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DE MODERNIDADES Y NARCISISMO

GUILLERMO LAVÍN ÁLVAREZ

 

Resumen: La llegada de la modernidad modificó las subjetividades de los sujetos en formas que no creíamos posible; se da el advenimiento de una revolución industrial y con ello la instauración de un sistema económico que ha fracturado al ser humano en todas las aristas posibles. Hoy esta modernidad ha ido mutando y podemos enunciar diversas modalidades desde una líquidad, hasta una hipermoderna. Esto se engarza con el narcisismo y hoy parece que no tenemos una base sobre la cual sostenernos. El amor es al objeto, al resto y la cultura toma otros matices; es objetivo de este trabajo realizar un análisis sobre estos temas para encontrar posibles discursos que puedan aún, constituir algo del vínculo, del Eros.

 

Tenemos que reaprender lo que es gozar. Estamos tan desorientados que creemos que gozar es ir de compras. Un lujo verdadero es un encuentro humano, un momento de silencio ante la creación, el gozo de una obra de arte o de un trabajo bien hecho.

Ernesto Sábato

 

Las caras de la(s) modernidad(es)

Los albores del siglo XXI parecen haber terminado, hemos pasado los primeros 16 años y bien adentrados en una llamada posmodernidad, transitamos. Hablar de modernidades no es nada fácil con todas las categorías que se le ha dado al momento tanto histórico, como conceptual; parece ser que conforme el paso del tiempo nos vamos viendo de lleno con distintas formas de la modernidad, siendo ésta un anclaje histórico que también tiene una dificultad propia para ser ubicado. Hay quienes toman como punto de partida la revolución industrial mientras que algunos académicos como lo fue Bolívar Echeverría1, prefieren apuntar a la construcción de la modernidad desde distintos mitos griegos que impliquen el nacimiento de las técnicas. No será labor nuestra indagar en qué punto de la historia surge la modernidad como tal. Estamos más interesados en develar un poco de la condición humana que se ha ido modificando desde su aparición y cómo las subjetividades han mutado, teniendo grandes repercusiones en los ámbitos económicos, sociales, políticos, culturales y, por ende, en la construcción de subjetividades y los valores, a lo cual, Pilar Calveiro2 le da el nombre de constelaciones de sentido. Los elementos que acabamos de mencionar son sólo algunas de las formulaciones que con la modernidad encontraron cimiento.

No obstante, es menester mencionar desde ya, que ésta dio paso a reconfiguraciones –incluso perversas- que han incidido de forma inédita en la vida de los seres humanos. Si pensamos en la clínica, punto que a nosotros nos interesará a lo largo de estas breves líneas, tenemos que ir anotando como una ya denominada clínica del narcisismo3 ha tomado cierto protagonismo en nuestros andares por la Historia de la humanidad. Un protagonismo que va robando cada vez más los reflectores y la escena central se va convirtiendo en un escenario, al cual no le podemos quitar la mirada porque lo que comienza a aparecer nos atañe en dos vías: desde una clínica que encuentra nuevas formas de manifestación, pasando por la depresión (junto con sus mecanismos de medicalización de la vida y la cultura), toxicomanías y la psicosomática, para arribar a la administración de la vida y la muerte (es decir, una Necropolítica) como lo han demostrado, con un cinismo que escapa a toda concepción de asombro, algunos de los sistemas de gobierno, regados a lo largo de la orbe. La segunda vía sería indiscutiblemente de un orden ético, tema que puede ser espinoso para el psicoanálisis al encontrarnos con un terreno epistemológico, distinto al de gran número de discursos. Sin embargo, desde este momento, me será importante mencionar que por pertenecer a un discurso otro, esto no quiere decir que tengamos que hacer oídos sordos y ojos vendados, de aquello que nos rodea día con día. La ruptura epistemológica, precisamente, puede darnos una base para posicionarnos en una ética distinta. Una ética que se aleje de una lógica de consumo, de mercancías, y de una “muerte en vida”.

Se hace notar lo espinoso del asunto debido a que como muchos otros discursos, el psicoanálisis también llega a sostener un lugar Amo. Ese lugar desde el cual comanda a destajo lo que se “tiene o no se tiene” que hacer en cuestiones técnicas, sin dejar de lado la teoría y personajes a los que se santifica. Este lugar Amo ha sido tomado por distintas asociaciones, círculos académicos y clínicos, los cuales, terminan haciendo un dogma aquello que en un inicio se configuró como una subversión epistemológica, discursiva, subjetiva, histórica… humana a fin de cuentas, para así dejar acotados los alcances impresionantes que tuvo el nacimiento del saber psicoanalítico. Es por estas razones, que, teniendo en cuenta las nuevas formas de discurso y las distintas configuraciones subjetivas que hoy nos hacen estar en el mundo, es preciso continuar rompiendo esquemas - teóricos y técnicos- para, así mirar de frente las dificultades que hacen eco en las realidades sociales y en la clínica por igual. Llegados a este punto, podemos afirmar junto con Susana Bercovich que: “la ruptura con una técnica dominante entraña una posición ética.”4

