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AMO-ESCLAVO,
UN GOCE OTRO NO-TODO, REBELDIA


JESÚS NAVA RANERO

 

Resumen: Se trata del goce fálico de la posición masculina de los seres hablantes tenido como universal, y de un goce otro no-todo de la posición femenina, sostenido como referente para poder pensar una apuesta rebelde no-toda y más allá suplementaria de la lógica que confronta en una dimensión complementaria al amo-esclavo.

 

Palabras clave: Goce fálico, goce otro no-todo, amo-esclavo, rebeldía.

 

 

“El amo está hecho a partir de la imposible armonía de los egoísmos, y la civilización no es más que un débil barniz, extremadamente frágil y rompible, una hoja opaca a los no analistas, pero perfectamente transparente sobre la barbarie y el horror. Si la Ética freudiana, no obstante, sigue siendo la de las Luces, lo es en el sentido, y sólo en el sentido, retomado por Lacan, en que dice al sujeto, tu puedes saber, he ahí lo que es el amo, no cedas en tu deseo”

Guy Landreau El Ángel

Es probable que los sujetos que produjo la modernidad no hayan sido tan ajenos al sentido de su existencia y su circunstancia en el mudo, como ocurre en el presente ante la  aniquiladora y apabullante desvinculación social producida por la sociedad de los Mercados; ni que las formas de vida enajenada hayan conocido una expresión tan a doler de huesos, ni tan a todo vértigo, como la que estamos presenciando. También es probable que en ningún otro momento eso que se dice voluntad, potencial y deseo de los sujetos, haya sido tan eficazmente desviado hacia el consumo o potencialmente tachado. Ni tampoco que el sujeto, frente a formas de control mucho más sofisticadas,  haya estado tan plagado de sí mismo y a merced de las estrategias e intereses mercantiles del discurso de los mercados 1.

Y también es probable que en ningún otro momento la masificación del individualismo autista, recluido en el sublime encanto de la tecnología, haya alcanzado tales proporciones, o que la resignación ante el propio deterioro y exterminio haya sido tan mostrada (vía la adoración tan sintomática de  “la santa muerte”) tan al pie de la letra.

El exterminio simbólico de los vínculos sociales hace gozar de realidad virtual al que se basta solo enchufado a una red que le ofrece al instante toda vez que se carga la posibilidad de descargarse.

Los dispositivos que tienen por encargo ideologizar y controlar a los sujetos, han logrado sembrar y cultivar la impotente certeza de ser y sostenerse en la propia libertad y la elección individual; con ello, además de gestar las más esclavizantes formas de enajenación y adaptación, han vuelto polvo lo que en otros tiempos insistió por el lado de las movilizaciones hacia aquello anhelado como libertad y tenido como liberación.

Día a día se multiplica la frecuencia de las expresiones que insisten en hacer saber que este mundo es el mejor de los mundos posibles, y que no es posible hacerlo devenir de otra manera que no sea aquella destinada a favorecer los flujos de las finanzas internacionales, la expansión de los mercados y, con la expansión de los mercados, la expansión de los capitales y el fortalecimiento de las economías internas. De este modo, al establecer categóricamente que ya no es posible el pasaje a otra cosa ni ninguna transformación que no sea la transformación permanente de los mercados, los dueños del poder apuntan a sembrar y cosechar la impotente impuntual declinación, asumida sin reservas por la mayoría, de que el presente es hoy en el  aquí y ahora. Ante el fin de la historia, producido por el borramiento de la praxis histórica, el futuro por fin, como anhelo colectivo de una vida digna, segura  y confortable, ha sido desechado. La desmesura y las desastrosas consecuencias de la imparable desmesura, por ahora, al parecer, avanzan solas.    

Jamás el deterioro del planeta, mostrando en lo que oculta la terrible pesadilla del deshielo de los polos, provocada por la voraz expansión sin escrúpulos de los mercados y el uso desmedido de la ciencia y la técnica al servicio de sus intereses, sumado al deterioro del sujeto que nosotros somos huyendo de nosotros mismos, había alcanzado la indiferencia que hoy mostramos; acudimos puntual, cotidiana y resignadamente al matadero de nuestra existencia con o sin esperanza de resurrección.

