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EL HOMBRE EXCLUIDO

Alina Fragner

 

 


Resumen: La idea de escribir sobre este paciente tiene que ver con una pregunta que me formulo como analista que, siendo médica, tiene como recurso la inclusión de medicación en el transcurso de un tratamiento.

 

Palabras calve: clínica psicoanalítica, mirada medica.

 

 

 

La medicación como herramienta de inclusión en un tratamiento.

José percibe que algo no anda bien en su vida, algo que no puede llegar a entender "ni dándose vuelta como un guante". Él, que siempre ha encontrado la solución a todos los problemas, no puede solucionar el que hace tiempo lo aqueja.

 

Ha recurrido a médicos de todas las especialidades recibiendo siempre la misma respuesta "Usted no tiene nada" pero José se siente mal y esa respuesta no calma su desconcierto. Nadie lo entiende y esto lo ha llevado a buscar en congresos médicos, psicoanalíticos, filosóficos e incluso en la hipnosis y la parapsicología, alguna información que lo oriente sobre su sufrimiento.

 

La manera de expresar su problema es la falta de memoria: "No puedo recordar cosas que antes recordaba detalladamente: nombres, la ubicación de todos mis objetos de trabajo, fechas, etc, ahora eso falla".

 

Interrogado acerca de qué factores podrían haber originado dicha alteración José refiere dos hechos que le marcaron la vida y a partir de los cuales nunca pudo volver a ser el mismo:  la guerra de Malvinas y la construcción de su casa.

 

Con respecto a Malvinas, José - ingeniero civil - tenía una fábrica de electrónica y le fue requerido el armado de una bomba (hecho corroborado por su esposa). La bomba finalmente nunca fue construida por decisión de los militares y José se quedó con la sensación de haber podido cambiar el rumbo de esa guerra de la cual quedó excluido.

 

En relación a la casa, su hermano arquitecto fue contratado para proyectarla y construirla y José se vio arrastrado por las ideas de su esposa y hermano aun con la certeza de que lo que proponían no era la mejor opción y con el resultado final de gastar más de lo necesario en rehacer cosas mal planteadas.

 

A partir de dichas situaciones su memoria comenzó a fallar y él, a replantearse la vida incluyendo matrimonio, paternidad, trabajo etc.

 

En relación al matrimonio José refiere haberse casado a los 21 años con Silvia, fue una decisión muy firme la suya. La vio y comprendió que ella iba a ser su mujer aun cuando ambos eran todavía chicos. Con el correr de los años comenzó a plantearse si la evolución de la pareja era la que él imaginaba  y descubrió que había dado mucho por hacer a Silvia según sus ideales, sus necesidades, pero que eso lo había llevado a consumir gran cantidad de su sangre: "Me chupo 85 litros"

 

Siempre pensó que eran una sociedad donde todos tiraban para el mismo lado hasta que se dio cuenta que él era el único que hacía el esfuerzo y decidió apagar el interruptor. Quizás, se pregunta, eso tenga que ver con su falta actual de energía.

 

Refiere que su definición del amor es hacer lo que la persona amada necesita por ej. coser botones, planchar camisas, y que, como esas cosas su mujer no las hacía bien, comenzó a dudar de su amor y a pensar incluso que su mucama - quien lo atendía correctamente - podía quererlo más.

 

La paternidad le planteó dificultades desde el principio. Tenía la idea de que sus hijos podían y debían exponerse a riesgos para aprender y nunca encontró eco en su mujer para eso. Ella los apañaba demasiado en especial a su hijo varón en el cual José depositó su confianza a nivel laboral recibiendo como respuesta el fracaso por su excesiva comodidad. Hoy en día conviven sin hablarse.

 

De la historia familiar hay pocos datos pero significativos a la hora de pensar su patología.

Su padre, un obrero de fábrica con cierta participación sindical muere cuando José tenía 2 años en circunstancias muy excepcionales ya que resultó el único muerto en una marcha por la explosión de una bomba de las fuerzas represivas. Lo poco que le queda del padre es una foto del diario donde se comenta ese hecho.

 

A partir de entonces su madre se repliega en la casa rompiendo los pocos lazos familiares que tenían. Guardó luto durante años y nunca rehizo su vida afectiva.

 

Los hijos quedaban solos en la casa ya que la madre salía a trabajar para mantenerlos.

Del padre  sólo queda esa marca, el haber sido "el único perjudicado de la historia", excluido del mundo por una bomba.

 

A nivel laboral José tiene una fábrica de impresiones en papel pero su mayor interés está puesto en sus inventos: una máquina para ayudar a pararse a los paralíticos y que estén a la misma altura que el resto, un radar para orientar a los ciegos, un casco para hacer crecer pelo a los calvos. Todas ideas que impliquen ayuda a las personas con capacidades disminuidas, a los excluidos.