Mencionamos cómo la categoría de modernidad es una complicada de asir, y esto se debe a que ésta no ha quedado en ese primer estrato y al día de hoy podemos hablar de una postmodernidad5, una era del vacío6, la modernidad líquida que Zygmunt Bauman7 anunció; sin dejar de mencionar a la sociedad del riesgo8 y una del consumo.9 Seguramente si siguiéramos podríamos dejar anotadas otras tantas, pero por el momento dejaremos asentadas las modalidades que acabamos de plasmar en tinta, sin limitarnos por semejante acto,  a ellas para la elaboración de las próximas reflexiones. Estas múltiples miradas de la modernidad o mejor dicho, acaso, ¿múltiples modernidades? No quedan únicamente en un nombre, es decir, las diversificaciones con las que nos referimos a puntos nodales de nuestro devenir humano, se da de esta manera por las nuevas complejidades que podemos observar día a día en los medios de comunicación (sin olvidarnos de mencionar como estos son un brazo esencial del control social informal), en las aulas y foros académicos, en nuestros trayectos diarios a las diversas actividades que conforman nuestros días, e incluso, en las pláticas de café cubiertos por un techo de Coyoacán, donde se nos puede dar un breve alojo. Son en todas estas exteriorizaciones donde podemos poner acento en cómo nos desenvolvemos de manera completamente distinta, a cuando la modernidad fue anunciada. Es por ello la importancia de poner énfasis en que la modernidad – ese proyecto inacabado-, también muta, para dar paso a una nueva forma ¿Será nueva? O ¿Será su consumación acaso?, no, dicho de otra manera, a muchas formas ya que a lo largo del mundo se ha intentado tener una hegemonía, pero, ésta no ha podido ser alcanzada por la diversidad de alteridades con las que aun hacemos gala la raza humana. Esto sin duda es algo benéfico, sin caer en ese discurso que apunta a una “tolerancia” de la diferencia, ya que al momento de borrar la diferencia ¿qué quedaría? Dejemos esta pregunta sin contestar en este escrito, ya que la respuesta no la conocemos más que en especulaciones que nos orillan a mencionar que muy probablemente, algo del registro de lo desubjetivado y por lo tanto, de una condición humana, que posiblemente dejaría de ser humana con cada paso que se de en esa dirección. 

No hemos dejado de hacer mención a como estas formas nuevas que han llegado, mutado, o creadas desde el paso de la modernidad a una etapa inédita de nuestra Historia, hacen eco, trazos y huellas en las personas que habitamos un planeta al cual cada vez más, le quitamos lo verde ¿esto puede tener que ver con estas nuevas formas de narcisismo? Es decir, no sólo querer tener la administración de la vida y la muerte, sino también el control o destrucción, al parecer, de todo sistema ecológico, con tal de mantener una constante acumulación de capital. Un punto que tendríamos que iniciar a cuestionar ¿cuáles son las nuevas formas de capital? En un mundo o en un país - para acotar aún más-  como el nuestro; el cual no deja de sorprender con una exacerbada cantidad de vidas perdidas, y también, por las formas en cómo se manifiesta la pulsión de muerte, las formas de mercancía y de capital, han tenido un viraje que previamente no se había observado. Son motivos como los que estamos o apuntalando que hacen decir a Sayak Valencia a quien seguimos a la letra-, que:

 

“la destrucción del cuerpo se convierte en sí mismo en el producto, en la mercancía, y la acumulación ahora es sólo posible a través de contabilizar el número de muertos, ya que la muerte se ha convertido en el negocio más rentable.”10

Sin duda las cosas han cambiado desde la creación del saber psicoanalítico, el siglo XX terminó, y la caída de las Torres Gemelas al inicio de milenio, nos hicieron saber que el sistema global que hasta ese momento había imperado en el mundo, no sería igual en los años por – venir. Ahora, en el año 2016, podemos rectificar semejante oración, efectivamente, no fueron igual, pero ciertas esencias permanecieron, como lo es ese salvaje impulso de un sistema que sólo busca devorar, para así obtener acumulación, a expensas de las vidas (humanas y no humanas) que se atraviesen en su paso. Arribamos a un puerto en donde tenemos que preguntarnos ¿Qué nos ha traído hasta este terreno? ¿Cómo hemos llegado? ¿Con qué herramientas? ¿Nuestros discursos siguen dando paso a un ser humano preocupado por una condición que a finales de los años 60’s e inicios de los 70’s del siglo pasado se veía cada vez más amenazada? ¿Existen aún esos grandes relatos a los cuales podíamos sostenernos para no quedar sin rumbo? ¿Son las formas de unión entre las personas las mismas? ¿Siquiera existe una unión o todo ha caído ya en el individualismo? Una serie de interrogantes que bien podríamos continuar elaborando ya que la construcción del ser humano es algo inacabado, hoy y siempre; no obstante, decidimos dejar las preguntas hasta este línea para comenzar a indagar en algunas de sus posibles respuestas, ir elaborando únicamente aproximaciones parciales ante nuestra(s) realidad(es) actual(es).

 

Un mundo feliz

Tal como el título del apartado lo anuncia, nos quiere hablar de un mundo feliz. Empero , no estamos haciendo referencia a uno en donde las personas hayan alcanzado la felicidad, o ese grado imposible que se escribe en la pirámide de Maslow con la palabra “autorrealización”, ante esto sólo bastaría recordar al padre del psicoanálisis en su “El malestar en la cultura”11, al señalar las fuentes por las cuales una felicidad absoluta no es posible: “la hiperpotencia de la naturaleza, la fragilidad de nuestro cuerpo y la insuficiencia de las normas que regulan los vínculos recíprocos entre  los hombres en la familia, el Estado y la sociedad”12

El mundo feliz del que nosotros estamos haciendo mención es uno muy distinto, es un mundo que proviene de las páginas literarias y que ha ido, conforme el paso de los años, encontrado un lugar fuera de aquellas páginas impresas, y posicionándose con ello, en realidades sociales que se han construido. Estas realidades han ebullido con una lógica de mercado que parece entrar en cada rincón del planeta (con sus exclusiones de ciertos países a los cuales se les deja en el olvido y en la muerte). Esta lógica no está presente únicamente en las ciudades con sus grandes espectaculares que llenan el cielo de anuncios sobre las nuevas tendencias en moda, comida, tecnología, música y accesorios. El alcance de este mundo feliz no queda en esas aristas únicamente, pues, esta contaminación visual y auditiva, también han comenzado a reconfigurar las estándares de belleza, estética, de lo sano y lo insano - recordando que para todo se tiene una pastilla ahora, se ha cumplido aquello que Eduardo Galeano escribió en un extraordinario poema, “miedo de la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar,”13 e incluso el control del cuerpo, es decir, la búsqueda de aquello que va más allá de lo humano, la llegada del hombre postorgánico:

