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L10

EL OTRO DEL AMO ES EL DESEO:

O EL DISCURSO DE LOS MERCADOS
O EL DISCURSO DEL PSICOANÁLISIS

JESÚS NAVA RANERO

 

Resumen: A partir de la desmesura de la oferta promovida por el discurso los mercados globalizados, se realiza una lectura de su relación con el deseo, la falta, el goce, la ciencia, la tecnología y el psicoanálisis, y del lugar que esta relación asigna al sujeto. Se aborda el riesgo de que el psicoanálisis sea recuperado por el dispositivo de los mercados y se señala la especificidad de la clínica psicoanalítica.

Palabras clave: Amo, deseo, falta, sujeto, ciencia, saber, verdad, tecnología, servomecanismo, goce, dispositivo, mercados, psicoanálisis.

 

“(…) que en el campo abierto por Freud restaure el filo cortante de su verdad y que vuelva a considera la praxis original que instituyó con el nombre de psicoanálisis al deber que le toca en nuestro mundo, y que por una crítica asidua denuncie sus desviaciones y los compromisos que amortiguan su progreso al degradar su empleo.”

Lacan “Carta de disolución de la Escuela Freudiana de Paris”

El amo es real, existe e insiste, el amo en ninguna época ha cesado de insistir, el amo es lo imposible de ser negado todo, el amo es la estructura que alberga al otro, el amo es el subsuelo del propio fundamento y de la propia dimensión de posibilidad, el amo es lo que ronda, lo que vuelve y envuelve, lo que es y lo que está, el amo anida en la lengua y anuda a la lengua, el amo es el significante primordial (S1) de la lengua materna y el Nombre del Padre, es punto de partida de lo que da lugar a la propia escritura, porque el amo es “no todo” y también “más allá”; no todo y más allá que realiza la insistencia y persistencia del deseo imposible, también, de ser colmado todo.

Podemos sostener que el otro del amo es el deseo imposible de ser tenido todo, de ser cumplido todo, de ser silenciado todo, capturado todo, contenido todo, apaciguado todo, reprimido y controlado todo.

Cuando el amo transmite su mandato hay algo más del orden del deseo que excede su mandato; si el otro del amo es el deseo, ello implica que el deseo para el amo es esencial, lo que hace producción y efecto de consumo es lo que falta y afirma la demanda, aquello que trascurre, aquello que el amo desea tener sometido a las exigencias de su producción y reproducción.

Sabemos que el deseo se hace saber, se hace decir, se hace escritura, se hace lenguaje, se muestra trazo, se hace palabra, se escucha partitura, se hace tiempo y espacio, se hace creación, se hace asombro y lugar, deviene lo otro, se muestra síntoma.

El amo no solo sabe que el deseo persiste, el amo se vale del deseo, lo hace valer, el deseo le asegura su propia persistencia y, al mismo o tiempo, su puesta en cuestión.

Se sabe que ningún amo admite ser desplazado por otro amo sin oponerle resistencia, de ahí que todo amo pretenda someter y tener bajo control los alcances del deseo y tenerlo al servicio de la producción de su reproducción.

Si el amo teme al deseo es porque algo del lado del deseo problematiza su existencia, lo cuestiona, lo confronta, lo muestra en falta, finito, y hasta puede hacerlo caer, transitar el lugar que se apropió de un Otro y le toca ceder.

