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L1

¿CÓMO ENFERMAN
LOS SUJETOS HOY?

CLOTILDE PASCUAL

 

Resumen: En primer lugar, ante este título me parece que se abren dos ejes, responder por una parte a la causalidad, es decir el porqué del enfermar de los sujetos, y en segundo lugar cómo se presentan actualmente en las consultas de una forma más específica, aquejados de qué, y que demanda presentan en torno a sus síntomas. Se podría también enunciar como la articulación de los síntomas que presentan los sujetos con la cultura contemporánea y a su vez lo que esos mismos síntomas exponen de esa cultura.

Palabras calve: Cultura contemporánea, inconsciente, sexualidad, capitalismo, goce, plusvalía, producción, demanda, consumo, sujeto “narcínico”, síntoma.

1-Las Causas:

Freud descubre que detrás de la forma de enfermar es decir del síntoma está lo sexual. Por otra parte escribió en 1930 “El malestar en la cultura”, en donde alrededor de la sexualidad y de la pulsión de muerte, añade lo que incide en el sujeto la relación con la cultura de la época. Ya en este texto surge la articulación entre el inconsciente, la sexualidad y la cultura y las cuestiones en torno a cómo la forma de enfermar producida por el conflicto con la sexualidad muestran al mismo tiempo por las identificaciones, la cultura de la época en que le ha tocado vivir al sujeto. Piensa que la sociedad le pide al individuo que renuncie a las pulsiones, y que esta renuncia bajo los ideales produce los síntomas.

Si pasamos a Lacan, la frase sobre: “No hay relación sexual”, que quiere decir no hay simetría entre los sexos, no hay forma de simbolizar del todo la relación sexual, es otra forma de denominar el conflicto del sujeto con lo sexual. Hay algo que no pasa por el lenguaje, por el significante, que no se “civiliza”, que sin embargo produce en cada uno un real traumático que unido a los avatares de la sociedad en que se vive, produce los síntomas. Ese algo, lo llama superyo, definido como un imperativo de goce, que incita al sujeto a gozar, es decir a ir más allá del placer, de forma mortífera, en un intento de tapar la falta de goce propia del ser humano y que constituye la posibilidad de desear. Por otra parte, allí donde Freud hacía hincapié en la civilización, Lacan en 1970 en su Seminario sobre “El Revés del psicoanálisis”, trata de esta civilización como los distintos discursos (nos da cuatro) además de nombrar al Discurso Capitalista, que rigen los lazos sociales y enmarcan el goce del sujeto. En definitiva, los discursos vehiculan la cultura, constituyen una suplencia de esta falta de relación sexual. De forma estructural, el freno a esto traumático viene dado por la falta de goce originada por el hecho del lenguaje mismo, que constituye la represión originaria que funda lo simbólico.

Vayamos a la cultura de “hoy”, sabemos que es la del discurso capitalista, la del neo-liberalismo feroz, que Lacan dice que deshace los lazos sociales. Lo dice en relación a los demás discursos que da en el seminario citado antes, en que cada uno de ellos (el del Amo, el del Histérico, el Universitario y el Analítico) tienen bien delimitados el agente y el Otro. En el Discurso capitalista, versión moderna del Discurso del Amo, el Agente ya no es el Amo, sino que el sujeto como agente está atravesado por los objetos de consumo que son el producto de este mismo discurso. Los sujetos entonces, están obligados no sólo a producir sino a consumir los objetos que son un intento de sustituir la falta de goce del sujeto. Pero al mismo tiempo, estos objetos no hacen que el sujeto elimine esta falta, aunque la quiere llenar a toda costa. Producen un imperativo de goce que lleva al sujeto al paroxismo, desembocando en un No es eso…, con el corolario de la angustia y de un sentimiento de vacío que producirá distintas versiones sintomáticas.

