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L1

POEMAS DE LISA COCCO *

DEL LIBRO CONTRAMAESTRE

 

 

 

 

Te reclamo
como ciertas miserables caridades
sigo amándote
sin descanso
y todo es traicionado.

Se muere sin un te quiero
con los ojos cerrados por una espina
se tiene aliento sutil
no se tienen caricias ocultas
se es nada
dobla el aire
en un doloroso despido
estoy furioso y lejos de tus manos.

Reconoces el confín
la vencible tierra
el Dios mayúsculo
reconoces la muerte
aquel ordenado perdón
moldeado como una rueda
torneado como una perla.

Se cierra el cielo
es como todo contenido
dentro de una nuez
cuencos que se ocluyen
órbita desorientada de mí
en un silencio atronador
mi pensamiento armado
que el tiempo no quiso olvidar
comprimido dentro de una
cápsula de odio.

Esta agua
llena de lágrimas
casi se mueve
como si fuese un planeta
una bomba que hace
explotar las olas.

Llevadme una rosa
como un ángel
fascinante
una rosa vidente
que me haga feliz.

Luego este beso
será un velo oculto
penitencia y cárcel
dolor y blasfemia
tus ojos oscuros
pasarán y caerán
suplicando mi adiós.

No nos daremos
ninguna hora
porque
estaremos firmes
y separados
como las piedras.

Luego tendremos
también el silencio
en las venas
una cuna todavía
y pasaremos
de la última palabra
al principio del cielo
a una infinidad de vida.

En el silencio tenso
y detenido
no te sitia nada
estás en la fe
como un hombre perdido.

Me brota el espíritu
solemne y ausente
parece un desfloramiento
mil resonancias
una muerte abierta
esta es la hora
en lugar del luto.

Las espumas son esperma
feroz manicomio
olas cortantes
solo huesos y gritos
del mar emergen extravíos
cabelleras a fajos
asoladas por el viento.

Nuestros dedos son ramas de sauce
del cuello a la tormenta.

Tengo la fatiga en el pecho
un espesor
una pelea en la respiración
me vuelvo loco de miedo
sin saber que muero.

Tienes gatos y avispas en el pecho
alas confitadas
no prometes tus huesos
porque tienes cuerpo
con hilos de miel.

Mirémonos morir.
preguntando querernos
porque no han cambiados los besos
entonces cerramos los ojos
vámonos
como si fuéramos ya muertos.

Salgo de la guardia de Dios
muero
bajadme la tapadera
para todos los siglos.

Es una lentitud agotadora
un abrazo de vejez
una turgencia sin estallar
mas a este aire
lo comparo al final.

Con ninguno compartimos
la muerte
pero solo es nuestra
y nos combate
es sincero aquel quejido
aquel mal en el aire aquel plomo fúnebre
abierto por muchos años
siempre atento.

Nos tocamos por miedo
nos hemos besado
todavía
ahora me dices que haces
qué harás si no te miro.

Todo nos molesta amor.

Adorno el cerrojo
ahogo
porque no dejas
por qué tienes piernas de ternario
te pruebo
te partes
te penetra el placer.

Querría después
de cada palabra
un derrumbante placer
que te toque las manos
una palabra cerrada
adherirte como un beso
verte como estarás
turbada amor
tan lejana y en ti
al final de tu cuerpo
confesar y perdonar
tu boca que vuela.

Quiero una felicitación
una oración fúnebre
como ocurre a los humanos
en los ataúdes
quiero morir avivado
absuelto y fiel
quiero alejarme
llorando.

Quiero brotar aire
dejarme matar
sin un minuto de aliento
mientras me miro
sentir la muerte
en pleno tiempo
hinchada de calor
jurar poderme sacar
toda.

Ven
quedemos unidos
un instante
solo y enteros
échame tu beso
las manos para retenerte.

Estamos inmóviles.

Esta noche captamos
el firmamento.

Una vez el alma nos traspasa
para dejarnos acostados
forma compleja
mostrarnos como desaparecidos
se va hacia el éxtasis único aire
innatural quienquiera
no tenemos más razón para vivir
estamos indiferentes y apaciguados.