 

Plástico, modelable, inacabado, versátil, el hombre se ha configurado de las maneras más diversas a través de las historias y las geografías. Pero han sido las sociedades basadas en la economía capitalista – desarrolladas en el mundo occidental durante los últimos tres siglos – las que inventaron la gama más amplia de las técnicas para modelar cuerpos y subjetividades.14

De la literatura, dijimos que surge el mundo feliz con el que estamos elucubrando en estas cuartillas. Nos sería imposible, evadir u ocultar que estamos tomando como base directa la brillante novela escrita ya hace décadas15 por Aldous Huxley. En esta novela –la cual cae en el género conocido como ciencia ficción - se nos abren las puertas a un relato, teniendo como elemento central, una distopia. En el caso de la novela de Huxley, se propone expandir un mundo en donde los seres humanos son prácticamente programados desde el momento de su nacimiento; predeterminados todos/as a realizar oficios y nunca salir de ellos, siendo ese, el “destino” que les ha tocado.

Como escenario de ciencia ficción esto suena a algo muy alejado, y sólo realizable en novelas, comics, videojuegos o en películas que también puedan abordar el tema sin las limitantes de la realidad. Sin embargo, este mundo feliz, tal como lo hemos ido desarrollando en nuestra línea de pensamiento, no es algo alejado de nuestra realidad. Tomaremos un segundo y tercer ejemplo de aquellas palabras ficticias, que hacen eco al día de hoy, en nuestro presente. Dos libros más, pertenecientes al mismo género que “el mundo feliz” de Huxley: 198416 de George Orwell y Fahrenheit 451 17 escrita por Ray Bradbury.

Estas historias jugarán con otras dos distopías que siendo leídas en los años durante los cuales fueron escritas, sin duda los escenarios plasmados en ellas, se veían como algo del orden de lo imposible, por eso es que hablamos de ciencia ficción. Pero, si nos paramos un poco a analizar lo que está escrito en estos textos, veremos que es algo no imposible, sino que incluso ya ha pasado. Por un lado tenemos ese mundo ideado por Orwell en donde todo es regido por un Gran Hermano, el ojo que todo lo ve; este ojo tiene la posibilidad de configurar la Historia, los pensamientos, el lenguaje, e incluso las acciones de las personas. Decimos que esta trama ha dejado la ficción en el instante en donde un panóptico (configurado como un ojo que todo lo ve) ha existido ya, no estamos hablando del panóptico como estructura penitenciara como fue ideado – por Jeremy Bentham 18- en una primer instancia, nosotros nos enfocamos en aquel panóptico social descrito y elaborado específicamente en la construcción de las llamadas sociedades disciplinarias, tan lúcidamente develadas por Michel Foucault 19 al desentrañar los dispositivos con los cuales son formuladas. Sociedades que a su vez dieron paso al advenimiento de un avatar distinto, es decir, de las sociedades disciplinarias pasamos a la sociedad del control descrita de una manera sin igual en tan pocas cuartillas por Gilles Deleuze 20. Así las cosas, la sociedad de control que Orwell elaboró a lo largo de su narrativa, se fue afianzando conforme los procesos económicos, sociales, políticos, científicos, ideológicos y tecnológicos, que comenzaron a adherirse a un sistema mundo, teniendo como agenda, la instauración del sistema capitalista como campo hegemónico.

En la contraparte tenemos la historia de Bradbury, con una fantástica idea de dominación (para su época), en donde los libros tenían que ser quemados, es decir, el enemigo número uno era el saber, el conocimiento. Aquí nuevamente podemos tomar un referente histórico siendo éste la segunda guerra mundial, parte aguas de nuestra Historia manchada de color rojo sangre. Si queremos ahondar un poco más y analizar lo que estamos discutiendo a la luz de nuestros días, nos es lícito añadir que aunque no se realiza una quema en el sentido literal, si se hace de manera metafórica ¿Cómo es esto? Se satanizan ciertas lecturas, se desprestigian a algunos autores y se estigmatizan a muy particulares epistemologías, con la justificación de no estar en acuerdo con los parámetros establecidos por “la ciencia”. Aquí nos es imperativo decir que, el discurso científico es uno perverso, es un discurso que toma asiento en la posición del discurso Universitario 21, al cual podemos tomar como una modalidad del discurso Amo, con la salvedad de una particularidad propia, estar revestido de ciencia, y por lo tanto, de Verdad absoluta, la única, la que no se puede discutir; por ende, queda como el discurso que se debe de acatar so pena de quedar excluido.

Esto es justamente lo que le ha sucedido a saberes como lo son el materialismo histórico de Marx y el psicoanálisis de Freud. Para terminar el apartado en cuestión, queremos resaltar la importancia de no dejar la literatura detrás de un velo como la ciencia “objetiva y verdadera” lo haría sin reparo alguno; con los ejemplos que hemos trabajado, se nos abre un camino que por otras vías hubiera sido imposible de acceder de no haber tenido, en su momento, las valiosas obras, de aquellas grandes mentes que lograron ver más allá de lo evidente. De ahí que para nosotros nos es necesario adherirnos a la tesis que Michel de Certeau comunica sobre el tema:

 

“la literatura es el discurso teórico de los procesos históricos. Ella crea el no-lugar en donde las operaciones reales de una sociedad acceden a una formalización. Bien lejos de considerar a la literatura como la “expresión” de un referente, es necesario reconocerla como análoga a lo que las matemáticas, por largo tiempo, han sido para las ciencias exactas: un discurso “lógico” de la historia, la “ficción” que la vuelve pensable.”22

Llega el momento de dejar el terreno de la literatura para comenzar a engarzar todos estos discursos pos modernos con la clínica del narcisismo, clínica, que a nuestro parecer, se constituye precisamente por la existencia de esta multiplicidad de discursos, y de las configuraciones que nuestra época nos arroja sin frenar. Freud tuvo un inicio del psicoanálisis en una época Victoriana, nosotros/as, lo asimos desde una Historia distinta, una manchada de matices color rojos, de violencia que rebasa las pantallas y las planes de todo periódico, inmiscuidos en una era donde el vacío no se quiere dejar de llenar, y el consumo es la primera opción para ese llenado. Así que sin tapujos, pasemos a un campo que, no podemos dejar de pensarlo, nos parece ominoso en muchas ocasiones.

