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SÓCRATES Y LÉVINAS:
LA IMPORTANCIA DE LA ENSEÑANZA
DE LA FILOSOFÍA A LOS NIÑOS.

JOSÉ EZCURDIA *

 

Resumen: El presente texto tiene como objeto dar cuenta del sentido de la enseñanza de la filosofía a los niños, en el contexto de la promoción de una sociedad democrática. En este marco, se revisa el pensamiento de Sócrates y Lévinas, en tanto corazón de una Filosofía para niños que en las figuras del ‘conocimiento de sí’ y de la ‘interpelación’ tiene su columna vertebral.

Palabras clave: mayéutica, interpelación, ciudadanía, formación, niños.

¿Es importante la filosofía en todos los niveles educativos? ¿Cómo debemos construir el problema de la inclusión de la filosofía en el horizonte de la formación de las nuevas generaciones? ¿Por qué resulta imprescindible enseñarle filosofía a los pequeños y no tan pequeños?

Evidentemente, la filosofía tiene un agudo rendimiento formativo, que se resuelve en la promoción de una ciudadanía reflexiva, crítica, responsable y participativa, que es fundamental para la construcción de una sociedad sana. ¿Alguien podría negar estos supuestos? Más allá de los interesantes debates respecto a métodos, emplazamientos conceptuales, tradiciones o currículums que ocupan la mirada del especialista, resulta a todas luces cierto que enseñar a los niños y a los jóvenes a pensar es una tarea noble. Difícilmente marxistas, católicos, liberales, ateos o anarquistas, que fuesen consecuentes, les negarían a los pequeños el derecho de encontrar en la filosofía un espacio formativo de primer orden para otorgarle dignidad y sentido a su propia vida. ¿Alguien se atrevería a poner en duda que el pensamiento dignifica la propia existencia, a la vez que es condición ineludible de la formación de una ciudadanía cabal?

Ante el reto que implica el ejercicio de la formación filosófica en los diversos niveles del sistema educativo, nos parece importante plegarnos a la exigencia socrática de una práctica de la virtud y un proceso de ciudadanización, en los que el autoexamen, la investigación de sí, se constituyen como brújula y como columna vertebral. Enseñar filosofía en este sentido, es invitar al ciudadano a conquistar una capacidad de autodeterminación, justo a partir al autoexamen y el conocimiento de sí, a los que dan lugar el despliegue de los métodos mayéutico y dialéctico. 1

Sócrates (o Platón que hace hablar a Sócrates) nos dice en la Apología:

 

“…y si por otra parte os dijese que el mayor bien del hombre es hablar de la virtud todos los días de su vida, y conversar sobre todas las demás cosas que han sido objeto de mis discursos, ya sea examinándome a mí mismo, ya examinando a los demás, porque una vida sin examen no es vida, aun me creeríais menos”. (Platón, Apología, Ed Sudamenticana, Buenos Aires, p. 109).

En el contexto de su defensa ante los cargos se le imputan, Sócrates señala:

 

“En este momento, atenienses, no es en manera alguna por amor a mi persona por lo que yo me defiendo, y sería un error el creerlo así; sino que es por amor a vosotros; porque condenarme sería ofender al dios y desconocer el presente que os ha hecho. Muerto yo, atenienses, no encontraréis fácilmente otro ciudadano que el dios conceda a esta ciudad (la comparación os parecerá quizá ridícula) que como un corcel noble y generoso, pero entorpecido por su misma grandeza, tiene necesidad de espuela que le excite y despierte. Se me figura que soy yo el que Dios ha escogido para excitaros, para punzaros, para predicaros todos los días, sin abandonaros un solo instante. Bajo mi palabra, atenienses, difícil será que encontréis otro hombre que llene esta misión como yo; y si queréis creerme, me salvaréis la vida. 2

Para Sócrates, el ejercicio del método mayéutico tiene como objeto invitar al ciudadano a colocar entre signos de interrogación la orientación a partir de la cual se lleva su inserción en el orden social, es decir, a indagar y someter a examen la forma ya sea pasiva o activa de esa inserción, en tanto dimensión primera de la formación de su carácter (éthos). La práctica de la virtud (areté), es precisamente una capacidad de autodeterminación que se traduce en un vínculo social activo, que hace efectiva la vida de la ciudad (polis).  Sócrates emplaza al sujeto a colocarse como obstáculo (problema) de sí, de modo que satisfaga como decimos un gobierno de sí (autoarquía), que nutra a la vida democrática.3

En este punto podemos preguntar: ¿cómo orientar entonces el debate sobre el estatuto de la enseñanza de la filosofía a los niños y jóvenes tanto en el currículum escolar, como en el conjunto del orden social?