“El sujeto, en su concepción tradicional, se guía a partir de una referencia, de una brújula, de una función simbólica. Una función que es ficticia y por tal, efectiva. Lacan llegó a decir “El Otro no existe”, lo que nos lleva a sostener, para creer en el Otro hay que construirlo. (Dufour). Eso explica los representantes del Otro, los cobradores del Otro, los que reprimen los deseos del y/o hacia el Otro, los que gozan para el Otro, los que matan o se matan por el Otro, los que lo administran, los que lo consumen, los que lo odian y los que lo aman.” [1]

Recordemos queen la versión trasmitida a cada uno del origen mítico-religioso de la humanidad, se hace saber que el deseo fue engendrado por el mal, que los hijos del bien fueron conducidos a las garras del mal por causa del deseo; luego entonces, a partir de esta lógica, todo amo no ha hecho otra cosa que hacer saber que lo que salva a cada uno de no ser excluido,ni colocado bajo la sospechade andar mal, es poner el deseo y las obras del deseo al resguardo del bien en las manos del amo.Para ello el amo hace saber que desear lo que no está permitido y hacer lo que no se debe hacer, afirma el mal y el mal estado del que, pudiendo elegir bien, elige mal. Esta es la lógica: todo para el bien del amo, nada contra el bien del amo. Hacer contra el amo es hacer mal, realizar el mal. No importa que el hacer del amocause el mal ni que el mal hacer del amo extienda el malestar. De cualquier forma la ciencia está de su lado y con ella el saber colocado como semblante en el lugar de la verdad.

“Un saber que presume de “objetividad” y que no sabe ni quiere saber nada de aquel que la comanda: el amo (…) La ciencia como una “empresa” o, más precisamente, como un dispositivo de la producción de conocimientos válidos eficientes, que marcha de modo impredecible, que carece de fines, que obedece “espontáneamente” a sus propias leyes, ignorante de sus determinaciones sociales y políticas aunque obedeciendo en su desarrollo a determinaciones económicas procedentes de los mercados. Una “ideología de la forclusión del sujeto” cuya máxima expresión se encontrará en la doxa económica que postula que los mercados funcionan solos, regidos por sus propias leyes, independientemente de la voluntad de sus autores y de quienes resultan afectados por los movimientos del capital, según el clásico tópico “adamico” (por Adam Smith) de la “mano invisible”. [2]

Para el discurso contemporáneo del amo de los mercados el deseo debe ser orientado hacia aquello que oferta su satisfacción inmediata, los servomecanismos prometen la satisfacción de las demandas en tiempo real: la búsqueda del goce, aquí y ahora, introduce a los sujetos en una espiral compulsiva saturada de lo mismo, es decir, de cualquier cosa que produzca momentáneamente la sensación de ser colmado: comida, droga, televisión, facebook, una ella, un él, alcohol, un espacio saturado de mercancías y tiendas para tener la sensación de estar contenidos.

Lo que aprueba es adquirir y tenerse inscrito, saberse contenido, en los dispositivos que el mercado establece como suplencia de lo singular; acallar, a través de la adquisición de mercancías que prometen colmar el anhelo de tener lo que falta, aquello del deseo que opone resistencia al mandato del amo,apaciguar su empuje adquiriendo fármacos, coches, ropa, servomecanismos, productos que colman imaginariamente el anhelo de vida eterna y eterna juventud, de salud y más salud, promocionesque ofertanla adquisición del género, de busto, nalgas, incluyendo el miembro y la modificación de cualquier parte del cuerpo a través de operaciones más que financieras, promociones que ofertan cumplir el anhelo del poder de gozar sin límites, así sea a través de sustancias químicas que no son para el que no puede sino para el que puede y quiere poder más; objetos de consumo que consumen al sujeto consumiendo y que hacen evidente la inexistencia del Otro.

El Otro que asignaba lugar al porvenir y al horizonte de las transformaciones que hacían posible “exigid lo imposible”, ha sido remplazado por el Otro del Mercado opuesto al porvenir que no sea mercantil y que coloca al sujeto en el lugar del amo que ejerce el control, toda vez que obedece correctamente las indicaciones que dicta el manual de usuario o las reglas de operación del servomecanismo utilizado. Ello sin advertir la operación que sobre él realizan los sofisticados dispositivos de control que dan lugar y sentido a su existencia

