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A PROPÓSITO DEL TRABAJO DE RICARDO BERNARDI SOBRE GILBERTO KOOLHAAS, (Y LA RECEPCIÓN DE LAS IDEAS DE LACAN EN EL RÍO DE LA PLATA)

JUAN CARLOS CAPO

 

 

 


Introducción.- Las menciones primeras a Lacan las viví, leyendo los despachos que enviaba Oscar Masotta, escritor argentino, a la sazón corresponsal de Marcha —semanario uruguayo,  de reconocimiento  sudamericano, que terminó sus días, clausurado por la dictadura, alrededor de 1973— y esa lectura que hice de Masotta tuvo lugar en circa los primeros años de los setenta.

El goteo de las notas de Masotta me hacía saber que ese escritor era sartreano: una nota sobre Sartre, otra nota sobre Sartre, y así seguía, no diría semana a semana, pero sí de modo frecuente.

Un día, leyendo a su maestro de entonces, Sartre, Masotta se encuentra con una crítica a Freud, por parte de aquel, y hete aquí que Masotta encuentra ahora la razón del lado de su nuevo maestro: Freud.

Y así, otro día, la nota de Masotta hablaba de Lacan, y ya no sobre Sartre.

Es en la década del cincuenta, que ya se podía encontrar a Masotta en tres campos: literatura, filosofía y semiología. Leyendo a Sartre, su maestro de aquel entonces, y guiándose por la sentencia: “El mundo crea en cada uno de nosotros el lugar— un lugar que encontraremos novedoso—donde debemos recibirlo”.

Esta frase encabeza el libro “Sexo y traición en Roberto Artlt”, de Oscar Masotta, libro que no he leído, pero que espero llegar a hacerlo.

¿Quién era Oscar Masotta?
En nota de solapa de “Introducción a la lectura de Jacques Lacan”, puedo leer y transcribir:

“Oscar Masotta nació en 1930 en Buenos Aires y murió en 1979 en Barcelona. Fue el introductor del pensamiento de Lacan en la Argentina y en España y fue fundador de la Escuela Freudiana de Buenos Aires. Asimismo, fue co-fundador de la revista Contorno y editor de los Cuadernos Sigmund Freud. Dictó clases y conferencias en numerosas universidades e instituciones tanto de la Argentina como de Europa.

“En 1974 se exilió en Londres y al poco tiempo se radicó en Barcelona, donde continuó su actividad institucional y editorial. Su producción no se circunscribe solo al estudio del psicoanálisis, incluye también ensayos políticos, críticas de arte y estudios semiológicos. Además de Sexo y traición en Roberto Artlt (1965) e Introducción a la lectura de Jacques Lacan (1970), reeditados en 2008, (...) publicó el pop-art (1967), Happenings (1967), Conciencia y estructura (1968), La historieta en el mundo moderno (1970), y Ensayos lacanianos(1976), entre otros”.

 

A modo de curriculum de Masotta “historia para un lacanismo en Argentina”.

-1958.- Primera mención de Lacan hecha por Masotta en su texto “La fenomenología de Sartre y un trabajo de Daniel Lagache”. Compilado en “Conciencia y estructura” (Jorge Álvarez, Buenos Aires, 1968).

-1965.- Oscar Masotta lee en el Instituto de Psiquiatría Social de Pichon-Rivière su trabajo: “Jacques Lacan y el inconsciente en los fundamentos de la filosofía”.

-1966.- Curso de Oscar Masotta en el Centro de Estudios Superiores de Arte, dependiente del rectorado de la universidad de Buenos Aires (U.B.A.) (De aquí se desprende el primer grupo de estudios lacaniano.)

-Se publica el libro La sexualidad femenina, con artículos de E. Jones, H. Deutsch, J. Rivière y J. Lacan (Gaudex, Buenos Aires, 1966)

-Lacan es citado por Liendo y Willy Baranger. El primero lo cita en un en foque comunicacionalista, el segundo para fundamentar la “mala fe del analizado”—línea de pensamiento de Sartre, que negaba el inconsciente— y la contratransferencia.

-1966. Aparición de los “Escritos” de Lacan y dedicatoria de Lacan a Masotta: “A Oscar Masotta, amigo de mi pensamiento, tan cercano aunque su residencia es tan lejana”.

