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LA FUNCIÓN DE LA IGNORANCIA
EN LA BÚSQUEDA DE LA VERDAD

MIRIAM PARDO FARIÑA

 

Resumen: El presente artículo subraya la función de la ignorancia en Psicoanálisis en tanto favorece la posibilidad de conmover la relación del deseo al Otro en la búsqueda de la verdad desconocida por quienes comparecen en la escena clínica. Siendo la ignorancia una dimensión que atañe tanto al analizante como al analista, la escucha analítica se deslizará por medio de la función de la palabra que en sí misma aloja la verdad y el engaño. A partir de la estructura de ficción, propia de la verdad según Lacan, el discurso esgrimido por el yo no cobrará relevancia en la medida en que el analista propicie la apertura de la dimensión de la palabra en la transferencia.

Palabras claves: ignorancia, verdad, función de la palabra, transferencia.

El concepto de “ignorancia” es muy importante para Lacan, porque abre en el análisis la posibilidad de que el paciente se comprometa en la búsqueda de la verdad. Para que esto se lleve a cabo, el autor sitúa la ignorancia no sólo en el polo del analizante, sino también en el del analista. De esta manera, señala: “cuando el sujeto se compromete en la búsqueda de la verdad como tal es porque se sitúa en la dimensión de la ignorancia; poco importa que lo sepa o no. Es éste uno de esos elementos que los analistas llaman ‘readness to de transference’, disposición a la transferencia. Existe en el paciente disposición a la transferencia por el solo hecho de colocarse en la posición de confesarse en la palabra, y buscar su verdad hasta su extremo, en el extremo que está ahí, en el analista.”1

 

La ignorancia en el analizante

La propuesta psicoanalítica trata de rescatar la singularidad del sujeto en el acto analítico propiamente tal. De esta forma, en el devenir de la Asociación Libre, el sujeto no usa su representación (palabras / significantes en Lacan) a su libre albedrío, puesto que el sujeto es efecto del lenguaje, siendo sustraído por el orden simbólico que lo determina (tesis lacaniana del inconsciente estructurado como un lenguaje). 2

Lo anteriormente señalado encuentra sus fundamentos en que el sujeto es efecto de otra escena de la cual no tiene el código y que corresponde a la otra escena del proceso primario. Se trata, pues, del inconsciente que determina al sujeto y cuyo saber es desconocido para él.

Para comprender, de alguna manera, ese saber que no se sabe y que, por lo tanto, se ignora, conviene recordar brevemente la lectura lacaniana del Complejo de Edipo en Freud. Para que se produzca la operación dialéctica desde la lógica de ser el falo de la madre 3 a la lógica del tener, debe producirse el advenimiento de la Metáfora Paterna, la cual efectuará una importante operación de corte que inaugurará al sujeto deseante. 4 A partir de allí, el deseo queda siempre insatisfecho, “su única posibilidad es hacerse palabra y ponerse de manifiesto en una demanda, pero al hacerse demanda, el deseo se pierde cada vez más en la cadena de los significantes del discurso.” 5 Esto último es muy importante, porque significa que el deseo renace continuamente, “puesto que siempre está ‘en otro lugar’... La metáfora del Nombre del Padre obliga al niño a tomar la parte (objeto sustitutivo) por el todo (objeto perdido).” 6

Cabe destacar que Lacan enfatiza el concepto de “Otro”, el cual corresponde al lugar del lenguaje, de la enunciación, de la palabra, de la determinación, es la morada del inconsciente y determina la posibilidad de que haya un sujeto dividido (lo que alude a la sobredeterminación freudiana). 7

Este concepto es fundamental, porque el analizante pondrá al analista en el lugar del Otro, lo que sustenta, entre otras cosas, la idea de la Transferencia, puesto que todas las formaciones del inconsciente provienen de otro lugar y el Otro encarna en cualquier lugar. Precisamente, el analista existe – dirá Lacan – en la medida en que sea puesto en un lugar transferencial. 8