“Internet opera frecuentemente como agente o semblante que se dirige al sujeto y le propone las operaciones de significantes uno que lo identificarán socialmente mediante la creación de comunidades virtuales es las que no es necesario poner el cuerpo y donde la imagen puede ser ajustada a voluntad. Él o ella se preguntan “¿Quién soy?” y la respuesta es “Tú puedes elegir quién eres al optar por uno de los significantes de identificación que se te ofrecen. Una vez que escojas tu S1sabrás quién eres, tendrás un nombre, un rostro que saldrá en un libro de fácil acceso (facebook) y un lugar en el ciberespacio. Allí podrás vivir, formar parte de una comunidad sin fronteras”. El sujeto atomizado y aislado por los dispositivos que lo excluyen del lazo social, con la estructura familiar debilitada, con la tierra que desaparece debajo de sus pies, con un lugar incierto en la vida de la ciudad, se aferra a identificaciones que satisfacen su necesidad de cumplir con algo o con alguien. Los proveedores de identidad imaginarias se han trasformado en significantes que funcionan como S1 sufriendo el defecto del orden simbólico derivado de la falta de una palabra que lo nombre”. [3]

Estamos siendo participes de la implantación radical de un totalitarismo de nuevo cuño comandado por el amo de los mercados a nivel internacional; el Mercado es el escenario operado para dar fin a las posibilidades humanas de hacer posible, en función del deseo, la elección de una apuesta cultural-filosófico-política que haga valer la ley, incluya la diferencia, promueva y celebre la singularidad,y la acción colectiva,más allá de la fe en el progreso y el escatológico retorno al Edén,y también más allá de la perversa implicación de los campos del saber con el podery su cínica utilización sometida alos valores de uso y cambio. Una apuesta que incluya esencialmente la rehabilitación y la salvaguarda del planeta y con ella la rehabilitación de nosotros mismos.

La secuencia es clara, dice Braustein [4], a quien parafraseamos, el amo antiguo, el señor, tenía (y tiene) al esclavo como siervo; el amo moderno, es decir, el capitalista, tenía y tiene al operario, al proletario, cuya fuerza y tiempo de trabajo están amarrados por un contrato. Hoy día en la dominación de los mercados, está el servomecanismo, el productor telecomandado (por el amo) y tecomandante (del sujeto). Recordemos que en la fórmula de Lacan del discurso capitalista, el agente no se dirige al proletario, éste le es indiferente, es una pieza impermutable e impersonal en el proceso de producción. El nuevo comandante es el objeto, el objeto aque viene sustituyendo al beneficiario directo de la plusvalía: el robot contemporáneo, los tan familiares controles remotos que permiten controlar a quienes los usan, dispositivos cada vez más pequeños, e-nanos, cada vez más portátiles, cada vez más cargados de funciones digitalizadas, condenados a una rápida absolescencia, vertiginosamente desechados y reemplazados por otro, han dado un nuevo rostro a la sociedad del capitalismo tardío (¿post?) y son la creación material de un nuevo discurso; el discurso de los mercados.

El Mercado se establece como el dispositivo que convierte en capitalla ilusión de colmar la falta imposible de ser colmada, sostiene la ilusión de que es posible obtener la “satisfacción total” con el objeto al que nada falta incluyendo un plus de tecnología que, no obstante “no faltarle nada”, le agrega funciones que lo hacen ser más que más, y más que el anterior al que nada le faltaba, todo ello ofrecido al goce de los consumidores que demandar gozar ávidamente.

El Mercado por ahora “hace su agosto” porque, por un lado, propone la completud como posible y, por otro, hace saber que, como semblante de la no carencia, se renueva y completa permanentemente.

Otro asunto, no menor, que eclipsa la insistencia por al lado del incumplimiento de los objetos del mercado siempre en más y nunca en falta, es aquel que hace desear como posible el borramiento de la diferencia a través de la forma universal del consumo que iguala la oferta y la demanda.