Un solo minuto es carnívoro
si es todo el tiempo
más allá de la noche
nunca acaba
avanza con la boca blanda
y parece erigirse como una cueva
para encubrirme
no olvido
me digo que te quiero.

Tú me conviertes
besas cada palabra
tienes el sentido del oxígeno
del placer
por ambos
los cuerpos
te dejas caer en mis manos
abiertas como una memoria
te creo religiosa.

Armisticio de la nada
ojalá para mi vientre sustentado al aire
para mi garganta inválida
hago tregua.
recompensadme por la obediencia
por el silencio
acercadme arroyos de vino
coronándome con carnes de buey
no me dejen la miseria
de un higadillo de mosca.

Te vuelco cada instante
refugiado en tu regazo
es solemne tu mano
nutrimento
bendición
así que a cada nada caigo
vivo
y luego
subo
me amparo
brillo de alegría.

Te huye el cuerpo de las manos
querrías trasplantarlo con los ojos
sentada sigues absorta a distinguir
lo que aún tendrá que ocurrirte
una manera para morir
para separarse
de nuevo lo haces
cualquier cosa se diga
te sacias con silencios.

Y besa
solo bésame
y
sospéchame perdido.

Te aparece el alma
como arlequín
no retienes los diques
flujo del ajenjo
eres una esencia que quema.

Esta noche cada senda tendrá la tierra seca
árboles apolillados
o ya cal
tú como un viento piadoso
encenderás el fuego acariciándome.

Son todas pruebas de destierro
aquel margen de belleza lo enjugamos
sí se extingue el mar nos sobra una grieta
una senda
y no podemos navegarlo
los labios no tienen bocas
quedamos sin besos.

Eres el confín firme
un pantano
me alivias de fraude
comprendo cuanto sea hondo
y venenoso el amor
ahora que me ultrajas
haberte concebido
mientras tanto
no tengo sentido en las venas
el usual aburrimiento
me extenúa.

Si quieres déjame amor
pero quítame
la circulación de la sangre
déjale eterna y muerta
en tu cara serán
huesos sin sentido
sumidos en tu carne
tú serás elegida amor
seremos así
el uno en la otra
a cada instante.

Si te supiera nacida
no sería igual
tú y yo no seríamos
un montoncito de años
vividos por derecho
regresar lo calculado
volver adónde
ni seríamos fatiga
ni tedio.

Si muero
es porque la muerte no tiene sentido
ni se mueve
es una madre intacta
que marca cada ruido de la carne
no adelanto clemencias
ni oraciones
no porque tenga ánimo yo yazco
abro mi único cuerpo
a un remachado fin.

Si fuese ya muerto volaría
os dejaría numerarme los huesos
besarme
me dejaría recoger y enterrar
orgulloso como un mármol
pero tú te atormentarías
y yo así
moriría para siempre.

Sacuden las alas los ángeles
sobre mi rostro que ahora calla
sobre mi pulmón
parado como un corazón
si me vieras los ahuyentarías
tú herético y combatiente
harías latidos con cada beso.

Deslizo
con la boca muerdo
esta espesura
repiensa hijo mío y baja
porque no logro con las manos robarte
te lamo el sudor
como si tuviera la suerte de besarte
pero lo mismo mueres
y yo me echaría en cielo
contra tu subida
pero me mancillas
estás a punto de caer
extiendo el regazo para retomarte.

Quedamos aquí
se dilata la noche
colmada de aire para cada uno
el día es espeso de formas
amontonadas y sin ruta
paramos aquí
damos vueltas en el cielo.

Esta noche es imprecisa
como tu sombra
y como el océano
un movimiento incansable
la cuidas
te diriges al cielo
para verla rota
para darla al demonio
o para adelantar el alba.

Aquellos dados de granada
tienen la carne
el calostro y la sangre confundidas
cuál será la alegría
será abrirlos
será besar los huesos
dorarlos a llama
como si esperasen castigo
será desterrarlos en manos capaces
desnudos y brillantes.

