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SUBJETIVIDADES EN LA OBJETOCRACIA:

PENSAR “LA DIFERENCIA” EN LA DEMOCRACIA LIBERAL CONTEMPORÁNEA Y LA ECONOMÍA DE MERCADO

Octavio Patiño García

 

 

 

Resumen:
El presente trabajotrata de aportar desde campos de saberes distintos, la economía, la política y el psicoanálisis, elementos reflexivos para pensar “la diferencia”. De estas parcelas de saber extrae líneas de pensamiento en relación a la economía de mercado, la democracia liberal y la denominada “perversión generalizada” siendo esta última una categoría que es debatida en los terrenos delpsicoanálisis como uno de los malestares contemporáneos. Se acude al neologismo de objetocracia para intentar mostrar lo que atañe al desmentido de la diferencia.


Palabras clave: Diferencia, perversión, democracia liberal, economía de mercado, subjetividad, pos-capitalismo, autorreferencia.

 

 

El capitalismo ha cambiado enteramente los hábitos del poder. Ellos han quizá, llegado a ser más abusivos, pero, en fin, son cambiados. El capitalismo ha introducido algo que uno no había visto jamás: lo que se llama el poder liberal…

 

…Ustedes están predestinados en esta pequeña mecánica, más allá de lo que quieran, a jugar el mismo rol que todo lo que hay de objeto a en la sociedad capitalista, a saber, funcionar como plus-valía. Ustedes son verdaderos valores en el sentido de que forman parte del movimiento, del movimiento numérico. Que va a sostener el modo de intercambio, el modo de comercio que constituye la sociedad capitalista.

 

                                                                   J. Lacan

 

 

Comentario introductorio

El presente escrito es una apuesta, no hay más pretensiones. Con ello quiero decir que es, a todas luces, sumamente complejo pensar en la articulación de distintos saberes totalmente diversos, sobre todo intentar extraer fundamentos, recortar elementos utilizables para realizar amarres, propuestas,disertaciones. Lo que expongo, sabiendo que siempre existe el riesgo de quedar mal parado ante los “especialistas” en materia, es una visión de conjunto, en ocasiones muy apretada, en otras forzada, sobre todo ante mi escasa pericia en relación a los campos de la política y la economía, de lo que a mi entender tienen relevancia para pensar los malestares contemporáneos, más específicamente, lo que advierto en relación al modo en como se articula “la diferencia” en el lazo social, llegando a constituirse como una “insoportable diferencia”. Con ello me permito puntualizar que “la diferencia” cualquiera que sea la modalidad que presentifica ante el pensamiento de lo Uno, como aquello Otro que rompe la completud, es vivida insoportablemente y esto trae como consecuencia una irrefrenable búsqueda de apaciguamientos,la mayoría de las veces bastante sintomáticos, otras degradantes, en suma, fetichizados, donde el gozar sin límites con el objeto (mercancía) es la manera, imperantemente obscena, de borrar lo heterogéneo.  Ante ello acudo a teóricos “autorizados” en estos saberes y ubico mi posición como trasladante de elementos reflexivos. Dicho lo anterior, os invito a pasar. 

Intentaré plantear aquí, algo que me ha surgido como interrogante el modo en que se presenta “la diferencia” en la llamada democracia liberal contemporánea. Como diferencia entiendo la ubicada en su lugar de fundamento del sujeto de deseo, estodesde el terreno del psicoanálisis, a saber, la diferencia de los sexos, en relación a la castración y lo que adviene como correlato en las llamadas estructuras clínicas, sobre todo a la referida por varios psicoanalistas contemporáneos como la “perversión generalizada”, todo ello dentro del fenómeno que se denomina “la economía de mercado”fase definida por muchos como “postcapitalista”, y el régimen político de la “democracia liberal contemporánea”.

Hace poco veía el film de Dito Montiel A Guide toRecognizingYourSaints, que fue nombrada en castellano “Tus santos y tus demonios”, obra que se basa en las memorias del mismo autor y que es protagonizada por Robert Downy Jr., la cual me arrojó el hilo para pensar las coordenadas de este trabajo. 

Antes que nada comentaré brevemente los aconteceres proyectados en este film, donde la trama fundamental está desarrollada en un relato no lineal, a través del cual se entrelazan escenas de atmósferas asfixiantes donde los sujetos se enfrentan a la descarnada lucha por la vida en un barrio carente de ideales, el film comienza en el futuro, regresa a un pasado y vuelve sobre otro futuro ya entretejido. El protagonista es Dito Montiel, un escritor que radica en Los Ángeles, y que a partir de una llamada telefónica hecha por su madre, quien le da la noticia de que su padre está gravemente enfermo, se traslada a un barrio de Queens, escenario donde se suceden los acontecimientos.  El viaje al lugar donde se desarrolla la trama fundamental de la película, va implicar no solo el regreso al barrio del que escapó siendo adolescente, sino toda la evocación fantasmática del escritor.

Es una película ambientada en la segunda mitad de la década de los años ochenta, donde se exhibe la violencia y el desasosiego de los adolescentes que en ella participan, la dificultad de los  padres de poner un alto al goce destructivo de sus jóvenes que entre la droga, las pandillas, el sexo y la locura terminan por pintar un mural anticipatorio de lo que se ha convertido  una constante del modo en que el lazo social se degrada en varios lugares del mundo. El que sea ubicada en los años 80s no deja de ser, para mí un asunto fundamental del que ya hablaré posteriormente.