A partir de la Asociación Libre, el Psicoanálisis pretende alcanzar una primera meta que es crear una transferencia operativa. Freud se tomaba todo el tiempo que fuese necesario hasta que se generara este dispositivo para dar lugar al análisis. 9

Cuando se instala la Neurosis de Transferencia, la que sustituye completamente a la Neurosis Primitiva – (la cual es inabordable) -, el paciente se defiende de la castración simbólica restituyendo los objetos imaginarios del lado del Otro.10 Este último no tiene el objeto “a”, ya que es sólo un agujero y nunca podrá ser hallado. Para Lacan, el analista hace de semblante del objeto ‘a’, como si fuera, para que se desarrolle la Transferencia. El analista sólo puede ser la sombra de este objeto, porque, tal como acaba de señalarse, el objeto “a” es inexistente y, por ende, tampoco existe el analista.11

En síntesis, la queja del analizando supone a un alguien que sabe, a Otro que no tiene nombre y que es el lugar de la determinación. El supuesto saber depositado por el sujeto en el analista, lo que constituye un amor transferencial, permitirá al goce del síntoma condescender al deseo.

Cabe destacar que para Lacan, el amor y el odio son sólo vías de realización del ser, polos inevitables en los cuales el analista, si bien debe tenerlos en cuenta en el quehacer clínico, no debe centrarse en ellos como metas, porque son tópicos ineludibles que, luego devienen como resistencias, incluso el amor.12 Por lo tanto, es necesario apuntar a otra vía, a otra dimensión para poder sostener el diálogo analítico, dimensión que se encuentra más allá del amor y el odio. Lacan enfatiza: “Ahora bien, estas dos posibilidades, amor y odio, están siempre acompañadas por una tercera, que generalmente se descuida, y que no se cuenta entre los componentes primarios de la transferencia: la ignorancia como pasión. Sin embargo, el sujeto que viene a analizarse se coloca, como tal, en la posición de quien ignora. Sin esta referencia no hay entrada posible al análisis: nunca se la nombra, nunca se piensa en ella, cuando en realidad es fundamental.” 13

Si hay disposición a la Transferencia, hay disposición a la ignorancia, lo que conlleva la búsqueda de la verdad en el extremo del analista.

 

La ignorancia en el analista

En “El concepto del análisis” 14, Lacan propone un esquema de análisis, el que resulta apropiado para entender cuál debe ser la posición del analista y su vinculación con la ignorancia.

Un esquema del análisis

Figura 1

El sujeto del Psicoanálisis es un paradigma que sitúa a la Transferencia en un plano más allá de la relación dual imaginaria entre analista y analizante. Lacan puntualiza: “el motor de su progreso es la palabra.” 15 Somos por la palabra y los tres registros, real – simbólico e imaginario –, “esenciales de la realidad humana” 16, dan cuenta de cómo funciona la palabra.17

Uno de los principales errores que acusa Lacan, a propósito de la psicología del yo en plena efervescencia, es la desestimación de la función de la palabra otorgándole tribuna, entre otras cosas, a la contratransferencia.18 Lacan señala: “apenas cree el psicoanalista saber algo de psicología por ejemplo, comienza su perdición, por la sencilla razón de que en psicología, nadie sabe gran cosa; salvo que la psicología misma es un error de perspectiva sobre el ser humano.” 19

En este caso, el análisis se transforma en una relación especular, en donde no queda espacio para un sujeto, por lo que es alienante. “En el hombre, lo imaginario está reducido, especializado, centrado en la imagen especular, que constituye a la vez los callejones sin salida y la función de la relación imaginaria.” 20 Si bien, algunas intervenciones sólo en el plano yoico podrían lograr puntos de estabilidad en el paciente, serían momentáneos, porque al mismo tiempo se fragilizan. La alienación imaginaria hace que el sujeto se vea en el campo del otro imaginario (otro pequeño), tensión ineludible, pero que necesita ser atravesada por la palabra para que emerja el sujeto del inconsciente.