En el Discurso Capitalista, la plus-valia robada al trabajador engrosa el capital según nos dijo Marx. Lacan en 1970, le da una vuelta más al decir que esta plus-valia, es el objeto causa tanto del capitalista, como del trabajador que también lo quiere tener y que va a dar como resultado la cadena de producción y de consumo, consumir para sostener la producción de ese objeto que todos quieren. Algo que en nuestra situación de crisis actual, estamos oyendo continuamente. En esto, cada sujeto está con sus objetos, en un mundo cerrado en su propio goce que dará una clínica determinada. Por otra parte, en la actualidad asistimos al derrumbe de esta forma de capitalismo feroz en la caída de esta cadena de producción porque algo de ese querer tapar la falta, no evidenciar los límites en la economía de mercado, ha llevado a su propio fracaso. ¿Que saldrá de ahí? Está por ver…

 

II Efectos posibles en los sujetos:

1- Empuje a lo mismo, la llamada globalización, el sujeto quiere los mismos objetos en lugares muy lejanos geográficamente.

2- Una exaltación de estos objetos de consumo, en la publicidad, versión moderna del superyo: ¡Goza! consumiendo.

3- El encierro de cada uno con su goce, es decir la deriva a la soledad. Lo que C. Soler llama el sujeto “narcínico”.

4- Nuevas formas de vinculación social, la sociedad de los “single” los que viven solos, hace poco leía que aparecían en el mercado tiendas dirigidas a ellos.

5- Nuevas formas de querer tener un hijo, en ocasiones sin vínculo simbólico ni sexual con otro, como deseo de uno solo.

6- Empuje a una imagen ideal, sin fisuras en una “modelación a la carta”.

7- La prisa, la inmediatez, y la necesidad de triunfo social y económico, que quiere producir la ilusión de ser libre, de tener éxito a toda costa y que genera la culpa del que no lo logra.

8- Una especie de perplejidad ante el horror sin poder rebelarse.

Todos estos puntos y sin duda otros que me habré dejado, configuran una sociedad que no tiene en cuenta el don simbólico, el dar lo que no se tiene, que según Lacan constituye el amor, y por supuesto está lejos de facilitar que el sujeto se pregunte por su deseo. El toque de atención del derrumbe económico tal vez configure una forma de regulación del totalitarismo capitalista. Es un totalitarismo que da como resultado un cortocircuito a la satisfacción pulsional, intentando poner al objeto de consumo en el lugar del objeto fantasmático. Por otra parte, en este trueque, asistimos a la sociedad del espectáculo, los objetos que pueden saciar son dados en imágenes y de forma inmediata, en una sugestión fetichista. Es una cultura que al igual que otras totalitarias captura e hipnotiza al ser humano, poniendo como Ideal a los objetos de consumo.

El Capitalismo funciona como una gran adicción, lo que explica el carácter compulsivo de muchos de los llamados nuevos síntomas: Bulimia, consumismo exacerbado, trabajo compulsivo, consumo de drogas, o bien el rechazo a este consumo en otros síntomas como anorexia, fracaso escolar, depresión, fracaso laboral…

 

III- Lo que dice el síntoma acerca de esta cultura:

Si el Capitalismo intenta tapar a toda costa la falta de goce, las consecuencias acerca del enfermar de los sujetos, constituyen especificamente una clínica del lleno/vacío, en lugar de la clínica de la falta.

La clínica de la falta es la clínica del deseo inconsciente, y del retorno de lo reprimido en el síntoma articulado al fantasma. Su centro es la falta en ser y el deseo, es la clínica clásica de las neurosis que por supuesto también encontramos hoy en día y a la que también llegamos en muchos pacientes después de quitarle la “coraza” al lleno/vacío.

En efecto, en lugar de encontrar un síntoma que le haga pregunta al sujeto, lo que vemos con más frecuencia, es una clínica del vacío, con una falta de la representación de falta que produce en el sujeto una sensación de vacío y la consiguiente angustia que bloquea o en caso contrario los pasajes al acto o de violencia.

Así, las formas con que acuden los sujetos a la consulta, son expresión de esta angustia que no logra localizarse en síntomas definidos. Aparecen en muchas ocasiones, quejándose de crisis de angustia, de ataques de pánico, de sentimientos de vacío, de cansancio y de falta de vitalidad, de somatizaciones, de dificultades en relación a la comida, de adicciones, de sentimiento de fracaso, de baja laboral por no poder continuar en un ritmo trepidante, de una falta de deseo sexual, de un temor en la actualidad a la pérdida del puesto de trabajo, al cese de las empresas en que trabajan, a la pérdida en bolsa de sus ahorros… y todo ello sin que lo puedan articular con una causa más inconsciente, al menos en un primer momento.

