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C15

POEMAS **

ALVARO RUIZ FERNÁNDEZ (*)

 

 

POEMA DE LA GRUTA

Heme aquí en la gélida gruta
donde el sol es la puerta
que alumbra los primeros escalones
que descienden a este suelo de piedra
donde el primer hombre bendice al último
en la oscuridad que antecede a la luz.
Me alimento de filtraciones y musgos incoloros
y recorro el universo palpando los muros
que llevan a otras situaciones primeras
como el de la mujer deseando subir
los peldaños que llevan al horizonte
curvo de la vida y la recolección.
Yo he querido guarecerme abajo
grabando las primeras escenas del hombre
sobre las rocas de este altar
con tintes de sangre y sacrificios violentos
de hombres que alzaron el vaho
hacia el cielo de una noche sin astros.
De una noche en los oscuros bosques
donde los troncos del alma suben al cielo
mucho antes de que Prometeo nos diese el fuego
que iluminó los rostros y alejó las sombras
de nuestra auténtica superstición que era
un dios oculto y vengador.
Encendí antorchas en cada cueva
y en la original enfermedad de seguir a la mujer
subí a la pradera y depredé a mi alrededor
de todos los metales fabriqué distintos cuchillos
los que utilicé en el degüello de animales
con cuyas pieles me cubrí.
Todo lo restante lo dice el entierro del pasado
voces de otros hombres que vieron el sol
que sumaron, adoraron y murieron
largándose en una barca aritméticamente abstracta
hacia el centro de la memoria
en un régimen axiomático gobernado por las dudas.

Que por antonomasia son exactas
Ya que la regla elude la confirmación
Y el universo que es trastorno continuo
Alumbra indistintamente los dos hemisferios
En la idea de una deducción a la velocidad de la luz
Ausente en los prados inmediatos del color.

 

 

ENTRE PESTAÑAS Y LA NOCHE QUE AMANECE

Entre pestañas y la noche que amanece
Van quedando para el laboratorio del fotógrafo
Escenas difusas del día anterior
Instantes recapturados en la memoria del lente
Rollos de negativos sumergidos en líquidos amnióticos
Como en Blow up la reconstitución del crimen
El fotógrafo
Los ojos a través de la ventana
Imágenes de un parque centenario
Bandadas de aves atravesando el cielo hacia el sur
Hacia un Chile de bosques y espejos
Entre las mismas difusas escenas del día anterior.

 

 

                        UN POEMA FATAL

                                      1

Me quería matar con un cuchillo,
encerrarme en un círculo,
en una circunferencia llena de dientes, sangre y ojos de miradas fulminantes.
Quería que el viento negro me despeinara.
Quería verme suicidado. Eso quería.
Regalarme manojos de flores marchitas.
Ahorcarme, cortarme las venas,
clavarme agujas infectadas de malos agüeros.

Sin embargo, desde lo alto de un árbol
uno de sus demonios se compadeció
de ver a alguien demoníacamente inútil.
Sus ojos llamearon y vi la luz,
que es luz y es salvación.
Entonces grité y las estrellas más distantes
parpadearon en el cielo infame de la desesperanza.

Qué haré,
qué haré con esta vida y el sentido contrario,
contrariedad plena y satisfactoria,
que aloja sus substancias inmensas
en el hemisferio oculto de la creación.

 

                                      2

Me quería matar con una escopeta,
hacerme un forado en el centro del equilibrio,
agujeros distintos desde donde yo vería
la flor roja del fuego
que arde rodeada de almas en pena.
Eso quería.

Yo le blasfemé.
Oré a algunos dioses que se mantuvieron al margen.
Las confusiones se extinguieron
y el dolor quedó a solas
como el fragmento de un cuerpo celeste
que desintegrado cae a la tierra.
Y ella, la tierra, tembló.
Y la culpa no era mía
ni tampoco de ella.
Era la venganza de nosotros mismos.
Qué haré, qué haré, me dije
y el éter que es propiedad de los sueños
me llevó a un mundo lleno de niebla
donde los árboles crecían invertidos
y las raíces en lo alto se extendían
y señalaban la semicurva línea de un horizonte vertical.

Me quería matar con una escopeta,
arrancarme los ojos,
cercenarme el miembro,
avasallar, avasallar.