El padre de Vito es un hombre que no escucha lo que su hijo trata de interrogarle, está caído de  su lugar de padre, tragado por una quietud volátil, impedido a hacer valer su lugar al lado de una madre borrada de cuadro, madre que sólo se asoma un poco para montar  otra escena victimizante. Ahora, este padre, del que no se sabe si tiene un trabajo, que trata de ser “el mejor amigo de su hijo, y de los amigos de su hijo”, enfrentará con sus traslados a una posición de impotencia las sacudidas que Vito provoca en la vida familiar. El padre de “Tony”, amigo de Dito,  sólo aparece en cuadro cuando está asestándole golpizas, inmerso en goce adictivo lo arrojará constantemente a la calle, a su vez “Tony” oscila entre las drogas, el sexo desenfrenado y la violencia entre pandillas. El hermano de  “Tony”, termina arrojándose al tren, arrojando su cuerpo a las vías del tren en un grito por ser salvado, recuperado, “dime que te importo” grita,  busca que “Tony”  deje mostrar algo de su amor por él, algo de su tachadura que le haga sentir que existe un lazo, que no solo es un objeto de rechazo, de desecho. En este film se deja ver la violencia entre adolescentes que provienen de otras tierras, migrantes marginados convertidos a pandilleros. Es un lugar en que la miseria económica y subjetiva circula, troza, degrada. Dito Montiel huye cuando su padre ya no lo puede sostener porque ya no se sostiene a sí mismo. “¿Cuándo serás mi padre?” Pregunta Dito. Aquí advierto el germen de lo que vendría a diseminarse en los tiempos actuales, ubico también un bosquejo de lo que será el intento de borrar una diferencia, intento de obliterarla, una diferencia que llama a la singularidad de cada sujeto pero que es insoportable. Y que no es una diferencia que intenta ser borrada desde un régimen estatal, llámese dictaduras, llámese fascismo de estado, sino en el terreno del lazo social, lo que Boaventura de Santos llamó el fascismo societario.

Pues bien, este es un asomo a la película. ¿Qué hilo surge primeramente? El de los cambios a nivel de la política económica.

Elemento primero.  Puntuaciones sobre la “democracia liberal” y “la economía de mercado”

 

No soy especialista en economía, tampoco en política, me remitiré a puntuar lo que los teóricos han escrito sobre estas cuestiones fundamentales como una visión muy general para proponer algunos ejes de análisis.

 

Eran los años 80s, la economía de mercado llegaba para quedarse y así atestar el último zarpazo a la Historia, la “democracia” como discurso de libertades se emancipaba, surgía un nuevo tipo de superhombre, un nuevo sujeto-individuo, cada vez más erigido en su propia paradoja, un sujeto empujado a su individualidad dependiente del mercado, un hombre despojado de sus referentes históricos, un sujeto autorreferencial.[1] Con ello las hetero-referencias se veían agotadas, los escenarios de la disparidad social y económica crecían abismalmente, Reagan cacareaba los frutos de sus propuestas económicas del libre mercado que marcaría el porvenir económico neoliberal, Vietnam seguía sacudiendo las profundidades del monstruo que se empeñaba en sonreír maquilladamente; Gorbachov se enredaba entre las patas de la bestia “transformadora” (la Perestroica) para poder asestar unode los últimoscoletazos a la Historia(el otro sería definitivamente la caía del muro de Berlín); en los suburbios de los ángeles se hacía pública “la primera” infección del VIH, los cuerpos comenzaban a padecer la nueva peste de la que se dice fue un “error experimental en áfrica”; Chernóbil era un festival de juegos artificiales que vitoreaban la cercana llegada del fin de la guerra fría entre EUA y la URSS; ya pululando en las aceras con sus walkman o saboreando los logros cibernéticos de las primeras PC o diluidos en la era gloriosa de los videojuegos, los nuevos hombres se olvidaban de Dios, del Ser, del Proletariado, de la Physis. En las academias de filosofía del mundo una nueva estirpe de pensadores acuñarían lo que comenzaban a irrumpir en las parcelas del debate contemporáneo, el discurso de la posmodernidad, “la época de los funerales”.

 

Este nuevo superhombre hecho a imagen y semejanza de sí mismo, enarbolaba ahora el estandarte Fichteano de “Yo soy Yo”, la magia se consumaba, hechiceros políticos, malabaristas monetarios, crisis, devaluaciones, riqueza acumulada, familias transformadas, sociedades que pasaron de la pobreza a la segregación pero siendo incluías por la exclusión que representaban para el ogro demagógico, el sujeto era bautizado, ungido en las aguas del liberalismo,  el triunfo del hombre autorreferencial.

 

Ahora bien, la democracia liberal corrió aparejada con la economía de mercado, haciendo la pantalla de un maridaje inevitable, aspecto que terminó siendo lo que hoy conocemos la fase salvaje del capitalismo, donde el mercado financiero corona el triunfo de la desregulación económica, el triunfo de la oferta de la mercancía sobre la demanda. Si esto me interés es porque en ello veo no solo un asunto económico, sino social y cultural que implica cambios en la esfera subjetiva.

