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EL ARTE, EL JUEGO Y LA SUBJETIVIDAD:
FORMAS DE SUBVERSIÓN DEL PERJUICIO DEL CONCEPTO "DISCAPACIDAD"

Zardel Jacobo

 

 

 

 

Resumen: En este trabajo intentaré replantear, reflexionar y subvertir el término, concepto o idea de "discapacidad" a través de aproximaciones filosóficas, sociales y del campo del psicoanálisis y articular el arte, el juego y la subjetividad como formas de subversión del perjuicio del concepto "discapacidad" e introducir como alternativa otras formas de ser y estar humanamente en el mundo.
 
Palabras clave: “discapacidad”, subjetividad, psicoanálisis, deseo, arte, juego.

“Cierta sordera a los significados lingüísticos ha tenido como consecuencia un tipo de ceguera ante las realidades a las que corresponden”[1]

 

Es un orgullo la presencia en la FESI-UNAM de una revista como Errancia ya que representa un espacio de apertura a las formas del pensar que difícilmente se aceptan en la mayoría de las revistas del ámbito de la psicología, pedagogía, salud y educación. Nuestra institución: Iztacala desde su fundación fue propuesta como punto de articulación del campo de la salud y la educación. Lamentablemente la fragmentación y aceptación de formas dominantes en el campo del saber, siguen tendencias a las que se les ha impuesto una mirada antes que científica, diría más bien cientificistas por el carácter de rigor, homogeneidad y una especie de formato, que en la búsqueda de criterios que intentan asegurar lo científico-académico pierden la esencia del saber ya que aseguran formas de hacer y descuidan la reflexión, la crítica, la innovación y con ello el carácter de transformación tan necesaria a la tarea universitaria. Pensaría que nos mantenemos en lo que Kuhn definiría como la legitimación de paradigmas, en su reproducción que mantiene una visión de mundo, de pensar, de ser y hacer. Las aproximaciones filosófico-ético y sociales casi no tienen cabida en ciencias donde predomina lo experimental y tampoco la formación de los estudiantes contemplan, dentro del espacio curricular, una materia en filosofía que finalmente nos brinda la oportunidad de pensar la relación del hombre consigo mismo, con sus otros y con la naturaleza. De los porqué y para qué sustanciales de la existencia humana. La mayoría definiría que su objeto de estudio no se encuentra relacionado con lo filosófico.

 

Resulta que este corte restrictivo puede volverse enajenante ya que se torna sospechoso cualquier otro discurso que no ha sido reconocido en el ámbito del paradigma. Así términos como subjetividad, emociones, pasión, poder, que se juegan en el ámbito de cualquier práctica social, incluida la científica, se omite como variable que irrumpe e impide el devenir científico. ¡Cuánto espacio ha perdido la filosofía en el ámbito de todas las disciplinas naturales, duras o cuantitativas!

 

A manera de ejemplo me referiré al tema de la discapacidad que podía articular el campo de la mayoría de nuestras disciplinas en la FESI: Medicina, Biología, Psicología, Enfermería, Salud y Educación. Los trabajos finales de algunos estudiantes de psicología en la materia de Educación Especial VII y VIII que imparto, han mostrado cómo el concepto de “discapacidad” se encuentra asociado en docentes y estudiantes de nuestro campus, prioritariamente dentro del ámbito de la falta, ausencia, alteración, disfunción biofisiológica y psicológica. Algunas respuestas de docentes y estudiantes dan cuenta del orden socio-económico como factor determinante. Sin embargo, existe un consenso que la discapacidad es algo que le ocurre a un individuo, está en el individuo, la tiene, la adquiere, la padece, y en la mayoría hay una visión de tratamiento predominantemente del orden de la rehabilitación y educación acorde a las características que se “padezca” o resulte afectada. El discurso educativo más progresivo dirá que la intervención psicológica consiste en ubicar no la discapacidad sino las necesidades educativas especiales (NEE) y realizar un proceso de integración a través de adecuaciones curriculares y la eliminación de las barreras sociales impuestas culturalmente y que dificultan la plena normalización del sujeto con discapacidad a los beneficios equitativos que por derecho le corresponden.

 

Por ello Errancia representa un espacio en donde se expresen formas alternas de pensar problemáticas actuales que atraviesan nuestro ejercicio académico. En este trabajo intentaré replantear, reflexionar y subvertir el término, concepto o idea de “discapacidad” a través de aproximaciones filosóficas, sociales y del campo del psicoanálisis y articular el arte, el juego y la subjetividad como formas de subversión del perjuicio del concepto “discapacidad” e introducir como alternativa otras formas de ser y estar humanamente en el mundo.