Es asimismo una clínica del fenómeno más inmediato, del acto compulsivo o del acto violento en ocasiones, que no tiene en cuenta el dolor de existir propio de la falta en ser, sin poder conectarlo en una red significante en relación a una biografía y sin que sin embargo sea signo de una psicosis. Vienen pidiendo soluciones rápidas, y sólo en un segundo momento podrán conectar sus síntomas con sus causas, y entrar en un cuestionamiento acerca de ellas. En principio sus síntomas carecen del eje de metáfora dirigido al Otro, que provoca en el sujeto la pregunta de ¿Qué soy? sino que vienen diciendo: Soy, soy un depresivo, un adicto a tal droga, una anoréxica, en ocasiones incluso se describen a través de un síntoma somático. Todas estas formas indican una fijación de goce que identifica al sujeto y que hacen difícil que aparezca el inconsciente. En ocasiones, son manifestaciones que no incluyen un intercambio con el Otro, que encierran al sujeto en un goce Uno, cerrado en sí mismo, como las adicciones o las formas depresivas.

En esta forma de presentación, el vacío, no tiene nombre, el malestar no se puede explicar. Es algo muy común el que digan que no pueden poner un nombre a lo que les ocurre, a no ser un nombre muy concreto. Ya dije que la referencia es las distintas modalidades de angustia. Algo del objeto que no se puede colmar a pesar de la cultura actual, emerge con fuerza, o bien es otro tipo de objeto que está de más, que estorba para poder desear, que el sujeto no sabe cómo quitárselo de encima. Está encerrado en un circuito de intentar acceder a la ficción de una satisfacción directa de goce. Nos dice Maximo Recalcati en un libro titulado: Clínica del vacío, que es una clínica de falsas identidades, que instituyen al sujeto no por su deseo sino por su goce, y los sujetos mismos se segregan de los demás por esa forma de denominación.

El sujeto intenta escapar de la alienación en relación al Otro. Estas formas de rechazo y de intento de separación sin alienación, es decir sin pasar por el circuito del deseo del Otro, pueden llevar a actos violentos. Es una clínica en que no hay el juego histérico de la identificación al deseo del Otro.

Por otra parte, en El País, del 12 de Diciembre del 2008, en la sección de Vida y Artes, como exponente de los malestares actuales, leí un artículo en torno a cómo la crisis económica se plasmaba en miedo al despido, miedo al estrés y decía acertadamente como esos temores “son nuevas apariencias de temores más ancestrales”. Este artículo, comentaba algo curioso y es que miles de internautas compartían todos los días sueños desalentadores en torno a estos temas para buscar apoyo entre ellos, y tratar de sus malestares a través de los sueños. ¿Nuevas formas de expresión, tal vez de intentar preguntarse, aunque sea de forma un tanto precaria, por los males de la época y de pasar por el circuito del deseo del Otro?

Volviendo a los sujetos que presentan ese tipo de clínica, es sólo después de un tiempo de trabajo, que ese vacío puede adoptar la expresión de una falta en ser, algo falta que produce un dolor de existir que el sujeto poco a poco puede poner en palabras y hacerse responsable de ello, introduciéndose en una demanda ya no sólo de curación rápida sino de pregunta por lo que le ocurre.

 

IV-Formas Clínicas más comunes

No pretendo ser exhaustiva, sólo tratar de las formas más comunes con las que acuden, aparte de las crisis de angustia y de los pasajes al acto, manifestación como dije de intentar escapar a la alienación al deseo del Otro, sin elaborarlo.

En primer lugar, los sujetos que se presentan como depresivos, como dejados caer del deseo del Otro, como fracasados de los ideales de éxito y de felicidad actuales. Es una pérdida del tener que sacude al ser del sujeto, que no tiene en cuenta como dije antes la cuestión del don del amor, en el dar lo que no se tiene. Ante esto, el sujeto se deja caer él mismo, oculta la falta del Otro y la suya y prefiere conservar aunque sea de forma petrificada el Ideal. Es un fenómeno relevante de la época actual, la protesta silenciosa y “cobarde” en el sentido de cobardía moral que Lacan le dio a este estado de ánimo, es una enfermedad propia del capitalismo, la otra cara de la moneda del Ideal de felicidad. Sólo elaborando su historia particular y sus identificaciones el sujeto podrá tratar su síntoma y salir de la inercia de la queja silenciosa. Evidentemente, no hablo de sujetos melancólicos que reenviarían a un trastorno más grave, dentro de las psicosis, que se manifestarían no por una falta en el tener, sino por una falta en el sentido de que el Yo se vacía, pierde sus referencias.

