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C17

POEMAS **

ANTONIO CORREA LOSADA

 

                        EN EL DINTEL

Mi amada se desnuda y caen piedras brillantes de lujuria
Flores   raíces que frota con delirio y surge lustrosa
con movimientos que multiplican sus miembros
Manantiales primigenios resplandecen alejan toda
muerte   toda desazón   como quien deja descansar
una soga en el dintel de la puerta

Y detiene la oscilación de la soga en el dintel.

 

 

                        POEMA

Vi la integridad en un cordel de aves persistentes   En
el agua   los inmovilizados por la arena   En el abismo
los que ven sólo su espejo

En el delirio y el tedio   el sueño   cubo de voz que
resplandece en la oscuridad.

 

 

                        LA PECERA

                                    I

Jóvenes llenan el espacio vacío El apartamento los
amigos el bar
Seguros de que inauguran la palabra

 

                                   II

Llega el silencio
Los peces gimen o giran en la autoridad indiferente de
la pecera.

 

 

                        DANZA SECRETA

¿Sabes cómo se convoca al sol en días de lluvia?
Desnuda   abres las piernas sobre un ojo de agua y la
lluvia desaparece

El sol inunda la calle silenciosa y en la madera de la
habitación reverberan los rayos ebrios de su danza.

 

 

                        POEMA DE LA MUJER QUE PASA

                                                I

El aire cubre a la mujer desnuda y del cielo caen cintas
de láudano

Palabras sigilosas lleva la mujer que flota y deja una
fragancia que abate la corrupción del tiempo

 

                                                II

Un animal frágil sacude la naturaleza   Su sensación
líquida   fugaz   La cuerda floja de los años   La pasión
cruel   La herida que esconde otra herida

Y la ilusión de apretar una mano.

 


                        PERFORMANCE

El poeta destaza el animal para encontrar la
materialidad que encierra la palabra

No la astucia o la velocidad   Ni los ojos enrojecidos
Tampoco los dientes adelante como si succionase el
aire   O la pelambre albina que veloz cruza el follaje

En la mesa de disección no salta la memoria

Sólo el cordaje de un vientre muerto que los
departamentos de Literatura aplauden con delirio.

 

 

                        CRÓNICA DEL CORAZÓN OSCURO

  todo amor construye su derrota y en
ese espejo que me observa sin sosiego //
eres tú preguntándome si eso fue todo
// y yo respondiéndote que es así
Jorge Humberto Chávez

Después de hacer el amor   me dijo en otras palabras
que no volvería a verme   Desde ese día pone sus
labios en mi oído y veo un perro que arrastra una
longevidad dura   lastimera

En las mañanas   por el ventanal de la terraza aparecía
el volcán Cotopaxi   nevado y reluciente como la
prenda íntima que guardo de ella para enjugarme el
rostro oscuro   silencioso

Frente al cactus florecido estaban los mojones que el
animal dejaba día tras día   en un trillo nitrogenado y
pestilente de orina

¿Qué me quiere narrar con sus labios que no cesan
de gesticular sobre mi oído?   La puerta que se cierra
con un golpe   la botella de alcohol que tintinea
imperceptible en el clóset   el abrasado dolor de la
desesperanza

¿Qué busco en ella cuando me mira con indiferencia?
Se levanta   descorre la cortina de pequeñas Venus de
Valdivia en plata y desaparece en un fugaz latigazo a
mis espaldas   Despierto   marco su número que está
ocupado   Es Día de Reyes   no sé jugar a las cartas y
quedo estático frente a la puerta del año que se abre

Una ruleta de metal gira en el eje muerto de la culpa
y el resentimiento   La memoria en su puntilloso
horadar exige a un capitán de barco que la enrute en
alta mar   oleaje encrespado en un muro de cangrejos
que retroceden con lentitud

Doy el traspié   Me levanto en un ser torpe   Vuelvo
a llamar y algo se rompe en el duro corazón del
acantilado

El cuerpo es rosa abierta   en perturbada sensualidad
sueño y me aferro en el naufragio y la espera

El dolor en los que se quedan apretando una bola de
nada   manojos de ambición   que desaparecen en una
llamarada viva de tallos y flores trituradas.

 

 

                        ¿QUÉ DECIRTE?

                                                Para Guido Tamayo

Me muevo en dirección incierta y vivo «reducido»
al apartamento como decía mi madre   Viajo a
Cumbayá para sosegarme y recibir a la mujer que
levanta su pierna y sale de la ducha con el cuerpo
iluminando el agua

La escritura se aquieta   El Old Parr es un espejo
nocturno y extraño cada vez y veo más lejos a
Bogotá   a los amigos   Que me desconecto y vuelvo a
Conectarme

Que camino con una espina de pescado atravesada
entre los dedos   Que el verano tiembla a lo largo de
Quito y las palabras esplenden envueltas de alegría y
se abren en cortinas de lluvia.

 

 

                        LA ROSA DEL DESIERTO

La arena   arrebatada en un remolino oscuro   viene de
los confines del desierto   Arrastrada por el vendaval
rueda   tropieza serpentea   Atraviesa el mar con su
carga de fósforo y azotada por un silbido incontenible
cae de nuevo en una nube fugaz sobre la selva

Todo queda en silencio

En el horizonte se dispersa el chasquido con que se
quiebra la columna dorsal de un zorro herido mientras
bebe   ¿Es la cabeza de un ave o un caracol que
explota?

El corazón desolado del desierto se cubre con pétalos
de piedra

La Poesía es la Rosa del Desierto.

 

   
** Selección de poemas de la serie “Gesticulación del oído” incluido en el libro Cabeza Devorada Talleres de edición Rocca poesía, abril de 2016, Bogotá, D. C., Colombia ISBN: 978-958-59159-.

 

 

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