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EL DISCURSO DEL CAPITALISMO
Y EL NUEVO CONTRATO NARCISISTA
DE LA POSTMODERNIDAD

HERNÁN FAIR *

herfair@hotmail.com

 

Resumen: El artículo aborda la función plus de goce del Discurso del Capitalismo de Jacques Lacan. Sostiene que en la postmodernidad el modelo dominante exacerba la creación de objetos de consumo que actúan como plus de goce vehiculizando fantasmaticamente el Uno, al tiempo que impiden paradójicamente ese goce del rasgo unario. Se constituye, entonces, un nuevo contrato narcisista que promueve el goce hedonista en el consumo, fragmentando los lazos sociales existentes.

Palabras clave: Lacan, discurso del capitalismo, plus de goce, postmodernidad, consumismo.

Desde la perspectiva de Jacques Lacan (1987, 2003, 2006), todo sujeto representa en realidad un sujeto “dividido” o “tachado” (sujeto barré), es decir que no existe un sujeto plenamente constituido como tal. Hasta aquí no hemos dicho nada nuevo, ya que toda la corriente de la filosofía postestructuralista comparte esta visión(1). Ahora bien, lo que incorpora la teoría psicoanalítica lacaniana es la idea de que todo sujeto es un sujeto en “falta”, y que esa “falta” constitutiva, producto de la “castración”, produce una “pérdida” que, pese a que resulta imposible, se recupera como deseo. En los términos de Lacan:

La privación de la mujer, esto es, expresado en términos de defecto del discurso, lo que quiere decir la castración. Precisamente porque es impensable, el orden hablante instituye como intérprete a ese deseo, constituido como imposible, que hace del objeto femenino privilegiado la madre en tanto está prohibida (Lacan, 2006: 165).

Según Lacan, esta imposibilidad de la “unión mítica” (Lacan, 2006: 165) con el objeto primordial del deseo que representa la madre, este “hueco” constitutivo, busca ser “llenado” en adelante de algún modo, y es precisamente el denominado “objeto a” el que permite “obturar” esa falta perdida(2) (Lacan, 1987: 151 y ss., 2006: 13). En palabras de Joel Dor:

La dimensión del deseo aparece intrínsecamente ligada a una falta que no puede ser satisfecha por ningún objeto real (...). El único objeto capaz de responder a esa propiedad no es otro que el objeto de deseo, ese objeto que Lacan denominará objeto a, objeto del deseo y objeto causa del deseo a la vez, objeto perdido (Dor, 1997: 162-163).

Tenemos, entonces, que todo sujeto, al ser “castrado”, esto es, al perder definitivamente la unidad con el objeto primordial de deseo que es la madre, o mejor dicho, el pecho de la madre, busca sustitutivos que le permitan regresar a ese estado de “unificación total”, de eliminación de los antagonismos y diferencias, a ese “goce total” del vientre materno(3). Como afirma Castoriadis, este deseo inherente del hombre de:

Unificación total, de abolición de la diferencia y de la distancia (...) se relaciona con el deseo inconsciente de unidad con el objeto original de deseo, es decir, la madre, y más específicamente, del pecho como parte integrante del sujeto. El sujeto, al haber tenido que renunciar a su satisfacción inmediata, mantiene el objetivo de la puesta en relación, de la vinculación total y universal (Castoriadis, 1993: 217-218).

Retomando los términos de Lacan (2006), es precisamente la “imposibilidad de la relación sexual” (la hiancia congénita) lo que causa el deseo de ser “marcado como Uno” (el rasgo unario):

Es la presentación acorde del hecho fundamental, que no hay lugar posible en una unión mítica que se definiera como sexual entre el hombre y la mujer. De ahí que lo que aprehendemos en el discurso psicoanalítico, el Uno unificante, el Uno-todo, no es lo que está en juego en la identificación. La identificación pivote, la identificación mayor, es el rasgo unario, el ser marcado como uno (Lacan, 2006: 165-166).

Tenemos, entonces, que para que haya deseo debe haber falta. En esas circunstancias, el deseo se transforma en demanda y el significante es lo que lo obtura. En otras palabras, el significante funciona como símbolo que “llena” una ausencia, como significante que hace presente una “falta en su lugar” (Derrida, 1977: 41). En los términos de Lacan, “El significante es unidad por ser único, no siendo por su naturaleza sino símbolo de una ausencia” (Lacan, 2003a: 18).

