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LA INTRODUCCION DE “LA PIEDRA DE LA LOCURA”[1]

 

JOAN SALINAS-ROSÉS

Mail: j.salinas-roses@telefonica.net

 

 

 

 

 

Resumen: La función del plus de goce la encontramos en los discursos del amo y en el capitalista donde el objeto “a” ocupa el lugar de la producción: se produce un plus de goce. La implicación entre discurso y plus de goce queda clara: “el plus de goce es la función de la renuncia al goce bajo los efectos del discurso Considerando esta relación entre discurso, plus de goce y sus objetos, quisiera referirme a lo desplegado por el discurso del Amo moderno, no ya en la expoliación de la plusvalía sino en las formas modernas de expoliación del plus de goce en el capitalismo y reparar en algunas de sus consecuencias en la subjetividad contemporánea. La extracción del plus de goce unido a la oferta de bienes gozables que prometen otros goces con derecho y sin renuncia, en otra “subversión” y en reverso a la subversión del sujeto, dan cuenta de una nueva imaginería.

Palabras clave: plus de goce, discurso de amo, discurso capitalista, producción, subjetividad, ley, prohibición, represión, goce, Superyo, falsa elección, sustitutos del mercado, Nombre del padre, estructura, síntoma.

La experiencia analítica, -cito a Lacan- tiene su “esencia en la función del plus de goce”[2], al ocupar el “a” el lugar de agente. Esta función del plus de goce la encontramos en los otros discursos, pero es en el del amo y en el capitalista donde el objeto “a” ocupa el lugar de la producción: se produce un plus de goce.

S1       S2                                              $         S2
__        __                                              __        __
$          a                                               S1         a
D. del Amo                                     D. Capitalista

La diferencia entre estos dos discursos radica en que el lugar del agente y el de la verdad cambian entre el S1 y el $, mientras que el lugar del Otro y la producción se mantiene igual en ambos discursos.

La implicación entre discurso y plus de goce queda clara: “el plus de goce es la función de la renuncia al goce bajo los efectos del discurso “. Es eso lo que da su lugar y función al “a” [3] en tanto es un semblante del objeto perdido y “a fortiori”, “la esencia de la teoría psicoanalítica es la función del discurso”.[4]

A partir de esa articulación entre discurso y plus de goce y de la determinación que el discurso ejerce, se puede establecer el vinculo entre la plusvalía marxista y el plus de goce lacaniano. Ello permite diversos desarrollos a partir de correlacionar por una parte el campo y mercado de los productos fabricados y por otra el campo del Otro, que tiene también su “mercado” (sic): es el mercado ofrecido por los diversos “a” que aparecen en las construcciones de todos los fantasmas del $.

La correlación: si un sujeto es lo que está representado por un significante ante otro significante en el campo del Otro, en el campo de la producción capitalista “el sujeto del valor de intercambio está representado por el valor de uso”[5].

Del mismo modo que por esta articulación se produce la plusvalía, en el campo del $ se produce el plus de goce. Lo que hay en común en ambos casos lo podemos llamar “pérdida”. El proletario pierde/deja de ganar la diferencia entre el valor de producción y el de venta de los productos por el fabricados y el $ pierde sus objetos de goce primordiales.

Más explícito: si los objetos “a” son “fabricaciones del discurso de la renuncia al goce (…) es alrededor de ellos que se produce el plus de goce”[6], es decir, por una parte “nada puede producirse sin que un objeto se haya perdido”, pero por otra, - y lo quiero enfatizar- es el discurso el que maneja/determina (detient) los medios de gozar que implican al sujeto.

Del mismo modo que el mercado define como mercancía algún objeto que existe a causa del trabajo humano y este objeto lleva aparejada su plusvalía, así el plus de goce es lo que permite aislar la función del “a” vía el discurso.

El plus de goce sostiene modos de enunciación, es producido por el discurso y aparece como uno de sus efectos. Aparece a través de los objetos en los mercados de ese campo del Otro que “totaliza los meritos, los valores, que asegura la organización de las elecciones, de las preferencias”[7] y que implica una organización que es la del fantasma. “No habría ninguna razón de/para el sujeto sino hubiese en el mercado del Otro un plus de goce que se establece como correlativo”[8].

Considerando esta relación entre discurso, plus de goce y sus objetos, quisiera referirme a lo desplegado por el discurso del Amo moderno, no ya en la expoliación de la plusvalía sino en las formas modernas de expoliación del plus de goce en el capitalismo y reparar en algunas de sus consecuencias.