Por otro lado también es cierto que las deformaciones revolucionarias, celebradas como producto de la más profunda conciencia histórica, parieron monstruos y los más diversos perversos síntomas, y que, en la actualidad, tales engendros, alimentados con las migajas que los señores del poder les arrojan o dejan caer de su mesa, se siguen llamando izquierdas y se nombran a sí mismos, a sabiendas de su propio cinismo y simulacro, como las fuerzas democráticas y progresistas de la sociedad. Para colmo, instalados, sin el menor asomo de vergüenza, en una resuelta crisis de identidad, y en el confort de la despreocupada comodidad de ya no tener que salir a las calles a construir y articular las resistencias, los otrora militantes de la oposición se dedican a transmitir la esperanza de la buena nueva, que alguna vez, luego de su arribo legal y legítimo al poder, también alcanzará a sus fans.

Pero no vayamos a suponer que los alcances de tan eficaz maquinaria solo tienen que ver con los otros que no somos nosotros, o que es suficiente con mirar y estar atentos al espectáculo de la ajena degradación para sabernos excluidos o salvados de ésta; a través de sus actos el “otro” hace ver el paisaje interior que también nos habita de las maneras más insospechadas.

El deseo de estar o ponerse en el lugar del amo ha dado origen a los más grandes delirios y desbordes en quienes, apenas llegados a la altura del más profundo sótano, se tienen por señores del poder y en el poder. El amo-esclavo que llevamos puesto no solo permanentemente salta a la vista, hemos aprendido minuciosamente a ser en él, a vivir con él.

De lo que se trata es de suponer que engañamos a los otros sin engañarnos a nosotros mismos; el amo es el otro, el esclavo es el otro, y en ello  se hace ver o se des-cubre la tan arropada verdad al desnudo.

Las formas de sometimiento y de resignación, se sabe, lo sabemos, son infinitamente insospechadas; en el fondo de lo que se trata es de aceptar vivir conforme el otro manda y de pasar sin ver para no dar lugar a los propios deseos ni aquello singular que en cada uno se dice.

Demandamos amos, esperamos, soñamos, aguardamos al amo, incluso al Amo que sustituya al amo; la gran venida del gran amo que nos confirme y colme de un desmesurado, cuando no delirante, bienestar sin falta.

El modelo que nos hizo saber a ciencia cierta que la historia avanzaba en línea recta hacia su propia realización, vía el advenimiento y la forja de un mundo de justicia y bienaventuranza generalizada, no ha agotado sus límites. Fieles a la esperanza de la resurrección del que vendrá a salvarlos, los más esperanzados esperan resignados la llegada de su salvador; otros, los instalados en la tradición, aguardan un astuto a la altura de los liderazgos; y los más prefieren creer que el remedio consiste en sacarse el “melate” aunque de cierto sepan que también esos enganches son una gran estafa.

Si escribimos lo que se enuncia como amo-esclavo con un guion intermedio, lo hacemos para intentar superar, al menos por la vía de la escritura, la ilusión  que hace suponer que se trata de dos; de tal forma que, en oposición a esta dualidad de lo Uno que opera en el lugar de la Verdad, sea posible intentar  establecer, al menos por la vía la escritura, la apuesta que llamamos rebelde por el lado del más allá del amo-esclavo.

 

Si escuchamos a Freud, habría que postular que la eternización de lo que es, como efecto de verdad, afecta no solamente a la sexualidad desdichada sino a la sexualidad como tal. Si, en cierto sentido, lo que decimos de la sexualidad vale también para el discurso; decir que el sexo es del amo es una tautología, lo mismo que decir que el discurso del amo es el amo. Pero si el sexo, no es el cuerpo, entonces el discurso del amo no es todo el discurso. Y puesto que hablamos de Occidente: la razón no es el pensamiento. 2

Si decimos que no hay razón de esclavo, porque la razón es del amo, no decimos que al esclavo no le sea posible pensar o sugerimos que se calle; decimos que cuando el esclavo piensa y habla lo hace por fuera de los imperativos que la razón le impone, esto es, más allá del lugar de amo-esclavo.

 

“De no establecerse esta disyunción, entre pensamiento y razón, entre cuerpo y sexo, tendríamos que hablar sin más de la imposibilidad de la rebeldía.” 3

Sabemos que el goce insiste, que el goce en cada uno hace su trabajo y, por ello, que no todo el que se dice rebelde lo es; también insiste la pulsión de muerte y, con ella, el deseo de ser ruina celebrando su ruina, o el deseo de erranzar hasta darle lugar al que escribe su nombre con su propio deseo y la singularidad de su existencia.

 

“El goce de la pulsión de muerte retorna desde lo real para atentar contra los lazos que se sostienen en ese significante amo encargado de imponer, sometiendo al sujeto, el orden social.” 4

Más aún; de lo que se trata es de “agarrar el goce por los cuernos”, de “ganarlo” para lo que hace síntoma y genera resistencia más allá de lo que opera por el lado de lo impuesto como la verdad y el sentido de lo verdadero; de lo que se trata es de asumir la existencia de un goce otro femenino “no todo”, “más allá” del goce fálico –goce fálico de la posición masculina de los seres hablantes-,  que opera por el lado de la persistente deriva y la ilimitada confirmación.