-1969. En abril y octubre, primero y segundo congresos lacanianos convocados por Masotta.

-En agosto de ese año, clases de Masotta en el Instituto Di Tella, acerca del escrito de Lacan: “El Seminario sobre la carta robada”.

-1970. Publicación del libro de Oscar Masota: Introducción a la lectura de J. Lacan (Proteo, Buenos Aires, 1970).

-1971. Llegan a Bs. As. una parte de los Escritos (Lacan, 1966), bajo el título  Lectura estructuralista de Freud (Siglo XXI, México, 1971)—edición que Lacan desautoriza—.

-1972. Maud y OctaveMannoni son invitados a la Argentina por Oscar Masotta. En el mismo año, visitan Montevideo, y la APU, junto a SergeLeclaire.

-1974. Fundación de la Escuela Freudiana de Buenos Aires.

-1975. Masotta presenta la E.F.B.A. (Escuela Freudiana de Buenos Aires) en la Escuela Freudiana de París.

-1979. 13 de setiembre:muere Oscar Masotta en Barcelona.

¿Quién era aquel Lacan? Las simientes de la pluralidad teórica de una institución analítica.

En los primeros años de esa década, la del setenta, yo peregrinaba de las salas de psiquiatría a los lugares donde estudiaba psicoanálisis. Asistía a grupos terapéuticos y de estudio, además de concurrir al Hospital Vilardebó, (en las mañanas, y en los días de guardia), a la Colonia Etchepare, o a la policlínica psiquiátrica del Hospital de Clínicas.

En lo que a psicoanálisis respecta, se estudiaba, yo estudiaba, ante todo, en textos kleinianos; posteriormente se dio, y yo arrastrado por la ola, le di entrada a los textos freudianos. Fueron, pues, más los estudios de Melanie Klein, los que obligaron, en principio, mi atención. El argumento que primaba era de que con Klein se hacía más fácil comprender al niño y al psicótico, dado que el niño tenía un pasaje por la psicosis, atravesaba una fase psicótica, esquizo-paranoide, antes de la posición depresiva. En fin, que con Klein, ahora sí podíamos, psicoanalíticamente, atender tanto a niños como a psicóticos; esta sentencia era una suerte de consigna repetida que se oía mucho.

Y así con este descontado y obligado modo de estudio, nos permitíamos varar, desembarcar en el capítulo siete de “La interpretación de los sueños” de S. Freud, y no mucho más allá. Por el momento. En aquel entonces.

Hasta que el intelectual Masotta, Oscar Masotta, que no era psicoanalista, empezó a escribir sobre Lacan.

Repasando hoy, uno de sus libros, que son, por lo general, recopilaciones hechas por amigos, compañeros de generación, que se convirtieron en sus discípulos, me arriesgo a decir, tengo en mi escritorio, de su autoría, “Introducción a la lectura de Jacques Lacan”, donde Masotta se adelanta y le sale al paso a objeciones y silencios, que vinieron después.

Yo estaba lejos de las instituciones psicoanalíticas, que  era en nuestro país, entonces, una sola, la Asociación Psicoanalítica del Uruguay, admitida como tal, en el año 1961, en el Congreso de Psicoanálisis de Edimburgo, de la IPA.

(Los años me hicieron buscar libros de/o sobre Masotta, quien había fundado, quizás de “modo mimético”—como dice mi colega y amigo Ricardo Bernardi— una Escuela Freudiana de Buenos Aires, similar a la que fundaba por ese tiempo, Lacan en París).

Testimonios.-Norberto Rabinovich declara: “La salida al público de  Oscar con el discurso lacaniano constituyó un acontecimiento de gran valor y coraje intelectual.

“Es verdad que Massotta, que no surgía del interior del psicoanálisis oficial, no tenía entonces, que romper con él y no corría, por tanto, el riesgo de ser tildado de hereje. Pero él advertía que era pasible de acusaciones de otro calibre, como la de ser un sospechoso infiltrado en el campo del psicoanálisis.  Sin embargo las cartas que tenía para repartir eran tan fuertes que, rápidamente, se repartieron entre gente venida de diversos ámbitos de la cultura e incluso entre algunos integrantes de A.P.A. que, a escondidas de la institución, estudiaban con él.[1]

“En relativamente pocos años, Oscar formó un amplio núcleo de discípulos. Llegaban de la filosofía, la literatura,[2]  las ciencias sociales, algunos ya ejercían el psicoanálisis y otros aún no habíamos iniciado nuestra práctica.