En segundo lugar, los sujetos anoréxicos, identificados a la nada o al vacío. Ponen el Ideal por encima de lo pulsional y se dedican a través de su rechazo al alimento o al saber (los fracasos escolares son otra forma de anorexia) a salvaguardar su deseo por encima de la demanda que perciben como invasora del Otro. Hay una afinidad con la histeria pero no hay pregunta, hay una especie de saber solidificado que es una defensa de preguntarse por su verdadero deseo. También aquí hay que establecer un diagnóstico diferencial con la anorexia psicótica en donde el deseo está reducido a la nada, y de la que Lacan en un texto sobre La Familia dice que se trata de un suicidio diferido.

En tercer lugar las adicciones, en donde falla lo simbólico de la metáfora, el sujeto se identifica con el objeto droga, se confunde con él. En lugar del deseo representado por un objeto causa, es un deseo inmediato de goce cerrado en sí mismo, sin conexión con el deseo del Otro. Se puede decir también que el deseo es invadido por el goce. La Droga tapa el objeto perdido, inalcanzable en una ilusión de completud. En todas las patologías de la dependencia ya sea a la droga, a las maquinas, al juego, al trabajo, a los objetos de consumo, a la comida, en la bulimia, es la dependencia del objeto que intenta borrar la dependencia estructural del sujeto con respecto del Otro. El objeto del que se goza no es el de un intercambio simbólico sino el puesto a disposición para el consumo, que ofrece la ilusión de borrar la falta en ser. Es la forma moderna y más extrema de realizarse sin el Otro, de excluirlo.

En cuarto lugar, las somatizaciones en un sentido amplio, como fenómenos transclínicos pero que voy a comentar las que se dan en sujetos neuróticos. El deseo aparece congelado, y son sujetos que tratan de su malestar sin interpelar al Otro. El órgano enfermo es un órgano que condensa el goce mortífero del sujeto y que lleva la marca de lo no simbolizado. Los sujetos acuden muchas veces derivados por sus médicos y aunque son conscientes de que su trastorno es psíquico no se hacen responsables de él, lo sufren como algo que les acontece sin más, en una expulsión de lo simbólico, permaneciendo el goce en el cuerpo. Es un retorno en lo real del cuerpo de lo que no se simbolizó.

Todas estas formas de enfermar no tienen en cuenta el registro del amor, son una expresión de rechazo al Otro, que va a incidir en una violencia o sobre el propio sujeto, o sobre el Otro con pasajes al acto violentos. Se podría decir que es un odio al Otro en cuanto que tiene una falta, no está completo y que esto le reenvía a su propia falta.

Es en el don simbólico, que hay una lógica basada en el Otro donde el sujeto busca algo del objeto perdido. El amor es la suplencia de la falta de relación sexual, y vuelve posible la relación entre el sujeto y el Otro. Como dice Lacan el amor hace condescender del goce al deseo. En todas estas patologías hay una gran dificultad para dejar la ilusión en un goce completo y condescender al deseo. Será también en el trabajo de transferencia que esto podrá trabajarse para que el sujeto consienta a pasar por los desfiladeros del don de amor.

Por último, y sin desarrollar más, tenemos todas las formas de histeria actuales entre las afectadas en el cuerpo pero como metáfora dirigida al Otro, hasta las histerias que aún con su particular forma actual, la prisa, la “devoción” al trabajo, manifiestan una pregunta dirigida al Otro, poniéndole en muchas ocasiones en un impasse. Son las ejecutivas modernas que sin embargo interpelan al Otro.

Y también tenemos los enfermos del pensamiento, los obsesivos que pasan por la vida del deseo como furtivos, para no enfrentarse al deseo del Otro. Sin embargo, tanto éstos como las formas de histeria descritas antes presentan más claramente la clínica de la falta y del dolor de existir.

Con todo lo dicho, hay un reto para el psicoanálisis, el estar a la altura de los tiempos que cambian, y proponer para esos pacientes que llegan con estos síntomas actuales, la subversión de que el sujeto se introduzca a otro tipo de lazo social que le suscite un deseo diferente del de tener.

 

 

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