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LA POSMODERNIDAD
Y EL NIÑO ELEMENTOS PARA PENSAR
LA SUBJETIVIDAD DEL NIÑO
EN LA POSMODERNIDAD


ARMANDO ALCANTAR RANGEL

 

Resumen: La posmodernidad se ha sido y sigue siendo un tema en boga, especialmente alrededor del debate modernidad-posmodernidad. El empleo de la noción “posmodernidad” ha encontrado cabida en los más amplios campos, uno de ellos ha sido la subjetividad. Ésta puede tomar caminos muy particulares cuando se centra en el caso del niño que está creciendo durante el asentamiento de lo posmoderno, de lo global. Las nociones de pluralidad, fluidez, fragmentación, dislocación, dan un marco reflexivo que permite realizar un análisis acerca de las implicaciones que la condición posmoderna tiene sobre la subjetividad del niño.

 

Palabras clave: posmodernidad, niño, subjetividad, fluidez, pluralidad.

INTRODUCCIÓN

A partir del advenimiento de la posmodernidad se han suscitado cambios a nivel social, cultural, económico, principalmente por la imposición del capitalismo como rector único del mercado, sin embargo, también ha tenido repercusiones a nivel individual. La configuración del sujeto de la posmodernidad parece distinguirse claramente del sujeto moderno, por la deslegitimación que han sufrido los grandes referentes del sujeto, la caída de los meta-relatos (Lyotard, 1994) y la liquidación (derretimiento) de lo sólido, lo que se parece advertirse en la fluidez y dislocación de los vínculos sociales (Lewcowitcz, 2004). Estas son algunas de las características de la posmodernidad y por ende del sujeto que produce. El niño se ve implicado irremediablemente tanto a nivel social, institucional, como a nivel psíquico, subjetivo. La subjetivación que vivió el niño moderno ha sido trastocada y transformada de acuerdo al nuevo orden, de este modo, los niños muestran recursos psíquicos particulares a la posmodernidad, el papel de los padres en la configuración subjetiva del niño va cambiando y, las concepciones y posturas respecto al niño también lo han hecho, lo cual ha tenido consecuencias subjetivas en los niños como en los padres (Reyes, Pacheco, Macías & Aguilar, 2011).

 

MODERNIDAD

De entrada comencemos señalando algunas cosas que se podrían decir acerca de la posmodernidad. Parece ser, si se hace caso a lo dicho por Gutiérrez (2007), que fue Jean-Franҫois Lyotard quien introdujo, o al menos puso en el centro de la polémica, el vocablo posmodernidad, posmoderno, dentro del ambiente que propiciaron diversos debates con los llamados pensadores conservadores (Bower, 2009), personajes vueltos en una búsqueda nostálgica para recuperar otro tiempo.

Sin entrar en profundizaciones acerca de las confusiones y divergencias que se han dispuesto alrededor del término posmodernidad, podemos centrar nuestra atención alrededor de la caracterización hecha por Lyotard (1994) a razón de la posmodernidad. El autor distingue entre muchas más particularidades del ambiente posmoderno la presencia de un pluralismo radical, considera que tal pluralismo se reconoce como constitutivo de las sociedades, y con ello el ímpetu filosófico que pondera vira a lo moral como medida de corte para lo ético, además de remarcar que la posmodernidad no va en oposición o reemplazo de la modernidad, sino que vienen a formar un orden diferente.

El punto de quiebre que da pie a empezar a hablar de posmodernidad en lugar de modernidad gira en torno a la llamada caída de los meta-relatos, lo anterior sin perder de vista que las implicaciones de ello ha dado lugar a distintas posiciones alrededor del debate aún vigente entre modernidad-posmodernidad 1. Para aclararlo, baste con recordar que la modernidad se configuraba a partir del intento de imponer la razón como norma trascendental a la sociedad 2, de acuerdo a las premisas que el método científico facilitaba para la instauración de un determinado modo de ver al mundo. De este modo específico es que se refieren los meta-relatos, definidos por Bower (2009) como “sistemas de pensamiento elaborados y complejos con un corpus de verdades universales y absolutas que requieren sujetos especializados que los transmitan en el marco de instituciones” (p. 3). La caída de tales referentes universales 3 se desprende de la advertencia que se hace sobre la ingenuidad de confiar en los discursos modernos inalcanzables, en su lugar para ir en búsqueda de lo cotidiano y metas individuales alcanzables. Ya Lyotard (1994) lo refería al afirmar que “sólo la ilusión trascendental puede esperar totalizarlos [la reconciliación del concepto y de lo sensible, de la experiencia transparente y comunicable] en una unidad real.” (p. 26).