Anteriormente, se había señalado que el analista es puesto por el analizante en el lugar del Otro, lo que establece una dimensión más allá de lo especular, “hay que distinguir, por lo menos, dos ‘otros’: uno con una ‘A’ mayúscula, y otro con una ‘a’ minúscula que es el yo. En la función de la palabra de quien se trata es del Otro” 21, por lo que el analista deberá asumir esa posición.

En el esquema del análisis propuesto por Lacan, (figura 1), podemos pensar la zona del espiral como una zona imaginaria. El autor puntualiza: “el fenómeno de la transferencia encuentra la cristalización imaginaria. Gira en torno a ella y con ella debe reunirse.” 22 Sin embargo si, como se señaló con anterioridad, el motor de su progreso es la palabra, ella es la que atraviesa el plano imaginario situando al paciente en una nueva alienación, la simbólica y que da cuenta del sujeto. La función de la palabra introduce la función de la verdad y la función del engaño. Tal como señala Lacan: “... en el análisis, la verdad surge por el representante más manifiesto de la equivocación: el lapsus, la acción que impropiamente se llama ‘fallida’. Nuestros actos fallidos son actos que triunfan, nuestras palabras que tropiezan son palabras que confiesan. Unos y otras revelan una verdad de atrás. En el interior de lo que se llama asociaciones libres, imágenes del sueño, síntomas, se manifiesta una palabra que trae la verdad. Si el descubrimiento de Freud tiene un sentido sólo puede ser éste: la verdad caza al error por el cuello en la equivocación.”23

La verdad, entonces, tiene estructura de ficción, porque tiene estructura de palabra y se produce en el campo de la interpretación. Alude a una legalidad, otra, que le pertenece al Otro, no al “yo” ni al otro especular. El Gran Otro es el tesoro de los significantes desde donde el sujeto los tomó prestados.

En el esquema del análisis, representado en la figura 1, la letra A corresponde al polo del analizante y la letra B al polo del analista. Este último es clave; de hecho, se avanzará en lo imaginario (zona del espiral) en la medida en que el analista sepa escuchar a su paciente. “El analista lo escucha, pero a la vuelta también lo oye el sujeto. El eco de su discurso es simétrico al carácter especular de la imagen” 24 y esto precisa tiempo, porque “... el sujeto pone una y otra vez sus manos a la obra y confesando en primera persona su historia, progresa en el orden de las relaciones simbólicas fundamentales donde tiene que encontrar el tiempo, resolviendo las detenciones y las inhibiciones que constituyen el superyo.”25

Desde esta perspectiva, la historización del pasado no es una cuestión de tipo mnémica, como suele pensarse, sino, y sobre todo, de reescritura que el dispositivo de la Transferencia permite rescatar.

“La letra del mensaje es aquí importante. Es necesario, para asirlo, detenerse un instante en el carácter fundamentalmente equívoco de la palabra mientras que la función es tanto de ocultar como de descubrir. Pero incluso circunscribiéndose a lo que ella da a conocer, la naturaleza del lenguaje no permite aislar las resonancias que siempre indican leerla en varios niveles. Es esta partición inherente a la ambigüedad del lenguaje la que explica por sí sola la multiplicidad de los accesos posibles al secreto de la palabra. No es menos cierto en conclusión que no hay sino un texto donde se pueda leer a la vez lo que ella dice y lo que ella no dice, y que es a ese texto al que los síntomas se ligan tan íntimamente como [se liga] un rebús a la frase que él figura.”26

 

Por lo tanto, para reescribir el propio texto se requiere de un otro, el analista, alteridad fundamental para que el sujeto se abra a la dimensión de la palabra, permitiendo, de este modo, que los significantes se desplieguen en la cadena de asociaciones.