 

 

A. Primer apartado: Premisas

 

1. La primera premisa parte de considerar que el sujeto no es sino sujeto social. Hablar de la subjetividad es hablar de la constitución humana. Un sujeto que adviene, que tiene que pasar por un proceso para su constitución como tal. No es de socialización de lo que hablamos, es más radical, no es un sujeto que nace y realiza un proceso de socialización asociado a la idea de desarrollo. La tesis implica que se accede a la subjetividad desde un otro. La constitución obedece a la travesía constitucional de y por la diferencia. Al camino del desarrollo le precede una operación primaria de constituirse a partir de un mundo constituido. Por ello desde la filosofía Heidegger planteó el lenguaje como lo relacional del hombre y la historia como el código cultural que le preexiste al sujeto antes de su advenimiento como tal. Hay un llamado a la existencia, ese llamado implica un registro simbólico, una función que culturalmente define los términos de qué figura o función se hará cargo de hacer venir a un sujeto al mundo, al mundo social, cultural. Así las funciones básicas del entramado cultural la conforman: la función materna y la función paterna. La primera hace un llamado a la existencia, y la segunda al orden cultural regulatorio. El universo cultural simbólico es la morada que antecede a todo humano.

 

Por ello se denomina sujeto, por estar sujeto a, atado, en relación, articulación, para producirse en su constitución. Una mirada filosófica permite pensar los efectos de la producción cultural en los saberes. Por tanto, la interrogante del carácter social como consituyente de la biología, la medicina, y el resto de la producción del saber científico resulta por demás pertinente.

 

Partamos entonces de que el sujeto es primero y ante todo un sujeto social. Una premisa que Errancia ha hecho suya.

 

Lo anterior es un combate frontal al individualismo. Citemos a Gasca quien plantea que “el cuerpo social nos constituye a todos”[2]. Pertenecemos de origen a la vida colectiva y su especificidad como género humano corresponde a la cultura y la politicidad. En el devenir de nuestra historia, se da un pasaje al sujeto individual, el cual fue un advenimiento a una sujetidad privada, una mismidad. Así, el mismo autor señala que: “La «yoidad» es la negación abstracta de la existencia colectiva. El concepto de sujeto como un yo, como individuo requirió un pasaje de “olvido” u omisión de lo social-cultural como condición estructurante de su advenimiento como sujeto.

 

A partir de la tesis anterior, las teorías que abordan al sujeto como individuo, tendrían que ser replanteadas a la luz de la pertenencia social originaria. La fundamentación del sujeto como indiviso, unitario, llevó al hombre a no reconocerse en los suyos, sus semejantes, y por tanto vivir en “exilio de su patria colectiva”[3]. De ello da cuenta la “soledad gregaria”[4] en nuestro tiempo en el que la generisidad social es inadvertida y los semejantes pasan a estatuto de extranjeros, diferentes, ausentes. Lo social se volvió alteridad irreconocible.

 

Sin embargo, será necesario considerar que la constitución de la identidad del sujeto depende de la alteridad, de lo que queda fuera, de esos otros. No puede establecerse una identidad sin la diferencia, sin esos otros que enmarcan la identidad cultural que involucra...“el entrelazamiento de la multiplicidad, pluralidad y co-pertenencia al código de lo humano”[5].

 

2. Ser sujetos de cultura y politicidad requiere considerar el proceso de humanización desde dos vertientes: el proceso de producción y reproducción de bienes y el proceso de comunicación: la semiosis.

 

2.1. El primero destaca la relación hombre-naturaleza para proveerse, y preservarse. De una relación a veces armónica, a veces tensa, pero de forma continua y de interioridad con la naturaleza, el hombre la transformó en una predominancia de superioridad y control y la extendió a la relación del hombre con otro hombre. La dialéctica hegeliana establece una relación desigual de dominio entre un hombre, (dominador) y otro hombre (dominado) siendo este último el que media entre el dominador y la Naturaleza. De la relación entre el dominado, (por ser quien le trabaja al dominador) y la naturaleza se produce un plusvalor que resulta a favor del dominador, de ahí la desigualdad. Un excedente de valor, sobrante de lo que se paga y lo que se produce, se obtiene una ganancia, una plusvalía. En la modernidad incluso, el hombre dominado que tenía la función de mediación con la naturaleza, ha resultado él mismo un instrumento y desplazado por otros instrumentos técnicamente de mayor valor. La máquina va desplazando al humano y lo va sustituyendo por la técnica. Walter Benjamin desarrolla el peligro del sistema de aparatos que priva entre los hombres. El primer peligro es que el hombre mismo advenga totalizado como instrumento y su condición humana se diluya, se olvide, y adquiera una indiferencia total ante el plusvalor que puede ser generado.