El asunto es que, principalmente por, la extinción de las formas del sujeto de la modernidad ha promovido el abandono de tales referencias de valores, hito de la posmodernidad (Angelli & Altobelli, s.f.). Asimismo, el discurso totalizante de la razón, punto medular de la modernidad, ha dado lugar a uno de los pilares argumentativos de la posmodernidad, el del finitismo fundamental de la razón (Bermúdez, s.f.) y con ello se validan múltiples formas concretas de la razón que se remiten unas a otras, pero plenas de sentido.

 

POSMODERNIDAD

De este modo, la posmodernidad se puede ver cimentada sobre la diferencia, la pluralidad, la comunicación en masa, el relativismo y el vacío de ideologías (Brower, 2009), lo que permite la germinación de un mundo fragmentado, deslocalizado y carente de sentido unificado (Lejarraga, 2012). Tales son condiciones propicias para producir subjetividades fragmentadas, vacías de significación (Angelli & Altobelli, op cit.). Esta fragmentación y dislocación de las subjetividades se puede asociar a la misma definición de complejidad que se desprende de la posmodernidad, en tanto ambiente complejo. Complejidad, emergencia de procesos, hechos u objetos multidimensionales, multirreferenciales, con componentes de aleatoriedad, de azar e indeterminación, que conforman grados irreductibles de incertidumbre (Instituto Internacional para el Pensamiento Complejo, 2011). En este escenario, de complejidad de formas de subjetivación, Reyes, Pacheco, Macías y Aguilar (2011) apuntan que las subjetividades mutan y se sujetan más al orden imaginario que al simbólico, el lazo social decae y con éste pactos, figuras y formaciones sociales. El capitalismo, como pieza clave de la posmodernidad, tiene como efecto la desimbolización, en lugar de valores simbólicos circula la mercancía (Dufour, 2007). La condición posmoderna, puede llevar a caer en una variabilidad de imposición de formas que conllevarían la alienación o al menos la confusión de los sujetos (Gutiérrez, 2007).

Esta incertidumbre, confusión, fragmentación, habla del sujeto de la posmodernidad, entonces ¿qué sucedió con el sujeto moderno? Dufour (2007) aventura una respuesta: ha desaparecido junto con la validez y credibilidad de las figuras del Otro, en cualquier caso, el Mercado podría ser quien se constituya como un nuevo gran Sujeto. Las concepciones modernas de Dios, Estado, etcétera, no encuentran lugar en la legitimación pública (Lyotard, 1994). Sin embargo, tal suceso implica el consumo de los sujetos y la reducción de las cabezas, el medio ha sido introducir una nueva jerarquía del objeto, el objeto como mercancía (Dufour, 2007).

El sujeto resultante y necesario, siguiendo a Dufour (2007), es un sujeto precario, acrítico y psicotizante 4, abierto a todas las fluctuaciones identitarias. No se trata empero, de la labor de unas condiciones socioculturales externas al sujeto, más bien, se trata de una red que interviene en la constitución misma de los sujetos, que son sostenidos en una lógica social que los hace posibles y que son necesarios para mantener dicha lógica (Lewcowitcz, 2004). En la posmodernidad, la lógica social supone una dinámica de la fluidez 5, en diferencia a la solidez de la modernidad (ibídem).

 

SUBJETIVACIÓN

La conformación de una organización social diferente, que se muestra incierta y permanentemente fluctuante, sin montículos sólidos de referencia y legitimación, necesariamente tiene repercusiones en los modos de producción de subjetivación, y consecuentemente interviene sobre la subjetividad y sobre el lazo social. Sobre este punto, Reyes et al. (2011) han remarcado la preponderancia de la incertidumbre, la angustia, el vacío y la nada en la posmodernidad, y la producción de la subjetividad. Entendiendo la producción de la subjetividad como: “…la acción de dar sentido, de significar y poner una marca de origen (firmar) un proceso de metabolización. Dar un sentido personal… acompañado del acto que siempre implica” (Angelli & Altobelli, s.f., p. 5), la producción subjetiva es devenir sujeto.