“El 28 de junio de 1974 por iniciativa de Masotta, una veintena de personas que trabajábamos con él firmamos el Acta de Fundación de la Escuela Freudiana  de Buenos Aires, primera institución lacaniana en el mundo, después de la creada y dirigida por Lacan en París. En ese acto, varios de los más cercanos y destacados integrantes del grupo inicial se abstuvieron de firmar.[3]

El grupo fundador argentino lo integraban: Oscar Masotta, Jorge Jinkis, Oscar Steimberg, Mario Levin y Arturo López Guerrero.

Marx, Althusser, Lacan.

Seguimos en los comienzos de la década del setenta, y Masotta, que debía tener una deuda pendiente con el existencialismo sartreano, también la tenía con el marxismo, y en ese entonces la quintaesencia del marxismo francés, yo conjeturo que la podía representar Louis Althusser, quien le tendió una mano a Lacan, precisamente en el tiempo en que este fuera “excomulgado”, de la IPA, en el año 1963. 

Emergencia de la intersubjetividad.

La fenomenología  impregnaba la sociedad académica francesa, y por deriva, las áreas psiquiátricas, psicológicas y psicoanalíticas. No hay que olvidar que Maurice Merleau-Ponty, discípulo de Husserl, dejó asentado que Melanie Klein era una  fenomenóloga impar.

La fenomenología articulada al existencialismo se subsumió en el psicoanálisis kleiniano y luego en el freudiano, lo más  que pudo. Esto traería consecuencias en el pensamiento de Lacan, pero esto solo lo dejo anotado, porque no sé si el espacio me permitirá volver sobre este punto, donde está implicada la intersubjetividad, piedra de toque de la fenomenología, y hasta de una psicología psicoanalítica que hasta hoy se basa en un trabajo llamado “en transferencia” (o “trabajar la transferencia”) y que a mi modo de ver abusa de la pareja bipersonal de analista y analizando, insistiendo en una repetición, y en el binarismo fantasía-realidad, como la vuelta del pasado, y habla de “la situación analítica”, basando la sedicente repetición en la relación con el analista—hic et nunc—como palanca intencional de cambio. El analista pasa a jugar ora el papel de padre, ora el papel de madre, pero actualizándose en una suerte de psicodrama, buscando la catarsis, y encontrando a veces la locura.

Lacan fue para mí una confirmación personal.

Yo creo tener —y aún conservo—  una  lengua literaria y una lengua médica, que he ido perdiendo; tanto que hace años inventé un personaje de ficción, con un condensado de una lengua y de otra, a quien denominé “El practicante Literario”. Yo barruntaba que el lenguaje (la palabra, pero mejor fuera decir la lengua) debía incidir mucho más de lo que me había aportado Melanie Klein, que no era poco, pero había mucho que me parecía que faltaba “cortar” en aquella tela de la que están hechos nuestros sueños, de acuerdo a la hermosa caracterización que hace Shakespeare en “La tempestad” (y que también retoma John Huston, en film de la serie “negra” de su autoría, y devenido clásico en el género: “El halcón maltés”, Huston, 1941).

We are such stuff
As dreams are made on (...)

La Pasión del lactante.

Melanie Klein había tenido  una intuición genial: la de la batalla que se llevaba a cabo en el interior del cuerpo de la madre, protagonizada por los objetos internos: leche, escíbalos, chorros de orina, y presidiendo aquel aquelarre, rondando peligroso como un tiburón, el pene del padre. Esto fue descrito mejor que lo hiciera Klein, por GillesDeleuze: “...la historia de las profundidades empieza por lo más terrible: el teatro del terror del que Melanie Klein hizo el retrato inolvidable, donde el niño es, desde el primer año de su vida, escena, actor y drama a la vez. La oralidad, la boca, el seno son primero profundidades sin fondo. El seno y todo el cuerpo de la madre no solo están partidos en un objeto bueno y uno malo, sino vaciados agresivamente, despedazados, trozados, en pedazos alimenticios. La introyección de estos objetos parciales en el cuerpo del lactante se acompaña con una proyección de agresividad sobre estos objetos internos y con una re-proyección de estos objetos en el cuerpo materno: así, los pedazos introyectados son también como sustancias venenosas y persecutorias, explosivas y tóxicas, que amenazan desde el interior el cuerpo del niño y no dejan de reconstituirse en el cuerpo de la madre. De ahí la necesidad de una re-introyección perpetua. Todo el sistema de la introyección y la proyección es una comunicación de los cuerpos en profundidad, por la profundidad. Y la oralidad se prolonga de modo natural en un canibalismo y una analidad en la que los objetos parciales son los excrementos capaces de hacer saltar tanto el cuerpo de la madre como el cuerpo del niño, siendo los pedazos de uno perseguidores siempre del otro, y el perseguidor siempre perseguido en esta mezcla abominable que constituye la Pasión del lactante. (....p.193).