Ahora bien, el significante no sólo obtura la falta, unificando fantasmaticamente a la sociedad, sino que permite también el acceso a un suplemento o “plus” (Derrida, 1989a, 1989b). ¿Cómo incorporamos este significante en la noción de falta? Aquí resulta interesante remitirse a la tesis de Alicia Álvarez. En su libro La teoría de los discursos de Jacques Lacan, Álvarez (2006) señala que el objeto a posee dos dimensiones. Una primera dimensión se relaciona con su función objeto causa de deseo. Existe, sin embargo, una segunda dimensión del objeto a que se relaciona con su función “plus de gozar pulsional”. Si en la primera dimensión hay una falta o pérdida inevitable que se busca llenar mediante el significante(4), en este último caso lo que hay es un “sobrante”. ¿Qué significa esto?, que el objeto a genera un plus o suplemento que produce un goce que va más allá del goce que otorga la formalización simbólica del lazo social (Álvarez, 2006: 130).

Esta dimensión del plus de gozar, aunque tiene antecedentes que se remontan al concepto de “prima de placer” de Freud (Copjec, 2006), ha sido analizada en detalle por Lacan en suSeminario XVII, El Reverso del Psicoanálisis (2006). Allí, como lo indica el nombre del Seminario, el célebre psicoanalistas francés se propone tomar el psicoanálisis freudiano, pero al revés.

Luego de mostrar las contradicciones e inconsistencias teóricas de Freud en relación a la forma de identificación simbólica del líder a partir del mito de la “horda primitiva”, Lacan se propone analizar los diferentes tipos de discursos existentes. Según sostiene, existen dentro del psicoanálisis 4 discursos diferentes. Así, diferencia lo que denomina el Discurso del Amo, el Discurso del Universitario o “Amo moderno”, el de la Histérica y el del Analista. Cada uno de ellos, mediante variaciones de “un cuarto de giro”, constituye una particular fuente de configuración del lazo social. No obstante, Lacan agrega un quinto tipo de discurso que denomina el Discurso del Capitalista. Dejando de lado los otros tipos, nos centraremos a continuación en este último.

Lo que afirma Lacan, basándose en Marx(5), es que el Capitalismo se caracteriza por un tipo de discurso cuya fuente de goce pulsional radica en el “plusvalor”. Sin embargo, en lugar de plusvalía, Lacan va a denominar a este plusvalor como “plus de goce” (Lacan, 2006). En sus términos, “Lo que Marx denuncia en la plusvalía es la expoliación del goce. Y, sin embargo, esta plusvalía es la memoria del plus de goce, su equivalente del plus de goce” (Lacan, 2006: 85).

Esta función de “plus de goce” es entendida por Lacan como un tipo de goce pulsional que reside en la incorporación de objetos de consumo masivos ofertados por el mercado. Según el psicoanalista francés:

“El sentido que tiene la sociedad de consumidores proviene de esto, que es a lo que constituye su elemento calificado, entre comillas, como humano se le atribuye el equivalente homogéneo de cualquier plus de goce producto de nuestra industria” (Lacan, 2006: 85-86).

Se trata de mercancías, “letosas” las denomina, que construyen su propia demanda como si fueran necesarias o, más aún, indispensables para alcanzar el goce (Lacan, 2006):

En cuanto a los pequeños objetos a minúscula que se encontrarán al salir, ahí sobre el asfaltoen cada rincón de la calle, tras los cristales de cada escaparate, esa profusión de objetos hechos para causar su deseo, en la medida en que ahora es la ciencia quien la gobierna, piénsenlos como letosas (Lacan, 2006: 174).

Como señala Bauman, esta lógica, que se inscribe en lo que se ha dado en llamar la sociedad de consumo, “se caracteriza por considerar al mundo como un depósito de potenciales objetos de consumo, alentar la búsqueda de satisfacciones e inducir a los individuos a creer que dar satisfacción a sus deseos es la regla que debe orientar sus elecciones. Se constituye, de este modo, como una necesidad existencial para lograr una vida válida y exitosa” (Bauman, 2003: 85).

El problema, sin embargo, es que salir de esta lógica consumista no es fácil cuando la publicidad, mediante su promesa de obtener “sensaciones placenteras e inexploradas”, crea sin cesar nuevos deseos que llevan a su vez a buscar satisfacerlos. Dado que esas sensaciones placenteras son, por lo general, fugaces e instantáneas, se desvanecen rápidamente. La publicidad vuelve, entonces, a generar el deseo de adquirir nuevos objetos en lo que se vuelve un “círculo vicioso” (Bauman, 2003: 85).

A similares conclusiones arriba Lacan. En efecto, en el capitalismo contemporáneo, al ser “creadas” constantemente nuevas “necesidades”, al generarse “modas creadoras de necesidades” (Lacan, 2003b: 404), nuevas demandas a satisfacer que se constituyen como indispensables, este tipo de discurso genera una imposibilidad de salir de su lógica. En palabras de Lacan “Se haga lo que se haga, se diga lo que se diga, como tratar de unir esta producción de necesidades que son necesidades que se crean, no hay nada que hacer” (Lacan, 2006: 188).