La pretensión del Mercado de uniformarlo todo diluye la desigualdad en la obsesión de los consumidores que estando en deuda siempre quieren más sin que la deuda opere como límite para contenerlos. Tener y más tener, para no verse en falta ni mostrarse colocado en el lugar de la impotencia. En la actualidad decirle “pobre” a un otro, en algunos sectores de la sociedad, es decirle castrado, falto de tenencia y potencia; es decirle nadie. De hecho ya es un lugar común engrosar la cartera con plásticos sin fondo, lo que vale es acreditarse imaginariamente como sujetos signados por el más como el referente esencial de su existencia. La estupidez avanza desmesuradamente.

“Se entiende que todo aquello que no encaja en estas exigencias termina excluido, reprimido, olvidado. No se globaliza la justicia o la legislación que permitiría una protección del medio ambiente. La uniformación de un “mundo único” –que se postula, por lo demás, como el mejor de los mundos posibles- se hace a imagen y semejanza de los intereses de una minoría satisfecha cuyo estilo de vida y patrones de consumo sirven de modelo para multitudes excluidas de los beneficios del llamado progreso. El efecto segregativo de la globalización se visibiliza en esas comunidades de “indígenas”, “campesinos sin tierra”, “migrantes”, “desplazados”, y “desocupados”. Simultáneamente, deslumbran las estrellas mediáticas que dominan el imaginario colectivo, con su glamoroso estilo de vida.”[5]

El dispositivo del amo del Mercado contemporáneo es eficaz porque de suyo propio da lugar en el lugar del no lugar al otro, bajo el estatuto de la mercancía; con ello, además de celebrar la incompletud que lo supone eterno, produce y multiplica los beneficios de la falta.

Si la falta original, al decir del texto bíblico, fue causa del deseo, la falta, en el contexto de las leyes del Mercado, produce capital y mercancía. El Mercado sostiene perversamenteel mecanismo que provoca la adicción manteniendo activa la promesade estar a unpaso, el siguiente paso, de alcanzar el “éxtasis” que produce colmar la falta. Algo parecido opera la promesa del gran orgasmo nunca suficiente y siempre eclipsado por la ilusión de alcanzar el Absoluto ingresando la clave de acceso al viaje que uno o una, una vez colocado como semblante del objeto a, posee y hace posible. Perversamente el discurso del Mercado que convierte la falta en capital, opera la promesa de colmar la falta; no es otra la ilusión que sostiene la demanda de la legión de adictos de diversa índole que produce el incumplimiento de su promesa irreal siempre postergada por el plus que agrega al objeto sin falta que falta al anterior.

Ya podemos permanecer tranquilos porque el Mercado,por la vía de los hechos, promete transformarse eternamente para beneficio de la humanidad; el Mercado es la madre y el padre del gozante adicto alienado, enajenado he infantilizado consumidor contemporáneo.

Los dueños del Mercado se preocupan por mantener activo el sueño de la sociedad contemporánea que, despierta, sueña que el mundo es un Mercado que lo tiene todo y la falta no falta, y no hace falta despertarse a la pesadilla de la realidad.

El sentimiento de nulidad que produce el mostrarse en falta, es un sentimiento que, por ahora, arroja a los sujetos a los territorios de lo insoportable, a la apatía sin más, al suicidio en lo real y al suicidio simbólico, o a la obtención de aquello que se anhela tener de cualquier forma, incluyendo las ilícitas.

“¿Qué tipo de sujetos está produciendo la sociedad ultra-liberal? ¿Qué consecuencias subjetivas trae el pasaje de la economía moderna del deseo a la economía posmoderna del goce? ¿Qué consecuencias subjetivas conlleva ese gran Otro que es el Internet, esa web, esa telaraña que a la vez que usamos, somos usados por ella? ¿Qué cambios produce la trasmutación del panóptico foucaltiano al sinóptico ejemplificado perfectamente con wikileaks, Facebook, bigbrother, etc.? ¿Qué consecuencias subjetivas trae el paso de las sociedades disciplinarias a las sociedades de control? ¿Qué consecuencias tienen estos cambios en las formulaciones clásicas como el Edipo freudiano, el padre simbólico, la función paterna cuando estamos frente al advenimiento de la declinación del padre, cuando el padre ha pasado de ser mesa de centro a mueble rinconero, cuando nos encontramos con psicólogos, médicos y pedagogos diciéndole a padres lo que es ser un “buen padre”, anunciando la declinación del padre para justificar la necesidad de sus servicios. Incluso con algunos psicoanalistas que con posturas nostálgicas tratan de reconstruir artificialmente el inconsciente de ayer?[6]

