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L10

DEL GOCE DEL IMBÉCIL
QUE SE OFRECE AL MERCADO
REBASANDO LOS LÍMITES

JESÚS NAVA RANERO

 

Resumen: El tránsito de la modernidad a la era posmoderna comandada por el amo de los mercados, muestra sus efectos en la estructuración de la subjetividad contemporánea; indagando en el territorio de las relaciones laborales intentamos advertir algunas de ellas.

Palabras clave; amo, modernidad, mercados, sujeto, límite, competitividad, empuje al goce.

 

En general, los franceses abrigamos la idea de que la sociedad, más que perversa, está loca. Es la tradición católica e irónica de Blaise Pascal, que tenía el firme convencimiento de que nada estaba en su lugar. De hecho, fue precisamente esta intuición fundamental la que le permitió inventar el cálculo de probabilidades; dado que nada está en su lugar, hay que estar tan loco como los demás para existir en este mundo. Es también la tradición judeoalemana de Walter Benjamin, según la cual la historia es una pesadilla de la que hay que despertarse. Y creo que el psicoanálisis –o al menos la lectura que hizo Lacan de Freud– es una de las disciplinas que nos han permitido despertarnos de los vestigios de la historia.

Eric Lauren

Con la globalización de la sociedad de los mercados, se da lugar a una serie de relaciones inéditas entre la economía, la política y la sociedad; atravesamos por un proceso de transición que impone progresivamente una mutación económica decisiva, que apunta inevitablemente a poner los recursos que quedan del planeta, incluyendo las personas, al servicio de la desmesura de la sociedad de los  mercados.

Para el nuevo amo cada individuo vale por aquello que tiene, o no,  para ofrecer y logra vender en el mercado; pero si bien de lo que se trata es de prepararse para tener que vender, a la manera de una profesión, una carrera técnica, algún oficio o un algo,   no todos, aun mostrando el valor de su tenencia, logran colocar su oferta en un mercado que siempre apunta a contratar menos y a que esos menos produzcan más.

Pagar menos por más es una clave de oro para quienes administran los mercados.

Nos encontramos presenciando y constatando el desplazamiento de un modelo de organización cultural-político-económico -que da lugar al vínculo social y los llamados derechos humanos- por otro comandado por un goce voraz que atenta contra todo derecho social, laboral e individual, y empuja a los sujetos a borrar al Otro y a pasar los unos por encima de los otros sin consideración o escrúpulo.

Borrar al Otro se instituye, a manera de mandato, para dar lugar a los referentes que la globalización requiere para uniformar el mundo a través de la diversidad de objetos que suplen y desplazan la diversidad cultural que estorba la expansión de la nueva ideología y el avance de sus ilimitados intereses. Pasar sobre el otro, desplazar al otro, en función de un supuesto beneficio individual, que atenta “ciegamente” contra unos y otros, se instituye progresivamente como un acto legal que premia a los más “listos” tenidos como competentes.

En la llamada aldea global, que suple la noción del mundo bellamente llamado azul, cada uno es preparado, a través de una amplia gama de recursos ideológicos, institucionales y electrónicos, para tener al otro como un rival o como un enemigo potencial al que hay que ganarle la partida; sobre el que hay que triunfar para alcanzar uno de los pocos lugares accesibles a los exitosos.

Confirmarse por encima de los otros, desplaza la demanda de empleos y salarios  justos, que permitan vivir con dignidad, a los territorios de la insignificancia; ello, además de diluir el lazo social y la posibilidad de confirmarse unidos en la defensa de sus intereses, individuales y colectivos, coloca a los unos en contra de los otros y a merced del amo que empuja al goce de afirmarse por encima de los otros como “ganadores”. 

Darse más por menos, entregarse todo, es la demanda que el amo actual exige a cada “triunfador”, a cada “competente”  que logra colocarse en el mercado. Lograr más, pasar por encima de lo establecido, obtener más puntos, rebasar los límites, superar los puntajes, ganar más, de lo menos que se da para ganar, sin asumir las consecuencias que  por ello se tengan que pagar individual y colectivamente.

No es otra la lógica que anuda y estructura los juegos electrónicos en los que el extermino del otro, y las tretas que se multiplican para aniquilarlo en el menor tiempo posible, apuntala el triunfo y el promedio que distingue en los puntajes. 

Cada que las resistencias a la desmedida voracidad de los  mercados se diluyen, el mercado avanza; obtiene más, y nunca cesa de favorecer las condiciones para hacerlo al menor precio; una vez que las competencias son establecidas se premia al que supera un límite o rompe marcas,  y se empuja a cada uno a colocarse por encima de los otros obteniendo el mayor nivel.