S. Freud y la literatura. Psicoanálisis y literatura.

Sin embargo, no encontraba en los textos kleinianos explicitación sobre metáforas ni metonimias, las sensaciones regían las fantasías, no había una aproximación conceptual al Padre (concepto, lugar, función); no había puentes, o eslabones, que me apasionaran, como los cabos que tendía Lacan, y también Freud, acudiendo a las referencias de obras literarias inolvidables: la Ilíada (cólera de Aquiles, y el amor a su amigo, paternidad de Héctor, maternidad de Andrómaca);la Odisea, (paternidad de Ulises, travesía peligrosa en retorno a casa, si se  presta oído al canto de las sirenas), la Eneida (la fundación de la ciudad, el sueño y la muerte: Palinuro); el Romanticismo alemán, sobre todo con Goethe, el mito de Fausto  (y también los disfraces de Goethe, para abordar a una persona amada); las novelas de Arthur Schnitzler, tan indistinguibles de los “Estudios sobre la Histeria” o “El caso Dora” o mismo “El hombre de las ratas”, con las resonancias  de  folie de doute que atormentaban al joven Hamlet, o el estudio freudiano sobre Dostoievski o sobre la Gradiva de Jensen, o mismo la concepción de Freud sobre “El creador literario y el fantaseo” o sus historiales, que él decía que se leían como novelas. Que no me vaya a olvidar de Sófocles, con Edipo rey y Edipo en Colonna.
Discutí con colegas, y con Ricardo Bernardi mismo, por esta introducción de la literatura, que fue sindicada por él, en  mail reciente, como una recurrencia excesiva a ella, y yo interpreté su observación como inapropiada, y eso que en “la referencia bibliométrica” como a Ricardo le gusta decir [me parece cómico, sin querer ser irreverente esta atención a despistar una tendencia con una “bibliometría”, cuando uno la puede afirmar, sin necesidad de estas mediciones].

En fin, no me era preciso, me parece, contar con esos índices empíricos para comprobar que las referencias literarias no escasean en los trabajos de los jóvenes analistas.

La pregunta sobre un aplastante dictamen de identidad, ¡ah, la identidad, tan cara a los psicólogos! ¿Sós psicoanalista, o sós literato?

Eso se insinuó, se me insinuó, superyoicamente, al cabo de mi trayecto curricular, por parte de una colega, entusiasta de “lo arcaico”  y de “lo dual” y hablándome desde el poder institucional, y proseguía hablando con que mi identidad analítica no quedaba debidamente fundada, al estar mixturada con estas “cosas” literarias. Estas insinuaciones superyoicas institucionales se fueron ablandando, de ahí que Ricardo Bernardi sostenga que el pluralismo o, mejor dicho, la pluralidad institucional, hizo que Lacan se estudiara primero en APU, o que se mente y se ostente que somos “el modelo uruguayo”.

Al fin y al cabo, ese blasón de “modelo” es también un ornamento que merece ser llamado viñatura o viñeta. (Espero, en contexto clínico, hablar de ellas más adelante).

Una inquietud de un editor de la IPA.

Hay otra referencia que conviene conocer. El psicoanalista argentino, Jorge Ahumada, encargado  otrora de la edición de...”El libro del psicoanálisis”, de IPA,   envió una carta al Newsletter, (publicación de la IPA, creo que inexistente hoy), donde puntualizaba que el Premio Goethe le fue concedido a Freud por sus aportes a la ciencia y no por sus dotes literarias. Ahumada  se empeñaba, con esa pequeña carta, en hacer una distinción drástica entre ciencia y literatura, o quizá fuera mejor decir, entre psicoanálisis y literatura.

