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SIMPATIA POR EL DIABLO[1]
A MANERA DE PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE HELÍ MORALES:
OTRA HISTORIA DE LA SEXUALIDAD

JESÚS NAVA RANERO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Resumen: Se aborda la relación de Dios y el diablo como telón de fondo que determina los avatares de otra historia de la sexualidad y de la creación de dispositivos que pretenden someterla y controlarla, se aborda la cuestión del deseo, el goce y el goce Otro-no todo de la posición mujer, y se acude a Lilith a la luz de este Otro goce-no todo.


Palabras clave: Goce, goce Otro-no todo, sexualidad, deseo, bien, mal, Dios, diablo, Lilith, hombre, mujer, razón, “no todo”, “más allá”.

 

Introducción

En estos tiempos en el que el discurso del amo de los mercados produce deslumbrantes mercancías  a las que parece no faltarles nada, destinados a ofrecer la ilusión de colmar la falta, libros como este, que dan lugar a la escritura de la falta o a lo que la falta hace nombrar, constituyen una abierta dimensión de posibilidad. Agradezco a Helí Morales la falta que hace ver por el lado de lo Otro-no todo a través de su enseñanza y su escritura.

Con la intención de hacerlos caer en la tentación de su lectura, he de decir que un libro como este, hace no muchos años, hubiera llevado a su autor y sus lectores a la hoguera; a uno por mostrar, y a los otros por andar deseando saber de este asunto de la sexualidad por el lado de lo irreductible del deseo y el llamado del goce Otro-no todo de la posición mujer.

Cada uno de los ensayos de este libro, primero de otros dos a ser escritos en torno a esta Otra historia de la sexualidad, aborda desde diferentes ángulos la cuestión del goce Otro-no todo de la posición femenina y en este territorio anuda su escritura.

En el tiempo que dispongo para la presentación de esta Otra historia de la sexualidad intentaré articular una reflexión sobre 3 cuestiones derivadas de su lectura:

En la primera abordaré la relación de Dios y el diablo que, sin ser del todo manifiesta en este libro, la pienso como el telón de fondo que determina los avatares de esta Otra historia de la sexualidad, y de la creación de  dispositivos que pretenden negar, someter y tener bajo control las derivas de la sexualidad y el goce Otro-no todo.

La segunda me llevó a pensar la relación de la Iglesia con el deseo y con el goce Otro-no todo de la posición mujer. 

Y en la tercera voy a permitirme  hablar del mito hebreo de Lilith y su relación con el goce Otro-no todo de la posición mujer.

Indico que para presentar esta Otra historia de la sexualidad opté por comentar algo de de lo que su lectura me hace decir.

Veamos:

Simpatía por el diablo

Una cita del Seminario “Problemas cruciales para el psicoanálisis”.

Hablando de la posición del  analista, del saber del otro y de la técnica que hace posible reunir lo que se rechaza del saber de la sexualidad, Lacan dice:

“La posición del analista es imposible. Es por eso,  porque es imposible de decirla en su identidad,   que fluye de ella una suerte de suspenso,  de debilidad,  de incoherencia secular en el saber,     que es precisamente… donde la certeza del sujeto mismo se manifiesta como siendo justamente la señal, el test, el residuo de esa falta de saber,   por donde reúne lo que se rechaza del saber del sexo, en lo  cual el sujeto se encuentra suspendido bajo la pura forma de esa falta,  el saber como entidad desexuada.” [2]

Los filósofos se diferencian de sus  hermanos enemigos los teólogos, porque los teólogos, a diferencia de los filósofos, no han desdeñado inventariar en sus guías de pecadores todos los arpegios de la carne y hasta han discutido seriamente sobre el sexo de los ángeles. Entre los requerimientos de la lucha contra el pecado que aleja a los infieles de los fines de lo que nombran Dios, está el sentir cierta curiosidad por los modos de operar de la sexualidad y sus procedimientos para encarnar como deseo en el cuerpo. Dirán los teólogos, para combatir al enemigo hay que conocer al enemigo. Estos policías del cuerpo y el alma, que declaran abiertamente que la sexualidad no va con ellos, no han desdeñado acercarse a la  sexualidad  con el propósito de  conocerla y dominarla.