 

                                      3

Me quería matar con una piedra
angular y cuyo significado ella no comprendía,
llevarme a nadar a los pantanos,
a las arenas movedizas,
caminar a los desiertos del Sahara y de Atacama.
Eso quería.

Como yo ya tenía mi vida deshecha,
no le hice caso.
Entonces me habló de un colibrí
que bebía de sus labios,
de un pajarillo que batía sus alas
en el encierro que ella quería.
Que ella quería.

Entonces fue cuando quiso con un palo
golpearme la cabeza,
el cerebro.
Sustraerme,
volverme loco,
llevarme de la mano a un precipicio feroz,
a un acantilado, a un acantilado.

Me quería matar con una piedra, un cuchillo y una escopeta,
arrojarme al vacío,
hacerme feliz.

 

 

                                      PAUL CELAN

La leche negra, las calles, el río
En la dolorosa y trastornada ciudad de las luces
De ciegos golpeando contra el suelo
Metálicos bastones de grasa fría
París fue la ribera alcanzada desde la inconsolable orilla del este
Miseria, y vitrinas abarrotadas de porquerías
El aire silba y penetra a los pulmones
Mientras el ojo abierto de los días duerme
Muy cerca de la negra cabellera.

 

 

                           ARTE POÉTICA

                                      1

La poesía es un shock químico
Hija de la mudez, los alimentos y los ojos
Una alucinación que precede la idea del poema
Un sueño
El resplandor original del relámpago
Luz incolora y primera, blanca
Sobre los insomnes paisajes de la aritmética vivencial
Fundamentada a costa de permanente sinestesia ideológica
En el fondo de la desesperación
Los cinco lados del pentágono que nos dio la naturaleza
En aras de una totalidad
Única e indivisiblemente órfica
Lo restante son decires, teorías fragmentarias
Escuelas, dolores, geografías
Los malditos leen a los clásicos
Conocen el latín y lo llevan como anillo al (lenguaje)
Los románticos son rebeldes que murieron en paz
Sus furias fueron amores
Los poetas sobrevivientes del cristianismo son paganos
Llevan un halo original y olímpico
Los nuevos novísimos son modernos
Versificadores que aún no silban en el bosque
Ni reconocen la derrota extraordinaria
De olvidar al anónimo de Gilgamesh
Buscando su auténtica inmortalidad.

 

                                      2

La idea es la columna vertebral del poema
El origen, el clima, la intención, el lenguaje
Las palabras, el color, el vestido, la danza y la música
La botánica, la geografía, las aritméticas
La medicina, la astronomía y el espejo
Colindantes absolutos de patio
Ciencias al servicio del engaño poético
De ser una voz que aún no canta en los bosques.

 

                                      3

No sólo del corazón incólume de Shelley
No sólo del romanticismo byroniano se sirve el poeta
La poesía es antigua
Y sus producciones vastas y remotas
Grecia perdió a sus desconocidos.

 

                                      4

La Poesía es un acto de transmutación
Un golpe desplazado
Que toca al hombre nacido bajo las Pléyades
Al hombre que hacia el azur
Mutatis Mutandis
Traspasa todas las zonas y significaciones del dolor
Al caminante inmóvil que es memoria genética
Por senderos imaginarios hacia el logro
Plenitud gestada en la naturaleza de una inteligencia universal.

 

                                      5

Asuntos de memoria y belleza
De bien morir y volver a nacer
Con la boca cerrada
Sin aliento de muertos.

 

 

MI VIDA ES UNA ARTERIA CALCINADA

Si yo supiera morir sin violencia
Expiraría a un costado del camino
Donde crecen aquellas flores amarillas
Que en México llaman de muertos.

Y miraría a través de tus ojos primeros
Espejos que espejean
La existencia de un difuso espíritu
Que solamente se refleja en las aguas de una secreta laguna.

Entre tú y yo hay un bosque
Extenuante y oscuro
De intenso y espléndido follaje
El cual a tientas debemos atravesar.

Lo haremos guiado por un faro imaginario
Que los dioses en el olvido harán encender
Sobre las copas de los árboles y del vino
Justo en la hora suplicante y débil
En que no creeremos en nuestro amor
Por razones mundanas
Difíciles de expresar
Sin embargo, nuestras vidas arderán
Y el fuego aquel será la luz de la leyenda.