 

Así el sistema de producción ha llevada cada vez más al olvido de lo humano y a la producción y creación exacerbada de necesidades, bienes, etc., lo que se traduce en la oferta implacable y desmedida que genera una demanda insaciable de “bienes”, de tal suerte que quedó invertido el esquema originario: la necesidad (demanda) genera la oferta, actualmente la oferta acrecienta y genera necesidades insospechadas. Cada vez tenemos menos y queremos más. Cada vez se exigen mayores competencias y mayor preparación para introducirse al mercado laboral.

 

2.2. Por otro lado, resalta relevante en lo humano lo relacional que se realiza vía la comunicación, el lenguaje y la producción semiótica que lo caracteriza. La cultura resulta el reservorio identitario bajo el código y subcódigos semióticos. En palabras del filósofo Bolívar Echeverría:

 

La cultura es “cultivo de la identidad” y su cultivo implica un movimiento contradictorio de su propia identidad. La cultura sólo “sobrevive si se permite el cultivo crítico de la identidad, la misma requiere ser puesta en cuestionamiento”[6] y la posibilidad de ello depende de como se reciba, incorpore o excluya la diferencia, si se permite el encuentro y no la eliminación de la diferencia. El concepto de diferencia, conlleva al concepto de alteridad, el otro. Sin embargo en la bibliografía se distingue entre el otro”, “el Otro” y “lo Otro”. Denominaré “el otro” como el semejante, y el movimiento de extrañeza que a veces implica en su reconocimiento, de ahí que se pueden volver “los otros”, los diferentes, excepcionales, enemigos, etc. Es la dialéctica de reconocerse en la mismidad o en la diferencia. El estar abierto o cerrado con los otros. “El Otro” se define como el código cultural dominante y significativo de la cultura que a su vez enmarca, define, posibilita o impide las relaciones entre los “semejantes” y los “otros”. Finalmente “lo Otro” refiere a lo que en el proceso de humanización en la modernidad se conoce como la Naturaleza, el metalenguaje, lo no humano en el sentido de lo que Kant denominó das Ding, la Cosa, lo que escapa siempre al conocimiento, el límite al conocimiento del hombre en el sentido que no todo se puede conocer, siempre hay un resto incognoscible, la incógnita.

 

Lo fundamental para Echeverría “estaría en la relación técnica de lo humano con la humanización de lo extra-humano, del seguimiento del orden con la ordenación misma del caos, de lo “decible” con la “decibilidad” de lo “indecible”[7]Lo Otro, vendría siendo lo indecible, lo extra-humano, implicaría el orden de lo Real en términos de Lacan, o bien la función metalinguística. Implica el eterno esfuerzo del hombre por articular o simbolizar a lo extra-mundano con lo mundano. En términos de Benjamín sería intentar la acción concertada entre la Naturaleza (lo Otro) y la humanidad.[8]

 

Se requiere distinguir el proceso de producción y reproducción no sólo de bienes sino de significados. Así, el carácter práctico de los objetos tiene siempre un carácter significativo; sin embargo en este proceso de producción y reproducción de objetos y semiosis, se da una “emancipación de la significatividad del objeto respecto de la practicidad del mismo, (pierde su relación de la mediación del significado originario de la relación del hombre y su mediación a través de otro hombre con el medio natural y un desprendimiento de la Naturaleza), se genera el plusvalor no sólo económico, sino un proceso aparte de producción/consumo de objetos de significatividad emancipada”[9]

 

La independencia del canal de la comunicación genera la posibilidad de producir significaciones, de tal suerte que en la comunicación humana hay “una especie de dominio del logos”[10] Gravitamos en el lenguaje, considerando la palabra hablada, escrita o iconificada. “El logos dominante, domina de hecho el resto de los canales: olfativo, contacto táctil, gestualidad corporal, intercambio de objetos, etc. Todos ellos son tamizados por un logos dominante y se llega a la construcción de códigos especializados y refinados cada vez más”[11], requeridos para elaborar o recibir ciertos mensajes. Dichos códigos son imprescindibles, como por ejemplo la ciencia natural experimental, la física, ingeniería, química, etc., para producir tecnología que a su vez produce objetos sin que el consumidor tenga la menor idea o acceso a los códigos. (No necesitamos saber de los sistemas de tecnología digital, simplemente ponemos un on y un off, o bien vamos al cine, sin tener que saber el proceso de producción de una película).

 

2. 3. Las significaciones sociales tienden a sujetarse a ciertos códigos que regulan los comportamientos de los hombres y que definen la identidad de los grupos sociales. Los códigos implícitamente establecen la diferencia entre los grupos sociales. Así las significaciones se encuentran “atadas”, “en automático”. Son los pre-juicios de los que habla Arendt[12], nuestra vida rutinaria, cotidiana se encuentra en automático ligada a los códigos que generan los procesos de exclusión entre los hombres y se llevan a la práctica dando por resultado los procesos de discriminación, marginación con la articulación invisible de los significados de los procesos de producción. Estas resultantes de prácticas de discriminación han sido estudiadas bajo los conceptos de ideología, enajenación y alienación.