En aquellos continuos
rebotes de los ojos
temo por mi corazón
que se apresura a esconder el agobio
de los versos que todos leerán
sabes
ahora tengo un tiroteo
ahora que oprimen mil hacedores
semejantes disparos las arterias.

¿Por cuál sentimiento exhausto
nos hemos querido?
¿seguimos del suelo a la guerra
a mantener este amor jerárquico
para qué?

Hijos solo son un ruido apartado
como un aire a los hombros
no son más que un minuto
en cada otro instante
no son más que una nuca
y me miro
en este vacío entero
cuanto la oscuridad en cada pena
estoy ausente
se mesclan los latidos
me parezco al cielo oscuro
no soy
el principio de vuestro abandono.

No es comprensible
que los pezones golpeen el cielo
dejando al vacío el corazón
tampoco una alhajita entre las uñas
porque es una efigie con agujas
quien la ha blanqueado.

Pasta de seda y carbón
yo te atravieso
grácil fortaleza
te acaricio y te beso
te parto el respiro
quedo colgado a tu boca
de aquel aliento
no remonto
no remoto
sufro
allí
en el fondo
en miniatura.

Ahora estoy en medio aire
como un nido
en la garganta del cielo
remendado
como si fuese una frontera
o la pantalla de Dios
y ahora voy.

No desaparezcas
la única vez
que estoy tranquilo
la única vez que no dudo
de tus dedos helados
no huyas ahora
que me he despojado
para el sacerdocio animal
haré cometas de tus besos
sin fantasía
es un paréntesis no esperar
que luego yo te quiera.

No tuve otro
que un aburrimiento aguerrido
así que mis ojos preguntaron
disculpa
sólo vi a un huésped
confortarme la carne
sollozar de placer
posesión parecida a la angustia
y al desgarro en el respiro
que luego te has negado.

No pido nada
me tienen perdido
y no quiero volver
ni izarme allí delante
yo duermo escondido
para que digan
y antes de retirarme
en el cielo me entierro
no quiero levantarme
duermo todavía en las voces
soy corrupto y torturado.

No tenemos ejemplos
entre los ojos
en el pliegue de los labios
sentidos de piedra apagados
no tenemos que vetar el llanto
ni al sueño sea benigno o rosado
tal vez son versos ilegibles
no hay nada entre nosotros
o te castigarías.

Nadie sabe
que mi corazón
sólo es una piel
que me separara
no lo hubiera conservado
como una pastilla de sangre
en un lugar solitario
como el pecho.

Me tiendes un marco con los ojos
para hacerme ver un corte
entre las pestañas y tu mar hurtado
yo me lanzo y me hundo
y oprimo tus labios
que brillarán después
bajo la tempestad de mis ansias
así somos una losa de espumas.

Pero un día estaré quieta
con el delantal de arcilla
un sudario de hierba fresca
no una cáscara de aire
ni una cruz soleada
sino caletas de cinc
y piedras y terrones tapiados
porque nunca me falten
los lados apagados de la tierra
no tendré parches
ni venturas para acecharte
solo ácidos y olor de azufre
y un insuficiente viento.

El espesor de la tierra
es el verdadero horror
todo sin luz
sin posibilidad de que rebote el viento
pero es parecida a un prodigio
esta sucesión
esta carne esparcida
vamos a perderla toda
protegida bajo tierra
si pienso que no resurge
querría resistir.

Mis manos están en ruina
tienen una forma estropeada
por cuarenta años de suicidios
no tienen nervios ni nudillos
no lograréis verlas firmes
son penitentes y saqueadas
enviadas a la tumba
por la vida
como harán luego los dedos
uno a uno.

Mis labios vierten el mar
y lento
y sudado
y piadoso
caigo en tus ojos
tú callas como la luz
porque soy el último amor
el último brotar de los sentidos
te llamaré dentro de poco
por la pasión de algo sencillo.

Lávame la boca con agua de arroz
cúbreme el pecho
esta noche me dormiré
sin pensar en el oxígeno
esta noche tengo miedo
como si depusiera
el alma que sospecho.