La organización social y laboral de los siglos XIX y XX tuvo como finalidad limitar la explotación de la mano de obra, llevada a los extremos una vez que el Capitalismo logró consolidarse como una práctica de explotación científica.

Luego de que la Revolución industrial modificó la faz del mundo y dio lugar a la explotación de los trabajadores, el abuso pudo ser limitado hasta que estos, organizados como clase obrera, reunieron la fortaleza e inteligencia necesarias para hacer valer sus derechos laborales y el acceso a los beneficios de la riqueza producida.

 

De nuestra experiencia del paso del siglo XIX al XX, durante el cual tanta gente fue arrancada de su modo tradicional de vivir, surgió el sujeto como objeto perdido que no sabe cómo vivir –y menos cómo vivir la buena vida–, pero surgieron también los intentos de recuperar un lugar para el sujeto restaurando las tradiciones perdidas, restableciendo normas engendradas a partir de los derechos del hombre, con las cuales se pretendía definir la vida vivible. 1

Si el dominio empresarial retardó en el tiempo su expansión fue porque las organizaciones laborales y sociales hicieron valer, para cada uno,  el derecho a trabajar en función de determinadas garantías y condiciones, que hoy, una vez que la clase obrera ha sido anulada, y pervertida su organización, les han sido arrebatadas.

El contador de la empresa, con sus diplomados de manejo de pruebas psicométricas, administración, y programación; contabiliza, administra, selecciona el personal, desarrolla software, es analista de datos, diseña en función de requisitos, y hablar inglés. Lo que antes hacían cuatro personas ahora es cosa de una.

Carentes de una identidad colectiva, y encerrados en su propio laberinto, los jóvenes trabajadores, se colocan a merced de la explotación y se dejan gozar por ella. La lógica del más por menos, sustentada en la ilimitada lógica de más y más, que estructura las prácticas actuales de la acumulación salvaje y despiadada de riqueza, exhibe abiertamente su  voracidad.

Desde los otros, para el mercado sólo existen los sujetos capaces de entregarse, desde su propio goce, a la eficacia productiva de los actos dirigidos a rebasar el límite a pesar de ellos mismos y el deterioro de la sociedad en su conjunto.    

Vale decir, para no dejar de tenerlo en cuenta, que Freud hizo saber que eso, llamado goce, a lo que las prohibiciones en cada sujeto a través de la  función del Nombre del padre se intenta ponerle límite, toda vez que las condiciones son propicias retorna en uno y hace ver lo quebradizo y frágil del espesor de la cultura.  Cada uno, una vez que las circunstancias lo posibilitan, es capaz de operar “enceguecidamente” en contra de uno, en contra de los otros y de la misma civilización, de las maneras más visibles y también más insospechadas.   

Acorde con la lógica que estructura sus procedimientos, el mercado propone y empuja a ser desmedidos y voraces; la astucia que articula su estrategia consiste en hacer operar, en su propio beneficio, la insistencia y persistencia de este goce imposible de ser  tenido todo. 

La insistente insistencia de gozar tiene lugar, en la forma de un pasaje al acto,  toda vez que el amo de los mercados empuja a ir más allá de los límites establecidos para ser rebasados, por aquellos que responden al mandato de atreverse a no dejarse limitar por nada.

De lo que se trata literalmente es de mostrarse no castrado, de mostrarse por encima de los otros por el lado del uno en más, de ser astuto, de ser osado, de ser el primero, de ir más allá del límite y de obtener,  por eso, un beneficio adicional a manera de ganancia.

Por supuesto que para todo individuo determinado por  esta lógica, el llamado del otro a ser con el otro y a formar comunidad, a favor de una estructura horizontal, es vivido como un llamado a  ponerse un límite y por ello rechazado. El otro existe para competir con él, la “alianza” con el otro, de ser requerida o impuesta, solo es circunstancial y, para cada uno, en función del propio beneficio.

Aún más, ahí donde los empresarios (empresarios ¡qué palabra!) ponen límites como referente de evaluación para hacer visibles y gratificar a quienes llegan más allá del límite, ese “límite” opera a manera de antilímite, porque, lejos de hacer función de límite, de suyo propio gratifica a quien lo invalida y opera en contra de quien no se esfuerza para invalidarlo.

