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L1

TRES CUENTOS
MORIR DESDE BRASIL, LA PLUMA
Y EL REY DEL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

OSCAR ZYDAKK HERNANDEZ

 

 

 

 

 

 

MORIR DESDE BRASIL

En estas noches desde Brasil todo pasa sin perecer, todo es eterno. 4 noches contando las estrellas y al parecer pueden hacer que parezca un año. Todo cambia, igual cual si pasara un año. Sé que ahora tengo todo a perder, nada apunta a mi favor. Pero vamos estoy en Brasil ¿no? el sueño de todo solterón amargado. En estas noches el calor tiene un nombre, tiene un olor, tiene un sabor.

Quizá deba mudarme, no lo sé, el Caribe es una opción, aunque el Triangulo de las Bermudas siempre me ha aterrado. Sí, tal vez lo haga. Nassau es un buen lugar, en esta época del año hace una lluvia tan suave que depura el alma. Aun no sé, el miedo paraliza, es devastador, aunque para qué preocuparme por el miedo, estoy en Brasil ¿no?. Aquí el miedo debería pasar desapercibido, Brasil siempre ha sido mi zona de seguridad, aunque últimamente todo ha cambiado desde entonces, Brasil ya no parece el sueño que solía ser, desde mi última visita, hace un año, todo ha cambiado.

Es algo curioso lo cíclica que es la vida, hace un año me encontraba justamente aquí, en la misma mesa, el mismo bar, la misma playa, en mi amado Brasil, y justamente bajo las mismas circunstancias, justamente hace un año, recién llegado desde Le Champs Elysee. Brasil parecía un buen destino y en su momento lo fue, aunque ahora realmente no se qué ha cambiado, es el mismo Whisky, el mismo mesero sonriente y acalorado bajo ese traje apretado de mozo, y aun no entiendo que ha cambiado, incluso las circunstancias son las mismas.

Quizás han sido las 4 noches que llevo aquí, que parecen un año, entonces, ¿habrán pasado 2 años?, realmente no lo sé, debo dejar de preguntar idioteces, después de todo ¿quién podrá contestarlas?, aun no sé por qué me torturo a mí mismo, por dios, ESTOY EN BRASIL, aun no sé si haya valido la pena quedarme aquí, después de todo regresé por las mismas razones, justamente hace un año, moría hace un año. Brasil me salvo, por eso regresé, creo que lo único que ha cambiado es el veneno, ¡si!, eso debe ser, entonces ¿debería de buscar un nuevo paraíso?, aun no lo sé, justo ahora esta vieja silla de palma empieza a parecer cómoda, oh Brasil, quizás tú no me decepciones, solo quizás... después de todo aun me quedan un par de noches antes de regresar a la capital, qué decepción, tan poco tiempo me he podido quedar en Brasil, aunque siendo sincero, realmente podría quedarme aquí mas tiempo, quizás un año o dos, después de todo, estas noches parecen un año, así que qué más da, después de todo solo divago.

Este insomnio empieza a cobrar factura, las noches aquí son tan largas, y los días son tan cortos, por lo menos me libro de los grandes infiernos de la capital. Es raro pero aunque no pueda evitar sentirme incomodo desde que llegue aun así me siento como en mi hogar, aquí no soy ningún extranjero, es raro sentirse así, es raro, pero aun así me gusta, ay dios, mi amado Brasil, y pensar que estuve a punto de volar a Cuba, quería un cambio y lo admito, pero a quién engaño, yo pertenezco a Brasil.

Empieza a amanecer, es hora de regresar al hotel, debo descansar, después de todo regresare aquí en la noche, después de todo Brasil comienza a surtir efecto, si creo que el solo hecho de considerar mudarme al Caribe es un error, al final Brasil es tan seguro para mi, realmente no me importaría quedarme y morir en Brasil.

 

 

LA PLUMA

La pluma ya no quiere escribir, no sé si la mató el cigarro de la madrugada, o los litros de café por las noches, o solo sea el fantasma de la mujer que inventó mi soledad, tal vez sea la arena bajo mis pies o aquella mesera que no para de sonreír. Las frases de Bukowsky, de Borges, y de Sabines, rebotan en mi mente, las cuatro paredes empujan cada vez más, pero no logran salir las palabras de mis manos, esta madrugada sabe cada vez más a cigarros, a café, a las palabras en mi mente, palabras que no salen pero se escurren con el humo. Las bocanadas del frío aire entran y salen con la poca inspiración que me queda, la noche cobija mi ser y mis palabras, descifro poco a poco el ritmo, "últimamente los días y las noches se parecen demasiado", grita Cerati en un susurro lejano, profetizando que la mañana se avecina.

Cómo añoro el calor de Brasil, aunque se encuentre imaginado en mi mente. Extraño esas mujeres de vestidos rojos, esos whiskys que matizan la noche, pero hoy, ... bueno, hoy solo tengo la ventana y un par de cigarros. Me siento caminando en las calles bajo la luz de las farolas, pensante, vigilante a mi propia sombra, atento al humo saliendo de mi boca que toma las formas que mi mente tanto desea. El encierro me asfixia, una muerte lenta, desfigurada, cantando mi epitafio, quizá debe ser eso...