El estilo en la escritura analítica.- Jorge Baños Orellana, analista argentino, sin embargo, acota otra observación, de muy distinta índole: “(...) una de las premisas de Operación Masotta es la intolerancia a todo lo que implica la vida cotidiana de una escuela de psicoanalistas, y de casi cualquier forma de asociación profesional”. (p.261)

La función del estilo no ha sido suficientemente tematizada, a tal punto es así que hoy debe reconocerse como una sugerencia desoída el modelo de lectura que, a propósito de un texto de Freud, introdujo Masotta en el discurso de apertura del Segundo Congreso Lacaniano de 1969. Hasta ese entonces, quizá por razones inversas a las de Lacan (por el hecho de ofrecer una legibilidad sencilla en la que el sentido parece cumplido) la obra de Freud tampoco había animado entre los analistas reflexiones acerca del estilo y menos aun sobre sus eventuales relaciones con el contenido proposicional.

A contrapelo de esos hábitos, la apertura de Masotta invitaba a leer a Freud como escritor. (p. 303)

Lo que me separa con Ricardo Bernardi. Un poco de historia.

Colegas como Ahumada, Ricardo Bernardi, y muchos colegas bonaerenses,  han sido y son, puntillosos cientificistas del psicoanálisis y entusiastas positivistas que buscan referencias emocionales en el analista y en el analizante, igualan transferencia a contratransferencia, cuando no priorizan esta última, y desautorizan lo que denominan el excesivo enfoque teórico, encontrándolo árido, poco ejemplificante y poco ilustrativo.

Guy Le Gaufey escribe: “Añadan las viñetas clínicas, y ya no podrán salir de un realismo que erige la teoría escogida como un superyó de una voracidad a la desmesura de su saber inmenso, puntilloso, despótico-protector”.

Pero ellos, los empiristas universalistas, realistas, positivistas,  han ido más allá, han buscado correlaciones anátomo-clínicas, operando anatómicamente dizque con la teoría freudiana, haciendo una localización del inconsciente en la zona cerebral conocida como la amígdala. (Otros colegas ya habían adelantado que ahí se origina la angustia). (Es curioso, es sorprendente, como la proximidad de los sitios del saber académico, universitario, opera estas metamorfosis en los psicoanalistas que a esos sitios se acercan. Quizá algo de mimesis también allí haya.) Y el punto sería que este psicoanálisis—sahumeriado con la esencia de la neurociencia—llegaría a poder configurar —en lo real— una mejor disposición anatómico-funcional en los lóbulos prefrontales, lo que redundaría en una mejor conexión con el sistema límbico, y de resultas de esa afiatada conexión, una resultante de integración conseguida con la palabra del terapeuta.  Con ese procedimiento se podría tener un mejor resultado cuando se tratara a un paciente que nos viniera a pedir análisis. Ellos prefieren usar, o volver a usar la palabra terapia. Prefieren hablar de clínica y no de práctica, pero se alejan del analista  Jean Allouch cuando este escribe que el psicoanálisis es “una clínica de lo escrito”, quizá porque crean que  escribir en psicoanálisis es hacer literatura. Se basan en lecturas primeras de analistas argentinos: Racker, cuyos “Estudios sobre técnica psicoanalítica”, es un opaco y pesado texto, que no prioriza ninguna realidad conceptual nueva, centra su tesis en el retintín de la transferencia-contratransferencia, y gira sobre mecánicas conceptuales y dialécticas estereotipadas y gastadas.  Del mismo modo me ocurrió con José Bleger, de quien recuerdo escritos sobre las entrevistas, abiertas o cerradas, menciones a la psicología, a la conducta, y a la psicohigiene. No es para mí un referente.