He aquí una contradicción radical entre la lógica de hacer valer el límite, que dio lugar a la modernidad y con ella la defensa de lo colectivo, y la lógica de hacer valor la transgresión del límite que sustenta e impone, en la era posmoderna, la economía de los mercados y, como efecto de ella, la exacerbación desmedida de lo individual contra lo colectivo; la diferencia radical entre la subjetividad moderna y  la subjetividad de los mercados en la era posmoderna.

El “límite”, que en la lógica de los mercados se ofrece para ser rebasado, se desplaza permanentemente como parámetro de referencia, a partir de la cantidad producida en el rebase, que opera como referente del nuevo límite ofrecido sucesivamente  para ser nuevamente rebasado. De esta forma el rebase del límite, por uno, impone, a manera de mandato, la exigencia del rebase a los otros que, para no ser rechazados, no deben quedarse atrás.

La lógica entre menos (contratados) más (producción)o más (producción) por menos (contratados), atraviesa, comanda y determina los procedimientos de la explotación por competencias a la que vienen siendo sometidos los individualistas individuos que, en su obrar desmandado y desmedido, actúan en contra de sus derechos humano-laborales, de los que poco o nada quieren saber y de los que han sido y están siendo radicalmente despojados.

Vivimos una época en la que a la par de presenciar la caída del Muro de Berlín y de las llamadas Torres Gemelas, presenciamos la caída de los referentes que hacían posible el desciframiento de la modernidad y el lugar de los actores en un mundo confrontado por la lucha de contrarios en función de sus propios intereses; Por ahora estamos presenciando, sin tener a la mano los suficientes elementos de interpretación, el avance desmedido de lo ilimitado, de lo carente de ética, del cinismo, la locura y la perversión contemporánea, mostrada sin reserva permanentemente en lo que configura el espectáculo de la anética globalización neoliberal que, en su afán de uniformar el mundo, pretende arrasar con todo lo que en otro tiempo le opuso resistencia.

Lo que el mercado incorporó a su beneficio, fue el saber que hace saber que los sujetos están tentados permanentemente a pasar por encima de los límites y a pasarlos si se les permite o son empujados a ello. A la par el amo de los mercados logró entender que para establecer su predominio era necesario reducir a polvo, o pervertir, todas las formas de oposición y resistencia que, en el transcurso de la modernidad, lograron impedir la consolidación de su dominio.

Pues bien, fue el corazón mismo del proceso que estructura esta resistencia el que ha sido modificado, con el propósito de hacer pasar esta lógica del empuje al goce impuesta por el amo de los  mercados.

La puesta en cuestión y con ella el desplazamiento hacia el fuera de lugar de la función del Nombre del Padre, acompañado por el llamado empoderamiento femenino, que afirmó a la mujer, una vez colocada del lado del goce masculino, como poseedora de tenencia, tuvo como consecuencia la postergación o la reducción a la impotencia de la función paterna, como garante de una ley que había de sostenerse y transmitirse, toda vez que colocaba al hijo en el lugar de hijo y a la madre en el lugar madre, a través de la instauración de la prohibición original y el establecimiento de la ley que hace tope al goce desmedido de la madre y al goce desmedido del hijo y, con ello, al proceso que da lugar a la constitución del sujeto a través de un relación singular que lo anuda a la ley, a la renuncia que origina la falta, al proceso de identificación, y al más allá del padre y de la madre, que coloca al sujeto en los campos del malestar de la cultura.

 

La posición del cuerpo en relación con el ideal se modifica con el paso del modernismo -que tiene un ideal declarado- al posmodernismo, que pretende no necesitarlo. ¿Cuál será el destino de un cuerpo que se alimentaba con su ideal? ¿En qué fuegos va a inmolarse si no es en su propia llama? El dédalo de las religiones y la cremallera del progreso, dando vueltas uno alrededor del otro, nos llevaron hasta esta especie de desastre actual, si podemos llamar "desastre" a la caída de los ideales que, como los astros, en efecto, permiten que los hombres se orienten en los océanos, en lo alto de las montañas, en el desierto de las ciudades. ¡Si se tratara solamente de orientarse! Pues, en realidad, ¡los cuerpos le dan combustible al ideal! ¿Cómo seguirán su ruta ahora? La puesta en forma del cuerpo humano procede de un ideal que se le escapa: su verdad depende del otro. ¡Pero el otro hace lo mismo! Por costumbre, el otro es siempre el otro: existe fuera de él, es su poder. Siempre en otras manos, el humano reside en esta extra-territorialidad.

