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UNA POÉTICA DE LA REBELDÍA

JOSÉ FRANCISCO ZAPATA *

 

 

 

 

 

En un país semiderrotado por la lujuria del agandalle de las cúpulas, por lo patrones del vecindario y sus escalones, por la impunidad que profesan y además alardean los aduladores de la mentira, el descaro, el billete, el poder y la muerte, la política y la poética del mejor postor, es necesario volver el rostro y dar con la espalda para mirar quiénes somos, si nuestro proceder como artistas es el que en algún tiempo abrió los sentimientos a la realidad o simplemente la razón; cada día y cada creación acerca más nuestro capricho a la famosa frase de José Emilio Pacheco: "Ya somos todo aquello contra lo que luchamos a los vein­te años."

Es justo mirar si todo el desastre es nuestro, si los violines atacados por la vibración de locas melancolías han sido suficientes para estirar la pata sin remor­dimientos o en cuerdas amigas la supuración de versos y actitudes da correcciones a la historia, o valga el caso, da con el traste.

Un país como el nuestro, vulva de espejos, savia de huesos, ronca humareda y montón de estrellas donde se han construido enormes puentes solares y el maestro Nezahualcóyotl fue derrotado en su fe y su sabiduría en el tloque na­huaque por los amorosos de la guerra, espejos humeantes, comedores de inmundicias, seño­res del asiento maldecido, aunque en cada dis­persión de las veredas las ofrendas se ofrecieran en multitud de miedos, na­da más porque las sonajas en aquellos tiempos y en estos lares inframundi­cios aún no conversan con sus siete semillas bien crecidas con su guía Tezcatlipoca, padre verdadero de los hijos arrodillados, sacerdote teje maneje del espanto y falsos sacrificios.

Una montaña de país donde nadie es verdad, de super lujo y super miseria, del perico que es verde, y sin embargo, siempre aparece nalgón y con mínimas ener­gías para revelarse, donde la memoria de los días es sólo una pasión herida y a punto de hacer ¡pum!

En un país como este, maguey de verdes sacrificios, hay que recordar quién es el que aúlla, quién arroja la moneda falsa, quién idea las dimensiones del edificio y quién lo construye y muere en sus cimientos, y digo recordar porque ya no esta­mos para favorecer a las mentes que alucinan con sus construcciones artísticas un país tan cuerdo, y aparecen, quieren aparecer, como la vanguardia del momento. No nos engañemos, Eduardo Subirats dice. "Las vanguardias se han convertido en un ritual tedioso y perfectamente conservador, no sólo desde el punto de vista del gusto dominante, sino de las más groseras estrategias comerciales."

Existen quienes todavía quieren resucitar movimientos que en su época fueron necesarios y sanos como elementos de ruptura, pero no entienden que después de los crímenes de lesa humanidad, de la locura por la sangre y la desaparición masiva, sólo nos resta darnos de topes y saber que la pasión por la escritura es una manera simple y pau­latina de conciencia y del darse cuenta, aunque esto incluso, sea una nada, pero con la inmejorable salud de la lucidez.

Hablamos de las cúpulas, en este país llamado México, Ombligo del Maguey, ma­zorca de todos y de nadie, las dichosas se dan por manada en oriente, en el sur, en occidente, en el norte, en el exilio tratan de dar con la vena poética de México o con los burros que el cabrón arrea al suplicio, en el Distrito Federal huele a puro, porque sus figuras intelectua­les  no se conforman con ser muy vergas, al contrario, reciben los habanos vía el poder supremo y se los meten en el hocico para mascullar alguna frase célebre, algunos se declaran abiertos y sinceros para curarse en salud, pero el puñal les bri­lla debajo del ala, les agrada salir en los comerciales internacionales y ser simpáti­cos con sus visiones de este o aquel país desde sus púlpitos.

Vamos a poetizar un poco. En la fábrica existen las cúpulas, en cada rincón de la máquina los buenos se sientan a discutir quién es el más arrojado en el checador, quién es el tornillo de la tuerca, quién ejecuta las acciones para las necesidades ultramarinas o quién se gana la confianza del preciso con dos tres verbos limpiabotas, cuestión de ojo y movimiento, de roca o de muro, en el campo las cúpulas sabidas copulan y gozan con las matanzas insólitas y sus mentiras a todo dar por los vericuetos del gaznate y la conciencia, todo esto es gratis para quien está dispuesto a llevar al des­perdicio un país llamado México, y sólo para comprar la felicidad de un ataúd de lujo en Las Bahamas, en Cancún, la Luna o sepa el diablo en qué infierno.

¡Tantos años de soportar tal delirio, de ser rehenes de la más vil majadería, tan­tos años de apacigüe, de intensos momentos de socavamientos, para ofrecérselo a los perros, al vulgar linaje de la miseria y la mierda, a la estirpe burguesa y su yuppi­cultura del mundo!