En el Seminario L’Envers -(El reverso del psicoanalisis)- Lacan retoma la cuestión y aunque estuviese en 1970 ya se refiere a los efectos de la Yocracia y a una de las particularidades de nuestro tiempo: el añadir a la expoliación del plus de goce la oferta de objetos fabricados por la industria: objetos de goce sustitutorios a aquellos extraídos.

Cito: “El sentido que tiene la sociedad de consumidores proviene de esto, que a lo que constituye su elemento calificado, entre comillas, como humano se le atribuye el equivalente homogéneo de cualquier plus de goce producto de nuestra industria, un plus de goce de imitación, por decirlo todo. De todos modos eso puede llegar a cundir. Si se puede simular el plus de goce, eso mantiene a mucha gente entretenida”[9]… Y efectivamente verificamos que es así…

Ya no se trata solamente de la oferta de productos creados “ad hoc” para un goce que deviene ofertado y “obligado”, sino de funcionamientos subjetivos en los cuales la idea consciente y la voluntad que se le corresponde, seria la equivalente a la de un “todo está permitido”.

Lacan se refiere a eso cuando cita a Dostoïevski y repite la frase de Iván, hijo del padre Karamazov: “Si Dios ha muerto entonces todo está permitido”[10], señalando a continuación justo lo contrario y que lo podemos extraer de la experiencia del análisis: que si Dios ha muerto es entonces cuando ya nada está permitido…

A este respecto Lacan es freudiano al correlacionar la figura del Dios Padre con el padre simbólico: es el padre muerto y por ello soporte de la Ley. Recordemos el mito de Tótem y Tabú, la horda primitiva, asesinato del padre e instauración del Superyo.

A propósito de nuestra modernidad y de sus nuevas patologías mucho se ha hablado del declive de la función paterna y en consecuencia de los defectos de la función simbólica del padre, del significante NP y de sus efectos en lo concerniente a la Ley y al goce.

Así, lo dicho acerca de la “muerte de Dios” o acerca de “Dios no existe” nos remite a la función del padre simbólico y es por ello que el “Dios ha muerto” de Nietzsche no sería la formula de un ateísmo sino la de una consistencia. Por el contrario, podría ser más bien la tesis de François Regnault con su “Dios es inconsciente” la que podría sustentar una posición subjetiva atea.

Tratando de acercarme al horizonte de “la subjetividad de la época”[11], la nuestra funciona haciendo suya la idea consciente de que nada está prohibido pues no hay referencia simbólica a la interdicción, sobre todo en lo referido al goce, pues se sostiene en ese “Dios ha muerto”.

Es la idea del falso ateísmo moderno que “cree” en la muerte de Dios y en el “nada está prohibido”, aunque inconscientemente se continua creyendo en el.

La consecuencia es la ferocidad del Superyo y la prohibición de gozar, al tiempo que el tratar de hacerlo hedonísticamente, se convierte no ya en un derecho sino en un deber imperativo, que funciona en paralelo a lo que el sujeto extrae de saber que ya “nada está permitido”: de ahí las catástrofes subjetivas.

Al sí “Dios ha muerto ya nada está permitido” como interpreta Lacan y que sitúo en correlato a déficits de la función simbólica del padre, se le corresponde un inconsciente como lugar de la prohibición.

Se trata de una aparente paradoja que estaba más clara en las épocas del clasicismo creyente y que en la actualidad toma la forma de que a más considerarme como un ateo o como un no aceptador o un “desconocedor” de la función simbólica del padre, más debo obedecer las prohibiciones de mi inconsciente, que impiden severamente el goce que espero obtener.

Es la ficción real de un sujeto que se imagina amo de si mismo pero que es súbdito dentro de la Yocracia y de sus “libres” elecciones, en quien lo reprimido no son tanto los deseos o goces de antaño, sino que lo reprimido seria la interdicción: lo prohibido seria lo reprimido. Si hay represión de lo prohibido pues todo permitido está, lo que retorna de esa represión es evidentemente una prohibición mayor, la que interpreta Lacan con ese “ya nada está permitido”.

Reprimir que exista una figura/instancia de la prohibición no puede sino engendrar, en el retorno y efectos, nuevas y más fuertes prohibiciones que se enfrentaran a la voluntad y derecho de gozar.