Es probable que hasta antes del surgimiento del psicoanálisis la iglesia haya sido la única institución que metió el ojo, la oreja y la nariz en los intersticios de la sexualidad, con la finalidad de producir, sostener e imponer un saber desexuado, contrario al saber del psicoanálisis que hace saber del residuo de esa falta de saber por la que el sujeto reúne lo que rechaza del saber del sexo.

Para la institución religiosa intentar saber de la sexualidad resultó un asunto no poco complicado, porque los sacerdotes supusieron falsamente que al colocarse del lado de la divinidad estaban a resguardos de las insistencias del deseo y la sexualidad en la cuerpo.   Se sabían y tenían por hijos de Dios, sostenían su origen divino y por supuesto que no se reconocían como animales transgredidos sujetos a lo humano por la falta.

El deseo que llamaron diablo y la sexualidad que llamaron diabólica, fueron colocados a distancia como algo externo a ser evitado, como cause y causa de la perdición de los pecadores en lo inmundo. La sexualidad fue colocada como aquello de lo que tenían que salvarse con todas las fuerzas de su fe de ser tentados; tentados, se sabe, era decir sacados del camino que inicia en Dios, conduce a Dios, y termina en Dios.  

Entre más querían los teólogos alejarse de la sexualidad más tuvieron que lidiar con ella; a cada momento, dentro y fuera de sus cuerpos y sus templos, se encontraron con aquello que nombraron diablo y llamaron diabólico -el mal y lo maligno-. ¿Cómo ubicarlo? ¿Cómo mantener a distancia lo siendo en ellos también?; la solución, sabemos, fue inquisitorial: si odias tu cuerpo y las cosas de tu cuerpo lo ganas para la eternidad; si amas tu cuerpo y las cosas de tu cuerpo lo pierdes para la vida eterna.

El alma, así se hizo saber, como don de Dios puesto en cada uno, debía mantenerse limpia y protegida por la fuerza espiritual del Espíritu Santo, tambien puesto en cada uno para que cada uno pudiera ser  capaz de emplear su fortaleza en su lucha contra el deseo, llamado el maligno, y las trampas del maligno, llamadas de la sexualidad.

De este modo, cada uno de los arrojados a este mundo por la culpa del pecado original, cometido por la pecadora que arrastró al hombre en su falta, recibía la oportunidad de retornar al Paraíso de la completud una vez superada la prueba de mantener intacta su alma de las tentaciones terrenales, del inmundo mundo, y mostrarse digno de la confianza  del Señor.

La bondad del Señor es infinita: las operaciones de la institución

Se dice, se sostiene aún en nuestros días, que el que muere rinde cuentas al Señor, y que de acuerdo a los matices del alma del difundo por fin cuestionado, accede al Paraíso de la Completud y la Vida Eterna, se le pone en observación en el vestíbulo, un poco más acá o más allá, o es arrojado a los infiernos de la corrección.

El infierno, se dice, es un lugar en el que el cuerpo gozante del que es juzgado por sucumbir a los llamados del goce impío y las seducciones de la herejía, es sometido al goce imparable de su goce hasta que es reventado por el goce de no poder parar de gozar; esto es, el infierno es el lugar en el que a uno no le está permitido dejar de gozar, lugar en donde el goce resulta imposible de ser detenido, en el que uno es sometido al goce ilimitado de un amo que no para de dejar de gozar sometiendo a gozar a uno; esto es, lugar del mandato que impone a manera de imperativo Imposible parar de gozar. Lugar en el que la desmesura del goce de un amo, impone la desmesura del Goce todo. Lugar del vértigo, lugar de la no contención,  lugar del desenfreno imposible de ser detenido, lugar del Goce y la caída toda. 