La recuperación por el dispositivo de los mercados de lo abierto por Freud está teniendo efectos nocivos en el campo freudiano y la especificidad de la clínica psicoanalítica, puesta, cuando deja de ser freudiana, al servicio de exigencias superyoicas, y criterios de eficiencia correctiva, ajenas a la transmisión centrada en una ética, la del psicoanálisis, que opera para dar lugar a la singularidad del sujeto y su deseo.

La dimensión freudiana que es dejada de lado es aquella que enciende el llamado en cada uno a afirmar la singularidad de su existencia y vivir conforme a su deseo, radicalmente ajena a las intervención adaptadora que degrada al sujeto y degrada a la vez al psicoanálisis.

La finalidad el discurso de los Mercados de convertir al psicoanálisis en una mercancía no es otra que la de transformarlo en otra opción tranquilizante, efectivamente terapéutica, y al servicio de la producción y la reproducción de sujetos cedidos al deseo y discurso del amo.

Intervenciones que pasan por alto la interpretación que hace posible que el sujeto trabaje alrededor de la falta que lo constituye de un modo ineludible y pulsiona sus deseos, el hueco abierto desde la presencia de lo inexistente, el fantasma en la cuesta que realiza su causa, el objeto perdido y el deseo por su ausencia reanudando sus marcas.

Más que “peste”, el psicoanálisis en la era de los mercados globalizados enfrenta permanentemente el riesgo de ser asimilado a las leyes de la oferta y la demanda, como una mercancía a la alta o a la baja dependiendo de la complacencia que produzca en el consumidor.

Retornar a la letra la enseñanza freudiana hizo estilo en Lacan en desbordes poéticos que resguardan su apuesta de intereses mezquinos y derivas ajenas a su campo y su letra; desde aquí la importancia de su giro al matema y el retorno a la lógica.

Necesario el retorno a la letra freudiana una vez y otra vez, necesario también el retorno a Lacan para impedir, con él, que el psicoanálisis sea manipulado por los dispositivos del mercado, la maquinaria de la ingeniería conductual y la manipulación ideológica productora de sentidosque producen súbditos.

Necesario hacer resistencia para que los efectos de sentido que conspiran contra la existencia del psicoanálisis no se impongan en la clínica psicoanalítica a los efectos de discurso que permiten prolongar el texto freudiano “haciendo duelo con respecto a la esperanza de una trasmisión sin restos”, sin falta y sin porvenir.

 

Cd. de México. 2013

 

 

REFERENCIAS

1

Berdiel Rodríguez Otto, “El inconsciente es la política: el sujeto y el Otro en la época contemporánea. En: http://psicoanalisisypolitica.blogspot.mx/2012/04/el-inconsciente-es-lapolitica-el-sujeto.html abril 2012.

2 Braunstein Néstor A. “El inconsciente, la técnica y el discurso capitalista”, México Siglo XXI editores, 2012, pag. 161 y 162.
3 Braunstein Néstor. A, op.cit., pag.163 y 164.
4 Ibid.,pag. 160 y 61.
5 Lora María Elena, “Reflexiones en torno a la vida cotidiana en el mundo actual y la apuesta psicoanalítica”, en: http://www.iztacala.unam.mx/errancia/v5/litorales_2.html. 2013.
6 Berdiel Rodríguez Otto,op. Cit.

 

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