Déjame subir tus manos
dolientes como una boca
grabadas en tu pecho
como una fibra en el corazón
como golondrinas firmes
déjame defender tus brazos
antes que una insidia
las deje crucificadas o las rompa
antes que un engaño
te esconda a mi caricia.

Déjame aquí
no digas palabras para insinuárteme
tenemos una barra
un universo en las bocas
los corazones irritados
déjame sepultado
como ocasión de muerte
grítame las escenas de la memoria
sin hacer caso a tu voz
me he sigilado el pecho
y no siento.

El aire ha parado
es una faja desnuda
que me frena
pretendo estar tranquilo o volar
no me muevo
la muerte es paciencia
estoy cerca y veo el destino.

El sudario es una muerte
sólo humana
la deportación de un lino
una desgracia sin profeta
una trampa eclesial
la muerte ya es reino
deposición y morada
choza de cruz y arrogante losa
una satisfacción divina.

La muerte es áspera túnica
embalaje para el cielo
para el fondo seco
velo igual al frío
instante que no respiras
es esta piel
dura pared
mi alma que se mueve sin brazos
es este cuerpo que sacio
me basta la sola palabra
para vestir velajes
y hundir la carne.

La llama es grande
el infierno
han puesto velas sutiles
preparado el último sueño haré un estruendo
como una piedra en el vacío del agua.

La fiebre o un vértigo me dobla
como estuviese para besar
o fuese retenido por el placer
estoy dejándome
envuelto como un santo
como si hubiese cumplido todo
me rechazan los despojos
caigo en el sueño
me levanto
estoy en el cofre
me acusan de muerte.

Te escondo entre los dedos
nosotros somos completos
carnes pegadas
somos una gruta
el pecho eterno
en esta habitación
cavada y tendida
como un arco.

Conozco la muerte
que mueve el respiro
bailo sobre sus labios
porque sería casi un beso
dejar afuera el aire
sentir la piel unida
abrirla
y no hallar completud.

En este continuo cielo triunfal
nos consolamos aparte
como si fuéramos
floración de retoños acostumbrados
limpios de la costumbre
en cambio estamos pálidos y negados
porque todo es promesa de martirio
penas proclamadas en gritos sinfín
sempiternas
también este destino final
salido rápido
como si fuese absuelto.

Mi corazón reviste el cielo
porque he volado en su oscuridad
por todo el aire
y ahora envenado
infinidad de veces
querría verme morir.

El diablo ha caído
usa mi vientre como un baúl
como si  fuese verdadera tierra
se empapa mezclándose con mi melancolía
no soy su libertad
ni un puente joven instalado en su corazón
me voy
tengo una voluntad refinada.

Los muertos no huelen a cielo
nadie ejecutará lágrimas capaces de levantarlos
son almas huidas del pecho y de los ojos
son idos
sucedidos en la muerte
no golpean los párpados
nos ignoran
no volverán por qué ya no están aquí
están derribados
acabados
como un mar paralizado
los muertos no huelen
apunto en los tallos otro derribamiento.

Tengo bajo los ojos mi desastre
me tambaleo
hagan lentos los minutos que faltan
quizás un latido dentro del velo
haga lento el calor que sube en las entrañas
y en el alma
desde el corazón.

Me he dejado  caer
como si fuese el mar
lo he amado
mientras se sumergía en el corazón
no habría podido retenerlo
he estrechado los brazos
he instruido mi temor
y aceptado la muerte.

He desertado todo el día
recibiendo los muertos en los ojos
su bálsamo en el pecho
sus rostros eran lunares
sin peso he visto el alma
necesaria en aquel silencio
todo de oxígeno.

Mírame como si fuese la urna
que puedes cocear en aire
y dejar suspendida fuera
como si fuese una confesión
como si fuese una publicidad
mírame antes que el estanque
vea esta última forma de la boca.

Dadme las chispas del diablo
sus átomos
sus sofocos
Jesús
no hay patrimonio en tu cadáver
y no puedo quererte solo por miedo
tú no tienes respiro
ni razón ni error
eres de la misma muerte
que nos alcanza en cada lugar
no vale tu espíritu
si no hemos roto tus brazos
si has quedado como un mensaje acabado
como una piedad ordinaria.