 

Ahora bien, sobre la relación entre libre mercado, o economía de mercado y democracia en un artículo publicado por el departamento de Estado de los Estados Unidos se lee lo siguiente: El libre mercado fomenta la democracia de cuatromaneras diferentes. La primera responde al hecho quela institución de la propiedad privada es medular en laseconomías de libre mercado y ésta es de por sí una formade libertad. Por consiguiente, un país con un libre mercadoen funcionamiento ya posee un importante componente dela democracia política; los libres mercados generanriqueza y muchos estudios revelan que cuanto más ricosea el país, mayor es la probabilidad de que tenga ungobierno democrático. Los ricos disponen del tiempopara la participación política que requiere la democraciay que no tiene la población pobre; Las organizaciones de lasociedad civil dependen de la economía de libre mercadopara conseguir los fondos que las mantienen. No existedemocracia sin sociedad civil y no puede haber sociedadcivil sin una economía de libre mercado; los mercados libres cultivandos hábitos que son esenciales para la política democrática.Uno es la confianza. Los ciudadanos de una democraciatienen que confiar en que el gobierno no coartará susderechos y las minorías tienen que poner su fe en que lamayoría no los perseguirá o acosará; Otro hábito que el mercado fomenta y que esindispensable en una democracia es el del compromiso.De hecho, se puede definir la democracia como un sistema apolítico en el que las soluciones conciliatorias, y no laviolencia ni la coerción, zanjan las inevitables diferenciasque surgen en cualquier sociedad.[2]

 

La lista de “los beneficios” es larga, aquí quisiera realizar una puntuación. Nótese que la política económica del libre mercado está siendo justificada para posibilitar los “regímenes democráticos”, esto trae como asunto medular que el sujeto de la democracia contaría con la autonomía jurídica que le permite constituirse como un sujeto que elige libremente lo que el mercado le ofrece, asunto que pasa por una emergencia necesaria, si es que se quiere instaurar una “sociedad próspera y rica”. El artículo concluyeque …Todas las sociedades desean ser prósperas, demodo que casi todas han establecido o tratado de estableceruna economía de libre mercado. Puesto que la tendencia hasido que la primera promueva la segunda, lapropagacióndel libre mercado ha hecho la mayor contribución alextraordinario auge de la democracia en todo el mundo.[3]

Pues bien, podría resumir en una idea muy apretada que, según estos teóricos, lo que provocaría la economía de mercado, es que los regímenes políticos de Estado  se ungieran como democráticos y con ello el Estado “fortalecido” por el “apoyo de las mayorías” lograría velar por estas mismas otorgándoles la autonomía jurídica para decidir sobre sí mismos en una lógica liberal donde el consumo de mercancías estaría garantizado por la (paradójicamente) “libertad jurídica”, esto es que para moverse libremente entre la oferta y la demanda la autonomía jurídica le garantizaría al sujeto su “libre elección” ¿de qué? Fundamentalmente, de mercancías.

 

Lo que me interesa de esta teorización de la economía de mercado es lo que concierne a la autonomía jurídica del sujeto que se supone en la democracia liberal, y lo que esto conlleva en los planos subjetivos, algo de lo que ya se ha escrito mucho últimamente, a saber que el libre mercado genera otras formas en que el laso social se articula, ya sea como degradado, roto, trozado.

 

Acompañemos a Dufour en su lectura sobre la sociedad de consumo contemporáneo. Está teniendo lugar una mutación histórica en la condición humana, ante nuestros ojos, en nuestras sociedades. Esta mutación no es una simple hipótesis teórica; al contrario, se la puede ubicar en mi opinión a partir de todo un séquito de hechos no siempre bien delimitados que afectan las poblaciones de los países  desarrollados. De esos hechos ha oído hablar todo el mundo: el imperio de la mercancía, las dificultades de subjetivación y socialización, la toxicomanía,la multiplicación de los pasajes al acto, la aparición de eso que,equivocadamente o no, se denomina “los nuevos síntomas” (anorexia,bulimia, depresión, ataques de pánico, etc.) y la explosión delincuencialde la población joven son, entre otros acontecimientos, las nuevasformas de violencia que hoy presenciamos.[4]Dufour advierte consecuencias “sintomáticas” derivadas de este nuevo modo capitalista denominado la economía de mercado, donde gobierna el imperio de la mercancía. Pero ello no es sin referirnos al sujeto de la autonomía jurídica propio de la democracia liberal. Sobre esta cuestión tenemos que insistir que el sujeto autónomo jurídicamente de la democracia liberal  es un sujeto autorreferencial. Su autonomía jurídica se basa en que, según los teóricos,  la sociedad es sujeto de derecho distinto al grupo societario al que pertenece. Es decir que a pesar de pertenecer a la masa, el sujeto de autonomía jurídica, “no necesita de ella”, volvemos a la misma cuestión, es un sujeto que se define a sí mismo, desde lo autorreferencial.

 

La democracia es un conjunto vago, pleno de conflictos, sin anclaje, donde las fronteras clásicas se ramifican como en la imagen de un objeto fractal a punto de pasar al interior del individuo mismo… La dominación absoluta del mercado lejos de representar una nueva definición referencial no se puede pensar sino como la suma, el triunfo absoluto, de la auto-referencia. (...) Como la autonomía jurídica, la libertad del mercado, eventualmente total, es una efectuación socioeconómica de la definición autoreferencial del Sujeto.[5]Sujeto que “goza” de plenos “derechos políticos y ciudadanos”, que lo sostienen como en “libre elector” y consumidor de mercancías. En suma y siguiendo a Hugo Ferullo la economía de mercado reconoce como vocación original la configuración de un orden social basado primordialmente en el encuentro de personas libres. Paradoja fundamental, una sociedad de personas libres. Aquí acentuamos, la libertad de un sujeto radica en que tiene jurídicamente el derecho de elegir en una economía que le oferta mercancías, y que puede en nombre de ese derecho demandar a quien sea con tal de que su goce sea permitido.