Si eso que se nombra el Paraíso es el Lugar en donde el goce ni el deseo tienen lugar, Lugar del no lugar en el que solo Dios manda; el infierno es el lugar de la no elección, lugar en el que el condenado ocupa el lugar del desecho; se dice “el culo del infierno”, y las almas, una vez salvadas o liberadas de la impureza corporal que las entrampa, retornan  al punto inmaculado de partida.

Los purificados, luego de ser metafóricamente defecados por ese infernal culo que es el infierno, no conservan lugar para el deseo, ni la sexualidad, ni, en consecuencia,  el goce, por ello, radicalmente purificados, por el mal a la mala, están en condiciones, sin haber sido su demanda,  de entrar al Paraíso de la Vida Eterna en el que solo Dios manda ¡La bondad del Señor no tiene límite, la bondad del Señor es infinita! 

Una necesaria observación; los centros de reclusión y rehabilitación  que se nombran infernales, más que dispositivos atribuidos a la maldad del diablo resultan ser dispositivos que operan bajo la tutela y al servicio de aquel o aquellos que se nombran Dios o se nombran servidores de los fines de Dios. El infierno, tal como es mostrado, es un lugar de recuperación del descarrío, un lugar de “sanación” y “salvación” de aquellos alejados de los fines de Dios. Parafraseando al filosofo Juan Gabriel “Dios es bueno a la buena y a la mala es muy malo”. Se dice, a manera de advertencia, ¡No provoques la ira del señor!

Del sometimiento que se  dice espiritual y la pretensión loca de impedir las derivas del deseo.

"Lo Otro es la vida, lo Uno no es vida, es muerte"
Yuri Kariakin: Una humanidad mortal.

    
La Institución católica no censura a los desdichados que saturados de goce se tiran a matar de diversas formas porque vivir les resulta insoportable, o aquellos que se atascan de goce para soportar el peso de su existencia y la existencia. La Institución católica no censura el goce de la culpa, el goce del sufrimiento, de la resignación ante el malestar, o el goce de la perdición, porque ni el goce de la culpa, ni el goce del sufrimiento, de la resignación ante el malestar, ni el goce de los caídos en el lugar del desecho, le ofrecen resistencia.

La Institución católica hace un llamado  radical a no desear por fuera o más allá de los límites impuestos en los bordes de lo que las instituciones determinan como lo deseable. Esto es, el catolicismo llama a la obediencia ciega, a la obediencia sustentada en la fe de que la obediencia será recompensada. Desobedecer, no afirmarse en los mandatos de la obediencia ciega, implica renunciar a la recompensa de la vida eterna y al Goce eterno de la contemplación de la pureza espiritual que se ofrece a cada uno de los bien portados para después de su muerte.

La Institución católica llama a quienes coloca o se colocan en el lugar de súbditos a no faltar al amo que coloca en el lugar del Padre; llama a cumplir el mandato del amo y a aceptar de manera resignada la purificación que produce el sufrimiento de no desear nada más allá que lo que el Padre-amo permite desear. El catolicismo llama al súbdito a aceptar, sin protestar, el deseo del amo, deseo del Padre que se nombra eterno  sin dar lugar al deseo del hijo, Padre-amo que expulsa  al hijo que realiza su deseo por el lado del más allá del deseo del Padre.

Atreverse cada uno a vivir conforme a su  deseo por el lado del más allá del deseo del Padre, y atreverse cada uno a afirmar la singularidad de su existencia, es faltar al Padre colocado en el lugar del amo, destituir al Padre-amo, apartarse del camino que el amo-Padre manda, caer en el pecado de la tentación y atreverse a rechazar la completud que ofrece el pasaje a la Vida eterna después de muerto. 
Pero si decimos que la Institución católica  llama a cada uno a no desear por el lado del más allá del deseo del padre, habría que decir que lo que la institución apunta a someter es aquello  irreductible del deseo imposible de ser cedido al amo, esto es, aquello irreductible que empuja a los sujetos a afirmar la singularidad de su existencia a través de la creación que causa su deseo.