 

La era del vacío, narcisismo y un amor líquido

Podríamos agarrar muchas bases desde las cuales ir elaborando las siguientes líneas de reflexión, pero para objeto de lo que hemos venido afirmando en este texto, se decide tomar a los vínculos sociales como lo primordial; son estos vínculos los que más afectados (sin generalizar) se ven, y al hablar de ellos, no podemos quitar la mirada en la capacidad de amar. Mucho se ha dicho sobre el amor, se ha teorizado a profundidad desde los griegos y los romanos, Freud tocó el tema, al igual que lo hizo Lacan. No obstante, es un tópico que nunca dejará de parecernos pertinente, la razón puede ser que nunca lo entenderemos a la perfección – como cualquier otro aspecto humano-, e intentaremos aprehenderlo de la forma en que nos sea posible, esto último no puede ser sino porque la mayoría de nosotros/as, tenemos en nuestra agenda esa necesidad, para posteriormente devenir deseo, de amar. Aquí entramos en un punto fundamental, diferenciar entre una necesidad y el deseo, elemento que se deja de lado en ciertas teorizaciones y al serlo así, también de la clínica.

Esta diferencia se puntúa de una manera bastante clara en el llamado Deseo de nada – lo cual implica una clínica de la anorexia y bulimia- que con gran lucidez, trabajan Marcelo Heiker y Celina Miller.23 Desde la clínica que nos quieren compartir, se aborda cómo la necesidad queda como estandarte de lo que debe de ser tapado, es decir, “que, en su lógica más elemental (la necesidad)24, implica una falta que exige un complemento particular – complemento que se correlaciona con la carencia – que se satisface de una condición del objeto a la que Lacan denomina condición absoluta”.25 La necesidad está fuera de nuestra propia traducción, excluida de alguna manera de los registros que nos puedan pertenecer y es a través de una exposición clínica realizada por los autores previamente mencionados, que resaltamos la importancia de separar estas dos categorías, ya que después de la necesidad, podemos comenzar a poner en juego la demanda. Ésta a su vez nos llevará al campo del Deseo, un campo que para nosotros es aquello a que Foucault, aunque nuca lo haya dicho de esa manera, queda fuera del control. Si queremos encontrar palabras más exactas a lo que nos queremos referir, hagamos un breve viaje a las letras literales de Néstor Braunstein quien –retomando las aristas nodales de la modernidad que nos acompañan- hace mención al cómo

 

“el discurso de los mercados está completamente al servicio del amo y se encamina a la unificación del mundo bajo sus consignas de una manera total, como nunca lo consiguieron ni Roma, ni las religiones ni el capitalismo industrial con sus correspondientes regímenes coloniales.”26

En un mundo donde el control, o para utilizar una palabra que nos gusta más por los alcances de ésta, el biopoder27. Reformulamos la línea, en un mundo donde el biopoder ha sido configurado en un estado sutil, casi invisible pero no quitando con eso su condición perversa y salvaje, tiránica y destructiva, las opciones de lo que no puede ser controlado quedan acotadas cada vez más. Ese elemento que traíamos al frente hace unos párrafos nos dice de algo que Foucault consideraba fuera de control, por eso es que hablaba – desde nuestra lectura- de un poder de resistencia; sin embargo él no le dio el nombre de deseo, ni de inconsciente, cosa que nosotros si haremos y sostendremos. Ese elemento que no puede caer en el control por lo tanto

 

“es la “memoria involuntaria” de Proust y la “memoria inconsciente” de Freud, taladrada por la represión y el olvido, entramada con el deseo, arraigada en un goce que es el de la puesta en palabras del recuerdo. Concretamente, todo aquello que escapa a la objetivación neurocognitiva y el cálculo.”28

Este es el eslabón perdido del biopoder, y de las nuevas tecnologías de control. Ese concepto metapsicológico que nos remite a lo que nada sabemos, o, de lo que no queremos saber nada. Si nosotros/as en nuestra condición de seres humanos, no estamos siendo direccionados por una parte consciente en su totalidad, y de ella no conocemos mucho, sería por ende, imposible adscribir un control a los inconscientes de todas las personas, al menos de manera completa. Decimos completa, ya que si es posible ir posicionando elementos discursivos e ideológicos, sobre los cuales se irán construyendo las subjetividades, pero dentro de cada subjetividad, habitará un inconsciente único, y por lo tanto, un deseo que puede pertenecer al ser individual y no al grupo, aunque puedan existir diversas similitudes en las masas.

Nuestro punto inicial era el vínculo social, del cual no hemos salido aunque hayamos dado un rodeo -considerado necesario-, por la necesidad, la demanda, el deseo y nuestros inconscientes. Esta desviación la tomamos porque en un elevado número de la literatura actual, es habitual, encontrar grandes y muy brillantes, explicaciones de fenómenos sociales que arremeten en cada uno de nuestros días, sin dejar de mutar; pero, en estas explicaciones, cuando son abarcadas de distintos campos se deja fuera la parte inconsciente que nos caracteriza y nos hace ser seres humanos, aquello que incluso nos puede diferenciar de los animales. No estamos diciendo que todas las obras lo hagan, ya que esto sería una falacia, pero si un buen número. Siendo así las cosas, abordamos los llamados “nuevos malestares” – o a los que nosotros denominaríamos síntomas o malestares de la posmodernidad- desde la visión que nos propone Luis Hornstein en su clínica del narcisismo, la cual “no puede ser abordada sino desde el paradigma de la complejidad.”29 El paradigma de la complejidad, indudablemente, nos remite a ideas que abren la puerta a una transdisciplina, y a pensar la clínica con prismáticos diferentes a los que ya estamos habituados. Conlleva un gran cambio, claro, y difícil a su vez porque implica dejar el lugar de Amo que se ha estado llenando desde tiempo atrás30.

