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EL (NO) DISCURSO DEL CAPITAL *

ADRIÁN LÓPEZ

 

Resumen: El capital desea saber qué es lo que el otro quiere, para fabricarle su pequeño objeto de deseo -mercancías, arte, experiencias, simulacros, etc-, un microrelato que estructure y le aporte sentido a su abismal realidad.

Palabras clave: cognitariado, semiocapital, plusvalía, goce, plus de gozar, capital, discurso del capital, saber, mercado.

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La implicación

Y bien ¿Cuál es mi implicación en todo esto?  El capital me capturo dentro de una región inesperada y siniestramente cercana a mi realidad: el consumo y la producción de signos. Trabajo como investigador de mercados; me ha sido muy relevante presenciar como el capital se interesa por la producción de subjetividad, ya que es lo que requiere estar produciendo para que pueda extender sus límites y seguir sosteniéndose.

Soy un nuevo obrero, parte del cognitariado, tejo signos y storytellings que organizan el sentido de los consumidores. El tipo de plusvalía que produzco es semiótica y los beneficios para el individuo son más simbólicos, sentirte más hombre, más saludable, más orgánico, más trendsetter, menos gordo, menos pobre. Trabajo con intangibles, con la doxa de la población, para generar dinero y brand advocates.

No somos muchos, o no lo sé, estamos en las regiones de las funciones más abstractas del capital, ni siquiera hemos tomado conciencia, somos pocos pero nuestra tarea es fundamental para comprender lo que hoy es el capital, es un semiocapital, las mercancías van articuladas con flujos de expresión, algo de  lo que más interesa en mi trabajo es nutrir y crear valores simbólicos de marcas para impactar  en el incremento del share of market Franco Berardi afirma que el capital no es una entidad extraña, ajena y maléfica; somos nosotros, es nuestra producción, es una  modalidad de semiotización que permea todas las formas cognitivas de la vida, la forma en que pensamos, amamos y hacemos sociedad.

Produzco ideas, mi trabajo ya no puede ser medido por el crono de Taylor ni siquiera por el de la jornada de ocho horas, no necesito de un locus de control externo, llevo la norma dentro, nadie sabe exactamente cuánto tiempo lleva producir un poderoso insight o input de información nuevo. En vez de que se me exija producir de mejor manera una silla –que tiene todo su mérito- se me exige un constante refinamiento en la expresión, en la forma de accionar los insights, las ideas, el humus cultural que vive en las mercancías.

He vivido dentro de organizaciones que cada vez más tratan de  jugar el papel que ha desempeñado la clase obrera como sujeto de la historia. La comunidad obrera esta casi extinta o viciada, y el ideal neoliberal del individualismo incentiva la filosofía del management, mitad hombres–mitad organización, multitasking, valores felicistas, y se exalta ese sentimiento oceánico de pertenencia a una empresa, la empresa de dios capaz de contener la angustia contemporánea  y al mismo tiempo darle rienda suelta a los deseos,  se configura un nuevo sujeto, el empresario de sí mismo, con su doble en horas no laborales, el consumo de sí mismo.

La nueva función de las organizaciones y las nuevas modalidades de trabajo implican resignificar los conceptos de alienación, propiedad privada, jornada de trabajo, plusvalía, capital, etc. La actualidad de Marx pasa por que su legado empuja a repensar al Capital en la misma medida en que éste se va transformando y desplazando, es una bestia mutante. Para muestra un botón, actualmente ya no es necesaria la presencia de un locus de control externo que vigile que se esté dando el máximo de productividad, el proceso de producción puede estar segmentado por todo el globo, una región del planeta piensa brain workers, otra ejecuta chain workers. Y no es tan necesario el látigo porque el sistema de mensajes y consignas es tal en las organizaciones y niveles del management, que el locus de control se ha interiorizado y la entrega al objetivo de la empresa es pasional, amoroso, poderosa identificación, se hace por deber ser y se reduce el grado de alienación, haciéndolo participe de las acciones de la empresa u ofreciendo jugosos incentivos. Es una nueva forma de evangelización, vía el saber del management y los MBA.