Se sabe que el deseo no es en el hijo sin el deseo del Padre, sin el Nombre del Padre, pero también sabemos que a cada uno le es posible, toda vez que acepta la deuda de pagar por ser,  afirma su deseo por el lado del más allá del deseo del padre.

La persistencia irreductible del deseo hace imposible que el deseo pueda ser colmado, imposible de cumplirse todo y también hace imposible la imposible captura del deseo.

El deseo que persiste en las derivas del deseo es aquello del deseo que la Institución católica nombra mal, que el catolicismo mal-dice. El potencial persistente del deseo imposible de ser sometido es aquello de lo Otro-no todo incapturable que la Iglesia nombra diablo.

Eso Otro-no todo, también llamado diablo, impide que eso que se nombra mal sea aniquilado.
Mientras persista lo Otro-no todo, que la Institución católica mal-dice, la obra de Dios está suspendida, es decir,  imposible de ser cumplida toda como superación o clausura de la Historia terrenal no dicha toda, historia por ser y devenir.

El que es tentado por el diablo, lo Otro-no todo, sucumbe al mal, se dice, realiza la obra del diablo.
Dios reinó, y por Él el Bien como Absoluto, hasta que el diablo, lo Otro-no todo, causó la falta original que dio lugar vía la mujer a las tentaciones del maligno y, con ello, a lo Otro-no todo de la posición femenina. 
La llamada lucha contra la tentación y el argumento de  liberar al mundo de lo Otro-no todo y de las tentaciones que produce el llamado de lo diabólico, permitieron al catolicismo recurrir a cualquier exceso, realizado en el nombre de Dios,  para imponer su poderío.

La escuela del fascismo, incluida la lección de las hogueras que dio lugar a  los hornos crematorios, fue la Institución católica.

Para que el bien logre ser restablecido como un principio absolutamente soberano es necesario que quienes se rebelen, optando por aquello que se nombra mal, entreguen su existencia a la Verdad del Bien. El mal sólo concluye con la redención del mal o el cese de lo real y de lo Otro-no todo, esto es, con el dominio de la Verdad intemporal que restablece la eternidad acósmica del triunfo del bien sobre el mal. El poema El sublevado escrito por Baudelaire lo dice del siguiente modo:

Un Ángel furioso se lanza desde el cielo como un águila
agarra con fuerza al sublevado por la cabellera  
y sacudiéndolo sentencia: “¡Aprenderás la regla!
(Yo soy tu Ángel bueno, ¿entiendes?) ¡Y lo quiero!
(…)
¡El Amor es de este modo! Sin enviciar tu alma,
aviva tu éxtasis en la gloria de Dios.
¡Es el placer de los encantos perdurables!”
Y el Ángel, que castiga con rigor a quien ama,
con sus grandiosos puños tortura al sublevado;
pero el insumiso sin cesar contesta:
“¡No quiero!”[3]

La eternidad acósmica llamada Paraíso da cuenta de un espacio mítico en el que sus habitantes a los que nada falta se entregan al mandato de lo que debe ser y lo que deben ser como el fin y la finalidad de su existencia. En el Paraíso se dice no hay lugar para la muerte causada por la pérdida de completud ni para el devenir de lo Otro-no todo que desmiente y cuestiona al Otro como completud.

A diferencia del espacio acósmico, el espacio cósmico, gestado por la pérdida de completud, se caracteriza porque en él la certeza de la incompletud es constitutiva y la experiencia que recrea posible. No es un espacio a/cavado sino abierto a la temporalidad, un espacio que deviene, es histórico, es siendo y la apuesta a derivar a través del amor como acto de creación, revelación e iluminación, metiendo el cuerpo, es permanente.

En el espacio cósmico, lugar Otro-no todo, el ser es un proyecto que deviene ser siendo a través de la apuesta que realiza su ser e “incendia” su “alma”; lo Otro es lo que es, lo Otro-no todo devine de lo sido, de lo que viene siendo y lo que está por ser.