Un poeta lo ES por el hedor de sus intuiciones, por el valsímetro mambero de su rumba rockanroll, por las entrañas del vientre universal, por lo intenso, insumiso, recto y curvo, extralímite y paramenso de su propia visión, quien hace de la poesía y del arte no un manjar de vanidades, sino una constante meditación hacia dentro y hacia afuera del brillo y sólo del brillo de todas las sombras elucubradas en el tiempo y en el espacio, pero aceptamos transas que nada tienen que ver con la dinámica del ser géiser, se olvida que todos los frutos de la tierra eran un pequeño diluvio en nuestra cascabel azarosa cuando en relámpagos las sombras nos adoraban. Calla­mos ante lo atroz de los hechos por nuestro afán de intemporalidad, por desafa­narnos a la burbuja de cristal y desde ahí practicar la sublimación espiritual, la poesía no tiene limites y sonríe desde su lecho real ante tanta necedad, es cierto, cada loco con su tema, con su toma sagrada, sin embargo, los fantasmas surcan en dos tres trizas la realidad, y nosotros, fuera del mundo o como dice Juan Bañuelos, de vacaciones.

México ya no espera a su gran poeta, o sea, a su cómplice (nótese lo que le ha ocurrido a Sabines) a su bufón de carpa global; en realidad la tradición que pro­mueven los peces gordos de la poesía ha llevado al desconcierto a quienes abraza­ron este camino, en nuestra diminuta verdad se aparece aquí y allá como la gran cosa, hasta el ser se espanta por las pretensiones de manifestarnos altos y precisos, vanguardistas nobles, cito de nuevo a Subirats. "La utopía moderna de las vanguar­dias artísticas ha muerto porque sus valores no cumplen, en las metrópolis indus­triales o en las metrópolis del tercer mundo, más que una función legitimatoria, regresiva y conservadora. Su tarea ya no es, ni la crítica, ni la renovación, sino la reproducción indefinida de un principio de orden."

Y claro, no estamos exentos de este asunto, vamos a la poesía para merecer, no para darnos cuenta, alzamos las manos para asumir posturas negativas, la deshila­chada actitud poética produce simples negadores del universo y no seres en su di­mensión inhóspita, maléfica, conciencia negra, cósmica y cómica, Bosco y bosque, escondite y percepción.

Si este país es al que miramos a diario mendigando, no es por quien con sus ma­nos lo levanta todas las mañanas, sino por las cópulas entre cúpulas, por los eternos robos de quienes hablan de un país de quién sabe dónde.

Todos los insertados, todos los coludidos, todos los que reciben en sus casas in­vitaciones del poder, quieren callar ahora a quien no salga en la foto, los libros de crítica poética y política en México son álbumes de familia y descrédito silencioso, soslayo, reojo, comadreo inteligente, y no se trata de que tales personajes abran su cabeza al inmenso quehacer del México desharrapado, pero sí que sus atisbos bri­llen en la claridad del país, verdadero, no por la sangre que derrama sino por la energía que imprime para evitar el colapso.

¿A quién entonces apostamos nuestra vida, nuestra manera de morir en los sóta­nos de la posmodernidad?

José Emilio Pacheco lanza al mercado su libro El principio del placer y sus lecto­res acuden a tal prodigio con la güeva que da la moda, Nicanor Parra es congratu­lado con el premio Juan Rulfo y él escribe un libro para mofarse de la suma y lo que representa para sus deudas y deudos; en México, premios, becas y padrinazgos, han convertido el mundillo eliterario en un mar de tiburones, las cúpulas avanzan con sus inalámbricos ejes del poder, y el desplome de la bolsa ejecuta sus acciones; el poeta Mario Santiago es, literalmente, atropellado, y sin embargo, nunca gustó de la carroña, sino del agua fría de la vida, ser o no ser, cuestión de vida o muerte, di­jo el polaco avecindado en Argentina, don Witold Gombrowicz.

Todos como gentes, como transeúntes hemos dicho basta, porque nos duele la miseria a la que estamos sometidos, y no importa cuánto consumamos, no intere­sa cuánta lucidez en nuestros visores poéticos, políticos, científicos, sociales y hu­manos hallamos alcanzado con el esfuerzo de todos los mexicanos, simplemente ya no funciona estar ilusionados por nuestros quehaceres si el dolor cala y nos dice que un país tan cuerno, tan abundante, no da más que para el chivo diario.

Miedo tenemos de soltar la rienda, de ser dignos en el estropicio y manifestar que la faz de México no es el cansado rostro del vecino, ni el de nosotros, simples oficiales de la poesía, macuarros del alma, sino el de la lujuria de algunos vampiros internacionales, pocos se atreven a hundirse con el país, a socavar sus entrañas, a darse de calaverazos con la tremenda realidad de las calles y sus niños muertos, y con esto no me refiero a humillarnos, a caer bonzos sin reproche inmenso o de ro­dillas porque no hay nada qué hacer, digo que la claridad de nuestras acciones se manifieste en la responsabilidad del verbo que gritemos, pues hasta el puerco aúlla cuando lo van a matar, el verbo que gritemos alto y fuerte.