Al decir de Lacan, de la mujer nada puede decirse porque la mujer está excluida de una formulación universal; el goce-otro, suplementario al goce de la función fálica, coloca a la mujer en posición no-toda. Goce femenino suplementario, no complementario, porque no es un goce que completa al otro sino un goce otro de la mujer no-toda. 

Que la mujer sea no-toda en la función fálica no implica que no este del todo en ella sino que hay algo más de la medida fálica, El no-toda que la mujer confirma hace imposible generalizar un planteamiento universal respecto a la mujer, que habrá ser referida de una en una.

Cada mujer por el lado de este goce no-todo suplementario deberá de acceder a su propia respuesta más allá del goce masculino establecido como universal. Este goce-otro, también llamado goce femenino, si bien resulta al igual que el masculino de su paso por el lenguaje y la castración, se muestra no-todo y a la vez más allá del goce fálico.

Entre el amo-esclavo del universal y el rebelde no-todo, se establece una relación de convergencia y divergencia; uno y otro se hacen ver, toda vez  que nada del orden de lo que se dice la realidad permanezca inmutable, se establece como definitivo o se eterniza como verdadero; de hecho hasta en la rebeldía, que se afirman en la movilidad, no  cesa de insistir la tentación de establecerse en el lugar de la Verdad y de imponer sus cartas como lo Verdadero; por ello, nunca están de más las sabias pre-visiones para tenerlo en cuenta o intentar impedir ser arrastrado por esa poderosa e insistente tentación.

Si el rebelde es un otro que aquello que distingue al amo-esclavo, lo es en tanto logra sostener su deseo y confirmar su existencia más allá del deseo del amo-esclavo al que queda sujetado en el proceso que lo constituye. La apuesta rebelde es otra más allá del uno universal del amo-esclavo por el lado de la diferencia y la diversidad, el rebelde se sostiene en lo múltiple y por ello en lo diverso; apunta al no lugar,  si entendemos con ello lo que hace resistencia al lugar que clausura o persigue lo otro que, al decir de lo uno, no puede ser ni debe hacerse-r.

El rebelde es siendo, es uno que se afirma por el lado de lo suplementario que incluye el trazo y la marca de lo personal. Los rebeldes son de a uno por uno, así sea que la pertenencia y la pertinencia hagan lazo común.

Si decimos aquí que el rebelde es otro que el amo-esclavo, es porque a contrapelo del gran contingente de bulímicos y anoréxicos, carentes de demanda y deseo de ser otra cosa que el síntoma del amo-esclavo (arrojados en calidad de bultos por la modernidad), el rebelde libera su deseo al ir más allá del amo-esclavo que también lo habita;  el rebelde es uno que paga por ver, uno que apuesta a sostener y preservar la radical diferencia que lo habita y confirma.

 

“Frente al sueño de lo absoluto, el sujeto es también lo singular, aquello que lo preserva en su autonomía, dirá Lacan,  “como autónomos,  pura y simple relación del ser humano con aquello con lo que se encuentra ser milagrosamente portador, a saber, el corte significante, que le confiere el poder  infranqueable de ser, opuesto y contra todo, el que es” 5

“Estamos ante una enorme afirmación, de algún modo el sujeto tiene también un gran poder: su singularidad, la autonomía que lo habita. Es un  poder frente al sistema, al Absoluto; ante la ley como absoluto” 6

El hombre es amo-esclavo o es rebelde; el que no hace de rebelde hace de amo-esclavo

 

“La inmensa mayoría de los intelectuales y, en concreto, de los filósofos, está demasiado pagada, o del amor de sí misma en medio de la servidumbre, para no otorgar su veneración de pasada a lo que sólo era uno de los medios de la crítica, cuando ésta ya se ha detenido. De ahí que nuestro tiempo, que se cree crítico como ninguno, esté tan satisfecho de sí mismo, tan bien asentado, sea tan filisteo como cualquier otro; de ahí que el amo haya podido tan fácilmente convertirse en historiador ¡Y aún no hemos visto nada! (…) Un presupuesto idealista, tan anclado en nuestros cerebros, nos hace suponer que el saber acerca de la realidad expele a esa misma realidad, que para liberarse de una atadura es preciso conocerla, que sólo la toma de conciencia puede evitar que lo mismo sustituya a lo mismo, que la sabiduría hace libres y la ignorancia encadena, etc., podríamos continuar así mucho tiempo; el más vulgar de los temas de filosofía de bachillerato está lleno de máximas absurdas como éstas” 7

Toda historia por el lado de la incesante repetición puede reducirse y escucharse a partir de la lucha entre quienes ocupan el lugar del amo y quienes ocupan el lugar del esclavo; aparentemente la confrontación opone dos discursos que escuchados con atención sólo son el uno del universal: el discurso del amo-esclavo.

