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Históricamente la función y responsabilidad de trasmitir prácticas, destrezas, habilidades, conocimientos, ideología, etc, de una generación a otra en grupos sociales específicos ha recaído en los procesos educativos, tanto en instituciones formales como informales; por ende la educación es el proceso fundamental para la transformación de la cultura.
En este contexto, cobra una gran relevancia la escuela pues es reconocida como la institución educativa por excelencia cuyas actividades están encaminadas a habilitar a los integrantes de un grupo específico para que se incorporen a los mecanismos sociales de producción y a la propia estructura social. El tipo de educación impartida en esta institución, tiene como característica fundamental capacitar, socializar y preparar a aquellos individuos encargados de transformar y generar las representaciones de la cultura y el mundo.
Dicho espectro de la educación, así como la cantidad de procesos involucrados en ella, la variedad de actividades que comprende, los ámbitos con los cuales hace contacto, los objetivos que persigue, etc, denotan la complejidad del fenómeno educativo, complejidad que puede ser descompuesta en diferentes niveles de análisis susceptibles de abordarse por diferentes disciplinas. La educación al tener como base una interacción entre el que enseña y el que aprende, demanda la participación de la psicología para abordar precisamente la manera en la cual el alumno o aprendiz va adquiriendo los diferentes ejercicios competentes, así como identificar, caracterizar y explicar la forma en la cual se establecen vínculos entre los diversos elementos de las situaciones, circunstancias y procesos involucrados en el aprender.
Toda vez que la educación escolarizada en los niveles educativos superiores, está orientada a la formación de individuos capaces de generar nuevas representaciones de la realidad y con ello auténticos agentes de cambio de las prácticas culturales, la enseñanza - aprendizaje de la ciencia y la tecnología representan casos especiales dentro de los procesos educativos pues exigen que los futuros científicos aprendan llevando a cabo aquellas actividades que los definen como tal. Esto es, ejercitando las habilidades, las competencias, las disposiciones en los dominios y circunstancias de una disciplina particular de manera variada y novedosa para cumplimentar los diversos criterios de logro implicados,.
Sólo en la medida en la cual, los futuros científicos entren en contacto con su objeto de estudio disciplinario, con los criterios que permiten reconocer a ese objeto y con la metodología apropiada para abordar analíticamente ese objeto, podrán generar nuevas representaciones teóricas y metodológicas en su disciplina. Esto es, desplegar desempeños inteligentes y creativos en contraposición con aquellos meramente repetitivos e imitativos. De aquí la importancia de estudiar y entrenar el comportamiento inteligente así como abordar empíricamente la emergencia del comportamiento creativo, rebasando las confusiones conceptuales que han plagado hasta ahora el estudio experimental de estos tópicos y superar así la escasa incidencia en áreas socialmente delimitadas.
A partir de estas preocupaciones se generaron programas de investigación que dieran respuesta y solución a las problemáticas antes esbozadas. De dichos programas presentamos los primeros avances en el estudio del Comportamiento Inteligente y Creativo desde una perspectiva interconductual basada en la metateoría del Dr. Jacob Robert Kantor y amparada en el modelo de organización funcional de la conducta del Dr. Emilo Ribes Iñesta y el Mtro. Francisco López Valadez.
Esperamos que este espacio contribuya a los esfuerzos que desde la psicología científica se realizan para la enseñanza de la propia disciplina.
Atentamente Los editores:
Juan José Irigoyen Morales Laboratorio de Aprendizaje y Dinámica Conductual Universidad de Sonora
Claudio Antonio Carpio Ramírez Laboratorio de Creatividad y Aprendizaje de la Ciencia Facultad de Estudios Superiores Iztacala Universidad Nacional Autónoma de México
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