Desde el punto de vista de quien suscribe estas líneas, la Filosofía para niños y jóvenes, debe ocupar una explícita y decidida centralidad en el sistema educativo debido a una doble razón: por un lado, el autoexamen que suscita el ejercicio de los métodos mayéutico y dialéctico otorgan a la juventud la posibilidad de nombrar y transformar su contexto social efectivo, dando lugar a un proceso justo de ciudadanización. Por otro lado, dicho autoexamen, y la conquista de la autonomía moral que supone, se constituye como horizonte para interrogar el orden de cosas establecido, que mantiene a la propia niñez y a la juventud en un déficit cívico y democrático. Dicho de otra manera, la enseñanza de la filosofía se constituye no sólo como resorte de la formación del carácter de niños y jóvenes, sino como punto de partida para orientar la formación, digámoslo así, de la ‘sociedad adulta’ o la sociedad en su conjunto: si entendemos que enseñar filosofía es enseñar a pensar y llevar adelante la conquista de una palabra crítica y reflexiva, si entendemos que enseñar filosofía es enseñar a filosofar, entonces la palabra de los niños producto de su propia reflexión filosófica tendría que ser la imagen por la que la sociedad adulta –padres de familia, Iglesias, gobiernos de diversa orientación política, etc.– reconociese los absurdos y las bajezas por los que los propios niños se encuentran en condiciones de vida insostenibles. Por ejemplo: ante una sociedad en la que el maltrato físico a los pequeños es moneda corriente, quizá la reflexión filosófica de los niños que nombra y visibiliza dicha violencia, sería una veta que Iglesias, gobiernos, escuelas, tendrían que tomar en cuenta, para dar lugar a una sociedad quizá un poco menos ciega y abusiva. La palabra de los niños, producto de la reflexión filosófica, habla por sí sola 4:

¿Es verdaderamente cristiana una Iglesia que tolera la violencia contra los niños? ¿Es cabalmente de izquierda un gobierno que pasa por alto el maltrato y la explotación infantil? ¿Es genuinamente liberal una política que no defiende los derechos individuales de los pequeños? ¿Es efectivamente democrática una sociedad que no asume la responsabilidad de evitar a toda costa el sufrimiento que padecen los niños por la violencia sufrida en el propio seno familiar?

Es en este punto que nos parece que el pensamiento de Emmanuel Lévinas viene a completar la reflexión socrática, en el sentido de que la palabra de los niños y jóvenes, se constituye como una forma de Exterioridad, que interpela la maltrecha suficiencia de un orden adulto que reclama para sí los títulos del Ser y lo Mismo: la autonomía moral que conquista la filosofía socrática en los pequeños, es a su vez el resorte de una interpelación en sentido levinasiano en la que los propios niños hacen de los adultos ‘rehén’ de su palabra, y responsables de brindar un servicio des-interesado a la propia infancia. Así, el Bien como un servicio desinteresado, como encuentro y acogida al decir del Otro, como obediencia al mandato impuesto en este caso por el niño, se constituye como satisfacción de la ética como Filosofía primera. 5

Lévinas apunta en De otro modo que ser o más allá de la esencia:

 

“Sostener que la relación con el prójimo, que se cumple incontestablemente en el Decir, es una responsabilidad para con este prójimo, que decir significa responder del otro, es por lo mismo no encontrar ya más el límite ni medida a una tal responsabilidad”.