Hazme reconocer tus manos
como un amor natural
que en cuanto pasa lo respiras
en una fracción de memoria
es un afán besarse
cundo resucitarnos de los sueños
si tenemos miedo.

Y yo volvería
grano de rosario
escudo de carne
estaría en un rezo
con la sangre en los palmos.

Sabes que finjo ser grávido
para no dejarte tocar mi vientre
odio tus manos
porque no ves
que tiemblo molesto
oculto en la excavación
de tu cama.

También el aire
deviene cielo
por fin firme
y abierto
como un campo.

Sí solamente una caricia
me rozará los brazos
tú amor a nadie más
removiste el corazón
comprimiendo el zumo de los labios
como quisieras servirte
pero ahora me has hecho arcilla
pasta de sal
un movimiento tembloroso
tenemos el mismo vértigo
la misma boca.

De repente
me aparto
me estropeo
me pego al catafalco
como si fuera ahorcado
un vacío ligero
pero yo quiero significar mi muerte
con un olor romántico
que también sea extenuada
un sepulcro espumeante
gotas de aceite cargadas de luz
que no sea un amén
sino un eco en la sangre
una golondrina.

Ahora que las almas son corderos
sin un Dios que mire fijo
ahora que tienen el ojo perdido
como apenas afloradas de la muerte
en una llamarada de vocación
también la carne se siente renacida.

 

Si te creyera triste
podría preguntarte
como has llevado
tu infeliz obra
tu soledad
casi dirías nada.

Encarno en tu peso
fundido como un deseo
como un alboroto
un viento
un contagio
me ahogo para escucharte
ahora que aniquilas mis ojos
ahí estás arañada
para comprenderme.

Pongo mis dedos
para peinarte
bien vivos
como palomas poderosas
y colmas
y te llamo
y forjo una latitud
completamente cercana
como una cadena.

Es inútil esta paz
si pienso en el horrible dolor
que tengo en la boca
no valen mis manos
si no las tocas
vivo destruida
mientras
espero
apoyarme
potente
en tu cara.

Es insensata la redención
porque cada muerto es idéntico
porque no tiembla la tierra
no oye el choque de ninguna sepultura
es toda carne inmóvil
sin furia
colocada y recubierta
si la salvación
estuviese con nosotros
en nuestra sangre
reherviría
nos haría hallar
y por Dios rogaríamos.

He pasado
sorprendido en tu corazón
como un barco entre las nubes
entre los humos de los ángeles
justo allá
sobre el agua
en otro lugar
en el cielo
entre dos estrellas.

Dime al menos
si mi tiempo se ha cumplido
deja que el corazón tiemble
que quede flaco
inerte
y espere nada
explica el miedo por tu silencio
si me condenas a vivir su fin
te sigo para contagiarte
todavía.

Rodeado como el mar
he perdido mi honor
no adivino un respiro
que allane todo este silencio
esta ansiedad en llamas.

Hemos peleado
y nos hemos odiado
pero yo amor
te he tomado en aquel duro instante
como levadura de luz
porque tú eres profeta.

El cielo
es como una pupila enterrada
como un veneno agrumado
como un surco interrumpido
como una carne incapaz y vieja
vaguea contigo en su inmovilidad.

Mi amor
ejemplo de menuda luna
y larga fiebre
me llena tu corazón

 

Cuanto tus dedos
como almas nuestras desobedientes
te has herido
para llevarme lejano
para tenerme y decirme
una palabra de amor de tus labios
mi amor tocamonos
quemamonos juntos
somos más aire que sal
besamonos ahora
como si estuviéramos
a punto de morir.

Acudo a ti
en lo alto
erguida al sol
como una cruz que reluce
o una trompeta
que se llena de aire
como un pájaro
que está a punto de volar
sin viento
como si fuese un ángel.

La muerte
no tiene sentido para el monstruo 
será lenta angustia
y canto para el mundo
socialismo 
capitalismo
arsenales polémicos
hasta no ser una soledad imprimida
una separación
tendrás los pensamientos
de cada hombre en la frente
cada riesgo de revuelta en las manos
cualquier melancolía.