El poema de Vennberg Karl, Tienes que defender tu vida, lo dice del siguiente modo: 

(…)
Allí donde se yerguen las visiones
sólo para caer  chisporroteado,
allí donde se derrumban los caballos blancos
y los dolores te tienden trampas;

en lo más profundo del fuego
donde se ataja el susurrante vuelo
y donde muere el roano caído,
en lo más profundo del fuego
tienes que defender tu vida.

Allí donde se ciñe  la superficie del mar
como una mortaja de ceda
en torno a los rayos mortecinos de la luz del día,
entre rejas y urnas
donde el frío saca estrujándolos
el oído de tu oreja
la vista de tu ojo,
en lo más profundo del abismo
tienes que defender tu vida.

En lo más profundo del abismo
en lo más profundo del fuego.

Eres parte de las tinieblas
y de la flor otoñal de los mares,
eres parte del fuego y del roano
caído de la primavera,
pero hasta en la línea de la muerte
la exigencia es una
y una la elección:
tú mismo tinieblas, fuego y abismo,
tienes que defender tu vida

en el abismo, el fuego y las tinieblas
junto al dolor rezumante
del troco cortado
tienes que defender tu vida. [4]

Con la mujer que Lilith hizo ver algo que no era comenzó a ser

La mujer de la Creación descrita en el Génesis, en el momento en el que Dios creó al Hombre, como hombre y mujer, no es Eva es Lilith. Eva aparece en un momento secundario, luego de que, sin que se dé cuenta de los motivos que ausentaron a la mujer que al hombre falta, Dios se percata de que el hombre está solo y de que necesita, sin que el hombre al que la mujer le falta establezca la demanda, “una ayuda semejante al él”. El texto dice: “Díjose Yahveh Dios: No es bueno que el hombre esté sólo; haréle una ayuda semejante a él[5]

“Lilith, cuenta la leyenda, fue la primera mujer de Adán. A su belleza incomparablemente superior a la de Eva, se sumaba el hecho de haber sido creada absolutamente como un ser igual a Adán: de tierra. Ese rasgo de igualdad, motivo de su separación y huída, la lleva a no aceptar la relación amorosa en una única posición (y al servicio de un fin específico). Cuando solicita a su compañero invertir las posiciones en la cópula, Lilith va más allá de lo previsto por su creador. Lilith deberá aceptar su lugar subordinado, copular con su hombre desde abajo, nunca encima de él. Pero Lilith no acepta la imposición de mirar siempre desde un mismo lugar y hacia un mismo lugar, de mirar sólo hacia arriba, por eso pasa al acto que realiza su deseo; sabe que su lugar está en otra parte, que la otra cara del paraíso la espera y, sobre todo, se sabe poderosa: Dios mismo, al crearla, le ha otorgado ese poder al rebelarle su nombre. Entonces ella pronuncia el nombre inefable y con ello libera al mundo de las ataduras (límites)  del conocimiento y la imaginación, pone punto final a la inocencia.” [6]

Con Lilith se establece una ya vieja tradición occidental que consiste en hacer callar o en hacer imposible, cuando no impensable, la insistencia de un goce Otro que Lacan intentó captar mediante la noción de un goce Otro “no-todo”. Este goce Otro-no todo femenino, no pulsa la demanda de tenerlo todo que produce la ilusión de que es posible borrar la falta, goce todo, goce del amo, goce fálico que en cada uno y cada una no cesa de insistir, este goce otro “no todo” de la posición mujer sostiene la deriva pulsada por la falta que engendra la creación. La expresión “más allá del padre” confirma la presencia en ausencia de una otra dimensión de posibilidad inacabada, que no cesa de insistir y persistir, otra dimensión por la que cada sujeto, que asume el costo del llamado a ser, confirma el devenir de su deseo imposible de ser colmado y la imposibilidad radical de ser sin falta.