Tomando una luz distinta desde la cual alumbrar las dificultades que en nuestro momento histórico hacen resonancia es como decidimos dar pasos. Adheridos a esa propuesta de visualizar la clínica y la teoría desde un paradigma de la complejidad, abre puertas que siempre han estado ahí, pero que no en todo momento se han querido atravesar, o siquiera voltear a ver, quedando detrás de un velo. Asentadas las reflexiones que se van desentrañando conforme la escritura avanza, con angustia, inquietud y dolor por la condición humana actual, es momento de retomar el punto central del presente apartado, y lo hacemos a manera de interrogantes que no salen de nuestra mente ¿son los vínculos sociales algo del orden de lo perverso acaso? ¿La ilusión de amor, se mantiene sostenida o ésta ha caído junto con los grandes relatos? ¿De qué manera el narcisismo ha tomado un protagonismo cada vez más incipiente? ¿Hemos querido ver este protagonismo como algo natural o estamos tapando con mayor esfuerzo esa falta que nos constituye como seres humanos? ¿Si no es el amor lo que sostiene el discurso actual que entrelaza los vínculos, cuál si lo es? ¿La perversión está ubicada únicamente en aquellas personas que se salen de lo “normal” y/o “sano”, o de igual manera, la podemos comenzar a pensar desde la instauración de los discursos actuales?

Estas preguntas son algunas que nos pueden ir llevando de la mano para ampliar nuestro panorama, y quitar el telón de una realidad que está ahí, pero que nos empeñamos en negar con una vida de consumo y de excesos, para llenar algo que nunca estuvo. No son esas palabras con las que Gilles Lipovetsky anuncia su era del vacío, pero si son las siguientes, suyas, para advertir algo inédito: “Don Juan ha muerto; una nueva figura, mucho más inquietante, se yergue, Narciso, subyugado por sí mismo en su cápsula de cristal.”31

Si nos vamos al principio (para nosotros, de momento), estaremos haciendo una mirada retrospectiva al año de 1914, año que precede al inicio de los trabajos de metapsicología freudianos. Sería un equívoco de nuestra parte no sacar a relucir este punto clave en la obra de Freud y del psicoanálisis como tal, ya que son estos escritos y precisamente el que nos ocupa en particular, Introducción del narcisismo,32 textos que dieron lugar a repensar la teoría y la clínica que se había trabajado hasta esos años. Con la escritura de Introducción al narcisismo se fueron sentando las bases, para lo que sería la segunda tópica freudiana y para la construcción de una nueva teoría de las pulsiones, que encontró esbozo en el año de 1920 con Más allá del principio del placer33; eje rector de uno de los postulados más controversiales del psicoanálisis34, la llegada de una pulsión de muerte, contrapuesta a la llamada pulsión de vida.

La importancia de Introducción del narcisismo no puede caer solamente en ser un punto de inflexión en la obra para las elaboraciones que posteriormente se suscitarían. En este caso tomaremos como punto fundante del texto mencionado, una mirada distinta de la que se había establecido a lo largo de los años sobre el concepto narcisismo. Un concepto que no es exclusivo del psicoanálisis, viendo orígenes incluso en la mitología griega con el mito que lleva su nombre. Freud tampoco hace alarde propio de acuñar el concepto, y nos remite a fuentes en donde previamente pudo haber sido trabajado, pero lo que sí hizo el padre del psicoanálisis, es ponerlo a jugar de una manera inusual. Es imperioso que se haga mención a la traducción35, la cual, en ocasiones puede crear ciertas confusiones. El título nos habla de una introducción del, no una al, como se ha plasmado en distintas fuentes y lugares. Esto nos ocupa como viñeta para diferenciar la conceptualización que Freud utiliza en este texto. Hablando de una introducción al, lo pensaríamos como un adentrarnos al concepto desde un primer lugar, pero al poner el acento en la palabra del, la cuestión cambiaría. Esto nos dice que el narcisismo es algo estructural y estructurante del aparato psíquico, por no decir, de nuestra condición humana.

Jugando con la cita que trajimos de Lipovetsky más arriba, veremos que él nos informa de la llegada de una nueva figura; nosotros diríamos que no es una llegada, ésta siempre ha estado ahí, lo que sí es novedoso, son las configuraciones discursivas, históricas, ideológicas, culturales y psíquicas, que alumbran con mayor énfasis este aspecto del narcisismo, dando creación a la figura como algo subjetivo de la época. Por supuesto que es interesante el planteamiento de Lipovetsky, pero como lo hicimos notar con previa mención, se soslaya un poco el discurso psicoanalítico (al cual él hace referencia) y lo dejan aparejado con uno proveniente de la psicología.