En una entrevista reciente Bauman afirma, de un modo algo ingenuo, que “si nuestros deseos se vieran satisfechos, la sociedad de consumo y la economía capitalista se vendrían abajo” (Clarín, 18/11/06). No obstante, el problema que ignora u omite este autor es que, como nos recuerda atinadamente Lacan, los deseos pulsionales son ilimitados y su fin no es otro que el retorno a su fuente. De este modo, luego de ser satisfechos, regresan a un momento anterior de no-deseo provisorio que, luego de un tiempo, hará surgir un nuevo deseo que buscará ser satisfecho (Lacan, 1987: 181-187, 265). En ese contexto, la proliferación de objetos de consumo funciona como un medio de sutura del goce pulsional. Sin embargo, como el deseo carece de objeto (es un objeto “perdido”, dice Lacan), su condición de posibilidad es, al mismo tiempo, su condición de imposibilidad (Zizek, 1992; Laclau, 2005). Se relanza, entonces, el proceso de creación de la “necesidad” de nuevos objetos de consumo que garantizan la “plenitud” y la “satisfacción”, lo que genera, a su vez, la búsqueda constante de la repetición de ese propio goce perdido e inalcanzable (Lacan, 2006).
Si nos remontamos a la actualidad, podemos observar que se inscribe perfectamente dentro de esta lógica de consumismo “desenfrenado”. En efecto, con la caída del comunismo y el auge del neoliberalismo se extiende a nivel mundial la fe en el libre comercio, el individualismo posesivo, y su correlato, el consumo hedonista y el “sálvese quien pueda” (Lipovetsky, 2000). En ese contexto, se produce a escala global una crisis de la anterior ciudadanía social, basada en la solidaridad y los derechos sociales, y la transición hacia una nueva, en donde adquiere preeminencia el individualismo y donde el ciudadano es reemplazado por el consumidor o usuario de los bienes ofrecidos por el mercado (García Delgado, 1994; Svampa, 2005). En las nuevas circunstancias, potenciadas por la creciente desculpabilización de la riqueza y la preeminencia que adquieren los medios de comunicación masivos, el capitalismo neoliberal triunfante fomenta la ostentación de marcas como signo de “distinción” (Bourdieu, 1999) social en un grado que no recuerda antecedentes.(6)

¿Qué ocurre en ese contexto postmoderno con los ciudadanos? Según sostenemos, en las nuevas circunstancias de consumismo desenfrenado, los ciudadanos dejan de ser considerados como tales para convertirse en consumidores individualistas y hedonistas que evitan la ligazón social y se refugian en su “privatismo”. En efecto, como señala Lacan, el capitalismo alienta la búsqueda de objetos de consumo que actúan como “goces totales” que permiten de manera ilusoria la satisfacción metonímica en aquellos objetos. Sin embargo, al mismo tiempo, esta proliferación de objetos ofrecidos por el mercado ocultan un “plusvalor” que impide paradójicamente ese goce. Ello se debe a que promueven un individualismo narcisista y hedonista que busca la satisfacción del yo en el consumo. De este modo, evitan la ligazón con el otro(7) (Lacan, 2006). En la nueva era del “vacío” y el“amor liquido” que caracteriza a la etapa postmoderna del capitalismo globalizado, la consecuencia que tiene este tipo de discurso, como lo muestran los reducidos índices de participación e interés por lo público y la escasa solidaridad social, no es otra que el vaciamiento y destrucción del lazo social, sustituido ahora por un “contrato narcisista” basado en la catexia individual(8).


Bibliografía

Álvarez, Alicia (2006): La teoría de los discursos de Jacques Lacan. La formalización del lazo social, Letra Viva: Bs. As.

Bauman, Zigmunt (2003): En busca de la política, FCE: Bs. As.

Bourdieu, Pierre (1999): La distinción. Criterio y bases sociales del gusto, Taurus: Madrid.

Braunstein, Néstor (2006): El goce. Un concepto lacaniano, Siglo XXI: Bs. As.

Castoriadis, Cornelius (1993): La institución imaginaria de la sociedad, Tusquets: Bs. As.

Copjec, Joan (2006): El sexo y la eutanasia de la razón. Ensayos sobre el amor y la diferencia, Paidós: Bs. As.

Derrida, Jacques (1977): El concepto de verdad en Lacan, Bs. As., Homo Sapiens: Bs. As.