 

Elemento segundo:La diferencia de los sexos y la perversión

 

Intentaré articular ahora la cuestión de la diferencia entendida ésta en el terreno del psicoanálisis como “la diferencia de los sexos”, recordemos del texto de Freud del año 1925 Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos, trabajo fundamental pera pensar el Edipo freudiano y sus consecuencia en cuanto a la sexuación del sujeto. Retomaré las elaboraciones que realiza Miriam Pardó quien haciendo un recorrido por los tres tiempos del Edipo que Lacan articula y tomando las aportaciones de PieraAulagnier expone que la angustia de castración, en tanto que atributo exclusivo del estadio fálico, se encuentra relacionada con la irrupción en el campo del sujeto de un doble enunciado: el que revela realidad del deseo del padre y la realidad de la diferencia de los sexos.[6]Es muy conocida ya la lectura que Lacan hace del Edipo freudiano, no acudiré a ello en este trabajo, lo que me interesa es ubicar lo que se articula en relación a la diferencia sexual, la castración y la consiguiente asunción del sujeto de deseo. Cita Pardo a Aulagnier y a Castoriadis:Tal hito decisivo (la angustia de castración) implica que la diferencia de los sexos haya sido aceptada como no reversible[7] y que haya llegado, en tanto que causa del deseo, a tomar el lugar, a suponerse a lo que hasta entonces no podía percibirse sino como una “falta” no simbolizable y por lo tanto no aceptable.[8]

 

En esta cita se da un carácter fundamental y decisivo a que la diferencia de los sexos haya sido aceptada, no siendo reversible, única posibilidad de que la castración opere para provocar la división subjetiva, causa del deseo. Dice Pardo que en este punto decisivo falla el perverso, dado que la castración exige una simbolización, operación que el perverso va a borrar mediante la renegación, el desmentido.

 

Estamos entrando a lo que se puede pensar en psicoanálisis como las estructuras clínicas en relación a los pasajes por el Edipo, la represión, la renegación o desmentido y la forclusión, en relación al falo, al Nombre del Padre. En el caso del desmentido, de la renegación de la diferencia sexual, esto en Freud, tenemos que para el perverso permanece la certeza de unaunisexualidad originaria yuxtapuesta a la idea del padre como  agente de la “castración real”. Esto ocurre como sabemos entre el segundo y tercer tiempo del Edipo, es decir, pudiendo ocurrir la castración del sujeto con la operación del Nombre del Padre como portador de la Ley, y por lo tanto hacer el corte en la ligazón imaginaria entre el hijo, el falo y la madre, el mecanismo que ocurre es el desmentido.

 

Ocurre aquí, que no basta que el padre tenga un pene y que la madre sea mirada como “mutilada” por el padre, sino que la madre desee al padre como portador de un brillo fálico, siendo el padre investido por el deseo materno, la madre quedará prohibida al goce del hijo, pero será ubicada como mujer deseada en una operación que causa la espera en el psiquismo del niño, la promesa que articulará el deseo. Pero para ello, es aquí enfática Pardo, no es sólo necesario que el sexo femenino sea reconocido en esa no reversibilidad sino que el padre sea deseante de esa diferencia, que haga de la mujer un semblante del objeto a.

 

Esto me conduce a pensar una arista de este trabajo, ¿hacia dónde apunta el deseo del padre contemporáneo?, recordemos al padre de Dito, era un padre que caía. La diferencia por lo tanto estaría ubicada en el lugar de un significante del deseo, consecuencia de la castración simbólica. Y es justo aquí a donde quería llegar, cito: …implica que en nombre de esa “diferencia” de sexos que remite al concepto fundamental de lo no idéntico, de la alteridad inalienable del otro, se renuncie a la omnipotencia de un deseo que apunta a hacer del otro y de su deseo lo que vendría a colmar, a suturar ese punto de falta que define al sujeto como sujeto deseante.[9]¿No les suena esto a eso que ocurre hoy día en la economía de mercado con la función que tendría la mercancía de,por un lado,taponar el deseo y por otro  borrar las diferencias? ¿No es este concepto fundamental de lo no idéntico, de la alteridad inalienable del otro, lo que el nuevo sujeto autorreferencial viene a suplantar? Sabemos que para renegar de la castración el perverso se construye un fetiche, y bien, todos creamos fetiches, seamos neuróticos o perversos, lo que diferencia las posiciones entre ambas estructuras es que en el perverso el fetiche viene a constituirse como premisa, sustituto de la falta, de la diferencia. Pardó acentúa que lo que permanece inaccesible para el perverso es la simbolización de la “falta” encarnada por la diferencia.[10]Es entonces cuando la diferencia se torna insoportable, precisamente por su efecto de separación, ahí donde la ligazón imaginaria del primero tiempo del Edipo operaba, vía la libidinización de la diada  madre-hijo. Recordando que lo que conduce a la castración simbólica es la vehiculización del deseo de la madre hacia el padre, operatoria que implica que el padre sea deseante de la diferencia que representa la madre. Lo que el perverso desmentirá es precisamente esto, que la madre desee al padre, que la madre esté castrada, que hay diferencia sexual a ser deseada. En este desmentido de la castración, de la diferencia, coinciden los psicoanalistas, existe una madre que monta la escena para una complicidad libidinal con el hijo,ante una complacencia silenciosa del padre. Esto es, que la renegación de la castración simbólica, como desmentido del Nombre del Padre, encargado de tal operatoria, ocurre por una complicidad real de la madre, quien erotiza el lazo con su hijo, haciendo burla de la ley simbólica que porta el padre, la ley de la prohibición del incesto. El padre es burlado, puesto en duda en su potencia, por ello el perverso, en su desafío y transgresión, estará constantemente buscando al padre para pedirle pruebas de su autoridad simbólica y así esclarecer sus dudas; hará un llamado a la ley para transgredirla, como modo de restituir la castración de la madre y hacerla aparecer, otra vez, como no castrada, dotada del falo. En otro plano, el perverso, gozara haciéndose objeto del deseo del Otro al que busca agujereado para taponarlo, y en esto coincidirá con una mercancía ofertada al disfrute del que goza sin límite. El perverso erige “su diferencia” sobre las diferencias de los demás, y con esa operatoria, trata de borrar tales diferencias, buscando con ello restituirse en la certeza que el objeto le otorgaba.