Es por eso que hace falta una toma de conciencia de la clase cognitariada, somos poco pero significativos en términos de la influencia que podemos tener para que el nuevo capital, el semiocapital no se centralice y tumorice.

Es necesario que los efectos de superficies generados por los valores de la new economy     –felicidad, éxito, libertad, individualismo, democracia, etc– sean deconstruídos, es decir sometidos a un severo ejercicio de crítica que rastree las huellas, las marcas que contribuyeron a fundar la realidad, así como se nos presenta hoy, para poder realizar las intervenciones políticas necesarias en el campo del trabajo, el saber y la vida. Tenemos que enfrentarnos al vacío por completo y tener una gran compasión para que las nuevas modalidades de trabajo del semiocapital no continúen con la terrible ruptura del lazo social y permitan reivindicar la síntesis, socius–trabajo–deseo–tiempo, crear nuestra propia sociedad con nuestro propio tiempo, anclada en el proceso de producción de nuestro deseo –trabajo.

 El cognitariado, aunque este arropado por el capital, sufre por la organización subjetiva y corporal a la que es sometido, su sufrimiento se expresa actualmente en crisis de pánico, trastornos psicosomáticos, adicciones a drogas, workaholicsismo, goce productivo, lo tóxico no solo es la droga, también lo puede ser el trabajo, la adicción al rush de adrenalina y stress.

La ideología que produce el management llega a ser ortopédica, no tolera la debilidad y exige la constante mejora de la working machine para la mejor extracción de plusvalía semiótica y material. Como si la energía fuera “una sustancia, que por ejemplo se bonifica o que al envejecer se pone agria” (Lacan). La energía invertida por el trabajador que da vida al trabajo muerto ya no se puede restituir una vez consumida. El sueño perdido, por más veces que duerma, no lo podré recuperar, es una cuestión de tiempo, de la energía como tiempo para la vida.

Todos somos proletarios en el momento en que todos nos alienamos en ese objeto, en el plusvalor material y simbólico que encarna. Por ese objeto que se produce, se consume y se registra en este mismo instante, y que paradójicamente es motor del deseo, el lazo social se rompe, no hay tantos recursos para vincularse con el otro si no es a través de la competencia y una radical desconfianza. Todos vamos en busca del objeto causa del deseo, el proletario nunca lo tendrá y se conforma con el salario y por tanto con lo que puede consumir de su propia fuerza de trabajo, autofagia, adicción, anorexia y bulimia. El capitalista nunca lo tendrá porque al final el Capital extiende siempre sus límites, desterritorializandolo todo, sin dejar códigos que creen lazos y extrayendo vida sin saciar nunca su avaricia. ¿Cómo dar sin recibir? ¿Cómo lidiar con la perdida? ¿Por qué privatizamos el ser social?.

También hay que aceptar que el campo de batalla, reflexión, presenta muchas posiciones; más allá de las dicotomías asfixiantes de siempre hay que buscarlas, aún no sé cómo, y también sé que no por ello hay que dejar de trabajar en ello, ya que como Marx lo afirmaba, trabajar es la actividad vital. Lo primero sería aceptar lo indecidible de las posiciones, aceptar que el capital es nuestro propio delirio y que la lucha tal vez  consiste en desplazar siempre su centro. Evitar que la multiplicidad de grupos políticos, empresariales y financieros se aglutinen bajo cualquier denominación homogeneizante o totalizadora como el consumo, la nación o la raza. Evitar formas de burocratización, centralización, partido político; generar miles de grupúsculos artísticos, políticos, empresariales, musicales, sociales, de género, que progresivamente puedan generar una forma política de vivir que no dependa de un poder soberano como lo es el capital o de un modelo hegemónico de semiotización de la vida ¿Por qué vivimos en un estado constante de servidumbre voluntaria?