Parece que sigue siendo verano, un verano que ha durado años quizá, aunque estemos en Octubre, el verano me está matando, no es como el calor Brasileño, no es como el calor de una rumba bohemia, ni el calor de los cuerpos contorsionándose y chocando, es el infierno, el infierno ha caído sobre cuatro paredes, sobre este cuarto con sabor a verano, con sabor a café pasado, con sabor a labial de alguien que nunca traté de recordar, de alguien cuyo nombre pasó, un nombre de una novela de una noche, páginas que borré después de escribir, quizá por eso la pluma no puede escribir saturada por la mierda de noches anteriores, noches llenas de vacío, de perfume barato de mujer, ¿o será de mujer barata?, de noches que no sé si existieron o imaginé. Quizá por eso, y solo por eso... Le falta sabor a esas noches, le falta sonidos, sabores, luces, le falta realidad. Mi realidad, no otra, ni de otro. Le falta una mujer con sabor a café, con sabor a whisky, un cigarro con aroma a "te olvidé" sin saber siquiera tu nombre, una aventura que muera con la noche y continúe con la pluma, hace falta oxigeno en estas paredes, hace falta vino para leer a Sabines, hacen falta tantas cosas, tanto miedo a la libertad, y creo que hace falta lo que sobra, quizá solo falta un sentido a lo que ya existe, un sentido que sea mío y de nadie más. Amo lo que hago y lo olvidé, me hicieron que lo olvidara, lo hicieron al escupir "necesitas una buena mujer" "no deberías estar tan solo" "mira que ella te hace falta" "la necesitas" "enamorarte te caería bien", sobre todo alguna de ellas me lo hicieron creer así, que estúpido he sido, nunca la necesité, nunca existió, tenía la pluma, tenía el café de la mañana que borraba todo, el cigarro de la madrugada que lo recordaba, y a la pluma que lo inventaba. Sé que siguen aquí, pero ¿cuándo dejé entrar a otros?. Ese no soy yo, yo soy la pluma sobre el papel, soy el humo que toma las formas de mi mente, el calor de Brasil, el viento de invierno, y las hojas del otoño, las cuerdas vibrantes de la guitarra, el whisky en mi garganta, este soy yo.

 

 

EL REY DEL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

El cliché de un hombre caminando bajo la noche lluviosa, una vez más. Solo él conoce sus soledades, solo él puede ver los fantasmas que caminan detrás de él. Solo él sabe que ocurre cuando el café se enfría, cuando los cigarrillos son insuficientes, solo él sabe qué hacer cuando la última gota de vino es derramada y los demonios salen de cada esquina del cuarto, cuando la desolación lo traga como lobo hambriento. Solo él, sentado en la barra cuando el bar se ha quedado vacío, cuando las mujeres fáciles se han ido, cuando la fiesta ha terminado y las risas acentuadas de cerveza y marihuana se han borrado, cuando no hay nada más que decir, él persigue su pluma como un loco. Vuelve caminando la noche, mirando la luna fijamente, como si el gato de Chesire le sonriera, como si la oscuridad le dictara lo que escribirá esta noche. Camina él, desnudo, solo con el frío, un frío más allá del aire, de una brisa, el frío de las cadenas que arrastran al fantasma; así desnudo atraviesa la penumbra, busca desesperado el último cigarro de la cajetilla, lo prende, como prendiendo una compañía artificial, dibujando rostros con el humo, así en ese bello delirio, ahora camina en su reino. Véanlo regodearse en la soledad, persiguiendo al conejo blanco hasta el hoyo, jugando con sus soledades, gritando en silencio, observando la luz de la luna colarse por la ventana, tratando de no fiarse, la luna ya lo ha abandonado antes, y sabe que lo volverá a hacer.

Ahí, tirado en su inmundicia, basura en forma de versos, sabe que esa mierda pseudo poeta es lo único que lo acompaña cuando no hay nadie, las caricias son imaginarias, los besos húmedos pertenecen a los amantes, no a este loco y su papel, el cuerpo bello, mujer radiante y amorosa, a quién hacerle el amor toda la noche, pertenece a alguien más, las palabras, los versos, los besos, pertenecen a un mundo del cual ha sido expulsado, desterrado al país de las maravillas, donde juega con su sombra, habla con las flores, contando historias para enamorar a alguna mujer, relatos que ahora solo los pétalos pueden oír y el eco de la nada responde en la conversación. Solo él conoce esa soledad, esa que no se construye solo por no tener compañía, esa soledad donde el aire deja de existir, y el veneno de su melancolía se cuela por sus pulmones, sudando una sustancia extraña parecida a los sueños rotos.

Solo él, el Rey del País de las maravillas, ha hecho del vacío su hogar, se hace una cama con la sonrisa del gato, atraviesa el desierto de lo real, buscando una salida, algo que le regrese la voz, que su piel vuelva a sentir, camina bajo la noche, maldito, fumando y buscando los versos aunque no haya a quién susurrarlos.

 

 

 

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