 

 

LA VIRGEN DE LOS TAJOS

Esta es la virgen de los tajos,
la insurrecta,
la medre de los suicidas.
Está llena de cortes y de dolor por ellos,
los poetas,
que ahítos, no soportaron el peso de los fardos,
la mediocridad del hombre insensato, de aquellos infames
que confundieron el presente con la eternidad,
ignorantes de que los muertos
son dos veces diez más
que los que aún poseen
el milagro de la vida.

Yo soy la virgen de los tajos,
tengo 25.920 años,
he dado una vuelta feroz y larga,
pasando y pasando
a través de continuos equinoccios y solsticios.
Soy la línea imaginaria entre los puntos opuestos,
una señal oculta entre los arbustos
bajo un cielo sin estrellas encendidas.

Yo soy la virgen,
yo soy la virgen de los tajos,
la librepensadora,
la inmisericorde,
la prisionera,
la revolucionaria, la señalada y la absuelta,
la peor,
la peor de todas.

Bajo la órbita de un astro perdido
cuya sombre rebasa mis sombras
y tal como el silencio silencia,
en mí un agujero traspasa el universo.
Por él observarás el pánico celeste,
un desorden perfecto en extremo preciso.
Nunca me interesó la felicidad,
Siempre algo de necedad encontré en ella.

Yo soy la virgen,
yo soy la virgen de los poetas,
a ellos rijo desde lo alto
de la única colina del valle,
donde los pastos crecen
irrigados por aguas cristalinas
y el sonido de ellas
los adormece en mi regazo.
Aún leemos a los poetas primeros
de todos los tiempos.
No doy nombres porque la poesía
es una y es sola,
un libro incompleto escrito sin vanidad.
Los ruiseñores se posan en mis brazos extendidos,
que es amor
a todos estos miserables suicidas.
En mí refulgen los siete estados de conciencia
y mi corona es una aureola violácea.

Yo soy la virgen de los tajos,
la virgen de los negros,
de cristianos y musulmanes, de judíos y araucanos.
Yo soy la virgen de todos
aquellos que sanan su espíritu en este tránsito breve.
La perfecta y trastornada por amor a los poetas.
Yo no rezo, le hablo a la creación,
que es mi padre
y le pido a su infinitud
una nueva rueda de madera
para que gire y como el dínamo haga más potente la luz.

Esta es la virgen de los tajos,
la protectora de desastres,
la inmaculada,
yo recibo a los difuntos poetas
cuando llegan a este nuevo estadio
y al verlos, enmudecen pálidos de curiosidad,
entonces les susurro en sus oídos que volverán a nacer
porque morir es mentira
y así, en aquel estado, balbuceantes palabreros,
los llevo al superior,
que como antes dije, es mi padre
y guardo sus poemas y sus memorias en mi corazón,
que es el sagrado,
en este valle que regento
por amor y por trastorno.

 

 

EN EL LENTO VUELO DE LA AVUTARDA

En el lento vuelo de la avutarda Rolando Cárdenas murió
Todas estas plumas las robé
Nada de manantiales; sólo aguas estancadas
De canoa a canoa una señal de estrellas en el corazón
Delgada la voz como un hilo
Que cruza y cierra los ojos
El horizonte es un madero
Los vasos están trizados y el viento sopla sobre los rostros
Volveremos a los pastizales
Una ráfaga atraviesa el cielo
Como en el espejo las golondrinas
Ya nadie cantará “Corazón de escarcha”
Sus amigos también murieron y sólo queda el aire
Meridional.

Confesión de un granuja

Por influencia del medio
He aprendido a ser un granuja
Un menesteroso
Un terrible hijo de puta de filuda cortaplumas
Un hombre que ve la puesta de sol y miente
Un chango alcoholizado aún recolector
Un orillero en la cartografía primera hispana
Cuando Drake, Morgan y Darwin paseaban por la bahía
En blancos veleros sobre el quieto vaivén de las olas
Echando anclas frente a esta tierra prometida
Polvorienta y llena de pulgas
Sin amor ni vides
Con la exactitud que otorga el paisaje sobrecogedor
Que es la alta y solitaria cordillera de Los Andes
Con los ojos siempre puestos sobre la blanca espuma oceánica
Donde atracaron embarcaciones de banderas inglesas y españolas
En medio de un cerebro inmensamente tramposo y hemisférico
En la metafísica de mi mal llamado corazón
Lo que no es menos duro que las rocas del Caúcaso
Donde Prometeo encadenado lloró la mariconada de los dioses
Y, por sobre todo, la eterna ingratitud de los hombres.