 


 La teorización

¿Qué es un discurso? Es una forma de hacer lazo social a través de una estructura de lenguaje, no solo es una forma de comunicación sino que crea nudos que tensan y tejen la realidad social e histórica. Y bien ¿Cuál es el discurso que impera en nuestros días?.

Jacques Lacan reflexiono sobre 4 formas de hacer lazo social – discurso del amo, histérico, universitario y del analista – todos ellos se estructuran a partir de lugares que se ocupan y términos que los ponen en relación. Así en el discurso del amo –el amo bien puede ser el saber de la medicina, religión, derecho, etc.– se presenta el saber como esclavo donde, después de una lucha a muerte de puro prestigio entre el amo y el esclavo, el amo, que ha enfrentado a la muerte, deja al esclavo el trabajo. Pero el esclavo, con su trabajo, un día ocupará el lugar del amo. Este tipo de discurso aún imperaba hace algunos años, sin embargo hoy algo ha cambiado, el mismo Lacan cuando lee a Marx expone el discurso del capital, la forma en la que hacemos el no lazo social en estos tiempos ¿Y cómo es esa forma? El discurso capitalista es una excepción: en lugar de hacer lazo, deshace el lazo social, deja al sujeto en soledad y angustiado, solo con su plus de gozar, con sus objetos de consumo de la producción capitalista actual. El discurso capitalista no sabe amar.

Lacan lee a Marx y dice “Todos proletarios”, el proletario es el individuo con su plus de goce –no dice: el sujeto con su plus de goce—. ¿Qué significa esto? ¿Cómo entender el “todos proletarios”, y el capitalista?

Marx planteó que el proletariado es explotado por el capitalista (dueño de los medios de producción) de tal manera que le extrae, le roba plusvalía. La plusvalía es algo por lo cual el capitalista no paga y por lo tanto  le sustrae al proletario. Marx propone que esto se termina con el comunismo donde ya no habrá más patrones capitalistas que no paguen por la plusvalía. De ahí la propuesta marxista del “hombre nuevo”, no movido por el afán de robarle a su hermano la plusvalía, en una sociedad en la cual todos sean iguales, y por eso la proclama o consigna “¡Proletarios del mundo, Uníos!”, que inaugura la conciencia de clase.

El vuelco que da Lacan es que genera una equivalencia entre plusvalía y plus de gozar, ¿Por qué?  La plusvalía es la causa del deseo del proletario que se esfuerza por recuperarla, de restituir lo que le han extraído. Pero también el capitalista se precipita sobre ella siendo causa del deseo del capitalista que siempre desea extraer cuotas más altas de plusvalía. Entonces hay una misma causa para los dos sujetos, el proletario y el capitalista, los dos son causados por el mismo objeto. Lacan equipara la plusvalía al plus de gozar ya que es precisamente aquello que intentamos recuperar a través de los objetos o en los objetos. Es pertinente transmitir lo que aquí se quiere comprender por goce: el goce es una pulsión que se crispa en su insatisfacción, siempre pugna por realizarse, sin tomar en cuenta al otro y la ley ¡Wakala!…¡Que rico!

¿Qué puede ilustrarnos sobre ese plus de gozar? En la producción industrial el individuo está prácticamente sacrificado y entregado a los productos, mercancías, vive para pagarl@s en cuotas. Lacan dice que es a ellos -a los productos mercancías- que debe pedir cuenta de la explotación que sufre. Es un trabajador explotado por los productos, no por el patrón, por el amo.

