temprano (a los 4 ó 5 años). Significante que, como todo significante, remite a varios otros. Los más significativos:

  Gisela: nombre de su amada
Amen: remite a la religión
Samen: semen

Para él estaba incluida la condensación del nombre de su amada y el amén. Solamente, por las asociaciones surge la palabra semen allí puesta a simple vista (como la carta robada del cuento de Alan Poe), la cual se la quiere reprimir. Junta a la amada y al semen a través de la masturbación y esto lo lleva a rechazar el onanismo, por medio de los rezos. Pero allí vuelve a aparecer el semen, ya que al terminar de orar en vez de decir amén se le impone la palabra semen, por lo que debe iniciar las plegarias y estas se vuelven interminables.

Como en otros momentos, la sexualidad irrumpe, pulsa y se muestra. Recordemos otras veces, como cuando rezaba en medio de la plegaria se le atravesaban pensamientos incómodos que hacían que los rezos se volvieran interminables, es decir compulsivos.

Otro ejemplo: sueña que desea enviar, nada menos que, a su analista una tarjeta de condolencias por la muerte de su madre, en vez de poner p. c. (por condoler) mis condolencias, escribe p. f. (pour féliciter) mis felicitaciones. Ejemplo claro de porque Freud dice que el sueño es una realización figurativa de deseo.

 

Lo que se muestra y su más allá

La manifestación de la enfermedad en el Hombre de las ratas se presenta a los casi 30 años y es ocasionada por tener que tomar una decisión, lo cual lo conflictúa, veamos todo lo que está en juego. Debe elegir entre dos mujeres, una que ama y otra que no. Esta situación lo remite al padre (ya años atrás estuvo en la misma situación), por lo cual la elección es entre la posición paterna –implica quedarse con lo “mejor, sin el amor- y el amor a la dama: su objeto sexual. Y esto a su vez lo lleva a asociar con su primera infancia en donde por una injerencia de su progenitor, debe Ernest reprimir un deseo sexual irrefrenable: “La fuente de la cual la hostilidad contra el padre obtiene su indestructibilidad pertenece evidentemente, por su naturaleza, a los apetitos sensuales, a raíz de los cuales ha sentido al padre, de algún modo, como perturbador.”(10) Esta precoz vivencia se actualiza constantemente en los síntomas obsesivos, cuya formación de compromiso se expresa en la representación obsesiva de las ratas, con la cual se anudan los demás síntomas: duda, compulsión, etcétera.

La duda en la obsesión posibilita al sujeto vivir en la incertidumbre, esquiva la verdad que lo atormenta, centrándose en detalles que olvida y los cuales lo llevan a la vacilación; por ejemplo el Hombre de las ratas duda si quitar o no una piedra del camino (hermosa frase, que en sí misma dice mucho más allá, que lo fenomenológico que presenta), después se impone un castigo, si no la quita algo malo le va pasar a su amada, con lo cual regresa y quita la piedra. Pero se arrepiente de ello y vuelve a poner la piedra en el camino. En este actuar entran en juego las mociones de amor y odio.

La incertidumbre también se presenta ante hechos difíciles de comprobar como pueden ser: la duración de la vida, cómo trabaja la memoria, la certeza de la filiación paterna, entre otros.

En la obsesión algunos pensamientos se los vivencia como omnipotentes pueden determinar diversas cuestiones, que ya estaban determinadas, por ejemplo desear la muerte de alguien y que ésta suceda. Ernest relata que conoció a hombre mayor y le deseo la muerte.  El anciano al poco tiempo murió. Por lo cual él se sintió terriblemente culpable. Asimismo, con esta omnipotencia se vive una sobreestimación de lo que sus pensamientos pueden llegar a hacer, lo anterior se debe al odio reprimido que puja constantemente por salir, y a veces lo logra.

La imposibilidad a decidir algo referente al amor nos remite al origen, donde en el sujeto se libra un combate entre amor-odio. Este último permanece reprimido pero puja por salir y el incremento de amor para frenar el odio, conlleva una parálisis, detenerse a dudar ante la toma de decisión, la cual se difumina en todos sus actos, que implican al sujeto en una toma de decisión.