 

 

               COMO EL LOCO DEL TAROT

Como el loco del tarot leo e interpreto las señales
Los graznidos de los queltehues sobrevolando el claustro
El haz de oro que atraviesa las nubes
La piedra ovalada hallada en los verdenegros bosques de pinos
Que crecen a un costado de este promontorio frente al mar.

Como el loco del tarot observo el horizonte
Y en él nada dura más que la luz que alumbra
Las esquivas señales de un loco aparecido en el tarot.

 

 

             DE PROFUNDIS

Ya no llegaré
Me he perdido
Me he extraviado en el camino
No sé si doblar o seguir de frente
Sólo veo molinos girando en lontananza
Polvorientas huellas en medio de tierras baldías
Alucinaciones inmisericordes en los ojos de los árboles
Receptores dopaminérgicos fuera de cauces
Aluviones de sangre y aguas servidas
Que van a dar al barranco que habito
Donde la única compañía feliz
Es un harapiento ángel de la guarda.

Ya no llegaré a Puerto Esperanza
Me quedaré aquí en lo hondo de mi espanto
En el desvarío de mi credulidad
Controlando la náusea y el vómito
Hasta superar la miseria de los hombres
Que prefirieron mentir y aferrarse a fugaces bienes
Que mirar la descomposición de la luz.

Ahí está el estigma de mi nombre
Pudriéndose en el horizonte.

Ya no llegaré a ninguna parte
He quedado paralizado
Me alimentaré de lo que otorga la naturaleza
Fabricaré otra vez un arpón
Y esperaré la oportunidad de atravesar con él
La voluntad obsesiva de mi desequilibrio
Que en busca de la nada perdió todo.

 

* Álvaro Ruiz (Ottawa, Canadá. 1953). Libros publicados: Dieciocho Poemas. Alfabeta Impresores. Santiago, 1977. A orillas del canal. Alfabeta Impresores. Santiago, 1982. Es tu cielo azulado. Cran Impresores. Santiago, 1989. Casa de Barro. Cran Impresores. Santiago, 1991. La Virgen de los Tajos. Mosquito Editores. Santiago, 2001. Poemas del Sol. Municipalidad de La Serena, 2007. Cola de Gallo Poemas. Ediciones Calabaza del Diablo. Santiago, 2010. Prosa Reunida. Ediciones Albricias. Colección Tierra Elqui. La Serena, 2014. Horizonte Vertical. Ediciones Moneda. Santiago, 2018. Morir en Lima. Prosa. Ediciones. Una temporada en Isla Negra, 2019. Algunas Antologías de Poesía que han publicado parte de su obra: Nueva York 11. Poesía Chilena. Editorial Galinost. Santiago, 1987. Cartas al Azar. Ediciones Ergo Sum. Santiago, 1990. Muestra de Literatura Chilena. Congreso Internacional de Escritores “Juntémonos en Chile”. SECH – PRED. Santiago, 1992. Veinticinco años de Poesía Chilena. Editorial del Fondo de Cultura Económica. Santiago, 1996. Viven. Periplo de poetas de Chile. Ril Editores y Consejo Nacional del Libro y la Lectura. Santiago, 2002. Vagabundos de la nada. Literatura Chilena Contemporánea. Ediciones Caligrafía Azul. Libros La Calabaza del Diablo. Santiago, 2003. Poesía Chilena Desclasificada. Editorial Étnica. Santiago, 2006. Poéticas de Chile. Chilean Poets on the Art of Poetry. Edición bilingüe. Editorial Étnika. Santiago 2007. El lugar de la memoria. Poetas y narradores de Chile. Editorial Ayún. Santiago, 2007. Antología Poética Generación del Ochenta. Mago Editores. Santiago, 2010.
** Los poemas seleccionados corresponden a la Antología “Horizonte Vertical”, Ediciones “Moneda”, Santiago de Chile, 2018, a excepción de los tres últimos que son inéditos.

 

 

 

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