 

Por ello resulta indispensable el análisis crítico de los procesos de identidad cultural, ya que los mismos han producidos las diferencias y alteridades no reconocidas. Se hace necesaria una actitud abierta con la diferencia, y un riesgo y exposición a ponerse en “ruptura”.

 

Desde esta perspectiva resulta imprescindible acercarse a la discapacidad y realizar las preguntas sobre el origen de su constitución y ver los efectos que han tenido en ella tanto el sistema de producción material como el sistema de producción semiótica. ¿No será la conceptualización de la discapacidad más bien el resultado de los dos marcos de producción dominantes de la modernidad?

 

A partir de estas premisas, la discapacidad puede retomarse como un concepto que tiene una historia de constitución de una diferencia producida históricamente en relación a un proceso de producción económico en donde el trabajo se estableció como la premisa sustancial de la definición del hombre: el homo faber articulado a una producción semiótica del hombre como ser pensante, ambas producciones definen el estatuto de la modernidad. Un sujeto definido en su individuación como pensante, libre y racional fue necesario para instituir el contrato en la modernidad. Hombres que entran por su voluntad en una relación de un contrato en el que se estipulan tanto las condiciones de derecho como de obligación entre el trabajador y el patrón. De la mano con el sistema de producción se definió y constituyó un código cada vez más especializado que daba cuenta de los procesos de la individuación. La psicología y pedagogía coadyuvaron en la a la incorporación del hombre moderno a los procesos productivos a través de términos tales como: normatividad, evolución, y desarrollo que son formas de dar una homogeneidad, una generalización que se articula a lo hegemónico, una forma exclusiva de entender al ser humano. Así por ejemplo, el saber dominante que sostiene el discurso educativo apela a un sujeto en desarrollo y la noción de éste implica una seria de adquisición de funciones, atributos. La primera noción fue considerada desde una antropometría, una sumatoria de umbrales de senso-percepción y discriminación de los diferentes sentidos, así como la medición de características físicas: altura y medición de todas las partes del cuerpo, etc. Diríamos que de entrada el término de inteligencia fue acuñado desde esta perspectiva antropométrica. Las mediciones fueron interpretadas acordes a la recién teoría de la evolución. Galton, familiar de Darwin, interpretó la evolución como una espiral ascendente y lo llevó a postular el término eugenesia, como el cultivo de la raza humana, propiciar su evolución a los máximos umbrales. Desde otras perspectivas más de ejecución y procesos de reflexión Binet acuñó el coeficiente de inteligencia y también elaboró un instrumento de medición de la misma. Así la psicometría encontró rápidamente un auge y Piaget funda el concepto de inteligencia en base a los mismos principios evolutivos de la biología que lo llevó a construir los procesos cognitivos desde una aproximación dialéctica fundamentando la noción de desarrollo.

 

Educación, desarrollo y aprendizaje quedaron articulados. La educación tendría la función de facilitar el desarrollo de los procesos cognitivos y el aprendizaje se valoraba a través de las adquisiciones de dichos procesos.

 

Adquisición es ya un término que conlleva una noción de obtener, como en el circuito del intercambio de mercancías, se van adquiriendo bienes. En el desarrollo de trata de un proceso de adquisición de las potencialidades, habilidades, destrezas, formas de razonamiento de lo concreto a lo abstracto, etc. El proceso de aprendizaje se cobija y equipara con el sistema de acumulación de adquisición de bienes y ello va definiendo los logros del sujeto, su riqueza está en el capital adquirido de bienes, tanto materiales como intelectuales. Así definido un sujeto por sus atributos tenían que tener una noción de norma a la par que el desarrollo. El término de desarrollo ya implica un criterio o noción de normalidad ligado a la normatividad. Veamos.

 

No puede plantearse una normalidad sin los referentes de sus límites, márgenes y fronteras. Sería por la especificación de los límites, diferencias y diversidades que la noción de norma puede ser constituida. El pasaje de la noción de lo normal justificó la regulación de la norma y de su justificación. Su delimitación constituyó un proceso de conformación de nociones que separaban lo normal de su excedente.