Dios-bien-hombre; demonio-mal-mujer

Para los enemigos de lo que se nombra el mal el hombre es obra de Dios y portador del bien engendrador de la razón; la razón, luz de Dios, es tenida como garante del bien y del triunfo del bien sobre el mal. La mujer es equiparada al demonio y el demonio a lo que engendra el mal; la mujer, se dice, es enemiga de la razón: la esclaviza, la pierde, la borra, la niega, la pervierte, la hace caer. Por ello, para que la obra del hombre portador de la razón pueda ser realizada, el mal, la mujer,  y todo aquello que cuestiona la soberanía de la razón, han de ser sometido y controlado.

Al afirmar la singularidad de su existencia y decidir vivir conforme a su deseo la mujer establece el mundo cósmico, esto es, produce la gesta de este mundo en el que cada uno por doquier que el goce-Otro-no todo, más allá, le insista, persista en escribir su nombre propio y en vivir conforme a su deseo.

Lilith abierta y expresamente se autoexilia, toma su propio camino; elije el Otro lado de la creación; el exilio como caída; no la luminosidad del Edén, sino el camino que se nombra mal, el Otro-no todo, el mundo cósmico. La mujer decide realizar la historia incluyendo el cuerpo y asumir el precio de su pagar por ser.

Vivir cuesta, cuando no la muerte o el destierro a las islas de la segregación, la dignidad del autoexilio que resguarda el goce Otro-no todo, de la posición mujer,  de la aniquilación diagnosticada en nombre de Dios, la  Ley, la Ciencia, el Bien, la Salud, la Normalidad, la Heterosexualidad, la Falocidad, la Revolución, la Economía de Mercado, la preservación del Patriarcado o cualquier otro imperativo incluyendo el Feminismo de la tenencia fálica y el Otro todo del goce fálico.

“El goce Otro no se designa en el género femenino. El goce Otro es ese goce que disiente del goce fálico, que está más allá de él. Es un goce que atañe al no-todo de la universalidad del goce fálico. Se trata de los llamados hombres o las llamadas mujeres, el goce Otro es heterogéneo a ambos sexos. Es un goce Otro en relación con el fálico universalista.” [7]

De un goce Otro- no todo de la posición mujer

El maligno Otro no todo más allá, tenido como aquello que retorna causado por la ausencia radical del Paraíso perdido, no cesa de insistir a través del llamado Otro-no todo del goce femenino; irse al cielo, prenderse, elevarse, venirse, extasiarse, son algunas de las expresiones que intentan decirlo.

“El deseo, se sabe, se vincula con la ley. Sólo se desea lo prohibido. La ley es en su naturaleza de orden simbólico, es decir, atañe al significante y al lenguaje. El goce se especifica en otro orden, en el de lo real. El goce tiene que ver con ese objeto que se pierde en tanto irrecuperable por la significación significante. El goce operado en el extravío del objeto, tiene que ver con la perdida experimentada en lo real. Más radical: el goce es la erotización de la pérdida. Caída que insiste una y otra vez.” [8]  

Un goce Otro-no todo, goce que arroba, que pone fuera de sí, goce que eleva, goce que extasía, goce místico, goce de los sentidos, goce erótico, goce sensual, goce del cuerpo… única posibilidad real de hacer “decir-saber-sentir” de ese Otro-no todo, más allá,  que embriaga hasta engendrar estrellas danzarinas.  

Un goce Otro-no todo, más allá, que la rigurosa y sistematizada teorización científica, legal y religiosa, que indaga, calcula, pesa, mide, encuadra, delimita, inspecciona, para someter y controlar, no pueden saber, ni calcular, ni controlar, ni someter.

Este Otro goce, goce Otro-no todo, esta otra manera de gozar de la posición mujer, este llamado del goce Otro-no todo femenino, no cesa de insistir y retornar, más allá y por fuera del sistema de significaciones legal, religiosa y científicamente establecido, y a su vez,  legal, religiosa y científicamente perfeccionado.