Los puntos no integrados de la historia del sujeto se compensaron, de alguna manera, con una cobertura fantasmática. La presencia de un síntoma, por ejemplo, está indicando que algo sucedió en esa historia, la función simbólica no logró reabsorber lo imaginario, por lo que la palabra quedó amordazada. Respecto a esto último, Lacan señala: “[en la palabra amordazada]... se expresa un cierto número, digamos de transgresiones a un cierto orden que, para sí mismos, gritan al cielo el orden negativo en el cual se ha inscrito. A falta de realizar el orden del símbolo de una manera viva, el sujeto realiza imágenes desordenadas de las que son los substitutos, y, por supuesto, es eso lo que va ante todo y de ahora en adelante a interponerse a toda relación simbólica verdadera.”27

En la situación analítica, es fundamental que el analista ocupe su lugar de significante y no el lugar de “alguien” que entra en una lógica especular, en la dialéctica amo-esclavo,28 en la cual, supuestamente, él tendría cómo colmar la falta del analizante. Lacan puntualiza: “el analista no debe desconocer lo que llamaré el poder de accesión al ser de la dimensión de la ignorancia, puesto que debe responder a aquel que, en todo su discurso, lo interroga en esa dimensión. No tiene que guiar al sujeto hacia un ‘Wissen’, un saber, sino hacia las vías de acceso a ese saber. Debe comprometer al sujeto en una operación dialéctica, no decirle que se engaña pues, forzosamente, él está en el error, sino mostrarle que habla mal, es decir que habla sin saber, como un ignorante, pues las que cuentan son las vías de su error.”29

Esta posición del analista es la que Lacan denomina ignorancia docta, “que no quiere decir sabia, sino formal y que puede ser formadora para el sujeto.”30

Ciertamente, este concepto de análisis nos sitúa en el plano de la ética y no en el de la ontología. “El análisis no es esa reconstitución de la imagen narcisista a la cual, frecuentemente, se lo reduce.”31 Para Lacan, el analista no debe ser un espejo viviente para el analizado; su “yo” no debe estar ahí haciéndose presente, muy por el contrario, debe constituirse en un espejo vacío, “lo que pasa, pasa entre el yo del sujeto – en apariencia siempre habla el yo del sujeto – y los otros.”32 Todo el progreso del análisis radica, entonces, en el desplazamiento progresivo de esa relación, que el sujeto es capaz de captar en todo momento, más allá del muro del lenguaje, como Transferencia, que es de él y donde no se reconoce. “El análisis consiste en hacerle tomar conciencia de sus relaciones, no con el yo del analista, sino con todos esos Otros que son sus verdaderos garantes, y que no ha reconocido. Se trata de que el sujeto descubra de una manera progresiva a qué Otro se dirige verdaderamente aún sin saberlo, y de que asuma progresivamente las relaciones de transferencia en el lugar en que está, y donde en un principio no sabía que estaba.”33

Sostener el diálogo analítico implica, para el analista, lo que se podría llamar su destitución subjetiva, su des – ser para que, en el polo del analizante, pueda emerger el sujeto del inconsciente hasta entonces colmado de sentido (o significados) y, por ende, atrapado. En palabras de Lacan, “si se forman analistas es para que haya sujetos tales que en ellos el yo esté ausente. Este es el ideal del análisis, que, desde luego, es siempre virtual. Nunca hay un sujeto sin yo, un sujeto plenamente realizado, pero es esto lo que hay que intentar obtener siempre del sujeto en análisis.”34

En la Transferencia comenzará a desplegarse una suerte de equívocos que permitirá la revelación del sujeto del inconsciente. El analizante siempre dice más que lo que sabe que dice; la escucha analítica de esa narrativa, proveniente desde otro lugar, cobra una importancia primordial para promover el diálogo analítico, en el cual, los dos participantes, analizante y analista, buscan la verdad porque están sometidos a la ignorancia.