 

La norma requiere en su constitución lo que está fuera de sí, junto a sí y contra sí; todo aquello que todavía se le escapa. Una norma extrae su sentido, su función y su valor del hecho de la existencia fuera de ella de aquello que no responde a la exigencia que ella atiende. Es entonces en donde la norma se asocia y requiere de ser considerada como regla. Una regla es aquello que sirve para hacer justicia, instruir, enderezar. Norma, normalizar, significa imponer una exigencia a una existencia. Por ello se trata siempre de intentar normalizar a lo anormal

 

Las formas de normalización han variado en el tiempo, en el caso de la discapacidad, primero fue la educación especial, después la integración y actualmente la inclusión. El discurso de integración educativa y posteriormente el de inclusión, no hizo sino reconocer la larga historia de cómo se constituyó el campo de la educación especial y de los sujetos constituidos en discursos especializados con tratamientos ad hoc a su condición, de ahí los consejos tutelares y las escuelas especiales. Una identidad de “discapacidad” se constituyó a contrapelo de la identidad de la normatividad. Para la diferencia aglutinada en la educación especial y sus variantes, la educación propuso una función rehabilitatoria e integradora. En todos los casos, aunque con diversas modalidades, se trataba de introducirlos al bienestar de la normatividad, de corregir o rehabilitar en la medida de lo posible para adecuarlos a los patrones que culturalmente se definían como el código dominante de la vida social. Así, la aspiración del hombre medio en la modernidad consiste en ser y estar preparado para el trabajo. Sin trabajo no hay posibilidad de existencia. Se requiere insertarse en el proceso de producción, y el trabajo es la condición de acceder gradualmente por el esfuerzo a los bienes que la cultura moderna le ofrece.

 

La educación mantiene la función de sostener la reproducción del orden social. Para el caso de los sujetos con discapacidad, el movimiento de la inclusión intenta que los derechos a la vida social se extiendan plenamente para ellos y se elimine todo signo de discriminación y exclusión. Subrepticiamente la normalidad se vuelve implícitamente el mandato de la vida digna, incluirse a la sociedad como el máximo valor a aspirar. La educación se volvió el instrumento por excelencia para lograrlo.

 

B.        Segundo apartado: las tres formas críticas de la identidad.

 

Ahora bien, desde la perspectiva de las disciplinas sociales se requiere preguntarse por la constitución de la identidad de esta diferencia discriminada y realizar una crítica y reflexión de la misma. ¿De qué manera se puede realizar la crítica?

 

Nos apoyaremos en tres formas socialmente estructuradas, desde la perspectiva de Echeverría, con las que se cultiva críticamente la identidad: El juego, le fiesta y el arte. Finalmente propondremos una crítica a la identidad de la “discapacidad”.

La crítica tiene como punto de partida perseguir una experiencia cíclica: “la experiencia política fundamental de la anulación y el restablecimiento del sentido del mundo de la vida, de la destrucción y la reconstrucción de la “naturalidad” de lo humano...”[13]

 

Veamos en qué consiste dicha experiencia en cada una de estas formas.

 

1. Juego. En el juego se da una inversión, una contraposición entre normatividad y el azar. “....el placer lúdico consiste en la pérdida repentina de todo soporte, de todo piso o fundamento...(deportes extremos), o bien, precisamente en la imposibilidad de establecer si un hecho dado debe su presencia a una concatenación causal de otros hechos anteriores (la preparación física de sus jugadores, el conocimiento de los caballos, los jinetes, la pista, etc.,) o justamente a lo contrario, a la ruptura de esa concatenación causal, es decir la intervención del azar, lo imprevisible, la mala o buena suerte. La necesidad y el azar pueden ser en un momento dado intercambiables. Como si la rutina y la forma social “natural” y por tanto incuestionable de la vida, implicara la carencia de necesidad, lo aleatorio, lo inesperado.

 

No es presentar lo contingente como necesario y lo necesario como aleatorio o contingente. En el juego es imposible determinar cuál de las dos determina la acción, si la necesidad (capacitación, entrenamiento, todos los factores necesarios) o el azar. Los jugadores a veces se alían a la necesidad (pretende vencer al azar a través del entrenamiento exhaustivo, metódico, etc.) y a veces se alían con el azar (dados, baraja, ruleta, póquer, etc.). La característica relevante del juego es la intervención del azar, de lo imprevisible, de lo incalculable.

 

2. Lo festivo. En lo festivo y en lo sagrado se alcanza lo pleno, perfecto, acabado y rotundo, y ello nunca acontece en la vida ordinaria o rutinaria. En los momentos de festividad, en los rituales el sujeto alcanza la continuidad con lo Otro, el paso al otro lado de las cosas, atravesar el espejo, el trance, la continuidad con lo Otro. Ejemplo de ello es la ceremonia ritual festivo-privada o festivo-pública.