Ante este Otro-no todo, toda posibilidad de hacer saber para controlar, someter sus cantidades o prevenir sus rutas, adelgazan hasta desaparecer. Dice Helí Morales:

“El Otro, en la obra de Lacan, aparece de distintas maneras y con diversas funciones: como territorio de la verdad, el espacio de la palabra, el tesoro de significantes, el espacio de la ley; como el lugar del inconsciente. En todos estos casos estamos ante funciones enmarcadas dentro del orden simbólico. En el goce Otro, el no-saber y el éxtasis, estamos en otro país. El país de Otro-no todo. Esto tiene repercusiones en el campo doctrinal, político y social. La inclusión del goce Otro atenta contra el concepto mismo del Otro en el campo del lenguaje. Con ello el goce que atañe a la posición mujer de los seres hablantes agujera el logos. Lo radical estriba en que la ley simbólica, la cinética significante y la verdad del Otro, en tanto red del lenguaje, se muestran abrumados, fallidos e incompletos ante la posibilidad de definir este Otro goce. Sí, el Otro por fin cuestionado.” [9] 

Del llamado del diablo

El diablo, aquello que se nombra diablo, sabemos, mitológicamente, causó la falta, gestó lo Otro-no todo, más allá, del Paraíso de la Completud; el diablo, espíritu del mal, el Otro del Espíritu Santo, es la encarnación, metafóricamente hablando, de la falta que falta a la Verdad de Dios; el diablo es el portador de lo Otro-no todo, más allá, presente y ausente, imposible de ser nombrado; goce Otro, Otro-no todo, que hace de toda apuesta a retornar a lo Uno un acto fallido.

El diablo es lo que retorna, lo que no cesa de insistir; lo diabólico lo que tienta y hace arder, lo que llama el llamado a ofrecerse caído en tentación y elevación; el diablo da lugar a las revelaciones, a las iluminaciones, a los destellos, a las trascendencias de la carne y de lo corporal, a las causas y los causes del cuerpo y el amor en acto.

El diablo es la causa de eso Otro-no todo, más allá, que da lugar al cuerpo y a la “cosas” que transcurren e insisten en lo real que se dice de la carne y de lo corporal. 

Si el deseo llamado el diablo y la sexualidad llamada diabólica, son repudiados por el amo colocado en el lugar de Dios, es porque el diablo y lo diabólico incendian el llamado que nos llama a hacer arder la ley de lo Otro-no todo, más allá, de la segregación que excluye y castra, y pretende hacer del cuerpo una maquina al ser-vicio de la producción de hijos y de capital. 

Los llamados del diablo y lo diabólico atizan en cada uno a hacer arder la ley del goce Otro-no todo de la posición mujer, más allá, por el lado de los inacabados territorios a inventarse y reinventarse siempre, y siempre en acto, de las derivas del placer del acto amoroso del acto creador y recreador.  

El psicoanálisis es uno de los territorios donde el diablo y lo diabólico, en sus causas y causes, encuentran la manera de hacerse decir. Tal que se podría sostener que en el fondo uno va a análisis a hacerse saber del propio diablo y del propio universo diabólico.

Si el diablo tuviera infiernos seria para aquellos que una vez que fueron tentados por lo diabólico acuden a pedir perdón a Dios; para aquellos tentados por el diablo que hacen cola en la fila del arrepentimiento para volver a caer en tentación; el infierno seria para los reculeros que, como dice Helí Morales, reculan ante a su deseo, para los que de cara frente a la elección que implica su deseo deciden estar bien con Dios y con el diablo, para los que dicen que sí pero dicen que no,  para los que pretenden esconder lo que salta a la vista, para los que se instalan en la doble moral; en síntesis,  para los que temen ser arrojados al infierno por, miren que palabra, faltar a Dios.