Devenir sujeto implica un proceso de subjetivación, el cual hace posible devenir un Yo, un Yo que piensa su lugar de sujeto en el seno de un Nosotros 6, es decir, el sujeto se constituye a través de la intersubjetividad 7 (Kaës, 2010). Rescatando esta noción de intersubjetividad se vuelve imprescindible referir que el trabajo que resulta de tal estructura (actividad del preconsciente como función intersubjetiva) participa de la configuración de ligaduras entre la pulsión, el sentido y el vínculo (Angelli & Altobelli, s.f., p. 8).

Teniendo en mente la importancia de las relaciones intersubjetivas, del lazo social y el vínculo, pueden surgir algunos cuestionamientos acerca de las implicaciones que la posmodernidad ha propiciado con la desimbolización, la aparición de la jerarquía del objeto como mercancía, la fluidez de las relaciones con los otros, la deslegitimación de las figuras del Otro, etcétera, han tenido sobre la subjetivación y la producción de subjetividades en el niño (también en el hombre, la mujer…).

 

NIÑO

Con los esfuerzos por mantener el ritmo de la posmodernidad, han tenido lugar una cantidad considerable de cambios alrededor de las minorías, la mirada antes puesta en beneficio de la sociedad se están volviendo, con la especialización creciente de las legislaciones, hacia los pequeños grupos, niños, madres solteras, ancianos, grupos étnicos. No se pueden negar las virtudes que algunas leyes han tenido para beneficio de dichos grupos, al respecto, el niño bien puede considerarse, en palabras de Reyes et al. (2011), un Rey. Y como tal, el legado cultural que los padres tienen para transmitirle al niño no parece suficiente, de modo que se requieren especialistas sobre el deber ser y los saberes necesarios para la educación de los niños (ibídem). Estos saberes, personificados en pediatras, educadores, psicólogos, establecen el modelo sano de educación para el niño de acuerdo a los patrones de comportamiento que, desde la ideología político-económica imperante (capitalismo, neoliberalismo), se requieren en un hipotético mundo feliz.

El punto es que el asunto no queda ahí, la conformación de modelos sanos, que parten de los principios económicos y culturales del libre mercado, suscitan transformaciones subjetivas en los niños como en los demás. Sujetarse a tales principios implica ser insertados en la fluidez 8 y la fragmentación. La dimensión del futuro se desdibuja con la penetración del consumismo y bombardeo mediático en la cotidianeidad, se trastocan la subjetividad y se des-ligan rasgos tradicionales de la familia o la escuela. Es en esos espacios intersubjetivos donde los niños se producen (Angelli & Altobelli, op cit.).

Para comenzar con el abordaje de la condición subjetiva del niño en la posmodernidad, se puntualizan algunas particularidades sobre los espacios donde se producen, de acuerdo a la condición posmoderna (J. F. Lyotard). Como primer punto se puede referir la relativa universalidad de la idea sobre la trascendencia que tienen las primeras experiencias psíquicas para el posterior desarrollo, esto tiene cierta convergencia con la ideología propugnada por la psicología clínica sobre la influencia decisiva de la primera infancia, propagada y convertida en propiedad intelectual de la sociedad posmoderna de occidente, aunque con una diferencia fundamental: considerar al niño como inversión calculada (Dencik, 1992).

En otras palabras, surge la incógnita sobre el modo en que se habrá de (invertir) estimular el desarrollo del niño para estar seguros de que será un “producto de buen funcionamiento”, que cumplirá con las expectativas de los padres (llegar a adulto exitoso en lo laboral y lo social) (Dencik op cit.). Esto va en el sentido como van cambiando los ideales y las normas, además del terreno que van ganando los sistemas tecnológicos, los padres comienzan a dejar de funcionar como modelos de educación de sus hijos debido a que tienen que educarlos de un modo distinto de como ellos fueron educados y conseguir que lleguen a ser algo distinto de lo que ellos son. Un ejemplo de ello es el nuevo lenguaje poblado de términos relacionados con las nuevas tendencias mediáticas (mail, web, soft, “messengear”, “googlear”) y de los cuales muchos padres tienen un menor dominio que sus hijos.