 

En ellas se alcanza rebasar la “conciencia objetiva” y se logra internar en el ámbito de lo fantástico. En la experiencia festiva se levantan las normas y restricciones y se vuelven a reinstalar, es un momento de suspensión para pasar a la reinstalación, a la reposición de su validez, de su exaltación, con ello se parece a la revolución que destruye y reconstruye, sólo que lo festivo atraviesa por el plano imaginario, en tanto que la revolución atraviesa el plano de lo real. Un abismo de diferencia entre ambas[14].

 

3. En el arte. En la experiencia poética o estética “el ser humano intenta revivir aquella experiencia de plenitud que tuvo mediante el trance en su visita al escenario festivo, pero pretende hacerlo sin el recurso de ceremonias, ritos ni drogas”.[15]. Utiliza tres perspectivas simbólicas: la simbolización del espacio (las artes plásticas: arquitectura, pintura, escultura), la simbolización del tiempo (música, danza) y la simbolización lingúistica (poesía, literatura). Las tres apuestan por presentificar una experiencia de plenitud subjetivo-objetiva, lo cuál hace una fusión intentando un simulacro de la experiencia ritual. Cada una de estas perspectivas simbólicas apuesta a mimetizar las experiencias de las otras bajo su eje privilegiado[16].

 

En la actividad cultural se encuentran actividades de diverso orden acompañadas y acoplados a distintos discursos. Bolívar Echeverría distingue dos discursos:

 

1.             El discurso pragmático que “acompaña a la rutina productivo/consuntiva y

2.             El discurso en modo de ruptura, el cual tiene tres variantes siguiendo las actividades de juego, festivas y poética: serían de manera correspondiente el discurso científico, mítico y poético[17].

 

El discurso pragmático acompaña las operaciones rutinarias, es el discurso del “como hacer”, lo mismo técnico que moral para alcanzar las metas de la reproducción social, en el cuál hay un cuidado de no cuestionar el código o subcódigos que rigen la vida de los sujetos sociales.

 

El discurso en modo de ruptura, su nombre lo dice, cuestiona el orden y por ello presenta una vertiente creativa tanto del código del comportamiento práctico, como de la lengua. Los tres tipos de discursos en ruptura implican una subversión de lo rutinario.

 

El primero, el científico, llega a crear el mundo desde un hablar científico, se enfoca a la estructura técnica del medio de producción y en el comportamiento productivo del “factor subjetivo”.

 

El mítico, acontece en un espacio ceremonial y un acontecer ritual en donde el mundo se reconstruye acompañándolo de un cuento o narración que establece el origen de la identidad a través de:

a) discurso épico-legendario que narra el salir victorioso el héroe o pueblo en su constitución, como hazaña, el mito fundacional; y

b) el discurso mágico religioso que recuerda también un mito fundacional, pero en donde la comunidad ha sido legitimada o fundada, de alguna manera en comunidad con lo Otro, con lo numinoso, los poderes divinos y los modos y visicitudes en el que el modo de humanidad ha sido aceptada por lo Otro. Estos discursos suelen ser enigmáticos, crípticos, fascinantes y siempre implican la noción de fiesta,

c) El discurso poético deriva del discurso mítico y no puede prescindir de las reminiscencias del ritual, sin embargo realiza una traslocación, en lugar de jugarse en acto, utiliza los códigos e introduce en el terreno de lo rutinario lo “indecible”, lo imaginario, es decir reintroduce en lo rutinario la relación con lo Otro, ofreciendo con ello la oportunidad de subvertir el código o subcódigos rutinarios e introducir un giro, una vuelta de tuerca, una creación de nuevos significados, al intentar presentificar la plenitud, la presencia de lo Otro, a sea apalabrándolo, creando en la dimensión espacial o temporal, abriendo mundos, creando, recreando y estableciendo y reestableciendo de manera incesante la relación de lo más humano con lo Otro.

 

C.        Subversión del significado de la discapacidad. Nos parece que trasladado al plano de la “discapacidad”, el arte podría subvertir, cuestionar el modo pragmático en el que se encuentra inserto el sujeto. La discapacidad está atrapada en un logos en el cuál el sujeto se encuentra fuera del engranaje del “como hacer”, no encuentra su lugar en la cadena de la producción, y todos los intentos son de reestablecerlo, dentro de lo que cabe, en el funcionamiento rutinario.