¿Qué podemos entender del narcisismo como estructura? Punto esencial para poder continuar avanzando. Hasta 1914 Freud había mencionado al narcisismo, pero lo hacía desde la visión de lo patológico, de la perversión para ser exactos. Llegados a este parte aguas de su teoría, re plantea la situación para constatar que no es únicamente algo del orden de la perversión, sino de todo ser humano. “El narcisismo, en este sentido, no sería una perversión, sino el complemento libidinoso del egoísmo inherente a la pulsión de autoconservación, de la que justificadamente se atribuye una dosis a todo ser vivo.”36 Aquí es donde la sinfonía con gran estruendo nos hace escuchar, que éste es parte de nuestra estructura y que no nos dejará, ya que irá incluso, elaborando distintos aspectos de nuestras vidas como lo son las relaciones. No olvidemos que “la libido sustraída del mundo exterior fue conducida al yo, y así surgió una conducta que podemos llamar narcisismo.”37  Se está en el plano de las pulsiones, el elemento que para el mismo escritor de la Interpretación de los sueños, era el más oscuro de la doctrina psicoanalítica. Ese concepto, porque así mismo tenemos que entenderlo, al pertenecer a la metapsicología; es un concepto que no puede ser aprehendido, si partimos desde un registro de lo real lacaniano, pero que no obstante, tiene toda incidencia en nuestras realidades al verse puesto en nuestros actos. Por lo tanto, la pulsión es, “un concepto fronterizo entre lo anímico y lo somático.”38 Se puede elaborar mucho sobre la pulsión y las diversas líneas con las que puede ser abordada desde un sinfín de pensamientos y visiones distintas, pero eso sería salirnos completamente de tema y nos llevaría gran cantidad de tiempo. Lo que se quiere dejar como punto nodal, es entenderla como un concepto, algo que está más allá de lo tangible y como sabremos más adelante, la pulsión que terminará rigiendo gran parte de nuestras vidas, será puesta como un “más allá del principio del placer”, esa pulsión de muerte.

El narcisismo es parte de nuestra estructura porque tiene que ver con las pulsiones, al principio volcadas completamente en nuestra propia persona, con tintes de omnipotencia y pensamiento mágico; para posteriormente, encontrar un lugar en objetos exteriores, este sería el camino que toda persona realizaría – o al menos así nos gusta pensarlo-, pero, sabemos que hay ciertas fijaciones, o estructuras, en las cuales el narcisismo hace presencia de manera distinta. Pensemos en la necropolítica a la que hacíamos alusión, cuartillas atrás. Esta necropolítica tiene que ver con la administración de la vida y la muerte, cosa que si pensamos con un poco de detenimiento, desde un nivel estructural ¿no tiene que ver con el narcisismo? ¿no es un regreso o un advenimiento de ese estado omnipotente? Para responder esto, pongamos en el centro algunas de las conclusiones que Freud elaboró respecto al tema:

 

“En definitiva concluimos, respecto de la diferenciación de las energías psíquicas, que al comienzo están juntas en el estado del narcisismo y son indiscernibles para nuestro análisis grueso, y sólo con la investidura de objeto se vuelve posible diferenciar una energía sexual, la libido, de una energía de las pulsiones yoícas.”39

Continuamos rasgando los bordes de las pulsiones, pero lo que nos ayuda en la exposición de nuestro tema – sin olvidar que estaremos tocando el amor en todo momento-, es que en ciertas estructuras, el narcisismo se figura como algo del orden de lo propio, es decir, ese paso en donde como seres humanos logramos dejar de investir toda la pulsión hacia nuestra persona, y comenzamos a hacerlo a objetos exteriores, es algo que en nuestra sociedad actual, lo veo cada vez más difuso. Porque efectivamente, se intenta investir a los objetos, pero estos objetos fungen como reedición de la falta, más vacío, el objeto está fuera de un registro simbólico y nos identificamos con ellos, nos hacemos ellos. Es así como la sociedad de consumo no nos deja de gritar ¡goza!40, y vaya que lo hacemos, sin cesar; pongamos como ejemplo un país como el nuestro, un país que tiene los dos polos: por un lado una población que está sumida en la pobreza y en el hambre, mientras que en el otro extremo, tenemos índice de sobrepeso, diabetes y un consumo que alcanza niveles estratosféricos cada vez que se anuncia “el buen fin”. Si ponemos esto en tela de juicio, podemos contestar un poco a la interrogante que hemos dejado en suspenso desde una afirmación, sí, sí tiene que ver ciertas formas de exteriorizar la pulsión de muerte con el narcisismo, pero esto, no dejemos atrás, que también tiene que ver con la manera en que los discursos nos han ido construyendo, y sobre todo, como se han querido plantear ahora las relaciones.

Estas relaciones están diluidas, o si queremos utilizar el término baumiano, son líquidas. Lo sólido ha quedado en tiempos remotos, hoy al igual que con nuestras estructuras narcisistas, no pensamos en fortalecer o construir, ya sea vínculos, instituciones e incluso relatos. Por eso se dice que los grandes relatos han caído, y al igual que con dios, nosotros los hemos tirado. Todo esto en pos de una multiplicidad de relatos, de una ideología sumamente perversa en donde un cúmulo de personas que han quitado y violentado a otras personas, se visten de comunistas liberales, con máscaras de filantropía, para así, eximir la culpa superyoíca, pues, “en la ética liberal – comunista, la despiadada persecución del beneficio se ve contrarrestada por la caridad. Tal es la máscara humanitaria que oculta el rostro de la explotación económica.”41 Pisándonos constantemente, siempre queriendo estar por encima de las demás personas, a expensas de lo que esto pueda traer en la vida de aquellas que comparten un asiento de metro en nuestros recorridos a la escuela, o de aquellas otras que son parte del piso de trabajo en donde se pueden pasar más de 8 horas al día, una vida en cierto sentido.