Ahora bien, el niño aún ocupa (en el mejor caso) un lugar privilegiado para los padres, un lugar fálico, que si bien es fundamental que sea declinado 9 para que el niño se constituya sujeto, más allá del mundo imaginario de sus padres, las condiciones sociales favorecen una separación temprana y abrupta, lo que Reyes et al. (2011) consideran un factor propicio para inaugurar un duelo ante las pérdidas subjetivas como físicas. No es raro que un niño  se interne en el mundo digital mientras no está bajo la mirada de sus padres, y progresivamente en un mayor número de ocasiones, hasta convertirse en un elemento de importancia en su subjetivación. A pesar de los beneficios que han traído las cada vez más novedosas tecnologías, en ocasiones genera apatía para que los niños se interesen por establecer relaciones personales con quienes los rodean (Reyes et al., op cit.). El punto clave, señalan Reyes et al. (2011), es que cuando se busca la satisfacción del deseo 10 por medio de una mercancía, se descubre que no es eso lo que busca y se reaviva la demanda de otro objeto de consumo. La familia (en su color moderno) ha perdido fuerza como institución forjadora de valores sociales, y tanto padres como hijos buscan fuera de ella los nuevos referentes a seguir; el mercado se está constituyendo como el nuevo gran referente (Dufour, 2007), por la promesa que ofrece, de la satisfacción inmediata de los deseos (Reyes et al., op cit.).

Asimismo, con la instalación de la posmodernidad se observa una tendencia a pedagogizar el mundo del niño y a patologizar los rasgos que no cumplan con los estándares deseados dentro del repertorio conductual del niño. Así, por ejemplo, Dencik (1992) ha distinguido una mayor frecuencia en la habilidad para ejercer el autocontrol interno (como habilidad característica del proceso de civilizarse 11), en niños cada vez más pequeños. Pareciera, continúa el autor, que en las situaciones diseñadas específicamente para los niños, se estuviera prohibida la puerilidad y la regresión. En cada vez más ocasiones, los niños muestran una habilidad excepcional para controlar sus impulsos y contener cualquier demostración de sus emociones; en el mejor caso, los niños dirigen hacia sus padres la función de recibir la explosión emocional contenida (Dencik, op cit.).

Este comportamiento civilizado precoz tiene que ver con lo que Dencik (op cit.) llama “secularización en la sociedad posmoderna”, entendiendo por esto la precariedad de las relaciones sociales, del lazo social. Puesto que los sujetos son como bienes (gastables, intercambiables), las relaciones y lazos entre los sujetos se hacen frágiles y vulnerables. Esta incertidumbre sobre el vínculo social, y su fugacidad, “se convierte hasta un cierto punto en un lastre psicosocial para estos niños” (Dencik, 1992, p. 90), y los niños se irán haciendo (si no ya lo saben) a la idea de que los lazos, incluso los familiares, son frágiles y se pueden disolver siempre que una parte lo desee.

Así, entonces, la pedagogización del mundo del niño se viene a conjugar con una profesionalización de la supervisión del niño, los padres se apropian cada vez más de la incertidumbre que permea la posmodernidad, se vuelve necesario un personal instruido. Situación paradójica si se es posmoderno y se rechazan las verdades universales, lo científico no puede sino configurarse en una pluralidad de voces que dicen cada una lo que es adecuado para el niño. Lo que sí parece una tendencia, más o menos constante, es la patologización de las características no deseadas de acuerdo a un repertorio de comportamiento normal, el cual es definido de “manera más estricta que nunca” según los requisitos funcionales de las instituciones (Dencik, 1992).

 

CONCLUSIONES (elementos para pensar)

El primer elemento se refiere al debate modernidad-posmodernidad y las distintas posturas acerca de lo posmoderno. Si bien se brindan elementos que permiten el análisis sobre la sociedad contemporánea, la prevalencia de alguna postura parece un imposible, más si se es posmoderno. Pero no por ello es algo decepcionante, la pluralidad de racionalidades que fomenta la posmodernidad (Lyotard) parece enriquecer la reflexión sobre los fenómenos que atañen a las sociedades actuales, como lo concerniente a las transformaciones que están sufriendo las concepciones de niño, niñez, infancia, lo cual repercute de una u otra forma en las significaciones sociales, los actos institucionales, las relaciones intersubjetivas y en la propia subjetividad de los niños.