 

La escuela ha sido dominada por el carácter técnico y está alejada cada vez más de una orientación que vislumbre al hombre en relación, del hombre con el hombre y en concertación con la naturaleza. El alumno, el maestro, el conocimiento se encuentran atrapados en discursos pragmáticos y normativos en donde los conocimientos se encuentran instrumentalizados, así, por ejemplo, al niño se le estudia desde las teorías de desarrollo las cuáles tienen sus dispositivos para evaluar el grado de desarrollo del mismo y así detectar el grado en el que se encuentra más próximo o alejado del desarrollo requerido para desplegar las actividades que con el tiempo lo capacitarán de manera profesionalizante. Igualmente con los docentes, se trata de enfocar las estrategias de su capacitación, de profesionalizarlos. Por ello el centro de atención son la creación de dispositivos técnicos que operen como mediadores para lograr el desempeño requerido, se trata de la elaboración de un sistema que pruebe constantemente el rendimiento de los actores educativos. Exámenes, pruebas, evaluaciones psicopedagógicas, cursos de capacitación, talleres, etc., etc. Todo un sistema de “aparatos” que ponen a prueba constantemente a los sujetos para poder ser incorporados al engranaje social, a la reproductibilidad del sistema social. En el caso específico de la “integración educativa” la demanda del docente es “díganme cómo hacerlo”, la solicitad del “cómo hacer” remite a la demanda de “herramientas” de los instrumentos mediadores necesarios para operar con el desempeño y el rendimiento tanto de ellos mismos como de sus alumnos.

 

Retomaremos lo que plantea Walter Benjamín “...desde que se encuentra normado por la banda mecánica, el proceso de trabajo da lugar todos los días a innumerables exámenes ante un sistema de pruebas mecanizadas, (léase rutinarias, fastidiosas, embromosas, agotadoras). Estos exámenes o pruebas tienen lugar secretamente: el que no los pasa es desconectado del proceso de trabajo. Pero también tienen lugar abiertamente: en los institutos de prueba de aptitudes profesionales”[18].

 

En la vida cultural, la dominancia del sistema de producción exige que el desempeño se encuentre siempre sometido a pruebas. Se actúa siempre ante un sistema de pruebas, de “aparatos”, instrumentos. “El interés en este desempeño es inmenso puesto que es ante un sistema de aparatos ante el cual la mayor parte de los habitantes de la ciudad, en oficinas y en fábricas deben deshacerse de su humanidad mientras dura su jornada”[19].

 

El arte tiene una función social privilegiada, la de “ejercitar al ser humano en aquellas percepciones y reacciones que están condicionadas por el trato con un sistema de aparatos cuya importancia en la vida crece día a día”[20]

 

De alguna manera el arte permite una apertura al inconsciente, en develar algo, mostrar su astucia, es decir, devela la separación del proceso de humanización con la Naturaleza así como muestra la enajenación de la humanidad ante el sistema de aparatos, técnica, pruebas, instrumentos, dispositivos. La distancia cada vez mayor entre los hombres se debe a la mediación del sistema de aparatos. El hombre ha renunciado a ponerse de “hombre a hombre”, en cambio cada vez más el hombre se “introduce operativamente” (como instrumento) en el hombre[21].

 

El arte muestra que a través de la distracción, entretenimiento, una percepción táctil más que una atención de orden de la cognición, puede llevar a cabo la realización de nuevas tareas que vayan produciendo una recepción paulatina pero efectiva de nuevas realidades. Por la costumbre, por el contacto cotidiano mismo de los seres humanos con obras artísticas las relaciones entre los hombres se involucran más, ya que los acerca en este concierto de lo humano con lo Otro, en cambio, a medida que crece la instrumentalización, aumenta la distancia entre los hombres, se involucran menos, se acercan menos entre ellos y de manera similar se alejan de lo Otro.

 

Las personas destinadas a ser arrojadas fuera del circuito del sistema de producción, lo están, no por sus características biológicas, orgánicas, sino por la introducción de significados producidos en la larga noche de la modernidad, los cuales se expresan en códigos y sub-códigos que “explican”, justifican, reiteran la diferencia y justifican la “discapacidad” como distancia de la norma, del desempeño y rendimiento. El discurso de la integración, es un discurso que enfatiza y ritualiza el sistema de la reproducción social y con ello intenta paliar la “discapacidad” insertándolos en los espacios posibles a través de la proliferación de dispositivos técnicos, ratificando y afirmando con ello el predominio del sistema pragmático rutinario.

 