“La transferencia, si bien es cierto que se establece en y por la dimensión de la palabra, sólo aporta la revelación de esa relación imaginaria cuando alcanza ciertos puntos cruciales del encuentro hablado con el otro, en este caso el analista. Desembarazado el discurso mediante la regla llamada fundamental de parte de sus convenciones, comienza a jugar más o menos libremente respecto al discurso corriente, y abre al sujeto la vía de esa fecunda equivocación en la que la palabra verídica confluye con el discurso del error. Pero, también cuando la palabra huye la revelación, la equivocación fecunda, y se desarrolla en el engaño – dimensión esencial que precisamente nos impide eliminar al sujeto como tal de nuestra experiencia, y reducirla a términos objetales – se descubren esos puntos que, en la historia del sujeto, no fueron integrados, asumidos, sino reprimidos.”35

Se comprende mejor por qué el dispositivo de la Transferencia no sólo abre la pregunta en el sujeto, lo que lo compromete con su propia ignorancia, sino que, además, busca que el sujeto se quiera realizar en la palabra, lo que exige para el analista confiar en ella. “El análisis debe apuntar al paso de una verdadera palabra, que reúna al sujeto con otro sujeto, del otro lado del muro del lenguaje. Es la relación última del sujeto con un Otro verdadero, con el Otro que da la respuesta que no se espera, que define el punto terminal del análisis.”36

Esta búsqueda de la verdad encuentra sus límites en el analista, el cual, también, debe hacerse cargo de su ignorancia.

 

 

 

 

 

NOTAS

1 Lacan, Jacques, Seminario 1. Los escritos técnicos de Freud (1953 – 1954), Primera edición, Editorial Paidós
2 Cfr. Lacan, Jacques, Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (1964), Primera edición, Ediciones Paidós SAICF, Buenos Aires, 1995,  p. 211.
3 Cfr. Lacan, Jacques, Seminario 5. Las formaciones del inconsciente, Primera edición, Ediciones Paidós SAICF, Buenos Aires, 1999,  pp. 185 – 199. Ser el falo de la madre implica que aún no hay posibilidad de subjetividad y, por ende, no existe el deseo, sólo hay goce el cual no da cabida a la posibilidad de que el viviente se constituya en un sujeto o que el cuerpo sea un lugar de inscripción.
4 Castración simbólica.
5 Dor, Joël, Introducción a la lectura de Lacan. El inconsciente estructurado como lenguaje, Segunda edición, Editorial Gedisa, S.A., Barcelona, 1995,  p. 108.
6 Idem.  pp. 108 y 109.
7 Cfr. Lacan, Jacques,  Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (1964).  Op. cit.  pp. 211 – 237.
8 Cfr. Freud, S., A  propósito de un caso de neurosis obsesiva (el “hombre de las Ratas”) (1909), en Obras Completas. Tomo X, Segunda edición, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1986,  pp. 127 y ss, en donde aparece claramente establecido el inicio transferencial del análisis.
9 Idem.  p. 127.  Se puede apreciar cómo Freud fortalece la suposición del supuesto saber, es decir, ocupa el lugar que le ha adjudicado el analizante.
10 La manera lacaniana de pensar la constitución del sujeto incluye, necesariamente, los conceptos de objeto “a” y de fantasma, con la angustia operando en este proceso constitutivo. El objeto “a”, por su parte, es una contribución conceptual importante de Lacan, se trata de aquellos objetos catectizados de libido y que quedan fuera del cuerpo. El objeto “a” no se autogenera, sino que se desprende en tanto es resto de una operación divisoria que se realiza en función del significante, es un fenómeno propio del ser hablante y no está ligado a la biología. Si cae es objeto causa del deseo, causa del inconsciente, causa del sujeto. Lacan los llama la mirada, la voz, las heces, el pecho (a partir del destete).  Por otro lado, el fantasma es un guión imaginario, cuya lógica tiene como función, entre otras cosas, recubrir el agujero de la castración y permitirle al sujeto adaptarse a las concepciones que establece la sociedad.
11 Juan D. Nasio señala: “Ese objeto no es la persona en tanto ese objeto que llamamos analista – tal como Lacan nos enseña -; es sólo un agujero sin nombre, sin naturaleza, sin trazo característico. Baste decir agujero. Hasta sería necesario no poner ‘analista’”.  En Cómo trabaja un psicoanalista, Primera edición, Editorial Paidós SAICF, Buenos Aires, 1996,  p.83.
12 Cfr. Freud, S., Sobre la iniciación del tratamiento (1913), en Obras Completas. Tomo XII, Segunda edición,  Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1986,  p. 140.
13 Lacan, Jacques, Seminario 1. Los escritos técnicos de Freud (1953 – 1954).  Op. cit.  p 394.
14 Idem.  pp. 397 – 417.
15 Idem.  p. 379.
16 Lacan, Jacques, El imaginario, el real, el simbólico. Segunda edición, Texto establecido Exotéricas, julio 1990,  p. 1.
17