Se preconizaba así, entonces, una suerte de evidencia universalista a alcanzar—esto ocurriría cuando la inconmensurabilidad entre diversidad de teorías no se dirimiera en consenso,  bastante próximo a una unanimidad deseable e imposible. Sí, la pluralidad está bien, parece decir Ricardo, pero hay que ponerse de acuerdo en el cómo discutir. No solo está permitido discutir, pero está pautado, o busca pautarse en cómo hacerlo. Me hace evocar el ensayo de AldousHuxley “Un mundo feliz”, o la novela de Orwell, “1984”, ficciones de una sociedad  unánime y atada, demasiado atada. Y en esta línea el pensamiento de Jacques Lacan queda subsumido en una entelequia  englobada sin sutileza, como “el pensamiento francés”.

(Yo leía, como dije, muchas novelas, en forma paralela a mis estudios de Medicina, y no perdía la esperanza de escribir algún día una novela).

Freud traía estas riquezas culturales, que en mí, ya estaban en agraz, porque vocacionalmente, dudé mucho, entre inclinarme por la literatura y/o la medicina.

No estoy tan seguro que la pluralidad fue algo tan gracioso, ni tan pionero. Costó hablar de Lacan—y aún hoy cuesta— en un medio donde resultaba muy correcto hablar, principalmente, de Klein—y aún hoy Klein pesa en la institución y mucho, pero reducida  hasta la simpleza.

La primera lectura que hice de Freud fue cuando era un estudiante y un gremialista, y Freud me ayudó a entender, que lo que no encontraba en Marx, ni en las peleas de grupos ideológicos en la Asociación de Estudiantes de Medicina, lo iba a encontrar en la paz y el esclarecimiento hallado en las páginas de aquella conferencias de Freud de 1916. En esas lecturas me tomaba  mi tiempo para laboriosamente pensar en la insospechada subjetividad dividida del hombre y empecé a no sentir vergüenza por ser estudiante y no obrero,  estudiante pequeño burgués y no joven proletario.

(También el cine me había iluminado  sobre la concepción de un sujeto dividido, que es el hombre. El mito de la Bella y la Bestia, el choque entre Naturaleza y Cultura, ya fuera en las películas de Tarzán, o en la progresiva colonización del Lejano Oeste, o en las pesadillas del cine de horror, y los crueles filmes de suspenso de Alfred Hitchcock, todo ello me introducía en “el corazón de las tinieblas”, para decirlo con el título de una traducción de un libro de Joseph Conrad.)

Me tranquilizaba, pues, y mucho, leyendo las conferencias de Introducción al Psicoanálisis, en traducción de Ludovico Rosenthal, en  la célebre editorial de Santiago Rueda.

Esto tiene su importancia, porque después leí a Freud en la traducción de Luis López Ballesteros, patrocinado por Ortega y Gasset, antes que apareciera, a fines de los setenta, la traducción de José E. Etcheverry, “formateada” de acuerdo a la edición de la StandardEdition, con el auspicio y el cuidado de James Strachey, lo que tenía sus “trampas”, porque respondía a las tendencias del pensamiento del analista inglés, con el que discreparía varias veces.

En el año 1972, entonces, Lacan permite, no sin renuencia, que se reimprima su tesis de psiquiatría: “De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad”, conservo el libro, y está firmado en el año 1976. Ya en esos años, en los grupos de Estudios de Freud, se insistía en leer más a Freud, y se hablaba en forma creciente de Lacan.

En el Río de la Plata, Pichon-Rivière, fundador de la APA,  (pero que después  tomará distancia de ella), insiste con su tesis de “Psicología social”, viaja a París, conoce a Lacan, departe con él, sobre un tema que le obsede: todo lo concerniente al escritor franco-montevideano: Isidoro Ducasse, Conde de Lautréamont, un grande e iluminado poeta, del que los surrealistas buscarían apoderarse y erigir en uno de sus adalides.

En 1972, Leclaire, y Octave y MaudMannoni, vienen al Río de la Plata.

Oscar Masotta sostiene que no había mucho que pudieran sostener los psicoanalistas de las instituciones de la IPA, en cuanto a trabajo de pensamiento, que pudieran contraponer a aquella delegación de analistas lacanianos, bien pertrechados en el plano de las ideas.

Un precursor de estas orillas: Gilberto Koolhaas.