La fragmentación, la dislocación y la carencia de un sentido unificado, como características de la posmodernidad, pueden verse en dos sentidos: primero, en el sentido de una descomposición de la unificación tanto de premisas sociales, ideologías, significaciones imaginarias, lo cual podría tener repercusiones en la producción de subjetivación y subjetividades, así como podría figurar como una descomposición de la unificación necesaria para poder hablar de un Yo, incluso más allá de la conformación de una identidad en base a ciertos referentes, en un plano psíquico constitutivo del niño. Segundo, en el sentido positivo de la pluralidad de formas y maneras de ser, es decir, en el sentido de rebasar los límites de estereotipos prefijados, en favor de la emergencia de un sujeto reflexivo y crítico respecto de los determinantes socio-históricos actuales.

Ligado al punto anterior, frente a la fragmentación y a la especialización de saberes que promueve la posmodernidad, a nivel teórico, se forman sujetos especializados en un área específica quedando ignorante respecto a otras áreas. Esta condición dificulta abordar las condiciones subjetivas del niño, y de cualquier sujeto, en la posmodernidad, puesto que el niño transita entre distintos espacios donde se juega su subjetivación y que comprender lo que significa para el niño tal situación es algo más que examinar cada elemento aisladamente o analizar los efectos que tiene cada uno sobre el niño por separado. La posmodernidad tiene implicaciones políticas, sociales, culturales, económicas, educativas, familiares y psíquicas.

Por último, parece ser que la fluidez de los lazos puede terminar en la relativización de la familia, en su sentido moderno (con un sentido sólido, con una función clara, con valores concretos, con roles establecidos), lo cual no sólo promueve sujetos cada vez más independientes, sino también el desplazamiento del valor familiar hacia el valor del individuo. Parece que la satisfacción por el lazo social se invierte (o quizá no se desprende del) hacia el sujeto, enfatizando su cualidad narcisista.

 

 

REFERENCIAS

1 Respecto a tal debate, pueden señalarse al menos tres posturas: la primera concierne a quienes abogan por el uso pleno de “posmoderno” en favor de la coexistencia de las diferencias, la pluralidad, como elementos que promueven la sociedad posmoderna en detrimento del proyecto totalizador de la modernidad (Lyotard; Vattimo). Desde otra postura, la posmodernidad vendría a marcar el fin de la modernidad por medio de un proceso de anulación, a partir de su alianza con una premodernidad (Habermas), o debido a un conformismo frente al fracaso y final de las cosas (Castoradis). Como tercera postura puede encontrarse la evitación de la polarización, como dejar de hablar sobre épocas para concentrarse en las nuevas producciones culturales (Jameson), o poner el acento más bien sobre las distintas facetas del posmodernismo (Foster; Follari). Bower, L. (2009). El niño en el contexto posmoderno…¿los niños de hoy son como los de antes?. Universidad Nacional de San Luis.
2 A riesgo de ser imprecisos, puede situarse el inicio de la Modernidad entre los siglos XV y XVI a partir de la transformación de la sociedad preindustrial y rural en sociedad industrial y urbana, transformación que tuvo una importante influencia por parte de la Revolución Industrial y la colocación privilegiada del capitalismo.
3 Desde esta postura, la posmodernidad es entendida a partir del agotamiento y desaparición de los grandes relatos de legitimación, en particular de los relatos religiosos y del relato político. Lyotard, J. F. (1994). La posmodernidad (explicada a los niños). Barcelona: Gedisa. Pero también son el relato de la ciencia y el relato de la democracia. Gutiérrez, D. (2007). La posmodernidad de Lyotard explicada a los posmodernos. Documentos de Investigación. El Colegio Mexiquense.
4

Con psicotizante se hace referencia a un sujeto, más allá de la concepción del sujeto psicótico de acuerdo a una estructura patológica, abierto a todas las fluctuaciones identitarias y dispuesto, a la vez, a seguir todas las ramificaciones comerciales de acuerdo al libre flujo y circulación de las mercancías. Dufour, D. (2007). El arte de reducir cabezas. Buenos Aires: Paidós.