De igual modo apunta:

 

“Necesidad de un servicio sin esclavitud: necesidad, puesto que esta obediencia es anterior a toda decisión voluntaria que la hubiese asumido, y necesidad que desborda al Mismo del reposo, de la vida que goza de la vida ya que se trata de la necesidad de un servicio, pero dentro de ese no-reposo, dentro de esa inquietud mejor que ese reposo. Esta antinomia es el propio testimonio del Bien. 6

Lévinas establece un giro coperrnicano en relación al cabal cumplimiento de la vida ética: el acontecer del Bien radica no en la sola autonomía moral, sino en el sometimiento de esta autonomía a una ley heterónoma dada por la dimensión de la exterioridad. El Bien para Lévinas es la obediencia al mandato impuesto por la interpelación del Otro. Lo Mismo o el Ser va más allá de sí en el servicio desinteresado. La filosofía como horizonte de formación se afirma en la acogida al prójimo, que desde su radical trascendencia impone una ley –no matarás– encarnada en la expresividad de su rostro y su vida precaria. 7

¿Las perspectivas filosóficas de Sócrates y Lévinas son necesariamente excluyentes? Desde nuestro punto de vista, en al menos algún punto, no. Si bien la filosofía socrática apunta a la conquista de una autonomía moral, dicha autonomía bien puede desdoblarse como interpelación al orden de lo Mismo. ¿Acaso el propio Sócrates no es condenado a muerte por interpelar el orden de cosas establecido? ¿Acaso Sócrates no hace del ejercicio de la mayéutica, una vía de interpelación, que tiene como objeto el propio servicio al ciudadano y la ciudad?

Evidentemente las asimetrías ente el pensamiento socrático y levinasiano son muchas. Sócrates desde luego no piensa en profundidad el problema de la exterioridad. Sócrates filosofa tan sólo para el ciudadano griego y no pone en cuestión las figuras de la esclavitud, la exclusión y el rechazo al extranjero. Sócrates vive y piensa en la órbita de lo Mismo y el Ser. Sócrates filosofa en el corazón de la esfera parmenídea. Sin embargo, nos parece que mayéutica e interpelación se penetran en alguna medida, en el sentido de que el proceso formativo y la autonomía moral a la que da lugar la mayéutica, se afirma justo en una interpelación en el que la palabra del Otro, en el caso que nos ocupa, el de los niños, se constituye como cepo del Ser, es decir, de una ‘sociedad adulta, de un orden ontológico-político dado, que se ve emplazado a asumir su responsabilidad inmemorial, respecto de la propia infancia. ¿Acaso Sócrates no es condenado a beber la cicuta por maleducar a la juventud, es decir, por hacer posible entre los jóvenes una palabra crítica que exige responsabilidad y obediencia?

Ante una sociedad como la nuestra, que orilla a muchísimos padres de familia y ciudadanos honestos a jugarse la vida en el drama de la migración, el decir de los niños –palabra viva que como decimos, es la conquista de una autonomía moral– bien podría invitar a instituciones diversas –de nuevo, escuelas, medios de comunicación, bancos, por ejemplo– a impulsar una revisión de sus prácticas y sus discursos, a fin de que el concepto de humanidad, no sea sinónimo de esclavitud y abandono. La reflexión filosófica de los pequeños, la palabra crítica de éstos capaz de nombrar una realidad vivida, sería la pauta por la que la sociedad adulta fuese interpelada y reconociera el horror en el que tiene sumida a la infancia, y que hace de sí misma –de la propia sociedad adulta– una sociedad profundamente indigna. ¿Los gobiernos, las instituciones bancarias y las grandes empresas, tienen algo que responder al reclamo que entraña el decir de los niños, cuando éste relata la recurrente ya desde hace décadas tragedia de la migración?:

¿Cómo encarar el problema de la migración? ¿Cuáles son sus causas y sus efectos? ¿Quiénes son los responsables? La reflexión filosófica de los pequeños emplaza a nuestra sociedad no sólo a dar respuesta a estas preguntas, sino sobre todo a plantearlas. La Filosofía para niños se constituye como la formación de filósofos que no sólo responde a preguntas diversas sobre su realidad vivida, sino que hacen de la filosofía misma un arte del preguntar 8: los niños le preguntan a sus papás la razón del mundo en el que viven, mundo en el que los padres por carencias económicas abandonan a sus hijos, mundo ciego en el que no cabe preguntar. Mayéutica e interpelación se encadenan en la formación filosófica de los niños, haciendo de la verdad filosófica de los pequeños un dardo que invita a los adultos a llevar también adelante una vida orientada por una reflexión filosófica, en el que la crítica y la reflexión, en la que el gobierno de sí y la acogida al otro, 9 aparecen como directrices fundamentales.