Inmigrante holandés, llegado a estas playas, (me imaginaba a un joven y ágil Koolhaas, cruzando peatonalmente las arcadas de la entrada del puerto), se casará con una uruguaya, forma un hogar, se hace psiquiatra, asistirá a enfermos de toda índole, como cualquier médico del común—él no debió haber sido un médico del común— viaja al infierno de la ColoniaEtchepare, y funda con otros colegas —un puñadito heterogéneo, donde no era ni la psiquiatría, ni la psicología, lo que abundaba entre aquellos pioneros, en sentido contrario a lo que establecerían después férrea e inamoviblemente los estatutos institucionales hasta hoy en día—el núcleo germinal de lo que será con los años, la Asociación Psicoanalítica del Uruguay.

Hoy tenemos un libro de dos tomos de Koolhaas, la idea de la compilación fue de Daniel Gil y de Luz Porras, el prólogo de Sélika Acevedo de Mendilaharsu : “El cuerpo, el lenguaje, el inconsciente”, donde podemos rastrear un  primer tiempo fenomenológico-existencial, donde no faltan los nombres de Heidegger, Husserl, Binswanger, Portmann, Minkowsky, la Minkowska, Sartre, Merleau-Ponty, y, naturalmente, Melanie Klein.

El viraje lacaniano.

Koolhaas, en el segundo tomo del libro, rastrea sus elecciones, vuelve a sus héroes del pasado (Heidegger, Husserl), nos deletrea la fenomenología, nos dice que es una reducción, un método, y dice que “al efectuarse la reducción fenomenológica, poniendo entre paréntesis la tesis del ser del objeto real, se descubre la síntesis que la conciencia opera, síntesis en la cual se constituye el objeto”, ...aunque después el espíritu de Koolhaas renace y nos sorprende: “objeto interno, que no es interno, que no es objeto”.

Recién en las páginas 221, (de un segundo tomo que tiene 353 páginas), con el trabajo “¿Quién es el Otro?”, Koolhaas, documenta, testimonial y fehacientemente, su viraje hacia Lacan.

“Y él nos invita a presentar el inconsciente de otra manera”, escribe Koolhaas. La escritura de Koolhaas parece hacerse más concisa y punzante, la riqueza bibliográfica sigue siendo abundante, pero hay otros nombres: Saussure, Derrida, Benveniste, Nancy, Lacou-Labarthe, Laplanche y Pontalis, Leclaire, Mannoni, (Octave y Maud) y Lacan, (el de los Escritos y  el del Seminario sobre “Los fundamentos del psicoanálisis” establecido discutiblemente por Jacques-Alain Miller, su yerno, como “Los conceptos fundamentales del psicoanálisis”).

(Pero mucha agua correrá bajo los puentes. No olvidemos que el libro de Koolhaas está fechado en 1987).

En el ensayo “¿Porqué Lacan?”, Koolhaas capta que Lacan recupera el sentido original de la experiencia freudiana. (...)

Con la introducción del lenguaje, el hombre se divide, habla y es hablado. Koolhaas capta la ternarización, noción que en el pensamiento de la APU, todavía “no ha entrado”, (adentro, afuera; parcial-total; afectivo-desafectivizado; placer-realidad;fantasía-realidad; primario-secundario;vida-muerte. El mismo Ricardo trae esta reciente pareja: mimesis-antropofagia. En suma: el “pensamiento oficial” de APU, es, predominantemente, un pensamiento que sigue manejándose con poco redituables binarismos).

Koolhaas pone el ejemplo del ternario de Claude Lévi-Strauss: naturaleza-sociedad-cultura), pero tendremos otra muestra de ternarios: el registro del real, del simbólico, del imaginario, piedra de toque del nuevo pensamiento.

Koolhaas resume el estadio o fase del espejo lacanianos: el inconsciente es el discurso de un cuerpo enajenado, y no de un llamado “cuerpo propio”, que siempre nos será ajeno, de un cuerpo otro, (como bien lo escribiera Proust: un literato), y por extensión nuestro pensamiento, o, nuestros pensamientos no serán nunca propios, como ya lo quisiera la “antropofagia antropológica” de Bernardi.

El sujeto deja de ser centro, es excéntrico, gira alrededor de una carencia.

El encuentro será imposible: como detentar un conocimiento, como “saber lo que hacemos” o llegar a la autonomía, como le gusta decir a Ricardo.

Ante todo procuraremos escuchar a ese sujeto alienado, siempre en busca de un objeto perdido, en aras de un reencuentro imposible.