El sujeto lo es de una falsa elección y por supuesto, de una elección muy forzada. Detrás de esa “elección” lo que hay es una verdadera obligación de hacer algo según una supuesta propia decisión. Esa verdadera obligación contrasta con el mandato superyoico que sustituye algunos posibles goces del sujeto por el goce que el Superyo ordena y dispensa.

Esa es una forma muy precisa de expoliación, no ya de la plusvalía clásica sino de ese plus de goce al que me refería antes por parte del discurso del Amo moderno y también a lo que hacía referencia Lacan en la cita relativa a los sustitutos fabricados por la industria y/o por los discursos en circulación.

En un paso más allá de la denuncia de los usos de esos “plus de gozar de imitación”, Slavoj Zizek se refiere directamente al uso de La Cosa, el “das ding” freudiano en su dimensión real. Si se cree que todo está permitido puesto que Dios ha muerto, el acceso a cualquier placer por poco peligroso que sea debe de ser vaciado de su substancia gozante para evitar el peligro, o también cualquier placer es “ya una traición al placer incondicional” al que se aspira y por ello debe de ser prohibido/rechazado o pasado por un sustituto. Se trataría así de acceder directamente a la “substancia gozante”, a La Cosa.[12]

En otra vertiente y en referencia a la “no relación sexual”, el Amo sabe de su inexistencia. Es precisamente por eso que en su discurso no cesa de tratar de hacerla existir e insistir para que los sujetos traten de encontrarla (?) y por ello debe de ser buscada y considerada asequible.

Y cuando Lacan se refiere al asesinato de Moisés según el texto de Freud, lo relaciona precisamente con que el pueblo hebreo estaba en la creencia de su existencia.[13]

Muy brevemente les doy las claves que usa Lacan y que le sirven para su interpretación del asesinato de Moisés, en la versión de Freud. Pueden leerlo en la pág. 122 y siguientes de la edición española del Seminario El reverso del Psicoanálisis (Paidós). Lacan rescata la palabra hebrea de “znunim”, traducida por prostitución, para dar cuenta del hecho de que el pueblo judío trataba de hacer existir la relación sexual a través de dicha práctica y fue precisamente el no querer renunciar ni a la práctica ni a la ida de que la relación sexual existía lo que estaría en el origen del asesinato de Moisés. Tesis interesante para leer en “lacaniano” lo que Freud escribió acerca del vínculo entre Padre y Ley.

Para terminar hago una referencia al título.

La “introducción” de la piedra de la locura la correlaciono con La “Extracción de la piedra de la locura”, cuadro de El Bosco, expuesto en el Museo del Prado y que representa de modo irónico y descreído la práctica de la trepanación en la Edad Media, según los saberes y discursos de la época.

Sin extenderme, les diré solamente algunas consideraciones de las que podríamos extraer no solo ciertas referencias a los “orígenes” de cierta psiquiatría sino también referencias a los sujetos que aparecen en el cuadro. El médico, que en lugar de un birrete trae un embudo invertido en la cabeza y que correlacionamos con la estupidez, procede a extraer la “piedra de la locura” que de hecho es un bulbo de tulipán. Se lo extrae a un sujeto que viene a decir, en lo escrito en el cuadro, “mi nombre es tonto”-(myne name is lubbert das)- . Acompañan la escena un fraile borracho con su jarra de vino y una monja con un libro cerrado sobre la cabeza, es decir la ignorancia de aquel que ni un libro abre… pero a todo se atreve. La correlación entre un “tonto” que no es un “loco” y la estupidez del practicante que ejerce en nombre de la ciencia, lo correlaciono ahora con lo que les diré acerca de ciertas formas de subjetividad, algunas de ellas realmente “tontas”… y lo que la ciencia moderna hace con ellas…

A partir de eso doy un paso más en mi hipótesis: la extracción clásica, sea de la plusvalía, sea del plus de goce tiene un correlato en la actualidad moderna: es lo que llamo “la introducción” de la piedra de la locura.

Entiéndanlo no solo como metáfora de la “introducción” de algunas formas contemporáneas de subjetividad, sino como efectos de discurso que dificultarían, - pasando a la topología- un anudamiento borromeico. Ello tendría como posible efecto que la estructura de ciertos sujetos, en la representación de un Borromeo a cuatro, con el NP como cuarto nudo, quedase efectuada no por el NP sino por una suplencia del mismo, en la forma en que Lacan los generaliza cuando de ellos habla en plural: los NP y más en concreto cuando se refiere al Sinthome como cuarto nudo. Recordemos la serie que establece Lacan: el padre como un Saint Homme, como un síntoma, “ergo” como un Sinthome…

Resumiendo: el NP como cuarto nudo lo usa Lacan para dar cuenta del Edipo. Simbólico, Imaginario y Real quedarían anudados por el NP, en una versión que topologizaría la formula de la metáfora paterna.