 

NestorBraunstein lo define de la siguiente manera: la perversión es, en esencia, un intento de curación de la falla de la relación sexual y de la irremediable heterogeneidad de los goces… Es característica de la perversión la pretensión de obturar todo lo que proviene de loinsabido del sujeto.[11]

 

Lo insabido del sujeto remite a que no hay relación sexual, porque precisamente la diferencia, entre lo que atañe al goce fálico y al goce Otro son senderos por los cuales el sujeto balbucea, pues no hay significante que pueda nombrar lo que de real tiene el goce. Lo anterior es la elaboración de la clínica psicoanalítica,  ello no está para nada alejado de lo que Charles Melman, muy polémicamente, establece como la emergencia de una “nueva economía psíquica”. Dice Melman que “estamos asistiendo a una evolución hacia el matriarcado generalizado que sustituirá al patriarcado devenido obsoleto” En consonancia con el análisis del fenómeno de la posmodernidad, sobre la caída de los metarrelatos, Melman hablará de la delicuescencia del Otro, de la caída de los “grandes textos” , de la declinación del Nombre del Padre, como muchos otros psicoanalistas, PhillipeJulien por ejemplo, a su vez RolandChemama[12] llegará a plantear la emergencia de una “clínica social” problematizando las cambios a nivel social y cultural en relación a los malestares contemporáneos, a la par, con planteamientos distintos pero con el mismo énfasis, Jean Pierre Lebrun[13]propondrá una clínica psicoanalítica de lo social, a razón de que advierte un sujeto gozante del discurso de la ciencia.

 

Para no alejarme tanto sólo recurriré a comentario de Lacan que nos permitirá articular la cuestión de la economía de mercado y la cuestión de la perversión en relación a la diferencia: Lo que distingue al discurso del capitalismo es esto: la Verwefung, el rechazo, el rechazo fuera de todos los campos de lo Simbólico, con lo que ya dije que tiene como consecuencia. ¿El rechazo de qué? De la castración. Todo orden, todo discurso que se entronca en el capitalismo, deja de lado lo que llamaremos simplemente las cosas del amor, amigos míos. ¿Ven eso, eh? no es poca cosa![14]

 

Elemento tercero: la perversión generalizada, el goce fetichizado en el objeto de consumo.

 

Seguiré la propuesta de Charles Melman quien nos dice que estamos asistiendo a la emergencia de una “nueva economía psíquica” donde la operación que aseguraría la transmisión fálica, es ahora efectuada por la madre como una “donación imaginaria” , don directo que no cruza por la castración, sucediéndose así el imperio materno del mundo del confort, la dulzura, la tibieza, la bondad de la positividad materna, lo sin límites. Según Melman, en este régimen el significante no remite a otro significante, donde el sujeto estaría representado para otro significante, sino que se sucede un reenvió a un objeto ideal sustanciado, ofrecido para ser gozado sin límites, consumido. Es entonces que este objeto de consumo, hace de representación del sujeto. Es este el “nuevo hombre sin gravedad”, que despojado del número 0 como punto de partida, del 0 del padre castrado que no sería más que un número frente a lo innumerable de la madre, estaría suspendido, sin centro.[15] Bajo este postulado Melman expone algunos puntos a considerar, a saber, la caída de los grandes textos, muy en consonancia con la caída de los metarrelatos de la posmodernidad advertida por Lyotard. Esta caída de los grandes textos, siendo para Melman el últimos de ellos el del marxismo, que servían de gran Otro, es a lo que denomina “la delicuescencia del Otro”. De las consecuencias más importantes de esta delicuescencia sería el predominio de la horizontalidad del diálogo con el semejante, una especie de dialogo en el espejo, sin intervención del mensaje del Otro, dialogo con predominio imaginario. Ana Cecilia González articula en su reseña del libro de Melman muchas más consecuencias de esta delicuescencia del Otro, a saber la descreencia de los saberes y las ideologías comunistas; la economía de mercado y su ideología que invita a abolir las restricciones al goce que vendrían del Otro; la invitación a que “vivamos todos en el exceso”;  le legitimación “democrática y liberal” de legitimar cualquier goce; la renuncia a las particularidades en pos de una “comunicación horizontal” a nivel global; relaciones sociales basada en un contrato dual que borran la terceridad del Otro; la predilección por el signo y la imagen como modo de comunicación más directa vía un desinvestimiento del lenguaje; la avanzada científica para la fecundación haciendo no necesaria la presencia del Otro como potencia fálica; la no ubicación de un Amo sino de objetos de consumo ofertados al goce; la decadencia de la función paterna, del ancestro fundador de nuestro linaje, “guardián de la castración y límite del goce”; la promoción social del objeto a donde el objeto que era rechazado del campo de la representación por la afirmación freudiana, ese objeto caído, obsceno, hoy es digno de atención, esto es que estamos empujados a vivir entre nuestros deshechos y además gozar con ellos  donde el goce fálico cede su paso al goce fetichizado del objeto. El cambio en nuestra cultura, dice MelmanConsiste en que el desarrollo de la economía liberal, como la llaman, ha venido mostrando que el lugar del amo ya no está ocupado por una figura encarnada, como siempre lo ha sido en la historia, sino que -y ésta es la gran sorpresa que someto a su reflexión- el lugar del amo, aquel que nos rige, que nos determina, que regula nuestra conducta, que organiza nuestra moral... está ahora ocupado por un objeto: el objeto de la satisfacción, el objeto del goce, aquél mismo que Marx denunciaba como un fetiche. Así no es absurdo decir, hoy en día, que lo que ahora ocupa el lugar del poder es un puro fetiche y, este por ende no tiene ningún límite, ejerce su poder sin restricción, un poder absoluto que barre con el pudor y la moral, que trastoca la vida de las familias, las concepciones del hombre y de su dignidad.[16]

