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C17

POEMAS **

LUIS ALBERTO AMBROGGIO (*)

 

PAGO DE VIDA
Sólo abonaré el polvo,
el éxtasis del olvido.
No me cobren los días de sol
ni las noches de luna llena.
Jamás cantaré el himno del inconsciente
ni el conjuro del odio.

 

 

ENCRUCIJADAS PATÉTICAS

La vida se acaba poco a poco.
Se asoma lúgubre el cofre del ocaso.
La familia, los parientes, los amigos
ya se van para no volver,
sacrificados por el tiempo que vacía las casas.

Recuerdo
cuando
caminaba bien,
cuerpo no encorvado, erecto, sin manchas,
subía las escaleras sin miedo ni tambaleo.
Cuando
me cambiaba fácilmente los calcetines y otros tejidos,
corría y alcanzaba la pelota,
tocaba con mis manos la punta de los pies,
hacíamos el amor sin descanso.
Cuando
sonreía sin arrugas y el espejo me halagaba,
tenía el lujo de la abundancia de pelo
con su color original y constante.
Cuando
dormía toda la noche y la mañana,
miraba al horizonte inalcanzable
sin fecha de expiración cercana.
Cuando ...
nunca dejaba de olvidarme
y las repeticiones no me carcomían.

Yo quiero a la vida entera,
de noche, de día, con la ventana
de colores y aires sin recortes.

Clarissa, no me seduce para nada
el acostarme con Doña Muerte
ni claudicar la temprana ilusión
de mis sueños imperdibles.
Dejaré mucho y no dejaré nada de vida;
solo el espíritu del amor y del recuerdo
que alienta la esperanza vivida del futuro.

 

 

LA SABIDURÍA DEL RÍO

La algarabía de las gotas
se beben con el festejo de los ojos,
libro de palabras que corre
atraído por la brújula del océano.

Vivir para crecer en el infinito de las olas 
y la profundidad de un despliegue vasto,
caja viva de sueños que susurran sin orillas.

La corriente lleva el principio y el fin
en un círculo indefinido y perenne.
El oscuro dogma de la fluidez,
ese lugar que existe en el río de Heráclito,
como palabra que en su cauce nos cautiva 
con la contrariedad, la sabiduría de sus cambios,
al ser y no ser durante la inocencia de dos momentos.

Te copio Borges para sentirme el río que somos,
y agotar el absolutismo de las piedras, los decretos,
reconciliando el fluir numeroso de crepúsculos, amaneceres,
en la salvación mortal y eterna de vidas:
las que nos alimentan con la festividad de las aguas.

 

 

LOS HABITANTES DEL POETA

La Afrodita sin brazo izquierdo
del Museo Británico
irradia sueños empolvados
y lo acompaña.

Espíritus, musas, hechos con dirección desconocida,
ídolos húmedos,
sombras con tatuaje de calendario,
sombras que miran con agujas de olvido
jamás se van de la fiesta.
Protagonizan soledad y derrota
un mundo de héroes conquistados.

El poeta no está solo.
Reza el Diario de Ana Frank
y resucita muertos.
Un lugar, al otro lado del mundo,
le quita el sueño.
El silencio lo deja exhausto y grita muertes premeditadas
en un amor dos caen sepultados
durante noches sin límites.

Con la sociedad que el poeta crea,
escucha las dulces flautas de Tesalia.
La belleza lo tortura en el banco del juicio.
Asume la topografía sabia del cuervo
y enciende con símbolos una danza transparente.
Cosecha amantes en la blancura de las olas,
en el tiempo redondo de la luna,
muere antes de morir
en el cementerio inconcluso de los recuerdos.

En su fuga imposible
Nunca está solo el poeta,
lo poseen voces
inasibles y punzantes,
lo consume el aroma fatal de su amada,
la palabra,
esa divinidad salvaje
que copula con espejos indisolubles.

 

 

PATERNIDAD

Hoy escuché
una expresión extraña
entre los pasillos
de la burocracia.
En el trabajo
un intercambio corriente de palabras:
"Esta es mi creación"
alguien decía
mientras con orgullo de padre
una carpeta de formularios cargaba.
De creación hablaba
con orgullo de padre.
Creí haber escuchado algo
y no haber sentido nada
sobre los papeles muertos
de la burocracia.

 

 

ALELUYA

                              "Mujer, ¿por qué lloras, a quien buscas?"
                                          Evangelio según Juan. 20,15.

¿Mujer, por qué lloras?
la piedra que tapaba el amor muerto,
el sudario de dolores del hijo agonizante,
el sepulcro del silencio negro
están vacíos, iluminados,
tienen olores a día nuevo.

Mujer, por qué lloras
las ataduras de los cuerpos
y buscas vanamente al que vive
al espíritu del amanecer y al canto de los felices
entre la triste pérdida de los muertos.

Mujer, tócate bella y presagia
a la tierra, a los ladrones, a los vientos
que tu amado, tu hijo, tu hermano,
o tú misma hecha universo,
más allá de las noches pasajeras,
no has muerto.

¡Pobres los resucitados que no quieren vivir!
¡Pobres los que viven muertos!
¡Pobre Dios que muere a cada rato
en el suplicio del desamor frecuente!
¡Pobre el que no sea un aleluya en su rostro,
un corazón de paz, un grito lleno
para todos los crucificados,
y para ti, la aparición purísima de un beso!

¿Magdalena, por qué lloras?

 

* LUIS ALBERTO AMBROGGIO 1945, Argentina-Estados Unidos; Calificado como “"Representante destacado en la vanguardia de la poesía hispanoamericana en los Estados Unidos", es miembro de la ANLE, la Real Academia Española y el PEN. Con más de treinta libros publicados en los géneros de ensayo, narrativa y poesía, Premios TVE 2004, Simón Bolivar, Beca Fullbright Hays, Trilce,Orden de José Martí de la Hispanic National Honor Society, Doctor Honoris Causa Tel Aviv, Nombrado Hijo Adoptivo de la ciudad natalicia de César Vallejo y otros reconocimientos. Traducida a doce idiomas, su poesía ha sido elegida para el Archivo de Literatura hispanoamericana de la Biblioteca del Congreso. Representante de la Academia Norteamericana de la Lengua Española   www.luisalbertoambroggio.com
** Del poemario El escondite de los plagios.

 

 

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