Toda historia por el lado de la deriva, el devenir y el porvenir, se expresa en dos discursos; porque autónomo con respecto al discurso del amo y del esclavo del universal hay un otro discurso no todo que es el del rebelde. Tal discurso se enuncia ya no por el lado de la dominación que renueva y repite como imperativo el sometimiento o el exterminio del otro. De lo que en la apuesta rebelde se trata es de ir más allá de la trampa oculta en la dialéctica del amo-esclavo; trampa que hace ver, imaginaria e ilusoriamente, la oposición de dos donde persiste lo uno.   

Necesario decir que lo opuesto o contrario a la verdad, definida como “así es”, no es el error sino la ilusión, el espejismo, el simulacro, la apariencia. La confrontación entre el amo y el esclavo no es otra, más allá del inconsistente pero ilusorio y seductor simulacro de las apariencias, que la confrontación por el lugar del amo.

 “El ciervo es su Señor” dirá Rimbaud.

Si definimos la mentira como aquello que se esfuerza por hacer pasar un discurso que pretende fundarse como diferente, introduciendo en él de manera encubierta una misma visión, podrá reconocerse en la ilusión una de las armas del amo.   

Quede claro que la política, como ciencia de la persuasión y del engaño, no es otra cosa que la perversa habilidad en el manejo de la ilusión. El “cinismo” del amo ante el esclavo no es otro que la puesta en acto de un eficaz y poderoso dispositivo en el manejo de las formas más acababas de la ilusión, que esclavizan radicalmente al esclavo al discurso universal que lo atraviesa y determina, totalmente ajena, valga decirlo, a la dimensión libertaria de su propia liberación no toda y más allá del amo-esclavo.

 

 

REFERENCIAS

1

“Los mercados” en plural, pues existe el mercado de la producción y  el consumo de mercancías, el financiero, el del trabajo, y el de las conciencias y la memoria. Sería más fácil, aunque menos exacto, decir “discurso del mercado”.

Desde 2004    (cursos publicados en Internet) vengo insistiendo en que hay una analogía entre el nuevo “discurso de los mercados” que se expresa en las “sociedades de control” y el discurso del psicoanálisis pues en ambos el lugar del agente es ocupado por el semblante del objeto @. En el primer caso son los “servomecanismos”, estos inquietantes objetos siempre en vía de ser obsoletos a los  que se venden a los habitantes del mundo que quieren estar al día, chirimbolos  que Lacan llamó Lathouses. En el segundo caso el agente es esa forma de semblante del objeto que encarna el psicoanalista lo largo de mis cursos de 2004 y 2006 abordé esa analogía, expuse la diferencia entre ambos y mostré que, compartiendo una fórmula estructural, eran entre si excluyentes. Observé y publiqué en distintas oportunidades la sucesión de tres formas históricas del discurso del amo (clásico, capitalista y “de los mercados) y como correspondían a   las sociedades de soberanía, disciplinarias y del control. Braunstein A. Néstor; El inconsciente, la técnica y el discurso capitalista, México, Ed. Siglo XXI, 2012, pag. 12. Braunstein A. Néstor; El inconsciente, la técnica y el discurso capitalista, México, Ed. Siglo XXI, 2012, pag. 11, 12.
2 Guy Landreau/Chistian Jambert, El Ángel, Ontología de la revolución, 1, Ucronia, Barcelona, , Ed., Grasset et Fasquelle 1976, p., 38
3 Ibid
4

Gerber, Daniel; El estúpido encanto de la violencia, en El psicoanálisis ante la violencia, México, D.F, Ediciones de la noche. 2005, pp. 14 (Colección: Psicoanálisis, Lingüística y Filosofía,)  

5 Lacan, Jacques. Seminario 7 “La ética del psicoanálisis”: Buenos Aires; ed. Paidós; 2000, p. 328
6

Morales Helì; “El sujeto en tiempos de crueldad”, en El psicoanálisis ante la violencia, México; Ediciones de la noche, 2005, p.116.

7 Op. cit., Guy Landreau/Chistian Jambert, pp.., 43-44.

 

 

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