Si hablamos de lenguaje es preciso ubicarse en el extremo opuesto de las ciencias que puedan querer partir de los datos de los sentidos, nos dice Ferdinand de  Saussure, el ginebrino, en un nuevo libro, que se ha descubierto estos últimos años, más allá de los apuntes que tomaran sus alumnos en las primeras décadas del pasado siglo, y que presentaran en un célebre Curso, aparecido en 1915.

Las viñetas clínicas en cuestión.

Ricardo Bernardi queda encantado porque Koolhaas, aunque se haya caracterizado como lacaniano, acude a las viñetas clínicas, lo que demostraría que no habría renegado del método universal que preconiza la IPA, método amigo de lo universal (¿y qué hacer con lo singular? en cada caso), de lo empírico, (Allouch preconiza vaciar las evidencias_ “évider les evidences”), y de unas determinadas pautas de comportamiento, que demostrarían  acordar con un “principio de realidad”, amigo de un “sentido común”, o de un sentido finalmente encontrado.

En el libro  “El no-todo de Lacan” de Guy Le Gaufey, el analista dedica un apartado a las viñetas clínicas. Sería excesivo resumir siquiera esta parte muy rica y actual, de un libro cuyo subtítulo reza —Consistencia lógica, consecuencias clínicas— en unos pocos párrafos, aunque a veces la “urgencia” de una polémica (bienvenida siempre) nos obliga y nos gusta. Veamos:

Lacan, resume Guy le Gaufey, la emprende contra la universalidad delsujeto como concepto, caen en “la cuereada” las viñetas clínicas, hiperbólicamente valoradas en la APU, (y también en APA y APDEBA). “Contrariamente a las apariencias, tales viñetas sólo atestiguan en escasa medida sobre la supuesta práctica en tanto que pretenden ante todo “ilustrar” un punto de saber teórico que se considera demasiado abstracto (...) Intentaremos pues mostrar en detalle cómo ese “estilo viñeta” participa despreocupadamente de una relación con la universalidad del concepto que transforma el saber analítico en una psicología tanto más inoportuna en la medida en que tiene el campo demasiado libre. A la inversa, por conceptual que sea, la enseñanza de Lacan casi constantemente le hace desplantes a ese funcionamiento ingenuo de la universalidad donde los casos no existen sino para alinearse bajo los conceptos que los aguardan a pie firme. La universalidad del concepto—de la cual no se trata de prescindir—usualmente es llevada por él hasta el punto en que se ve mal parada, y hasta arrasada, no por accidente, sino debido al lenguaje con el que todo pensamiento se efectúa, incluso el más formal.  El sujeto que se deduce del lenguaje y de su incidencia en un cuerpo no es algo que pueda caber en el concepto, ni siquiera en el de sujeto. Es lo que se les escapa a todos los psicopatólogos, aun cuando puedan pensar que están poniendo en práctica conceptos lacanianos.”

Coda.- “Oh, ciudades del mar, veo en vosotras a vuestros ciudadanos, hombres y mujeres, con los brazos y las piernas estrechamente atados con sólidos lazos por gentes que no comprenderán vuestro lenguaje y solo entre vosotros podréis exhalar, con quejas lagrimeantes, lamentaciones y suspiros, vuestros dolores y vuestras añoranzas de la libertad perdida. Porque aquellos que os atan no comprenderán vuestra lengua, como tampoco vosotros los comprenderéis.” Leonardo da Vinci, Cuadernos.

Bibliografía

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Bernardi, R. Nota sobre Gilberto Koolhaas. Comunicación personal. 2010.
Psicoterapia y cambios en la imagenología cerebral. Jornadas de Sociedad Uruguaya de
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Nuevos sistemas de Diagnóstico en Psiquiatría (DSM5) y en Psicoanálisis (OPD-2-PDM). Jornadas de Sociedad Uruguaya de Psiquiatría 18, 20 de Noviembre/2010.
Capo, J.C: Otro punto de vista. Comunicación personal en réplica a Ricardo Bernardi. 18 de Nov. 2010.
Bleger, J. “Psicología de la conducta.” (1963). Paidós. Bs. As. 1973.
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[1] Subrayado mío. J.C.C
[2] Subrayado mío. J.C.C.
[3] Subrayado mío. J.C.C.

 

 

 

 

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