Entonces la duda, nos dice Freud: “corresponde a la percepción interna de la irresolución que se apodera del enfermo a raíz de todos sus actos deliberados, como consecuencia de la inhibición del amor por el odio”(11) Lo más doloroso en la obsesión es lo siguiente: si se duda de lo que subjetivamente tendría que ser lo más cierto, del amor, lo que lleva a preguntarse ¿Alguien me amó? ¿Alguien me ama?, está totalmente justificado dudar de todo. Es decir sí la raíz está endeble, por ende el resto del árbol también, y difícilmente florecerá. La duda profunda es de su lugar ante el amor y surge a partir de la duda originaría, si alguna vez él fue amado, fue deseado y ello remite a los padres.

La misma incertidumbre se vive sobre las medidas protectoras que el sujeto se impone, de allí la repetición de los actos protectores, lo cual los convierte en incumplibles. Retomemos para ejemplificar lo anterior, los rezos: “…se había instituido unas plegarias que poco a poco le fueron insumiendo hasta una hora y media, porque en las fórmulas simples se inmiscuía algo que lo trastornaba hacia lo contrario; “Dios –no- lo proteja”(12), o al termino de las oraciones en vez de decir amén enuncia la palabra samen: semen, lo cual hace que el orar se vuelva interminable e incumplible.

La repetición en la que está apresado se relaciona con la compulsión, la que se plantea con dos objetivos. Uno compensar la duda que se le impone; y dos rectificar el estado de inhibición –parálisis- por el amor-odio. Esta compulsión se exterioriza en mandamientos y prohibiciones, por ejemplo el mandamiento de pagar la deuda, por sus lentes, al Capitán A sabiendo que a él no le debía nada, ya que el pago lo había hecho la encargada de la oficina postal. La compulsión tiene su origen en la pulsión inhibida en la represión, es decir de allí su energía en el amor-odio, por eso a veces se presentan como hostiles o tiernas.

Las compulsiones se presentan en el campo del lenguaje, en los pensamientos, debido a la regresión del actuar al pensar. Lo anterior se debe a la represión prematura de la pulsión sexual, en el caso de este hombre la represión de ver y saber. Ejemplo: cuando de niño muerde, la pulsión sexual se reprime y queda el castigo del padre, lo cual se manifiesta en un odio hacía este que sale a la luz en diversos modos. Uno claro es: cuando desea ver a una mujer desnuda el pensamiento que lo invade es que su padre debe morir.

Con respecto a la pulsión de saber (acerca de la sexualidad) el pensar obsesivo se vuelve sustituto de la satisfacción sexual, como se dice vulgarmente son “chaquetas mentales” con todo y orgasmos.

La satisfacción genera culpa (ser una rata que muerde y debe ser castigada) y se vive la necesidad de castigo. Todo lo anterior son procesos inconscientes.

Las compulsiones-pensamientos (temor a las ratas) se presentan en la conciencia del sujeto como desfigurados y aislados del texto original, de la pulsión sexual y su satisfacción; se manifiestan como textos indeterminados, ambiguos que generan los delirios-como malos entendidos. Las compulsiones subsecuentes se anudan a este nuevo texto y no al originario, por lo cual parecen sinsentidos, verdaderos delirios. Aunque a su vez se esfuerzan por traer a la luz el texto prínceps.

Hasta aquí lo que Freud nos propone como el caso de este hombre; para dar lugar en un próximo ensayo a una lectura lacaniana de lo dicho por Freud.

 

1 FREUD, Sigmund. A propósito de un caso de neurosis obsesiva: El hombre de las ratas.  Amorrortu editores. Argentina. 1989, p. 131.
2 Ibíd., p.142.
3 Ibíd., p.143.
4 Ibíd., p.160.
5 Ibíd., p.161.
6 Ídem.
7 Ibíd., p. 167
8 Ibíd., p. 169
9

Ibíd., p. 173

10 Ibíd., p. 144
11 Ibíd., p. 188
12 Ídem.

 

 

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