5 Sobre la fluidez de la posmodernidad y la modernidad líquida, véase el trabajo de Zygmut Bauman, p. ej. Bauman, Z. (2009). Modernidad liquida. México: Fondo de Cultura; Bauman, Z. (2001). La sociedad individualizada. España: Cátedra
6 Lyotard empleó los mismo términos para referir que el rescate que del yo hace la posmodernidad no implica un desprendimiento del nosotros de la modernidad, el caso es que el yo se legitima como instancia de verdad, pero se convierte en nosotros cuando se acepta la pequeñez del ser humano y se reconoce la interdependencia de éste con los demás. Gutiérrez, D. (2007). La posmodernidad de Lyotard explicada a los posmodernos. Documentos de Investigación. El Colegio Mexiquense
7 La intersubjetividad es definida por Kaës como una estructura dinámica del espacio psíquico entre dos o varios sujetos, que comprende procesos, formaciones y una experiencia específicos, a partir del cual cada sujeto se constituye en tanto que pone en juego una parte de su propio inconsciente. Kaës, R. (2010). Un sujeto singular plural. El psicoanálisis ante la prueba del grupo. Buenos Aires: Amorrortu.
8 “La liquidez o la fluidez son metáforas empleadas para aprehender la naturaleza actual de la época actual. Los fluidos se desplazan con facilidad. Fluyen, se derraman, se desbordan, salpican, rocían, emanan, gotean, inundan, a diferencia de los sólidos, no es posible detenerlos fácilmente. La extraordinaria movilidad de los fluidos es lo que los asocia con la idea de levedad. Los fluidos, no se fijan al espacio ni se atan al tiempo.” Angelli, E. y Altobelli, H. (s.f.). Posmodernidad y Adolescencias. Recuperando y creando la dimensión del tiempo y el espacio, p. 6 nota al pie. Ver nota 5.
9 Esta declinación parece darse principalmente para niños del sector urbano, de modo que la declinación de su majestad el bebé y del complejo de Edipo pueden dar lugar a un duelo en el niño desde edades muy tempranas. Reyes, M.; Pacheco, J.; Macías, M. y Aguilar, M. (2011). Formas de subjetivación en la posmodernidad, Uaricha (Revista de psicología)- Facultad de Psicología de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo15, 13-27
10 El deseo no tiene objeto, se comporta de acuerdo a su labilidad, y es a partir de éste que uno se mueve en la vida. El sujeto desea porque le falta algo, sólo se puede desear algo si éste falta, de modo que la falta nos constituye como sujetos, lo que hace posible la comunicación entre sujetos, los lazos afectivos, las ilusiones, la cultura.
11 De acuerdo con la teoría del sociólogo Norbert Elias sobre el proceso de civilizarse, una de las características de este proceso es la exigencia para actuar en un número creciente de espacios públicos, de ahí que se deba aprender a controlar los sentimientos de manera que se aprenda a actuar de forma circunspecta en tales espacios. Dencik, L. (1992). Creciendo en la era posmoderna: el niño y la familia en el Estado de Bienestar. Anuario de Psicología-Unidad de Barcelona, 53, 71-98.

 

BIBLIOGRAFÍA

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Bermúdez, K. (s.f.). Para entender a Lyotard en el ámbito de la posmodernidad. Universidad Pedagógica Nacional Recuperado de: http://www.pedagogica.edu.co/storage/folios/articulos/fol06_03art.pdf

Bower, L. (2009). El niño en el contexto posmoderno…¿los niños de hoy son como los de antes?. Universidad Nacional de San Luis.

Dencik, L. (1992). Creciendo en la era posmoderna: el niño y la familia en el Estado de Bienestar. Anuario de Psicología-Universidad de Barcelona, 53, 71-98

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Gutiérrez, D. (2007). La posmodernidad de Lyotard explicada a los posmodernos.

Documentos de Investigación. El Colegio Mexiquense Instituto Internacional para el pensamiento complejo. Complejidad (IIPC). (2011). Vicerrecto-rado de Investigación y Desarrollo (VRID) de la Universidad del Salvador (USAL), Argentina. Recuperado de: http://www.complejidad.org/cms/?q=node/3

Kaës, R. (2010). Un sujeto singular plural. El psicoanálisis ante la prueba del grupo. Argentina: Amorrortu.

Lejarraga, H. (2012). La subjetividad del niño en las posmodernidad. Archivo Argentino de Pediatría, 110 (4) Recuperado de: http://dx.doi.org/10.5546/aap.2012.318

Lewkowicz, I. (2004). Pensar sin estado. La subjetividad en la era de la fluidez. Barcelona: Paidós.

Lyotard, J. F. (1994). La posmodernidad (explicada a los niños). Barcelona: Gedisa.

Reyes, M.; Pacheco, J.; Macías, M. y Aguilar, M. (2011). Formas de subjetivación en la posmodernidad, Uaricha (Revista de psicología)- Facultad de Psicología de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 15, 13-27

 

 

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