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BOLAÑOS Y DESIERTO DE ATACAMA

CARMEN VASCONES

 

Roberto bolaños en una entrevista tal, cuando habla de su momento en Chile, y los 8 días detenido, y lo vivido, cuenta, "prefería morir a pasar por la tortura". Estaba con sus 20 años, sin hijos, hace pausa, al torozón del "detective salvaje" que nunca deja de ser, ni lo deja en paz, asume la culpa, desata trampa al torturador, deja ver la victima prisionera en el cuerpo. Fue testigo del miedo, del horror, del pavor, del infierno sin comedia, ni pavoneo con las trompizas de las teclas o del puño con que se escribe "el deleite" del autor para un lector anónimo...

Su escritura invita a revisar las caries y el desgaste del cartílago y de la estructura del poder en los cuerpos desaparecidos, roídos, resquebrajados después del mazazo.

Te incluye a revisar más allá de la edad de la escapatoria, o decisión de ser. Se desmitifica con el margen, allí el dolor es inaguantable. El papel no se rompe. Reenvía a desaguar el hurto del fuego de cada Prometeo escondido en cada ser humano.

Era una anarquista del ser.

La existencia no tiene luego. Su escritura rodar del verbo. Te pone a pensar. A frenar a raya la euforia. Permite contemplar el éxtasis y su tono mortífero si lo dejas como un mortero de eros encallado en la crueldad de ganar como sea con la pluma o lo que creas que sea más efectivo, para ponerlo en la tarrina o tarima del comensal del banquete del espejo: amor y odio no se soportan compartir el privilegio de la pasión...

Y hay tales sentimientos que desgasta la concentración. Redime a la culpa por que salta y asalta al vacío mismo. El flagelador o verdugo no se recriminan en su papel "sin emoción". Para el castigador es el otro el que provoca. Justifica su acto violentador. Desata preguntas al mirón de más experimentos sadianos.

Te deja con la palanca de cambio, embrague y freno hasta que bajas la dosis punzante del impulso. Te hace descansar, te lleva a desentrañar el adolecer mampara de una memoria de la "edad de siempre", en un verso de la Mistral, elegido por él, si tienes que escoger, algo en lo identifica su personaje y desamparo del yo en el traje de la piel.
No es una postura masoquista su escritura. Interpela hasta cuánto aguantas la carrera del golpe que se agolpa con puño cerrado o abierto. Golpear incita la exhibición de una libertad espantosa como ya deja establecido la Pizarnik en su obra y en la condensa sangrienta.

América se desparrama de miseria sospechosa.

El mundo un estadio gigante de hinchas disputándose el juego. El árbitro un estado calamitoso. Se paga la entrada. La salida vaya usted, pregunte o vea la trifulca de los partidos.

El triunfo de la derrota rota del juego omnisciente en el cric crac. El ruido tiene su placer y displacer. Hay que ver qué engancha a cada uno con su fantasma.

El animal no roba chispas...

A dejar de chisporrotear.

Ser atrevido es una apuesta.

El prueba la vida que le tocó, deja los relatos múltiples de la vida echada en el nómada narrador, apostando al vórtice de la poesía, y esa postura de escribe, no te envanezcas.

Somos efímeros, recuerda.

Arma tu rompecabezas y siempre va a faltar una pieza, acaso uno mismo.

En su corazón de atacama, hecho trocitos, yace el amuleto del latido de la "estrella distante" o estrella errante.

(Dejó un desierto con flores, en su prosa y poesía. ¿Acaso su apuesta al presente un Atacama, esa, la metáfora de la espina o "el grito de un pájaro solitario " al silencio del poema, madera de su raigambre, del amor atado y desatado por un ataque y saqueo al útero de la utopía?).

 

 

 

 

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