Hoy cada individuo es un instrumento del mercado que se hace equivalente a sus medios, a sus medios de saber y de saber hacer; cada vez más se conforma un tipo de trabajador, una clase, que Franco Berardi llama cognitariado: “El cognitariado es el área productiva de los que elaboran, crean y hacen circular los interfaces tecnolingüisticos, tecnosociales, tecnomédicos, etc., que inervan cada vez más profundamente la sociedad contemporánea.” La producción supone como mediación el saber; un saber que exige una cognición capaz de asimilar flujos de información cada vez más complejos, dentro de espacios saturados –ciberespacio- y tiempos difíciles de asimilar –real y virtual-, bajo condiciones políticas y sociales de desprotección y anomia.

Cada uno vale por lo que tiene para vender en el mercado de saber o economía de la subjetividad: ¿qué estudiar?, ¿en qué formarse?, ¿dónde hay espacio disponible en el mercado?, son las preguntas que todos se hacen actualmente, es la lucha por los lugares que enaltece el agenciamiento del individualismo, el felicismo, la inteligencia y la anulación del otro por la obtención de la plusvalía, hay una terrible ruptura en la comunidad en el trabajo. Cada uno busca un lugar, un espacio donde pueda disponer de un pedazo de saber/saber hacer para vender. Y cuanto más raro es un saber o un saber hacer, más vale, más se cotiza en el mercado laboral. Entonces es el saber el que se nos muestra en posición de dominar y no solamente el mundo, sino los deseos, vía los productos–signos. Welcome to the semiocapitalism.

El discurso capitalista muestra impotencia para obturar el ciclo infernal de deseos siempre multiplicados que desemboca en el consumo de sí mismo. Siempre se esforzará por potenciar su fuerza de destrucción y paradójicamente nunca podrá lidiar con el gasto improductivo, con la parte maldita (Bataille), por ello al final hay más destrucción o algo más, una nuda vida, desnuda, puesta en un estado de excepción, ni para el sacrificio, ni para darle muerte, hay que hacerla vivir exclusivamente para que trabaje, sin derechos, sin bienestar.  Producir siempre más y siempre mejor. Nos encontramos con una subjetividad que cede en su deseo, sacrifica su singularidad por la masificación, la homogeneización, la uniformidad. El discurso capitalista no excluye al sujeto porque el mercado necesita a los sujetos, uno por uno, para que consuman. En tanto consumidores, todos somos proletarios precipitados en nuestro pequeño objeto de deseo, petit a.

Los sujetos en el discurso capitalista no tienen recursos para hacer lazo social. Las relaciones sociales están mediadas por el consumo. Este discurso deja  a cada uno con su goce: el objeto causa del deseo lanzado al mercado –iPhone 5…, una promoción en el trabajo, etc–. Se trata de un goce determinado por el mercado, con formas prescriptas por las normas comerciales.

Dany – Robert Dufour afirma que el nuevo metarelato que estructura las subjetividades es el divino mercado que da por completo rienda suelta a las pulsiones, cada uno de sus productos constituye un storytelling que aporta sentido al encapsulamiento individual de cada sujeto de éste globo. Cada quién que se ensimisme como guste en su rincón de narcinismo, con su pequeño objeto de consumo, consumiéndose a sí mismos.

 

Referencias bibliográficas.
Berardi, Franco, La fábrica de la infelicidad, Traficantes de sueños, 2003, pp. 191.
http://joseluisbrea.net/estetica/nuevocapitalismo/fabrica%20infelicidad.pdf
Lacan, Jacques, El reverso del psicoanálisis, Seminario 17. 1991.
Lacan, Jacques, Televisión, 1973.
http://elpsicoanalistalector.blogspot.mx/2009/04/jacques-lacan-television-1973.html
Marx, Karl, El capital: Crítica de la Economía Política, Tomo 1. México: Fondo de Cultura Económica. pp. 769.

 

* Este texto fue publicado por primera vez en REGISTROMX revista de Literatura. Arte. Pensamiento. El 6 de mayo del 2013: http://registromx.net/ws/?p=2362 ERRANCIA agradece a Adrián López  su escritura y a REGISTROM su publicación

 

 

 

 

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