El fracaso de dicha metáfora, la forclusión del NP o formas en déficit de su función simbólica, darían lugar, -es sabido- a psicosis o a formas de perversión.

No estoy en la intención de sostener que nuestro capitalismo moderno sea causa de nuevas estructuras clínicas o de producir más o menos casos de psicosis, desencadenadas o no. Diferencio estructura y síntomas y por ello nuevos síntomas aparecen en la actualidad, sea cual sea la estructura del sujeto al que nos refiramos.

En lo que si estoy en la intención y por ello lo digo es que las formas del discurso capitalista actual ofrecen suficientes dificultades para que figuras de autoridad con referentes simbólicos de estructura sean reconocidos y puedan efectuar la función de sostener anudados los tres registros: función que correspondería al NP.[14] Ello tiene como efectos, -cito los más llamativos- las exacerbadas manifestaciones del narcisismo, el “hacerse un nombre” en el discurso social con vínculos donde la prevalencia del Imaginario es prioritaria, o las diversas formas de “tratar/maltratar” el propio cuerpo, entre otras muchas…

Lo que planteo como hipótesis es que como efectos del discurso capitalista moderno, básicamente en lo referido a las relaciones al Otro, a la palabra y al significante, encontramos dificultades para un anudamiento en base al NP, aunque al mismo tiempo facilita también diversas formas de suplencia para evitar una psicosis: formas de suplencia del NP o también el Sinthome como cuarto nudo. Es por eso que no me refiero al Sinthome en la versión de lo irreductible del síntoma en un trabajo de análisis, sino al Sinthome en su versión de anudamiento de los tres registros.

Sin entrar en las diferentes referencias que en Lacan podemos encontrar al respecto, puede decirse que por una parte el Sinthome puede ponerse en sus efectos como referente de lo que Freud llama “realidad psíquica” y fantasía por una parte, mientras que por la otra, en Lacan, podemos situarlo, además, como referido a los efectos que el goce tiene sobre el cuerpo a partir del significante, de lo vehiculizado por el discurso. Enfatizo con ello los efectos de discurso que es el eje en el cual tomo apoyo.

El Sinthome anudando los tres registros, establecería una cierta regulación del vínculo existente entre el goce del cuerpo y el significante, con el cuerpo que goza a causa del significante, estableciendo así una relación del inconsciente con el cuerpo.

¿Qué sería entonces la introducción de “la piedra de la locura”? Seria, en la metáfora, la introducción en el sujeto de efectos de discurso correlativos a la extracción del plus de goce, de la subjetividad como efecto de discurso y de la oferta de goces de imitación. Ello es correlativo a déficits en la función simbólica que corresponde al NP en nuestra teoría clásica.

La oferta de “ser” un sujeto sin falta trata de taponar la condición del Eros freudiano, unido a la promesa de la “relación sexual”. Se introduce así el modelo de un mercado que explota la estructura deseante para hacer creer que se puede conseguir lo que a cada uno le falta: del registro del deseo se pasa al de la necesidad, al tiempo que la eliminación de formas y vínculos de alteridad es cada vez más generalizada.

El rechazo al inconsciente y a sus efectos no es solo por el lado de los ataques que el psicoanálisis recibe de forma directa sino que es consecuencia de la desvalorización de los efectos de la palabra en el sujeto.

En este contexto no es solo el psicoanálisis el que es puesto en cuestión y cuando no reglamentado al punto de hacer imposible su praxis, sino todas las practicas basadas en los efectos de la palabra y que escapan a cualquier evaluación.

Para decirlo en breve, es la noción y efectos de la subjetividad, en cualquier nivel, los que son desvalorizados y entran en la vía de la marginalidad.

Usé hace poco, aquí, -en exageración deliberada- en el Seminario de Textos de Valencia, la expresión de “genocidio de la subjetividad” para referirme a este efecto perverso del capitalismo moderno que simplemente trata de funcionar con sujetos lo mas ajenos posibles a cualquier dimensión subjetiva y a los efectos de verdad de la palabra. Y no es tanto la oposición objetividad versus subjetividad la que estaría en primera línea, sino que esta sería la del intento de eliminación de la excentricidad existente entre sujeto e individuo, en privilegio del segundo y en rechazo del primero.