 

José se siente excluido, incluso es escéptico en cuanto a la ayuda que le pueden brindar las entrevistas, ya que le han dicho que no tiene nada y que no hay medicación para lo que siente.

Decido intervenir sacándolo de ese lugar de exclusión. Le comento que su patología estaría incluida en un grupo clínico que si bien no está estrictamente tipificado podría beneficiarse con los efectos de una medicación muy efectiva y moderna y sugiero su utilización a pesar del escepticismo de José que ha leído y no se siente representado por los cuadros psiquiátricos descriptos por los libros y no confía en medicamentos.

 

Finalmente acepta a pesar de cierta actitud peyorativa conmigo que leo como su escepticismo y en efecto la mejoría no tarda en aparecer. Aparecen ideas delirantes de manera más fluida, ya no se siente tan decaído, se vuelve a interesar por sus proyectos y en su casa lo notan de mejor ánimo.

 

Las entrevistas a partir de entonces transcurren como charlas donde José  se explaya sobre sus teorías acerca se la evolución del hombre, de la existencia del espíritu que migra entre los hombres más sabios, uno de los cuales es él mismo.

 

También aparecen fenómenos corporales como la posibilidad de ver con todas las partes del cuerpo incluso la espalda, leer pensamientos, anticipar hechos y comunicarse con otros que también tienen esa sensibilidad.

 

Luego decide concluir su tratamiento ya que siente que no hay mas nada que decir y yo acepto su decisión limitando los encuentros a un control periódico de la medicación.

 

La idea de escribir sobre este paciente tiene que ver con una pregunta que me formulo como analista que, siendo médica, tiene como recurso la inclusión de medicación en el transcurso de un tratamiento.

 

En el caso de José puedo dividir el tratamiento en dos partes.                                             

 

La primera incluye la descripción de su padecer en donde el saber enciclopédico que intenta recubrir la forclusión fracasa y él se ve obligado a recurrir a un tercero, aun desde una postura escéptica y omnipotente. En ese momento todavía no acepta ser medicado.

 

En una segunda parte José accede a la medicación y se indica Olanzapina 5mg, medio comprimido por día.

 

Los efectos de la medicación, que no apunta a arrasar el síntoma sino a permitir su despliegue, no lo imposibilitan ni le quitan su iniciativa (es una dosis relativamente baja de una medicación que no tiene tantos efectos adversos como el Halopidol, por ejemplo).

 

Por el contrario le permiten dejar fluir su delirio y disminuir su malestar compartiendo con la analista las ideas que en otros lados resultan difíciles de ser escuchadas y que viene elaborando desde hace años.

Pienso que el hecho de sentir la intervención del medicamento como algo positivo y  que lejos de plancharlo le permite  hablar, lleva a  una situación de confianza con la analista que lo habilita a confesar su delirio. De lo contrario (antipsicóticos en altas dosis indicadas por otro terapeuta) podría haber tomado una posición paranoide en relación al otro que viene a perjudicarlo.

 

Por otro lado resulta interesante pensar el significante que el paciente trae y la analista toma que es Exclusión. Su exclusión es estructural. Él no se siente siendo parte del otro, del discurso común. Su saber todo lo excluye del Otro porque el Otro no sabe nada.                Sus inventos no son entendidos desde el fundamento a partir del cual él los plantea, esto es, inventos para obturar el agujero forclusivo del Otro.

 

Los dos episodios donde José se siente excluido (Malvinas y la casa) son los puntos en donde lo que estaba latente pasa a la superficie y queda expuesta su falla. Aquí su saber todo no le alcanza y es cuando al ceder parte de ese saber a la analista (sorpresa porque alguien le da algo que no conoce y que le hace bien) encuentra cierta tranquilidad, un corte en la posición de saber absoluto.

 

Pienso que se trata de una psicosis infantil que evoluciona  a un sindrome delirante que durante mucho tiempo encontró la forma de sostenerse sin incluir a otros y es posible que luego de estas entrevistas y la medicación algo de esto pueda volver a armarse.

1 Conferencia pública dictada en la Sede de la Nueva Escuela Lacaneana de Medellin el día 21 de mayo de 2010. Desgrabación de Astrid Lema G. Asociada a la NEL-Medellín. Y que Errancia… la palabra inconclusa trae a este número con el propósito de ampliar las perspectivas de abordaje del malestar contemporáneo y las derivas del deseo, y en un afán de acercar a nuestros lectores a los trabajos publicados por Virtualia, revista Virtual de la Escuela de Orientación Lacaneana de Argentina, en donde fue publicada.

 

 

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