 

Hoy vivimos en el tiempo del <<narcinismo>>, hasta el punto de que habría que escribir un nuevo tratado plagiado del de Freud: Para introducir el narcinismo… Con el narcinismo cada individuo tiende a practicar lo que Lacan llamaba <<la política de la escalerilla>>. Ésta consiste esencialmente en que un individuo experimenta espontáneamente la necesidad de subir al siguiente peldaño de la mencionada escalerilla cuando se encuentra con otro.42

Con un velo cubriendo semejantes ideologías, o poniéndolo de otra manera, actuando como la ideología. ¿Dónde quedan los vínculos amorosos? La figura de Don Juan, muerta como Lipovetsky la pone, es subsumida por Narciso, por nuestro narcisismo, cada vez más arraigado en nuestras estructuras, dejándonos caer en un vacío más profundo. No sólo tenemos la obligación de hablar de una era del vacío, también nos es imperativo ocuparnos de aquellos nuevos síntomas, de una clínica del vacío43. Estos “nuevos” malestares los vemos en la forma de: anorexias, bulimias, depresiones, estados sumidos en la melancolía, las nuevas subjetividades sexuales a las que se apelan, sin olvidar que en nuestro discurso, siempre queremos decir que todas las personas somos iguales, las palabras de la ciencia y sus universales, resuenan en nuestras pláticas cotidianas y, estas pláticas a su vez, tienen un fondo en las sesiones clínicas. Aunadas a estas patologías –porque se sufre- narcisistas, nosotros incluimos esa administración de la muerte a destajo como nuestro Estado de excepción lo ha hecho durante los últimos dos sexenios, sin que esto quiera decir, que únicamente se ha dado en ese tiempo.

Nos hemos cosificado, nos estamos muriendo en vida incluso podríamos pensarlo, nuestras subjetividades cada vez son más destruidas en pos de una visión del mundo de la cosa, de unirnos con la Cosa, de una alienación con el Otro. Queremos el producto, la mercancía para ser éste, pero, estos productos, son desechados con la misma rapidez con la cual fueron adquiridos. El día de hoy es el iPhone número tal, mañana será el que sigue, siempre con el mismo slogan “ahora si es el mejor”. Más allá de querer ser el objeto, es la marca, lo que “nos hace ser” lo que se está en realidad buscando. No se quiere el teléfono que tenga todas las funciones como el resto de los dispositivos, no, se desea ser esa marca, eso es lo que da un nombre a nuestra sociedad. ¿Muertos en vida? Posiblemente sea una exageración pensarlo, pero salgámonos de los esquemas actuales de los zombies, y sólo pensemos como es la forma de entretenimiento actual: estar dando vueltas en una plaza, robados de toda luz natural, cegados por las luces sintéticas y abrumados por la “infinita” cantidad de cosas que se pueden comprar, que nos pueden “hacer mejores personas”, pensémoslo: no somos el vestido, se es “totalmente palacio”, la marca, el lugar. Si lo que se acaba de decir, no parece haber salido de una película de George Romero, vidas humanas dando vueltas sin sentido en un lugar cerrado, perdidos de toda comunicación, entonces si podríamos negar que existiese una muerte en vida. Bajemos un poco el tono, y aseveremos que no se da esta muerte, pero si podemos afirmar que al menos, vamos perdiendo humanidad y este narcisismo no deja de robar foco, no dejar de cantar con mayor voz, y aun con el estruendo que pueda estar haciendo, oídos sordos es lo que terminamos haciendo, esto puede ser crueldad. Me recuerda un escenario que Silvia Bleichmar relata en su seminario La construcción del sujeto ético, sobre Disneyland para hablar de la voracidad:

 

Recién ahora entendí de una manera profunda lo que dicen Bauman y Richard Sennett cuando sostienen que no existen ni personas ni productores, sino consumidores. Donde el consumo -vamos a analizar el carácter del significante en la envidia y en la voracidad- no es ni siquiera de objetos de placer sino de objetos emblemáticos. La voracidad allí tiene una característica: las porciones de comida son enormes, y al mismo tiempo, no tienen sabor a nada. La gente las ingiere en forma casi permanente, pero no tiene cara de placer. Es una imagen muy brutal de la decadencia del imperio.44

Vayamos cerrando, ¿Amor? Sí, ahí está, pero al objeto, la pregunta entonces subsiste, ¿amor?, a aquello que es líquido, que puede ser visto como un desecho, tal como nosotros terminamos pensándonos al final. Esas son nuestras actuales relaciones, también vistas como un consumo, evaluadas y pensadas como el catálogo de modas, “hoy quiero estar con el delgado, mañana con el de cabello rubio, en una semana con la mujer pelirroja”, esto es algo que las nuevas aplicaciones digitales posibilitan. Aplicaciones donde más alienados estamos y sin embargo, más cerca nos consideramos, estamos pisando la paradoja como el psicoanálisis constantemente lo hace. Nosotros hemos dado un muy largo rodeo, extenuante incluso conforme la tinta fue corriendo a lo largo de las hojas, para dar cuenta de una época, del momento histórico al que tenemos que hacer frente, no sólo como clínicos o académicos, sino como seres humanos, porque eso es lo que no dejamos de ser en ningún momento, aunque las coordenadas nos quieran direccionar a un destino en donde nos podamos perder sin mayor dificultad. Posiblemente me encuentro en una posición romántica, pero ponderemos un poco las siguientes palabras del psicoanalista Gustavo Dessal: “La degradación líquida del amor es un grave síntoma de nuestra época, en que la acción corrosiva del discurso neoliberal encuentra cada vez menos obstáculos para convertirnos a cada uno de nosotros en mercancía.”45

Un síntoma así como la época victoriana tuvo a las mujeres histéricas, que dieron nacimiento al psicoanálisis, junto con la mente que lo fue formulando en un transcurso de más de 3 décadas. A nosotros/as nos toca ver estos síntomas, intentar aproximarnos a ellos, desde todas las aristas posibles, para así discernir un poco de nuestra condición humana. Siguiendo las palabras que se citan, reitero, que la posición a tomar pueda ser una romántica, pero no aludo a algo que no haya sido dicho antes, al contrario, es casi en la misma época donde fue elaborado el narcisismo como parte de nuestra estructura, en donde nos encontramos con un Freud desilusionado de la guerra y sus efectos; empero, no deja de confiar en la cultura, en lo que pueda ser creado proveniente del ser humano, y es allí en donde ponemos la mirada, en un camino alumbrado por luciérnagas, siendo éstas nosotros/as mismas, puede no estar brillando en todo momento, pero ese resplandor que aparece de manera momentánea no nos puede decir otra cosa, que nuestra construcción está inacaba. Terminemos con esas palabras respecto a la cultura: “nos es lícito esperar que su ennoblecimiento pulsional habrá de restablecerse en épocas más pacíficas.”46