Es oscuro realmente
si me pierdo
es por todo el cielo
os veo y os nombro todos
como fuerais vivos
os vigilo aún
mientras me seguís
pero huyo y vuelo como un sonido
hoy seré un anuncio
y antes de todo muerte.

Vivo en una vil pulpa
una fila de huesos
de esta tierra enferma
continúo la civil anestesia
soy abeja en pajarera
una luz mesurada
como un germen
un viento extraño y acabado
pero perdería todo
en un décimo
en un décimo de segundo
empujaría la cabeza con rabia
iría fuera de mí
sería recuerdo abstracto
acabaría muerto.

Ven cielo
llévate la muerte
de una existencia honda
de estas nubes extensas
esta noche nadie te ignora
han sido liberados
zumban desesperados 
suspendidos sangran
sobre su cabeza reflejan acero
soy una medalla en vuelo
quizás repensar sudaremos de frío
hacia ellos miraremos curiosos
nos sentiremos penetrados
y nos dejaremos derribar.

Tengo un fuego
mil trozos en este corazón
la noche encogida
pero tú llévame lejos
regresaré en el sueño
llévame
sacudo los siglos
golpeo duro
como un guerrero
que no siente las montañas
suspira y muere de desdicha.

Sé que somos así vulnerables
que la angustia está inmóvil
como un hueso
anticipa la muerte
terrible y madura
sin dolor
es una posesión ligera
casi ausente
calla sola
exiliada
está allí
espera como un dominio
un suicidio
queda viva
en un cuerpo obscuro
como lo que tengo
hostigo y beso.

Esta palabra amor
guarda tu cuerpo
y cada sonido.

Tienes en el pecho pasamanerías
prismas y llagas
eres Cristo balanceado
en pequeñas candilejas
dentro de hornos de oraciones
en las lámparas votivas
en todas las Catedrales
de opalina y  sucia raíz
entumecimiento de vinos
en todas las grietas y alcobas
hasta el fondo del Cielo
pero caerán los portales
la cal geométrica o barroca
y los cirios dorados
de los sepulcros.

Cada crucifijo me confiesa
como si pudiese darme otra piel
o día tras día el alma
como si tuviese una cabeza verdadera
una inmaculada voz humana
en cambio es una espía
la superioridad de la muerte
es como una sonrisa cortada
dura como una piedra
yo lo ruego
aunque está infecundo como un viejo árbol
sobre aquella cruz parece sagrado
me persigue su ausencia
mi fe vuela y cae
grabo un testamento
en aquel tronco que no conecta
luego quiero huirme lejano
entender que su muerte es atroz.

Nunca sabré
cuantos siglos faltan
a tus dedos humanos
me anido en el aire
como una lepra
una pena confesa
un aburrimiento carcelero
me retuerzo como canica de acero
de lejos llegaré como un palo
una punta en tu pecho vaciado
como una concha.

No existen ríos serenos
que bajan comedidos
a fecundar otras aguas
son alaridos de ballena
que se estrellan en el mar
por todo el tiempo
son músculos que huyen
¿tú entiendes
que tengo en la boca
un extinguido sueño
un invisible precipicio
un péndulo que hace de la noche
y el aburrimiento?
aquel río que ves es cayente
es un agua partida
y sin riñones.

Lloro y vacilo han trazado un regazo
una ensenada donde me descargan
me han levantado los hombres
hasta que han tenido ganas
se han valido de su cólera
han permitido que me violaran
y continuaran el delito velándome
en esta piel han penetrado de todo
me han truncado los nervios atacándome
la muerte no lloro
porque la carne se me quema.

Soy tu himen sanguíneo
la carne substraída
soy la llamarada
incluso el estruendo
el grito espumoso del triunfo
la herida
asesino y amor
la piel y la fatiga
el latido y el contagio
los labios fósiles
el hambre
la sangre que he visto
las gotas fluidas
el estambre erguido
una vid
la cicatriz
el encantado exceso
estoy pegado a tu hendidura
como un agobio
dentro tiemblo
como un placer
como un mal.