Ante una sociedad como la nuestra, en la que el orden de cosas obliga a los niños a involucrarse en procesos sociales terribles como el narcotráfico y la larguísima cadena de complicidades y destinos rotos que implica, quizá la palabra de los pequeños bien pudiera emplazar a la sociedad adulta a dar satisfacción a la divisa quizá mayor por la que se caracteriza la praxis filosófica: ‘conócete a ti mismo’. 10 ¿Es justa una sociedad que hace de sus niños carne de cañón de la industria del narcotráfico? ¿Es democrática una sociedad que hace de sus niños peones en una narcoeconomía y una narcopolítica que deja tras de sí desolación y miseria? ¿Es cabalmente liberal, marxista o católica, una sociedad que sacrifica a su infancia en el entramado de complicidades que implica la cultura del narcotráfico? La Filosofía para niños es en este sentido una senda privilegiada para promover no sólo la formación ciudadana de los pequeños de modo que sean capaces de forjarse una opinión fundada respecto a su propio contexto social, sino de la propia sociedad adulta y sus múltiples instituciones, que encuentran en la propia praxis filosófica de éstos la vía para desenmascarar la propia perfidia por la que los niños mismos viven una dolorosa realidad.

Preguntas y respuestas, interpelación y responsabilidad se promueven recíprocamente en la enseñanza y en la práctica de una Filosofía para niños en la que los pequeños, al hacer de su discurso el vehículo y el domino expresivo de su propio pensamiento vivo, dan lugar a un espejo por el que la sociedad bien puede contemplar su propio rostro torcido y su absoluto desconocimiento de sí. La mirada de los niños es la inocente pupila por la que la sociedad a la vez que se reconoce a sí misma, se ve llamada a asumir la responsabilidad y el deber inmemorial de un servicio que sería fuente de una justicia, que le otorgaría al conjunto de la sociedad misma una recta humanidad.

Los niños se preguntan y le hacen preguntarse a la sociedad moderna, democrática y comunicativa: ¿por qué en un país en el que la mayor parte de la gente es morena, las telenovelas y los medios de comunicación en general muestran actores y personajes de tez blanca y de ojos claros, excepto cuando hacen de sirvientes?

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Una sociedad racista como la nuestra, encuentra en la Filosofía para niños el espacio para reconocer el odio y el desprecio que la articula, y la baja autoestima que es la pauta capital de la construcción de identidades individuales y colectivas:

La Filosofía para niños da efectivo cumplimiento a su dimensión formativa, en la medida que interpela a la sociedad adulta en relación al horizonte ‘de-formativo’ en el que sitúa a la juventud y a la infancia, reclamándole una respuesta ante lo intolerable: ‘Es difícil aguantar lo que pasa en las telenovelas’. La filosofía para niños se constituye como una crítica del orden social, en la que la sociedad misma descubre que la información y la comunicación produce monstruos, y que la belleza y la armonía que debieran tutelar la construcción del carácter y la propia identidad, es sustituida por grotescos patrones estéticos, patrocinados por alguna firma televisiva.

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A estas alturas del ecocidio planetario, la corrupción generalizada y las ilimitadas formas de esclavitud que nos asisten, la Filosofía para niños aparece casi como un capricho de ciertos académicos e intelectuales, preocupados por la formación de las nuevas generaciones. ¿A quién le puede interesar la formación de la juventud, ante el éxito avasallador de la telefonía digital que hace del internet el horizonte fundamental que tutela nuestras formas de hacer experiencia? ¿Quién podría valorar en su justa medida la pertinencia de la formación de los niños y los jóvenes, ante el triunfo contundente de una economía global que tiene como regla la concentración y la privatización de la riqueza, y la socialización de la miseria? Quizá la Filosofía para niños, en el marco de nuestra sociedad contemporánea, pudiese ofrecernos una utopía: que la sociedad y sus instituciones –Iglesias, gobiernos de diverso signo, medios de comunicación, universidades, padres de familia, etc.– encontrasen en la reflexión de los pequeños una mirada para reconocerse a sí mismos, y hacer de ese valiente reconocimiento el principio de una vida filosófica, una vida de autoexamen y servicio, por la cual, como Sócrates y Lévinas señalan, la vida misma mereciese la pena ser vivida.