Si se rechaza la dimensión de sujeto tal como la entendemos, efectivamente se introduce una forma moderna de lo que he llamado “la piedra de la locura”.

La extracción del plus de goce unido a la oferta de bienes gozables que prometen otros goces con derecho y sin renuncia, en otra “subversión” y en reverso a la subversión del sujeto, dan cuenta de una nueva imaginería.

En la Yocracia actual, la antigua figura del ciego que sostiene en sus hombros al tullido y ambos andan, dando así la función de un cuerpo unificado a dos fragmentaciones que juntas forman un Yo, es sustituida por los personajes de un sordo que solo ve y se fascina y de un ciego que solo oye y se complace en las significaciones predeterminadas, muchas veces en el intento de reducción del significante a signo o a la univocidad.

Lo que antaño fue la extracción de la “piedra de la locura” es hoy, en reverso, la introducción discursiva en el sujeto de significaciones únicas, que rechazan cualquier metáfora o sustitución objetal.

Son imperativos “de derecho propio”: es más la escisión que el forzamiento que el sujeto efectúa en una Spaltüng, siempre a sus expensas, -(recordemos la Ichspaltüng freudiana en el proceso de defensa: La Escisión del Yo en el proceso defensivo)- entre acordar y discernir entre lo que le es impuesto y aquello que supuestamente decide en su modelo de considerarse en libertad.[15]
Y la “stultifera navis”, la nave de los locos que relata M. Foucault, hoy está anclada y forma nuestras ciudades.

Y los ciudadanos no reclaman sino que exigen la satisfacción de sus derechos pues se trata de que la necesidad sustituya al deseo.

*Jornadas EPFCL-FFCL. Valencia 28 Febrero 2009

NOTAS:

[1] Jornadas EPFCL-FFCL. Valencia 28 Febrero 2009
[2] Sem. XVI, pp. 17 Le Seuil.. 13/11/68
[3] Sem XVI pp 19 Le Seuil 13/11/68
[4] Sem. XVI. Pp. 14 Le Seuil 13/11/68
[5] Sem. XVI. Pp. 21
[6] Sem. XVI pp. 22
[7] Sem. XVI pp 18
[8] Sem.XVI pp. 18.
[9] Sem. XVII. 11.2.1970. pp. 86‐87. Paidós
[10] Sem XVII. Pp. 127
[11] Lacan. Escritos. Pp. 309. Siglo XXI. 1984. “mejor que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época”.
[12] Slavoj Zizek. L’Homo sacer comme object du discours de l’Universite”. En revista “Cités” No. 16/2003: Jacques Lacan: Psychanalyse et politique. Pp. 28 y sgtes. PUF. Paris
[13] Sem. XVII. Pp. 122 y sgtes. En particular las referencias a Sellin y Oseas
[14] Diferencio la noción de autoridad de la de poder. La disimetría entre ellas es actualmente más radical. Son muchas las figuras/personas vinculadas y ejerciendo su poder pero ello no las connota como relacionadas con una autoridad, sino todo lo contrario. Es usual que el poder, aunque legítimamente/democráticamente obtenido en el mejor de los casos, pocas veces viene acompañado de una referencia a la autoridad. La autoridad es siempre algo otorgado por el Otro, es una referencia a un reconocimiento que los sujetos efectúan respecto a determinado personaje o función y por ello tiene su raíz en lo simbólico del reconocimiento. El poder, por el contrario, es algo que se ejerce y cada vez más en una forma ajena a reconocer al sujeto que lo detenta. En nuestra contemporaneidad el poder tiende más a ser asubjetivo sin por ello dejar de ejercerse. Algo imposible con la autoridad que está anclada en una dimensión simbólica y por ello vinculada a un sujeto que la representa.
[15] El escrito casi póstumo de Freud “La escisión del yo en el proceso defensivo” (1938) merece una relectura. La constitución del fetiche a través de una desmentida (Verleugnung) que estaría en la base de la escisión del Yo, bien puede correlacionarse con los “fetiches” contemporáneos en relación a los “plus de goce de imitación”, fabricados por el mercado industrial, servidos en el mercado del Otro y no ajenos a modernas formas de escisión/división.


 

 

 

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