 

Tales consecuencias de la delicuescencia del Otro, imprimen una visión digna de análisis en la que, para fines del presente trabajo me remitiría a rescatar la concerniente la fetichización del objeto como modo en que el sujeto goza, es decir, que la caída del Otro implicaría la asunción por medio de la economía de mercado de un objeto obsceno ofertado imaginariamente como taponador de la falta que traduce la castración del sujeto, y por ende como objeto obturador de la diferencia, aspecto que ya desarrollábamos en relación con la perversión, un desmentido de la diferencia, por medio del fetiche que llega a colmar lo que la castración provocaría, esto es la falta, pero aún más, el deseo. Tenemos la polémica posición de Milmaniene para quien las consecuencias de la declinación del Padre y su desconocimiento en relación a su antecedencia en el saber, se pueden ubicar en, por una parte las patologías del goce o del vacío, donde puntúa las adicciones, los trastornos alimenticios y las actuaciones delictivas, estas últimas expresión de “pulsiones sin negativizar” por la incidencia del Nombre del Padre;  las perversiones, en las que denuncia que así como el exceso de la presencia de la figura paterna –autoritarismo– generó represiones e inhibiciones neuróticas, por el contrario, su déficit origina la prevalencia de estructuraciones perversas en sentido amplio, es decir, actitudes que implican la recusación de la Ley sea a través de su desafío provocativo, sea a través de la desmentida de la diferencia sexual, tanto en los estilos existenciales como en la vida erótica. En nombre de la legítima e irrenunciable igualdad de derechos de las minorías sexuales, se infiltra la convicción del valor y la “normalidad” de cualquier orden de elección erótica, más allá de la diferencia sexual anatómica.[17]

 

Baste con lo anterior para sugerir los anudamientos entre el estudio de las perversiones, su “generalización” a partir de la delicuescencia del Otro, de la declinación del Nombre del Padre, “la generalización del matriarcado” y los efectos de la economía de mercado como fenómeno social donde la mercancía viven a ocupar ese lugar de vacío en el saber, de objeto que falta en la estructura subjetiva, de obturador de deseo, de fetiche que se goza,  de burlador de la diferencia en pos de la “igualdad de oportunidades”, de igualdad de goces, en un régimen político que se autodefine como “democracia liberal” donde el sujeto autónomamente jurídico tiene la posibilidad de demandar a quien atente con su derecho a saber gozar. Recuerdo slogans de algunas marcas del mercado, “y tu te vas a quedar sin disfrutar de…” “este es el objeto de tu deseo”, “para que no te quedes con las ganas” etc., o aquel donde un producto de una marca de jugos cae encima a alguien que se manifiesta políticamente y remata “porque quieres un mundo diferente y más sano… eres lo que bebes”, esto es eres el producto.

 

Seguimos con Melmaniene …El vacío que emerge en un mundo sin límites y sin Ley  apetece exclusivamente para ser obturado de objetos pulsionales excesivos, tales como el alcohol, la comida o las drogas. Incapaz de metaforizar, el sujeto acéfalo se debate en un actingpermanente, pleno de la euforia que procura un goce desaforado, puro masoquismo al servicio de la auto o hetero destrucción.[18] Este mundo sin límites es precisamente el mundo de la economía de mercado, donde el objeto mercantil viene a representar el triunfo del “poder de elección”, que empuja al sujeto a una imaginarización de la completud, donde la convocatoria a “ser diferentes” es solamente un artificio para el goce del objeto que borra la diferencia, es decir, que para ser diferente requieres de este objeto de mercado. Por lo tanto si hay un otro que encarna una diferencia de otro goce, más allá del fálico, más allá de la tenencia, más allá del fetiche, será visto como una amenaza, insoportable, más aún el borramiento del que desea. Pensar en una perversión generalizada implica pensar el modo en que se articula el lazo social, donde la diferencia viene a ser desmentida.

 

Elemento cuarto: La pregunta por la diferencia en la objetocracia.

 

Si asumimos las propuestas anteriores tendríamos que aceptar que vivimos un tiempo de promiscuidad con los objeto del mercado, goces incestuosos que desarticulados de lo Simbólico, proliferan en imaginarios coagulados, en las aguas pantanosas del “para todos los gustos”, de la “equidad de género”, de lo unisex, del “mundo a la carta”, que no son más que simulaciones de lo que subyace en la el fondo como motor, el surgimiento del sujeto autorreferencial, autónomo jurídicamente, “sin ataduras”, gozador más que deseante, cínicamente “Yo soy yo, el más chingón”.