Así, los niños serían nuestros maestros, las gentes buenas que aún pudieran acoger los gobiernos y diversas instituciones entenderían el sentido y la importancia de la enseñanza de la filosofía, y la humanidad encontraría en el conocimiento de sí como servicio al Otro, la vía para recuperar la dignidad perdida.

 

BIBLIOGRAFÍA

Bailhache, G., Le sujet chez E., Lévinas: fragilité et subjectivité, Presses de France, Paris 1994.

Bergson, ‘Del planteamiento de los problemas’, en El pensamiento y lo moviente, PUF, 1988.

Dussel, E., E., Lévinas y la filosofía de la liberación, Bonum, Buenos Aires, 1974.

Fernández, Agís, Domingo, ‘Tiempo, política y hospitalidad. Una reflexión desde

Derrida y Lévinas, Isegoría, 40, 2009

González, Juliana, ‘Sócrates y la praxis interior’, Teoría, UNAM, 1980.

González, Juliana, El Ethos, destino del hombre, UNAM, FCE, 1996.

Hülsz Piccone, Enrique, ‘Sócrates Y el oráculo de Delfos’, Teoría, UNAM, 2003.

Lévinas, E., Totalidad e Infinito, Sígueme, Salamanca, 1977.

Lévinas, E., De otro modo que ser o más allá de la esencia, Sígueme, Salamanca, 1987.

López, Antonio Edgar, ‘Derechos humanos como derechos del otro en Lévinas’, Cuadernos de Filosofía, 31, 103, 2010.

Platón, Apología, en Obras Completas, Ed. Sudamericana, Bs. As., 1956.

Platón, Fedro, en Obras Completas, Ed. Sudamericana, Bs. As., 1956.

 

 

REFERENCIAS

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Doctor en filosofía por la Universidad de Barcelona. Cuenta con una Maestría en filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, de donde es profesor de posgrado. Ha publicado “Spinoza, ¿místico o ateo?: Inmanencia y amor en la naciente edad moderna”, “Tiempo y amor en la filosofía de Bergson”. Es autor de la trilogía de filosofía para niños “La historia de las preguntas ¿por qué?”, “Juguemos a preguntar” y “Filosofando con los niños”. Más sobre su obra se puede encontrar en  http://lafilosofiaparaninos.com.mx/  
Errancia agradece al Dr. Ezcurdia su tiempo de compartir.

1 Cfr., González, Juliana, ‘Sócrates y la praxis interior’, Teoría, p. 57: “El saber  moral (la virtud o areté) no puede ser conocimiento adquirido del exterior; no es ‘enseñable’, sino que requiere ser alumbrado, literalmente ‘concebido’, por el hombre mismo como acción interior que ‘da a luz’ la verdad propia, el bien propio (autos). Sabiduría es autenticidad.”
2 Platón, Apología, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, p: 100.
3 González, Juliana, Op. cit, p. 56: “Se trata, de ver (theorein) lo que somos, de captar una realidad en sí misma y por sí misma, desprendiéndonos de todo prejuicio y de toda necesidad que precondicione y empañe o falsee la visión. Y se require ciertamente de un acto de radical andreia, de valentía para la verdad, sobre todo si se trata de la verdad sobre sí mismo. El conocimiento es ya una praxis, una virtud moral de alto rango, como la andreia u ‘hombría’: el valor del vernos en lo que realmente somos”.
4 Los dibujos y los textos de los niños que presentamos son resultado de la realización de Talleres de Filosofía para niños, articulados en sendas comunidades de diálogo. Dichas comunidades de diálogo tienen en el ejercicio de la mayética socrática su principio. En relación a nuestra fundamentación y concepción de la Filosofía para niños cfr: www.lafilosofiaparaninos.com.mx
5 Cfr., López, Antonio Edgar, ‘Derechos humanos como derechos del otro en Lévinas’, Cuadernos de Filosofía, 31, 103, 2010, p. 110: “La obra levinasiana es un legado que la filosofía debe hacer suyo en contextos en que muchos seres humanos se afirman sobre otros y se entregan a la guerra justificando el exterminio de otros seres en aras de un futuro mejor, del cual sólo se tiene como evidencia la sangre, la muerte, el dolor y el desconsuelo. Muchos seres humanos, y no humanos también, necesitan que pospongamos la afirmación de nuestro propio ser para que puedan seguir siendo y para permitirnos existir como responsabilidad. Esa es la relevancia que tiene hoy el pensamiento de Emmanuel Lévinas en torno a los derechos humanos.”
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Lévinas, E., De otro modo que ser o más allá de la esencia, Sígueme, Salamanca, 20
11, p. 108.