A manera de cierre

En el Seminario El sinthome, Lacan dice:

“Aquí esta. Todo lo que les cuento es apenas razonable. Por eso está plagado de riesgos de equivocarse, como toda la historia lo prueba. Nunca se hizo otra cosa. Si corro los mismos riesgos, es más bien porque pretendo prepararlos para algo distinto que podría decirles, intentando hacer una filosofia, si puedo decir así, menos siniestra que el libro llamado de La Sabiduría, en la Biblia, aunque después de todo es lo que mejor se puede hacer para fundar la sabiduría sobre la falta, que es la única fundación posible. Verdaderamente, no está nada mal, es imperdible. Vuelvo a recomendarles su lectura, que es sobria y del mejor tono. 

Los católicos no suelen realizar esta lectura. Puede decirse incluso que el catolicismo ha consistido durante siglos en impedir a sus seguidores leer la Biblia.

¿Llegaré a comunicarles –haría falta que no sea solamente un sueño- lo que se llamaría un fragmento de real- en el sentido propio de la palabra fragmento, que hace poco aclaré?

Por ahora, puede decirse que Freud mismo no hizo más que lo razonable, y que esto me quita toda esperanza. No es sin embargo una razón, no para que lo espere, sino para que lo haga realmente un día.

Ya es suficiente por hoy. Hay que reír de tiempo en tiempo.” [10]

 

Notas:

[1] Parte de este trabajo fue leído en la presentación del libro de Helí Morales Otra historia de la sexualidad: Ensayos psicoanalíticos, en la que tuve el honor de participar junto con el Dr. Néstor Braunstein, Daniel Gerber, Marcela Martinelli, Helí Morales, y la coordinadora del evento Monique Zepeda; esto fue realizado el día 3 de mayo del 2012 en el auditorio de la librería Rosario Castellanos, del Fondo de Cultura Económica.     
[2] Lacan Jacques,  http://www.tuanalista.com/Jacques-Lacan/14527/Seminario-12-Problemas-cruciales-para-el-psicoanalisis-pag.176.htm
[3] Baudelaire Charles, El rebelde, en, Leyva José Ángel (compilador), “Poemas de ángeles caídos”, colección poesía en el andén, Ed. ,Alforja,2006, México,pág,26 (fragmento).   
[4] Vennberg Karl, Tienes que defender tu vida; en Ángel José Leyva (compilador) “Poemas de ángeles caídos”, colección poesía en el andén, Ed. Alforja, 2006, México, pág. 40-41 (fragmento).
[5] Biblia, Bober José,  Cantera Burgos Francisco, versión critica sobre los textos hebreo y griego, Biblioteca de autores cristianos Madrid,1961. pág.31
[6] Cohen Esther; La palabra inconclusa: Ensayos sobre cábala, México, Ed. Taurus, 1994, pág. 97
[7] Morales Helí, Otra historia de la sexualidad: ensayos psicoanalíticos, Ed., Palabras al vuelo y Ediciones de la noche, México, 2012, pág. 114
[8] Ibid, pág. 31
[9] Ibid, pág. 93
[10] Jacques Lacan, Seminario 23: El sinthome, Ed. Paidós, Buenos Aires, 2006, pág.126.

 

Bibliografía complementaria
Butler Yeats, Ideas sobre el bien y el mal, Ed, La fontana Mayor, colección crítica literaria, 1975, España.
Freud, S. (1912). Tótem y Tabú. Ed. Amorrortu: O.C., Tomo XIII, 1976, Buenos Aires.
Lacan Jacques, Seminario 18, De un discurso que no fuera del semblante, Ed. Paidos 2009. Buenos Aires
Lacan, J. Seminario 20. Aun. Ed.Coedición Ateneo de Caracas-Paidos, 1981, Buenos Aires.
Morales Helí, Otra historia de la sexualidad, ensayos psicoanalíticos, Ed., Palabras en vuelo y Ediciones de la noche 2011, México.
Villeneuve Roland, El universo diabólico, Ed., Felmar, colección Abraxas, 1975, España.


 


 

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