 

Si lo que permite que haya sujeto de deseo es precisamente que haya un objeto radicalmente perdido, ese objeto caído  producto de la castración simbólica, eso que queda fuera del campo del lenguaje por ser su tope mismo, el agujero en el Otro, garante de su propia tachadura,  ese objeto, como decíamos, resto de la operación de la castración, ese objeto que en su inaprehensión provoca el deseo y por lo tanto el lugar inaccesible al saber, ese no representable, está ahora empujado a ser presencia tangible, gozable, el objeto mercantil.  Este es el dispositivo que subvierte la mutación cultural introducida por el liberalismo económico alentando un hedonismo desbridado. De esta manera, no es más una economía psíquica centrada sobre el objeto perdido y sus representantes la que está avalada; por el contrario, es una economía psíquica organizada por la presentación de un objeto en adelante accesible y por la realización hasta su término del goce.[19]

Vamos perfilando ya bastante lo que es el planteamiento central de mi reflexión, la diferencia no puede ser soportada porque ahí donde debiera responder la singularidad del sujeto de deseo, responde el goce, goce que reniega de la castración, que desmiente la perdida de objeto. Es un tener acceso a lo que se supone no se puede acceder. Y se puede acceder a él porque el objeto está ahí, al frente, exhibido en su materialidad tangible e impostergable, si no “original”, sí “pirata”, pero hay. 

Y si hablamos de un desmentido de la castración, estamos hablando de un desmentido de la diferencia, diferencia que implica una heteroreferencia, el sujeto es lo que representa a un significante para otro significante, formula lacaniana, S1-S2 como cadena mínima quizá pueda advertirse como S1-adonde el sujeto no es representado sino por el objeto que consume. Esto es una rellenado de la oquedad, de la diferencia, pero también de la heteroreferencia, algo que Dufour en palabras de Sladogna ha analizado ampliamente. El sujeto se define a sí mismo sin requerir de terceros, la autorreferencia nos arroja a un sujeto que ha asesinado sus antecedentes, su herencia, la tejedura de su hechura, su historia. Sin Dios, sin Physis, sin Padre ha renegado de una trasmisión, la de la castración, la del incesto, para ubicarse en el lugar de todos ellos, Yo soy Yo.  … la referencia registra en el psicoanálisis un hecho propiciatorio: el probable analizante recurre al análisis cuando “su” sistema de referencias, con el cual vivía su experiencia ante la vida, ya no responde. Concurre al análisis pues hizo la experiencia salvaje de verse sorprendido por la vacilación de sus referencias.[20]

Continuando con el asunto del objeto del mercado y el goce fetichista quiero ahora acudir a los desarrollos del Dr. Braunstein para quien el nuevo discurso, postcapitalista es el discurso de los mercados, donde quien establece los senderos, quien dicta las reglas en este mundo globalizado es el objeto mercantil, dispositivo que opera como troquelador, moldeador, cursor de los sujetos. Estos objetos producidos masivamente, cargados de un saber misterioso para sus usuarios, condenados a una rápida obsolescencia, vertiginosamente desechados y remplazados por otros, han dando un nuevo rostro a la sociedad del capitalismo tardío y son la concreción material de un nuevo discurso al que podemos caracterizar con los matemas del álgebra lacaniana. El objeto a es, así, el agente del discurso del mercado.[21]

El objeto aes el agente, el que comanda, el que gobierna, objeto multiplicable, reciclable, vuelto a suceder, “indispensable”, “alcanzable”; retornable, reversible, el gadget de la época postindustrial, que pretende ocultar la división subjetiva, pero que al mismo tiempo la muestra. La experiencia vivida subjetivamente es la de la de una especie de angustia mortificante que tiene que ser adormecida en la inmediatez del tiempo real. El capitalismo propone un tipo de experiencia marcada por el individualismo y la fragmentación que nos homogeneiza en nuestras diferencias. Promueve la ocultación de cualquier límite, corte, o división subjetiva bajo la promesa del completamiento mediante los objetos. En este marco, las diferencias, fomentadas como ruptura y liberación de cualquier estructuración coercitiva, son reducidas a un mero deslizamiento entre fragmentos de lo que no cambia, lo Uno-Todo del propio capitalismo como trasfondo universal abstracto.[22]

¿No es ello un mecanismo propiciatorio de una perversión generalizada, en un plano social, donde la castración se desmiente?  ¿Donde la diferencia se reniega?, ¿Donde el objeto obsceno es recuperable, reinsertable? ¿Dónde no es posible un límite al goce?

El objeto entonces comanda, la objetocracia es lo que vaa guiar el acontecer subjetivo del sujeto de goce, del sujeto sin límites de la democracia liberal. El objeto de la economía de mercado es así el “santo y el demonio” de las subjetividades contemporáneas, consecuencia de lo que vino a provocar la muerte de los ideales, la caída del muro de Berlín, que representaba la posibilidad de la diferencia, de las referencias.

Con ello quiero dejar claro que no estoy juzgando nada, más bien dejo abierto el debate entorno a lo que ha venido a posicionarse como el sujeto que, en nombre de su derecho democrático y liberaltiene la facultad de consumirlo todo, que en nombre de su goce ha venido a borrar las diferencias mediante escenificaciones perversas, que en nombre de su repulsa de lo insoportable, de la castración viene a “legitimarse ” como sin límite, libre de ataduras,  no dividido,como sujeto empujado al goce, sujeto gobernado por elimpero de unobjeto. Tampoco propongo que la democracia sea un régimen indeseable, todo lo contrario, sólo un régimen democrático pude permitir el lazo social más allá del Señor y del Siervo, lo que quiero advertir es sobre los nuevos modos de subjetivación en el régimen democrático liberal en relación con la economía de mercado, también es cierto que no tengo por ahora elementos para hacer una contrastación con otros regímenes políticos, baste esto para dejar ver mi posición. Con ello me pregunto ¿QuÉ lugar queda para el deseo en estos tiempos donde la subjetividad está comandada por la objetocracia? ¿Qué lugar para la diferencia en una sociedad gobernada por el objeto del mercado? Pareciera ser que la diferencia es lo monstruoso del sistema postcapitalista, esa monstruosidad insoportable que tiene que ser maquillada, ubicada en espacios de escaparte para sólo así soportarla, colocándola en serie con el espectáculo y hacerla entrar en la vorágine como excepción que completa lo homogéneo, sólo así, revistiéndola del brillo de su deshecho, volcada a ser un estandarte para la demagogia de quienes la violan para domesticarla, diferencia que termina siendo tragada por el consumo mismo, diferencia que encarna los defectos escandalosos de lo humano, diferencia que termina siendo ridiculizada para erigir los cuerpos angélicos de la era postcapitalista.