____ (1989a): La escritura y la diferencia, Anthropos: Barcelona.

____ (1989b): “Firma, acontecimiento y contexto”, Márgenes de la filosofía, Cátedra: Madrid.

Dor, Joel (1997): Introducción a la lectura de Lacan, Gedisa: Barcelona,

Fair, Hernán (2008a): “Los piqueteros como síntoma espectral emergente del orden policial menemista”, e-l@tina. Revista electrónica de estudios latinoamericanos, Vol. 6, núm. 22, Bs. As., enero-marzo, pp. 13-29. URL:
http://www.iigg.fsoc.uba.ar/hemeroteca/elatina/elatina22.pdf

____ (2008b)“La función del significante convertibilidad en la articulación discursiva de la identidad menemista”, Question, núm. 17, Bs. As. URL: http://perio.unlp.edu.ar/

García Delgado, Daniel (1994): El cambio de relaciones Estado-sociedad en el proceso de modernización en Argentina, Instituto de investigaciones de la Facultad de Ciencias Sociales, UBA, mecanografiado: Bs. As.

García Hodgson, Hernán (2005): Foucault, Deleuze, Lacan. Una política del discurso, Quadrata: Bs. As.

Lacan, Jacques (1987): El Seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Texto establecido por Jacques Alain Miller, Paidós: Bs. As.,

____ (2003a): “El seminario sobre la carta robada”, en Escritos I, Siglo XXI: Bs. As.

____ (2003b): “El estadío del espejo como formador de la función del yo [je] tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica”, en Escritos I, Siglo XXI: Bs. As.

____ (2003c): “La Cosa freudiana o sentido del retorno a Freud en psicoanálisis”, en Escritos I,Siglo XXI: Bs. As.

____ (2006): Seminario XVII: El reverso del psicoanálisis, Paidós: Bs. As.

Laclau, Ernesto (2005):La Razón populista, FCE: Bs. As.

Lipovetsky, Gilles (2000): “Espacio público y espacio privado en la era posmoderna”, en B. Arditi (ed.), El reverso de la diferencia. Identidad y política, Nueva Sociedad: Caracas.

Svampa, Maristella (2005): La sociedad excluyente. La Argentina bajo el signo del neoliberalismo, Taurus: Bs. As.

Zizek, Slavoj (1992): El sublime objeto de la ideología, Siglo XXI: Bs. As.

 

REFERENCIAS

*

Licenciado en Ciencia Política (UBA), Magíster en Ciencias Sociales con mención en Ciencia Política y Sociología (FLACSO) y Becario doctoral (CONICET), doctorando en Ciencias Sociales (UBA) con sede en el Centro de Estudios del Discurso y las Identidades Sociopolíticas (CEDIS-UNSAM

1 En esta línea de las teorías del “posfundamento”, cuyos primeros esbozos se hallan en Nietzsche, podemos situar, entre otros, a Lacan, Derrida, Foucault, Ranciere, Deleuze, Laclau, Arditi, Zizek, Badiou y Copjec. Un análisis aplicado de esta teoría que incluye a la mayoría de estos autores se puede hallar en Fair (2008a).
2 “Ese objeto que, de hecho, no es otra cosa más que la presencia de un hueco, de un vacío, que, según Freud, cualquier objeto puede ocupar, y cuya instancia sólo conocemos en la forma del objeto perdido a minúscula” (Lacan, 1987: 187).
3 Lacan, además de compartir con Freud la noción de un sujeto que, en el campo onírico, “se empecina en la búsqueda del altivo y lejano castillo interior, cuya forma simboliza el ello de manera sobrecogedora”, agrega también que existe una “prematuración específica” en el nacimiento de todo individuo que influye decididamente en la formación ulterior del mismo (Lacan, 2003b: 89-90, 2003c: 410). En otras palabras, dado que orgánicamente el hombre debería nacer en un período posterior al que lo suele hacer, esto parecería explicar, en parte, el porqué del deseo de volver al útero materno.
4 En efecto, los objetos parciales nunca pueden recuperar el goce total del objeto primario, teniendo que conformarse con un acceso al goce con cierta pérdida estructural inevitable. En efecto, la Cosa, al igual que la “Cosa en sí” kantiana, resulta inaccesible estructuralmente. De todos modos, puede ser recuperada parcialmente a través de la búsqueda de nuevos objetos parciales que suturen la falta constitutiva. Al respecto, véanse Álvarez (2006) y Braunstein (2006).
5

Según Lacan, Marx habría sido el inventor del concepto de síntoma a partir de su noción de “plusvalía” (Lacan, 2003: 224, 2006).

6 En nuestro país este consumismo desenfrenado llegará a su apogeo en el “1 a1”, con la posibilidad de acceder al crédito barato para comprar electrodomésticos, viviendas o automóviles y la posibilidad de viajar al exterior a precios módicos y adquirir la tecnología del “Primer Mundo”. Hemos trabajado este particular en Fair (2008b).
7 Al respecto, véase el excelente trabajo de Alicia Álvarez (2006), a quien agradezco sus comentarios y sugerencias de lectura.
8 Para un interesante análisis del particular, véase el trabajo de García Hodgson (2005).

 

 

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