Un hermoso ideal se desprende del propio cuerpo y su ausencia puede terminar con una civilización. El crecimiento de los suicidios y el descenso de la natalidad sucedieron durante un lapso importante a la caída del Imperio austro-húngaro; la declinación de los indígenas de América del Norte fue el resultado tanto de su derrota en la guerra como de su decapitación cultural. Etcétera. Al dictar la ley desde lo alto, el ideal anclaba la carne en la tierra. Y si el ancla se corta, los cuerpos, reducidos al conjunto de sus funciones, se desunen, ya que solamente el ideal, tan ficticio como eficaz, hacía que se mantuvieran como una totalidad: ahora, desarrumados, cada vez más numerosos y transparentes, flamean y flotan. 2

Una vez que esta estructura estructurante fue suspendida, la relación del sujeto con los límites se mostró de manera sintomática, en los sujetos posmodernos empujados al campo de lo ilimitado, como carencia de anudamiento a la ley sostenida en el  Nombre del Padre en su proceso de estructuración.

 

“No estamos más en la época del patrón oro. El dólar, moneda de reserva, no es más sólido que el Nombre del Padre. ¡Hay un gran desorden en el significante! El signo monetario está suelto, tiene su propia lógica, que nadie domina, con los efectos psíquicos consiguientes: agitación, enloquecimiento, angustia.”3

Es un hecho que el pasaje de la modernidad y sus valores a los valores que sostienen los mercados en la era posmoderna, ha gestado la irrupción de diversos síntomas y que los sujetos afectados suman millones. Síntomas que ofrecen un saber de la subjetividad contemporánea, para los que el mercado, a través del omnipotente desarrollo tecnocrático de la industria de la ciencia, ofrece  “soluciones” que corrigen los males silenciando su causa.

 

“la toxicomanía es el mejor ejemplo del sueño capitalista; no se trata de sujetos, ni hombres ni mujeres, ni chicos ni grandes, no hay diferencias que importen (…) La toxicomanía es una nueva forma del síntoma en la medida en que define al sujeto por una práctica, en absoluto por su síntoma (la escucha del sujeto que se dice en el síntoma) *

Esto, traducido al campo de las ciencias “psi” inaugura una nomenclatura y clasificación sostenida por los especialistas en síntomas: “desórdenes alimentarios”, “trastornos de ansiedad”, etc., suponiendo que esos sujetos son diferentes a los otros, que esos síntomas traducen una personalidad definida, proponiendo un “modelo-receta”: Ya Chesterton decía que el especialista es aquel personaje que sabe cada vez más de cada vez menos, a tal punto que conoce tanto de tan poco, que sabe casi todo de casi nada. Una etiqueta que opera como límite, la que sea antes que el vacío.

Esto, por supuesto, está sostenido por el mercado, porque ¿a quién le convienen más los especialistas en trastornos de ansiedad que a los fabricantes de ansiolíticos y antidepresivos?

Primer laboratorio en ventas de ansiolíticos, su último boom comercial “Rivotril” se expende como vitaminas por doquier. Primero fue Prozac, luego Alplax, ahora Rivotril (Retalín, Anapsique, Demolox, Welbutrín, Norpramín, Sinequan, Tofranil, Tolpramina,  Motival, Ludiomil, Tolvón, Zoloft, Sideril, Nardil, Marplán, Stelapar). **

Roche hace fortunas, los sujetos se encapsulan en una cifra diagnóstica que no dice nada.” 4 Y deja mucho qué decir y por decir.

Por supuesto que la desmesura de la unión de la ciencia y los mercados opera a partir de una lógica perversa que, a la par de esconder y silenciar la causa de los síntomas, los presenta como trastornos personales que producen un montón de capital.

Agosto 2014.

 

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RERENCIAS

1 Lauren Eric; en Gabilondo Ángel, Gonzáles Requena Jesús y Lauren Eric, “El legado de Freud”, debate, en: http://www.revistaminerva.com/articulo.php?id=100
2 Pommier Gérard; Los cuerpos angélicos de la posmodernidad; ed,
Nueva Visión, Argentina, 2002, pag. 8
3 Labbé Chistophe y Recasens Olivia, “Las profecías de Lacan”, entrevista a Jacques Alain Miller, revista virtual Errancia, Polieticas, núm.9, agosto 2014: http://www.iztacala.unam.mx/errancia/v9/polieticas_5.html
* Paréntesis mío.
** Paréntesis mío.
4 Bello Quiroz Antonio, El malestar en la cultura en la sociedad contemporánea, en revista virtual Errancia, Poliéticas,núm,9,agosto 2014:    http://www.iztacala.unam.mx/errancia/v9/polieticas_2.html

 

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