 

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2 Calveiro, P. (2012). Violencias de Estado. La guerra antiterrorista y la guerra contra el crimen como medios de control global. Buenos Aires: Siglo Veintuno Editores.
3 Hornstein, L. (Noviembre de 2008). Hacia una clínica del narcisismo. Intercanvis(21), 87-97.
4 Bercovich, S. (1993). De la historia, líneas y trazos. En N. Braunstein(coord.), El tiempo, el psicoanálisis y los tiempos (págs. 11-23). México: Siglo Veintiuno Editores. Pág. 15
5 Lyotard, J. -F. (2000). La condición postmoderna. España: Cátedra.
6 Lipovetsky, G. (2002). La era del vacío . Barcelona: Anagrama.
7 Bauman, Z. (2004). Modernidad Líquida. Argentina: Fondo de Cultura Económica.
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10 Valencia, S. (2010). Capitalismo gore. España : Melusina. Pág. 16
11 Freud, S. (1930). El malestar en la cultura. En Obras Completas. Vol.XXI. Argentina: Amorrortu, 1979.
12 Ídem. pág. 85
13 Galeano, E. (2010). Patas arriba. La escuela del mundo al revés. España: Siglo Veintiuno Editores.
14 Sibilia, P. (2010). El hombre postorgánico. Cuerpo, subjetividad y tecnologías digitales. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. pág. 12.
15 Huxley, A. (2007). Un mundo feliz. México: Ediciones leyenda. Publicada por primera vez en 1932
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17 Bradbury, R. (2013). Fahrenheit 451. Nueva York: Simon & Schuster. Publicada originalmente en 1953.
18 Bentham, J. (1979). El panóptico. Madrid: Ediciones de la piqueta.
19 Foucault, M. (2009). Vigilar y Castigar: Nacimiento de la prisión. México: Siglo Veintiuno Editores.
20 Deleuze, G. (1991). Posdata sobre las sociedades de control. En C. F. (Comp.), El lenguaje literario. Montevideo: Nordan.
21 Siguiendo la producción de los cuatro Discursos que en el Seminario 17 (2010), Lacan trabajó.
22 De Certeau, M. (2007). Historia y psicoanálisis. Entre ciencia y ficción. México: Universidad Iberoamericana. Pág. 41-42
23 Hekier, M., & Miller, C. (1996). Anorexia - Bulimia: Deseo de nada. Argentina: Paidós.
24

El paréntesis es nuestro

25 Hekier, M., & Miller, C. Op. Cit. pág. 71
26 Braunstein, N. (2011). El inconsciente, la técnica y el discurso capitalista. México : Siglo Veintiuno Editores.
27 Siendo éste “un poder cuya más alta función no es ya matar sino invadir la vida enteramente (Foucault, 1977, pág. 169)”.
28 Braunstein, N. (2011). Op. Cit. pág. 190
29 Hornstein, L. (Noviembre de 2008). Hacia una clínica del narcisismo. Intercanvis(21). Pág. 88.
30 No podemos generalizar que todo discurso analítico, ocupe este lugar, sin embargo, si se ha dejado notar en la reproducción de discursos e incluso de una verdad cuasi absoluta convertida en dogma. Aun cuando en primer lugar, el discurso analítico apunta a borrar esas barreras. Desde nuestra postura el psicoanálisis nace como algo del orden de la subversión, y si no se mantiene esa esencia, posiblemente estaremos pisando terrenos que nos lleven a algún destino distinto de la episteme que nos puede encuadrar un poco.
31 Lipovetsky, G. Op. Cit. pág. 33.
32 Freud, S. (1914). Introducción del narcisismo. En Obras Completas. Vol. XIV. Argentina: Amorrortu. 1979.
33 Freud, S. (1920). Más allá del principio de placer. En Obras Completas. Vol.XVIII. Argentina: Amorrortu, 1979.
34 Punto que al día de hoy se sigue discutiendo mucho en la academia, siendo sujetado por distintas concepciones. Es decir, la pulsión de muerte es un concepto que no ha sido admitido por algunas de las líneas psicoanalíticas, aun cuando a nuestro parecer, es punto quiebre, y clave, para aproximarnos más a las explicaciones parciales del aparato psíquico, y que sin ella, el psicoanálisis estaría cojo.
35 Nosotros estamos utilizando para este escrito, la traducción realizada por Etcheverry, correspondiente a las ediciones Amorrortu.
36 Freud, S. 1914. Op. Cit. pág. 71.
37 Ídem. pág. 72.
38 Freud, S. (1915). Pulsión y destinos de pulsión. En Obras Completas. Vol. XIV. Argentina: Amorrortu. 1979. pág. 117
39 Freud, S. (1914) pág. 74.
40 En sentido lacaniano
41 Žižek, S. (2009). Sobre la violencia. Seis Reflexiones marginales. Barcelona: Paidós. pág. 34
42 Dufour, D.-R. (2007). El arte de reducir cabezas. Sobre la servidumbre del hombre liberado en la era del capitalismo total. Buenos Aires: Paidós. pág. 111.
43 Recalcati, M. (2008). Clínica del vacío. Anorexías, dependencias, psicosis. España: Editorial Síntesis.
44 Bleichmar, S. (2011). La construcción del sujeto ético. Buenos Aires: Paidós. pág. 108.
45 Dessal, G. (2014). En Z. Bauman, & G. Dessal, El retorno del péndulo. Sobre psicoanálisis y el futuro del mundo líquido. España: Fondo de Cultura Económica.
46 Freud, S. (1915) pág. 288.

 

 

 

 

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