Insospechable
como solamente la suerte repentina
como aquel mal que nos espera
en el corazón
me has agotado la raíz
las venas
el coraje
me has acabado el aire
en mi pecho no se ha callado nada
me he hundido para ti
en esta muerte
de este amor.

No sé nada de ti
ahora yaces
te atas a mis muñecas
me paras los ojos
eres una sombra severa
no viva
apareces fría
como una carga en el pecho
déjame
no te acerques  a mis labios
así te tengo en mi mano
basta  de humillación
empujo la sangre contra tus huesos
están frescos mis dedos
los divido para no hacerlos matarte
con un duro latido
un improviso golpe.

Ayudad a María
fajadla como una espiga
una médula débil
tiene una voluntad desesperada
no se abandona
se desdobla
no tiene sólo fe
sino placer en abundancia
cada mano que puede tocarla
acaricie la urna de Dios
ahora que se ha destrozado
pegadla a la mesa
no tiene que regresarle dentro Jesús
abrid sus piernas
luego dejadla de repente morir.

A Cristo ha sido negado el bautismo
creyendo bastase la vida para darle un alma
y un nombre bendito
aquí todo esta cambiado y trastornado
es como si hubieran advertido
que sólo es gloria acumulada
todo ha desaparecido de sus manos
solo han dejado los rezos
para los muertos que creen en castigo
Cristo no ha tenido más un alma
entre los hombres es un recuerdo
resucitado para Navidad o para expiarse una pena
ahí están los bombarderos
la juventud amontonada en trinchera
el odio animado
aquí están los chorros dorados del clero
aquellos versos sagrados y escondidos
la violencia crece
Cristo está sin alma
ha muerto en nuestras manos
como si tuviéramos que lapidar
el cuerpo del miedo
oxidado en aquella cruz
Cristo está sin alma
es una máscara
un estandarte
un sólido silencio.

Los curas saben a psiquiatría
sus reivindicaciones
invocan aires penitenciales
y estamonos inertes
cuando desde el altar se alaban
como si sostuviesen cabeza y brazos
no ven armonías
sino abismos y condenas
y abanican castigos
para aquel verdugo
que asemejan a Dios

Eres un mar que sacude
y desgarra
revive sólo por amor
para no salvarlo
mira aquella señal
suspendida en el aire
recién nacida
parece ser la llegada
un hueco
una raya
el resto luz.

 

La poesía de Lisa Cocco es en sí un aliento de sus ser, un si al lugar que se funde con el laberinto de las letras que nacen de su interior, en un empapelarse con los colores de la tierra, con los sentidos que la atraviesan. Con los pensamientos que aclaran el no de la soledad. Es un sí con su rebeldía fundándose en el Olimpo del tiempo que rebota como aguas que refrescan por un rato a la sombra.

La nostalgia tiene color agua en la complacencia de la creación de Lisa. Ella limita con los acantilados del verbo. Talla la forma del sentimiento y los echa a las mareas de las memorias. El sonido estalla como ola cerca de la roca. Como ventisca dejándose atrapar por el espacio.

El ser de la poeta clama un refugio para la pasión que cae en el crepúsculo. La mirada traspasa la barrera del fonema. Deja unir el trazo con el sentido. Nos lleva a escuchar el latido de la existencia cuando se está gestando.

Las formas del agua femenina y la naturaleza invaden el espíritu. Tanta belleza no cabe en la tragedia. La ausencia: nostalgia de la luna en cualquier lugar. La escritura su precipicio de placer para no serle fácil la nada.

Conmueve esa transparencia de Lisa al ahondar en la madruguera de su alma donde el laberinto tiene la forma de su ser que asoma al espejo de sus ojos. Palabra sin exclusas. Palabra viva e irreverente a la muerte. Su letra firme asienta su poética que desmadeja en el silencio al lenguaje que descubre. Su escritura un duelo de pasiones.

Un amanecer con la imaginación. Un gozo sin compasión.

Carmen Váscones.

 

 

 

 

REFERENCIAS

* Poeta italiana, nacida en Cerdeña 1958-sep. 2012. Homenaje.

 

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