Para profundizar acerca de la palabra y el lenguaje, cfr. Idem.  pp. 2 y ss.

18 Cfr. Lacan, Jacques, Discurso de Roma. Pronunciado el 26 de Septiembre de 1953. Inédito,  pp. 8 - 9
19 Lacan, Jacques, Seminario 1.Los escritos técnicos de Freud (1953 – 1954).  Op. cit.  pp. 404 – 405.  Aludiendo a la ‘ ignorancia docens’.
20 Idem.  p. 410.
21 Lacan, Jacques, Seminario 2. El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica (1954 – 1955), Primera edición, Editorial Paidós SAICF, Buenos Aires, 1983,  p. 355.
22 Lacan, Jacques, Seminario 1. Los escritos técnicos de Freud (1953 – 1954).  Op. cit.  p. 412.
23 Idem.  p. 386.
24 Idem.  p. 412.
25 Idem.
26 Lacan, Jacques, Discurso de Roma. Pronunciado el 26 de Septiembre de 1953. Inédito,  p. 5.
27 Lacan, Jacques, El imaginario, el real, el simbólico. Op. cit.  p. 9.
28 Cfr. Lacan, Jacques: Seminario 1. Los escritos técnicos de Freud (1953 – 1954). Op. cit.  pp. 416 – 417.
29 Idem.  p. 404.
30 Idem.
31 Idem.  p. 394.
32 Lacan, Jacques, Seminario 2. El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica (1954 – 1955).  Op, cit.  p. 369.
33 Idem.  pp. 369 – 370.
34 Idem.
35 Lacan, Jacques,Seminario 1. Los escritos técnicos de Freud (1953 – 1954). Op. cit.  p. 411.
36 Lacan, Jacques,Seminario 2. El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica (1954 – 1955).  Op, cit.  p. 369.

 

BIBLIOGRAFÍA

1) Dor, Joël, Introducción a la lectura de Lacan. El inconsciente estructurado como lenguaje, Segunda edición, Editorial Gedisa, S.A., Barcelona, 1995.

2) Freud, Sigmund, A propósito de un caso de neurosis obsesiva (el “hombre de las Ratas”) (1909), en Obras Completas. Tomo X, Segunda edición, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1986.

3) Freud, Sigmund, Sobre la iniciación del tratamiento (1913), en Obras Completas. Tomo XII, Segunda edición, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1986.

4) Lacan, Jacques, Discurso de Roma. Pronunciado el 26 de Septiembre de 1953. Inédito.

5) Lacan, Jacques, El imaginario, el real, el simbólico. Texto establecido, Segunda edición, Exotéricas, julio 1990.

6) Lacan, Jacques, Seminario 1. Los escritos técnicos de Freud (1953 – 1954), Primera edición, Editorial Paidós Ibérica, S.A., Barcelona, 1981.

7) Lacan, Jacques, Seminario 2. El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica (1954 – 1955), Primera edición, Editorial Paidós SAICF, Buenos Aires, 1983.

8) Lacan, Jacques, Seminario 5. Las formaciones del inconsciente, Primera edición, Ediciones Paidós SAICF, Buenos Aires, 1999.

9) Lacan, Jacques, Libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (1964), Primera edición, Ediciones Paidós SAICF, Buenos Aires, 1995.

10) Nasio, Juan D., Cómo trabaja un psicoanalista, Primera edición, Editorial Paidós SAICF, Buenos Aires, 1996.

 

 

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