Gritemos, nada somos, damos todo sin pedir nada, nuestro rostro se reconoce en todos los lares, no adoramos la violencia, ni sus emblemas de oscura manifesta­ción, sólo deseamos ser quienes construyen su casa y un nuevo paisaje desde su ven­tana más honda para respirar sin pena dentro del aire, gritemos que no profanamos sus vientos con nuestras acedas aspiraciones, y cambiemos, como cambian los sueños, la indo­lente esperanza del país y del planeta.

 

Invierno de 1997

 

OLVIDABA LAS LLAVES

Por gusto muestro mis querencias,
el rostro más aventurado,  a mis antípodas,
la miel en la cúspide de mis comisuras.

Porque mi máscara es de papel
escribo en ella el nombre de Dios,
por placer muestro mis legañas nocturnas
mi mejor face, mi edad dorada
y cazo culebras en las cuevas de los montes.

Mis mejores garras estarán en los suelos,
practicaré algunos juegos en los rituales
y  en las mareas seré un pez de humo.

Mi cuerpo adentro del sueño,
la lengua en la piel de un camaleón,
el suave rostro del niño en mis ojos,
la melancolía de los pensamientos
son únicos en las visiones del insomnio.

Fragilidad: la vida es frágil,
débil como la voluntad de estar
hilo de araña, precoz Tao del río,
luz en las cuencas, sombras de nube.

Por gusto, por puro gusto,
me unto ceniza y salgo a cantar.            

 

Cd. de México 2013

 

LUZCONEGRO
     (conejo)

Pido permiso para nacer
Pablo Neruda

 

Pido permiso para entrar a tu casa
y ser en el juego las culebras
que dan  luz a la soberbia oscuridad.

Pido la bienvenida a tus venas
para que las palabras sean otras
arriba de nuestras simples simplezas
y retornen las antiguas danzas
alrededor de un círculo de dilemas.

Tu calor revela la debilidad de ni cerebro,
mi pienso se consagra con las fuerzas naturales,
quiero cantar la ausencia del canto
en el llano de las flores esoarcidas,
sentir mi ahogo y la penumbra
en la gracia de tus ardientes piedras,
ser el nadie en el pequeño tumulto
de tus oxígenos perversos de verdor,
el que mira en la absoluta ahondación
la noche y sus brujas cabalgando escobas.

Pido permiso para ser llamado al origen de la comunidad.
a la fogata primordial en las pupilas
y comer guisos extraños con el extraño,
ser lumbre, pinacate palpitación,
ternura, promesa de humedad, garra sutil,
profundas raíces, cúpula de dalias,
uíu
milagro en los trópicos y los cuásares,
alegoría en la paz, virtudes en el estropicio,
entrega a domicilio, Tiranosaurio Rex,
la lista donde el último ultima
y los enigmas cerca de la revelación.
Coito de truenos, sudar silencio
al uno que vuelve, al otro que recibe,
flamas, brazaletes, metates y mecapiles
molcajetes enjoyados, colotes  ahítos de roce.
Agua mojada,  Sol de jades azules,
y en la cavidad de las cuencas y las cuentas,
luz turquesa , cariño, tuétano de abisales peces,
culebras… tierra sembrada de ojos  abiertos y cerrados
y los cuervos tiernas palomas haciendo círculos en la laguna,
licor de la tierra para todos, tristes conejos
que transitan terrenos para crecer
aquí y allá, único lugar posible
visto como una pulga bajo la lupa
o como miran las águilas las explosiones solares.
Luna ensangrentada, puertas prometidas,
rumbos para aceptar que mi permiso
no tiene camisa, ornato o torpe tapadera
y que bajo la claridad del velo de la novia
el absoluto alcanza el silencio de los grillos.

Ce…Cactos suaves y reborujos en la luz del lagarto.
Ome…La araña teje el cosmos en el centro del maguey.
Yei…En los amigos los triángulos aceptan estrellas.
Nahui…La caridad es el color de la cochinilla.
Tlalzacuilli…Sólo para pedir permiso al sístole y diástole,
por los cuates, por los gemelos que miran la tierra,
las milpas de flores de hueso en la tatema
y pajarillos levitando en el lado izquierdo  de la obsidiana,
cero chanfle, misión en la trasnochada espera.

OMETEOTL
Pido permiso para ir y venir con gratitud.

 

Cd. de México 2013.

 

 

*

Poeta a toda trompo, taconcito, rayuela, papalote, cuarta y resortera, José Francisco Zapata, además de ser amigo, e integrante del Consejo Editorial de Errancia, es  hacedor  de derivas, y de Deriva, esa singular publicación,  apertura a la letra de poetas que animan en el acto poético el caudal de su causa, su director.

 

 

 

 

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