Sin embargo, también es cierto que este destino también acercó a los sujetos denominados con discapacidad a los significantes de lo Otro, lo extraño, lo diferente, y ello constituye un potencial de acercamiento y recepción a realidades que desde el sistema de la producción son imposibles de abordar. El juego y el arte muestran aquí todo el potencial por explorar. Si de entre las prácticas que producen ruptura de lo rutinario se encuentran el arte y el juego, tal pareciera que las personas con discapacidad podrían subvertir mucho más fácilmente el sistema de producción e iluminar nuevos caminos en el encuentro con la Naturaleza, potenciar el acercamiento entre los hombres y con ello desmontarían la barrera que el sistema de instrumentos impone en la separación entre los hombres y Naturaleza y estaríamos en el umbral de entrar a nuevos horizontes de experiencias de plenitud, a partir de lo que nos puedan compartir y nos permitan introducirnos y arriesgarnos a la producción de una nueva semiótica de la diferencia. Así el arte puede introducir una “simbolización restauradora y potencial de la experiencia política fundamental: de la anulación de la perversión técnica y el establecimiento de nuevos sentidos del mundo de la vida; de la reconstrucción de la “naturalidad” de lo humano...”[22]. Algunos ciegos, sordos, personas con compromisos orgánicos y algunos suscritos por el sistema dentro del término de “síndromes” han incursionado en los terrenos del arte, sea la música, la fotografía o el juego, el deporte, todas ellas actividades que la educación no fomenta y han mostrado al mundo la construcción de otras sus realidades, otras sus formas de ser y estar en el mundo que hacen ruptura con la palabra enajenante de discapacidad. Así los ciegos alpinistas, los ciegos fotógrafos, los danzantes sordos, actores de teatro y cine; etc., todos ellos han rechazado el lugar de integración que les ofrece una cultura y han luchado por un lugar, su lugar desde sus propias identidades en el mundo, el mismo mundo de los hombre y están, a través del ejercicio del arte, del juego, del deporte y de lo festivo, nos están  aleccionando, asombrando, despejando incógnitas de otras formas de vida y enriqueciendo nuestros saberes, los nutren con otros conceptos. Los ciegos nos están enseñando sobre la mirada invisible, los sordos sobre los códigos de las manos, sordos y ciegos sobre el código del cuerpo, de la musicalidad hecha cuerpo. Todos ellos están abriendo para nosotros un mundo de representaciones, están enriqueciendo nuestra cultura, nuestro acervo simbólico y nos están abriendo a la experiencia de realidades distintas. Se sabe del restaurante de ciegos en Paris, atendido por ciegos y cuya propaganda invita a los comensales a experiencias gourmet exclusivamente a través del sentido gustativo, ya que el restaurante, en aras de producir la experiencia inédita del sabor, del gusto, requiere de la abstención de la luz. Todas estas nuevas propuestas nos introducen a manifestaciones de realidades alternas, experiencias inéditas, aventuras extrañas, originales, alternas del propio cuerpo.

 

En este sentido y retomando el arte  y el juego como lo expresó Bolívar Echeverría, permite dentro de lo rutinario y sin necesidad de drogas, ni rituales, y dentro de la vida cotidiana apalabrar lo Otro, creando y recreando en la dimensión lingüística, espacial y temporal los nuevos significantes que permitan admitir y admirar la nueva producción de subjetividades, las cuáles nos permiten escuchar el concierto de los sonidos del silencio, de la palabra enmudecida y revivida en el potencial del espacio y del tiempo y que nos permite subvertir las significaciones discapacitantes de ceguera, sordera, parálisis y síndromes que genera la exigencia de lo normativo y que sólo nos paraliza en la inmersión de otras posibilidades. Requerimos apostar a la producción de experiencias, de movimientos y de pensamientos a su dimensión originaria de lo social y cultural; es decir lo relacional, la ética del prójimo, y desde ahí iniciar la transformación y creación de las nuevas subjetividades que nos deparará un nuevo destinar de lo humano. Quizá así y sólo así podamos conjurar el destino abyecto de la producción social de la discapacidad.

 

*UIICSE-FES-IZTACALA-UNAM-MÉXICO

Arendt, H.; ¿Qué es la política? Edit. Piados, ICE/UAB, Pensamiento contemporáneo, 2001, p.12.
Gasca, J.; “Alteridad, “Corporalidad Social del Sujeto y Politicidad”,,, en prensa en Sujeto, Educación Especial e Integración, Coordinadores: Jacobo, Z.; Adame, E. y Ortiz, A.; Vol. V; Edit. FES-IZTACALA-UNAM, México.
Op Cit.
Concepto empleado por Michel Maffesoli en su libro La Lógica de la dominación, Ediciones Península No. 143, Barcelona, España, 1977.
Gasca, J. Op. Cit.
Las comillas es de: Echeverría, B.; Definición de la Cultura; Edit. ITACA y UNAM; 2001, p. 101
Idem, p 101-102.
Benjamín, W.; La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica; Edit.2003, p.56.
Op. Cit., p 118.
Op. Cit., p. 119.
Op. Cit., p. 119.
Arendt, H.; Op. Cit.
Echeverría, B., op cit. p.200.
Op. Cit., p 205.
Op. Cit., p- 206.
Op- Cit., p. 207.
Op. Cit., p. 218.
Benjamín, W.; op cit., p. 68
Op cit. p.68
Op cit, p. 56.
Op. Cit. p. 80.
Echeverría, op cit. p. 200

 

 

 

 

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