7 Cfr., Fernández, Agís, Domingo, ‘Tiempo, política y hospitalidad. Una reflexión desde Derrida y Lévinas, Isegoría, 40, 2009, 198: “En cierta forma, la hospitalidad parte de un decir sí al otro, pero también, ‘si es el otro único que pude decir si, el ‘primer’ si, la acogida es siempre acogida del otro’. Esa mutua afirmación sin condiciones, que es el presupuesto esencial de la hospitalidad, conlleva una forma de acogida que no puede darse sin aceptación de la diferencia y el reconocimiento, en consecuencia, de la singularidad humana del otro. Se establece de este modo una relación cuyo fuerte basamento ético ha de imponerse a cualquier otra consideración de naturaleza juridical o de oportunidad política.”
8 En relación a la cuestión del planteamiento de los problemas, como momento fundamental de la reflexión filosófica Cfr., Bergson, PM, ‘Del planteamiento de los problemas’, 1292, 51: "Otro tanto sería decir que toda verdad es ya virtualmente conocida, que su modelo está depositado en los papeles administrativos de la ciudad y que la filosofía es un juego de puzzle en el que se trata de reconstruir, con algo que la sociedad nos suministra, el dibujo que no quiere mostrarnos. A lo mismo equivaldría asignar al filósofo el papel y la actitud del estudiante que busca la solución y pretende obtener con una mirada indiscreta, a la vista del enunciado, en el cuaderno del profesor. Pero la verdad es que se trata, tanto en filosofía como en cualquier otra parte, de encontrar el problema y por consiguiente de plantearlo, más todavía que resolverlo. Porque un problema especulativo queda resuelto desde el momento que está bien planteado. Entiendo por ello que existe solución, aunque pueda permanecer oculta y, por decirlo así, recubierta: falta sólo descubrirla. Pero plantear el problema no es simplemente descubrir, es inventar.”
9 Cfr., Fernández, Agís, Domingo, ‘Tiempo, política y hospitalidad. Una reflexión desde Derrida y Lévinas, Isegoría, 40, 2009, 196: “La relación con el otro estaría, pues, ubicada en la base de la constitución de la subjetividad. Los procesos que conducen a la subjetivación sería, a jucio de Lévinas, movimientos en lo que la relación con el otro está siempre presente. La apertura al otro queda así establecda como experiencia radical.”
10 Cfr, Hülsz Piccone, Enrique, ‘Sócrates Y el oráculo de Delfos’, Theoría, unam, 14-15, 2003. En este texto Enrique Hülsz hace expresos los nexos entre la ética y la epistemología socrática mediante un análisis de la función del oráculo de Delfos en la Apología, donde precisamente el mandato del autoconocimiento ocupa un lugar capital: “Simplificando un poco, diría que el corazón del “problema Sócrates” –al menos restringiéndonos a Platón– es la Apología, en cuyo argumento desempeña una   función central el episodio del oráculo. Mi propósito es enfocar la significación histórica del pasaje, que tiene que ver con la idea misma de filosofía, concebida en términos marcadamente epistémicos. Mi interpretación asume que el pasaje del oráculo (20c-23c) es un microcosmos singular en el que se expresa la idea platónica de filosofía como autoconocimiento”.

 

 

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