En cuanto se padece un defecto aparece una opinión propia

George Lichtenberg

Como lo dice muy poéticamente  Carlos Skliar, “y allí está lo monstruoso, lo bizarro, no aquí, allí, para que nada nos perturbe; para que todo siga siendo pura mediocridad de cuerpos semejantes”. Para que todo siga siendo el emparejamiento, el pulido, el lijado de rebabas, el esmerilado de la chuecura, el desmentido de la diferencia, la homogeneización, la hojalatería de los defectos. ¿A dónde virar? Valdría la pena preguntarnos como lo hicieron hace algunos años José Francisco Zapata y Jesús Nava en entrevista al gran poeta Juan Bañuelos¿Hacia dónde va mi donde?

 

 

 

[1]Es la propuesta de Dany Robert Dofour para quien el hombre autorreferencial es el sujeto de la locura en la democracia de masas, lo autorreferencial estará constituido en la subjetividad contemporánea por la autonomía jurídica, propia de la democracia; la cuestión referencial toma fuerza junto con el elemento de lo unario, concepto tomado de la teoría lacaniana, tal concepto de lo unario nos lleva a pensar con Dufour que La lógica unaria, introduce en el corazón de todo sistema demostrativo y argumentativo, definiciones catastróficas que se diseminan inmediatamente por todas partes. En lugar de anudar, de concluir, la proposición unaria suspende indefinidamente toda conclusión, inserta una acumulación de incomprensión y de incertidumbre, en un sistema. De éste, emana el espectro absoluto para todo pensamiento que se organiza: el de la regresión al infinito. Esta lógica unaria constituiría la forma en como se sucede lo autorreferencial hoy día, un sujeto que se define a sí mismo en un equívoco que pasa por certeza, que regresa infinitamente sobre sí misma. La aparición de una definición auto referencial, después de todas las definiciones referenciales que miden la historia humana, ha firmado el advenimiento en la historia de una nueva y última forma histórica, la democracia de masas, fundada sobre un nuevo Sujeto autónomo jurídicamente.

[2]Mandelbaum Michael, Las raíces de la democracia moderna, Artículo publicado en eJournal USA Departamento De Estado De Estados Unidos,Oficina de Programas de Información Internacional, Junio De 2008Volumen 13 / Número 6

[3]Idem.

[4]Dufour D. R.(2008)El arte de reducir cabezas, Sobre la nueva servidumbre del hombre liberado en la era del capital total. Argentina. Paidos.

[5]Dufour Dany-Robert. (2007) Locura y democracia, ensayos sobre la forma unaria. México. F.C.E

[6]Pardo F. Miriam. La Perversión como estructura. Límite, Revista de Filosofía y Psicología, Volúmen 1, N° 13, 2006

[7]Las negritas son mías.

[8] En PardóOp.Cit.

[9]Idem

[10]Idem.

[11]Braunstein N. 2006, El Goce, un concepto lacaniano. Siglo XXI, México

[12]Se puede leer de este autor un sugerente libro enditado por Nueva Visión: Depresión, la gran neurosis contemporánea, donde, entre otras cosas articula la depresión con cuestiones referidas al modo en como transcurre el  tiempo hoy en día, a como la caída de las religiones erige una nueva “mística sin Dios”. Es con ésta última idea con la que define la depresión ubicándola en el campo de la neurosis contemporánea. 

[13]De Jean Pierre Lebrun se puede consultar su libro Un mundo sin límite. Ensayo para una clínica psicoanalítica de lo social. Ed. Del Serbal. Argentina.

[14]J. Lacan Seminario 19 bis, Ou Pire. Versión electrónica.

[15]Ana Cecilia Gonzálezen la reseña del libro de Charles Melman, La nueva economía psíquica. La forma de pensar y gozar hoy desarrolla planteamientos interesantes en torno a los malestares contemporáneos.

[16]Fragmento de la conferencia La Autoridad en Psicoanálisis, dictada en la Universidad Nacional en Bogotá Colombia el 4 de agosto de 2004,  Edificio de Postgrados en Ciencias Humanas. Escuela de Estudios en Psicoanálisis y Cultura.Selección: Ana María Gómez Caurel.Traducción: Tania Roelens.Con-versiones, Octubre 2007.

[17]Milmanienen J. E. Padre y subjetividad contemporánea, se puede encontrar en red http://www.elsigma.com/columnas/padre-y-subjetividad-contemporanea/9842

[18]Idem

[19]Melman C. 2005, El hombre sin gravedad, entrevista con Jean-Pierre Lebrun-, UNR editora, Rosario, Argentina.

[20]Sladogna Alberto, La caída de la referenciaen Fractal, Revista Numero 26 Julio-Septiembre 2002

[21]Braunstein N. El Discurso Capitalista ¿Quinto Discurso? El Discurso De Los Mercados (Pst) ¿Sexto Discurso? Revista Fractal Numero 53-54 Abril-Septiembre 2009

[22]Ema López J. E.Capitalismo y subjetividad. ¿Qué sujeto, qué vínculo y qué libertad?Centro de Estudios Universitarios de Talavera de la Reina Universidad de Castilla-La Mancha España

 

 

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