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CORRELATO

Miguel Ángel Galván

 

perdí la voz:
el texto (el poema, dicen)
se volvió tortura inconfesable, vidrio opaco,
piedra que arrojaba sobre mí mismo,
lastre
que arrastraba junto con otras palabras:
(a ver: ponéle música  a ese tango)
nostalgia,
fantasma,
c
a
í
d
a,
siempre hacía a un lado la cuerda que
debería ahorcarme,
jugaba con el tedio y el desamor de los otros,
y lo contaba con la soberbia que me convirtió
en esa bestia impaciente   
que no tiene nada qué decir   

 

 

1

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2
oficio de poeta:
mi vocación es caer
mentir
saltar
mi lugar oscuro callejón
que carece de sal
ida
estas paredes en las que el bosque
--inexistente—
incendia al mundo,
mi vanidad es el espejo que comparto
en el que otros, iguales a mí,
e s c r i b e n  


3
ha parado el torrente
con el que me ahogaban las palabras
--ricas, abundantes, desordenadas —
y la confusa sensación de descubrir la otredad
(sólo es real la niebla)
he abandonado  a mis dioses,
abjurado de mis creencias,
y he olvidado la mayor parte de las cosas
que me hicieron creer que era un hombre respetable
que escribía:
me aturden las inamovibles imágenes del pasado,
su cuestionable realismo, su fragmentación;
al mirar
la caída
de los cuerpos
reafirmo nuestra condición de seres expulsados
del tiempo aquel en el que todo fue mejor    


4
si tuviera tiempo renunciaría
al narcicismo propio de los que escriben,
a su obligada pedantería que los lleva a tener opiniones,
a formular juicios y condenas,
¿cómo atreverse a seguir siendo uno mismo,
cómo dejar de serlo?
en algún rincón permanecen amontonados
recuerdos, estratagemas fallidas;
en algún lugar sobresale la marca
de toda esta palabrería
y de la condena que supone:
sutilezas obligatorias,
r e c o n v e n c i o n e s,
dedicatorias que carecen de ingenio


5
he ido hablando de todo aquello que me pertenece:
la deformación, el ser degradado,
la visión fugaz de quien va a morir,
acaudalada santidad
que me ha dejado solo,
pecador que se sabe incapaz de expiar sus culpas;
sin embargo me sujeta este abismo:
la piedra con la que una y otra y otra vez
me tropiezo


6
escribir es también una forma de escapar,
de suplantar la voz de otros, la propia,
con balbuceos o aullidos;
a cada quien según el resentimiento,
de cada quien de acuerdo con el malestar
al que nos remita el vacío


7
mejor prescindir de buenas intenciones,
asaltos celestiales o inclinaciones al bullicio;
mejor no asistir a los rituales y a los exorcismos
de aquellos que exhiben su desnudez a través de símbolos;
extraño los momentos en que, malabaristas al fin,
creíamos que las palabras eran nada más palabras:
no proclamas incendiarias, no testamentos ontológicos,
vaya, ni siquiera pastura propia de la filología;
mejor el descompuesto alarido de tarzán
y el silencio que anula todo pretendido acto
colmado de poesía

8
sin embargo,
escribo,
me conduzco entre la maleza
de un lenguaje al que sigo amando.
a pesar de mí,
de mis restauraciones a destiempo,
a pesar de la enfermedad
y su convalecencia interminable,
me reconozco entre estos signos
que pretenden crearse a sí mismos:
actos de vanidad,
impurezas
de las que soy incapaz de deshacerme


9
no es banal nombrar la realidad de otra manera,
pero tampoco es extraordinario,
el asombro parece casi siempre
un monstruo desconsolado que, alguna vez,
se reconoce,
y entonces intuye  que todo aquello que creyó conocer,
y lo que ahora sabe,
no bastarán para saciarlo

 

10
Igual que a muchos más
Me dijeron que debería decir las cosas de otra manera,
Lo que dio pauta a suposiciones diversas:
¿querían decirme que usara otras palabras?
¿que desarrollara otros temas?
¿que mezclara tipografías y ejercicios caligráficos?
¿qué querían decirme?
¿cómo debí haber respondido?


11
rendirse ante la ilusión del lenguaje,
ante la inutilidad de los actos que repetimos
sin convicción pero con cinismo,
rendirse con cierta dignidad y
con un poco de estilo:
aguardar, entonces, por el conocimiento
que nos otorga esa otra ilusión
que es la blancura
del papel
que se burla, sin piedad alguna,
de las palabras que no podemos
e    s    c    r    i     b    i     r           

12
sin dilaciones, con poco discernimiento,
con sombras, con imágenes vagas
que padecen entre líneas
que nadie lee.
así, la terca resistencia de las palabras
que no logran decir lo que quieres decir,
aparece.


13
¿por qué no escribir una carta para pessoa?
¿ un recado a marylin?
o
escribir insultos a mitad de la noche que garanticen el fin del mundo,
obituarios que maten al lector,
escribir canciones que perturben para siempre a los niños,
quizá  un horóscopo o dos


14
es preferible la indulgencia a la lapidación,
mejores los ejercicios que prefiguran clemencia ante la desgracia que se cierne.
son gratificantes los bostezos en lugar de los insultos,
y las sonrisitas sarcásticas que nunca alcanzaste a ver.
Indudablemente
el poema que no se escribe tiene más virtudes que éste.


15
Casi atino a decir,
Casi lo escribo,
Casi  entiendo que la escritura,
Casi que la vida,
Casi sé

 

 

 

 

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